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Full text of "Plinio El Viejo. Historia Natural 3 (libros VII XI) [ocr] [G] [2003]"

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PLINIO EL VIEJO 


HISTORIA NATURAL 


LIBROS VIEXI 


TRADUCCIÓN Y NOTAS DE 


E. DEL BARRIO SANZ, L. GARCÍA ARRIBAS, 
A. M.* MOURE CASAS, L. A. HERNÁNDEZ MIGUEL, 
ML. ARRIBAS HERNÁEZ 


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EDITORIAL GREDOS 


BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 308 


Asesores para la sección latina: Josí Javier Iso y José Lurs MoRALEJO. 


Según las normas de la B. C, G,, la traducción de este volumen ha sido 
revisada por FRANCISCO MANZANERO CANO. 


OSO 


O EDITORIAL GREDOS, S, A. 


Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 2003, 
www.editorialgredos.com 


Las traducciones y notas han sido llevadas a cabo por Encarnación del Barrio 
Sanz (Libro VIT), Ignacio García Arribas (Libro VII), Ana M.* Moure Casas 
(Libro IX), Luis Alfonso Hernández Miguel (Libro X), M* Luisa Arribas 
Hernáez (Libro X]). 

COORDINADORA: Ána M.* Moure Casas. 


Depósito Legal: M. 19244-2003, 


ISBN 84-249-1684-0, Obra completa. 
ISBN 84-249-2379-0. Tomo IL 


Impreso en España. Printed in Spain. 


Gráficas Cóndor, $. A. 
Esteban Terradas, 12. Polígono Industrial. Leganés (Madrid), 2003. 


Encuademación Ramos. 


LIBRO VIT” 


(1) El mundo con sus tierras, pueblos, mares, *x**! nota- 1 
bles, islas y ciudades, se encuentra de ese modo?. Las ca- 
racterísticas de los seres que viven en él requieren una ob- 


* Esta traducción del libro VII se ha hecho sobre la edición de L. lan 
y C. MavnorF (Teubner, 1906, reimpr. 1985, vol. Il págs. 1 a 77), con 
alguna variante, indicada en nota, procedente de la edición de RonErrT 
SCmILLING para la colección A. G, Budé, 1977, Les Belles Lettres, Paris. 
Para las notas y comentarios, además de esa edición, se han tenido en 
cuenta las de G, P. GooLD, con traducción de H. Rackram (Loeb, vol. 11 
1942, reimp. 1989), la de Gran Bracio CONTE con traducción y notas de 
GIULIANO RANUCCI (Einaudi, vol IT, 1983, Turín), y la de G. Winxter, 
con la colaboración de R. Kónic (Tusculum-Búcherei, Kempten [AIl- 
gáu], Heimeran Verlag, 1975), así como la traducción de FraNcIisco 
HERNÁNDEZ editada por la Universidad Nacional de México en 1976 
(Biblioteca Filológica Hispana, 1999, 2.* ed. Visor, Madrid). 

En la fase final de la elaboración de los libros VII-XI hemos tenido 
conocimiento de la reciente publicación de la Historia Natural, traducida 
por J. CANTÓ et alii, Cátedra, Madrid 2002, de lo cual queremos dejar 
constancia en esta primera nota, 

' El texto presenta una laguna para la que Mayhoff propone en el apa- 
rato crítico la lectura (ffumina) insignia «rios notables», que adoptan 
Rackham y la edición de Tusculum. : 

2 Referencia a los libros anteriores o «geográficos». 


8 HISTORIA NATURAL 


servación no menos particularizada, aunque el espíritu hu- 
mano ni siquiera en esto pueda abarcarlo todo. 

El comienzo se dedicará con toda razón al hombre, por 
cuya causa parece que la naturaleza ha engendrado todo lo 
demás con un precio grande y cruel frente a tantos dones 
suyos, de manera que no se puede juzgar si ha sido para el 
hombre la mejor madre o la más funesta madrastra. En pri- 
mer lugar, es el único de todos los seres vivos que se cubre con 
recursos ajenos. A los demás les concedió diversos modos 
de cubrirse: caparazones, cortezas, pieles, espinas, pelo, púas, 
crines, plumas, alas, escamas, lana; incluso a los troncos de 
los árboles los ha protegido del frío y del calor con una 
corteza, a veces doble: sólo al hombre en el día de su naci- 
miento, desnudo y en la tierra desnuda, lo incita al vagido y 
al llanto, y a ningún otro entre tantos animales lo incita a 
verter lágrimas, y éstas inmediatamente después del comien- 
zo de su vida*. En cambio, ¡por Hércules!, la risa más pre- 
coz y rápida no se da a nadie antes de los cuarenta días*. A 
partir de este primer momento de luz se apoderan de él ata- 
duras que ni siquiera tienen las bestias que nacen entre no- 
sotros, y torpeza en todos sus miembros. Así, el que ha na- 
cido felizmente yace atado de pies y manos, llorando el ser 
que está destinado a gobernar sobre los demás, e inaugura 


3 El tema de la indefensión del hombre se encuentra en Cic., Sobre la. 
naturaleza de los dioses (ND) -121; PLaT., Prot, 321c; Lucr., V 233 y 
ss.; SÉN., Cons, a Mar. 11, 3. 

% Aunque en este libro la fuente principal de Plinio es Aristóteles, 
aquí se aparta del autor griego, que sitúa al mismo tiempo la risa y el 
llanto, Cf. Amsr., Investigación sobre los animales (HA) VI 10, $87 b. 
Las mismas observaciones de Plinio se encuentran en Solino y de forma 
parecida en S. Agustín, Cf. SoL., 1, 72; Acusr., Ciudad de Dios (CD) 
XXI 14, 


LIBRO VII 9 


su vida con suplicios por una sola culpa, porque ha nacido*. 
¡Ay, qué locura la de aquellos que con este inicio creen que 
han nacido para la soberbia! La primera esperanza de fuerza 
y el primer don del paso del tiempo lo hace semejante a un 
cuadrúpedo*. ¿Cuándo anda como un hombre? ¿Cuándo 
comienza a hablar? ¿Cuándo tiene una boca fuerte para los 
alimentos? ¿Durante cuánto tiempo tiene la cabeza palpi- 
tante”, como prueba de que es el más débil de todos los 
animales? Finalmente, las enfermedades y tantos remedios 
inventados contra los males, ¡y esos remedios también son 
vencidos enseguida por cosas inesperadas! 
Y los demás seres perciben unas características propias, 
“unos se sirven de la velocidad de sus miembros, otros de la 
rapidez de vuelo, otros pueden nadar: el hombre no sabe nada 
de nada sin instrucción, no habla, no anda, no come y, para 
abreyiar, ¡espontáneamente por su naturaleza no hace otra co- 
sa que llorar! Por eso, ha habido muchos que pensaban que lo 
mejor era no nacer o ser suprimido lo más rápidamente posi- 
ble*. Es el único de los seres vivos al que se le ha dado el 
dolor por la muerte, los excesos del lujo, y de maneras cier- 
tamente innumerables y a través de todos sus miembros, el 
único al que se le han dado la ambición, la codicia, un inmen- 
so deseo de vivir, la superstición, la preocupación por la se- 
pultura y también acerca de lo que sucederá después de él. 


5 Seguimos la lectura de Schilling, culpam quia, en lugar de gua, en 
la que cree ver un reflejo de la concepción cristiana del pecado original 
(cf. com. ad loc.). 

$ Cf. Ov., Met. XV 222, 

7 Eg la fontanela; cf. PL, XI 134. Utiliza el término vertex, que Fran- 
cisco Hernández traduce «mollera». 

$ Cf, Cic., Tusc. 1 114, donde se presentan ejemplos de muerte con- 
cedida como favor de los dioses. 


Y 


10 HISTORIA NATURAL 


Ningún ser tiene una vida más frágil, ninguno un deseo mayor 
de todo, un pavor más oscuro, una saña más aguda. 

Por último, el resto de los seres se comporta con rectitud 
dentro de su propia especie. Vernos que se congregan y se 
mantienen firmes frente a los que son diferentes: los fieros 
leones no luchan entre sí, la mordedura de las serpientes no 
afecta a las serpientes, incluso las bestias del mar y los pe- 
ces sólo se muestran crueles contra los de distinta especie. 
En cambio, ¡por Bércules!, la mayor parte de los males del 
hombre procede del hombre?, 

1 Del conjunto del género humano, en una gran parte, 
también he hablado en mi exposición de los pueblos. Y, 
desde luego, no voy a tratar ahora los ritos y costumbres, 
innumerables y casi tantos cuantos grupos de hombres exis- 
ten; sin embargo, creo que no se deben omitir algunos y, en 
especial, los de los que viven más lejos del mar, entre los 
que no dudo que a muchos algunas cosas les van a parecer 
prodigiosas e increíbles. Pues, ¿quién iba a creer que exis- 
tían los etíopes! ántes de verlos? o ¿hay algo que no cause 
asombro cuando se tiene conocimiento de ello por primera 
vez?, ¿cuántas cosas se cree que no se pueden hacer hasta 
que se han hecho? Realmente, la fuerza y majestad de la 
naturaleza carecen de credibilidad si alguien se ciñe sola- 
mente a algunas partes de ella y no a su totalidad. Por no 
hablar de los pavos reales'!, de las manchas de los tigres y 


? El mismo tópico de la agresividad del hombre para el hombre en 
Juv., XV 159 y ss, Priwro muestra ejemplos de animales que atacan a los 
de su especie en X 25 y 198. 

19 Etiope: «de rostro quemado», negro; cf, Ov., Met, 11 235 y s, Di- 
versos pueblos etíopes aparecen citados en PLmiO (libros IL, V y VD. 

1 Seguimos la lectura de Schilling. Mayhoff lee «las manchas del pa- 
vo real, de los tigres y las panteras», justificando la mezcla de singular y 
plural como rasgo del estilo de Plinio. 


LIBRO VII 11 


de las panteras y de los colores de tantos animales, es un he- 
cho breve de decir pero infinito en su valoración, que hay 
tantos idiomas, tantas lenguas, tan gran diversidad de for- 
mas de hablar que un extranjero para el de otro país apenas 
hace el papel de hombre. Ya en nuestro aspecto y en nuestro 
rostro, aunque sólo hay en él diez miembros o poco más, 
entre tantos miles de hombres no existen dos figuras que no 
se puedan distinguir, cosa que no puede conseguir ningún 
arte en un número pequeño de objetos por más que se lo 
proponga. Y, sin embargo, yo no voy a empeñar mi credibi- 
lidad en la mayoría de estas cosas y más bien remitiré a los 
autores que se nombren en todos los temas dudosos, sin que 
repugne seguir a los griegos, tanto por su exactitud mucho 
mayor, como por su dedicación más antigua al estudio. 

Ya he mencionado que hay pueblos 


2(2) j 
Aspectos escitas, y muchos, que se alimentan 
sorprendentes de carne humana !?. Esto mismo sería 
de algunos . y . , 
aleblOa increíble si no pensáramos que en la 


región central de la tierra (incluso en 
Sicilia e Italia), hubo pueblos de semejante monstruosidad, 
como los cíclopes y los lestrígones*?; y, mucho más recien- 
temente, al otro lado de los Alpes, existía la costumbre de 
hacer sacrificios humanos a la manera de aquellos pueblos, 
cosa que dista poco de comer carne humana!*. Y a conti- 
nuación de aquellos que están situados al norte, no lejos del 
sitio mismo donde se levanta el aquilón, y de la cueva que 


2 Cf. PLm., IV 88 y VI 53 

% Los clclopes, descendientes de Polifemo y sus compañeros, se si- 
túan en Sicilia y costa italiana, Los lestrígones, al sur del Lacio; cf. PLN. 
TK 58; en cambio, Plinio sitúa las llanuras lestrigonias en el interior de 
Sicilia (cf. PLIx., 111 89), ] 

14 Cf. Prxw,, XXX 13; Cés., Guerra de las Galias V1 16; MeLa, 11 18. 


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12 HISTORIA NATURAL 


toma nombre de éste, en el lugar que llaman Ges Clitron', 
se cuenta que están los arimaspos, de los que ya he habla- 
do!*, caracterizados por tener un solo ojo en medio de la 
frente, y que están continuamente en guerra por las minas 
con los grifos, una especie de fieras con alas, según la tradi- 
ción general, que extrae oro de galerías subterráneas, siendo 
admirable la avidez que ponen las fieras en custodiarlo y los 
arimaspos en arrebatárselo; lo escriben muchos autores, pe- 
ro los más famosos son Heródoto y Aristeas de Procone- 
so?”, Sin embargo, más allá de los demás escitas antropófa- 
gos, en un gran valle del monte Ímavo !*, hay una región que 
se llama Abarimo, en la que viven unos hombres salvajes 
con las plantas de los pies vueltas detrás de las piernas, de 
extraordinaria velocidad, que vagan de un lado para otro en 
compañía de las fieras*”, Betón”, el que midió los itinera- 
rios de Alejandro Magno, ha reseñado que estos no pueden 
respirar bajo otro cielo, y por eso ni son arrastrados ante los 
reyes vecinos ni lo fueron ante Alejandro Magno. Isígono 
de Nicea cuenta que los primeros antropófagos, que dije que 
estaban al norte, a diez días de camino por encima del río 
Borístenes, beben en calaveras y se ponen ante el pecho la 
piel con pelos a modo de servilletas?! Según el mismo, en 
Albania nacen unos de pupilas glaucas, canos desde la in- 


1 Sobre el aquilón, cf. Pam, TT 119 y ss.; TV 88-89 y VI 34, 55, 84. 
Ges clitron: «cierre de la tierra». 

16 En PLN, IV 88 y VI 50, 

17 Cf. Herón,, 11 116; IV 13, 27. Aristeas de Proconeso: poeta épico 
(s. va, C.). 

18 Cf. PLm., V1 60, 214-215, 

19 Cf. GeL., 1X 4, 6. Acus., CD XVI 8 

20 Cf. Puax,, V1 61, 69, FHG 3 MULLER, 

21 Isígono de Nicea, de datación incierta, entre el s, ur y el 1. a C., cf. 
FEG 1 MúLttr, Cf. MrLa, H 13, 14. GeL., IX 4, 6. SoL., XV 3, 5, 
Borístenes, cf. PLin., IV 78. 


LIBRO VII 13 


fancia, que ven más de noche que en pleno día. Cuenta, 
además, que a trece días de camino por encima del Boríste- 
nes los saurómatas siempre toman la comida al tercer día”. 
Según Crates de Pérgamo, en el Helesponto, en los alre- 
dedores de Pario, existió una raza de hombres, a los que 
llama ofiógenes, que solían curar las mordeduras de ser- 
piente con el simple contacto y extraían el veneno del cuer- 
po con la imposición de las manos, Según Varrón, todavía 
hay allí unos pocos cuya saliva es antídoto contra las mor- 
deduras de serpiente”. También en África existió un pueblo 
semejante, como escribe Agatárquides, el de los psilos, lla- 
mado así por el rey Psilo, cuyo sepulcro está en un lugar de 
la Sirte Mayor”. El cuerpo de éstos tenía congénito un ve- 
neno, mortífero para las serpientes, con cuyo olor las ador- 
mecían; y tenían la costumbre de exponer ante las más fero- 
ces de ellas a sus hijos recién nacidos y, de ese modo, 
probar la virtud de las mujeres, pues las serpientes no huían 
de los hijos adulterinos. Este mismo pueblo fue llevado casi 
al exterminio por los nasamones, que ahora ocupan esos lu- 
gares”. Sin embargo, una raza procedente de aquellos que 
habían huido o estaban ausentes cuando fue la lucha, per- 
manece todavía hoy en unos pocos lugares. También en Ita- 
lia perdura una raza semejante, la de los marsos, que dicen 
que proceden de un hijo de Circe, por lo que tienen ese po- 


2. Cf. Pias., IV 80, 88; VI 16, 38. Según el cómputo inclusivo, come- 
rían un día sí y otro no, 

2 Crates (s. 1 a, C.): ef. PLmw., IV 58. Pario: V 141. Ofiógenes, «des- 
cendientes de serpientes», cf, Esrr., XIII 588; VAr., apud Prisciano, X 
31, p. 524, 2H. 

2% Agatárquides de Cnido: historiador y geógrafo, s. 1 a C,; cf. FHG, 
20 MULLER. Psilos, cf. PLm., Y 27; VIII 93; XXVI. 30; Luc., Far. 893 
y ss.; Sor., 27, 41-42, 

25 Cf, Pim, V 33; Herób., IV 172 y ss.; GeL., XVI 11, 4 y ss. 


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14 HISTORIA NATURAL 


der innato”, Y, por otra parte, en todos los hombres hay 
veneno contra las serpientes: dicen que, al ser alcanzadas 
por la saliva, huyen como del contacto del agua hirviendo y, 
si les entra en la boca, incluso mueren, especialmente con la 
saliva de un hombre en ayunas” 

Calífanes cuenta que, más allá de los nasamones y limí- 
trofes con ellos, están los maclias, andróginos, con caracterís- 
ticas de ambos sexos, que copulan entre si tomando alternati- 
vamente una u otra naturaleza. Aristóteles añade que tienen la 
mama derecha de hombre y la izquierda de mujer”, Asimis- 
mo en África, según Isígono y Ninfodoro, hay algunas fami- 
lias de hechiceros por cuyos elogios perece el ganado, se se- 
can los árboles y mueren los niños”. Añade Isígono que hay 
gente de la misma clase entre los tribalos y los ilirios*%, que 
hacen hechizos incluso con la mirada y matan a aquellos a los 
que contemplan largo tiempo, especialmente con los ojos en- 
colerizados; su maleficio se deja sentir con más facilidad en 
los adultos, y lo más notable es que tienen dos pupilas en cada 
ojo. Relata Apolónides?! que, en Escitia, también hay unas 
mujeres de esa clase, a las que llaman bicias. Filarco cuenta 


26 Se sitúa a la maga Circe en Circeo, ef. PL, 11 201. Los hijos que 
le atribuye la leyenda serían fundadores de diversas ciudades de Italia. 

27 Cf, Arasr,, HA VII 29, 607a 30; Nicannro pe COLOFÓN, Ter. 86; 
Pury,, XXVIII 19, 35, 

28 Cf. CALÍRANES, FGH IV 352. Arrsr., fr. 606 Rosk. Acust., C. D. 
XVI 8. 

2 Cf. Isia., FHG 2; Niwr., FHG 23 MULLER; Grt.., TX 4, 8. El hechi- 
zo del fascinum, «aojamiento», muy temido, podía ser resultado de la en- 
vidia, por lo que se debía evitar o conjurar el elogio excesivo, cf. VIRG., 
Buc. VI 27-28, 

30 Tribalos: cf. Pix, TH 149; IV 3, 33; VI 218. Iirios: HI 102; VI 
217. Schilling entiende que Plinio sólo citaría a los tribalos. La mención 
de los ilirios sería una interpolación sugerida por GeL., 1X 4, 8, donde 
sólo cita a los ilirios. (Cf. SCHILLING, com. ad loc), 

3 Cf. APOLÓNIDES, (s. 18, C.), FHG IV 310 


LIBRO VH 15 


también que en el Ponto están los «tibios» y otros muchos de 
las mismas características, cuyas marcas son que en un ojo 
tienen dos pupilas y en el otro la efigie de un caballo; y que, 
además, esos mismos no pueden sumergirse ni siquiera sobre- 
cargados de ropa*, Según Damón, de manera no muy dife- 
rente de ellos, en Etiopía están los fármaces, cuyo sudor pro- 
voca la descomposición de los cuerpos que tocan*. Incluso 
entre nosotros, Cicerón afirma que, en cualquier parte, todas 
las mujeres que tienen dos pupilas hacen daño con la mira- 
da?*, Hasta ese punto la naturaleza, habiendo puesto en el 
hombre la inclinación de las fieras de alimentarse con vísceras 
humanas, quiso poner también veneno en todo el cuerpo e, 
incluso, en los ojos de algunos, para que no existiera ninguna 
clase de mal que no estuviera en el hombre. 

No lejos de la ciudad de Roma, en el territorio de los fa- 
liscos, hay unas pocas familias que se llaman hirpos. Éstas, en 
el sacrificio anual que se ofrece a Apolo al pie del monte So- 
racte**, al caminar sobre un montón de leña encendida, no se 
queman y, a causa de ello, por un senadoconsulto perpetuo **, 
están exentas de la milicia y de todas las demás cargas. En el 
cuerpo de algunos nacen miembros prodigiosos en algún as- 
pecto como, en el caso del rey Pirro, el dedo gordo del pie de- 
recho, con cuyo contacto se ponía remedio a los enfermos del 
bazo. Cuentan que no pudieron quemarlo con el resto del cuer- 
po y está en un templo guardado en una urna?”, 


2 Cf Fmarco, FHG 68 MúLLer. Cf. PLur., Charlas de sobremesa Y 
7, 680e. 

33 Cf Damón, FHG IV 376, 

34 Cf Cic., Fr. Fil. 19 KLoTz. 

35 Cf PLmw,, 11 207, n. 366 en esta misma colección (B. C. G, 206). 

26 Senadoconsulto, decisión del Senado tomada por votación, tras de- 
liberar sobre un asunto. 

3? Cf. Pim, XXVII 34; PLur., Pirro, 3, 7-9. 


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16 HISTORIA NATURAL 


La India y la zona de los etíopes son especialmente 
abundantes en prodigios. En la India nacen los seres más 
grandes. Prueba de ello son los perros, más grandes que los 
demás? Se cuenta que hay árboles de tan gran altura que 
no se pueden sobrepasar con flechas; incluso la fecundidad 
del suelo, el clima templado y la abundancia de agua hacen, 
si es posible creerlo, que bajo una sola higuera se puedan 
guarecer varios escuadrones de jinetes*”, las cañas son de tal 
altura que, algunas veces, en su seno, apto para navegar, ca- 
da internodio puede llevar hasta tres hombres”. Consta que 
allí muchos hombres superan los cinco codos de altura, no 
esputan, no les afecta ningún dolor de cabeza, dientes u 
ojos, pocas veces de alguna otra parte del cuerpo: los forta- 
lece el calor tan templado del sol. Sus filósofos, a los que 
llaman gimnosofistas, se mantienen mirando al sol desde la 
salida hasta el ocaso con los ojos inmóviles y están todo el 
día sobre la arena ardiente apoyándose unas veces en un pie 
y otras, en otro*!, Megástenes asegura que en un monte que 
se llama Nulo hay unos hombres con las plantas de los pies 
vueltas, que tienen ocho dedos en cada pie; y que en muchas 
montañas una raza de hombres con cabeza de perro se cubre 
con pieles de fieras, emite un ladrido en lugar de voz, está 
armada de uñas y se alimenta de las fieras y aves que caza; 
cuando él lo escribía había más de ciento veinte mil de és- 


38 Cf. PLaw., VI 149 y ss, 

% Cf. Esrr., XV 694; Dionoro, XVII 90, 5; Arrrano, Hist. de la 
Ind. 11, 7; Curcio, 1X 1, 10. Plinio utiliza la palabra furma, unidad del 
cuerpo de caballería formada por treinta hombres. La higuera es mencio- 
nada y descrita por PLiuto en XII 22, ScmiLLiNG crece que se trata de la 
«higuera índica» (cf. com, ad loc.), 

20 Cf Harób., 111 98; Crestas, FHG 63, 57, 6 MúLLER; Pan., XV1 192, 

41 Cf SoL. 52, 25-26; Mrcásrenes, FHG 31 MúLter. El codo equi- 
valía a seis palmos (un pie y dos palmos), aproximadamente 44 cm. Gím- 
nosofístas: «sabios que viven desnudos»; cf. PLuT., Alej. 64. 


LIBRO VIL 17 


tos%, Ctesias escribe, además, que en cierto pueblo de la 
Indía las mujeres sólo paren una vez en la vida y los recién 
nacidos encanecen al instante. Él mismo también, que exis- 
ten unos hombres, que se llamarían monocolos, con una 
sola pierna, y de extraordinaria agilidad para el salto; que 
también se llaman esciápodas, porque en los mayores calo- 
res permanecen tumbados boca arriba en el suelo protegién- 
dose con la sombra de los pies *; que no lejos de ellos están 
los trogloditas y, enseguida, a partir de éstos hacia Occi- 
dente, hay unos sin cabeza, que tienen los ojos en los hom- 
bros*'. También hay sátiros en las montañas de la parte 
oriental de la India (se conoce como región de los catarclu- 
dos); son una especie de animal agilísimo, que caminan 
unas veces a cuatro patas y otras erguidos, con aspecto hu- 
mano; por su velocidad no son capturados sino viejos o en- 
fermos*, Taurón llama salvaje al pueblo de los coroman- 
das; sin voz, con un grito horrendo, con cuerpos cubiertos 
de pelo, ojos glaucos y dientes de perro. Según Eudoxo, en 
el sur de la India, los hombres tienen pies que miden un co- 
do, y las mujeres los tienen tan pequeños, que se las llama 
estrutópodas*. Según Megástenes, entre los indios nómadas 


P Megástenes: ef, PLrw., VI 58, El monte Nulo no aparece en los li- 
bros geográficos (cf. MrG,, FHG 31 MULLER, SoL., 52, 25, 26), Segui- 
mos la puntuación de Schilling, que es la propuesta por Deftlesen, basán- 
dose en que Solino atribuye el dato a Megástenes en lugar de a Ctesias. 
Algunos autores dudan si los cinocéfalos son hombres o animales. 

41 C£. Pim, 11 236; Cres., FHG 76, 84 MúLLER; Grr., IX 4, 9. Sor, 
52, 27. Monocolos: en griego, «de un solo miembro»; esciápodas: «que 
se dan sombra con los pies»; generalmente se sitúan en Libia, 

41 Con las mismas características, PLINIO sitúa en África a los blemias 
(cf. V 46). 

45 En V 7 PLimo cita sátiros en África, en las proximidades del Atlas; y en 
V 44, 46, cerca del río Nigris. También allí duda que sean seres humanos. 

% Endoxo: s. 1v a. C.. Estrutópodas: «de pies de gorrión». 


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18 HISTORIA NATURAL 


hay un pueblo que, en lugar de nariz, sólo tiene agujeros; 
con las piernas endebles como los reptiles; se llaman esci- 
ratas”, Además, que, en lo más remoto del territorio de la 
India por la parte oriental, en las proximidades de la fuente 
del Ganges, están los ástomos, sin boca, con todo el cuerpo 
cubierto de pelo, que se visten con la pelusa de las hojas, y 
viven sólo del aire que respiran y de los olores que perciben 
por la nariz; no tienen ninguna clase de comida o bebida, 
sólo los diversos olores de las raíces, de las flores y de las 
manzanas silvestres que llevan consigo en las marchas más 
largas para que no les falte su aroma; se los mata sin difi- 
cultad con algún olor más fuerte. Se dice que, más allá de 
éstos, en la parte más lejana de las montañas, están los tris- 
pítamos y los pigmeos, que no sobrepasan los tres palmos 
de altura, es decir, tres dodrantes, con un clima saludable y 
siempre primaveral, protegidos del aquilón por las monta- 
ñas; Homero también contó que los atacan las grullas*, Es 
fama que, en primavera, sentados a lomos de carneros y ca- 
bras, armados con flechas, descienden en tropel hasta el mar 
y destruyen los huevos y polluelos de esas aves; la expedi- 
ción se lleva a cabo en tres meses; de otro modo no resisti- 
rían a las siguientes bandadas; sus chozas se construyen de 
barro, plumas y cáscaras de huevo. Aristóteles cuenta que 
los pigmeos viven en cuevas, todo lo demás acerca de ellos, 
como el resto de los autores*, Isígono cree que los indios 
cirnos viven ciento cuarenta años; lo mismo, los etíopes 
macrobios, los seres y los que viven en el monte Atos, éstos 
sin duda porque se alimentan de carne de víbora; por ello, 


7 Cf. Meu, FHG 33 MúLLeR. 

% Cf. Hom., 11, TI 3-6, Trispítamo, en griego, «de tres palmos». En 
los libros geográficos Plinio cita pigmeos en Tracia (IV 44); Caria (V 
109) y en el Nilo (VI 188). 

% Cf. Arrsr., HA VIII 12, 59788. 


LIBRO VIH 19 


esos animales no son ponzofñiosos para sus personas ni para 
su ropa”, Según Onesíicrito*?, en unas regiones de la India 
en las que no hay sombra, existen unos hombres de cinco 
codos y dos palmos, que viven ciento treinta años y no en- 
vejecen, sino que mueren como si fueran de mediana edad. 
Crates de Pérgamo llama gimnetes% a unos indios que so- 
brepasan los cien años; bastantes los llaman macrobios. Se- 
gún Ctesias, un pueblo de éstos, que se llaman «pandas», 
situado en unos estrechos valles, vive doscientos años; en la 
juventud tiene el cabello blanco, que ennegrece en la ve- 
jez*; por el contrario, otros, próximos a los macrobios, no 
sobrepasan los cuarenta años; sus mujeres sólo paren una 
vez. Eso también lo cuenta Agatárquides y, además, que se 
alimentan de langostas y que son veloces. Clitarco les dio el 
nombre de «mandos», y Megástenes, incluso, enumera tres- 
cientas aldeas de ellos. Las mujeres paren a los siete años, y 
a los cuarenta les llega la vejez*, Según Artemidoro, en la 
isla de Tapróbane, una vida larguísima transcurre sin ningu- 
na enfermedad del cuerpo*. Según Duris, algunos indios se 
unen con fieras, y sus hijos son medio fieras y medio hom- 
bres*, Entre los calingas””, un pueblo de la misma India, las 


50 Cf. Ista.,, FHG 3 MúLLER. Macrobios: «de larga vida» (cf. PLim,, 
TV 37; VI 190. Seres: cf. PLrx., VI 54, 88, Atos: cf. PLiw, IV 37, 

5 OnrsícrrITO DE ÁSTIPALEA, FHG 134, fr. 11; cf. Piaw,, 18 183 n. 
287 (B. C. G, 206). 

32 Cf. PLix., V1 190. 

33 Crestas, FHG 72, 84 MÚLLeR. Pandas; cf. Pia, VI 76. 

34 Cf, Acar., FHG IM 195. Clitarco: citado en PLim., MI 57; cf. FEG 
14 MULLER; MEGÁSTENES, FAG 33 MULLER. 

55 ARTEMIDORO DE ÉresO: citado por Plinio como fuente en II 242, 
244, 246 y en los libros IV, V y VI; cf. FHG 438, Tapróbane: cf. PLin., 
VI 79-92, 

5% Duris px Samos, historiador griego (s. rv-1m a. C.). Únicamente se con- 
servan fragmentos editados por MULLER en FAG 1848, Cf. fr, 19, 

5 Cf. PLix., VI 64-65. 


23 


29 


30 


31 


32 


20 HISTORIA NATURAL 


mujeres conciben a los cinco años y no sobrepasan los ocho 
de vida. Y en otro lugar, nacen hombres con rabo recubierto 
de pelo, de extraordinaria velocidad, y otros se cubren com- 
pletamente con las orejas*, 

El río Árabis separa a los oritas de los indios. Aquéllos 
no conocen otro alimento que los peces, que secan al sol 
después de hacerlos pedazos con las uñas y, así, de ellos ha- 
cen pan, según refiere Clitarco*, Más allá de Etiopía, según 
Crates de Pérgamo, están los trogloditas, más veloces que 
los caballos; además, unos etíopes sobrepasan los ocho co- 
dos de altura; ese pueblo se llama sirbota. Un pueblo de los 
etíopes nómadas, llamados menisminos, que está orientado 
al septentrión siguiendo el río Ástrago, dista del Océano 
veinte días de camino; viven de la leche de los animales que 
llamamos cinocéfalos, cuyos rebaños apacientan, matando a 
los machos, excepto los necesarios para la reproducción”. 
En los desiertos de África, se presentan a la vista figuras de 
hombre y, al momento, se desvanecen. 

La naturaleza hizo del género humano estas y otras co- 
sas semejantes como objeto de burla para ella, para noso- 
tros, como curiosidades prodigiosas. ¿Y quién podría enu- 
merar una por una las que hace cada día y casi cada hora? 
Baste para dejar al descubierto su poder, el haber puesto 
pueblos entre las cosas prodigiosas. 

A continuación, unas cuantas cosas muy conocidas en el 
hombre. 


3% Cf. Pumw,, IV 95, 

3% Oritas ictiófagos, ef. Pzaw., VI 95, 97. Crrrarco, fr. 212 MÚLLER, 

$ La misma noticia sobre los sírbotas y los etíopes nómadas que se 
alimentan de leche de cinocéfalo en PLuw,, VI 190, 


LIBRO VII 21 


El nacimiento de trillizos está con- 

3 (3) firmado por el ejemplo de los Hora- 

mm elos Ad cios y los Curiacios*!, Por encima de 

ese número, se tiene entre los hechos 

extraordinarios, excepto en Egipto, don- 

de el beber agua del rio Nilo produce fertilidad %, Más cer- 

ca, en los últimos días del Divino Augusto, una tal Fausta, 

plebeya de Ostia, al dar a luz a dos niños y otras tantas ni- 

ñas, presagió sin duda el hambre que vino a continuación *, 

Se informa también que, en el Peloponeso, una mujer dio a 

luz cuatro veces quintillizos, y que la mayoría de todos sus 

partos vivió. Afirma Trogo que, en Egipto, incluso de un 
solo vientre, nacen siete al mismo tiempo“, 

Nacen incluso algunos de uno y otro sexo al mismo 
tiempo, los que llamamos hermafroditas, antiguamente lla- 
mados andróginos, y considerados como seres prodigiosos, 
ahora, en cambio, como objetos de placer. Pompeyo Mag- 
no, entre los adornos del teatro, puso maravillosos retratos 
de personas famosas, trabajados con el mayor cuidado por 
grandes artistas; entre ellos se lee que, en Tralles, Butíquide 
fue depositada en la pira funeraria por veinte hijos, después 
de haber tenido treinta partos, y que Alcipe parió un ele- 
fante. Aunque eso se cuenta entre las cosas portentosas, Pe- 


6! Los tres hermanos Horacios, de Roma, se enfrentaron con los Cu- 
riacios, de Alba Longa, y los derrotaron (cf. Lrv., 1 24-25). 

62 Cf. Esrr., XV 695, 

$ Cf Sor., 1, 50-51. 

6 Trogo Pompeyo, historiador de la época de Augusto, que también 
escribió un tratado sobre estos temas. Su fuente debió de ser Aristóteles 
(cf, ArusT., fr. 284 Rosk). 

65 Mito de Hermafrodito: ef. Ovin,, Met. IV 288-388; cf. Lrv., XXVII 11, 
5; OBSECUENTE, Prod, 545, 207; en 635, 117, y 637, 113, habla de unos 
hermafroditas de 8 y 10 años, que fueron arrojados al mar. 

é6 Tralles: cf. PLin., V 108. 


3 


35 


36 


22 HISTORIA NATURAL 


ro el hecho es que, en los comienzos de la guerra mársica, 


una esclava parió una culebra” y, entre los seres monstruo- 
sos, se dan también partos multiformes de maneras diferen- 
tes. El emperador Claudio escribe que en Tesalia un hipo- 
centauro murió el mismo día de su nacimiento, y nosotros 
mismos, durante su principado, vimos conservado en miel 
uno que le habían traído de Egipto *, Entre otros ejemplos 
está el de un recién nacido de Sagunto que, el año en que la 
ciudad fue destruida por Aníbal, volvió al vientre de su ma- 
dre nada más nacer%, 

4 La transformación de mujer en hombre no es cosa de 
mitos. Encontramos en los Anales que, en Casino, durante el 
consulado de Publio Licinio Craso y Gayo Casio Longino”, 
uno, de muchacha bajo la potestad paterna, se convirtió en 
niño, y por orden de los arúspices fue deportado a una isla 
desierta. Licinio Muciano expone que él vio en Argos a 
Aresconte, que se había llamado Arescusa e, incluso, se ha- 
bía casado; luego, le vinieron la barba y la virilidad, y tomó 
esposa. Él vio también, en Esmirna, un niño de las mismas 
características”, Yo mismo vi en África a Lucio Consicio, 


$7 La Guerra Social (91-88 a. C.), es Hamada aquí Mársica porque los 
marsos, un pueblo del Lacio, estuvieron entre los promotores de ella. El 
prodigio del parto de la culebra, también en Obs,, 11. 

$ Cf. CLaunio, RR fr, 8. Generalmente los autores consideran fa- 
bulosos a los hipocentauros o centauros; Cicerón afirma que nunca exis- 
tieron (cf, Cic., Tusc, 1 90). En cuanto a la utilización de la miel como 
conservante, cf. PLrx., XXTI 108, 

$ La destrucción de Sagunto tuvo lugar el 218 a. C. (cf. Lyw., XXI 
15) o el 219 (cf. Por, IT 29, 1; IV 66, 7). Son muy numerosos los prodi- 
gios que se relacionan con las Guerras Púnicas, (cf. Ons., 24-40). 

? El año 171 a. C, Casino: cf. PLow., MI 63, 

21 Licinio Muciano: cf. PLIw., 11 230, n. 470, en el vol. 206 de esta 
misma colección. 


LIBRO VH 23 


ciudadano trisditano, que se había transformado en hombre 
el día de la boda, (y vivía cuando yo escribía esto) ”. 

xxx en los partos de gemelos pocas veces sobreviven 
tanto la madre como los hijos, a no ser que viva uno solo; y 
si son de distinto sexo, es todavía menos frecuente que so- 
brevivan los dos. Las niñas nacen más rápidamente que los 
niños, del mismo modo que envejecen más rápidamente. En 
el vientre de la madre, los niños se mueven más y se llevan 
casi siempre en la parte derecha, las niñas en la izquierda”. 

Los demás seres vivos tienen un 


5(4) ; : . 
La reproducción.  empo determinado para la gestación 
del hombre, y para el parto; el hombre nace du- 
Plazos de gestación a 
de7a!3meses ante todo el año y con un plazo de 
con ejemplos gestación incierto; uno, en el séptimo 


célebres mes; otro, en el octavo; incluso, hasta 


en los comienzos del undécimo. Antes del séptimo mes 
nunca es viable, En el séptimo mes tampoco nacen, a no ser 
que hayan sido concebidos la víspera o al día siguiente del 
plenilunio, o en el interlunio. Según la tradición, en Egipto 
se nace en el octavo mes y, ciertamente, tales partos son 
viables ya incluso en Italia, contra la opinión de los anti- 
guos?”*, Esto varía de muchos modos. Vistilia, esposa de 
Glicio y, después, de Pomponio y Órfito, ciudadanos muy 
ilustres, tuvo de ellos cuatro hijos, siempre en el séptimo 
mes; dio a luz a Suilio Rufo en el undécimo, a Corbulón, en 
el séptimo, ambos cónsules, y después a Cesonia, esposa del 


1 El texto entre paréntesis angulares, que no aparece en los manus- 
critos, es lectura de Mayhoff basándose en Aulo Gelio. 

% Algunos editores proponen para la laguna inicial: «Aristóteles 
cuenta que...», o «Según Aristóteles,..», basándose en que él es la fuente; 
cf. Arisr,, HA VI 3, 583; 4, 584-585; Reproducción de los animales 
(GA) TV 6, 775. 

4 Cf. A. GrL., 111 16, 9, citando a Varrón. 


w 


w» 


7 


9 


24 HISTORIA NATURAL 


40 príncipe Gayo, en el octavo”. Para los que nacen dentro de 


41 


estos meses, el mayor peligro es hasta los cuarenta días; en 

cambio, para las embarazadas, el peligro está en los meses 

cuarto y octavo y, en ellos, los abortos son mortales”, 

Cuenta Masurio que el pretor Lucio Papirio, al presentar 

uno demanda legal como heredero en segundo grado, dio la 

posesión de los bienes en contra de él, porque la madre de- 

cía que había tenido el parto a los trece meses, ya que no pa- 

recía que estuviera determinado con seguridad un plazo de 
tiempo para los partos”, 

A partir de los diez días de la con- 

e: cepción los síntomas de que ha co- 

en las embarazadas  menzado un hombre son: dolores de 

had as cabeza; en los ojos, vértigos y mareos; 

antes del parto repugnancia en las comidas, y nán- 

seas. La gestación de un niño da me- 

jor color y un parto más fácil; el movimiento en el vientre se 

produce a los cuarenta días. Todo es contrario en el otro se- 


73 La identificación de los personajes citados no es segura; a Vistilia 
se la relaciona con Sexto Vistilio, citado en Tácrro, An, VI 9,2; habria 
tenido seis esposos: Glicio, posiblemente el padre de Publio Glicio Galo 
citado en Tác., An. XV 56 y 71; Pomponio, tal vez el padre de Pomponio, 
citado por PLimio en VIT 80; Órfito, quizá el padre de Servio Cornelio Ór- 
fito, cónsul con Claudio, cf. Tác. XII 41; Suilio Rufo, relacionado con 
Publio Suilio Rufo, citado por Tácrro en An, 1Y 31, 3; XI 1 y ss.; XII 
42, 43; Corbulón, hijo de Gneo Domicio Corbulón, (cf. TAc., 4a. 1 31), 
y Cesonio, padre de Cesonia, esposa de Calígula, 

76 Cf. ArisT,, HA VU 10, 587b; Cens., Sobre la naturaleza de los dio- 
ses (ND) 11,7. 

17 Masurio Sabino, jurisconsulto de la época de Tiberio del que tama 
nombre la escuela de los «sabinianos», adversarios de los «proculeyanos»; 
de gran prestigio entre sus contemporáneos (cf. Persto, Y 90); únicamente 
se conservan fragmentos (cf. fr. 24 Hustke). GrurO cita este texto de Plinio 
en Noches Áticas UI 16, 23. Según la Ley de las Doce Tablas (V 4), si uno 
sin hijos moría sin hacer testamento, heredaba su pariente más próximo, 


LIBRO VIH 25 


xo: un peso insoportable y una ligera hinchazón de las pier- 
nas y la ingle; en cambio, el primer movimiento es a los no- 
venta días”, Pero la mayor debilidad, cualquiera que sea el 
sexo, se produce al brotar el pelo en el feto y en el plenilu- 
nio; ese tiempo perjudica mucho a los recién nacidos y, so- 
bre todo, a los niños pequeños, Y hasta tal punto repercute 
en las embarazadas la manera de andar y todo lo que se 
pueda decir, que, las que toman comidas demasiado saladas, 
dan a luz a niños que no tienen uñas y, si respiran, paren 
con más dificultad. Un bostezo durante el parto es mortal, 
asi como es abortivo haber estornudado después del coito”, 

7 Da pena y también vergiienza considerar qué insígni- 
ficante es el origen del más soberbio de los animales, cuan- 
do para la mayoría llega a ser causa de aborto el olor que 
produce una lámpara al apagarse*. ¡De estos comienzos 
nacen los tiranos, de éstos los espíritus sanguinarios! ¡Tú 
que estás confiado en las fuerzas de tu cuerpo, tú que abra- 
zas los dones de la fortuna y ni siquiera te consideras discí- 
pulo de ella, sino hijo, tú cuya mente es la de un emperador, 
tú que te crees un dios, rebosante de orgullo por alguna ra- 
zón, pudiste morir por tan poca cosa! Y todavía hoy puedes 
morir por una causa mínima, como un minúscula mordedura 
de serpiente o también, como el poeta Anacreonte, por una 
uva pasa, o como el pretor Fabio Senátor, atragantado por 
un solo pelo en un sorbo de leche*!, Para terminar, real- 


8 Cf. SoL., 1, 62-64, que sigue a Aristóteles; (cf. Arisr., HA VILA, 
58432 y ss.; 584213 y 383b4). 

72 También aquí sigue a Aristóteles (cf. ArisT., VII 4, 584-585; 12, 
588a). El final lo recoge igualmente GeLto en 11-16, 24. 

80 Cf. ArtsT., HA VII 24, 605a 1. 

3l Anacreonte, poeta lírico griego, del s. vr a, C, La fuente puede ser 
VaLerio Máximo, IX 12 ext, 8, En cuanto a Fabio, seguimos la lectura de 
Mayhoff; en otras lecturas sería: «Fabio, senador y pretor», en cualquier 
caso, no identificado. 


42 


43 


45 


46 


26 HISTORIA NATURAL 


mente hará una justa valoración de la vida aquel que recuer- 
de siempre la fragilidad humana, 
Es contrario a la naturaleza, que 


8(6) los niños nazcan sacando primero los 
Partos pies, por esta razón los llamaron Agri- 


tru ifíci í dí 
monstruosos pas, como partos difíciles. Así dicen 


que nació Marco Agripa, casi el único 
ejemplo de felicidad en todos los nacidos de ese modo; aun- 
que se cree que éste también expió el augurio de haber na- 
cido invertido con su enfermedad de los pies, una juventud 
desdichada, pasarse la vida entre armas y muertes y, por la 
culpa de su llegada*, con toda su descendencia en la tierra, 
desgraciada; y, sobre todo, por las dos Agripinas, que en- 
gendraron a los príncipes Gayo y Domicio Nerón, azotes del 
género humano; y, además, con la brevedad de su vida, 
muerto a los cincuenta y un años, entre los tormentos de los 
adulterios de su esposa y el penoso servicio a su suegro**, 
También Nerón, príncipe hace poco tiempo y enemigo del 
género humano durante todo su principado, nació de pie, 
según escribe Agripina, su madre**, El orden natural es que 
el hombre nazca de cabeza, la costumbre, que sea levantado 
por los pies. 


2 Cf, Gri., XVI passim. PLisrO da aegri partus como etimología po- 
pular de agrippae. e 

82 Seguimos la lectura de MAYHOFF ac noxia accessu. 

$ Marco Vipsanio Agripa, (63-12 a. C.), casó en terceras nupcias con 
Julia, la hija de Augusto, de la que tuvo cinco hijos; el último, Póstumo, 
nació después de su muerte. Su hija Agripina la Mayor, es la madre de 
Calígula y de Agripina la Menor, madre de Nerón. Ésta, según Tácrro 
(An. YY 53), escribió unas memorias, Agripa es citado por Plinio como 
fuente en los libros geográficos. 

$5 Cf, Acxiersa, HRR 2 Perer. 


LIBRO VIH 27 


Tienen los mejores auspicios los 47 


9(7) que, al morir la madre en el parto, na- 
Nacidos cen, como dicen que nacieron Esci- 
por cesarea 


pión Africano el Mayor y el primero 
de los Césares, después de cortar el 
vientre de su madre, por lo que también se los llamó ceso- 
nes**, De igual modo nació también Manilio, el que entró 
con su ejército en Cartago * 

Entre los gemelos llamaban vopis- 


LO (8) eos a los que quedaban retenidos en el 
Qué son : , 
los Vapiitos vientre y nacían después de que el 


otro hubiera muerto por aborto*. Y de 
hecho, en torno a esto, surgen, aunque 
excepcionales, los mayores prodigios. 
A excepción de la mujer, pocas 48 


1100) a 

La concepción hembras conocen el coito estando pre- 

del hombre. ñiadas; de hecho, sólo llega a tener 
La reproducción d : z 
del hombre uno o dos fetos más. Figura en escri- 


tos. de médicos y también en los que 
se ocupan de investigar esas cosas, que en un solo aborto 
salieron doce fetos. Pero, cuando ha pasado muy poco tiem- 
po entre dos concepciones, se gestan los dos, como se vio 49 


86 Publio Cornelio Escipión, el vencedor de Aníbal. «Césan» y «Ce- 
són», usados como nombre o cognomen en varias familias, están relacio- 
nados con caedo «corta. «César» también es relacionado con caesaries 
«cabellera», (cf. Ist., Etim. 1X 3, 12). 

$7 Manio Manilio, cónsul con Lucio Censorino en el 149 a. C., año en 
el que comenzó la Tercera Guerra Púnica (cf. VeL., 113, 1). La gucrra 
concluyó el 146 a, C. con la destrucción de Cartago. 

88 En realidad sería el superviviente de un parto de Seción en el que 
uno muere al nacer (cf. Ism., Etim, 1X 21 ; Non., 557, 3. SoL., 1, 69). Al- 
gunos personajes tienen el sobrenombre de Vopisco, como Gayo César 
Estrabón Vopisco (ef. Cic., Sobre el Or. 11 235). 


S0 


$1 


28 HISTORIA NATURAL 


en el caso de Hércules y su hermano Ificles%, y en aquella 
que en un parto doble tuvo uno parecido al marido y otro, al 
amante; asimismo, en una esclava de Proconeso”, que, de 
coitos del mismo día, engendró uno parecido al amo y otro, 
a su administrador; y en otra que, después de un parto nor- 
mal, tuvo otro de cinco meses; y de nuevo, en otra, que ha- 
biendo tenido un niño sietemesino, en los meses siguientes 
dio a luz gemelos”, 

(10) Ya son conocidas por todo el 


Pal mundo diversas cosas como que de 
de parecidos hombres sin defecto, nacen mutilados; 
entre hombres de mutilados, hombres sin defecto y 


hombres con el mismo miembro mu- 
tilado; y que algunas señales, lunares y cicatrices, incluso, 
se reproducen. (Entre los dacios, reaparece en el brazo la 
marca de su origen en la cuarta generación, 

12 Hemos oido decir que en la familia de los Lépidos 
nacieron tres en sucesión discontinua con un ojo cubierto 
por una membrana) ?; y otros se parecían a un abuelo e, in- 
cluso, entre gemelos, uno se parecía al padre y otro, a la 
madre y, un año después, nació otro parecido al mayor co- 
mo si fuera gemelo; algunas mujeres siempre paren. hijos 
parecidos a ellas; otras, al marido; otras, a ninguno de los 
dos; y algunas, las hijas, al padre y los hijos, a ellas. Está 


8% Alemena engendró, con poco tiempo de diferencia, a Hércules de Zeus, 
quien se había hecho pasar por Anfitrión, y a Hicles de éste, 

% Isla de Mármara, cf. PLiw., V 151. 

?1 La fuente del capítulo es Aristóteles (cf. Arzsr., HA VII 4, 58523-6, 
También lo recoge Sorino (1, 60-61). j 

% Dacia, región en el bajo Danubio (cf. Pray, IV 80,100; VI 219). Se 
relaciona el cognomen Lépido con lepis «escama». En los parágrafos 50 
y 51 seguimos la lectura y puntuación de Schilling. Mayhoff sólo incluye 
en el paréntesis lo relativo a los Lépidos, y lee como ablativo absoluto 
nota ... reddita, 


LIBRO VU 29 


fuera de duda el ejemplo de Niceo, famoso púgil que nació 
en Bizancio; éste, a pesar de que su madre, fruto del adulte- 
rio de un etíope, en nada difería del color de los demás, re- 
produjo en él a su abuelo etíope”, 

Realmente el cómputo de parecidos es inmenso y se 
piensa que en ellos influyen muchas cosas de forma fortuita: 
la vista, el oído, la memoria y las imágenes grabadas en el 
momento mismo de la concepción. Incluso se cres que un 
pensamiento que, de repente, pasa velozmente por la cabeza 
de uno de los dos da o mezcla un parecido: y por eso hay 
más diferencias en el hombre que en todos los demás ani- 
males, porque la velocidad de los pensamientos, la rapidez 
mental y la diversidad de carácter imprimen marcas multi- 
formes, mientras que los demás seres vivos tienen una men- 
te inmóvil y parecida a todos los demás, cada uno dentro de 
su especie. Con el rey Antíoco de Siria tuvo un gran pareci- 
do uno de la plebe, de nombre Artemón, hasta el punto de 
que Laódice, la esposa del rey, después de haber sido ya 
asesinado Antloco, representó, por medio de él, el mimo de 
su elogio y de la sucesión del reino”, Eran parecidos a 
Pompeyo Magno, Vibio, un individuo de la plebe, y Publi- 
cio, urio liberado incluso de la esclavitud, con un aspecto 
casi igual, reproduciendo aquella boca llena de integridad y 
el mismo honor de su eximia frente; la misma causa, también, 
impuso a su padre el sobrenombre de Menógenes, su coci- 
nero, que tenía ya el de Estrabón, debido al aspecto de sus 


. % Cambiando los ejemplos, en 50 y 51 Plinio sigue más o menos 
fielmente a Aristóteles (cf. ArisT., HA VI 6, 585028-33; 58642-11; SoL., 
1,7879). 

2% VaLerro Máximo (IX 14 1-5), puede ser la fuente de las anécdotas 
sobre parecidos de 53-55, Antíoco II Teos murió envenado por su prime- 
ra esposa, Laódice, que montó la representación para convencer al pueblo 
de su inocencia y de que el rey le encomendaba el reino, 


52 


53 


54 


- 30 HISTORIA NATURAL 


$5 


ojos, por reproducir igualmente el esclavo su defecto”; a un 
Escipión, un simple esclavo de un negociante de puercos 
había dado el de Serapión; después de él, a otro Escipión de 
la misma familia, le dio nombre el mimo Salvitón”; así co- 
mo Espínter, un mimo de segunda categoría, y Pánfilo, uno 
de tercera, a Léntulo y Metelo, elegidos cónsules el mismo 
año, por lo que fue especialmente violento el hecho fortuito 
de que al mismo tiempo se vieran en el teatro las imágenes de 
los dos cónsules”, Por el contrario, el orador Lucio Planco 
dio nombre al histrión Rubrio; a su vez, los también histriones 
Burbuleyo y Menógenes dieron nombre a Curión, el padre, y 
a Mesala, el que fue censor, respectivamente”, En Sicilia, un 
pescador reprodujo ciertamente no sólo la imagen del procón- 
sul Sura, sino hasta su gesto al hablar, su forma de arrastrar la 
lengua y su mala pronunciación”, A Casio Severo, el célebre 
orador se le echó en cara el parecido con el mirmilón Ar- 
mentario!%. (Recientemente, en la familia Junia, no se distin- 


25 El padre de Pompeyo, Gneo Pompeyo Estrabón, «el que padece 
estrabismo». Seguimos la lectura de Mayhoff, 

9 Publio Cornelio Escipión Nasica Serapión encabezó un: grupo de 
senadores que hizo asesinar a Tiberio Graco; citado también en PLrx., 
XXI 10. El apodado Salvitón acompañaba a César en África durante la 
Guerra Civil; cf. Sugr,, Cés. 59, y PLur,, Cés. 52.). 

2 Cornelio Léntulo Espínter y Quinto Cecilio Metelo Nepote, cónsu- 
les E el 57 a, C. 

% Lucio Munacio Planco, legado de César en la Galia, cónsul en el 
42; tras la muerte de César, partidario primero de Antonio, se pasó a Oc- 
tavio de forma no muy elegante, (cf. Vrz., II 83). Gayo Escribonio Cu- 
rión, padre del que fue tribuno de la plebe en el año 50 a, C.. Marco Vale- 
río Mesala Níger, censor en el 55 a, C. 

2 Publio Comelio Léntulo Sura, cónsul en el año 71 a, C., fué aparta- 
do del senado en el 70. á 

10% Casio Severo había conseguido cierta posición gracias a sus dotes 
de orador, pero condenado ya por Augusto a causa de unos libelos difa- 
matorios, murió desterrado en Serifos el año 32 (cf. Tác. An. 172, 3; IV 


LIBRO VII 31 


guía a Galión del liberto Castelano, ni al senador Agripino del 
mimo Sannio, al que llamaban Paris]'"!. Toranio, el mercader 
de esclavos, vendió a Antonio, ya triúnviro, unos jóvenes de 
extraordinaria belleza, nacidos uno en Asia, otro al otro lado 
de los Alpes, como si fueran gemelos: tan idénticos eran. 
Después, cuando al descubrirse el engaño por la forma de ha- 
blar de los jóvenes, fue increpado por Antonio, enfurecido, 
que se quejaba entre otras cosas de la magnitud del precio 
(pues los había comprado por doscientos sestercios), el mer- 
cader, con ágil ingenio, respondió que los había vendido en 
tanto porque el parecido entre los que han nacido del mismo 
vientre no era extraordinario; en cambio, encontrar personas 
procedentes de pueblos diversos con una apariencia tan acor- 
de, estaba por encima de toda tasación; y tan favorable admi- 
ración le produjo, que aquel espíritu de la proscripción, en ese 
momento enfurecido además por el ultraje, entre toda su for- 
tuna, no tenía otra cosa en más aprecio !”, 

Existe un cierto rechazo peculiar 


Ban a 
Ejemplos de de algunos cuerpos; y personas esté 
descendencia riles entre ellas engendran cuando se 
muy numerosa unen con otras, como Augusto y Li- 


via!”, Asimismo, hay hombres y mu- 
jeres que tienen sólo hijos varones y otros, sólo hijas; por lo 


21, 3). Los mirmilones eran gladiadores, en su origen galos, que luchaban 
con los reciarios armados con espada y escudo pequeño; su casco se ador- 
naba con un pez. 

101 Los corchetes son de Mayhoff que indica en el aparato crítico que 
Mommsen consideraba el pasaje una interpolación. Junio Galión: partida- 
rio de Sejano (cf. Tác., An, VI 3), 

102 La anécdota se encuentra también en SoLo, 1, 84-86, 

103 Juntos no tuvieron hijos, pero Augusto había tenido a Julia de Es- 
cribonia, su primera mujer, y Livia tenía a Tiberio y Druso de su primer 
marido, Tiberio Claudio Nerón. 


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32 HISTORIA NATURAL 


general, alternan, como la madre de los Gracos con sus doce 
hijos, y Agripina, la mujer de Germánico, con sus nueve '%, 
Para unas, es estéril la juventud; a otras, les es posible con- 
cebir una sola vez en la vida. Algunas no llevan a término los 
embarazos y, si por medicinas o por cuidados los superan, 
casi siempre alumbran una hija*%, El divino Augusto, entre 
otras muestras de ejemplos excepcionales, conoció a un 
nieto de su nieta, nacido el año en el que él murió, Marco 
Silano, que después de obtener Asia tras su consulado, a la 
llegada de Nerón al principado fue asesinado por el veneno 
de éste'%, Quinto Metelo Macedónico, además de dejar seis 
hijos, dejó once nietos y, entre mueras, yernos y todos los 
que lo saludaban llamándole padre, veintisiete?”, En las Actas 
del tiempo del divino Augusto, se encuentra que, en su duo- 
décimo consulado y siendo colega suyo Lucio Sila, el día 
tercero antes de las idus de abril, Gayo Crispinio Hilaro, 
plebeyo de una familia libre de Fiésole, ofreció un sacrificio 
en el Capitolio junto con sus ocho vástagos, entre los que 
dos eran hijas, sus veintisiete nietos, sus dieciocho bisnietos 


19 De los hijos de Cornelia, hija de Publio Cornelio Escipión Africa- 
no el Mayor, sólo llegaron a la edad adulta Tiberio y Gayo Graco y Sem- 
pronia. De los hijos de Agripina la Mayor, a la muerte de Germánico sólo 
vivian Nerón, Druso, Calígula, Agripina la Menor, Drusila y Livila, 

105 En 57 y 58 para los datos generales Plinio sigue a: ARISTÓTELES 
(cf. HA VII 6, 585b9, 13, 17, 20, 24). También se encuentran en SoLINo 
(1, 59), 

106 Marco Junio Silano, nieto de Julia la Menor, Tácrro atribuye su 
muerte únicamente a Agripina (cf. 4n, XI 1). 

107 Quinto Cecilio Metelo, que recibió el nombre de Macedónico por 
derrotar a Pseudofilipo y hacer de Macedonia una provincia en el año 148 
a. C.; también participó en la campaña de Hispania el 144-143 a. C. Tenía 
cuatro hijos varones y dos hijas. VeLeEYo PatércuLo (1 11, 2-3, 6; 12, 1) 
sólo habla de los primeros, 


LIBRO VII 33 


y sus ocho nietas, formando una procesión que superó a to- 
das las habidas hasta entonces **, 

La mujer no concibe después de 

14 (12) los cincuenta años, y la mayor parte 

Hasta quéedad pierde la menstruación a los cuarenta, 

se puede engendrar 5.02 entre los hombres, es conocido 

que Masinisa, después de los ochenta 

y seis años, engendró un hijo, al que llamó Metimanno '”, y 

que Catón el Censor, cumplidos los ochenta años, engendró 

de una hija de su cliente Salón; por este motivo una línea de 

sus hijos recibió el nombre de Licinianos, y otra, el de Salo- 

nianos, entre los que estaba el de Útica*'”. También recien- 

temente, en el caso de Lucio Volusio Saturnino, muerto 

mientras desempeñaba la prefectura de la ciudad, es conoci- 

do que de Cornelia, de la familia de los Escipiones, engen- 

dró a Volusio Saturnino, que luego fue cónsul, después de 

los sesenta y dos años!'!, Y entre la clase baja, se encuentra 
normal engendrar hasta los setenta y cinco años. 


108 Tas actas: una especie de diario oficial que, sobre todo durante el 
imperio, se exponía a la vista del público. La fecha: 11 de abril del 5 6 4 
a, C. Gayo Crispino Hílaro: personaje desconocido. (En lo sucesivo, cuando 
no se conozcan datos de un personaje, no se citará en nota.) 

10% Masinisa, rey de los númidas, 238-148 a. C. El nombre de su hijo 
aparece como Matumanno en Solino y como Metimno en Valerio Máxi- 
mo (cf. Sor.., 1, 59; Var, Máx, VII 13, 1). 

10 Cf GeL., XI 20, 8, 14; PLur., Cat. 24. Marco Porcio Catón el 
Joven, el de Útica, era bisnieto de Marco Porcio Catón el Viejo, el Cen- 
sor, 

1 Lucio Volusio Saturnino murió a los noventa y tres años (cf. Tác,, 
An. X111 30). Su hijo fue cónsul en el 56 d. C. 


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34 HISTORIA NATURAL 


La mujer es el único ser vivo que 

poes tiene menstruaciones y, por ello, el 

de la menstruación Único cuyo vientre tiene las que han 

en las mujeres llamado molas, Se trata de carne infor- 

me, sin vida, que rehúsa la herida y el 

corte del hierro; se mueve y detiene, incluso, las menstrua- 
ciones como un embarazo; unas veces, es mortal; otras, en- 
vejece con ella; algunas veces, sale cuando está el vientre 
muy suelto**?, También, a algunos hombres les sale en el 
vientre algo semejante, que llaman escirro, como sucedió a 
Opio Capitón, el que fue pretor!'?, Pero no se podría en- 
contrar fácilmente nada más maléfico que el flujo de las 
mujeres: el mosto se avinagra si se acercan; si los tocan, los 
cereales no granan; lo sembrado muere; las semillas de los 
huertos se secan; los frutos de los árboles en los que se han 
apoyado, caen; el lustre de los espejos se empaña sólo con 
la mirada: el filo del hierro se vuelve romo; el brillo del 
marfil y las colmenas mueren; incluso la herrumbre se apo- 
dera del bronce y el hierro, y el bronce toma un desagrada- 
ble olor; los perros cogen la rabia al probarlo, y su morde- 
dura se infecta de un veneno incurable. Es más, el betún, 
pegajoso, además de su carácter viscoso, que, en determina- 
da época del año, flota en un lago de Judea, que se llama 
Asfaltites, y se queda adherido a todo lo que toca, no se 
puede quitar más que con un hilo **x*, que esté infectado 


12 Para el parágrafo 63, véase ArrsT:, GA TV 7, 775b25 ss.; PLm., X 
184; Sor., 1, 54, DRAE 2001: «mola: Med. Masa carnosa e informe que 
en algunos casos se produce dentro de la matriz ocasionando las aparien- 
cias de la preñez», 

1% DRAE 2001: «escirro, especie de cáncer que consiste en un tumor 
duro de superficie desigual al tacto y que se produce en las glándulas, so- 
bre todo en los pechos de las mujeres», En la flota de Marco Antonio hu- 
bo un prefecto llamado Marco Opio Capitón. 


LIBRO VII 35 
con tal veneno!'*, Dicen también que en las hormigas, un 
ser diminuto, hay una cierta sensibilidad hacia ello, y que, al 
probar granos infectados con él, los sueltan y no vuelven a 
buscarlos después. Y esta calamidad, de tal naturaleza y tan 
grande, se manifiesta en la mujer cada treinta días, también 
con una frecuencia de más de un trimestre, pero, en algunas, 
con menos de un mes; así como en otras, nunca. 

(14) Pero ésas no conciben, puesto que ésta es la materia 
con la que se origina el hombre, al unirse con ella la semilla 
del varón formando una especie de coágulo que, después, al 
mismo tiempo, cobra vida y cuerpo. Por eso, cuando en las 
mujeres embarazadas hay flujo, se producen partos que no 
tienen fuerza o no pueden vivir o están cubiertos de sanies, 
según afirma Nigidio!'*. 

16 (Igualmente cree que a una mujer no se le corta la le- 
che cuando está criando, si concibe de nuevo del mismo 
hombre) '!* en cambio, según la tradición, se concibe con 
mucha más facilidad al comenzar o terminar esta situación. 
Hemos oído decir que es indicio de fecundidad en las muje- 
res el que, al aplicar a los ojos un ungúento, se impregne su 
saliva con él?””, 


114 El Mar Muerto, (cf. PLmw,, IL, 226; V 71-73; Tác., Hist. V 6). Se- 
gún el editor Mayhoff, basándose en PLiw,, XXVIM 80, hay una laguna 
en el texto. 

115 En todo lo referente a la menstruación, Plinio se aparta algo de 
Aristóteles, cf. ArIsT., VII 2, 582b1, 4, 13, 19-21. Publio Nigidio Fígulo, 
pretor en el 58 a, €,, ef. fr. 110, 111 Sworoba. 

+16 El paréntesis es del editor Mayhoff. 

117 Sobre los indicios de fecundidad, cf. ArisT., GA IV 4, 773a15; X 
4, 636b1. 


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36 HISTORIA NATURAL 


a5) Por lo demás, no hay duda de que 
Anécdotas a los niños les salen los primeros 
acerca de los dientes. dientes a los siete meses y casi siempre 
Anécdotas . : 
“ acerca delos niños  Mla parte de arriba, que esos dientes 
caen a los siete años y salen otros des- 
pués, y que, incluso, algunos nacen con dientes, como Ma- 
nio Curio, que por eso recibió el sobrenombre de Dentato, y 
Gneo Papirio Carbón, hombres ilustres los dos*'*, Entre las 
mujeres esto era prueba de mal augurio en el tiempo de los 
reyes. Habiendo nacido así Valeria, al vaticinar los arúspices 
que iba a causar la perdición de la ciudad a la que la hubieran 
llevado, fue deportada a Suesa Pomecia, muy floreciente en 
aquella época, y así se verificó el resultado **”. (Cornelia, 
la madre de los Gracos, sirve de prueba de que es de mal 
presagio el hecho de que algunas mujeres nazcan con los 
genitales cerrados) !?, Algunos, en lugar de dientes, nacer 
con un hueso seguido en la parte superior de la boca, como 
el hijo de Prusias, el rey de los bitinios *?!, Por otra parte, los 
dientes son hasta tal punto resistentes al fuego, que no 
se queman con el resto del cuerpo y, a pesar de que no son 
dominados por las llamas, son socavados por una des- 
composición de la pituita'?, Adquieren blancura con cierto 


118 Cf, ArrsT., HA VII 587b14; GeL., 111 10, 12; Cen, ND 7, 4; SoL, I 
70. Manio Curio Dentato, cónsul en 290 a, C., derrotó a los samnitas y a 
Pirro. De los personajes que llevan el nombre de Gneo Papirio Carbón, el 
más conocido es el cónsul del 85 a, C, 

112 Suesa Pomecia: Pino, en HI 63, cita a Suesa entre las ciudades 
del Lacio existentes y, en III 68, a Pomecia, entre las desaparecidas. 

120 Cf. Axisr., GA TV 4, 773215; HA X 4, 636b1. El carácter mágico, 
premonitorio, trae aquí una observación fuera de lugar. 

321 Cf. VaL. Máx,, 18 ext. 12; Sor,, 1, 70, El rey Prusias de Bitinia 
acogió a Aníbal tras la derrota de Zama. 

12 Francisco HERNÁNDEZ traduce: «No bastan a resistir al corri- 
miento y heguijón», cf. op. cif., pág. 322. 


LIBRO VII 37 


remedio, se desgastan con el uso y en algunos casos se caen 
mucho antes. Y no son sólo necesarios para la comida y los 
alimentos, puesto que los de delante tienen el gobierno 
de la voz y del habla, recibiendo el golpe de la lengua con 
una armonía determinada y cortando, atenuando o debili- 
tando las palabras por su disposición y su tamaño y, cuando 
faltan, quitando toda claridad. Más aún, se cree que en esta 
parte del cuerpo hay también augurios. A los hombres se 
les atribuyen treinta y dos dientes, a excepción del pueblo 
de los túrdulos!”: se piensa que a quien tiene más se le 
promete una vida más larga '?*, Las mujeres tienen un núme- 
ro menor: a las que tienen en la parte superior derecha dos 
de los que reciben el nombre de caninos, se les conceden 
delicadezas de la fortuna, como en el caso de Agripina, la 
madre de Domicio Nerón; al contrario en la izquierda. (No 
es costumbre de los pueblos la cremación de un hombre 
antes de que le salgan los dientes) pero después se dirá 
más de esto, cuando desarrolle la descripción miembro a 
miembro *”, 

Sabemos que Zoroastro ha sido el único hombre que rió 
el mismo día de su nacimiento; a él mismo, en presagio de 
su futura sabiduría, el cerebro le palpitaba de tal manera que 


levantaba la mano que se le ponía encima!”, 


123 Pueblos de la Bética y la Lusitania, ef. Piw., 1 8; IV 112 y ss. 

124 Cf, ArrsT,, HA IL 3, $01b22; SoL,, 1, 71; Priv, X1 167. 

135 Sobre la costumbre de no incinerar a los niños, cf. Juv., XV 140. 
De nuevo hablará del tema en XI 160 y ss. 

16 Zoroastro (s. VII-VI a. C.): rey de los bactrianos, considerado el 
primer mago; cf. Istm., Etim. V, 39, 7; VUI9, Ll, 


mn 


nn 


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38 HISTORIA NATURAL 


Es cosa segura que a la edad de 

A tres años cada uno tiene la mitad de lo 
de hombres que será su estatura. Sin embargo, en 
de gran tamaño toda la raza humana en conjunto se 


observa que casi cada día es un poco 
menor y que pocos son más altos que sus padres, porque el 
calor abrasador al que ahora tiende el tiempo debilita la fer- 
tilidad del semen*?”, En Creta, al abrirse una montaña por un 
terremoto, se encontró un cuerpo de cuarenta y seis codos 
de estatura, que unos dicen que era de Orión, otros de Oto*”, 
Hay testimonios por los que se cree que el cuerpo de Orestes, 
que fue desenterrado por mandato de un oráculo, era de siete 
codos!?””. Sin embargo ya hace casi mil años que aquel famo- 
so poeta Homero no dejaba de quejarse de que los cuerpos de 
los hombres eran más pequeños que los de los antiguos?*, 
Los anales no dicen el tamaño de Nevio Polión pero, por el 
hecho de que casi acabó sofocado por el agolpamiento de 


127 En ARISTÓTELES €s a los cinco años (cf, Ar1sr., GA 1 18, 725b23; 
ef, SoL., 1, 90; Acu., CD XV 9), La teoría del calentamiento de la tierra 
ya aparece apuntada en PLm., H 236, al hablar de lugares que arden con- 
tinuamente. 

128 Solino habla de 36 codos (Sor.., 1, 90); Francisco Fernández de 
16, según su comentario, porque las otras cantidades le parecen excesivas 
(cf. ap. cit.). Orión, un gigante mitológico, murió por la picadura de un 
escorpión, y ambos fueron convertidos en constelación, Oto y su herma- 
no Efialtes quisieron luchar con los dioses y amontonaron los montes 
Osa, Olimpo y Pelión para llegar al cielo; su castigo es permanecer en los 
infiernos atados a una columna con serpientes mientras un lechuza los 
atormenta con sus gritos, 

12% La fuente del dato parece ser HerónorTO, l, 68. También lo reco- 
gen Solino y Aulo Gelio, que corrige la cifra por considerarla exagerada, 
y escribe siete pies (el pie equivalía a unos treinta cm.); cf. Soz., 1, 90; 
GeL,, TU 10, 11, 

8% Cf Hom., 11. V, 304; XII 383, El tópico de la degeneración de la 
raza también en Juv., XV 69. 


LIBRO Vu 39 


gente, sí que está considerado como un portento *?!, Nuestro 
tiempo, bajo el imperio del divino Claudio, ha conocido como 
hombre más alto, a uno llamado Gabara, de nueve pies y otras 
tantas pulgadas, que habían traído de Arabia'*, En tiempos 
del divino Augusto hubo unos con medio pie más, cuyos 
cuerpos se guardaban como cosa extraordinaria en un sepul- 
cro de los jardines de Salustio; sus nombres eran Pusión y Se- 
cundila*%, Bajo el imperio de este mismo, entre los caprichos 
de su nicta Julia, estuvieron el hombre más bajo, de dos pies y 
un palmo, llamado Conopas, y su mujer Andrómeda, liberta 
de Julia Augusta”, Escribe Varrón que los caballeros roma- 
nos Manio Máximo y Marco Tulio medían dos codos; incluso 
yo mismo los he visto conservados en unas umas!%. No es 
cosa desconocida que nacen algunos de un pie y medio, y al- 
gunos más largos, que cumplen el curso de su vida en los tres 
primeros años. 

Encontramos en testimonios de Sa- 


(17 lamina que un hijo de Eutímenes cre- 
Niños ció tres codos en tres años; que, torpe 
precoces 


incluso a ser púber, con una voz fuer- 
te, y que, pasados los tres años, murió de una súbita con- 


15 Según Columela, sería de la época de Cicerón. Cf. CoL., III 8, 2. 

12 Según la curiosa teoría que presenta Schilling en la nota corres- 
pondiente, el nombre Gabara denotaría el carácter gigantesco y el origen 
del personaje, un judío de Mesopotamía o un árabe aramizado; cf. com, 
ad loc). 

13 Schilling comenta el carácter sarcástico de los nombres, diminuti- 
vos para gigantes; cf. com. ad loc.). Los horti Sallustiani, el famoso par- 
que adquirido por el historiador, acabaron formando parte de las propie- 
dades imperiales, 

19 Nombre que recibió Livia de acuerdo con el testamento de Au- 
gusto. ; 

135 Sobre la posible ironía del nombre de Máximo, véase n. 132, 


al andar, lento de entendimiento, llegó 


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mn 


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40 HISTORIA NATURAL 


tracción de sus miembros. Yo mismo no hace mucho vi casi 
todas esas mismas cosas, excepto la pubertad, en un hijo de 
Cornelio Tácito, caballero romano que era procurador de la 
Galia Belga. Los griegos llaman a esos casos ectrápelos; en 
latín no tienen nombre 46, 

17 Se ha observado que el hombre de los pies a la cabe- 
za tiene la misma longitud que entre la mayor extensión de 
los dedos con las manos extendidas)”; asimismo, que tiene 
más fuerza en la parte derecha; algunos, igual en las dos 
partes, y algunos, más en la izquierda, y que esto nunca su- 
cede en las mujeres. 

Los varones pesan más, y los cuer- 


06) pos de todos los seres, muertos más 
Particularidades a : Ñ 

notables que vivos, y dormidos más que des- 
de los cuerpos piertos. Los cadáveres de los hombres 


flotan boca arriba, los de las mujeres 
boca abajo, como si la naturaleza preservara el pudor de las 
difuntas. 

18 Hemos oído decir que viven algunos con los huesos 
compactos y sin médula. La señal de eso es que ni sienten 
sed ni emiten sudor, aunque sabemos que la sed puede ser 
dominada por la voluntad y que el caballero romano Julio 
Viator, del pueblo federado de los voconcios?***, al que, en 
sus años mozos, a causa de la enfermedad del agua infiltra- 
da bajo la piel, los médicos le habían prohibido los líquidos, 
hizo de la costumbre algo natural, y en la vejez se mantuvo 


16 Cf. SoL, I, 92, 93, Cornelio Tácito, el padre ó el tío del historiador. 
Ectrápelos: «monstruosos, enormes», en griego en el original, 

22 Cf Vrer,, 101 1, 3. 

18 Voconcios, pueblo de la Galia Narbonense, cf. PL, 11 150; 111 
34,37, 124. 


LIBRO VII 41 


132. Y también otros tuvieron mucho dominio sobre 


sin beber 
sí mismos. 

19 Dicen que Craso, el abuelo del Craso que fue muerto 
entre los partos, nunca rió, y por eso lo llamaron Agelasto; y 
que, del mismo modo, muchos tampoco han llorado '*, Que 
a Sócrates, famoso por su sabiduria, siempre lo vieron con 
el mismo rostro, ni más sonriente ni más alterado. Esta im- 
perturbabilidad de espíritu llega algunas veces a una cierta 
rigidez y a un carácter duro e inflexible y suprime los afec- 
tos humanos, a ésos los griegos los llaman ápates!**!, ha- 
biendo encontrado muchos de esa clase especialmente, —lo 
que es curioso —, entre los fundadores de escuelas filosófi- 
cas, como Diógenes el Cinico, Pirrón, Heráclito y Timón, 
que lo llevó incluso a la aversión hacia la totalidad del géne- 
ro humano. Pero estas pequeñas particularidades de la natu- 
raleza se conocen de formas diversas en muchos, como en 
Antonia, la esposa de Druso, no haber escupido nunca y en 
Pomponio, consular y poeta, no haber eructado'*, (Los que 


132 ¿qua subter cutem fusa, perifrasis usada inicialmente por los mé- 
dicos romanos para traducir la hidropesía, denominación que agrupa di- 
versos tipos de la enfermedad (cf. CrLio AURELIANO, Chroñ. TI 8, 102). 

140 De Marco Licinio Craso Agelasto, en griego «el triste, el que no 
rle», dice CICERÓN que, según Lucilio, rió una vez (cf. Del supremo bien 
y del supremo mal V 92; Tusc., HI 31). El nieto murió en el $3 a, C. Cf. 
Pers, 11 147, 

'41 4pates, en griego en el original, «sin pasiones, de ánimo impasi- 
ble». Diógenes de Sinope, (c. 404-323 a. C.); Hamado el Cínico por la es- 
cuela filosófica a la que pertenecía, se le atribuyen numerosas anécdotas. 
Pirrón de Élide (c. 365-275 a. C.): fundador de la escuela escéptica, He- 
ráclito de Éfeso (c. 540-480 a. C.), para el que todo surge del fuego. Ti- 
món de Atenas, s. v a. C,, llamado el Misántropo. 

142 Antonia la Menor, hija de Marco Antonio y Octavia, casada con 
Druso el Mayor, el hermano de Tiberio, tuyo a Germánico, a Livia y a 
Claudio. Publio Pomponio Segundo, cónsul y pocta, amigo de Plinio, que 
lo cita de nueyo en XH1 83 y XIV $56. 


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42 HISTORIA NATURAL 


tienen los huesos compactos por naturaleza, que son muy 
pocos, se llaman «córneos»). 
Cuenta Varrón, en su relato de por- 
20 (19) tentos de fuerza, que Tritano, de cuer- 
Fuerzas po delgado pero de fuerzas extraordi- 
Panal narias, era famoso entre los gladiadores 
de armadura samnita y que su hijo, 
soldado de Pompeyo Magno, tenía nervios no sólo rectos sino 
también cruzados en forma de red por todo el cuerpo, incluso 
en los brazos y en las manos, con una asombrosa distribución 
de fuerzas y, además, que luchando por un desafío derrotó sin 
armas a un enemigo, y después lo llevó al campamento suje- 
tándolo con un solo dedo'*, Por su parte Vinnio Valente **, 
que prestaba servicio como centurión en la guardia pretoriana 
del divino Augusto, solía sostener los transportes cargados de 
odres de vino hasta que los vaciaban, y sujetaba los carros te- 
niéndolos cogidos con una sola mano, haciendo fuerza con- 
tra las bestias de carga que empujaban en sentido opuesto, y 
hacía otras cosas prodigiosas que se ven inscritas en su mo- 
numento. El mismo Marco Varrón dice: «Rusticelio, apoda- 
do Hércules, levantaba en el aire a su mulo; Fufio Salvio 
subía escaleras llevando dos pesas de cien libras en los pies, 
otras tantas en las manos y dos de doscientas en los hom- 
bros». Yo también he visto algo de una ostentación porten- 
tosa, a uno llamado Atánato, caminar por el escenario vesti- 
do con una coraza de plomo de quinientas libras y calzado 
con unos cotumnos también de quinientas. Al atleta Milón (de 


143 Cf. SoL., 1,75, 76; VaR., ARH 1, fr, 7 Mircm. Entre los gladiado- 
res, los samnitas eran los más antiguos; llevaban escudo largo, espinillera 
en la pierna derecha y casco con penacho. 

144 Valente «el forzudo», 


LIBRO VU 43 


Crotona), estando de pie, nadie podía moverlo del sitio, ni 


enderezarle un solo dedo si tenía cogida una manzana '*, 


Que Filípides hubiera recorrido 

(20) mil ciento cuarenta estadios desde Ate- 

Velocidad nas hasta Lacedemón!* en dos días 
excepcional 


era una cosa grande, hasta que Anis- 
tis, corredor lacedemonio, y Filónides, 
de Alejandro Magno, en un solo día recorrieron mil tres- 
cientos cinco desde Sición hasta Élide'*, Y ahora mismo 
sabemos perfectamente que algunos en el circo resisten 
ciento sesenta mil pasos y que hace poco, durante el consu- 
lado de Fonteyo y Vipstano**, un niño de ocho años reco- 
rrió setenta y cinco mil pasos desde el mediodía hasta el 
atardecer. El asombro por esto llegaría a ser completo si se 
pensara en el larguísimo trayecto que Tiberio Nerón realizó 
en varios vehículos, en un día y una noche, cuando iba apre- 
suradamente a Germania junto a su hermano Druso que es- 
taba enfermo. Esos fueron doscientos mil pasos **. 


145 Milón de Crotona, atleta (s. vr a. C.), vencedor varias veces en los 
Juegos Olímpicos; se le atribuyen numerosas anécdotas (cf. Sor., 1 76, 
TP). Crotoniensem, «de Crotona», lo añade el editor Schilling. 

146 La ciudad que da nombre a la región, Esparta. La distancia sería 
de unos 202 Km. La hazaña aparece ya en HeróDOTO, VI 106, Sobre la 
tradición que atribuye a Filípides la hazaña de Maratón, cf. nota de C. 
SCHRADER a ese pasaje, en el vol. 39 de esta misma colección. 

147 En otro lugar Plinio atribuye la hazaña sólo a Filónides y da una 
distancia de mil doscientos estadios; en ambos casos errónea. Cf. PLN, 
1 181, y n. correspondiente en esta colección (B. C. G. 206). 

148 Año $9 d, C, 

149 Cf. Var, Máx,, V, 5, 3. Druso murió el 9 a, C. La distancia, unos 
295 Km. ; 


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86 


44 HISTORIA NATURAL 


La agudeza de la vista presenta 


21 (21) ejemplos que sobrepasan todo lo creí- 
Vista ble. Cuenta Cicerón que había sido 
extraordinaria 


metida dentro de una nuez una Ilíada 
de Homero escrita en pergamino. Él 
mismo Cuenta que había uno que podía ver perfectamente a 
ciento treinta y cinco mil pasos. A éste, Marco Varrón incluso 
le da nombre: lo llamaban Estrabón; añade que, por otra parte, 
durante la guerra Púnica, desde el cabo Lilibeo de Sicilia, so- 
lía decir incluso el número de barcos, cuando la flota salía del 
puerto de Cartago! Calícrates hizo hormigas de marfil y 
otros animales tan pequeños que los demás no podían distin- 
guir sus miembros. En este aspecto realmente se distinguió 
Mirmécides con una cuadriga hecha del mismo material, que 
podría cubrir una mosca con las alas, y un barco, que una 
abejita podría esconder con las suyas!*!, 
El oído cuenta con un sólo ejem- 
e plo digno de admiración: la batalla en 
prodigioso la que fue destruida Sibaris, que se 
oyó en Olimpia el mismo día en que 
se había llevado a cabo?*?, Pues la fama de la victoria sobre 
los cimbros!'*, y los Cástores que llevaron a Roma el anun- 


15% Cf, Crc., Acad. 1 81. La distancia entro el cabo Lilibeo y el cabo 
de Mercurio en África era, según Printo (11 83) de ciento gonenta mil 
pasos, 

15! Calícrates de Esparta y Mirmécides de Mileto (o de Atenas): ar- 
tistas de época arcaica, El primero aparece también en SoLino, 1, 100; el 
segundo en VARRÓN, La lengua latina (LL) VII 1; TX 108; y CICERÓN, 
Acad. 11 120. 

1 En otros autores el hecho está referido a Crotona, (CE. Cic., ND II 
6). En TIT 97, Plinio cita la ciudad de Crotona como existente y la de Sí- 
baris como desaparecida, 

1% Fama «da fama» es lectura de MAYHOFF; SCHILLING prefiere nuntii 
«los mensajeros». El suceso lo incluye Plinio entre los portentos en IT 148. 


LIBRO VII 45 


cio de la victoria sobre Perseo el mismo día en que aconte- 
ció, fueron visiones y presagios de los dioses !'*,. 
La resistencia del cuerpo, como el 


23 (23) reparto de desgracias es abundante, ha 
La resistencia proporcionado pruebas innumerables. 
del cuerpo 


La más brillante entre las mujeres es 
la de la meretriz Leena, que, sometida 
a tortura, no delató a los tiranicidas Harmodio y Aristogi- 
tón'%; entre los hombres, la de Anaxarco, que siendo tortu- 
rado por una razón semejante, escupió contra la cara del ti- 
rano su lengua cortada a mordiscos con los dientes y, con 
ella, la única esperanza de delación *%, 

La memoria, un bien absoluta- 
mente indispensable para la vida, es 
difícil de decir quién la tuvo más so- 
bresaliente, al ser tantos los que al- 
canzaron gloria por ella. El rey Ciro 
llamaba por su nombre a todos los soldados de su ejército, 
Lucio Escipión a todo el pueblo romano, Cíneas, embajador 
del rey Pirro, al senado y al orden ecuestre de Roma al día 
siguiente de llegar. Mitridates, rey de veintidós pueblos, im- 
partía leyes en otras tantas lenguas, y en cada una de ellas se 


24 (24) 
La memoria 


154 Los Cástores: Cástor y Pólux, los Dióscuros. Su leyenda como 
anunciadores de victorias debía de ser muy conocida (cf. Cic., Tse. Í 
28). Perseo de Macedonia: fue derrotado por Lucio Emilio Paulo Mace- 
dónico el año 168 a. C, 

155 Harmodio y Aristogitón encabezaron la revuelta contra los hijos 
de Pisístrato en la que murió Hiparco (514 a, C.). Tras la caída de Hipias, 
fueron honrados como héroes. La leyenda a la que se refiere PLinto 
(XXXTV 72) parece posterior; ef, SCHILLING, com. ad loc, 

156 Anaxarco de Abdera, discípulo de Demócrito, formó parte de la 
expedición de Alejandro Magno. Murió torturado por Nicocreonte de 
Chipre; cf. Var. Máx., VUI 7 ext, 16). 


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90 


46 HISTORIA NATURAL 


dirigía sin intérprete al pueblo reunido en asamblea?”. Y en 
Grecia, Cármadas repetía como si leyera en una biblioteca 
los libros que alguien le había pedido. Finalmente se llegó a 
hacer una técnica de la memoria que fue inventada por el 
poeta lírico Simónides y perfeccionada por Metrodoro de 
Escepsis, de manera que todo lo que se había oído se repetía 
con las mismas palabras '**, Y no hay otra cosa tan frágil en 
el hombre: acusa los daños de las enfermedades, de un acci- 
dente e incluso del miedo, unas veces de forma parcial, 
otras total. Uno que fue golpeado con una piedra olvidó sólo 
las letras; otro que resbaló desde un tejado muy alto se olvi- 
dó de su madre, parientes y vecinos; otro, estando enfermo, 
de sus esclavos; y el orador Mesala Corvino, hasta de su 
propio nombre *%, Por eso con frecuencia intenta y trata de 
alejarse incluso de un cuerpo tranquilo y fuerte. También se 
interrumpe al deslizarse el sueño, hasta el punto de que la 
mente vacía pregunta en qué lugar está, 


157 Y a fuente debe de ser VaLerio Máximo, VIH 7, ext. 16. Sobre Ci- 
ro, Cf. JEn,, Cir. V, 3, 46, Lucio Escipión puede ser el hermano del Afri- 
cano Mayor (cf. SCHILLING, com. ad loc,). La embajada de Cíneas tuvo 
lugar el 280 a, C, Mitridates; 4 del Ponto, derrotado por Pompeyo 
Magno, 

188 Ya CICERÓN presenta estos ciimplos de memoria prodigiosa, (cf. 
Cic., Tuse, 1 59; Sobre el or. 11 360, 351). Plinio no sigue un orden cro- 
nológico: Cármadas y Metrodoro de Escepsis, discípulos de Carnéades, s. 
u a. C.; Simónides de Ceos, considerado el inventor de la mnemotecnia, 
556-467 a. C.. 

15% Marco Valerio Mesala Corvino, (64 a. C.- entre 8 y 13 d. C.), for- 
maba parte del círculo de Tibulo. y Ovidio. Su pérdida de la memoria al 
final de la vida es relatada por varios autores (cf. SoL., 1, 110; Jer., Cron. 
197, 3). 


LIBRO VII 47 


Yo creo que el dictador César es 


25 (25) el más sobresaliente en energía de es- 
La energía píritu; y no hago ahora memoria de su 
del espiritu 


valor y constancia ni de su grandeza, 
capaz de todas las cosas que se con- 
tienen bajo la bóveda del cielo, sino de su particular energía 
y rapidez, ágil como una chispa. Hemos oído decir que solía 
escribir o leer al mismo tiempo que dictaba y escuchaba, y 
que dictaba cuatro cartas a la vez de temas de la misma im- 
portancia [o, si no hacía otra cosa, siete a la vez, a sus se- 
cretarios]'9, El mismo combatió en cincuenta y dos bata- 
llas, siendo el único que sobrepasó a Marco Marcelo, que 
combatió treinta y nueve veces*!, Pues yo no pondría de 
ningún modo entre su títulos de gloria, además de sus victo- 
rias sobre ciudadanos, haber matado un millón ciento no- 
venta y dos mil hombres en los combates, un daño tan gran- 
de producido al género humano, cosa que él mismo declaró 
que era asi al no publicar las muertes de las guerras civiles. 

Con más justicia se debe conceder 


(26) a Pompeyo Magno el haber arrebata- 
Clemencia, do a los piratas ochocientos cuarenta 
magnanimidad 162, 


y seis barcos '*“: que César tenga co- 
mo algo característico y peculiar, ade- 
más de lo que se ha dicho, la nota distintiva de su clemen- 
cia, en la que superó a todos hasta tener que arrepentirse !*, 


16% Los corchetes son del editor Mayhoff, que considera ese texto co- 
mo una interpolación. 

1él Marco Claudio Marcelo, en su quinto consulado (208 a. C.), murió 
luchando contra Aníbal, al que había derrotado una vez en el 215 a. C.; 
había conquistado Siracusa en la campaña en la que murió Arquímedes 
(212a.C.). 

162 Cf, PLur., Pomp., 45. 

163 Según Vrinrvo PATÉRCULO (U 52 y 56), «Los vencidos aceptaron mal 
el perdón que generosamente les ofrecía el vencedor». Después de la batalla de 


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9 


= 


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48 HISTORIA NATURAL 


Él mismo ofreció un ejemplo de magnanimidad con el que 
no se podría comparar ningún otro. Por eso, enumerar en 
esta parte los espectáculos ofrecidos, las riquezas prodiga- 
das o la magnificencia de sus obras sería propio de alguien a 
quien le gusta la ostentación: la verdadera e incomparable 
grandeza de su espiritu invicto fue que, después de haberse 
apoderado de los archivos de cartas de Pompeyo Magno en 
Farsalia y también de los de Escipión en Tapso, con la me- 
jor fe los quemó sin haberlos leído '**. 
Verdaderamente corresponde al ho- 
26 (27) nor del Imperio Romano, no sólo al de 
Las hazañas un hombre, que se mencionen en este 
pic lugar todos los títulos de las victorias y 
los triunfos! de Pompeyo Magno, ya 
que el brillo de sus hazañas se iguala no sólo con las de Ale- 
jandro Magno sino incluso casi con las de Hércules y las del 
padre Líber!%, Pues, una vez recuperada Sicilia, momento 
desde el que comenzó mostrándose primero partidario de Sila 
en la causa de la República, después de dominar África entera 
y someterla a su autoridad, por lo que recibió como trofeo de 
guerra el nombre de Magno, entró en carro triunfal, cosa que 


Munda, «perdonó a cuantos habian tomado las armas contra él» [trad, de M. A, 
Sáncniz MANZANO en esta misma colección (B.C,G, 284)]. 

164 Victoria de César sobre Pompeyo: Farsalia, 49 a. C. Victoria sobre 
los partidarios de Pompeyo (entre ellos Quinto Cecilio Metelo Pío Esci- 
pión): Tapso (África), 46 a. C. Sobre las cartas de Pompeyo, cf. Sín. So- 
bre la ira 1123, 4; sobre las de Escipión, Dión Casto, XEMI 13, 2. 

165 Triunfo: recompensa concedida a un general victorioso bajo cier- 
tas condiciones, 

166 Líber: Baco, dios agrario itálico cuyo nombre está relacionado con 
el apelativo «Liberadon» que recibe el Dioniso griego. San Isidoro lo re- 
laciona con libare y con libertas (cf. Ism., Etim., VI 19, 32, y VI 11, 3). 
Se le considera el inventor del triunfo; cf. $ 191, 


LIBRO VH 49 


nadie había obtenido antes, siendo caballero romano, y pa- 
sando inmediatamente a Occidente, además de conseguir tro- 
feos en los Pirineos, añadió a la victoria ochocientas setenta y 
seis poblaciones, desde los Alpes hasta los confines de la 
Hispania Ulterior, sometidas a su autoridad, y con gran mag- 
nanimidad guardó silencio sobre Sertorio y, después de poner 
fía a una guerra civil que concitaba a todos los enemigos ex- 
tranjeros, de nuevo condujo los carros triunfales siendo caba- 
llero romano, tan frecuentemente general antes que solda- 
do!*. Después, enviado a todos los mares y luego a Oriente, 
volvió trayendo a su patria estos títulos según la costumbre de 
los vencedores en las competiciones sagradas —en realidad 
no se coronan ellos mismos, sino que coronan a sus patrias—; 
por eso, en el santuario de Minerva, que dedicó con el dinero 
del botín, ofrecía estos honores a Roma: 


El GENERAL GNEO POMPEYO MAGNO, CONCLUIDA UNA 
GUERRA DE TREINTA AÑOS, DISPERSADOS, PUESTOS EN FUGA, 
MUERTOS Y RENDIDOS DOCE MILLONES CIENTO OCHENTA Y 
TRES MIL HOMBRES, HUNDIDOS O CAPTURADOS OCHOCIEN- 
TOS CUARENTA Y SEIS BARCOS, TOMADAS BAJO PROTECCIÓN 
MIL QUINIENTAS TREINTA Y OCHO POBLACIONES Y FORTALE- 
ZAS, Y SOMETIDOS LOS TERRITORIOS DESDE LOS MEOTAS 
HASTA EL MAR ROJO, CUMPLE SU VOTO, COMO DEBÍA, A MI- 
NERVA!%, 


167 Pompeyo, partidario de Sila, luchó en África contra los últimos 
partidarios de Mario, Tras la muerte de Sila, fue enviado a Hispania con- 
tra Sertorio, campaña que culminó el 73 a, C, Los trofeos, ya citados en 
II 18, tal vez estuvieran al N. de la Junquera (cf. n, ad loc, en el vol. 250 
de esta misma colección). Después, «la víspera del comienzo de su con- 
sulado, entró en Roma subido en un carro» (cf. Ver.. Par., 11 30, 2, trad. 
cit.); su primer consulado, el 70 a, C. 

168 En el año 67 a. C, recibió del Senado el encargo de acabar con la 
piratería del Mediterráneo; en el 66, la dirección de la guerra contra Mi- 


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50 HISTORIA NATURAL 


Esto es el compendio de su actuación en Oriente, Pero el 
preámbulo del triunfo que celebró el día tercero antes de las 
kalendas de octubre, siendo cónsules Marco Pisón y Marco 
Mesala |”, era el siguiente: 


HABIENDO LIBERADO DE PIRATAS LA COSTA MARÍTIMA Y 
HABIENDO DEVUELTO EL IMPERIO DEL MAR AL PUEBLO RO- 
MANO, CONSIGUIÓ HONORES DE TRIUNFO POR SUS VICTORIAS 
EN ASIA, EL PONTO, ARMENIA, PAFLAGONIA, CAPADOCIA, CI- 
LICIA, SIRIA, LOS ESCITAS, JUDÍOS, ALBANOS, HIBERIA, LA IS- 
LA DE CRETA, LOS BASTERNAS Y, ADEMÁS DE ESTO, SOBRE 
EL REY MITRIDATES Y SOBRE TIGRANES ?”, 


Lo más grande dentro de la grandeza de aquella gloria 
fue (según él mismo dijo públicamente en la asamblea, há- 
blando de sus propias hazañas) que recibió Asia como la 
provincia más lejana y la devolvió a la patria como provin- 
cia interior '”*, Si alguien por el contrario quisiera examinar 
de igual modo las hazañas de César, que se mostró más 
grande que aquel, debería enumerar el orbe de la tierra ab- 
solutamente entero, cosa que convendrá que es infinita. 


tridates, al que sometió junto con su yerno Tigranes, convirtiendo Siria y 
Bitinia en provincias romanas, otros territorios en una especie de protec- 
torado, cf. PLur., Pomp. Mcotas: en la orilla oriental del mar de Azov 
(cf. PLIN., IV 88). 

162 28 de septiembre del 61 a, C. Era su tercer triunfo, y duró dos días, 
(cf. VeL., 11 40, 3; PLw., XXXI 15; XXXVI 41; XXXVII 13,14). 

Y Ya en otras ocasiones Plinio refleja el hecho de que en el triunfo 
se llevaran carteles con los lugares de las victorias, Cf. PLrw., UT 18, V 
36. El orden de los nombres tal vez responda al del desfile, Para los dis- 
tintos nombres, v. libros geográficos. 

171 Sobre los límites de la provincia de Asia, cf, Pzmm., Y 82. 


LIBRO VII 51 


En otras cualidades también han 
se Pda sido sobresalientes muchos hombres y 
cualidades en el mismo Je diversas formas. Se considera que 
hombre; lainocencia el primer Catón de la familia Porcia 
ado ostentó las tres facetas más destacadas 
en un hombre, a saber: ser muy buen 
orador, muy buen general y muy buen senador, cosas que, 
todas ellas, a mí me parece que brillaron si no antes, sí más 
claramente en Escipión Emiliano; además, sin el odio de la 
mayoría por el que Catón sufrió, Por eso, quede como ca- 
racterístico de Catón: haber pleiteado cuarenta y cuatro ve- 
ces, haber sido dernandado más veces que nadie y haber sa- 
lido siempre absuelto '”?, 
En quién residió el mayor grado 


238029) de valentía es una disputa sin fin, so- 
El ed bre todo si lo que se recoge es una fa- 
valor 


bulación poética. Quinto Ennio, que 
admiraba de una manera especial a 
Tito Cecilio Teucro y a su hermano, añadió por ellos el de- 
cimosexto anal '”?, Lucio Sicio Dentado, que fue tribuno de 
la plebe siendo cónsules Espurio Tarpeyo y Aulo Aternio, 
no mucho después de la expulsión de los reyes, ostenta sin 
duda el mayor número de votos por haber combatido en 


122 El primer Catón: Marco Porcio Catón el Mayor, el Censor, 234- 
149 a, C. El cognomen está relacionado con la palabra catus «agudo». 
Sobre su vida, cf. PLur., Catón el Mayor Publio Cornelio Escipión Emi- 
liano, (c. 185-129 a, C.). La comparación entre ambos también en Sor., 
1, 113, 114, 

173 Quinto Ennio, (239-169 a. C.), originario de Calabria; su gran obra 
épica, Anales, constaba en realidad de dieciocho libros, pero tal vez no 
fuera esa su intención; los escasos fragmentos que se conservan hacen 
pensar incluso que el plan primitivo consistiera en dos series de seis li- 
bros. Curiosamente, F. HERNÁNDEZ traduce «el VI Anal» (cf. op. cit.). 
Los personajes son desconocidos. 


102 


103 


s2 HISTORIA NATURAL 


ciento veinte ocasiones, salir ocho veces vencedor de un de- 
safío y ser famoso por tener cuarenta y cinco cicatrices, to- 
das delante, ninguna en la espalda. Él mismo consiguió bo- 
tín en treinta y cuatro ocasiones, siendo galardonado con 
dieciocho lanzas sin hierro, veinticinco placas de metal, 
ochenta y tres collares, ciento sesenta brazaletes, veintiséis 
coronas, entre ellas catorce cívicas, ocho de oro, tres mura- 
les y una obsidional, un cesto de dinero, diez prisioneros y, 
al mismo tiempo, veinte bueyes '*; habiendo acompañado a 
nueve generales que obtuvieron el triunfo principalmente 
por obra suya y, además, (lo que considero más grande en 
sus obras) con la acusación ante el pueblo de uno de los ge- 
nerales, Tito Romilio, al cesar en su consulado, por mal 
ejercicio del mando militar "*, 

No serían menores los honores de Capitolino, si no los 
hubiera perdido al final de su vida. Había conseguido botín 
dos veces antes de los diecisiete años, Fue el primer caballe- 
ro que había recibido una corona mural, seis cívicas, treinta 
y siete ofrendas, tenía veintitrés cicatrices, todas delante, y 
había salvado a Publio Servilio, maestre de caballería, es- 


114 En el ejército romano el sistema de recompensas estaba perfecta- 
mente establecido. Condecoraciones: hasta pura, lanza honorífica, sin 
punta, la más baja; armillae «brazaletes», torques «collares» y phalerae 
«placas» se otorgaban individualmente a soldados rasos, pero las phale- 
rae sólo a romanos; las coronas eran las más elevadas: la cívica, de ramas 
de encina, por salvar a un ciudadano romano; la de oro, aurea, por un he- 
cho valeroso; la mural, al primero que escalaba un muro; la obsidional, 
de hierba, a un jefe por salvar al ejército en una situación comprometida, 
También se daban recompensas pecuniarias o en especie como las citadas 
por Plinio. Cf. M. Marín Peña, Instituciones militares romanas, Madrid, 
1956. 

15 Según Tito Livio, Romilio fue demandado durante el consulado de 
Espurio Tarpeyo y Aulo Aternio, 454 a, C.; Lucio Sicio fue asesinado por 
orden de los triúnviros en el 449 a. C. mientras luchaba contra los sabi- 
nos. Cf, Liv., 111 31, 43, 


LIBRO VII 53 


tando él mismo herido en un hombro y en un muslo, Por en- 
cima de todo, él solo había salvado de los galos el Capitolio 
y de paso, el Estado, sí es que no los había salvado por su 
propia ambición de reinar”, 

En cambio, en los siguientes casos hay sin duda grandes 
actos de valor, pero mayores de fortuna. Ciertamente, en mi 
opinión, nadie pondría con razón a ningún hombre por de- 
lante de Marco Sergio, aunque su descendiente Catilina qui- 
te gloria a su nombre. En su segunda campaña militar perdió 
la mano derecha; fue herido veintitrés veces en dos campa- 
ñas, por eso no era muy útil con ninguna mano, ni con nin- 
gún pie [sólo ileso en uno]'””, participó después en muchas 
campañas, siendo un soldado débil. Capturado dos veces 
por Aníbal —pues la hazaña no fue con un enemigo cual- 
quiera —, dos veces escapó de sus ataduras, habiendo esta- 
do custodiado todo el tiempo durante veinte meses con ca- 
denas o grillos en los pies. Luchó cuatro veces sólo con la 
mano izquierda, después de haber sido heridos en el vientre, 
(en un solo día), dos caballos sobre los que montaba. Se fa- 
bricó una mano derecha de hierro y combatiendo con ella 
atada liberó Cremona de su asedio, defendió Piacenza y tomó 


116 Marco Manlio, con el cognomen «Capitolino» por salvar el Capi- 
tolio de un ataque de los galos el 387 a. C., murió al ser arrojado desde la 
roca Tarpeya, acusado de querer convertirse en rey, cf. Ltv., V 47; VI 20, 
Servilio fue nombrado maestre de caballería por el dictador Marco Furio 
Carvilio el 389 a. C. (cf. Lrv., VE 2, 6), En Livio el nombre es Gayo Ser- 
vilio Ahala. 

317 Pasaje corrupto para el que se sugieren varias lecturas: animo 
tantum salvo, DETLEFSEN, que siguen varios editores; uno tantum salvus, 
Mavunorr; uno tantum servo, que F. HERNÁNDEZ traduce «con un solo 
siervo». Schilling señala como corrupta la última lectura y la suprime en 
la traducción, 


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308 


54 HISTORIA NATURAL 


doce campamentos enemigos en la Galia!”; todas estas co- 
sas se ponen de manifiesto en el discurso que pronunció du- 
rante su pretura al ser apartado por sus colegas de las ceremo- 
nias religiosas por inválido. ¡Cuántos montones de coronas 
habría levantado éste sí hubiera cambiado el enemigo! pues 
es muy importante en qué momento ha acontecido el acto de 
valor de cada uno. ¿Qué coronas cívicas dieron Trebia, Ti- 
cino O Trasimeno? ¿Qué corona se: mereció en Cannas, 
donde el mayor acto de valor fue haber escapado de allí!”?? 
Los demás realmente fueron vencedores de hombres, Sergio 
venció incluso a la fortuna. 
¿Quién podría hacer una selección 
28 (30) de la gloria de los ingenios entre tantas 
Las inteligencias clases de disciplinas y tan gran diver- 
pan sidad de temas y obras, si por casuali- 
dad no confiesa que no ha existido 
ninguno más fecundo que el del poeta griego Homero, ya 
sea apreciado tanto por la forma como por el tema de su 
obra?'*, Por eso, Alejandro Magno —pues tan magnífica 
crítica se enunciará mejor y sin envidia en juicios insignes—, 
habiendo capturado entre los trofeos de guerra un cofre de 
perfumes de Darío, el rey de los persas, que era valioso por 


178 Toda la hazaña de Marco Sergio Silo (cf. Lrv., XXXIT 27, 7) la re- 
coge también Solino, Basándose en éste, Mayuorr añade uno die y 
SCHILLING, una die, pero en distinto lugar; otros editores no leen esas 
palabras. Cremona y Piacenza, ciudades próximas al Po, la primera en la 
parte transpadana, Piacenza en la cispadana, 

1% Trebia, Ticino, Trasimeno y Camnas: lugares en la Galia Cisalpina; 
derrotas de los romanos frente a Anibal, las dos primeras, en 218 a. C,, 
cuando intentaban detenerlo junto a esos ríos, en el valle del Po; en el 
217, junto al lago Trasimeno, en Etruria, y en el 216, en el pueblo de 
Cannas, en Apulia. 

'89 Forma es lectura de MayriorF, que prefieren la mayoría de los 
editores. ScimuLina lee fortuna. 


LIBRO VH 55 


su oro, perlas y piedras preciosas, dijo al mostrarle los ami- 
gos sus diversos usos, puesto que como a hombre guerrero y 
desaliñado por la milicia le desagradaba el perfume: «De 
ninguna manera, ¡por Hércules!, que sea entregado para 
guardar los libros de Homero», para que la obra más valiosa 
del espíritu humano se conservara en el sitio más rico posi- 
ble!*!, Asimismo, al saquear Tebas, ordenó que respetaran a 
la familia y a los penates del poeta Píndaro'*; la patria del 
filósofo Aristóteles la creyó la suya propia y añadió una 
prueba tan generosa al brillo tan grande de sus hazañas !*. 
A los asesinos del poeta Arquíloco los descubrió Apolo en 
Delfos !**. A Sófocles, el príncipe del teatro trágico, cuando 
murió, el padre Liber ordenó enterrarlo a pesar de que los 
lacedernonios cercaban la muralla, advirtiendo bastantes ve- 
ces en sueños a Lisandro, su rey, que permitiera inhumar al 
que era su predilecto. Averiguó el rey quiénes habían muer- 
to en Atenas y entre ellos supo sin dificultad a quién había 
señalado el dios y concedió una tregua para sus funerales '$, 


18l Anécdota recogida también por PLUTARCO, cf. Alej. 26. De nuevo 
Pio. XII 3, 

182 A pesar de que el poeta lírico Píndaro (521-441 a, C.) era de Te- 
bas, en lugar de «casa», Plinio utiliza la palabra «penates», dioses de la 
casa. 

18% Seguimos la lectura de MAYHorF patriam suma credidit, SCHILLING 
lce patriam (iterum) condidit «restauró de nuevo la patria», añadiendo él 
iterum; justifica su lectura en VaLerro Máxamo, V 6, ext. 5, y PLUT,, Alej. 
7. Las ediciones de Rackham y Tusculum leen credidit, de los códices 
antiguos. La patria de Aristóteles era Estagira, en Macedonia. 

184 Arquíloco de Paros (s. vu a. C.), pocta lírico y yambógrafo. Según 
la leyenda a que alude Plinio, el oráculo ordenó salir del templo al asesi- 
no del amigo de las musas, llamado unas veces Arquias, otras Calondas, 
tal vez por eso, Plinio habla de «asesinos». 

185 Sófocles murió en el 406 a. C. durante la Guerra del Peloponeso, 
pero el asedio de Atenas, que la llevaría a la capitulación en 404 a. C., 


109 


110 


11 


ree 


56 HISTORIA NATURAL 


A Platón, el maestro de la sabidu- 

3061)  . ría, le envió el tirano Dionisio, que por 

Quiénes fueron lo demás había nacido para la cruel- 

los más sabios dad y la soberbia, un barco empave- 

sado y, al desembarcar, lo recibió en 

el puerto él en persona con una cuadriga blanca **. Isócrates 
vendió un solo discurso por veinte talentos ?*”, Esquines, el 
más grande orador ateniense, después de leer a los rodios 
el discurso de acusación que había utilizado, leyó también la 
defensa de Demóstenes, por la que había sido empujado a 
aquel exilio, y ante sus muestras de admiración, les dijo que 
más se habrían admirado si se la hubieran oído pronunciar a 
él, llegando a ser en su desgracia el testigo más importante 
de su enemigo '*, A Tucídides, como general, los atenienses 
lo llevaron al exilio y, como historiador, lo hicieron volver 
admirando la elocuencia de aquel cuyo valor habían casti- 
gado!*”. Grande fue también la prueba de reconocimiento 
de los reyes de Egipto y de Macedonia que le cupo a Me- 
nandro, dentro del género cómico, cuando fueron a buscarlo 


tuvo lugar después de la derrota naval en Egospótamos, el 405. Lisandro 
era el general espartano, no el rey, que dirigió esas operaciones. 

186 Dionisio Il, tirano de Siracusa, recibió con todos los honores a 
Platón en su segundo viaje a Sicilia, 

187 Isócrates: más que orador, escritor de discursos y maestro de elo- 
cuencia. El talento era, en Grecia, una cantidad, generalmente de plata, de 
peso variable, Se dividía en 60 minas y cada mina en 100 dracmas, que 
eran unidades monetarias de 4,32 gr. en el s, v a. C. 

188 Esquines (390-314 a, C.), contemporáneo y rival de Demóstenes, 
Los discursos de los que habla son: el pronunciado «Contra Ctesifonte» 
por su propuesta de concesión de un premio a Demóstenes, y la respuesta 
de éste, «Sobre la corona», 

182 Tucídides (460-400 a. C.), sufrió destierro por su fracaso como 
estratego en la defensa de Anfípolis, Su Historia de la Guerra del Pelo- 
poneso lo sitúa como el gran maestro de la historia, y los discursos inter- 
calados en ella, como uno de jos grandes oradores. 


LIBRO VII s7 


con una flota y por medio de embajadores; más grande por 
parte de él mismo, al preferir los conocimientos literarios a 
la fortuna de los reyes?”, 

Los próceres romanos también ofrecieron pruebas de re- 
conocimiento incluso a extranjeros. Gneo Pompeyo, una vez 
concluida la guerra de Mitridates, cuando iba a entrar en la 
casa de Posidonio, famoso por su dedicación a la filosofía, 
prohibió que el lictor golpeara la puerta según la costumbre, 
y ante la puerta de la sabiduría, hizo inclinar las fasces aquel 
ante quien se habían inclinado Oriente y Occidente *”, Ca- 
tón el Censor en aquella famosa embajada procedente de 
Atenas, de tres eminentes sabios, después de oir a Carnca- 
des, juzgó que aquellos embajadores debían ser despedidos, 
porque con los razonamientos de aquel hombre dificilmente 
se podía discernir de qué parte estaba la verdad'”, ¡Qué 
gran cambio de costumbres! Aquel siempre pensó que en 
cualquier caso todos los griegos debían ser expulsados de 
Italia, en cambio su descendiente Catón de Útica trajo con- 
sigo a un filósofo después de su tribunado militar, y a otro 
después de su embajada en Chipre; y es memorable que, 


150 El comediógrafo Menandro (342-291 a. C.), pasó toda su vida en 
Atenas. El rey de Egipto es Ptolomeo 1 Soter, con el que mantuvo corres- 
pondencia. Los reyes de Macedonia contemporáneos fueron Casandro y 
Demetrio Poliorcetes, 

191 Posidonio de Apamea, (c. 135-50 a. C.), filósofo e historiador 
griego, fundó una escuela en Rodas, donde lo escuchó Cicerón y lo visitó 
Pompeyo. Su obra, perdida, tuvo gran influencia entre los romanos; PLI- 
NIO lo cita como fuente en 11 85 y VI 57, Los lictores acompañaban a los 
magistrados cun imperio para indicar su dignidad; como distintivo lleva- 
ban las fasces, un haz de varas atadas alrededor de una segur. 

192 La embajada estaba formada por Carnéades de Cirene (c. 224-129 
a, C.), director de la nueva Academia y difusor del escepticismo, el estoi- 
co Diógenes de Seleucia y el peripatético Critolao de Fasélide, cf. PLur., 
Catón el Mayor 22, 


114 


115 


58 HISTORIA NATURAL 


respecto a la misma lengua, uno de los dos Catones la haya 
rechazado y el otro la haya introducido !”, 

Pero revisemos también la gloria de los nuestros. El 
primer Africano ordenó que pusieran sobre su sepulcro una 
estatua de Quinto Ennio, y que aquel nombre ilustre, que sin 
ninguna duda había arrancado la tercera parte del mundo 
como botín, se leyera en su epitafio al mismo tiempo que la 
inscripción del poeta*”, El Divino Augusto prohibió que 
quemaran los poemas de Virgilio en contra de la modestia 
del testamento de éste; así le cupo al poeta una prueba de 
reconocimiento mayor que si él mismo hubiera aprobado su 
propia obra!”. Una estatua de Marco Varrón, el único que 
la tuvo en vida, fue colocada en la biblioteca que Asinio 
Polión abrió al público en Roma, la primera en el mundo, 
con su parte del botín de guerra '%; la gloria de Varrón por- 
que el primer orador y ciudadano, entre aquella multitud de 


193 Catón de Útica, tribuno militar en Macedonia (67 a. C.); el primer 
filósofo es el estoico Atenodoro. En el 57 a, C, fue a Chipre a destronar a 
Ptolomeo, que se suicidó nada más llegar él (cf. VeL., 1145, 4). No consta 
quién fue el otro filósofo. 

19 Publio Cornelio Escipión consiguió el cognomen por su victoria 
en Zama, 202 a. C.; la tercera parte del mundo es África, después de Eu- 
ropa y Asia, El dato de la estatua de Ennio se encuentra en Livio, 
XXXVI1il 56, 4, y en VaLerto Máximo, VIH 14, 1, 

195 Virgilio murió en Brindis el 19 a, C. sin haber dado los últimos 
retoques a la Eneida, por lo que habría pedido que la quemaran, A peti- 
ción de Tuca y Vario, sus amigos, Augusto lo impidió, cf. DONATO, Vida 
de Virgilio, Sl. 

19 Marco Terencio Varrón (116-27 a. C.). Después de la guerra civil, 
César le encargó poner en marcha una biblioteca en Roma; La muerte del 
dictador paralizó el proyecto, Gayo Asinio Polión (76-4 a, C.), partidario 
de Antonio, tras la paz de Brindis permaneció al margen de la guerra, pe- 
ro mantuvo su prestigio (cf. VEL., II 86, 3; 128, 3). Su biblioteca fue la 
primera; después, Augusto fundó otra en el Palatino (cf. SuEr., Aug. 
29, 3). 


LIBRO VII 59 


ingenios que hubo entonces, le diera a él solo esta corona 
fue, a mi entender, no menor que cuando a él mismo, tras la 
guerra contra los piratas, Pompeyo Magno le dio la corona 
naval!”. Son innumerables después los ejemplos romanos, 
si se quisiera seguir, pues es la única nación que ha dado en 
cualquier campo más hombres extraordinarios que el resto 
de la tierra. Pero ¿con qué sacrilegio puedo dejar de hablar 
de ti, Marco Tulio, o con qué distinción te puedo proclamar 
el más sobresaliente? ¿Con qué prueba de reconocimiento 
mayor que la que te dio en su conjunto el pueblo que es el 
más ¡lustre entre las naciones, y eso tomando sólo de toda tu 
vida las obras de tu consulado? Por tu palabra renunciaron 
las tribus a la ley agraría, es decir, a su propio alimento; por 
tu persuasión perdonaron a Roscio, el autor de la ley del 
teatro, y soportaron con buen ánimo que las gradas fueran 
reservadas con discriminación de ellos; por tu palabra los 
hijos de proscritos sintieron vergiienza de pretender cargos 
públicos; ante tu talento huyó Catilina; tú proscribiste a 
Matco Antonio. ¡Salve, el primero de todos en ser llamado 
«padre de la patria», el primero en haber merecido con la 
toga el triunfo y la corona de laurel de la lengua y, padre 
igualmente de la elocuencia y las letras latinas '%, (como el 
dictador César, en otro tiempo tu enemigo, escribió de ti) 
una corona tanto más grande que el laurel de todos los triun- 
fos, cuanto más grande es haber llevado los límites del ge- 
nio romano tan lejos como los del imperio”, 


197 La corona naval, de oro, con espolones de barco, se concedía por 
acciones destacadas en el mar, , 

198 Es facundiae Latiarumque litterarum parens, entre corchetes en la 
ed. de Schilling, como interpolación, según el aparato crítico, siguiendo a 
A. Ernout. Además, lee afque, en lugar de aeque, que lee Mayhoff, 

15% Bn el elogio de Cicerón, Plinio distingue entre las obras de su con- 
sulado (63 a. C.), y los discursos, entre los que menciona aquellos que le 


116 


117 


118 


119 


60 HISTORIA NATURAL 


31 En los demás bienes del espíritu, fueron superiores al 
resto de los hombres por su sabiduría: entre los romanos, los 
que por ello recibieron el nombre de Catos y Córculos?; 
entre los griegos, Sócrates, preferido a todos los demás por 
el oráculo de Apolo Pitio?%, 


Los hombres, a su vez, situaron 


32 (32) cerca de los oráculos al espartano Qui- 
Las normas ? a 
aaa lón al consagrar en letras de oro en Del 
para la vida fos sus tres preceptos, que son: cono- 


cerse a sí mismo; no desear nada en 
exceso, y también, que la consecuencia de las deudas y los 
pleitos es la miseria. Es más, cuando murió de la alegría por 
la victoria de su hijo en Olimpia, Grecia entera acompañó su 
cortejo fúnebre 2, 


parece que tuvieron mayor repercusión: Sobre la ley agraria, tres discur- 
sos contra el tribuno Rutilio Rulo que proponía un reparto de tierras; So- 
bre Otón, para mitigar el descontento producido por la ley aprobada del 
año 67, a propuesta de Lucio Roscio Otón, que reservaba a los caballeros 
catorce filas en el teatro detrás de los senadores; De proscriptorum filiis, 
en contra de los hijos de los proscritos por Sila; Catilinarias, cuatro dis- 
cursos pronunciados, al menos el primero, en el 63 a. C., redactados en el 
60 a. C.; y las 14 Filípicas contra Marco Antonio, que lograron momen- 
táneamente su efecto, pero de consecuencias nefastas para él, 

20 Cato, «agudo», cognomen dado al jurista Sexto Elio Peto, cónsul 
en el 198 a. C. y censor en el 194; relacionado con el cognomen Catón. 
(Cf, Var., LL VO 46, A corculum «corazoncito» ya Cicerón le da el sig- 
nificado de «sabio» (cf. C1c., Tese. 1 18); con ese cognomen, Publio Cor- 
nelio Escipión Nasica Córculo, cónsul en el 162 y 165 a. C,, un orador 
notable. 

21 El oráculo de Delfos, cf. PLar., Apol. 5; Var. MÁX., II 4, ext. 1; 
SoL., 1, 123. 

22 Quilón de Lacedemonia, éforo en el 556 a. C., figura entre los Siete 
Sabios, ef. PLar., Prof. 343a; Drop. IX 9, 1. 


LIBRO VII 61 


El don de la adivinación y una 

33(33) cierta unión con los dioses fue muy no- 

LA quEnpación table en la Sibila, entre las mujeres?”; 
entre los hombres, de los griegos, en 


Melampo, y, de los romanos, en Matcio?”, 


Desde los primeros tiempos sólo 
34 (349 Una vez el senado bajo juramento ha 
El mejor declarado a uno el mejor, a Escipión 
hombre 


Nasica; él mismo fue señalado dos ve- 

ces por el pueblo con un fracaso en su 

candidatura. En suma, no se le permitió morir en su patria; 

lo mismo ¡por Hércules!, que morir fuera de la cárcel a Só- 
crates, al que Apolo había declarado el más sabio”, 

La mujer más casta según la opi- 

ES nión de las mujeres, fue estimada, la 

más castas primera vez, Sulpicia, hija de Patércu- 

lo, esposa de Fulvio Flaco, elegida 

entre cien escogidas antes, para dedicar una imagen de Ve- 

nus según los libros sibilinos; la segunda vez, Claudia, ele- 


203 Sibila es cualquier mujer adivina. La tradición habla de diez Sibi- 
las, pero generalmente se entiende la de Cumas, la que acompaña a Eneas 
en el libro VI de la Eneida y la que inspira los libros sibilinos; en San Isi- 
doro es la séptima, cf. Ism,, Etiñ. VII 8. 

20% Melampo poseía el don de la adivinación, entendía el lenguaje de 
los animales y, además, tenía el don de curar (cf, PLin,, X 137; Hom., Od. 
XV 225). Marcio debe de ser el autor de los Carmina Marciana que pre- 
decían la derrota de Aníbal. Cicerón habla de dos hermanos Marcios (cf, 
Liv,, XXV 12, 3; Cic., Sobre la adivinación 1115; 1113). 

. 2 Escipión Nasica, hijo del llamado Córculo, fue estimado el mejor 
para trasladar la estatua de la Madre de los Dioses de Ostia a Roma. De- 
rrotado en el 192 a, C., llegó a ser cónsul en el 191, Fracasó en dos oca- 
siones como candidato a censor (cf, Lrv., XXIX 14, 8; XXXV 34, 4; VEL,, 
I 3, 1; Soz., 1, 115), 


121 


122 


62 HISTORIA NATURAL 


gida en prueba de su religiosidad cuando trajo a Roma a la 
Madre de los dioses **, 
Ejemplos de amor filial ciertamen- 


36 (36) te ha habido infinitos en todo el mun- 
Ejemplos p 

dela mao do, pero sólo en Roma uno con el que 

abnegación no podrían compararse todos los de- 


más, A una mujer humilde de la plebe 
y, por eso, desconocida, que acababa de parir, estando su 
madre encerrada en la cárcel para sufrir suplicio, como, 
después de haber conseguido la entrada, el portero siempre 
la echaba antes de que le diera algo de comida, la cogieron 
alimentándola a sus pechos. Por este hecho digno de admi- 
ración su piedad fue recompensada con la salvación de su 
madre, y ambas recompensadas con alimentación perpetua 
y, además, aquel lugar fue consagrado a la diosa Piedad, 
siendo cónsules Gayo Quincio y Manio Acilio, con un tem- 
plo de la misma diosa construido en el lugar de aquella cár- 
cel, donde ahora está el teatro de Marcelo?”, El padre de los 


206 Sulpicia, hija de Servio Sulpicio Patérculo, esposa de Quinto Ful- 
vio Flaco, fue elegida para la consagración de una estatua de Venus Ver- 
ticordia (cf. Var. MÁx., VIII 15, 12), Claudia Quinta, a pesar de su re- 
putación, fue la única que pudo hacer mover la naye que transportaba a 
Cibeles, atascada en la boca del Tiber, cosa que sólo podría hacer una 
mujer casta (cf, Liv., XXIX 14, 12; Ov., Fast. 1V 395). - 

27 Este ejemplo de pietas «cumplir con los dioses, los padres y la 
patria», se encuentra también en VaL. Máx,, V 4, 7, y cambiando la ma- 
dre por el padre, en Fesro, 209, 28; SoL., L 124-125; y en HiG., Fáb, 
254, 3; es ésta la versión que ha pasado a la iconografía, como puede ver- 
se en un fresco pompeyano, Plinio habla del año 150 a, C., pero el templo 
de la Piedad fue consagrado en el 181 por el hijo de Manio Acilio Gla- 
brión, que lo había prometido por su victoria contra Antíoco; se encon- 
traba en el foro Holitorio; fue destruido en el 44 a. C. por orden de Julio 
César para la construcción de un gran teatro, que Augusto levantó y dedi- 
có enel 13 o el 11 a. C. con el nombre de Marceto, el hijo de su hermana, 


LIBRO VI 63 


Gracos, tras haber sido capturadas unas culebras en su casa, 
al responderle que viviría el de sexo distinto al de aquella a 
la que se quitara la vida, dijo: «Muy bien, matad a la del 
mío, pues Cornelia es joven y puede parir todavía». Esto era 
perdonar a su esposa y mirar por el estado; y eso sucedió al 
poco tiempo?*, Marco Lépido murió por amor a su esposa 
Apuleya después de repudiarla?”, Publio Rutilio, que estaba 
afectado por una enfermedad leve, murió de repente al anun- 
ciarle la derrota de su hermano en la candidatura al consula- 
do. Publio Cacieno Filótimo quería tanto a su patrono que, 
nombrado heredero de todos sus bienes, se arrojó a su pi- 
ra 


3767) Son innumerables los hombres que 
Algunos hombres Han brillado en el conocimiento de las 
sobresalientes diversas artes, sin embargo lo ade- 
en las artes: , : 
Asbolopía cuado sería tratar de ellos escogiendo 
(gramática), lo más selecto: en astrologia, Beroso, 
medicina 


a quien los atenienses por sus predic- 
ciones proféticas erigieron en el gimnasio a expensas públi- 


cas una estatua con la lengua dorada?*!; en gramática, Apo- 


lodoro, a quien los anfictiones de Grecia rindieron honor?”?; 


En el foro Holitorio había una Columna Lactaria que, tal vez, tuviera que 
ver con la leyenda que recoge Plinio. 

208 Tiberio Sempronio Graco, cónsul en el 177 y 163 a, C., censor en 
el 169, Su esposa, Cornelia, hija de Publio Cornelio Escipión Africano el 
Mayor, treinta años más joven que él, aún vivía cuando murieron sus hi- 
jos (cf. VéL. Par., 17, 1). 

20% Marco Emilio Lépido, cónsul en el 78 a. C., padre del triúnviro. 

210 Publio Rutilio Rufo, cónsul en el 105 a. C.. 

211 Beroso de Caldea (s. 1v-n a. C.), fundó un escuela de astrología en 
Cos y según Vitruvio, inventó una clase de reloj (cf, Vrrr., IX 6, 2; 8). 

212 Apolodoro de Atenas (s. 1 a. C.) trató temas muy diversos: histo- 
ria, geografía, mitografía, pero sólo se conservan fragmentos de su obra. 
La llamada Biblioteca de Apolodoro no es obra suya. La anfictionía era 


pa 


23 


124 


64 HISTORIA NATURAL 


en medicina, Hipócrates, que predijo la peste procedente de 
los ilirios y envió a sus discípulos a las ciudades vecinas pa- 
ra ayudar; por este servicio Grecia decretó para él los mis- 
mos honores que para Hércules?!”?. El rey Ptolomeo, durante 
los ritos Megalenses, recompensó con cien talentos esa 
misma ciencia en Cleómbroto de Ceos por haber salvado al 
rey Antíoco?!*, También tiene gran fama Critóbulo por ha- 
ber sacado una flecha de un ojo del rey Filipo y haber cura- 
do la pérdida del ojo sin deformarle la cara?!*, Sin embargo, 
la fama más grande la tiene Asclepíades de Prusa por la 
fundación de una nueva escuela, después de rechazar a los 
embajadores y las ofertas del rey Mitridates, por haber des- 
cubierto un método con el que el vino cura a los enfermos, 
por haber devuelto a un hombre de la muerte y haberlo 
mantenido vivo, pero especialmente, por haber apostado 
con la fortuna que no se le creyera médico si él mismo al- 
guna vez hubiera estado enfermo de alguna manera. Y ganó, 
perdiendo la vida muy avanzada su vejez, al caerse por unas 
escaleras?'*, 


una asociación religiosa griega que recibía su nombre de Anfictión, se- 
gundo hijo de Deucalión y Pirra. Los anfictiones, representantes de las 
ciudades griegas, se reunían periódicamente en las Termópilas y Delfos, 

213 Hipócrates de Cos (c. 460-356 a. C.): iniciador de la medicina clf- 
nica, lirios: al norte de Grecia (cf. libros geográficos). 

214 Clcómbroto de Ceos (s. iv-m a. C.): padre de Erasístrato y de 
Cleofanto, médico de Seleuco I Nicátor, el padre de Antioco I Soter, 
(324-261 a. C.). La identificación de Ptolomeo no es clara, podría ser 
Ptolomeo 1 o Ptolomeo II Filadelfo; aumenta la confusión el propio Plinio 
que más adelante atribuye el hecho a Erasistrato (cf. PLIN., XXIX 5). Las 
Megalenses eran fiestas y ceremonias en honor de Cibeles, 

215 Critóbulo de Cos: médico de Filipo II de Macedonia y de Alejan- 
dro Magno, citado por Quinto Curcio (cf. Curc., IX 5, 25). 

216 Asclepíades de Prusa, en Bitinia (s. n-1 a. C.): médico de Craso (cf. 
PLIN., XXVI 14, 15; CeLso, 1 6; AruL., Flor. 19), 


LIBRO VII 65 


También a Arquímedes le cupo 
(38) una prueba eminente de reconocimien- 
Geometría, to de su ciencia de geometría y mecá- 


arquitectura . 
ques nica con la orden de Marco Marcelo, al 


tomar Siracusa, de que fuera el único 
contra el que no se atentara, pero lástima que la insensatez de 
un soldado quebrantara el mandato?!”, También han sido elo- 
giados: Quersifronte de Cnoso, por la construcción del mara- 
villoso templo de Diana en Éfeso?!*; Filón, en Atenas, por 
la de un arsenal para cuatrocientos barcos?!” Ctesibio, por 
el descubrimiento de la teoría de la neumática y del órgano 
hidráulico", y Dinócares, por el trazado de Alejandría, en 
Egipto, cuando la fundó Alejandro?! Este mismo general 
ordenó con un edicto que no lo retratara ningún otro que 
Apeles, ni lo esculpiera otro que Pirgóteles, ni lo reproduje- 
ra en bronce otro que Lisipo?”, Estas artes han brillado con 
muchos ejemplos. 


217 La muerte de Arquímedes durante la toma de Siracusa (211 a. C.) es 
recogida por varios autores (cf. Lrv., XXV 31, 9; Van. Máx., VIIE7, 7). 

218 Quersifronte de Cnoso, teórico y arquitecto, inició con su hijo 
Metágenes la construcción del templo de Artemisa de Éfeso, una de las 
siete maravillas del mundo antiguo; también ideó un ingenioso sistema 
para transportar las colunmas (cf, Vrrk., VIL pref. 12; X 6; Prin., XXXVI 
95). 

219 Filón de Eleusis (s. 1v a. C.) construyó un arsenal en el puerto del 
Pireo y escribió un tratado. que en relación sus proporciones con las de 
los templos (cf. Vrra,, VU, pref. 12). La lectura CD, «cuatrocientos», es 
de Maverorr, que corrige la M por considerarla una mala lectura, basán- 
dose en textos como EsrrABÓN, IX 325, 

22% Ctesibio de Alejandría, ingeniero inventor de máquinas para elevar 
pesos y agua, y sus aplicaciones para producir sonidos (cf. Vrrr,, IX 9; X 
12). 

221 Cf. PLix., V 62, 

222 Apeles (e. 352-305 a. C.): pintor de los reyes macedonios; su obra 
se ha perdido; citado de nuevo en PLiN., XXXV 79 y ss.. Pirgóteles: ta- 


126 


127 


66 HISTORIA NATURAL 


3869) El rey Átalo pagó en una almo- 

Pintura, neda cien talentos por una sola tabla 
escultura en bronce, — del pintor Aristides de Tebas?”. El dic- 
hero Ac tador César compró, por ochenta, dos 
tablas de Timómaco, Medea y Áyax, 

para consagrarlas en el templo de Venus Generadora”*. El 
rey Candaules por un cuadro de Bularco sobre la destruc- 
ción de los magnesios, de dimensiones no pequeñas, pagó 
su peso en oro?, El rey Demetrio, apodado el Conquista- 


dor, no incendió Rodas para no quemar una tabla de Protó- 


genes, que estaba colocada en esa parte de la muralla”, 


Praxíteles se hizo famoso por la escultura en mármol y es- 
pecialmente por la Venus de Cnido, notable por el insensato 
amor que inspiró en un joven y por la valoración del rey Ni- 


llador de piedras preciosas del tiempo de Alejandro Magno (cf. PLxm., 
XXXVII 8). Lisipo (c. 370-310 a. C): escultor (cf. PLIN., XXXIV 61 y 
ss.); existen copias de sus obras, como el Apoxiómeno, la más famosa, 

223 Aristides de Tebas, contemporáneo de Apeles, De éste y los demás 
pintores citados aquí vuelve a hablar Plinio más ampliamente en el libro 
XXXvV. Átalo II: rey de Pérgamo. Podría tratarse del cuadro de Baco y 
Ariadna que fue colocado en el templo de Ceres en Roma (cf. EsTRa,, 
VII 381; PLiw., XXXV 24). 

2 A Timómaco de Bizancio, de época incierta, unos lo sitúan en el 
período helenístico, otros en tiempos de César. El templo de Venus Ge- 
netrix se encontraba en el foro de Julio César en Roma, 

225 Candaules: rey de Lidia (muerto en torno al 685 a, C.). Los mag- 
nesios: de Magnesia del Meandro, en Jonia (cf. PL1n., V 114). En la ver- 
sión que da en el libro XXXV del cuadro de Bularco, no se habla de des- 
trucción, sino de batalla, 

26 La tabla o pintura en cuestión había sido colgada en el único punto 
de la muralla por donde el asalto era posible, Demetrio Poliorcetes «el 
Conquistador», perdió por ello la ocasión de conquistar Rodas; cf. PLIm., 
IV 10, n, 45, en esta colección (B. C, G, 250); XXXV 104). Protógenes 
de Caunos pretendía competir con Apeles (cf, PLin,, XXXV 81-83, 101). 
Según el propio Plinio, el tema del cuadro era Yáliso, héroe epónimo de 
esa ciudad de Rodas. 


LIBRO VIH 67 


comedes, que intentó permutarla por la enorme deuda de los 
de Cnido?”, A Fidias el Júpiter Olímpico le ofrece cada día 
una prueba de reconocimiento”*; a Mentor, el Júpiter Ca- 
pitolino y la Diana de Éfeso, a los que fueron dedicados los 
vasos que él había cincelado””, 


39 (40) El precio máximo de un hombre 


Precios nacido en esclavitud hasta este mo- 
excepcionales mento, al menos en lo que yo haya 
de algunos . á pa 

obre podido averiguar, fue el de un gramá- 


tico, Dafnis, cuando Atio de Pisauro 
lo vendió y Marco Escauro, primer magistrado de la ciudad, 
ofreció en la subasta sseecientos mil sestercios?*, En nues- 
tra época han sobrepasado esto, y no por poco, unos cómi- 
cos, pero éstos compraban su propia libertad, y más cuando 
se cuenta que ya en tiempos de nuestros antepasados el có- 
mico Roscio ganaba quinientos mil sestercios al año?*, si es 
que alguien no echa de menos en este lugar al pagador de la 
guerra llevada a cabo hace poco en Armenia a causa de Ti- 


22 Praxíteles: escultor ateniénse (s. rv a, C.), del que se conserva un 
original, el Hermes de Olimpia; otras obras son conocidas por copias ro- 
manas. PLiNIO cuenta en XXXVI 20 y 21 las anécdotas sobre la Venus de 
Cnido que aquí menciona, El rey puede ser Nicomedes lIL. 

2% Fidias (s. v a. C.): director de las obras de la Acrópolis de Atenas, 
entre ellas; el Partenón. En XXXVI 18, 19; Plinio vuelve a hablar del ar- 
tista y sus obras; entre ellas, el Zeus de Olimpia era considerado la más 
perfecta, 

222 Mentor: cincelador en plata de fecha incierta, tal vez s. 1v a. C.; su 
obra era muy apreciada (cf. Cic., Verr. IV 38). PLimio habla de él de 
nuevo en XXXIII 147 y 154. 

2 Pisauro: en Umbria (cf. Prim, 111-113), Marco Emilio Escauro: 
cónsul en el 115 a. C. Dafnis fue vendido de nuevo a la muerte de aquel 
(cf. Suer., De Gram. 3, 5). 

21 Quinto Roscio Galo, el actor más apreciado de su tiempo, entró a 
formar parte de la clase de los caballeros en tiempo de Sila; fue defendi- 
do por Cicerón con el discurso Pro Roscio commoedo. 


129 


130 


13 


pod 


68 HISTORIA NATURAL 


ridates, al que Nerón manumitió por trece millones de ses- 
tercios??, Pero esto era el precio de una guerra, no el de un 
hombre, del mismo modo que, ¡por Hércules!, fue el precio 
del capricho, no el de la belleza, cuando Clutorio Prisco 
compró a Pezonte, uno de los eunucos de Sejano””, por 
cincuenta millones de sestercios. Esta ganancia realmente 
injusta la produjo aquella feria en medio del luto de la ciu- 
dad, porque nadie se preocupaba de presentar denuncias. 

De todas la naciones en el mundo 


40 (41) entero sin duda la más sobresaliente 
La suprema en virtudes?* ha sido la romana. No 
felicidad 


cabe en el juicio humano saber qué 
hombre tuvo la felicidad suprema, 
puesto que la misma buena suerte unos la determinan de una 
manera, otros de otra, y cada uno según su temperamento. 
Si queremos hacer un juicio verdadero y decidir dejando a 
un lado todas las alternativas de la fortuna, ningún mortal es 
feliz. La fortuna trata con abundancia y se comporta indul- 
gentemente con aquel que razonablemente se puede decir 
que no es infeliz. Pues aunque no haya otras cosas, segura- 
mente existe el temor de que la fortuna se canse y, en cuanto 
se percibe esto, la felicidad no es completa, ¿Y qué decir de 
que ningún mortal es sabio siempre? ¡Y ojalá que la mayo- 
ría juzgue esto falso y no como algo dicho por un profeta! 
El género humano, vano e ingenioso para engañarse a sí 


232 Tiridates, rey de Armenia, acudió a Roma para ser coronado por 


Nerón (cf. Surr., Nerón, 13, n, 53, en esta misma colección). 

2% Sejano, prefecto del pretorio, de gran influencia sobre Tiberio; 
ejecutado en 31 d, C., tras descubrirse el golpe que preparaba. TÁCITO, en 
An. YI 49, habla de un Clutorio Prisco condenado a muerte el 21 d. C. 
Evidentemente no se referiría Plinio a él si se entiende que la venta se 
produjo en la almoneda de jos bienes de Sejano posterior a su muerte. 

2 Virtute, aquí, «en virtudes», más que «en valor». 


LIBRO VI 69 


mismo, cuenta a la manera del pueblo tracio que, según ha- 
ya sido la experiencia de cada día, mete piedras de distinto 
color en una urna, y en el último día las cuenta por separado 
y así habla públicamente de cada uno. ¿Y qué decir de que 
ese día alabado por la blancura de la piedra tuvo el origen 
de su mal? ¡A cuántos afligieron la órdenes recibidas! ¡A 
cuántos arruinó su dicha y los precipitó en el sufrimiento 
extremo ésa, que sin duda fue su dicha, en el instante en que 
aquella hora fue gozosa! Así es ciertamente: un día es juez 
de otro, y sólo el último, de todos, y por eso no hay que 
confílar en ninguno, ¿Y qué decir de que los bienes no son 
iguales a los males, aun de igual número, y que ninguna 
alegría puede compensar la más mínima tristeza? ¡Ay! ¡Qué 
vano y necio esfuerzo! ¡Se mide el número de los días, 
cuando lo que se busca es su peso! 9* 
En todo el tiempo sólo se encuen- 
41 (42) tra una mujer, la lacedemonia Lámpi- 
Rara sucesión do, que haya sido hija de rey, esposa 
entre las familias de rey y madre de rey?%; una sola, 
Berenice, que haya sido hija, hermana 
y madre de vencedores en los Juegos Olímpicos””; una sola 
familia, la de los Curiones, en la que hayan Sxidido en su- 


235 En este capítulo sobre la felicidad suprema, para el que no en- 
cuentra ningún ejemplo, Plinio utiliza expresiones que debían de tener 
carácter proverbial: «ningún mortal es feliz»; «ningún mortal es sabio 
siempre», etc. 

2% T ámpido (s. v a. C), hija de Leontíquidas II, esposa de Arquidamo 
Il, madre de Agis II (cf. PLar., Alcib, 1 18, 123€). Un hecho raro en una 
monarquía no hereditaria. 

2 Berenice habría obtenido con eso el Bono de poder asistir a los 
Juegos Olímpicos, que estaba prohibido a las mujeres casadas. En otros 
autores es Ferenice (cf. VaL. Máx., VIO 15, ext.; Paus,, V 6, 7-8; ELta- 
No, Varia Historia (VH) X 1). 


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70 HISTORIA NATURAL 


cesión seguida tres oradores”*, y una sola, la de los Fabios, 
en la que haya habido tres príncipes del senado seguidos: 
Marco Fabio Ambusto, su hijo Fabio Ruliano y su nieto 
Quinto Fabio Gúrgite?”, 


42 (43) Por lo demás, los ejemplos de la 
Ejemplos inconstancia de la fortuna son in- 
sorprendentes 7 y 
de diversidad numerables. Pues ¿de qué cosas ha 
Un hombre ce grandes gozos si no es a partir de 


dos veces proscrito males, o de qué, enormes males, si 
no es de inmensos gozos? 

43 La fortuna salvó al senador Marco Fidustio, que había 
sido proscrito por Sila treinta y seis años, pero para pros- 
cribirlo de nuevo. Sobrevivió a Sila, pero hasta Antonio, y 
consta que fue proscrito por éste sin ninguna otra razón que 
porque ya había sido proscrito?*, 

Ciertamente la fortuna quiso que 


(44) sólo Publio Ventidio obtuviera un triun- 
Ejemplos : 

eorendanías fo de los partos, pero a este mismo, 

de honores cuando era niño, la fortuna lo llevó en 


el triunfo obtenido por Gneo Pompe- 
yo en Ásculo; aunque, según Masurio, fue llevado dos veces 
en un triunfo; según Cicerón, había sido mozo de cuadra de 
la panadería del ejército y, según la mayoría, había llevado 


23 Llamados los tres Gayo Escribonio Curión: al abuelo, contempo- 
ráneo de Gayo Graco, pretor en 121 a, C,, Cicerón lo sitúa entre los ora- 
dores más importantes de su época; al padre lo cita el mismo como opo- 
nente; al nieto, tribuno de la plebe en el 50 a. C., opositor y luego 
partidario de César, Veleyo Patérculo lo califica de elocuente e ingenioso 
(ef, Cic, Sobre el or. 11 98; Bru. 124; Or. 129; VeL. Par., 11 48, 3). 

222 Marco Fabio Ambusto, cónsul en 360, 356 y 354 a, C.; Quinto Fa- 
bio Máximo Ruliano, cónsul en 322, 310, 308, 297 y 295 a, C.; Quinto 
Fabio Máximo Gúrgite, cónsul en 292, 276 y 265 a. C, 

240 Las proscripciones de Sila fueron en el 81 a, C., las de Marco Anto- 
nio, en el 43. El ejemplo se encuentra también en Dión Casto, XLVI 11, 4, 


LIBRO VI “Ti 


una juventud pobre como soldado raso?*'. También Corne- 
lio Balbo el Mayor fue cónsul, pero después de haber sido 
denunciado y sometido a deliberación de un jurado sobre la 
aplicación de la pena de azotes contra él, siendo el primer 
extranjero y, además, nacido en la costa del Océano, que 
alcanzó aquel grado que nuestros antepasados habían nega- 
do incluso en el Lacio?”, También está entre los ejemplos 
notables Lucio Fulvio, cónsul de los tusculanos que se ha- 
bían sublevado, y que, al pasarse a su lado, el pueblo roma- 
no lo honró al instante con el mismo grado, siendo el único 
que, el mismo año en el que había sido enemigo, consiguió 
en Roma el triunfo sobre aquellos de los que había sido 
cónsul, Hasta este momento Lucio Sila ha sido el único 
hombre que se ha atribuido el sobrenombre de Feliz, elegi- 
do sin duda por la sangre de los ciudadanos y el asedio a su 
patria, Pero%* ¿por qué pruebas de felicidad se guió? ¿Aca- 
so porque había podido proscribir y asesinar a tantos miles 
de ciudadanos? ¡Qué interpretación tan mala e infeliz en el 
tiempo futuro! ¿No tuvieron mejor suerte muriendo enton- 
ces esos de los que ahora nos compadecemos, mientras que 


24 Gneo Pompeyo obtuvo el triunfo en Ásculo (el Piceno), durante la 
Guerra Social, Publio Ventidio Baso lo obtuvo en el 38 a, C., al vencer a 
Labieno, que se había unido a los partos (cf, VeL., 11 65, 3; 78, 1. Var. 
MÁx., VI 9, 9; GEL., XV 4, 3; Masur,, fr. 25 Huscuke; Cic. 4 fam. X 
18, 3). La expresión de Plinio para indicar su condición de simple soldado 
es: in caliga militari, por ser un tipo de calzado propio de los soldados, 

242 Y ucio Cornelio Balbo el Mayor, gaditano, (cf. PLen., V 36). Según 
la ley Porcia de provocatione, un ciudadano no podía recibir ese castigo. 
Fue defendido por Cicerón. Seguimos la lectura de Schilling tudicum in 
consilium missus, 

24 Y ucio Fulvio Curvo, cónsul en el 322 a. C. (cf. Liv., VIE 38, 1). 

24 Seguimos la lectura de Scai.Lino adoptatum. Sed. MAYHOFF lee 
adoptatus. et. 


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7 HISTORIA NATURAL 


no hay nadie que no odie a Sila?? Y bien, ¿el final de su 
vida no fue más cruel que la desgracia de todos los proscri- 
tos por él ya que su propio cuerpo se comía a sí mismo cau- 
sándole sufrimiento? Porque aunque fingiera y aunque por 
su último sueño, en el que de alguna manera murió, creamos 
que el odio procedente sólo de él había sido superado por su 
gloria, sin embargo, declaró que sin duda a su felicidad le 
faltó dedicar el Capitolio?*%, 
"Quinto Metelo, en el discurso que 
(45) pronunció en las honras fúnebres?”” de 


Las diez cosas E ; 
ás afóriunadas su padre Lucio Metelo, pontífice, dos 


en un solo hombre veces cónsul, dictador, maestre de ca- 
ballería, quindecénviro para el reparto 

de tierras, y el que después de la primera. guerra Púnica 
condujo en un triunfo muchos elefantes?*, dejó escrito que 


2% Lucio Cornelio Sila Félix (138-78 a. C.). También encontramos un 
juicio negativo sobre Sila en Veleyo Patérculo y en Valerio Máximo. (Cf. 
VeL., 27, 5 y 28; VAL, Máx., IX 2,1). 

246 Sila habría muerto de ftiriasis (cf. PLiw,, XI 114 y XXVI 138). Se 
conocen dos versiones del sueño de Sila: en una sería un dios el que lo 
llamaba; en la otra, su propio hijo, muerto poco antes (cf. APIANO, Gte- 
rra Civil 1115; PLur., Sila 36, 37). El templo del Capitolio habia sido 
destruido en el 83 a. C. durante la guerra entre Mario y Sila, Éste comen- 
zó su reconstrucción, pero la dedicación no se hizo hasta el 69 a. C, 

247 Quinto Cecilio Metelo, cónsul el 206 a. C. En la forma más so? 
lemne de ceremonia fúnebre, el cortejo pasaba por el foro, donde un pa- 
riente próximo pronunciaba un discurso elogioso (faudatio funebris). 

248 Lucio Cecilio Metelo, pontífice en 241 a. C., cónsul en 251 y 247, 
dictador en 224, maestre de caballería en 249, quindecénviro (miembro 
de una comisión de quince), el triunfo en el 250 a. C.; el orden seguido 
no es el cronológico, sino de mayor a menor importancia de los cargos. 
La lectura plurimos «muchos», es una corrección de MAYHOFF por pri- 
mus «el primero»; para ello se basa en PLiN., VII 16. La misma correc- 
ción en F. Hernández. Otros editores entienden que no se debe corregir, 
pues sería una inconsecuencia de Plinio, 


LIBRO VII 73 


su padre había reunido las diez cosas más grandes y mejo- 
res, en cuya busca empleaban su vida los sabios: en efecto, 
había querido ser un guerrero de primera fila, el mejor ora- 
dor, el más valiente general, que bajo sus auspicios se lleva- 
ran a cabo las empresas más grandes, ocupar el más alto 
cargo, tener la mayor sabiduría, ser considerado el senador 
más grande, conseguir mucho dinero de forma honrada, 
dejar muchos hijos y ser el más ilustre en la ciudad; estas 
cosas le habían acontecido sólo a él y a ningún otro desde la 
fundación de Roma. Es largo y completamente inútil refu- 
tarle, pues lo rebate un solo suceso, ya que ese Metelo pasó 
la vejez privado de la vista, que había perdido en un incen- 
dio al rescatar el Paladio del templo de Vesta, una causa 
memorable, pero con un desenlace triste”. Con esto sucede 
que ciertamente no se le debe llamar infeliz, pero tampoco 
se le puede llamar feliz, El pueblo romano le concedió lo 
que a ningún otro desde la fundación, que, cada vez que 
fuera a una reunión del senado, lo llevaran en carro a la cu- 
ria: algo grande y sublime para él, pero concedido al precio 
de sus ojos, 

44 También el hijo de ese Quinto Metelo que dijo esto 
acerca de su padre, se cuenta entre los raros ejemplos de fe- 
licidad humana: pues, además de los cargos más importan- 
tes y del sobrenombre de Macedónico, fue colocado en la 
pira funeraria por sus cuatro hijos, de los que uno había sido 
pretor, los otros tres cónsules, dos de éstos habían obtenido 
el triunfo y uno había sido censor; estas cosas, cada una por 


242 El Paladio, imagen de Palas Atenea que habría llevado Eneas des- 
de Troya, se guardaba en el templo de Vesta, en el foro; se consideraba 
que la imagen protegía a Roma, Ese incendio del templo ocurrió en el 
241 a. C.; había sufrido otro durante la invasión de los galos. 


42 


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74 HISTORIA NATURAL 


sí sola, han sucedido a pocos”, Sin embargo, en la plenitud 
de su vida pública, al volver del Campo de Marte a medio- 
día, momento en que están vacíos el foro y el Capitolio, 
Gayo Atinio Labeón, que tenía el sobrenombre de Mace- 
rión, tribuno de la plebe, a quien aquel como censor había 
excluido del senado, lo arrastró hacia la roca Tarpeya para 
que fuera arrojado desde ella”, Acudió volando, por así 
decir, aquella cohorte tan numerosa que lo llamaba padre; 
pero, como era inevitable en un imprevisto, llegaban tarde y 
como a un funeral, porque no tenían derecho a resistirse ni 
atacar a alguien inviolable; a punto de morir por su propio 
valor y por su servicio al cargo de censor, a duras penas fue 
encontrado un tribuno para interponer el veto”; vuelto a 
tracr desde el umbral mismo de la muerte, vivió después de 
la beneficencia de los demás, al declarar también intocables 
sus bienes desde entonces quien había sido condenado por 
él, como si hubiera sido poco el castigo de rodearle el cuello 
con una cuerda y hacer que le saliera sangre por los oídos??. 


250 Acerca de la felicidad de Quinto Cecilio Metelo Macedónico (cf. 
59), habla VeLeyo PATÉRCULO (I 11) de forma muy parecida. Sus hijos 
eran: Quinto Cecilio Metelo Baleárico (cónsul en 123, censor en 120; el 
triunfo en 121 a, C.); Lucio Cecilio Metelo Diademado (cónsul en 117); 
Marco Cecilio Metelo (cónsul en 115, cuando murió el padre; triunfo en 
111) y Gayo Cecilio Metelo Caprario (pretor en 115; cónsul en 113; 
triunfo en 111 y censor en 102 a. C.), 

25 Gayo Atinio Labeón Macerión, tribuno de la plebe en el 131 a. C.. 
Una de las atribuciones de los censores era excluir a alguien del senado o 
del orden ecuestre. La roca Tarpeya, en el lado sur del Capitolio, era el 
lugar del que se arrojaba a los traidores. 

252 Entre los derechos de los tribunos de la plebe estaban la inviolabi- 
lidad y la intercessio, «derecho a oponerse a la actuación de un colega», 
que en los tribunos se aplicaba también a las magistraturas superiores, 

25 Otra atribución de los tribunos de la plebe era la consecratio bo- 
norum, declarar sagrados los bienes de alguien; de hecho, confiscarlos, 
Terminó convirtiéndose en un abuso (cf. Cic. Sobre la casa 123). 


LIBRO VII 75 


Y sin duda también incluiría yo entre sus desgracias haber 
sido enemigo del segundo Africano, como atestiguó el pro- 
pio Macedónico, puesto que dijo: «Id, hijos, acudid a sus 
funerales, nunca vertis las honras fúnebres de un ciudadano 
más grande». Y decía esto él, el propio Macedónico, a los 
que ya eran Baleáricos y Diademados?*, Pero aunque sólo 
se tenga en cuenta aquella afrenta, ¿quién podría decir en 
razón que fue feliz éste, que corrió el riesgo de morir a ca- 
pricho de un enemigo que ni siquiera era el Africano? ¿Por 
vencer a qué enemigos tuvo que pagar un precio tan gran- 
de? o ¿qué cargos y qué carros triunfales no anuló la fortuna 
con aquella violencia, al ser arrastrado siendo censor por el 
medio de la ciudad —pues ésta había sido la única forma de 
demorarse —, arrastrado hasta el propio Capitolio, al que él 
mismo en su triunfo, con los adornos de los dioses, ni si- 
quiera había arrastrado así a los prisioneros??% Este crimen 
llegó a ser más grande por la felicidad que vino después, al 
correr el Macedónico el riesgo de perder incluso unas hon- 
ras fúnebres tan grandes, en las que iba a ser llevado a la pi- 
ra por sus hijos que habían conseguido el triunfo, como si 
celebrara el triunfo incluso en sus funerales. No es en ab- 
soluto completa la felicidad que ha quebrado algún ultraje, 
menos aún uno tan grande. Por lo demás, no sé si acrecienta 
la nobleza de las costumbres o el dolor de la indignación el 


25% El segundo Africano, Publio Cornelio Escipión Emiliano, murió el 
129 a, C.. El Baleárico comenzó a serlo el 121, El sobrenombre Diade- 
mado lo atribuye PLuTArco (Cor. 11, 4) al hecho de haber llevado una 
venda. 

255 EJ que celebraba el triunfo subía al Capitolio en el carro triunfal 
adornado con la toga picta y la corona de laurel; le acompañaban sus hi- 
jos, en el mismo carro, si eran pequeños, En el cortejo iban los prisione- 
ros más importantes. 


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76 HISTORIA NATURAL 


que, entre tantos Metelos, tan criminal atrevimiento de Ga- 
yo Atinio haya quedado para siempre sin venganza. 
También en el caso del divino 


45 (46) Augusto, a quien la humanidad entera 
Adversidades citaría en esta relación, si se valoran 
del Divino Augusto 


cuidadosamente todos los aspectos, se 
pueden encontrar grandes reveses en 
su destino humano”: el fracaso en su aspiración a maestre 
de caballería con su tío y, frente a su solicitud, la prefe- 
rencia de Lépido ante é1?”; el odio por las proscripciones a 
causa de su asociación en el triunvirato con los peores ciu- 
dadanos, y ni siquiera a partes iguales, sino siendo Antonio 
el de más peso”; en la batalla de Filipos: sus enfermeda- 
des, su huida y ocultación durante tres días en una laguna 
enfermo y, según declaran Agripa y Mecenas, en su refugio, 
hinchado por el agua infiltrada bajo la piel?%; su naufragio 
en Sicilia, y también allí otra ocultación en una cueva, y 
cuando ya huía por mar ante la presión de las tropas de los 


256 R] siguiente recuento de desgracias se encuentra en los historiado- 
res antiguos, anteriores o posteriores a Plinio, que trataron de Augusto 
(TÁcrro; VeLEYO PAYÉRCULO; PLUTARCO; Surronio; Dión Casio). 

257 En realidad, Octavio era sobrino nieto de César por parte de su 
madre, Acia, hija de Julia, la hermana de César, El rechazo de su deman- 
da pudo tratarse de un plan de César para preparar la sucesión. En febrero 
del 44 a, C, nombró a Lépido maestre de caballería en Roma, y a Octavio, 
una especie de segundo ayudante personal en campaña (cf. J. CARCoPr- 
NO, Julio César, 1974, pág. 617). 

258 Aquí se refiere a las proscripciones que tras la muerte de César 
fueron decretadas por el triunvirato formado por Antonio, Lépido y Octa- 
vio, 

252 En Filipos, Macedonia, Antonio y Octavio derrotaron a Bruto y Casio 
en el 42 a, C., pero Augusto tuvo que retirarse del campamento y ocultar- 
se por padecer una anasarca o hidropesía. Se han perdido los escritos de 
Agripa y Mecenas a los que alude Plinio. 


LIBRO VI T 


enemigos, sus ruegos a Proculeyo para que le diera muerte?”; 


su preocupación por el conflicto de Perusia; su inquietud 
por la batalla de Accio; su caida desde una torre en la guerra 
de Panonia; tantas sublevaciones militares?4!, y tantas en- 
fermedades graves de su cuerpo; los sospechosos votos de 
Marcelo, la vergonzosa relegación de Agripa?”, tantas cons- 
piraciones contra su vida?%, las acusaciones a la muerte 
de sus hijos y el luto, triste no sólo por la pérdida? el 
adulterio de su hija y sus planes de parricidio puestos al 
descubierto?%; el afrentoso alejamiento de su hijastro Ne- 


260 El naufragio ocurrió durante la guerra de Sicilia (38-36 a. C.), 
contra Sexto Pompeyo, hijo del Magno, que fue derrotada en Taurome- 
nio, Gayo Proculeyo era un amigo de Augusto perteneciente al orden 
ecuestre. 

261 En el 41 a. C., Lucio Antonio, hermano del triúnviro, comenzó una 
revuelta contra Octavio que terminó al año siguiente con la toma de la 
ciudad. En el año 31 a, C, Octavio derrotó a la flota de Antonio y Cleo- 
patra cerca de Accio, en Acarnania. Para referirse a esta batalla Plinio 
emplea la expresión: Martis Actiaci «del Marte de Accio», Las guerras en 
Panonia ocurrieron entre el 35 y el 33 a. C, Suetonio cuenta que, en la 
guerra de Dalmacia, Augusto resultó herido al derrumbarse un puente (cf. 
Suer., Aug, 20). Suetonio enumera, además, muchas rebeliones que tuvo 
que sofocar. 

262 Marco Claudio Marcelo, hijo de Octavia, hermana de Augusto, ca- 
sado con Julia, era considerado el sucesor hasta su muerte (23 a, C.), a los 
veinte años. No está claro qué quiere decir Plinio con suspecta ... vota y 
pudenda ... ablegatio. Veleyo Patérculo únicamente apunta como causa 
del alejamiento de Agripa la rivalidad entre €l y Marcelo. Tras la muerte 
de éste, Agripa se casó con Julia. 

26% En Suetonio se encuentra la relación más completa de conspirado- 
res (cf, Suer., Aug. 19). 

264 Gayo y Lucio, hijos de Julia y Agripa, adoptados por Augusto; su 
muerte prematura (4 y 2 d. C. respectivamente), desataron las sospechas 
de asesinato hacia Livia y Tiberio, de las que no se libró el propio Au- 
gusto. 

265 Julia, que a la muerte de Agripa se casó con Tiberio, mantuvo re- 
laciones con algunos que, por eso, fueron condenados a muerte; entre 


pan 


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150 


78 HISTORIA NATURAL 


1ón*%; otro adulterio por parte de su nieta?*”; después, tan- 
tos males juntos: la falta de recursos militares, la rebelión 
del Ilírico, la leva de esclavos y la escasez de jóvenes, la 
peste de Roma, el hambre de Italia, su determinación a mo- 
rir y, tras cuatro días de ayuno, haber estado a un paso de la 
muerte*%; además de esto, el desastre de Varo y el humi- 
llante ultraje a su majestad?”; la exclusión de Póstumo 
Agripa después de su adopción, y la añoranza después de su 
destierro; a continuación, sus sospechas hacia Fabio y a que 
revelara sus secretos; más tarde, las maquinaciones de.su 
esposa y de Tiberio, su última preocupación?”. En suma, 


ellos, Julo Antonio, segundo hijo de Marco Antonio y Fulvia, que se sui- 
cidó. Julia fue desterrada a la isla de Pandateria, La importancia de esos 
hombres puede hacer pensar que Julia planeaba con ellos el parricidio: 

266 Tiberio, hijo de Tiberio Claudio Nerón, primer esposo de Livia; 
retirado en Rodas, regresó a la muerte de Gayo. Los motivos de su retiro 
no están muy claros; huir de su mujer, apartarse de los hijos de Augusto, 
complicidad en su muerte... Tampoco está clara la expresión contumelio- 
SUS... SECESSUS. 

267 Tulia la Menor, hija de Julia y Agripa, casada con Lucio Emilio 
Paulo, cónsul el 1 d. €.; ambos cayeron en desgracia ante Augusto, él 
acusado de conspiración, Julia de adulterio con Décimo Junio Silano, por 
lo que fue desterrada a la isla de Trímero. 

26% Para hacer frente a los gastos militares, se vio obligado a crear 
nuevos impuestos. La rebelión en Panonia y Dalmacia, el Ilírico, tuvo lu- 
gar entre el 6 y el 9 d. C.; Tiberio dirigió la campaña. La peste ocurrió en 
el 22 a, C., el hambre en el 6 d, C. Su deseo de morir no consta en otros 
autores, Tal vez esté en relación con alguna de sus enfermedades. 

26% En septiembre del 9 d. C., Publio Quintilio Varo y sus tropas, de al me- 
nos tres legiones, fueron aniquilados en el bosque de Teutoburgo, en Germa- 
nia. El ultraje puede referirse a esta derrota, pero Schilling apunta a los libelos 
difamatorios de los que hablan los historiadores (cf. com. ad loc). 

270 Agripa Póstumo, hijo de Julia y Agripa; adoptado por Augusto 
junto con Tiberio; a instigación de Livia, según Tácrro, An. 1 5, fue des- 
terrado a la isla de Planasia, frente a Etruria. Después se rumoreó que 
Augusto incluso había ido a visitarlo; lo habría acompañado Fabio Má- 
ximo, y a través de Marcia, la mujer de Fabio, habría llegado a conocÍ- 


LIBRO VH 79 


aquél, un dios y que, no sé si más que merecerlo, había ob- 
tenido un puesto entre los dioses, murió dejando como he- 
redero al hijo de su propio enemigo?”, 
Vienen al pensamiento en esta enu- 
46 (47) meración unos oráculos de Delfos pro- 
a tos dioses Munciados por el dios como para cas- 
por más felices tigar la vanidad de los hombres. Son 
estos dos: que Pedio, que había muer- 
to por la patria hacía muy poco, era muy feliz?”; y en otra 
ocasión, a la pregunta de Giges, el rey entonces más im- 
portante de la tierra: que Áglao de Psófide era más feliz. 
Éste, muy anciano, cultivaba en un reducidísimo rincón de 
Arcadia una propiedad pequeña pero suficiente para los 
alimentos del año holgadamente. No salió nunca de allí y, 
como es evidente por su género de vida, no sufrió más que 
lo mínimo en su vida a causa de su mínima ambición””, 
47 (48) Por mandato del mismo oráculo y 
A quién ordenaron COn el asentimiento de Júpiter, el más 
honrar en vida grande de los dioses, recibió culto en 
como a un dios, : E 
Extraño resplandor Vida y en plenas facultades el púgil 
Eutimo, siempre vencedor en Olimpia 
y vencido una sola vez. Su patria era Locros, en Italia. Veo 
que Calímaco admiraba como ninguna otra cosa que una 


miento de Livia; eso aceleró la muerte de Máximo. A la llegada de Tibe- 
rio al poder, Póstumo fue asesinado. 

221 El padre de Tiberio, partidario de Antonio, había promovido una 
revuelta en Campania, de donde huyó a Sicilia con Livia y con Tiberio, 
siendo éste un niño. 

222 Un relato parecido se encuentra en HerónoTO, 1 30, pero con otro 
nombre, Sobre la posible identificación de los dos relatos, cf. Schilling 
com. ad. loc. 

273 Según VaLerto Máximo, VII 1, 2, que parece ser la fuente de Pli- 
nio, Giges, rey de Lidia (c. 680-650 a, C.), habría preguntado al oráculo 
si había alguien más feliz que él. 


151 


153 


154 


80 HISTORIA NATURAL 


estatua suya allí y otra en Olimpia fueran alcanzadas el mis- 
mo día por un rayo y que el dios ordenara ofrecer sacrificios, 
lo que se instituyó no sólo en vida suya, sino también después 
de muerto, y respecto a él no hay ninguna otra cosa digna de 
admiración más que esto, que había agradado a los dioses?”, 
En cuanto al espacio y duración de 


48 (49) la vida de los hombres, no sólo el lu- 
Las mayores gar sino también el momento del na- 
longevidades 


cimiento y el propio destino de cada 
uno lo dejan en la incertidumbre?”, 
Hesíodo, que es el primero que ha transmitido algo respecto 
a esto, relacionando con la edad de los hombres muchas co- 
sas, siguiendo mitos, en mi opinión, asignó nueve edades 
nuestras a la corneja, el cuádruple de esto a los ciervos, el 
triple de esto a los cuervos, y otras cosas más propias de 
mitos en el caso del fénix y en las ninfas?”. El poeta Ana- 
creonte asigna ciento cincuenta años a Argantonio, rey de 
los tartesios; diez años más a Cíniras de Chipre, y a Egimio, 


274 Eutimo de Locros venció en los juegos de las 742, 76,2 y 77. Olim- 
piadas, fue derrotado por Teágenes de Tasos en la 75.* (años 484, 480, 476 
y 472 a. C.). En su regreso a ltalia tras la última olimpiada luchó contra un 
espíritu que exigía cada año la entrega de una joven, y lo derrotó, El asenti- 
miento de Júpiter quedaba probado porque sus dos estatuas fueran heridas 
por el rayo, Desapareció misteriosamente a una edad ayanzada, 

275 En algunos lugares, o en algunas épocas, el cómputo del tiempo se 
ha hecho de formas diversas, lo que dificulta el cálculo. 

276 Hesíodo, s. vir a. C., pocta épico de Beocia; autor de la Teogonfa 
y los Trabajos y días; se conservan, además, fragmentos de otras obras, 
Leemos hominum aevo referens con Rackham y Schilling. Traducimos 
aevum «edad», entendiendo la duración de la vida en general; aetates 
«edades», como etapas de la vida, que S, Isidoro cree que en el hombre 
son de siete años cada una. Schilling entiende «generaciones», cuya du- 
ración estima en treinta y tres años y un tercio aproximadamente. Cf. 
Hes., fr. 304 MerxeLBacH-WesT; Aus,, Égl. 5; Ism., Etim. V 38, 3; 
SCiuLLING, com. ad loc. 


LIBRO VII 8l 


doscientos?””. Teopompo a Epiménides de Cnoso, ciento 
cincuenta y siete”, Según Helánico, algunos del pueblo de 
los epeos, en Etolia, llegan a cumplir doscientos años; con 
él coincide Damastes, al afirmar que incluso uno de ellos, 
Pictóreo, sobresaliente por su tamaño y su fuerza, vivió tres- 
cientos años?”, Según Éforo, unos reyes de los arcadios vi- 
vieron trescientos años cada uno*%. Según Alejandro Cor- 
nelio, en el lírico un tal Dandón, vivió quinientos años”. 

Según Jenofonte en su Períplo, un rey de la isla de los 
lutmios vivió seiscientos años y, por si fuera poca exagera- 
ción, su hijo, ochocientos*?, Todo esto sucedió por desco- 
nocimiento de las divisiones del tiempo. En efecto, unos 
delimitaban un año con el verano y otro con el invierno, 
otros con las cuatro estaciones como los arcadios, cuyos 
años eran de tres meses, otros con el curso de la luna, como 
los egipcios. Por eso entre ellos se cuenta que vivían mil 


27 Cf. Anacr., fr. 8 Diehl. Argantonio (s. vi-vi a. C.), rey de Tarte- 
sos, en la Bética, durante ochenta años (Heróp., I 163). Cíniras, rey, ae- 
do y sacerdote; introductor del culto de Afrodita en Chipre. Egimio, hijo 
de Doro, epónimo de los dorios. 

2 Teopompo de Quíos, historiador (s. rv a. C.); sólo. se conservan 
fragmentos. Epiménides de Cnoso (s. vi a, C.), poeta y filósofo relacio- 
nado con el orfismo, 

29 Helánico de Mitilene (s. v a, C.) (cf. FGH 89). Epeos, cf. PLiw., IV 
14. Damastes, cf. FGH 5. Pictóreo, aparece en VaLgrio Máximo (VIT 
13, ext, 6) como Litorio, 

280 Éforo de Cime, en Eólide, Historiador y. s. Iv a. C., sólo se conservan 
fragmentos. Cf. FGrH 70, fr. 112 b. 

281 Cornelio Alejandro Polihístor, gramático e historiador griego que 
obtuvo de Sila la ciudadanía romana. Valerio Máximo habla de él en re- 
lación con la noticia de Dandón (cf.VAL. Máx., VIII 13; fr. 30 MÚLLER). 

282 Tenofonte de Lámpsaco, geógrafo (s. 111 a. C.), cf. Puan, IV 95, Ni 
la isla ni sus habitantes aparecen en los libros geográficos, ni en otras 
fuentes. 


156 


157 


82 HISTORIA NATURAL 


años cada uno. Pero, para pasar a hechos admitidos, es casi 
seguro que el gaditano Argantonio reinó ochenta años; se 
cree que comenzó a reinar a los cuarenta. Está fuera de du- 
das que Masinisa reinó sesenta años y que Gorgias de Sici- 
lia vivió ciento ocho?*%, Quinto Fabio Máximo fue augur 
durante sesenta y tres años. Marco Perpenna y, reciente- 
mente, Lucio Volusio Saturnino fueron los que sobrevivie- 
ron a todos aquellos a los que habían pedido opinión en su 
consulado. Perpenna dejó sólo siete de los que había nom- 
brado senadores siendo censor, vivió noventa y ocho 
años?*, En este asunto también se me ocurre hacer notar 
que en total sólo ha habido un quinquenio en el que no mu- 
riera ningún senador, cuando los censores Flaco y Albino 
hicieron el sacrificio lustral, desde el año quinientos setenta 
y nueve de la fundación de Roma hasta los siguientes censo- 
res, Marco Valerio Corvino cumplió los cien años; entre 
su primer consulado y el sexto transcurrieron cuarenta y seis 
años. Él mismo se sentó en la silla curul en veintiuna oca- 


283 Sobre Argantonio, cf. $ 154, Sobre Masinisa, cf. $ 61. Gorgias de 
Leontinos: sofista y orador (s. v-1v a, C.), cf. VaL. Máx., VIIT 13 ext. 4, 
1, 2; Cic., Sobre la vejez 13; Poio XXXVIE 10,1). 

28 Después de los ejemplos extranjeros, los romanos: Quinto Fabio 
Máximo, llamado Cunctator por la táctica dilatoria empleada frente a 
Anfbal (cf. Liv., XXX 26, 7). Los augures eran los encargados de inter- 
pretar los auspicios y prodigios para -que cualquier empresa llegara a 
buen fin, Marco Perpenna, o Perperna, cónsul en el 92 a, C., censor en el 
86. Sobre Lucio Volusio Saturnino, cf. $ 62, 

285 L os censores eran elegidos cada cinco años en el mes de abril para 
la realización del censo, que solía durar un año; al terminar, hacían un sa- 
erificio expiatorio y de purificación, el lustrum, que dio nombre al tiempo 
que media entre un sacrificio y el siguiente, El año citado por Plinio es el 
175, pero Quinto Fulvio Flaco y Aulo Postumio Albino fueron censores 
el 174 (ef. ViL., 110, 6). El 175 puede ser el año de la elección. 


LIBRO VIH 83 


siones, tantas como ningún otro. Igualó su longevidad el 
pontífice Metelo?*, 

Y entre las mujeres, Livia, la mujer de Rutilio, sobrepa- 
só los noventa y siete años; durante el principado de Clau- 
dio, Estatilia, de familia noble, los noventa y nueve; Teren- 
cia, la mujer de Cicerón, los ciento tres y Clodia, la de 
Ofilio, los ciento quince; ésta, además, dio a luz quince ve- 
ces”, La comedianta Luceya declamó en la escena a los 
cien años. Durante el consulado de Gayo Popeo y Quinto 
Sulpicio, en los juegos votivos por la salud del divino Au- 
gusto, la actriz de intermedios Galeria Copiola fue llevada 
de nuevo a la escena cuando tenía ciento cuatro años; había 
sido presentada como principiante por el edil de la plebe 
Marco Pomponio noventa y un años antes, durante el con- 
sulado de Gayo Mario y Gneo Carbón; fue llevada de nueyo 
por Pompeyo Magno en la dedicación del gran teatro, sien- 
do ya anciana, como una cosa extraordinaria?*, Según As- 
conio Pediano, Sámula también vivió ciento diez años??”, 


286 Marco Valerio Corvino: cónsul en 348, 346, 343, 335, 300 y 299 
a.C. (cf. VaL. Máx., VIH 13, 2; Cic., Sobre la vejez YX 30; XVII 61). 

287 Publio Rutilio Rufo: cónsul en el 105 a. C. Estatilia aparece en 
otros autores como Satia (cf, Sén., Epíst. 77, 20; MarciaL, IM 93, 20). 
Según Séneca, habría hecho grabar la edad en su lápida. Cicerón se sepa- 
ró de Terencia el 46 a. C. Aulo Ofilio: jurisconsulto partidario de César 
(cf, Cic., A fam, VI 19). Valerio Máximo cita los ejemplos de Livia, Te- 
rencia y Clodia. 

28 Luceya: mima; los mimos eran actores del género más bajo. Gale- 
ria Copiola, emboliaria, actriz de pantomimas llamadas embolium que se 
representaban en los intermedios; debutó en el 82 a. C. (consulado de 
Mario y Carbón). El gran teatro, el primero estable en Roma, construido 
en piedra en el Campo de Marte, fue dedicado en el segundo consulado 
de Pompeyo (55 a, C.). La última aparición, año 9 d. C. (consulado de 
Popeo y Sulpicio). 

28% Quinto Asconio Pediano (s. 1 d. C.), comentarista de Cicerón. Pli- 
nio lo llama Pediano Asconio. 


ON 


58 


160 


84 HISTORIA NATURAL 


Me parece menos extraño que Estefanión, que fue el prime- 
ro que danzó con toga, danzara en dos juegos seculares, los 
del divino Augusto y los que el emperador Claudio celebró 
durante su cuarto consulado, puesto que entre ellos no hubo 
más de sesenta y tres años, aunque también vivió después 
más tiempo”, Según Muciano, en la cima del monte Tmo- 
lo, que llaman Tempsi?”, viven ciento cincuenta años, y 
esos mismos años se le asignaron a Tito Fulonio de Bolonia 
en la censura del emperador Claudio”, y por la compara- 
ción de los censos que había presentado antes y las pruebas 
de su vida —pues el emperador se ocupaba de esto—, se 
puso de manifiesto que era verdad, 
Precisamente este tema parece de- 
49 (50) mandar la opinión de los que se dedi- 
Diversas can a la ciencia de las estrellas. Epige- 
maneras de nacer nes negó que se puedan cumplir ciento 
doce años; Beroso, que se puedan so- 
brepasar los ciento dieciséis. Perdura también la teoría que 
Petosíride y Nequepso transmitieron (la llaman «tetartemo- 
rio» por ser una parte de tres signos), por la que se pone de 
manifiesto que en la zona de Italia se pueden alcanzar los 
ciento veinticuatro años. Dijeron aquellos que nadie sobre- 
pasa la medida de noventa grados a partir del nacimiento del 
astro (lo que llaman «anáforas»), y que éstas mismas se in- 
terrumpen por la presencia de estrellas maléficas o también 


29 Los ludi saeculares, cada cien años, los celebró Augusto en el 17 
a. C., y Claudio, en el 47 d, C. Estefanión, según Surronio, había sido 
desterrado por Augusto a causa de sus costumbres (cf. Surr,, 4ug. 45, 4). 

29! Gayo Licinío Muciano (cf. PL.IN., 11 230, n. 470 de esta colección). 
Monte Tmolo: Boz Daglari (cf. PLim., Y 110). 

22 Año47 d.C, 


LIBRO VH 85 


por los rayos de éstas y los del sol”, Por otra parte, no es 
seguro cuánto es lo máximo que asigna la escuela de Escu- 
lapio, que dice que la duración de la vida se recibe determi- 
nada por los astros”, Sin embargo, dicen que es rara una 
duración demasiado larga, puesto que en el transcurso de 
determinadas horas de los días lunares, como la séptima y la 
decimoquinta, pues se cuentan de día y de noche, nace una 
gran cantidad de gente que muere en una sucesión gradual 
de años, que llaman climatéricos, no sobrepasando casi los 
cincuenta y cuatro años los que han nacido así?”, 

Así pues, en primer lugar, lo cambiante del propio arte 
de la astrología manifiesta qué cosa tan poco segura es. Se 
añaden las pruebas del censo más reciente, el que hace cua- 
tro años realizaron como censores los emperadores Césares 
Vespasianos, padre e hijo”%, Y no hay que examinar todos 
los archivos. Sólo expondremos ejemplos de la parte cen- 
tral, entre el Apenino y el Po, Declararon tener ciento veinte 


2% Epigenes de Bizancio: astrólogo (s. 11 a. C.). Beroso (cf. 123). So- 
bre Petosiride y Nequepso, cf. Praw., TI 88, n. 93, en esta misma colec- 
ción (vol. 206). Tetartemorio, cuarta parte de los signos del zodíaco, esto 
es, tres signos, Á cada signo le corresponde un número de años, variable 
según el lugar y el momento. Para calcular los años habría que contar 
como máximo los correspondientes al signo ascendente en el momento 
de nacer y los dos signos siguientes. Según Fírmico Materno (s. rv d. C.), 
la mayor esperanza de vida en Italia correspondería a los nacidos en Leo, 
37 años, que sumados a los 42 de Virgo y de Libra, se aproximarlan a la 
cifra dada por Plinio, (Cf. Fíirm., Matheseos IV, proem. $). 

22% Esculapio, el Asclepios griego, héroe o dios de la medicina, que le 
había enseñado el centauro Quirón. Su escuela, muy extendida, practica- 
ba una medicina de tipo mágico, pero a través de Hipócrates, que se decía 
descendiente suyo, dio origen a la nueva medicina. 

295 Día lunar es el de 24 horas, frente al día (solar) en el que se conta- 
ba desde la salida hasta la puesta del sol. Climatéricos, de climacteras 
«momentos críticos», 

2% Vespasiano y Tito fueron censores en el 73-74 d, C, 


mn 
> 


164 


165 


86 HISTORIA NATURAL 


años, tres en Parma y uno en Brixilo; ciento veinticinco, dos 
en Parma; ciento treinta, uno en Piacenza y una mujer en 
Favencia; ciento treinta y cinco, Lucio Terencio, hijo de 
Marco, en Bolonia y, a su vez, en Rímini, Marco Aponio, 
ciento cuarenta y Tertula, ciento treinta y siete. En las coli- 
nas de la parte de acá de Piacenza está la población de Ve- 
leya, en la que seis personas declararon tener ciento diez 
años; cuatro, ciento veinte, y uno, Marco Mucio Félix, hijo 
de Marco, de la tribu Galeria ciento cuarenta””, Y para no 
detenernos más en un hecho admitido, en la octava región 
de Italia fueron censados cincuenta y cuatro hombres de 
cien años, catorce hombres de ciento diez, dos de ciento vein- 
ticinco, cuatro de ciento treinta, otros tantos de ciento treinta 
y cinco o treinta y siete, y tres hombres de ciento cuarenta. 
Otro aspecto cambiante de la Humanidad: Homero contó 
que Héctor y Polidamante, hombres de condición tan opues- 
ta, nacieron la misma noche”*, En el tercer consulado de 
Gayo Mario y Gneo Carbón, el mismo día, el quinto antes 
de las calendas de junio, nacieron Marco Celio Rufo y Gayo 
Licinio Calvo, ambos ciertamente oradores, pero con qué 
resultado tan diferente?”, Esto sucede también con los que na- 
cen cada día a las mismas horas en todo el mundo, y al 


27 Para los nombres de lugar véase PLiM., 1 115-116, Los de perso- 
na no están identificados. 

2% Cf. Hom., II, XVIII 249-252, Héctor, inclinado a la acción; Poli- 
damante, reflexivo, aconseja a 199 troyanos áue entreguen a HELENA y 
abandonen la guerra, 

2 El 28 de mayo del 82 a. C. Marco Celio Rufo, amigo de Cicerón, 
que lo defendió en el Pro Coelio; muy elogiado como orador; sin embargo, 
Veleyo Patérculo no habla muy elogiosamente de sus actividades, (cf. 
Cic., Celio, Brut, 273; Quinr., Inst. Orat, XII 10, 11; TAc., Diál. sobre 
tos orad. 17; VxL., 11 36, 2; 68, 1). Gayo Licinio Macro Calvo, no muy 
apreciado como orador, destacó como poeta perteneciente al grupo de los 
neóterol, 


LIBRO VII 87 


mismo tiempo son engendrados amos y esclavos, reyes y 
pobres. 
Publio Cornelio Rufo, que fue cón- 


50 (51) . sul con Manio Curio, perdió la vista 


Diversos a Ñ 2 
ejemplos estando dormido, mientras soñaba que 


de enfermedades le sucedía esto*%, Por el contrario, Ja- 

són de Feras, que había sido desahu- 

ciado por los médicos por una vómica, cuando buscaba la 
muerte en el combate, encontró el remedio de manos de un 
enemigo al ser herido en el pecho*!, El cónsul Quinto Fa- 
bio Máximo en la batalla entablada junto al río Ísara contra 
los alóbroges y los arvernos, en la que murieron ciento 
treinta mil enemigos, el día sexto antes de las idus de agos- 
to, se vio libre de una fiebre cuartana en medio del comba- 
te*?, Es poco seguro y demasiado frágil este regalo de la 
naturaleza, cualquiera que sea el tiempo que se nos concede, 
realmente mezquino y breve incluso para aquellos a los que 
les tocó con mayor generosidad, por más que contemos ab- 
solutamente todo el tiempo de la vida, ¿Qué decir respecto a 
que, si se tiene en cuenta el descanso nocturno, cada uno vi- 
ve la mitad de su vida y otra parte igual transcurre parecida 
a la muerte o es un sufrimiento, si ese descanso no se pro- 
duce? Y no se piensa en los años de la infancia, en los que 


300 Publio Cornelio Rufo (Rufino en otros autores): cónsul con Manio 
Curio el 290 a, C., antepasado de Sila (cf. VEL., II 17,2); el censor Fabri- 
cio Luscino lo apartó del senado en el 275 por tener objetos de más de 
diez libras de plata; cf. Vat. Máx., 119,4; PLur., Sila 1 1; GeL., IV 8, 

301 Jasón, tirano de Feras, en Tesalía, entre 380 y 370, año en que fue 
asesinado. Vómica: «absceso formado en lo interior del pecho» (DRAE), 
(Sobre la anécdota, ef. C1c,, ND IO 70; Vat. MÁx., 18, ext. 6). 

302 En el año 121 a. C. Cneo Domicio Ahenobarbo venció a los arver- 
nos y Quinto Fabio Máximo a los alóbroges, el día 8 de agosto, junto al 
Isére, afluente del Ródano (cf. VeL., II 10, 2); por eso algunos autores 
dan a Fabio el nombre de Alobrógico. 


168 


169 


170 


838 HISTORIA NATURAL 


no se tiene uso de razón, ni en los de la vejez, en la que se 
vive para sufrir, ni en tantas clases de peligros, tantas en- 
fermedades, tantos temores, tantas preocupaciones que no 
hay un deseo más frecuente que la muerte, tantas veces 
llamada. Realmente la naturaleza no ha ofrecido a los hom- 
bres nada mejor que la brevedad de la vida. Se embotan los 
sentidos, se entorpecen los miembros, se amortigua la vista, 
el oído, el andar, incluso los dientes y el aparato digestivo, y 
sin embargo esto se cuenta como tiempo de vida, Por eso se 
encuentra como un prodigio, y de forma única, el ejemplo 
del músico Jenófilo, que vivió ciento cinco años sin ningún 
deterioro de su cuerpo*%, En cambio, ¡por Hércules!, a to- 
dos los demás, en cada parte de sus miembros, como a nin- 
gún otro ser, les vuelve un dañino calor o frío a determina- 
das horas, y no sólo horas, sino cada tres o cuatro días y 
noches, incluso durante todo un año. E incluso hay una en- 
fermedad que consiste en que se pierde la razón durante al- 
gún tiempo?*, Pues la naturaleza también ha puesto algunas 
leyes a las enfermedades: que la fiebre cuartana nunca co- 
mience en el solsticio de invierno ni durante los meses de 


30 Tenófilo de Cálcide, músico y filósofo pitagórico, s. rv a. C. El 
dato de su edad se encuentra en VALERIO MÁximo, VI 13, ext. 3. 

30 Lugar de difícil lectura e interpretación. Aqui seguimos la lectura 
de Maymorr, basada en la de Alciato, morbus est aliguantisper sapien- 
tiam mori, entendiendo que la pérdida de la razón es en cierta manera una 
enfermedad. La adoptan también Rackham y la edición de Einaudi. En 
cambio, la edición de Tusculum prefiere morbus est aliquis per sapien- 
tiam mori, de más difícil interpretación, Schilling la suprime en el texto y 
en la traducción por considerarla, con Ernout, una adición. F. HeRNÁN- 
DEZ, a quien no convence su propia traducción «morir por saber», en el 
comentario propone una ingeniosa interpretación per saepe mori O sem- 
per mori, «porque a la verdad la mayor enfermedad es la muerte y ésta 
consiste no sólo en el acabar, sino en ir acabando, lo cual comienza el día 
en que nacemos» (oc). 


LIBRO VU 89 


invierno; que algunas enfermedades no sobtevengan des- 
pués de los sesenta años y algunas se quiten en la pubertad, 
especialmente en las mujeres; que los ancianos sean muy 
poco sensibles a las epidemias, Y desde luego, las enferme- 
dades atacan a todos los pueblos y, sin discriminación, tanto a 
los esclavos como a los próceres y pasando por las demás 
clases. En esto se ha observado que las epidemias se propa- 
gan desde las zonas del sur hasta el occidente y casi nunca de 
otra manera, ni en invierno, ni que duren más de tres meses?%, 


Se ha observado que ya son sig-. 


nos de muerte: en la locura, la risa y, 
a su vez, en el delirio, la preocupación 
por los bordes del vestido y arrugar la 
ropa que le cubre, el desinterés hacia 
los que intentan reanimarlo, la emanación del cuerpo del lí- 
quido del que es indecoroso hablar; sobre todo, se observan 
indicios ciertamente indudables en el aspecto de los ojos y 
de la nariz y, también, en el hecho de estar tumbado conti- 
nuamente boca arriba, en el pulso arrítmico u hormigueante 
de las venas, y otros indicios que fueron observados por Hi- 
pócrates, el príncipe de la medicina*%, Y con ser innumera- 
bles los signos de muerte, no hay ninguno de una salud se- 
gura, por lo que Catón el censor transmitió a su hijo, como 
si se tratara de un oráculo, la siguiente observación acerca 
de los hombres fuertes: una juventud senil es indicio de una 
muerte prematura. Pero la cantidad de enfermedades es tan 
ilimitada que Ferecides de Siros expiró al brotarle del cuer- 


51 (52) 
La muerte 


25 Los Tratados Hipocráticos son la fuente de Plinio en lo referente a 
las enfermedades. 

306 Plinio sigue los síntomas letales enumerados en el tratado Prortós- 
tico; v. Tratados Hipocráticos 1, págs. 321-350, en esta misma colección 
(vol. 63). 


172 


173 


174 


90 HISTORIA NATURAL 


po una plaga de gusanos?”, Algunos tienen fiebre crónica, 
como Gayo Mecenas; éste mismo, en sus últimos tres años, 
no concilió el sueño un solo instante. El poeta Antípatro de 
Sidón todos los años era atacado por la fiebre sólo en su día 
natal, y en él murió después de una vejez bastante larga*, 
El consular Avíola revivió en la 
52 (52) pira y, como al cobrar fuerza las lla- 
soniónes |, mas no se le pudo ayudar, fue quema- 
después de muertos do vivo. Una caso parecido se cuenta 
del pretor Lucio Lamia?*””, Pues de Ga- 
yo Elio Tuberón, que había desempeñado el cargo de pretor, 
Mesala Rufo y muchos otros cuentan que fue retirado de la 
pira?*”. Esta es la condición de los mortales. Somos engen- 
drados para estos y otros azares semejantes de la fortuna, 
hasta el punto de que, respecto a un hombre, ni siquiera se 
debe estar seguro de su muerte, Entre los ejemplos encon- 
tramos que el alma de Hermotimo de Clazómenas, abando- 
nando su cuerpo, solía ir de un lado para otro y, en su vaga- 
bundeo, anunciaba desde lejos muchas cosas que no podían 
ser conocidas sino por alguien presente; entre tanto su cuer- 


307 Ferecides de Siros (s. vi a. C.), citado en PLiN., 11 191 y VIT 205, 
Traducimos serpentes por gusanos, pues, según Aristóteles, murió de fti- 
ríasis (cf. ArisT,, HA V 31, 55742), lo mismo que Sila y Alcmán, de 
quienes dice en XI 114, que murieron a consecuencia de un brote de gu- 
sanos. 

308 Sobre el insomnio de Mecenas (cf. Sén., Sobre la prov, MI 10). 
Antipatro de Sidón, s, na. C. (Cf, Var.. MÁx. 1 8 ext. 16). 

30% Al primero, Valerio Máximo lo llama Acilio Avíola, que podría 
tratarse de Acilio Aviola citado por Tácrro (An. TI 41) como legado en 
la Galia. Su hijo Manio Acilio Avíola fue cónsul en el 54 d. C., es decir, 
después de la publicación de la obra de Valerio Máximo. El caso de Lu- 
cio Elio Lamia, pretor en el 42 a. C., también aparece en VaLerIO MÁxiI- 
mo (1 8, 12). 

31% Gayo Elio Tuberón: no identificado. De Marco Valerio Mesala 
Rufo sólo se conservan fragmentos (cf. ARR, fr, 3). 


LIBRO VI 91 


po estaba medio muerto, hasta que quemándolo unos ene- 
migos suyos, que se llamaban Cantáridas, quitaron al alma, 
por así decir, la funda para su regreso?!!, También en Pro- 
coneso se vio el alma de Aristeas salir de su boca volando 
en forma de cuervo?!?; son muchas las fábulas que acompa- 
ñan a ésta*!%, De igual modo recojo también el caso de Epi- 
ménides de Cnoso que, siendo un muchacho, cansado por el 
calor y el camino, se quedó dormido en una cueva cincuenta 
y siete años y, al despertarse como si fuera al día siguiente, 
se extrañaba del cambio de aspecto de las cosas, cayendo 
después sobre él la vejez en igual número de días; a pesar 
de ello, sin embargo, vivió hasta los ciento cincuenta y siete 
años*!*, El sexo femenino parece especialmente propenso a 
este mal por la retroversión de la matriz, que si se corrige, 
hace recobrar la respiración; de eso trata aquel libro de He- 
raclides, famoso entre los griegos, con el caso de una mujer 
que fue devuelta a la vida después de estar siete días exáni- 
me?!5. Varrón mantiene también que, siendo él vigintíviro 
para el reparto de tierras, en Capua, uno que llevaban al fu- 
neral volvió desde el foro a casa por su pie; lo mismo suce- 
dió en Aquino?!” Y también en Roma, Corfidio, marido de 


31 Hermotimo de Clazómenas, filósofo legendario. Su historia se en- 
cuentra en varios autores (cf. TerT., Acerca del alma, 44; PLur., Sobre el 
demon de Sócrates 22, 592 c). 

312 Sobre la anécdota de Aristeas de Proconeso, cf. HeróD., IV, 14, 
15; AroLón., Hist. Mir, 2, 

213 Seguimos la lectura de Mayhoff. Casi cada editor propone una 
lectura distinta, aunque de sentido no muy diferente, 

314 La leyenda del sueño de Epiménides de Cnoso (cf. 154) la recogen mu- 
chos autores posteriores (cf. Dróc. Larr., 1 10, 2, 4; Paus,, 1 14, 4, entre otros). 

315 Heractides del Ponto: filósofo (s. tv a. C.), citado por Dióc. LAER., 
Proem. 12. 

326 Cf. Varrón, ARH 1 fr. 10 Mmescu, Capua y Aquino: cf. PLim,, TI 
43 y 63. Vigintíviro: miembro de la comisión encargada del reparto de 


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—- 


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177 


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92 HISTORIA NATURAL 


su tía materna, volvió a vivir después de que le hubieran 
preparado las honras fúnebres, y el que se las había prepa- 
rado las recibió de él. Añade unos prodigios que convendría 
revelarlos en su totalidad: sucedió que parecía que había 
muetto el mayor de los dos hermanos Corfidios, del orden 
ecuestre, y, una vez abierto el testamento, el menor, nom- 
brado heredero, se había ocupado del funeral; entretanto, el 
que parecía muerto, dando palmadas reunió a la servidum- 
bre y contó que él venía de parte de su hermano, que éste le 
había encomendado su hija, le había mostrado, además, en 
qué lugar había enterrado oro sin que nadie lo supiera, y ha- 
bía pedido que le hicieran las honras fúnebres que él había 
dispuesto. Mientras él contaba esto, los criados del hermano 
corrían a anunciar que aquél había muerto, y el oro se en- 
contró donde había dicho*!”. La vida, por lo demás, está lle- 
na de estos vaticinios, pero no deben ser mencionados, ya 
que muchas veces son falsos, como demostraremos con un 
gran ejemplo. En la guerra de Sicilia, Gabieno, uno muy 
valiente de la flota de César, capturado por Sexto Pompeyo, 
estuvo por orden de éste tirado un día entero en la playa, 
con el cuello cortado y apenas unido al tronco. Luego, al 
atardecer, congregada la multitud por sus ruegos y gemidos, 
pidió que Pompeyo fuera junto a él o enviara a alguien de su 
confianza, pues él, enviado de nuevo por los dioses infer- 
nales, tenía algo que anunciar. Envió Pompeyo a varios de 
sus amigos, a los que Gabieno dijo que la causa de Pompe- 
yo era grata a los dioses infernales, y su partido, justo; y por 


tierras que se realizó en la Campania en virtud de la Lex fulia Agraria (59 
a.C). 

317 Corfidio, no identificado, tal vez tuviera alguna relación: con el 
Lucio Corfidio del que dice Cicerón (Cartas a Át. XII 44, 3) que era 
muy amigo de los Ligarios. El suceso lo cuenta también Granto Lici- 
NIANO, S. 11 d, C, (cf, XXVIIE 7 FLemisciD). 


LIBRO VI 93 


eso, el resultado sería el que deseaba; que se le había orde- 
nado anunciar esto y que la prueba de veracidad sería que, 
en cuanto hubiera cumplido el encargo, él expiraria**, Y así 
sucedió. También hay ejemplos de apariciones después de 
la sepultura, sólo que estamos tratando de las obras de la 
naturaleza, no de los portentos, 


Por lo demás, las muertes repenti- 
53 (54) nas son las que producen mayor ad- 
Ejemplos cani e 
Ea miración y son muy frecuentes esta 
repentina es la mayor felicidad de la vida—, 


demostrarernos que éstas son natura- 
les. Verrio ha transmitido muchos casos, nosotros pondre- 
mos un límite con una selección?*!”, Murieron de gozo, ade- 
más de Quilón, de quien hemos hablado, Sófocles y Dioni- 
sio, tirano de Sicilia, ambos al recibir la noticia del éxito de 
una tragedia, y aquella madre de Canmnas al yer a su hijo a 
salvo en contra de una falsa noticia*%; de vergiienza, Dio- 
doro, profesor de lógica, al no resolver inmediatamente una 


318 Gabieno: personaje no identificado de la guerra de Sicilia (cf. $ 
148). 

319 Marco Verrio Flaco: gramático de la época de Augusto. Se tiene 
noticia de varias obras suyas: De ortographia, De priscis uerbis Catonis, 
De uerborum significatu, conocido a través de un extracto del s. 11, y Li- 
bri rerum memoria dignarum. (Cf, fr, 2 EcaER). 

22 Sobre Quilón, cf. $ 119. Sobre la muerte de Sófoctes, cf. Van. 
Máx., IX 12, ext. 5; Dio. XIH 103, 4; XV. 74, 2, Dionisio de Siracusa 
(c. 430-367 a, C.) llegó a tener un gran poder, que mantuvo incluso frente 
a Cartago; participó en certámenes literarios, incluso presentó en Atenas 
una tragedia, Tito Livio habla de dos madres que murieron al regreso de 
sus hijos de la batalla de Trasimeno (217 a, C.), una de ellas creyéndolo 
muerto; es la versión de Valerio Máximo. Aulo Gelio sigue a Plinio y lo 
sitúa tras Cannas (216 a, C), Cf. Liv. XX 1H 7, 13; Var. Máx., IX 2, 2; 
Ger, HI, 15, 4. 


130 


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94 HISTORIA NATURAL, 

adivinanza propuesta por Estilpón*!, Sin ninguna causa 
evidente murieron, mientras se calzaban por la mañana, dos 
Césares, el pretor y el padre del dictador César, que había 
sido pretor —éste en Pisa, aquél en Roma-——*2; Quinto Fa- 
bio Máximo murió la víspera de las calendas de enero du- 
rante su consulado; en sustitución suya, Gayo Rebilo obtuvo 
un consulado de poquísimas horas; y lo mismo, el senador 
Gayo Volcacio Gúrgite; todos en plenitud de facultades y 
tan sanos, que estaban pensando salir*?; Quinto Emilio Lé- 
pido, en el momento de salir, con el pulgar tocando el um- 
bral del dormitorio*”, Gayo Aufustio, después de salir, 
cuando iba al senado, al tropezar en el comicio*”, También 
un legado, que había defendido en el senado la causa de los 
rodios suscitando admiración, murió de repente en el umbral 
de la curia, al intentar andar; Cneo Bebio Tánfilo, que tam- 
bién había desempeñado el cargo de pretor, después de ha- 
ber preguntado la hora a un esclavo; Aulo Pompeyo en el 
Capitolio, después de cumplir con los dioses; el cónsul Ma- 
nio Juvencio Talna, mientras celebraba un sacrificio; Gayo 
Servilio Pansa, mientras estaba en el foro delante de una 
tienda a la hora segunda apoyándose en su hermano Publio; 
el juez Bebio, mientras mandaba que se pospusiera una or- 


321 Diodoro Crono, de Jaso, filósofo dialéctico de la escuela de Mega- 
ra, vivió en la corte de Alejandro Magno, Estilpón, filósofo de la misma 
escuela, enseñó en Atenas hacia el 320 a, C.; cf. Dióo. Larr. 1 10, 7; I 
111. : 

322 RI primer César puedé ser Lucio Julio César, pretor en el 166 a. C. 
Gayo Julio César, padre del dictador, murió en el 85 a. C, 

323 Quinto Fabio Máximo murió el 31 de diciembre del 45 a. C. Gayo 
Caninio Rebilo, nombrado cónsul para sustituirlo las horas que quedaban 
del último día de su consulado (cf. TAc., Hist, II 37; PLur., Cés. 58). 

324 Quinto Emilio Lépido: cónsul en el 21 a. C. 

325 Comicio: plaza delante de la Curia, donde se celebraban las asam- 
bleas del pueblo, 


LIBRO Vu 95 


den de comparecencia; Marco Terencio Córax, mientras es- 
cribía en unas tablillas en el foro**, Todavía más, el año 183 
pasado un caballero romano murió mientras hablaba al oído 
a un consular delante del Apolo de marfil que está en el foro 
de Augusto; sobre todos, el médico Gayo Julio, mientras 
aplicaba un líquido a un ojo pasando una sonda; el consular 
Aulo Manlio Torcuato, mientras pedía un pastel en una cena; 
el médico Lucio Tucio Vala, mientras bebía vino con miel; 
Apio Saufeyo, al volver del baño después de haber bebido vi- 
no con miel y cuando estaba tomando un huevo; Publio 
Quincio Escápula, mientras cenaba en casa de Aquilio Galo; 
el escriba Décimo Saufeyo, mientras almorzaba en su casa?””. 
Murieron durante el acto sexual: Comelio Galo, el que fue 184 
pretor, y el caballero romano Tito Hetereyo, y dos del orden 
ecuestre, que fueron señalados en nuestra época por el amor 
del mismo pantomimo, Místico, que entonces era de una be- 
lleza extraordinaria, Sin embargo, el ejernplo más perfecto de 
serenidad ante la muerte lo cuentan los antiguos en el caso de 
Marco Ofilio Hílaro; éste, actor cómico, después de haber te- 
nido un gran éxito entre el pueblo el día de su cumpleaños y 


85 


326 Como embajador de los rodios, el 167 a, C., fue a Roma Teedeto, 
que permaneció allí hasta su muerte, Gneo Bebio Tánfilo: pretor en el 
168 a. C. Entre los que llevan el nombre de Aulo Pompeyo podría tratarse 
del que fue tribuno de la plebe en el 102 a, C, Manio Juvencio Talna: 
cónsul en el 163 a. C. (of. VAL. Máx., IX 12, 2). Gayo y Publio Servilio 
Pansa: tal vez del final de la época republicana, Marco Terencio Córax 
podría ser un liberto de Varrón. 

227 Aulo Manlio Torcuato: tal vez el que fue pretor en el 167 y cónsul 
en el 164 a, C, Algunos editores en lugar de «el médico Lucio Tucio Va- 
la», leen «Lucio Tucio, médico de Sila»: en ambos casos, sin identificar. 
Apio Saufeyo y Décimo Saufeyo, sin identificar, se supone también que 
son del final de la República. Publio Quintio Escápula: s. 1 a. C.; Gayo 
Aquilio Galo fue pretor con Cicerón en el 66 a, C.; según Scnitina, ha- 
bría muerto antes del 44 a. C., fecha en la que se supone murió Quintio 
(cf. com. ad loc.), 


186 


96 HISTORIA NATURAL 


mientras celebraba el banquete, avanzada la cena, pidió una 
taza de caldo y al mismo tiempo, al ver la máscara que había 
llevado ese día, le pasó la corona de su cabeza, quedándose 
rigido en esa posición sin que nadie se diera cuenta, hasta que 
el más próximo de los comensales le fue a advertir que el cal- 
do se estaba enfriando*, 

Estos son ejemplos de felicidad, pero frente a ellos son 
innumerables los de desgracias: Lucio Domicio, de una fa- 
milia muy ilustre, que fue vencido por César ante Marsella y 
capturado también por él en Corfinio, bebió veneno, cansa- 
do de vivir y, después de haberlo bebido, puso todo su em- 
peño en vivir*”, Se encuentra en las actas que cuando se le 
estaban haciendo las honras fúnebres a Félix, un auriga de 
la facción roja, uno de sus simpatizantes se arrojó a la pira, 
algo que no merecería la pena decir, pero, para que esto no 
redundara en gloria de su autor, sus adversarios le acusaron 
de que se había caído mareado por la abundancia de perfu- 
mes*, No mucho antes Marco Lépido, de una familia muy 
noble, que hemos dicho que murió de la angustia producida 
por el divorcio, fue arrojado de la pira por la violencia de las 
llamas y, al no poder colocarlo de nuevo en ella a causa del 
calor, fue incinerado desnudo cerca con otra leña?!, 


2328 Sobre Cornelio Galo y Tito Hetereyo, cf. Van. Máx., IX 12, 8. El 
primero puede estar relacionado con el posta Gayo Cornelio Galo, Se 
cree que el resto de los personajes citados, no identificados, pertenece al 
final de la República o primera época de Augusto. 

3 Lucio Domicio Ahenobarbo: pretor en el 58, cónsul en el 54 a. C.; 
tomó partido por Pompeyo; combatió a César después de ser indultado en 
Corfinio y salvar la vida en Marsella; murió en una escaramuza tras la 
batalla de Farsalia. 

330 En las carreras de carros había cuatro bandos o facciones: rojo, 
blanco, verde y azul. El público seguía las carreras con gran pasión y los 
aurigas recibían el fervor de la gente, 

Il Sobre Marco Emilio Lépido, cf. $ 122, 


LIBRO VI 97 


El hecho mismo de la incineración 137 


no es institución antigua entre los ro- 
manos: eran cubiertos con tierra; pero 
fue establecida en el momento en que 
se enteraron de que, en las guerras en 
lugares remotos, desenterraban a los que habían sido ente- 
rrados?, Y, sin embargo, muchas familias conservaron los 
ritos antiguos, como la Cornelia, en la que se dice que nadie 
fue incinerado antes del dictador Sila, y que lo había queri- 
do temiendo el talión, cuando desenterraron el cadáver de 
Mario**, [Realmente, por sepultado debería entenderse el ca- 
dáver ocultado, sea cual sea la manera; y por enterrado, el 
que ha sido cubierto con tierra] **. 


54 (55) 
La sepultura 


55 (56) Después de la sepultura son vanas 
Los manes, las divagaciones acerca de los ma- 
praia nes”, A partir del último día todos 


tienen lo mismo que antes del primero, y a partir de la 
muerte ni el alma ni el cuerpo tienen algún sentido más que 
antes del nacimiento. Pues la misma vanidad se extiende 
también hasta el futuro e incluso para el momento de la 


332 Ta arqueología indica que desde muy antiguo se practicaban la in- 
cineración y la inhumación; la diferencia parece deberse a los distintos 
asentamientos humanos en época prehistórica. 

333 La gens Cornelia fue una de las más importantes de la época repu- 
blicana, Sila había ordenado desenterrar el cadáver de Mario y arrojarlo 
al Aniene (cf. Cic., Sobre las leyes 156; VaL. Máx,, IX 2, 1). 

33 Los corchetes son debidos a Mayhoff, La misma diferencia entre 
sepelire y humare se encuentra en Isiporo, Etim, X 121; 262; X1 2, 37, 

335 En la traducción de Francisco Hernández se elimina todo el capí- 
tulo 55, En cambio hay una larga refutación, desde un punto de vista 
cristiano, de lo expuesto por Printo, Dada la fecha de la traducción (c. 
1576), cabe suponer una cierta cautela ante la Inquisición, 

33 Vanae es la lectura de Mayhoff frente al yariae de otros editores. 
Manes «dioses de los muertos» (ef. Isi., Etim, VII 11, 100), 


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189 


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98 HISTORIA NATURAL 


muerte se promete falsamente una vida, unas veces dando 
inmortalidad al alma, otras la transmigración, otras dando: 
sentido a los infiernos y honrando a los manes y haciendo 
dios a quien incluso ha dejado de ser hombre, como si real- 
mente la manera de respirar fuera diferente del resto de los 
seres o no se encontraran en la vida muchas cosas más du- 
raderas, para las que nadie prevé esa inmortalidad. Por otra 
parte, ¿qué clase de cuerpo tiene el alma por sí misma? 
¿Qué materia? ¿Dónde el pensamiento? ¿De qué modo tiene 
vista y oído o con qué toca? ¿Qué utilidad obtiene de estos 
sentidos o qué beneficio sin ellos? Finalmente, ¿cuál es su 
sede o cuánta la cantidad de almas a modo de sombras en 
tantos siglos? Esas son imaginaciones propias de consuelos 
infantiles y de una naturaleza mortal ávida de no dejar nun- 
ca de existir. Tal es también, respecto a la conservación de 
los cuerpos y la promesa de revivir, la vanidad de Demó- 
crito, que no revivió tampoco?*”, ¡Ay! ¿Qué es esa locura de 
que la vida comienza de nuevo con la muerte? o ¿qué des- 
canso tienen jamás los que han nacido si el alma conserva 
sus facultades en los lugares superiores y su sombra en los 
inferiores? Sin duda esa seducción y credulidad echa a per- 
der el principal bien de la naturaleza, la muerte, y duplica el 
dolor del que va a morir, con el pensamiento de que también 
va a existir después. Pues si es dulce vivir, ¿para qué puede 
servir haber vivido? En cambio ¡cuánto más fácil y seguro 
es que cada uno confíe en sí mismo y saque de la experien- 
cia anterior al nacimiento el ideal de serenidad! 


22 Plinio se refiere de nuevo a Demócrito en términos despectivos. 
Lo hizo antes al hablar de la divinidad (cf. PLrN., 11 14). 


LIBRO Vu 99 


Parece lógico, antes de dejar la 
56 (57) naturaleza humana, dar a conocer qué 


cabe % cosas inventaron algunos: comprar y 


durante su vida vender lo instituyó (Mercurio; vendi- 
miar,) el padre Líber**; él mismo in- 
ventó la corona como insignia real y el triunfo; Ceres, el tri- 
go, ya que antes se alimentaban de bellotas, y también el 
molerlo y trabajarlo, en el Ática y, según otros, en Sicilia, 
por eso fue considerada diosa. Ella misma fue la primera 
que dio leyes; según creyeron otros, fue Radamanto **”, 
Yo pienso que los asirios siempre han tenido letras? 
pero otros, como Gelio**!, pretenden que fueron descubier- 


338 En estos capítulos Plinio ofrece una interpretación racionalista de 
los mitos. Mercurius, uindemiare es conjetura de Mayhoff de acuerdo 
con el significado de los personajes: Mercurio, dios romano del comercio 
(el nombre está relacionado con la palabra merx «mercancía»); posterio- 
mente toma las características y atributos del griego Hermes. Líber, Baco 
(cf. $ 95), tras su conquista de la Indía, obtuvo un triunfo; en el cortejo 
iba él en un carro arrastrado por panteras acompañado de los dioses me- 
nores relacionados con el personaje. 

339 Ceres, identificada con la Deméter griega. El nombre latino está 
relacionado con la raíz de cresco, sería «la que hace crecer». Ya en Vir- 
gilio aparece como inventora de la agricultura (cf. Vira., Geórg. 1 147- 
148; Isi, Etim, XVI 1, 2; 3, 1, 19); uno de los sobrenombres de Deméter 
era el de Tesmóforo «legisladora» (cf. HzrónD., VI 91, 2); en su honor se 
celebraban las tesmoforias; principales lugares de su culto, Eleusis y Si- 
cilia. A Radamanto, hombre prudente y justo, se le atribuye la redacción 
de un código para Creta; a su muerte fue encargado de j juzgar a los muer- 
tos junto con su hermano Minos, 

34 Seguimos la lectura Assyriis. Hemos preferido mantener «letras», 
que aquí se entendería no como «signo del alfabeto», sino como «signo 
escrito» en general. Sobre el origen del alfabeto, cf. Ism., Etim. 13, 4-7. 

3441 Gneo Gelio, historiador (entre los siglos n-1 a, C.), escribió unos 
Anales, perdidos (cf. HRF 2). 


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, 192 


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100 HISTORIA NATURAL 

tas por Mercurio entre los egipcios**, otros que entre los si- 
rios; unos y otros, que Cadmo las llevó a Grecia desde Feni- 
cia en número de dieciséis?%%, a las que en la guerra de Tro- 
ya Palamedes añadió cuatro con las siguientes formas: 
Z Y O X”*; después de él, el poeta lírico Simónides, otras 
tantas: Y E Q 0; en las nuestras se reconoce el carácter 
esencial de todas ellas. Aristóteles piensa más bien que las 
primitivas fueron dieciocho y que dos, X y Z, fueron aña- 
didas por Epicarmo**% mejor que por Palamedes. Anticlides 
cuenta que las inventó en Egipto alguien llamado Menón, 
quince mil años antes de Foroneo, el rey más antiguo de 
Grecia, e intenta probarlo con documentos? En sentido 
opuesto, Epígenes enseña que en Babilonia hay inscripcio- 
nes en ladrillos cocidos con observaciones de estrellas de 
setecientos veinte mil años; y es un autor de los más riguro- 
sos; los que menos ponen, Beroso y Critodemo, dicen cua- 
trocientos noventa mil; por lo que está claro que el uso de 
las letras es eterno. Al Lacio las trajeron los pelasgos?”, 


3% Mercurio aquí se aparta del Hermes griego, ScmiLina lo conside- 
ra interpretación del Toth egipcio (o. c., com, ad 1,), 

43 Cadmo: hijo de Agenor y hermano de Europa, Cilix y Fénix; tras 
el rapto de Europa, pasó a Grecia en su busca. 

344 Palamedes: héroe relacionado con la guerra de Troya; su ingenio 
es equiparable al de Ulises, En éste y en los siguientes grupos de letras 
griegas seguimos la lectura de Mayhoff. 

345 Epicarmo de Sicilia: poeta cómico (c. 540-460 a. C.); cf. Hio,, 
Fáb. 277, 

346 Anticlides: escritor ateniense de antigiiedades (s, m a. C). Menón 
(o Menes en Mayhoff): no identificado. Foroneo: hija del dios-rio Ínaco, 
enseñó a los hombres el uso del fuego y la vida en ciudades. 

347 Pelasgos: cf. Pr.w,, 1 50-51, 56 y 71. 


LIBRO VI 101 


Los primeros que construyeron obras de ladrillo y casas 
fueron los hermanos Euríalo e Hiperbio en Atenas?**%; antes 
había cuevas en lugar de casas, Gelio admite que el inventor 
de la construcción con barro es Toxio, el hijo de Celo, que 
había tomado modelo de los nidos de las golondrinas?**, 
Cécrope a partir de su nombre llamó Cecropia a la pobla- 
ción que ahora es la ciudadela en Atenas?%, Algunos pre- 
tenden que Argos fue fundada antes por el rey Foroneo; se- 
gún otros, también Sición; a su vez, los egipcios, que allí se 
fundó mucho antes Dióspolis**!, Cíniras, hijo de Agrío- 
pe*%, inventó las tejas y también las minas de cobre, las dos 
cosas en la isla de Chipre; asimismo las tenazas, el martillo, 
la palanca y el yunque; Dánao, los pozos, después de llegar 
desde Egipto a Grecia, por la parte que se llamaba Argos 
Dipsio?*%; Cadmo, las canteras en Tebas o, según Teofrasto, 
en Fenicia; Trasón, las murallas; las torres, según Aristóte- 
les, los cíclopes, los tirintios, según Teofrasto. Los egipcios, 
los tejidos; teñir la lana, los lidios en Sardes; Clóster, el hijo 
de Aracne, los husos en el arte de trabajar la lana; el lino y 


24 No se trata de los personajes mitológicos que llevan esos nombres. 
Pausanias llama Agrolas e Hiperbio a los constructores pelasgos de la 
Acrópolis de Atenas (cf. Paus., 128, 3). 

349 Gelio, Gneo (cf. GaL., HRR fr. 4 Perer). Toxius Caeli, traducimos 
«Toxio, el hijo de Celo» porque, al no ser un héroe mitológico, no parece 
que se deba entender «Cielo» o «Urano». 

35 Cécrope, primer rey mítico del Ática, enseñó a construir ciudades, 
por lo que dieron su nombre a la Acrópolis de Atenas (cf. Esrr,, IX 319). 
También Isioro (Etim. XV 1, 44) cita a Cécrope como fundador de Ce- 
cropia, llamada después Atenas en honor a Minerva, 

3% Dióspolis Magna: Tebas de Egipto (cf. PLax,, Y 60). 

352 A Cíniras, citado en 154, se le atribuyen distintas filiaciones; sólo 
en este pasaje de Plinio aparece como hijo de Agríope, personaje desco- 
nocido. 

3% Dánao: epónimo de los dánaos, hermano de Egipto; huyendo de él, 
desembarcó en Argos, donde llegó a ser rey. Dipsio: «la sedienta». 


1 


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102 HISTORIA NATURAL 


las redes, Aracne; el arte de batanar, Nicias de Mégara, y el 
arte de la zapatería, Tiquio de Beocia. En cuanto a la medi- 
cina, los egipcios pretenden que fue descubierta por ellos; 
otros, que por Árabo, hijo de Babilonia y de Apolo; la bo- 
tánica y la farmacia fueron descubiertas por Quirón, el hijo 
de Saturno y Filira. Aristóteles cree que Lido de Escitia en- 
señó a fundir y templar el bronce, Teofrasto, que fue Delas 
de Frigia?*%; el arte de trabajar el bronce, unos creen que lo 
enseñaron los cálibes?%, otros, los cíclopes; Hesíodo, que el 
hierro lo enseñaron en Creta aquellos que fueron llamados 
Dáctilos del Ida?%, La plata la descubrió Erictonio de Ate- 
nas, según otros, Éaco?”; las minas de oro y su fundición, el 
fenicio Cadmo junto al monte Pangeo, según otros, Toante 
o Éaco en Pancaya, o el Sol, hijo del Océano, a quien Gelio 
atribuye también la invención de la medicina basada en los 
minerales*%, El primero que trajo plomo desde la isla Casi- 
téride fue Midácrito %%, El arte de trabajar el hierro lo des- 


35 Cf. ArrsT,, fr. 602 Rose. Lydum Scithen: «Lido de Escitia» o, se- 
gún otros traductores, «Escites de Lidia», En ambos casos, personaje des- 
conocido, lo mismo que Delas de Frigia. 

355 Entre la Paflagonia y la Cólquide; cf. PLin., VI 11, n. 42, en esta 
misma colección (vol, 250). 

356 Cf. Hes,, fr. 282 MerkreLBaca-Wesr. Dáctilos («dedos») del Ida: 
una especie de genios relacionados con Rea, de gran habilidad manual, 
especialmente con los metales. : 

357 Brictonio: hijo de Hefesto y Gea, uno de los primeros reyes de 
Atenas. Éaco, hijo de Zeus y la ninfa Egina. 

35 Pangeo: en Macedonia, cf. PLmm., TV 40 y 42. Toante: hijo de Baco 
y Ariadna, rey de Mirina, en Lemnos. Pancaya: isla mitológica que esta- 
ría en el Océano Índico (cf. Hia., Fáb, 274, 4). El Sol: Helios, hijo de Hi- 
perión y Tía; aquí se le dice «hijo del Océano», tal vez, porque el sol al 
amanecer surge del mar (cf. ScuaLinG, com. ad loc.). 

352 En las ediciones de Rakham y Tusculum se lee plumbum album 
«estaño». Las islas Casitérides: en el Atlántico (cf. PLmx., IV 119). En 
otros autores se atribuye a Midas, por lo que se-han propuesto lecturas 


LIBRO VII 103 


cubrieron los cíclopes; la alfarería, Corebo de Atenas y, 
dentro de ella, el torno, Anacarsis de Escitia, según otros, 
Hiperbio de Corinto*%, El arte de trabajar la madera, Dé- 
dalo*!, y también, dentro de ella, la sierra, el hacha, la plo- 


mada, el taladro, la cola y la cola de pescado; en cambio la 


escuadra, el nivel, el torno y la llave, Teodoro de Samos 3%; 


los pesos y medidas, Fidón de Argos o Palamedes, como 
prefirió Gelio*; el fuego a partir del sílex, Pírodes, el hijo 
de Cílix?%; a conservarlo en una férula, Prometeo3%; el 
vehiculo con cuatro ruedas, los frigios; el tráfico comercial, 
los cartagineses; la viticultura y la arboricultura, Eumolpo 
de Atenas?*; a mezclar el vino con agua, Estáfilo, el hijo de 


alternativas a Midácrito, no conocido en otros autores, como Midas Phri- 
gíus o Midas Phryx, 

36% Anacarsis de Escitia: principe del s. vu a, C. al que se atribuyen 
varios inventos (cf. PLAT., Rep, 10, 600a; Sén., Epís, 90, 31); aparece ci- 
tado de nuevo en 194 y 209. Hiperbio de Corinto, distinto de los persa- 
najes del mismo nombre citados en 194 y 209, 

36! El ingenioso constructor mítico relacionado con el ciclo del Mi- 
notauro. Se le atribuyen numerosos inventos. 

36 Hijo de Telecles (s. v1 a. C.): también considerado como uno de 
los inventores de la escultura en bronce (cf, Paus., VIT 14, 8; IX 41; X 
38, 5). y 
363 Fidón de Argos: de cronología dudosa, entre el s. 1x y el vu a. C. 
HeróDOoTO también lo cita como inventor de los pesos. y medidas (cf. 
HeróD., VI 127, 3). Palamedes: cf. $ 192. Gelio, cf. HRR, fr. 6, 

36 Pirodes: nombre relacionado con pir, «fuego» en griego. Cílix, 
epónimo de Cilicia; ScHILLING cree ver un juego de palabras con silex 
(op. cit., com, ad loc.). : 

365 Titán: hijo de Jápeto, benefactor de la humanidad por haber roba- 
do el fuego de los dioses para dárselo a los hombres. 

366 No se trataría del mítico Eumolpo al que se atribuye la institución 
de los misterios de Eleusis, que es de origen tracio. 


199 


200 


104 HISTORIA NATURAL 


Sileno?, el aceite y las almazaras, Aristeo de Atenas*; él 
mismo, la miel; el buey y el arado, Búciges de Atenas, se- 
gún otros, Triptólemo?*”; el estado monárquico, los egip- 
cios; el democrático, los áticos después de Teseo?”, El pri- 
mer tirano fue Fálaris de Agrigento?*”. La esclavitud la 
inventaron los lacedemonios?”?, El primer juicio con pena 
capital se llevó a cabo en el Areópago?”, 

Los africanos fueron los primeros que lucharon contra 
los egipcios con los garrotes que llaman falangas?”*. Las ro- 
delas las inventaron Preto y Acrisio, luchando entre ellos, o 
Calco, el hijo de Atamante*”*; la loriga, Midias de Mesenia; 


367 Estáfilo «el racimo» en griego, nombre de varios personajes rela- 
cionados con Baco; su filiación como hijo de Sileno sólo es conocida por 
este pasaje de Plinio, Sileno, sátiro que educó a Baco, 

368 Hijo de Apolo y la ninfa Cirene, educado por el centauro Quirón y 
las musas, enseñó a los hombres lo que había aprendido de ellos, espe- 
cialmente el cultivo del olivo y la apicultura (cf. C1c., ND IM 45; VirG., 
Geór,, IV 315 y ss; PLmw., XTV 53). 

362 Búciges «el que unce los bueyes», personaje mítico relacionado, 
además, con la organización de Atenas y la introducción en ella del Pala- 
dio. Triptólemo, héroe relacionado con el culto a Ceres, que le habría en- 
señado la agricultura (ef, Hic., Fab, 277, 4). 

37 Héroe mítico de Atenas anterior a la guerra de Troya. Su vida se 
relaciona con numerosas hazañas, entre ellas la derrota del Minotauro en 
Creta, Se le atribuye la organización como estado de Atenas. 

3M Tirano famoso por su crueldad (570-554 a, C.). Agrigento, ciudad 
de Sicilia (cf. PLiw., HI 89). 

37 Esta afirmación de Plinio se interpreta en relación con los esclavos 
estatales, los ¡lotas, no con la esclavitud en general. 

333 Arcópago «colina de Ares», en el lado occidental de la Acrópolis, 
En ella se juzgaban las causas criminales, 

3% La misma noticia en Hic., Fád, 274, Falanga, origen de «palanca», 
en griego es igual que «falange». Eran los rodillos que se utilizaban para 
desplazar fardos, máquinas, etc, (cf. Cés,, Guerra Civil Il 10, 7). 

375 Preto y Acrisio, hijos gemelos del rey de Argos; en la lucha por el 
trono, venció Acrisio; más tarde su hermano obtuvo Tirinto. Atamante, 
de Beocia, hijo de Eolo, nieto de Helena; a pesar de su complicada leyen- 


LIBRO VII 105 


el casco, la espada y el asta?”*, los lacedemonios; las grebas 
y los penachos, los carios. Dicen que Escites, el hijo de Jú- 
piter?”, inventó el arco y la flecha; otros, que las flechas las 
inventó Perses, el hijo de Perseo?”; las lanzas, los etolios; el 
dardo con abrazadera, Etolo, el hijo de Marte?””; las astas de 
los vélites, Tirreno*%; la jabalina, la amazona Pentesilea; la 
segur, Piseo; los venablos y, entre las máquinas de guerra, el 
escorpión, los cretenses; la catapulta, los sirios; los fenicios, 
la balista y la honda; la trompeta de bronce, Piseo, el hijo de 
Tirreno*!; la testudo, Artemón de Clazómenas?**”; entre las 


da es difícil de relacionar con Calco, rey de los daunios, al sur de Italia. 
R. Schilling sugiere una relación entre Chaleos y el significado de esta 
palabra en griégo, pues el clupeus o escudo redondo era metálico. 

3%6 El gladius, espada corta, «española», aparece atestiguada desde la 
Segunda Guerra Púnica. El hasta era una especie de pica o lanza no arro- 
jadiza. Cf. M. Marín Y Peña, Instituciones militares romanas, págs. 398- 
99, 

3 Escites, héroe epónimo de los escitas, generalmente es considera- 
do hijo de Hércules; como hijo de Júpiter aparece en Drop. 11 43. 

3% Perseo, hijo de Júpiter y Dánae. Entre sus hazañas está el haber 
cortado la cabeza de Medusa. Al regreso salvó a Andrómeda, con la que 
se casó después. Un hijo de ambos es Perses. 

379 Traducimos taculum por dardo; en $. Ismoro la que está provista 
de abrazadera en el centro del mástil es la lancea (cf. Isw., Etim. XVI 7, 
5). Etolo, epónimo de Etolia; su filiación con Marte no aparece en otros 
autores, 

38% Los vélites eran la infantería ligera en el antiguo ejército romano. 
Sus astas eran arrojadizas; sólo disponían de este tipo de armas. Tirreno, 
epónimo de los Tirrenos. 

38 Desde «da jabalina» a «la honda», seguimos la lectura de R. Schi- 
lling. Mayhoff añade eundem ante pilum con lo que se cambia la puntua- 
ción y, por tanto, la atribución de los inventos. Lee «sirofenicios», como 
inventores de la ballesta y la honda. A partir de ahi sigue la misma pun- 
tuación, La jabalina, pilum, erauna lanza arrojadiza con mango de madera, 
el venablo era más corto y quizá sin mango. Posiblemente el escorpión y 
la catapuita se utilizaban para disparar flechas, y la balista, piedras, (cf. 
M. Marín Y Peña, op. cif., págs. 428-29). La amazona Pentesilea luchó y 


201 


202 


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106 HISTORIA NATURAL 


máquinas para derribar murallas: el caballo (que ahora se 
llama ariete), Epio, ante Troya**; a montar a caballo, Bele- 
rofonte3%, los frenos y las sillas de los caballos, Peletro- 
nio?*%, a luchar a caballo, los tesalios, que recibieron el nom- 
bre de «centauros» y habitaban a lo largo del monte Pelio. 
Los primeros que uncieron las bigas, fueron los frigios; las 
cuadrigas, Erictonio***, En la guerra de Troya Palamedes 


inventó la formación en el ejército, dar la consigna , las té- 


seras y las guardias nocturnas?*%”; en la misma guerra, la in- 


dicación de los puestos de guardia, Sinón; las treguas, Li- 
caón*, y los pactos, Teseo. 

La ciencia augural procedente de las aves la inventó 
Car, de quien recibe el nombre Carta; la del resto de los ani- 
males la añadió Orfeo; la aruspicina, Delfo; la adivinación 


murió en Troya a manos de Aquiles, que se enamoró de ella después de 
herirla. Piseo, héroe etrusco de Pisa, 

382 La testudo o tortuga aquí no se refiere a la formación táctica, sino 
a un ingenio con ruedas utilizado para proteger a los soldados en asaltos 
o en trabajos de fortificación. Artemón, ingeniero de la época de Pericles 
o anterior (cf. PLur., Per. XX VID. 

283 Bpio, Epeo, citado en Hom., Od. VII 492, y s. y Viro., En. I 264 
como artífice del cabalio; podría estar sugerido porque el ariete a veces 
estaba provisto de ruedas y una cubierta, 

38% Hijo de Poseidón y Euriínome. Montado en el caballo alado Pega- 
so, se enfrentó a la Quimera y la derrotó, 

385 Peletronio podria ser el héroe epónimo del lugar de Tesalia donde 
vivían los lápitas. En Vira., Geórg. MI 115, los lápitas son los inventores 
de los frenos y el arte de la equitación, 

38 Cf, VirG,, Geór. M 113, 

387 Las téseras eran pequeñas tablillas de madera que, en las guardias 
nocturnas, los centinelas debían entregar a los de la ronda, y éstos a los 
tribunos, para comprobar la realización del servicio. 

288 Sinón, espia griego en Troya, (cf. VirG., En. 1 57 y ss.). Existen 
varios personajes con el nombre de Licaón, aquí puede referirse al hijo de 
Priamo; Aquiles lo mató después de intentar inútilmente que aceptara un 
rescate. 


LIBRO VII 107 


por el fuego, Anfiarao; por la observación de las vísceras de 
las aves, Tiresias de Tebas?**”; la interpretación de aparicio- 
nes y sueños, Anfictión*”, La astrología, Atlante, el hijo de 
Libia, según otros, los egipcios y según otros, los asirios; 
dentro de ella, la esfera, Anaximandro de Mileto**!; la teo- 
ría de los vientos, Eolo, el hijo de Helén?*%, La música, An- 
fión39%, la siringa y la flauta simple, Pan, el hijo de Mercu- 
rio; la flauta travesera, Midas en Frigía; la flauta doble, 
Marsias en la misma nación?*”*; los modos lidios, Anfión; 


3% Car, epónimo de Caria, pasa por ser hijo de Foroneo. Orfeo, hijo 
de Eagro y la musa Calíope, Delfos, epónimo de Delfos, hijo de Poseidón 
y Melanto, Anfiarao, adivino protegido por Zeus y Apolo, hijo de Oícles 
e Hipermestra. Tiresias, el célebre adivino que, después de haber sido 
hombre y mujer, fue privado de la vista por Juno. Dentro de las artes adi- 
vinatorias, los auspicios se basaban en la observación del vuelo de las 
aves; la aruspicina, en la de las entrañas de las aves u otras víctimas sa- 
crificadas, y la exticina, en la de las vísceras principales. Es extraña la in- 
clusión aquí de la piromancia. En cuanto a los inventores, Plinio no sigue 
la tradición general (cf. Cic. Sobre la adivinación 1 87-88). Por otra par- 
te, algunas de estas artes, como la de los arúspices, llegaron. a Roma a 
través de los etruscos, como parece probar la palabra haruspex con el 
tratamiento fonético de -14-. 

39 Segundo hijo de Deucalión y Pirra, Es considerado fundador de la 
anfictionía 

3% Cf. PLmw,, 11 31, n. 34 y 36 de esta colección. Allí da como inven- 
tor de la astrología a Anaximandro, y de la esfera, a Atlante. 

32 Cf. Puew., IV 28. 

13 Hijo de Zeus y Antíope, esposo de Níobe; colaboró con su herma- 
no Zeto en la construcción de las murallas de Tebas atrayendo a las pie- 
dras con la música de su lira y su canto 

39 Pan, personaje pintoresco que habita en los bosques; aquí es hijo 
de Mercurio, a veces pasa por hijo de Júpiter. Midas, rey de Frigia famo- 
so por el don, que le había concedido Sileno, de transformar en oro lo que 
tocaba y por las orejas de asno que le había impuesto Apolo como castigo 
por considerar injusta la victoria del dios sobre Pan (o Marsias). Sobre 
Marsias (cf. PLix., V 106). La fistula, siringa, «flauta de Pan», estaba 
formada por siete cañas de distinto tamaño formando escala (cf. ViraG., 


204 


205 


108 HISTORIA NATURAL 


los dorios, Támiras de Tracia; los frigios, Marsias de Fri- 
gia?”, la citara, Anfión; según otros, Orfeo, y según otros, 
Lino?%, Con siete cuerdas la tocó por primera vez Terpan- 
dro, añadiendo tres a las cuatro primeras; Simónides añadió 
la octava y Timoteo la novena?”, Támiris*% fue el primero 
que, sin acompañamiento de voz, tocó la cítara; acompaña- 
do de canto, Anfión; según otros, Lino. Terpandro compuso 
poemas para cítara. Árdalo de Trecén instituyó el canto con 
acompañamiento de flautas*”. Los Curetes enseñaron la 
danza guerrera y Pirro la pírrica, ambas en Creta*%, Debe- 
mos el verso heroico al oráculo Pitio*”, Sobre el origen de 


Buc. 11 36). La flauta simple, monaulo, tocaría en un solo tono, La flauta 
doble, muy frecuente, consistía en tocar dos flautas juntas. 

295 Támiras, hijo del músico Filamón y la ninfa Argíope, o de las mu- 
sas Erato o Melpómene; rivalizó con las musas y, vencido, arrojó su lira 
al río Bálira del Peloponeso. Modos, modulos, la disposición de sonidos o 
tonos para formar escalas, Los más antiguos son el dorio, el frigio y el li- 
dio, , 

2% Tino pasa por ser hijo de Apolo y Pásmate, hija del rey de Argos; 
otras veces de Anfimaro y Urania o Caliope, lo que le haria hermano de 
Orfeo. En una de las leyendas relacionadas con él se dice que enseñó el 
arte del canto y de la lira a Támiras. 

22 Terpandro de Lesbos (primera mitad del s. vm a. C.), además de 
crear la cítara de siete cuerdas y escribir poemas acompañados de ella, 
como dice más abajo, abrió una escuela de música en Esparta. Simónides 
de Ceos, v. 89, Timoteo de Mileto (s. v-1v a, C.); sólo se conservan frag- 
mentos, algunos en papiro, 

29 Es el mismo Támiras de arriba, : 

29 La lectura Árdalo es conjetura de Harduino basada en ús: 
Mus, 5, 1333a, 

400 Los Curetes, de los que se conocen varias lod bailaban 
entrechocando ruidosamente sus escudos para proteger, durante su infan- 
cia, a Zeus, Pirro, en griego «el Rubio», es Neoptólemo, el hijo de Aquí- 
les. La invención de la danza pírrica, ejecutada con armas, lanza y escu- 
do, y antorchas, también es atribuida a Pírrico. 

401 El hexámetro dactílico, verso en el que Pitia, la sacerdotisa de 
Apolo en Delfos, emitía sus oráculos. 


LIBRO VI 109 


los poemas hay una gran polémica; está demostrado que 
existieron antes de la guerra de Troya. Ferecides de Siros 
instituyó la escritura en prosa en tiempos del rey Ciro; Cad- 
mo de Mileto, la historia*?; Licaón, en Arcadia, los juegos 
gímnicos*%; los fúnebres, Acasto en Yolco y después de él, 
Teseo, en el istmo, y Hércules, en Olimpia**; la competi- 
ción atlética, Piteo*”,; el juego de pelota, Giges de Lidia; la 
pintura, los egipcios y, en Grecia, Euquir, pariente de Dé- 
dalo, según el parecer de Aristóteles“, según el de Teo- 
frasto, Polignoto de Atenas*”, 

Dánao fue el primero que llegó en barco a Grecia desde 
Egipto %; antes se navegaba entre las islas en balsas inven- 


202 En Y 112, Pino afirma que Cadmo fue el primero que escribió 
en prosa. Á Ferecides de Siros PLrNTO le atribuye dotes adivinatorias en 11 
191, Ciro el Grande, rey de Persia (559-529 a. C.). 

30 Licaón, hijo de Pelasgo y Melibea, rey de la Arcadia, que tuvo 
cincuenta hijos. Pasa por ser o muy piadoso o muy impío. Está relaciona- 
do con el hombre-lobo y los sacrificios humanos celebrados en Arcadia 
en honor de Zeus Lidio. 

404 Acasto, hijo de Pelias, rey de Yolco, participó en la expedición de 
los Argonautas; lo mató Peleo, el padre de Aquiles. Juegos gímnicos, en 
las que los atletas luchaban desnudos. Los juegos griegos tienen su ori- 
gen en las honras fúnebres a los héroes y siempre conservaron ese carác- 
ter religioso. Los más famoso fueron los Olímpicos, los Ístmicos, los Píticos 
y los Nemeos. Maxmorr lee in Jolco, SCHIL.LING suprime la preposición 
considerándolo un uso de ablativo por locativo propio del latín imperial 
(cf. com, ad loc.). 

405 Piteo, hijo de. Apolo; fundó un templo en honor de Apolo Pitio. 
ScHILIING lee Pythius, «el dios Pitio» (op. cit., com. ad loc.). 

406 Cf. AmusT., fr, 382 Rose. 

407 Polignoto, originario de Tasos, obtuvo la ciudadanía ateniense, 
porque allí desarrolló su labor artística. Lo alaban, además de Plinio, Aris- 
tóteles y Pausanias, 

10 Dánao, hijo de Belo, huyó de Libia a Argos, en un barco de cin- 
cuenta bancos de remeros construido por consejo de Atenea. 


206 


207 


208 t 


110 HISTORIA NATURAL 


tadas en el mar Rojo por el rey Éritras, Se encuentran al- 
gunos que piensan que las idearon antes los misios y los 
troyanos en el Helesponto, cuando lo cruzaban contra los 
tracios. Todavía ahora se hacen en el Océano Británico con 
mimbre trenzado y guarnecidas de cuero*%, y en el Nilo, 
con papiro, juncos y cañas**, Según Filostéfano, el primero 
que navegó en una nave larga fue Jasón; según Hegesias, 
Páralo; según Ctesias, Samirámide y, según Arquémaco, 
Egeón?*!”; la birreme, según Damaste, la hicieron los eri- 
treos*1%; la trirreme, según Tucídides, Amínocles de Corin- 
0*1%, la cuadrirreme, según Aristóteles, los cartagineses?*!”; 
la quinquememes según Mnesigitón, los de Salamina; la de 
seis filas, según Jenágoras, los siracusanos; desde ella hasta 
la de diez filas, según Mnesigitón, Alejandro Magno*'; 
hasta la de doce filas, según Filostéfano, Ptolomeo Sóter; 


40% Cf, Esrr., XVI 779. Sobre Éritras, cf. PLan., VI 107. + 

419 Cf. Puin,, IV 104, 

411 Cf. Pur, XIII 72, 

41 Filostéfano de Cirene, s. m1 a. C., amigo de Calimaco, gcógrafo y 
mitógrafo. Jasón, héroe que organiza la expedición de los Argonautas pa- 
ra recuperar el vellocino de oro, Hegesias, orador e historiador, ss, Iv-11 
a. C. Páralo, héroe del que recibe nombre la trirreme ateniense, 
Samirámide (cf. PLrx, VI 8, n, 31 de esta colección). Arquémaco de Eu- 
bea, historiador, posiblemente del s. mr a, C, Ecrón, uno de los Hecaton- 
quiros, llamado también Briareo. Las naves longas, de 50 o 60 m, eran 
barcos de guerra; sus nombres son traducción de los griegos; se supone 
que hasta la cuadrirreme cada remo estaba manejado por un hombre, a 
partir de la quinquerreme se trataría más bien de hombres por remo, que 
de filas de remos (cf. Marín Y PEÑA, op. cit., págs. 472-3). 

413 De Fritras de Jonia. 

414 Cf. Tucío., 113, 3. Aminocles de Corinto fc. s. vin-vm a, C,). 

415 Cf. Arasr,, fr. 600 Rose 

416 Sobre Mnesigitón sólo se conoce esta referencia de Plinio, que lo 
situaria en época helenística. Jenágoras también aparece citado como 
fuente en el libro V (cf. Pix, Y 129); cf. FGH 240, fr. 30. 


LIBRO VU 111 


hasta la de quince, Demetrio, el hijo de Antígono; hasta la 
de treinta, Ptolomeo Filadelfo y hasta la de cuarenta, Ptolo- 
meo Filopátor, que recibió el sobrenombre de Trifón**”, La 
nave de carga la inventó Hipo de Tiro*!*; el lembo, los de 
Cirene*”; la cumba, los fenicios*"; el celete, los rodios*! y 
el cerciro, los de Chipre *?, La observación de las estrellas 


en la navegación, los fenicios; el remo, en la ciudad de Copas; 


su pala, en Plateas*?; las velas, Ícaro; el mástil y la antena, 


Dédalo **%; el barco para el transporte de caballos, los samios, 
o Pericles de Atenas; las naves longas cubiertas, los de Tasos, 


117 Filostéfano, cf. FHG, 33, fr. 29. Ptolomeo 1 Soter (c. 367-283), gene- 
ral de Alejandro Magno; a la muerte de éste fue primero sátrapa, después 
rey de Egipto; escribió una obra sobre las expediciones de Alejandro Mag- 
no. Demetrio Poliorcetes (v. par, 126). Su padre, Antigono l, llamado «Mo- 
noptalmo» o «el Cíclope», general de Alejandro Magno, uno de los Diádo- 
cos. Ptolomeo E Filadelfo, hijo de Ptolomeo I, muy citado por Plinio en el 
libro VI por sus obras en el Nilo y las ciudades fundadas por él en Egipto 
(cf. PLrx,, VI 58, 165-183). Ptolomeo IV Filopátor, hijo Ptolomeo II Evér- 
gctes y de Berenice; según ScHiLLING, la atribución a él del sobrenombre 
Trifón, es un error de Plinio (cf. op. cit., com. ad loc). 

1 Naves «onerarias», barcos de carga, utilizadas para transporte; ha- 
bía de muchas clases, algunas de gran calado. Hipo, no identificado. 

49 El lembo, del grupo de naves actuarias, opuesto a las de alto cala- 
do, era una barca de remos, ligera y rápida, utilizada para reconocimien- 
to; iba delante de la flota, o detrás, para cerrarla. 

40 La cumba era una especie de canoa monóxila utilizada para la pesca. 

221 El celete (de celes) o celox, era un barco ligero de forma descono- 
cida, utilizado por los piratas. 

422 El cerciro o cercuro era un barco ligero de forma alargada, con 
velas y remos. Respecto al nombre, existe la forma cércuro (tomada, con 
pérdida de la cantidad, del griego kérkouros); también se ha relacionado 
con el nombre del pez llamado corcyra, 

2% Copas y Plateas, ambas en Beocia, cf. Pas, 1Y 26, n. 108, en el 
vol. 250 de esta misma colección. 

%4 Dedalo y su hijo Ícaro, según la versión más conocida, huyeron de 
Creta volando; en otra versión huyen los dos de Creta en barcos diferen- 
tes, naufragando Ícaro por no dominar el arte de la navegación, 


209 


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112 HISTORIA NATURAL 


antes sólo se luchaba desde la proa y desde la popa; Piseo, el 
hijo de Tirreno, añadió los espolones; Eupálamo, el ancla; 
Anacarsis, el ancla bidente; Pericles de Atenas, los arpones y 
los garfios, y el timón, Tifis**, El primero que combatió con 
una flota fue Minos**, —El primero que mató un animal fue 

Hiperbio, el hijo de Marte, y un buey, Prometeo —*, 
57 (58) El primer acuerdo tácito de todos 
En qué cosas los pueblos consistió en que se usase 

hubo los primeros el alfabeto jónico. 
o o 58 Para prueba de que el alfabeto 
griego antiguo era casi el mismo que 
es ahora el latino servirá un antigua mesa délfica de bronce 
dedicada a Minerva, que está hoy como ofrenda de los em- 
peradores en el Palatino [en la biblioteca], con la siguiente 
inscripción; NAYEIKPATHE ANEGETO TAI AIOX KOPAI TAN 
AEKATAN oo 928 

El segundo acuerdo de los pueblos 


59 (59) HE 
Cuándo hubo fue respecto a los barberos, si bien los 
barberos romanos lo tomaron más tarde. Llega- 


por primera Vez ;on a Ttalia desde Sicilia el año cua- 


trocientos cincuenta y cuatro de la fundación de Roma y los 
trajo Publio Titinio Mena, según atestigua Varrón; antes no 


45 Pericles: el famoso político y estratega ateniense (c. 490-429 a. 
C.). Sobre Piseo y Tirreno, cf. ¿ 201. Eupálamo: padre de Dédalo, Sobre 
Anacarsis de Escitia, cf. $ 198. Tifis: el primer piloto de la nave Argos. 

46 Con el mítico rey Minos se relaciona se relaciona el dominio ma- 
rítimo de Creta en el segundo milenio a. C, 

227 Los guiones son de Mayhoff. Otros editores escriben corchetes o 
punto y aparte. En cualquier caso, hacen notar que el texto está fuera de 
lugar. 

42 Cf. 192, Tác., 45n. XI 14, Las mesas délficas, tripodes usados con 
fines votivos. Los corchetes son de Mayhoff. «NAUSÍCRATES CONSAGRÓ A 
LA HIJA DE ZEUS EL DIEZMO ...» 


LIBRO VII 113 


se afeitaban*”, El primero que estableció la costumbre de 


afeitarse todos los días fue el segundo Africano *"; el divino 


Augusto siempre usaba navaja *!, 


El tercer acuerdo fue en la obser- 

60 (60) vación de las horas, entrando ya en el 
Cuándo hubo : ña 

elojaspor cómputo, que en el libro segundo dije 

primera vez cuándo y por quién fue descubierto en 


Grecia. También llegó más tarde 
aquí, a Roma. En las Doce Tablas sólo se nombran el orto y 
el ocaso, unos años después se añadió también el mediodía, 
que proclamaba un heraldo de los cónsules, cuando desde la 
Curia veía el sol entre los Rostros y la Grecóstasis; al decli- 
nar el astro desde la columna Menia hasta la cárcel, procla- 
maba la última hora, pero esto sólo en los días serenos, 
hasta la Primera Guerra Púnica**, Cuenta Fabio Vestal que 
el primer reloj de sol lo puso Lucio Papirio Cursor, doce 
años antes de la guerra contra Pirro, delante del templo de 
Quirino que había sido ofrecido por su padre, al hacer la 


42 CT Var, Agr. 1111, 10. El año 300 a: C., 

$30 Publio Cornelio Escipión Emiliano, cf. Pzxx,, Y 9, 25.; GeL., TIT 4. 

1 Según Suetonio (Aug. 1179, 1), usaba tijeras o navaja. 

432 Anaxímenes de Mileto, cf. 11 187, n, 301 de esta colección. 

43 Doce Tablas: primer código de leyes escrito en Roma, 450-451 a, C,; 
es la base del Derecho Romano; sólo se conservan fragmentos. La Curía 
Hostilia, edificio del foro, según la tradición, la había construido Tulo 
Hostilio, en la parte norte, para reunir los comicios. La tribuna de los 
oradores en el Foro recibía el nombre de Rostros por los espolones de los 
barcos capturados, que, a partir de la Primera Guerra Púnica, se coloca- 
ban en una columna en ese lugar; en época antigua se encontraba en el 
lado sur, al este de la Grecóstasis; en la reforma emprendida por Julio 
César y terminada por Augusto, pasó al lado oeste. La Grecóstasis era el 
edificio en el que los embajadores extranjeros esperaban antes de ser re- 
cibidos por el senado, en el lado sur. Delante de la columna Menia se 
juzgaba a los esclavos, a los ladrones y a los deudores; se encontraba en 
el noroeste, junto a la cárcel. Primera Guerra Púnica, 264-241 a, C. 


212 


213 


214 


215 


114 HISTORIA NATURAL 


dedicación. Pero no da a conocer los fundamentos de la fa- 
bricación del reloj ni su artífice, ni de dónde se trajo ni en 
quién lo encontró escrito**, Marco Varrón dice que el pri- 
mer reloj público fue colocado en la Columna Rostral a la 
manera de los espolones de los barcos en la primera guerra 
Púnica por el cónsul Manio Valerio Mesala después de la 
toma de Catania, en Sicilia, y que fue transportado desde 
allí treinta años después de lo que se dice del reloj de Papi- 
rio, el año 490 de la fundación de Roma. A pesar de que las 
líneas de éste no coincidían con las horas, sin embargo se 
atuvieron a él durante noventa y nueve años, hasta que Quinto 
Marcio Filipo, que fue censor con Lucio Paulo, las dispuso 
más cuidadosamente y esto se tomó como uno de los dones 
mejor recibidos de sus trabajos de censor. Sin embargo, 
también entonces en los días nublados las horas fueron poco 
seguras hasta el lustro siguiente, Entonces Escipión Nasica, 
colega de Lenate, fue el primero que dividió con agua lo 
mismo las horas del día que las de la noche e inauguró ese 
reloj bajo techo el año $595 de la ciudad**, ¡Durante tanto 
tiempo la luz fue indivisible para el pueblo romano! 

Ahora pasaremos a ocuparnos del resto de los animales 
y en primer lugar, de los terrestres. 


43% Rapto VestAL, cf. HRR, fr. 374 Perer, MaYHorr lee XTÍ annos, 
SCHILLING undecim annos «once años» y justifica su lectura por el año 
de la dedicación del templo, 293 a. €. (cf, Liv., X 46, 7), y el de la guerra 
de Pirro, 282 (cf, PLm., VII 16, com. ad loe.). Se mantiene «doce años», 
entendiéndolo como cómputo inclusivo, 

435 Publio Cornelio Escipión Nasica Cúrculo colocó en la basílica 
Emilia un reloj de agua, pero no una clepsidra, siendo censor, en el 159 a. 
C.; cf. Var, LL VT 4, n, 24, en el vol. 251 de esta misma colección). - 


LIBRO VII 


Pasemos a los demás animales y, 1 
10 en primer lugar, a los terrestres, 

Los elefantes El mayor y el más cercano a los 

Su sensibilidad rtimientos? humanos es el elefante. 

En efecto, reconocen el lenguaje de su 

patria, obedecen las órdenes, tienen memoria de las tareas 
que han aprendido, deseo de amor y de gloria, y aún más, 
cualidades que son raras incluso en el hombre, bondad, pru- 
dencia, equidad y también culto a los astros y veneración al 


Y Con este libro comienza la zoología de Plinio, que abarca también 
los libros IX, X, y XL Sobre estas primeras palabras de Plinio y lo que 
significa el libro VII en el conjunto de la Historia Natural, es interesante 
consultar la Introducción General a la obra de PLiniO de G. SerBAT en el 
volumen 206 de esta misma colección, especialmente las páginas 86 a 92, 
donde afirma que Plinio no sigue la mayoría de las yeces la taxonomía de 
la Academia, En cuanto al hecho de que sea el elefante el primer animal 
del que escribe, Serbat aduce dos razones: que es el más grande de los 
animales terrestres y el más cercano al hombre por sus sentimentos, coin- 
cidiendo en esto con CicgrÓN, Sobre la naturaleza de los dioses (ND) L 
97. 

2 Como bien afirma el mismo SerBar, op. cit., pág. 87, el latín sensi- 
bus no equivale simplemente a «sentimientos» en el sentido moderno del 
término, sino más bien a «cualidades psíquicas», 


1d 


116 HISTORIA NATURAL 


Sol y a la Luna?. Hay autores que afirman que en las regio- 
nes boscosas de Mauritania*, cuando la luna nueva, las ma- 
nadas de elefantes descienden a un río que se llama Amilo? 
y allí se rocían solemnemente con agua para purificarse y 
que, tras saludar de esta forma al astro, vuelven a los bos- 
ques, llevando ante ellos a sus crías fatigadas. Se cree tam- 
bién que, por tener conocimiento de los sentimientos reli- 
giosos de los demás, cuando están a punto de realizar una 
travesía marítima, no suben a la nave hasta que su guía les 
promete su regreso bajo juramento. Se los ha visto también, 
agobiados por un malestar, puesto que las enfermedades 
atacan también a veces a estas moles, arrojar hierbas hacia 
el cielo tumbados boca arriba, como si tomasen a la tierra 
por testigo de sus plegarias. En lo que se refiere a su docili- 
dad, adoran al rey?, se arrodillan, y le ofrecen coronas. A 
los indios les sirven para arar unos elefantes más pequeños, 
a los que llaman notos?. 


3 Heróporo, al hablar de Etiopía, nos da noticia del elefante africano 
(II 114 y IV 191). AristóTELES lo describe en varios pasajes de su fn- 
vestigación sobre los Animales (HA), a la que debe mucho PLIMtO, que, 
sobre el culto a los astros, sigue a Juna (fr, 32 MUNzER), al que también 
recogen PLurarco (Sobre la intel. de los anim. 17) y EL1IANO, quien, en 
su Historia de los animales YV 10, afirma haber oido que hacen ofrendas 
a la luna nueva y en VII 44 afirma que se postran ante el Sol naciente. 

% Cf. Puan, V 1-2, Ismoro dice: «antes existían elefantes solo en África 
y la India; hoy día únicamente los produce la India» (Etirm,, XII 2, 16). 

5 Este nombre solo aparece en este pasaje. Hay una variante en el 
manuscrito U que ofrece Audo, a partir de ProLomeo, IV 2, 2, Podría 
tratarse del actual Oued Ammilou o bien el Oued Boursched. 

$ ArisróreLES (HA 1X 46, 630019), al que sigue ELtano (XIII 22), 
señala que a los elefantes se les enseñaba a inclinarse ante el rey, Los 
comentaristas creen que se trata del rey de los persas, aunque ELtano ha- 
bla del rey de los indios. 

- 7 Del griego nóthos «bastardo». QuisTILIANO (Inst. Oraf. TL 6, 96) 
especifica: nothym, qui non sit legitimus, Graeci uocant, ismoro (Etim, 


LIBRO VIH 117 


Uncidos por primera vez, en Ro- 4 

2(2) ma tiraron del carro de Pompeyo Mag- 
erat? no en su triunfo sobre África?*, espec- 
por primera vez táculo que se recuerda anteriormente 
en el triunfo del padre Liber, tras su 
victoria sobre la India?. Procilio'” afirma que en el triunfo 
de Pompeyo no pudieron salir uncidos por la puerta. En un 
espectáculo de gladiadores ofrecido por Germánico César”, 
unos elefantes dieron unas vueltas desgarbadas a modo de 
danzantes *?, Era corriente que arrojasen armas por los aires, 
sin que se las llevara el viento, que, como los gladiadores, 
ofreciesen luchas de unos contra otros o que, retozando, 


a 


XI, 2, 14) dice que los indios los llaman barrus, de donde procedería la 
palabra barritus. En la antigúedad se conocian los elefantes Índicos y los 
africanos 

$ El 12 de marzo del año 79 a. C. Cf, PLur., Pomp. 14. Se trata del 
triunfo de Pompeyo sobre el númida Hiarbas, que, enfrentado a Hiemp- 
sal, candidato del senado, se habia hecho con la corona y estaba dis- 
puesto a apoyar la causa antisilana. Pompeyo desembarcó en Útica y re- 
puso en el trono a Hiempsal. 

? Baco, denominado Liber o Pater Liber en latín, perseguido y enlo- 
quecido por Hera, llega a Frigia, donde Cibeles lo purifica y le enseña los 
rituales orgiásticos, tras de lo cual marcha a la conquista de la India 

10 En una carta del 60 a. C. (At. XIII 44, 3) Cicerón lo opone a Di- 
cearco, más instructivo, VARRÓN, La lengua latina (LE) V 32, 148, lo cita 
hablando del lago Curcio. Plinio lo utiliza en los libros VIT, XIL y XII. 
Según H. BarboN (La Littérature latine inconnue, París 1952) sería un 
historiador de la misma generación que César y Salustio, que habría que 
catalogar entre los analistas, Cf. HRR, fe, 198, 2 PETER. 

ll Hijo de Décimo Druso Nerón y de Antonia, sobrina de Augusto, 
adoptado por Tiberio en el año 4 d. C, Gozó de la confianza de Augusto y 
sirvió con Tiberio en la frontera del Rin. Los juegos que cita Plinio son 
los del año 6 d. C. (cf. Dión Casto LV 27, 3), 

12 Sobre las danzas de los elefantes, cf. Marciaz, 1 104, 9: «el paqui- 
dermo no esquiva ejecutar danzas graciosas obedeciendo a las órdenes 
del domador negro» (trad. J, TORRENS). 


118 HISTORIA NATURAL 


ejecutasen una danza pírrica *, Posteriormente, también co- 
menzaron a andar por la cuerda!*, a llevar en literas, en gru- 
pos de cuatro, a otro que imitaba a una parturienta y a sen- 
tarse a la mesa en triclinios llenos de gente y caminar entre 
los lechos con tan equilibrados pasos, que no tocaban a nin- 
guno de los que bebían. ] PE 
Está atestiguado que un elefante de 
inteligencia algo lenta para comprender 
lo que se le enseñaba, castigado fre- 
cuentemente con azotes, fue descubierto 
por la noche mientras practicaba!” 

También es admirable que suban por una cuerda y, más aún, 
que después desciendan, generalmente boca abajo. Muciano!* 

tres veces cónsul, atestigua que uno de ellos aprendió a escribir 
los trazos de las letras griegas y que solía escribir en palabras de 
esta lengua: «Yo mismo he escrito esto y he consagrado los 
despojos célticos». E igualmente, que ante sus ojos en Putéo- 
los'” unos elefantes, al ser obligados a bajar de una nave, áte- 
rrados por la longitud del puente que se extendía lejos de tierra 


3 (3) 
Su docilidad 


1 Sé trata de una danza que se bailaba con vestiduras guerreras y 
movimientos de ataque y defensa. Según Sueronio, César ofreció un es- 
pectáculo en el que «muchachos de las familias más distinguidas de Asia 
y Bitinia bailaron la danza pírrica» (César 39, 1 [Trad. de M. BassoLs]). 
Ya menciona esta danza PLinio en VII 204, 

12 Sobre elefantes equilibristas, cf. Séweca, Epíst a Lueilio 85, 41: 
«Un etíope enano ordena-al elefante doblar las rodillas y caminar sobre la 
maroma»; SurTonIo, Nerón 11, 2: «un caballero romano muy conocido 
descendió montado en un elefante, a lo largo de una cuerda tensa»; Galba 
6, 1: «introdujo un espectáculo nunca visto: elefantes funámbulos». 

15 Cf. PLur., Sobre la inteligencia de los animales 12, 3. 

l6 HRR, fr. 12 Perer, Sobre la figura de Gayo Licinio Muciano, cf. 
PtiN., 11 230 y nota. 

m Actual Pozzuoli. Cf. Pin, H 207 y nota, 


LIBRO VIH 119 


firme, marchaban vueltos hacia atrás para engañarse en la apre- 
ciación de la distancia. 
Saben que el único trofeo que se 7 


' busca de ellos consiste en sus defen- 
ES El sas, a las que Juba* llama cuernos, 
por ellos. Heródoto?”, bastante más antiguo, y 


habitualmente la gente los llaman dien- 

tes con más propiedad. Por este motivo, entierran los que 
se les caen, bien por algún accidente, bien por la vejez. El 
marfil es exclusivamente este producto; por lo demás, inclu- 
so en ellos es simple hueso la parte que sirve de armazón al 
cuerpo, aunque desde hace poco tiempo se han comenzado 
a cortar también en láminas los huesos por la escasez de 
marfil, pues ya se hallan raras veces colmillos abundantes, a 
excepción de los procedentes de la India; en nuestras tierras 
han desaparecido, como consecuencia del lujo, 

La juventud de los elefantes se evidencia por la blancura 
de sus colmillos. Estos animales tienen especial cuidado de s 
ellos: se ocupan de la agudeza de uno de sus colmillos, para 
que no esté romo para las peleas; con el otro, que usan para 
el trabajo, arrancan las raices y empujan enormes pesos. 
Cuando se ven rodeados por los cazadores, colocan en pri- 
mera línea a los que los tienen más pequeños, para que 
. piensen que no merece la pena la lucha; después, cuando 
están cansados, los rompen golpeándolos contra un árbol y 
se salvan al precio del trofeo. 


18 FGrH 275, fr, 47 Jacony; Múnzur, fr. 35, Sobre Juba, cf. Pumw., V 
16 y nota, 

2 HerónoTO (1 97) los denomina ódontes. El hecho de que los ele- 
fantes entierren sus colmillos lo explica ELtano (XIV 5) porque empujan 
con tal fuerza, tras apoyarlos en tierra cuando desean desprenderse de 
ellos, que terminan por enterrarlos. Según Ernour (Libro VII 7, n, 4, 
pág. 109, ed, Les Belles Lettres) esta leyenda tendría su origen en los 
numerosos hallazgos de colmillos fósiles de elefantes. 


10 


120 HISTORIA NATURAL 


Es admirable en la mayoría de los 


465) : de z 
Cualidad animales su conocimiento del motivo 
crea de los por el que se los persigue y que abso- 
animales para £ 
percibir los lutamente todos sepan de qué prote- 
peligros que gerse. Se cuenta que el elefante, al en- 


los acechan, contrarse por casualidad en el desierto 


a un hombre absolutamente perdido, le muestra incluso el 
camino, compasivo y tranquilo; que, igualmente, al advertir 
las huellas de un hombre antes de verlo, comienza a temblar 
por miedo a una emboscada, se detiene mientras olfatea, ob- 
serva en derredor, bufa de ira y no pisa la tierra hollada, si- 
no que, tras arrancarla del suelo, se la da al que le sigue, 
éste al siguiente, y con el mismo mensaje hasta el último; 
entonces la columna gira, vuelve sobre sus pasos y se colo- 
ca en orden de batalla: hasta tal punto perdura en el olfato 
de todos esa fetidez, que, en la mayoría de los casos, ni si- 
quiera proviene de los pies desnudos. 

Igualmente la tigresa, temible incluso para las otras fieras 
y que también menosprecia las huellas del elefante, a la vista 
de las del hombre se cuenta que lleva a otro lado inmediata- 
mente a sus cachorros. ¿De qué forma reconoce y dónde ha 
visto antes a aquél a quien teme? Se sabe, en efecto, que tales 
bosques son muy poco frecuentados, Puede ser que les impre- 
sione la propia rareza de las huellas, pero ¿de dónde sacan . 
que son temibles? Más aún ¿por qué sienten pavor solo con 
verlo, siendo tan superiores en fuerzas, corpulencia y veloci- 
dad? Sin duda así es la naturaleza de las cosas, así es su fuer- 
za: que las fieras más crueles y más enormes nunca hayan 
visto lo que deben temer y, sin embargo, comprendan inme- 
diatamente cuándo existe un motivo de temor”, 


20 SÍrBAT (op. cit., pág. 88) cita este pasaje entre los más hermosos 
de Plinio por la descripción justa y matizada del espanto del elefante, 


LIBRO VII 121 


5 Los elefantes siempre marchan en manada. Encabeza 
la columna el más viejo y la cierra el más cercano en edad. 
Para atravesar un río mandan delante a los más pequeños, 
para que no crezca la profundidad del agua al hundirse el 


1 


cauce por la entrada de los mayores. Antípatro”! atestigua - 


que el rey Antíoco”? tenía dos elefantes famosos en la prác- 
tica de la guerra incluso por sus nombres: y efectivamente 
los conocían. Catón”, en verdad, a pesar de que no citó los 
nombres de los generales en sus Anales, nos ha transmitido 
que el elefante que luchó con más valor en el ejército púnico 
se llamaba Suro por tener un colmillo mutilado ?*. 

Ayante” no obedeció a Antíoco cuando éste quiso ex- 
plorar el vado de un río, a pesar de haber sido siempre en 
otros casos el guía de la manada. Entonces se prometió pú- 
blicamente que el primer puesto sería para el que hubiera 
atravesado el río, y, por haberlo hecho, recompensó a Patro- 
clo, que se atrevió, con faleras de plata, con lo que se com- 
placen especialmente, y con otros distintivos de su primacía; 


21 Antípatro de Tarso, escritor griego sucesor de Crisfpo en el s. u a. C. 
FGrH 507, fr. 2 JacobrY. 

22 Probablemente se trata de Antíoco el Grande, rey de Siria, al que 
venció en el año 190 a. C. Publio Cornelio Escipión el Africano y que 
murió en el año 187, 

2 Plinio cita innumerables veces 'a Catón: el Censor, que efectiva- 
mente no nos recuerda el nombre de los personajes de su historia. Las dos 
veces que ya en el Prefacio lo cita Plinio es para justificar el interés de su 
obra; cf. ERR, fr. 88 Perer, 

24 La explicación que da Primo estaría basada en el significado latino 
de surus, cast. «estaca», pero parece improbable que un elefante cartagi- 
nés llevara un nombre latino (cf. Ernour, $ 11, n. 6, pág. 110). El nom- 
bre parece más bien la transcripción del griego Súros, cast. «sirio». 

25 Cf. FiLósTRATO, Vida de Apolonio de Tiana, 11 6. Los nombres 
de Ayante y Patroclo recuerdan los de ambos héroes griegos de la guerra de 
Troya y seguramente ese es el motivo de habérselos puesto a unos ele- 
fantes especialmente valerosos. 


12 


122 HISTORIA NATURAL 


aquél, que se veía degradado, prefirió la muerte de hambre a 
la deshonra. Es admirable, efectivamente, su pudor, y el 
vencido huye de la voz del vencedor y le ofrece tierra y ver- 
bena”, 

Por pudor no se aparean sino a escondidas; el macho, a 
los cinco años, la hembra, a los diez”, Según se dice, se 
acoplan cada dos años, cinco días cada año y no más; al 
sexto día se bañan en un río y antes de esto no vuelven a la 
manada. No conocen el adulterio ni libran entre ellos por las 
hembras combates funestos para los demás animales, y no 
porque les falte potencia amorosa, pues se cuenta que uno 
amó a una vendedora de guirnaldas en Egipto, y, para que 
nadie piense que la eligió al azar, especialmente apreciada 
por Aristófanes ?, famosísimo gramático. Otro amó a Me- 
nandro de Siracusa, adolescente del ejército de Ptolomeo, 
poniendo de manifiesto su deseo con el ayuno cuando no lo 
veía. Juba” cuenta que también una perfumista fue amada 
por un elefante, Hay pruebas del amor de todos ellos: ale- 
egría por la presencia del amado, caricias espontáneas, mo- 
nedas, que la gente les había dado, guardadas y echadas en 
el seno del amado. Y no hay que admirarse de que tengan 
sentimientos amorosos, ya que tienen memoria. En efecto, 
el mismo autor cuenta que fue reconocido en la vejez des- 
pués de muchos años uno que había sido su guía en la ju- 


26 En Roma se designaba con el término «verbena», además de esta 
planta, cualquier clase de planta sagrada (cf. Serv., En. XK, 120). Con la 
expresión «ofrecer tierra» se da a entender que el vencedor ocupa el te- 
rritorio del vencido, 

27 De nuevo, como hará en diversos capítulos relativos a otros ani- 
males, Plinio recalca otra cualidad «humana» de los elefantes. 

2 Se trata de Aristófanes de Bizancio, gramático y sucesor de Era- 
tóstenes en la dirección de la Biblioteca de Alejandría, Sobre esta misma 
anécdota, cf. PLur., SA 18, 2. 

2 FGrH2T5, fr. 54 Jacony. 


LIBRO VII 123 


ventud; asi mismo, que mostraron sentido de la justicia, 
cuando el rey Boco* enfrentó treinta elefantes, a los que 
había decidido castigar atados a unos postes, a otros treinta, 
y que, a pesar de incitarlos para que atacaran, no se pudo 
conseguir que cumplieran ese servicio a la crueldad ajena. 


O) Italia vio por primera vez elefan- 
Cuándo tes en la guerra contra el rey Pirro?! y 
se vieron los z 
lejanas por se los llamó bis lucas, porque se 
primera vez vieron en Lucania* en el año cuatro- 
en dcaia cientos setenta y dos de la fundación 


de la ciudad*, Roma los vio siete años después en un triun- 
fo*; también los vio en mucho mayor número el año qui- 


39 Rey de Mauritania del 110-80 a. C., suegro de Jugurta y su aliado 
después de las victorias de Metelo, Después de la desaparición de Jugur- 
ta, recibió en recompensa una parte de su reino (Cf. SaL., Guerra de Ju- 
gurta). 

3l Rey de Epiro, que en el año 280 a. C. consiguió la famosa victoria 
de Heraclea sobre los romanos aterrorizados por la veintena de elefantes 
que formaban parte de su ejército (cf. Liv., per. XIID. Este tipo de victo- 
rias ha quedado para la posteridad con el sobrenombre de «victorias pí- 
rricas» 

32 Tras refutar la explicación de Cornelio Epicado (cf. H. Fuvaror, 
Grammaticae Romanae Fragmenta, Leipzig, 1907, pág. 105 y H. Bar- 
BON, op. cit. págs. 153-155), que hace derivar lucas de Lybici, así como 
la de un Virgilio desconocido, que lo hace derivar de Lucani, VARRÓN 
(LL VIL, 39-40) afirma que procede de lux «porque a los elefantes se los 
veía desde lejos resplandecer a causa de los dorados escudos regios con 
que iban adornadas sus torretas». Isimoro (Etim. XUL 2, 15) admite la ex- 
plicación que da Plinio. También denomina lucas a los elefantes Lucre- 
cio (V 1302, 1339). Sobre la región de Lucania, cf, PLmw., 01 71. 

% Correspondería al año 282 a. C., lo que contradice su afirmación 
anterior de que fue en el 280, en la guerra contra Pirro, cuando se vieron 
por primera vez, 

34 En el triunfo de Manio Curio Dentado, el año 275 a, C. Tras la vic- 
toria de Cornelio Dolabela sobre los galos, junto al lago Vadimón (283), 
siguió una expedición de castigo contra los senones cuyo responsable fue 


16 


17 


18 


124 HISTORIA NATURAL 


nientos dos, tras la victoria del pontífice Lucio Metelo*, 
capturados en Sicilia a los cartagineses. Eran ciento cua- 
renta y dos o, según otros, ciento veinte*, transportados en 
balsas que se habían puesto sobre filas de toneles unidos. 

Verrio*” cuenta que lucharon en el circo y que se les dio 
muerte a lanzadas por no saber qué hacer con ellos, porque 
ni les parecía bien alimentarlos ni regalarlos a los reyes, Lu- 
cio Pisón* narra que solamente fueron introducidos en el 
circo y que, para aumentar el menosprecio hacia ellos, fue- 
ron llevados por todo el circo por operarios con lanzas des- 
puntadas, Los autores que piensan que no se los mató no 
explican qué se hizo con ellos. 

Es famosa la lucha de un romano 
contra un elefante, al haber obligado 
Aníbal a luchar entre sí a los nuestros 
cautivos??. En efecto, enfrentó a un 
elefante contra el único que había so- 
brevivido y acordó dejarlo libre si lo mataba: luchando él 
sólo en la arena, lo mató con gran dolor para los cartagine- 
ses. Anibal, al darse cuenta de que la noticia de esta lucha 


10) 
Sus luchas 


Dentado. Séneca (Dial. X, 13, 3) afirma también que «Curio Dentado fue 
el primero que mostró elefantes en un triunfo», 

35 El año-250 a, C. Metelo fue cónsul en el 251 y pontifice del año 
243 al 221 a. C. Este episodio lo narra Séneca (Dial. X 13,8). 

36 Aceptamos la conjetura de Múnzer, siguiendo a Séneca (Dial. X 
13, 8) que da este número frente al de ciento cuarenta que dan otros edi- 
tores, como Ernout. Eurropro (11 24) da la cifra de CXXX, mientras que 
otros historiadores dan números diferentes, 

97 Se trata de Marco Verrio Flaco (fr, 3 Ecarr) gramático latino 
contemporáneo de Augusto de cuyos nietos fue preceptor. 

3% Lucio Calpurnio Pisón Frugi, historiador romano de mediados del 
siglo 1 a. C., cuyos Anales fueron muy utilizados por Plinio (cf. HRR, fr, 
30 PETER). 

29 Cf. VaL. Máx, 1X 2, ext. 2. 


LIBRO VHI 125 


iba a significar el menosprecio de estos animales, envió 
unos jinetes para matarlo cuando se marchaba. 

Quedó claro en la guerra contra Pirro que su trompa se 
puede cortar muy fácilmente *, 

Fenestela* cuenta que lucharon en Roma por primera 
vez en el circo en la edilidad curul de Claudio Pulcro, en el 
consulado de Marco Antonio y Aulo Postumio, el año seis- 
cientos cincuenta y cinco de la fundación de Roma*, e igual- 
mente contra unos toros veinte años después, en la edilidad 
curul de los Luculos*, 


También en el segundo consulado de Pompeyo*, con 20 


motivo de la dedicación del templo de Venus Vencedora *, 
veinte elefantes o, según cuentan otros*, dieciocho, lucha- 


% FLoro (1 33, 9) puntualiza que fue Gayo Numicio, hastatus de la 
cuarta legión, quien cortando la trompa de uno de los elefantes mostró la 
forma de matarlos, 

4l Historiador de finales del s. 1 a. C. y principios del t d. C que escri- 
bió unos Anales que él mismo resumió, Cf, HRR, fr, 13 Perer. 

*% Año 99 a, C, Gayo Claudo Pulero fue cónsul en el año 92 a, C. 
Marco Antonio perteneció a la facción de Metelo y fue acusado en virtud 
de la lex Varia como sospechoso de haber incitado a la rebelión a los so- 
cii contra el pueblo romano; en el año 102 a, C. había llevado a cabo la 
primera acción concreta contra los piratas del Mediterráneo y murió du- 
rante la tiranía de Cinna. Aulo Postumio Albino, que había sido derrotado 
por Yugurta en el 110, murió en un motín en la Campania en el 89 a, C, 

43 Se trata de Lucio Licinio Luculo y su hermano Marco, ediles curu- 
les en el año 79 a, C. (cf, Pr.ur., Luc. 1 6). Posteriormente ($ 211) Plinio 
vuelve a hablar de Lucio Licinio, el más famoso de ambos. 

$4 Año 55 a. C. Su colega fue Marco Licinio Craso, 

15 A la que Pompeyo atribuyó sus triunfos y cuyo pequeño templo se 
alzaba, como un apéndice, en la parte central de la gran cávea del teatro 
Pompeyo, inaugurado el año 55 a, C. 

1 Séxeca (Dial. X 13, 6) afirma que Pompeyo fue el primero que 
ofreció una lucha de 13 elefantes, cf. también Dión Casto, XXXIX 38, 2. 


21 


22 


126 HISTORIA NATURAL 


ron en el circo con los getulos% que disparaban contra ellos, 
resultando admirable la lucha de uno de ellos, que, con sus 
patas heridas, se arrastró de rodillas contra los grupos de 
enemigos, arrojando a las alturas sus escudos, tras arrebatár- 
selos, los cuales produjeron gran sensación a los espectado- 
res al caer dando vueltas, como si fueran lanzados por des- 
treza y no por el furor de una fiera. También fue cosa de 
admirar sobremanera la muerte de otro de un solo golpe: la 
lanza, clavada bajo un ojo, había penetrado hasta los puntos 
vitales de su cabeza. 

Todos intentaron salir de estampida, no sin conmoción 
del público, a pesar de las barreras de hierro que los rodea- 
ban. Por ello, posteriormente, el dictador César, para ofrecer 
un espectáculo semejante, rodeó la arena con unas fosas * 
que el emperador Nerón suprimió para añadir localidades 
para el orden ecuestre*. Pero los elefantes de Pompeyo, per- 
dida la esperanza de huir, buscando la compasión del públi- 
co, comenzaron a suplicar con una actitud indescriptible, 
Horando por ellos mismos entre lamentaciones, con tan gran 
dolor del pueblo que, olvidándose del general y de la muni- 
ficencia desplegada en su honor, se levantaron todos lloran- 
do y abrumaron a Pompeyo con imprecaciones que él expió 
inmediatamente. 

Lucharon también para el dictador César en su tercer 
consulado * veinte elefantes contra quinientos infantes, y otra 


47 Pueblo del norte de África, que limita al sur con Mauritania y Nu- 
midia, 

4 El año 49 a. C. Surronto (César 39, 1 ss) dice que «se había en- 
sanchado la planta del circo y se había abierto una fosa a su alrededon».. 

4 Surronio (Nerón 11, 2) solamente dice que «reservó al estamento 
ecuestre asientos separados del resto de público»; Tácrro (An. XV 32) 
dice también: «en el circo mandó poner los lugares y asientos para los 
caballeros delante del de los plebeyos». 

30 El año 46 a. C. Cf. Suer., César 39, 1 ss. 


LIBRO VIH 127 


vez un número igual provistos de torres con sesenta comba- 
tientes*! contra el mismo número de infantes que entonces e 
igual número de jinetes enfrentados a ellos. Después lucha- 
ron de uno en uno para los emperadores Claudio y Nerón, al 
finalizar la actividad de los gladiadores”. 

Se cuenta que es tan grande la clemencia de este animal 
hacia los menos fuertes, que en una manada de animales 
aparta con la trompa a los que se ponen delante para no 
aplastar a ninguno por descuido. Y no hacen daño a no ser 
que se los provoque, y ello a pesar de que siempre marchan 
en grupo y, de todos los animales, son los que menos andan 
solos. Cuando se ven rodeados por la caballería, recogen en 
el centro de la manada a los débiles, cansados y heridos y, 
como si lo hicieran cumpliendo órdenes o por táctica, se sus- 
tituyen por turno *, 

Los cautivos se amansan muy rá- 
88) pidamente con agua de cebada*, En 
De qué modo la India se los caza conduciendo un 
se los captura , 
guía a uno de los domados para que 
golpee a otro salvaje al que coge en 
solitario o separado de la manada; fatigado éste, el guía se 
sube a él y lo conduce de la misma forma que al primero. 


51 El número que da Plinio es evidentemente exagerado. Sobre el uso 
bélico de los elefantes con torres, cf. Lucr., Y 1302, 

2 La interpretación del término latino consummatio es discutida, No- 
sotros pensamos con Ernout que aquí se referiría a la retirada de los gla- 
diadores. 

3% Enano (VI 15 y 36) narra más extensamente las muestras de 
amor mutuo de los elefantes, así como su técnica para huir de los caza- 
dores. 

3% Podría tratarse de alguna bebida similar a nuestra cerveza, ARISTÓ- 
TELES (NA 1 1, 4884 29 y 488b 22) dice que el elefante se domestica fácil 
y rápidamente. En IX 610a 25 habla de cómo se los caza. Cf. EL., VI 
10, sobre la caza del elefante. 


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25 


26 


128 HISTORIA NATURAL 


África los caza mediante fosas y, si alguno cae en ellas ex- 
traviado, los demás amontonan enseguida ramas, hacen ro- 
dar enormes rocas, forman terraplenes y tratan de sacarlo 
con todas sus fuerzas *, 

Anteriormente los reyes, para domarlos, los hacían en- 
trar por medio de la caballería en una hondonada artificial y 
engañosa por su larga extensión y los domaban mediante el 
hambre, cercados por los taludes y las fosas. La prueba con- 
sistía en la aceptación pacifica de una rama ofrecida por 
cualquiera”, Ahora, para conseguir sus colmillos, se los hiere 
en los pies, que, por lo demás, son muy blandos. 

Los trogloditas* limitrofes con Etiopía, que sólo se 
alimentan de esta caza, se suben a los árboles que están 
junto a la senda de éstos y, acechando al último de la ma- 
nada, saltan desde allí sobre el extremo de sus ancas. Con 
la mano izquierda se cogen de su cola y entrelazan sus 
piernas en torno a su muslo izquierdo; colgados asi, cortan 
con la diestra la otra rodilla y, tras dejar impedida esta 
pata, con una segur bien afilada cortan los tendones de la 
otra rodilla mientras se apartan, tras ejecutarlo todo con 
veloz agilidad. Otros, con un tipo de caza menos peligro- 
so, pero menos certero, clavan en el suelo bastante lejos 
enormes arcos tensados; unos jóvenes escogidos por su 
vigor sostienen éstos, mientras otros los tensan con el 
mismo esfuerzo y disparan venablos a modo de flechas al 
paso de los elefantes y a continuación los persiguen si- 
guiendo el rastro de su sangre. 


55 Cf. Juma, FGrH 275, fr. 51 JaconY. 

36 Cf. PLur., Sobre la inteligencia de los animales 17, 1. 

57 Al sur de Egipto, en la costa del mar Rojo, cf. PLin., 11 178, 
nota 270, en el vol. 206 de esta misma colección. 


LIBRO VII 129 


Las hembras de la especie de los 


9 (9) elefantes son mucho más temerosas?*. 
De qué modo Los elefantes enfurecidos se domesti- 
se los doma 


can mediante el hambre y los golpes, 
acercando otros elefantes para que cas- 
tiguen con cadenas al alborotador. Por lo demás se enfurecen 
especialmente en la época del apareamiento e incluso destru- 
yen con sus colmillos los establos de los indios. Por ello les 
impiden el apareamiento y separan los grupos de las hembras, 
a las que cuidan del mismo modo que al ganado mayor. 

Los elefantes domados luchan en la guerra y llevan en 
sus lomos torres de soldados armados y en gran parte deci- 
den las guerras en oriente, arrollan las líneas de combate y 
pisotean a los soldados. Estos mismos se espantan por el 
gruñido del más pequeño lechón” y, heridos o espantados, 
siempre retroceden, causando una destrucción similar en su 
bando. Los africanos sienten pavor ante el elefante de la In- 
día y no se atreven a mirarlo, pues la corpulencia de los de 
la India es mayor%, 

10 (10) La gente cree que gestan en su se- 

Sureproducción —. YO durante diez años; Aristóteles pien- 

y demás sa que durante dos y que no engendran 

ae cióecia más que una cría y que viven doscien- 

tos años y algunos, trescientos%!. Su madurez comienza a par- 

tir de los sesenta años, Les gustan especialmente las corrientes 

$8 Cf. Axis, HA TX 1, 610220 y VI 18, 571b31. Sobre la doma de los 
elefantes, cf. EsTR., XV 1, 704 s. 

32 Cf. Sén,, De la ira, 1 11, 5; Phor,, SA 32, 8; EL,, 138, VIN 28 y 
XVI 36. Los manuscritos dan las variantes minime y minimo, adoptada 
ésta por la mayoría de los editores, aunque Ernout, siguiendo a Harduino, 
acepta minimí, como nosotros, en consonancia con Gror., XV 1. 

6% Cf. Por.., V 84, 6; Sor.., 25, 8. 


él PLauro atestigua la creencia popular (Est, 167, ss.). PLimo (Pref. 1 28) 
dice, refiriéndose a sus detractores: «me he enterado de que hay estoicos,...., 


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130 HISTORIA NATURAL 


de agua y vagan en torno a los ríos, aunque, sin embargo, no 
pueden nadar a causa de la magnitud de su cuerpo. Soportan 
mal el frío, padecen éste más que nada, así como la hinchazón 
y la diarrea y no sufren otro tipo de enfermedades. He leído 
que las armas que están clavadas en su cuerpo caen cuando 
beben aceite y que se les hincan con más facilidad cuando 
están sudorosos. 

Es mortal para éstos comer tierra, a.no ser que la coman 
muy a menudo. Por otra parte, devoran incluso las piedras; 
tienen a los troncos como su alimento más apetecible. De- 
rriban con su frente las palmeras más altas y devoran el 
fruto de las asi caídas. Comen por la boca, respiran, beben y 
huelen por lo que, no sin propiedad, se llama «mano» Y 

De entre los animales odian sobre todo al ratón* y, si 
ven que alguno de ellos toca el pienso colocado en él pese- 
bre, lo rechazan, Padecen el mayor sufrimiento cuando, al 
beber, se tragan una sanguijuela, a la que veo que vulgar- 
mente se la comienza a llamar sanguisuga*, Cuando ésta 
queda adherida en su canal de la respiración les hace sufrir 
un dolor insoportable, 

Su piel es muy dura* en el lomo y blanda en el vientre, 
no tienen cerdas que la protejan y ni siquiera en la cola! tie- 
nen protección para apartar el incordio de las moscas (pues, a 


que desde hace diez años están ellos teniendo abortos, cuando hasta los ele- 
fantes paren más rápidamente». ArisróreLEs (HA V 14, 546b 11) dice que la 
hembra gesta durante dos años, y más tarde (HA VI 27, 578a 16-20) informa 
de que unos autores dicen que la gestación dura año y medio y otros, que tres 
años. En cuanto a su longevidad da una cifra entre 120 y 300 años. 

% Cf. ArisT., HA 111, 492018; TE 1, 497b26; VIII 26, 605425. 

6 Cf. SoL., 25, 9-10, 

%TLa denominación más corriente para la dal era hirudo, que 
también es la más usada por Plinio. 

$5 El término paquidermo, de origen griego, significa, en efecto, «piel 
dura». 

66 Cf, AxtsT:, HA IT 1,499a10. 


LIBRO VII 131 


pesar de ser tan grande, también su corpulencia lo siente), pe- 
ro su piel está surcada de arrugas y atrae a esta especie de bi- 
chos por su olor. Por ello, cuando su piel distendida alberga 
bandadas de éstas, las matan oprimiéndolas entre sus arrugas 
cerradas repentinamente; esto les sirve de cola, crin y pelo. 
Sus colmillos gozan de un enorme aprecio y de ellos se 
extrae el material más espléndido para las estatuas de los dio- 
ses, El lujo ha encontrado otro mérito en el sabor que se 
busca en la piel de su trompa, no por otra razón, a mi enten- 
der, que porque se experimenta la sensación de que se está 
comiendo el propio marfil. El gran tamaño de sus colmillos se 
ve especialmente en los templos, pero, sin embargo, en los 
últimos confines de África, donde limita con Etiopía, Polibio, 
tomando como fuente a un reyezuelo llamado Gulusa%, nos 
ha transmitido que hacen la vez de jambas en las viviendas y 
que los cercados de éstas y los rediles para los animales se 
hacen con colmillos de elefantes utilizados como postes. 
África produce elefantes más allá 


a( ; E 
ci de los desiertos de las Sirtes; también 
Rivalidad los hay en Mauritania*; los tienen 
entre ellos y 


también los etíopes y los trogloditas, 
como se ha dicho” pero los más 
grandes los produce la India”!, así como los dragones”? que 
tuchan con éstos en continua rivalidad y son de tan gran ta- 


los dragones 


6? Junto con el oro, era el material más apreciado. 

6 Cf Por, XXXIV 16, 1. Gulusa era uno de los hijos de Masinisa 
(cf. SaL., lug, 15, 6). 

6% Sobre las Sirtes, cf. Pix, Y 27; Sobre los elefantes de Mauritania, 
cf. $2, 

% Cf, $ 26. 

11 PruiO (VI 21) dice que la India produce los animales más grandes 
en general; Cf. Esrr., XV 1, 705. 

12 Término procedente del griego, utilizado como sinónimo de ser- 
pens o angues, aunque también se usa para designar al animal legendario 


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132 HISTORIA NATURAL 


maño también ellos mismos que los envuelven con una fácil 
rosca y los estrangulan con el lazo de su nudo. Esta lucha 
produce la muerte de ambos, pues el vencido, al derrumbar- 
se, aplasta con su peso al que lo tiene abrazado. 
Cada animal tiene una habilidad 
212 innata sorprendente, como éstos la su- 
La astucia ya. El dragón tiene dificultad para su- 
de los animales biz a ma altura tan grande y, por ello, 
tras vigilar el camino frecuentado por 
éstos hacia los pastizales, se arroja encima de ellos desde un 
árbol alto. El elefante sabe que la lucha contra las roscas es 
desigual para él y así busca despedazarlo contra los árboles 
o las rocas. Los dragones se precaven de esto y por ello en- 
trelazan en primer lugar sus patas con su cola, Aquellos de- 
satan los nudos con su trompa. Éstos, por su parte, meten su 
cabeza en las mismas narices y, al instante, obstruyen. el pa= 
so del aire y desgarran sus partes más vulnerables, Cuando 
se encuentran de frente, se levantan contra sus adversarios y 
se lanzan especialmente contra los ojos; así ocurre que a 
menudo se encuentran elefantes ciegos y consumidos por el 
hambre y por la enfermedad de la tristeza, : 
¿Qué causa se podría aducir de tan gran odio sino la de 
que la naturaleza se amaña el espectáculo de tales parejas? 
Hay también otra descripción de esta lucha: dicen que la 
sangre del elefante es muy fría y que, por esto, el momento 
en que los dragones los buscan es especialmente cuando el 
verano es más caluroso; que, por ello, están al acecho su- 
mergidos en los ríos cuando aquellos beben y que, enros- 


con pies y alas. Plinio utiliza el término para referirse a serpientes gigan- 
tes. La lucha entre ellas y los elefantes pertenece al campo de la fábula 
(cf, MeLa, Il 62: Arut., Flór, VI 6, 3; Luc., Fars. 1X 730 ss.). 


LIBRO VII 133 


cándose”? en su trompa atrapada, dan un mordisco a su 
oreja, porque solamente este punto no puede ser defendido 
con la trompa. Que los dragones son tan grandes que sorben 
toda su sangre y que, por ello, los elefantes, desangrados y 
consumidos por éstos, caen, y que los dragones, ebrios de 
sangre, son aplastados y mueren juntamente con ellos. 

Etiopía los produce iguales a los 
de la India: de veinte codos?”*, Lo más 
extraño es de dónde sacó Juba”” que 
tenían cresta, Se llaman etíopes asa- 
queos” aquellos en cuyo territorio 
nacen en mayor cantidad; cuentan también que en sus te- 
giones marítimas, enlazados entre sí de cuatro en cuatro o 
de cinco en cinco a modo de cañizo, formando una vela con 
sus cabezas erectas, se dejan llevar por las olas hacia los 
pastos mejores de Arabia. 


B (3) 
Los dragones 


Megástenes”” escribe que en la 


14 04 s . 
A Indía las serpientes crecen hasta un 
desmesurado tamaño tan grande que devoran cier- 
Cada vos y toros enteros; Metrodoro”, que 
serpientes y , > q 


en el Ponto, en torno al río Ríndaco”, 
se tragan a las aves engulléndolas de un bocado aunque vue- 
len alto y rápido. Es famosa una serpiente de ciento veinte 


23 Aceptamos intortosque, la corrección de Envour a los mss., frente 
a la lectura de Mayhoff, PrL.m1o, al hablar del cinabrio, vuelve a hablar de 
la sangre de los elefantes (cf, XXXUI1 116), 

2% Algo más de ocho metros y medio, 

25 FGrH 275, fr. 58 Jacoby. Sobre la incredulidad acerca de ello, cf. 
Prix, XI 122; XXIX 54. 

76 Cf, PLax., VI 191, donde los denomina asacas, 

1 FGrH 715, fr. 22 Jacony. Sobre el personaje, cf. PLm,, VI 58. 

% FGrH 184, fr. 10 Jacony. Historiador griego, natural de Escepsis, 
del siglo 1 a. C, 

7 Actual Mualitsch, cf. V 142, 


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134 HISTORIA NATURAL 


pies de longitud, que fue tomada por el general Régulo, co- 
mo si se tratara de una ciudad, con ballestas y máquinas de 
asalto, en las guerras púnicas, junto al río Bagrada*”: su piel 
y sus quijadas permanecieron en un templo de Roma hasta 
la guerra de Numancia. Dan crédito a estos relatos las lla- 
madas «boas» en Italia, que llegan a tan gran tamaño, que, 
en el principado del divino Claudio, fue encontrado un niño 
entero en el vientre de una, matada en el Vaticano. Se ali- 
mentan primero con la succión de leche de vaca, de donde 
les viene el nombre?!, 
De los demás animales que, llega- 
15(159 dos recientemente desde todas partes, 
or ioiadto Petit han venido a Italia con mayor fre- 
Los bisontes y los uros Cuencia, no es necesario describir con 
detalle la forma. En Escitia se crían * 
muy pocos por la falta de arbustos, en Germania, limítrofe 
con ella, pocos, aunque son notables las especies de bueyes 
salvajes, los bisontes con crin y los uros*?, de una fuerza y 
velocidad extraordinarias, a los que el pueblo inculto da el 
nombre de «búbalos»*, a pesar de que es en África donde 


80 Se trata de Marco Atilio Régulo, que luchó en la primera Guerra 
Púnica, año 256 a, C. El suceso es mencionado ya por ELio TUBERÓN, 
según GeLI0O, VIT 3, y después por otros autores latinos, El río es el actual 
Medjerda, cf. V 24, 

8l Esta falsa etimología popular se encuentra también en Ismoro 
(Etim. XII 4, 28), que la achaca al daño que causa al ganado bovino, a 
cuyas ubres se enlaza, matando al animal tras succionar su leche, 

8 Según algunos especialistas, los bisontes (bonasos del párrafo 40) 
se identificarian con el bisonte europeo (Bison bonasus) (cf. Lerruzer, 
Zoologische Terminologie beim Álteren Plinius, Hildesheim, 1972). Los 
uros, por su parte, se identificarian con el bos primigenius, según el mis- 
mo autor. A éstos los describe con detenimiento César (Guerra de las 
Galias VI 28). 

83 Con esta palabra se designaban en Roma dos animales: el búfalo, 
que se confundía con el uro (cf. VirG., Geórg. U 374, Il 532) y el anti- 


LIBRO VIH 135 


nacen éstos, que tienen cierta semejanza con el ternero y el 
ciervo. 
El Septentrión ofrece también ma- 


(16) nadas de caballos salvajes, así como 
. Se Asia y África lo hacen de asnos, y 
y el bonaso además el alce, similar a un jumento, 


salvo que los distingue la longitud de 

las orejas y de la cerviz; del mismo modo, ofrece el aclis** 
que vive en la isla de Escandinavia* y no se ha visto nunca 
en esta parte del globo, aunque muchos han hablado de él; 
es semejante al alce, pero sin ninguna flexibilidad de los 
corvejones y, por ello, sin posibilidad de tenderse para dor- 
mir, se apoya en un árbol y, sí se corta éste, se lo coge por 
sorpresa; de otra forma tiene una rapidez antológica. Su la- 
bio superior es desmesurado; por ello marcha hacia atrás 

mientras pace, para que no se enrolle al marchar de frente. 
Cuentan de una fiera de Peonia que se llama bonaso*', 
con crin de caballo y en lo demás parecida al toro, con los 
cuernos tan enroscados que no son aptos para el combate, A 
causa de ello, busca refugio en la huida y deja en ella un ex- 
cremento, en una extensión de hasta tres yugadas!” a veces, 


lope bubalis, antílope de Mauritania (cf, Arisr., HA MI 6, 515b 34); en 
PuiwIO (XI 222) Ernout crce que se trataría del búfalo. , 

8 Para algunos autores, como Ernout, el achlis y el alce serían el 
mismo animal, mientras que para otros se trataría de dos animales dife- 
rentes (así piensa Leitner). Es muy difícil identificar al achlis, ya que su 
descripción parece poco real, 

85 Cf. Puaw., IV 96, donde la considera una isla. 

86 Cf. nota a $ 38, referente a los uros. Sobre Peonia, en el: norte de 
Macedonia, cf, PLin., IV 33, 

$7 La yugada era una medida: de superficie, representada por un rec- 
tángulo de 240 pies de largo y 120 de ancho (unas 25 áreas). Se conside- 
raba lo que podía labrar una yunta en una jornada, 


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136 HISTORIA NATURAL 


cuyo contacto abrasa a sus perseguidores como una especie 
de fuego. 
Es sorprendente que los leopardos, 


67) panteras, leones y otros animales se- 
Los leones. mejantes caminen con la punta de sus 
Cómo nacen 


garras metida en las membranas de su 
cuerpo, para que no se rompan ni se 
emboten, y que corran con las zarpas retraídas y no las sa- 
quen si no es para atacar. 

16 El león alcanza su máxima nobleza cuando su mele- 
na le cubre el cuello y la parte superior de la espalda; esto 
les sucede con la edad a todas las crías del león. Sin embar- 
go, las del leopardo carecen siempre de este distintivo, lo 
mismo que las leonas*”, Éstas tienen una gran ansia de apa- 
reamiento y de ahí el furor de los machos. África es la que 
contempla especialmente esto, pues, por la falta de agua, las 
fieras se congregan junto a unos pocos rios. Por ello, tam- 
bién allí se dan partos de animales de muy diversas formas, 
al mezclarse, bien por la fuerza o por el placer, los machos 
con las hembras de cualquier especie. De aquí también el 
proverbio griego de que África siempre ofrece algo nuevo, 
El león nota por el olor el apareamiento del leopardo con 
una leona adúltera y se lanza con toda su violencia a casti- 
garla; por consiguiente, ella se lava de su falta en un río o lo 
acompaña solo de lejos”. Compruebo que el vulgo cree que 


88 Para Plinio, los pardos, o leopardos, son los machos de las pante- 
ras. 

$2 Los leopardos serían producto del cruce del pardo y la leona, de 
donde les vendría el nombre, según la explicación dada por Isimoro 
(Etim., XT 2, 11). 

% Servio (Com, a Virg., En. TM 113), para dar color científico al mito 
de la conversión de Hipómenes y Atalanta en león y leona y al hecho de 
que Cibeles dispusiera también que en lo sucesivo los leones y leonas no 
copulasen jamás entre ellos, cita este pasaje de Plinio y escribe «pues 


LIBRO VIH 137 


únicamente pare una vez, por haber desgarrado su útero en 
el parto con la punta de sus garras”, 

Opina otra cosa Aristóteles, autor a quien voy a seguir 
en gran parte en este tema y, por ello, pienso que debo ha- 
blar de él. Inflamado por el deseo de conocer las clases de 
animales, el rey Alejandro Magno confió esta misión a Aris- 
tóteles, el hombre más sabio en toda ciencia, y se dio orden 
de obedecerle a varios millares de hombres en todo el terri- 
torio de Asia y Grecia, a todos los que vivían de la caza, la 
captura de aves o la pesca o cuidaban de vivares, rebaños, 
enjambres, viveros, pajareras, para que ninguna criatura de 
ninguna parte fuese desconocida por él. Interrogando a és- 
tos, sacó a la luz casi cincuenta volúmenes famosos sobre 
los animales”, 

Pido que los lectores juzguen con benevolencia estos li- 
bros resumidos por mí, con otras cosas que él ignoraba, 
mientras recorren brevemente, como consecuencia de nues- 
tro interés, todas las obras de la naturaleza y la esencia de lo 
que constituyó el anhelo del más famoso de todos los reyes. 

Éste, pues, cuenta que la leona pare cinco cachorros en 
su primer parto y uno menos cada año, y que se vuelve esté- 
ril tras parir solamente uno; que, en un primer momento, 
son informes y que tienen muy poca carne, con el tamaño de 
las comadrejas, que a los seis meses apenas pueden andar y 
que no se mueven hasta que tienen dos meses; que en Euro- 


también Plinio en su Historia Natural dice que el león copula con la 
pantera y la leona con el leopardo». 

21 Esta noticia ya aparece en Heróboro (TI 108, 4). ArtsróreLeS la 
rebate (HA VI31, 57902). 

2 C, García GuaL (Introducción a la traducción de ArysT., [nvesti- 
gación sobre los animales, B. C. G. 171, Madrid, 1992, pág, 20, nota) 
cree que se trata de una «fábula helenística» el hecho de que Alejandro 
hubiese procurado abundante información a Aristóteles, Antígono de Ca- 
risto atribuye a Aristóteles setenta libros sobre los animales. 


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138 HISTORIA NATURAL 


pa solamente existen leones entre los ríos Aqueloo y Mes- 
to%, pero que tienen mucho más vigor que los que producen 
África o Siria, : 


46 Hay dos clases de leones: una acha- 
(18) parrada y pequeña, con melenas más 
Cuáles rizadas. Éstos son más asustadizos 


son sus clases ¿e los alargados y con pelo lacio; me- 


nosprecian las heridas. Los machos 
expelen la orina con la pata levantada como los perros; su 
olor es muy fuerte y no menos su aliento; beben pocas veces 
y se alimentan en días alternos; una vez saciados, se privan 
de comida durante tres días; al comer, devoran enteros los 
alimentos que pueden y, cuando su vientre no es capaz para 
su voracidad, los sacan con sus garras que introducen en sus 
fauces, del mismo modo que si tienen que huir cuando se 
han saciado. 

87 Sostiene Aristóteles con este argumento que la vida de 
éstos es larga: que se halla a muchos privados de dientes. 
Polibio, compañero de Emiliano”, cuenta que, en la vejez, 
éstos atacan al hombre porque no les quedan fuerzas para 
perseguir a las fieras, En esa etapa ponen cerco a las ciuda- 
des de África y por eso él, en compañía de Escipión, los vio 
crucificados, para que los demás, por miedo a un castigo 
semejante, se abstuvieran de cometer el mismo crimen. 

48 -- De entre todas las fieras solo el 

(19) león siente piedad por los que le im- 
ión el ploran; perdona a los que se postran y, 
de su naturaleza Cuando se enfurece, ruge contra los 

hombres más que contra las mujeres y 


% Hoy Aspropótamo y Wardar respectivamente. El territorio com- 
prendido entre ellos es Macedonia (cf. Prn., 11 201; IV 5, 40, 42). 

% PoL., XXXIV 16, 2, P. Cornelio Escipión Emiliano se instruyó. y 
helenizó con Polibio y Panecio. 


LIBRO VII 139 


no lo hace contra los niños, si no tiene mucha hambre. Li- 
bia* cree que captan el significado de las plegarias; cierta- 
mente he oído de una cautiva que regresó de Getulia”, que 
había mitigado el impetu de muchos de ellos en las selvas, 
atreviéndose a decirles, mientras conversaba con ellos, que era 
una mujer fugitiva, débil, que suplicaba al animal más noble 
de todos y rey de los demás, presa impropia de su gloria, 

Sobre esto las opiniones están divididas: sobre si las 
fleras se amansan, al dirigirles la palabra, por instinto o por 
azar, porque tampoco la experiencia ha discernido si es ver- 
dad o mentira que se puede hacer salir a las serpientes me- 
diante el canto y someterlas-a castigo. 

La cola es el indicio del estado de ánimo de los leones, 
como las orejas lo son del de los caballos; efectivamente, la 
naturaleza atribuyó estos signos a los animales más nobles. 
Inmóvil indica que está en calma, suavemente agitada que 
está tranquilo, lo que es raro; es más frecuente, en efecto, la 
cólera; cuando ésta comienza, golpean la tierra y, cuando 
aumenta, se golpean el lomo como si se azotaran. 

Su mayor fuerza reside en el pecho. Ya hinque las ga- 
rras, ya los dientes, de todo tipo de heridas fluye sangre ne- 
gra. Estos mismos, si están saciados, son inofensivos” 

Su nobleza se comprueba especialmente en los mo- 
mentos de peligro, no sólo por el hecho de que, sin tener en 
cuenta los dardos, se defiende largo tiempo únicamente me- 
diante el terror y testifica que se ve, por así decirlo, forzado 


95 EJ texto es inseguro. Mayhoff acepta fuba, conjetura de Pinciano, 
aunque la mayor parte de los manuscritos dan £ybia, lección que aparece en 
la mayoría de los editores modernos y que nosotros hemos aceptado aquí. 

% Sobre esta región, cf. PLm., V 30 y $ 20 de este mismo libro. Acer- 
ca de la ferocidad de los leones de este territorio cf. Virs., En. Y 351; 
Hor., Od. 123, 10; 111 20, 2. 

97 Cf. Arusr., HA IX 44, 629b 8; 44, 6304 5. 


51 


s2 


140 HISTORIA NATURAL 


a luchar y se lanza, no como forzado por el peligro, sino 
como si estuviera loco de rabia, Hay otra muestra aún más 
noble de su carácter: por grande que sea la cantidad de pe- 
rros y cazadores que lo acosen, retrocede despectivamente y 
sin prisa cuando está en la llanura y se le puede ver, pero, 
cuando alcanza la maleza y los bosques, se lanza a una ca- 
rrera desenfrenada, como si el terreno ocultase su vergien- 
za. Mientras va en persecución, corre a saltos, cosa que no 
suele hacer cuando huye. 

Cuando es herido, reconoce de un golpe de vista asom- 
broso al que lo ha golpeado y se lanza contra él en medio de 
la multitud por muy grande que sea ésta; sin embargo, a 
aquél que disparó contra él pero no lo hirió, cuando lo al- 
canza, lo derriba a tierra rodando, pero no lo hiere. Cuando 
la hembra recién parida lucha por sus cachorros, se cuenta 
que fija la vista en tierra para no espantarse de los venablos. 

Por. lo demás, no utilizan engaños, ni son recelosos, ni 
miran de reojo, ni quieren que se los mire así, Según se cree, 
cuando están muriendo, muerden el polvo? y derraman una 
lágrima al expirar. Sin embargo, a este animal tan noble y 
tan fiero lo asustan las ruedas al girar y los carros vacios y 
las crestas de los gallos y más aún su canto”; pero, sobre 
todo, el fuego. Solo padece el mal de la desgana, que se cu- 
ra azuzándolos, desencadenando su furia el jugueteo de 
unas monas colocadas a su lado; el sabor de su sangre le 
sirve de remedio inmediato 1. . 


2% El morder la tierra al morir es, para los antiguos, signo de un ca- 
rácter extraordinario (cf. VirG., En. X1 416). 

2% Sobre esta creencia popular, cf. PLiw,, X 47; Lucr.,, 1v 710 ss.; EL. 
1131, 

100 Cf Er, V 39, que afirma que «cuando se ha saciado en exceso, se 
repone con la quietud y el ayuno, o captura un mono y, comiéndose parte 
de él, exonera su vientre con su catne». : 


LIBRO VIH 141 


SN Escévola, hijo de Publio'”, fue el 

Quién celebró en Pimero que, en su edilidad curul, 

Roma por primera ofreció en Roma una lucha de muchos 

1d pr de leones. comes a la vez; sin embargo Sila, que 

ella el mayor después fue dictador, fue el primero 

número de leones de todos que hizo combatir en su pre- 

tura!” a cien leones con melena. Tras él, Pompeyo Mag- 

no!% presentó seiscientos en el circo, de los que trescientos 
quince tenían melena. El dictador César !%, cuatrocientos. 

21) Su captura era en otros tiempos 

Quién fue el primer. muy dificultosa, haciéndose preferen- 

romano que los unció. «mente con fosas. El azar enseñó otro 


Prodigios E ER 
realizados procedimiento en el principado de Clau- 
Hor leones dio!%, casi deshonroso para la fama 


de tal animal, cuando un pastor de Getulia arrojó su sayo 
frente a la acometida de un león que se le echaba encima. 
Este espectáculo fue trasladado inmediatamente a la arena, 
mitigando su enorme fiereza de forma apenas creíble, al cu- 
brir su cabeza echando encima algo, aunque sea muy ligero, 
hasta tal punto que se deja atar sin oposición: es evidente 
que toda su fuerza radica en los ojos. Por ello no es tan raro 


que un león fuese estrangulado por Lisímaco, encerrado con 
106 


él por orden de Alejandro '*”*, 


. Y9* Quinto Mucio Escévola, persona de carácter integro y de gran au- 
toridad, cónsul en el año 95 a, C, y edil curul en el 104, promotor de la 
lex Licinia Mucia, que eliminaba de la lista de ciudadanos romanos a los 
itálicos incluidos mediante datos falsos. 

102 En el año 93 a. C. 

10 El año 55 a, C. Cf. $ 20; PLur., Pomp. $2, 4; Dión Casto., 
XXXIX 38, 1. 

104 El año 46 a, C. Cf. $ 22, 

105 Emperador entre los años 41 y 54 d, C. 

106 Tisimaco de Pela fue rey de Tracia tras la muerte de Alejandro 
Magno. Sobre este acontecimiento escribieron varios autores antiguos, entre 


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142 HISTORIA NATURAL 


Marco Antonio fue el primero en Roma que los sometió 
a un yugo y los unció a un carro, y precisamente en la gue- 
tra civil, tras haberse luchado en las llanuras de Farsalia?*”, 
no sin dejar de ser un presagio de los tiempos, al simbolizar 
dicho prodigio el yugo que soportaban los espíritus nobles, 
Pues, el hecho de que fuera transportado así en compañía de 
la mima Citéride '%, superó incluso los funestos designios 
de aquellas calamidades. 

Se cuenta que Hanón *”, uno de los más ilustres cartagi- 
neses, fue el primer hombre que se atrevió a acariciar a un 
león con su mano y a mostrarlo domesticado y que fue con- 
denado, con el argumento de que un hombre de un ingenio 
tan hábil parecía ser capaz de persuadir de cualquier cosa, y 
de que mal se podía entregar la libertad a aquél ante quien la 
fiereza cedía hasta tal punto. 

También hay ejemplos fortuitos de su clemencia. En Si- 
ría, el siracusano Mentor, al hallarse de frente con un león 
que daba vueltas suplicante ante él, atónito por el terror, 
puesto que la fiera se ponía delante de él cuando intentaba 
huir y le lamía los pies, como si le suplicase, observó en su 
pata una herida hinchada; tras extraer la espina, lo libró de . 
su mal, Una representación pictórica da testimonio en: Sira- 
cusa de este suceso !', 


109 


los que el único que muestra su escepticismo es QUINTO: Curcio Ruro 
(VII 1, 15) que la denomina fabulam. eo 

107 La batalla de Farsalia tuvo lugar el año 48 a. C.: 

10% YT iberta de Volumnio Eutrapelo. Sobre ella escribe Cicerón (At. X 
10, 5; Fam., 1YX 26, 2) 

19% Existen varios personajes cartagineses con este nombre. Para unos 
se trata del navegante de los siglos vi a v a. C. (ef. PLrx., 11 169). Para 
otros sería un general del siglo mí a, C. Sobre la anécdota, ELtano (V 39) 
cuenta que lo tenía como portador de su bagaje. 

110 Quizás la más famosa de estas historias sea la de Androcles, que 
ha pasado a ser un tema recurrente en la literatura e incluso ha llegado al 


LIBRO VI 143 


Del mismo modo, Élpide, samio de nacimiento, trasla- 
dado a África en barco, habiendo visto en la costa un león 
con las fauces amenazadoras, se refugió. en un árbol invo- 
cando al padre Líber, porque el momento más apropiado pa- 
ra las promesas es aquél en que no hay esperanza. Pero la 
fiera no lo persiguió, aunque habría podido hacerlo, y, tum- 
bándose junto al árbol, pedía misericordia con las mismas 
fauces con que lo había aterrorizado. Un hueso, por morder 
con demasiada ansiedad, se había incrustado entre sus dien- 
tes y lo atormentaba sin dejarle comer —el castigo se debía 
precisamente a sus propias armas—. Sin fiarse del aconte- 
cimiento inesperado de ver a la fiera contemplándolo y co- 
mo suplicándole con mudas plegarias, permaneció quieto 
mucho tiempo, más por la sorpresa que por el miedo. Final- 
mente, tras descender, arrancó el hueso al león, ya que se lo 
mostraba y se dejaba hacer todo lo que fuera necesario. 
También cuentan que, mientras la nave estuvo fondeada en 
el litoral, el león manifestó su agradecimiento suministrán- 
dole caza. Por ello Élpide consagró un templo al padre Lí- 
ber en Samos, al que los griegos denominaron por esta ra- 
zón «Dioniso con la boca abierta» !'!, 

¿Nos admiraríamos después de esto de que las fieras re- 
conozcan las huellas de los hombres, cuando es el único 
animal del que esperan ayuda? ¿Por qué, en efecto, no van 
en busca de otro animal o de dónde les viene el conocimien- 
to de que las manos del hombre pueden curar? A menos que 
la fuerza del mal obligue incluso a las fieras a experimen- 
tarlo todo. 


cine, cf. GaL., V 14, 10-29; EL., VII 48; Séneca (Sobre los ben, U 19, 1) 
narra una historia similar contemplada en su época en el anfiteatro. 
41 Cf EL., VIT 48. Plinio utiliza el griego para esta denominación, 


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144 HISTORIA NATURAL 


17 Un hecho igualmente digno de recuerdo lo cuenta el 
naturalista Demetrio sobre una pantera: echada en medio del 
camino a la espera de un hombre, se apareció de repente al 
padre de un tal Filino, filósofo; éste comenzó a recular por 
miedo y la fiera a dar vueltas en derredor, halagándole cla- 
ramente y afligiéndose con una tristeza que incluso en una 
pantera podía notarse. Había parido y sus cachorros estaban 
caídos en una fosa un poco más allá; el primer movimiento 
de conmiseración fue no asustarse, el siguiente, prestarle 
ayuda, y, acompañándola por donde lo arrastraba con las 
garras suavemente clavadas en el vestido, cuando conoció la 
causa de su dolor y a la vez el precio de su salvación, sacó a 
los cachorros, y aquélla, junto con ellos, lo acompañó más 
allá del desierto, dando muestras de alegría para que se vie: 
se sin dificultad que le devolvía el favor y que no le pedía 
nada a cambio, cosa que incluso es rara en el hombre, 

Estos hechos dan crédito a Demó- 


22 y 
Un AR crito !''? que cuenta que Toante fue sal- 
ei vado en Arcadia por un dragón. Eo 
salvado por 7 : ] sn 
uni dragón había criado siendo niño con un ex- 


traordinario afecto, pero su padre, por 
miedo al tamaño y a la índole de la serpiente, la había lleva- 
do a un desierto y alli, cuando Toante había caido en la em- 
boscada de unos sis la serpiente, al reconocer su voz, 
lo socorrió. YE 
Realmente lo que se cuenta de 168 niños menta 
con leche de fieras tras haber sido abandonados, como de 
nuestros fundadores por una loba'*, yo opino que es más 


12 Demócrito de Abdera, filósofo de los ss. v=rv a. C. (cf. 11 14 y nota). 

t13 El caso de Rómulo y Remo se repite en la mitología grecolatina 
con varios niños expuestos y amamantados por animales, entre los que el 
más importante sería el de Zeus. 


LIBRO VII 145 


razonable pensar que sucedió por la grandeza de sus desti- 
nos que por el carácter de las fieras. 
La pantera y el tigre son casi las 
(23) únicas bestias que se distinguen por 
Las panteras sus manchas; las demás tiene cada 
una un color propio, según su especie; 
entre los leones, solo en Siria los hay 
negros. Las panteras tienen pequeñas manchas sobre fondo 
blanco, como ojos. Dicen que todos los cuadrúpedos son 
sorprendentemente atraídos por su olor!'*, pero que se es- 
pantan por el aspecto torvo de su cabeza; por ello, oculta 
ésta, atrapan a los que han sido atraídos por el encanto del 
resto. Hay quienes cuentan que éstas tienen en los ijares una 
mancha semejante a la luna, que crece en forma de círculo y 
que del mismo modo mengua. Ahora se da el nombre de «va- 
riadas» y leopardos, que son los machos, a toda esta espe- 
cie, muy abundante en África y Siria. Algunos distinguen a 
las panteras de los leopardos sólo por la blancura, y no se ha 
encontrado hasta ahora ninguna otra diferencia. 
04) Hubo un antiguo senadoconsulto 
Senadoconsulto.—- que impedía trasladar panteras africa- 
as al pomor nas a Ttalia, Gneo Aufidio!'”, tribuno de 
que presentó en Roma la plebe, presentó al pueblo una pro- 
de a ds puesta de ley contra éste y así permi- 
quién ofreció tió importarlas para el circo. Sin em- 
el mayor número bargo, Escauro!'*, en su edilidad, fue 


£14 PLINTO (XXI 39) no le da mucho crédito a esta afirmación. 

115 Se trata seguramente del tribuno de la plebe del año 170 a. C., que, 
según Lrvio (XLNI 8, 2) hizo posible que se ofrecieran el año siguiente 
espectáculos con animales africanos (XLIV 18, 8). Otros opinan que se 
trata del mismo Aufidio del que habla Cicerón (Tusc, Y 38, 112), pretor 
en el año 108 a. C. 

116 Edil curul en el año 58 a, C.; of, $ 96. 


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146 HISTORIA NATURAL 


el primero que trajo ciento cincuenta, todas de las llamadas 

«variadas»; después, Pompeyo Magno!””, cuatrocientas diez, 
y el divino Augusto, cuatrocientas veinte, 

Este mismo, en el consulado de 

(25) Quinto Tuberón y Pablo Fabio Máxi- 

Cuén tada tigre 90, cónsul por cuarta vez, en las nonas 

por primera vez de mayo, con motivo de la inaugura- 

en Roma, ción del teatro Marcelo!', fue el pri- 

Su reacción natural 

cuando se les roban METO que mostró en Roma, en la arena, 

sus crías un tigre domesticado; el divino Clau- 
dio, cuatro a la vez. 

18 Los hircanos!”” y los indios tienen el tigre, animal de 
una velocidad temible y especialmente demostrada cuando 
se le roban todas sus crías, que siempre son numerosas. Se 
las captura al acecho con el caballo más veloz y después se 
pasa a otro de refresco. Cuando la fiera recién parida en- 
cuentra vacio su cubil —pues los machos no cuidan de su 
prole — se precipita tras él, siguiendo sus huellas por el ol- 
fato. El raptor, al acercarse el rugido, suelta a uno de los ca- 
chorros, ella lo coge con la boca e, impulsada aún más rápi- 
damente por el peso, regresa, y de nuevo vuelve a la per- 
secución, y así una y otra vez, hasta que, cuando el cazador 
vuelve a la nave, la fiera se enfurece en vano en la costa. 

El oriente cría camellos entre otro 

Ed a tipo de ganado. Hay dos especies de 

Sus clases éstos: los de Bactriana y los de Ara- 

bia. Difieren en que aquéllos tienen 

dos protuberancias en el dorso y éstos una, y otra debajo del 
pecho, sobre la que se tumban. Tanto unos como otros care- 


17 Cf. $20. 
118 El año 11 a, C. Cf. Pimw,, VIT 121. 
119 A] suroeste del mar Caspio, cf, PLin., VI 36, 46, 113. 


LIBRO VHI 147 


cen de la fila superior de los dientes !'?%, como los bueyes. 
Todos, sin embargo, desempeñan los servicios de los ani- 
males de carga con su dorso, e incluso los de la caballería en 
la guerra. 

Su velocidad es como la del caballo, pero cada uno 
tiene una resistencia, según sus fuerzas. No va más allá del 
espacio acostumbrado ni acepta más carga que la habitual, 
Tienen un odio innato a los caballos. Toleran la sed inclu- 
so cuatro días y se sacian, cuando se presenta la ocasión 
de beber, tanto por el pasado como para el futuro, tras ha- 
ber removido. el agua pateándola: de otra forma no les 
gusta beber. Viven cincuenta años, y algunos, incluso cien. 
En todo caso, también ellos padecen la rabia. Se ha en- 
contrado una forma de castrar incluso a las hembras para 
disponerlas para la guerra: así se vuelven más fuertes, al 
no dejarlas aparearse. 


dh Hay dos animales!” que tienen 
La jirafa. alguna semejanza con éstos. Los etío- 
Cuándo se vio pes llaman a uno nabun*”, semejan- 


por primera 


vean Ronia te al caballo en el cuello, al buey en 


las pezuñas y patas, al camello en la 
eabeaa: con manchas blancas que realzan su color amarillo 
rojizo, por lo que se llama camelopardal'”, La primera 
vez que se vio una jirafa en Roma fue en los juegos cir- 


120 Quiere decir que carecen de los incisivos. y caninos superiores; cf. 
Pim, XI 164. 

121 Plinio cita aquí solo: a la jirafa (camelopardalis), mientras que del 
otro animal, el avestruz (struthocamelus), habla en X 1. 

122 Palabra árabe, con el significado de «alto»». 

123 Término, referido a nuestra jirafa, compuesto del griego kámélos 
(camello) y párdalis (pantera). VARRÓN (L£ V 100) afirma que debe su 
denominación a su parecido con el camello por su figura y con la pantera 
por sus manchas. 


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m 


148 HISTORIA NATURAL 


censes del dictador César. Desde entonces se la ha vuel- 


to a ver alguna vez, más llamativa por su apariencia que 
por su fiereza, por lo que también recibió el nombre de 
«oveja salvaje». 

Los juegos de Pompeyo Magno 


19 (28) : mostraron por primera vez al lobo cer- 
El lobo cerval, val, al que los galos llaman rufio*", 
Los cefos 


con forma de lobo y manchas de leo: 
pardo. Los mismos juegos mostraron 
a los que llaman cefos**, procedentes de Etiopía, cuyas pa- 
tas traseras eran semejantes a los pies y las piernas del hom- 
bre, y las delanteras, a las manos. Después Roma no ha 
vuelto a ver a este animal, 

En los mismos juegos se vio tam- 
bién al rinoceronte, con un solo 
cuerno en la nariz, como se. ha visto 
frecuentemente. Éste, el otro enemi- 
go natural del elefante '?, se prepara 
para la pelea afilando su cuerno contra las rocas y ataca 
especialmente a su vientre, que sabe que es más vulnera- 
ble. Su longitud es similar, sus patas mucho más cortas, 
tiene el color del boj. 


20 (29) 
El rinoceronte 


14 Cf. 522, 

123 Tanto el término chama, como el de rufíus, aparecen únicamente 
en este pasaje. Más adelante, en el párrafo 84, aparece el término lupus 
ceruarius, referido al mismo animal, que se identifica con el lince euro- 
peo (Lynx lynx), diferente del que aparece en el párrafo 72, identificado 
con el caracal (Lynx caracal). 

126 Término griego que, según ArisróreLes (HA U 8, 502217), desig- 
na a un mono con cola, al que se han intentado dar varias identificaciones 
poco convincentes. 

127 Anteriormente ha citado en los párrafos 33 y 34 al «dragón». 


LIBRO VHI 149 


Etiopía produce linces*?, abundan- 72 
21 (30) tes por todas partes, y esfinges, de pe- 


El lince y las esfinges. 
Los crocotas. lo fusco, con dos mamas en el pe- 


Los cercopitecos Cho”, y muchos otros animales se- 
mejantes a monstruos: caballos alados 

y provistos de cuernos a los que llaman pegasos'*, los cro- 
cotas*!, concebidos como de perro y lobo, que quiebran 


cualquier cosa con sus dientes y que inmediatamente digie- 


ren en su vientre lo que han devorado; los cercopitecos!”, 


de cabezas negras, pelo de asno y diferentes a los demás 
monos por su voz; los bueyes índicos, de uno o tres cuer- 
nos Y, la leucrocota **, fiera muy veloz, del tamaño del as- 
no salvaje, las ancas de ciervo, el cuello, la cola y el pecho 
de león, la cabeza de tejón, las pezuñas hendidas, la boca 


12% Se trata aquí del lince del desierto o caracal (Lynx caracal), que 
habita en la sabana africana y áreas desérticas de Asia, cuyo manto es 
castaño con manchas negras, cf. VIrG., En. 1323; Ov., Met. XV 413. 

129 Tdentificable con un simio de la familia de los cercopitecos que al- 
gunos creen que es el chimpancé, del que Plinio vuelve a hablar en X 
199, No se trata, en estos casos, del animal fabuloso. 

132 Animal al que PLivio (X 136) considera fabuloso y propio de Es- 
citia, 

131 Se trata de la hiena (crocuta crocuta), a la que Plinio da el nombre 
de corocota más adelante (cf, $ 107), afirmando que nace del cruce de un 
lcón y una hiena, CrEStAS (fr. 87 MULLER) la llama Aynólykos = «perro 
lobo» y la coloca en Etiopía. 

132 El término griego equivale a «simio de cola grande». No parece 
identificable con los monos de África que reciben hoy este nombre, aun- 
que el cercopithecus aethiops tiene el hocico de color generalmente 
negro, 

133 A los de un cuerno los vuelve a mencionar más adelante (cf. $ 76). 
Podría tratarse del rinoceronte. La mención de los de tres cuernos parece 
pura fantasía. 

134 Podrían darse dos etimologías: leucocrocota = «crocota blanca», y 
leocrocota = «león-hiena» (cf, nota 117). Quizás sea identificable con la 
Hyaena brunea, aunque la descripción es muy imprecisa, : 


73 


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150 HISTORIA NATURAL 


abierta hasta las orejas y un hueso seguido en lugar de 
dientes. (Cuentan que esta fiera imita la voz humana. 

Entre ellos nace la llamada eale**, del tamaño del hipo- 
pótamo, cola de elefante, color negro o pardo rojizo, mandí- 
bulas de jabalí, con unos cuernos móviles de más de un co- 
do, que coloca alternativamente en el combate y que varía 
bien de frente o de lado según la táctica le aconseja.) 

Pero los animales más atroces que produce Etiopía son 
los toros salvajes, mayores que los del campo, de una 
velocidad que supera a todos, son. patdo rojizos de color, 
con ojos azules, pelo hacia adelante, la boca abierta hasta 
las orejas y, a su lado, unos cuernos móviles. Su piel tiene la 
dureza de la sílice y rechaza cualquier herida. Cazan todo 
tipo de fieras y, sin embargo, ellos mismos no son captura- 
dos más que con fosas, y mueren siempre por su fiereza. 

Ctesias**” escribe que entre ellos nace un animal al que 
llaman mantícora **, con una triple hilera de dientes que se 
acoplan a modo de peine, con el rostro y las orejas huma- 
nos, los ojos claros, el color de la sangre, el cuerpo de león, 
clavando el aguijón con la cola, como el escorpión, una voz 
como si se mezclase el sonido de la flauta con el de la trom- 
peta, de gran rapidez, que ataca sobre todo al cuerpo humano. 


135 El nombre sólo aparece aquí. Algunos lo identifican con el rhino- 
ceros bicornis o rinoceronte negro, aunque la descripción es muy fanta- 
siosa. ; 

13 Identificación controvertida, Para unos se trata del uro (Bos primi- 
genius), mientras que para otros sería, de nuevo, el Rhinoceros bicornis. 

17 FGrH 688, fr. 45d. 

138 El término mantichóras, utilizado por Ctesias, significa en persa 
«devorador de hombres», Podría tratarse del tigre, cuya descripción fan- 
tástica se debería al pavor que infunde. Sobre la imitación de la voz hu- 
mana, cf. $ 107. 


LIBRO VII 151 


En la India nacen también los bue- 76 


GD yes de pezuña compacta, con un solo 
ramal cuerno!*, y la fiera llamada axis'*, 
terrestres de Ñ j 

Etiopía con piel de cervatillo con manchas 


más abundantes y más blancas, apro- 
piada para los sacrificios al padre Líber. (Los indios or- 
seos!** cazan monos blancos en todo su cuerpo.) Sin em- 
bargo la fiera más salvaje es el monocerote'*, similar al ca- 
ballo en el resto del cuerpo, en la cabeza al ciervo, en los 
pies al elefante, en la cola al jabalí, con un mugido grave, un 
solo cuerno negro en el centro de la frente, el cual sobresale 
dos codos. Dicen que esta fiera no puede ser capturada viva. 
62) Entre los etíopes hesperios se ha- 77 
Los animales terrestres Ma la fuente Nigris, nacimiento del Ni- 
de la India, lo, según ha estimado la mayoría, como 
Animal que mata 

CIA rada confirman los argumentos que hemos 
expuesto !'*, Junto a ésta se encuentra 
una fiera llamada catoblepas '*, de tamaño mediano y débil 
en todos sus miembros, salyo en la cabeza, muy pesada, y a 
la que sostiene con dificultad —la lleva siempre humillada 
hacia tierra—; de otra forma es la perdición de la especie 
humana, ya que todos los que han visto sus ojos han expira- 

do instantáneamente, 


139 Cf. nota a 5 72. 

149 Identificado generalmente con el chital (Ceruus axis) de la India. 

141 En Arabia se encuentra el monte Orsa (cf. PLrw., VI 150). 

142 Término griego equivalente al de unicornio, identificable con el 
Rhinoceros unicornis, Dos codos equivalen a algo más de un metro. 

143 Cf. Pip, Y $2, 

144 Este término griego significa «que mira hacia abajo». Se trata de 
un animal fantástico. Para algunos comentaristas se trataria del ñiu (Cato- 
blepas gnu o Connochaetes gnu). 


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152 HISTORIA NATURAL 


El mismo poder lo tiene también 


63) la serpiente basilisco!*, Nace en la pro- 
Las serpientes vincia Cirenaica, con un tamaño de no 
basiliscos 


más de doce dedos, una mancha blan- 
ca en la cabeza, como adornada con 
una diadema. Espanta a todas las serpientes con su silbido y 
no impulsa su cuerpo flexionándolo en muchos anillos, co- 
mo las demás, sino que avanza enhiesta y derecha de medio 
cuerpo. Mata los arbustos no sólo al tocarlos sino incluso al 
exhalar su aliento, quema las hierbas y resquebraja las pie- 
dras; tal es su poder para el mal. Se cree que en cierta oca- 
sión se mató una desde un caballocon una lanza y que, al 
ascender por ésta su veneno, murió no sólo el jinete, sino 
también el caballo. 

Y, sin embargo, el veneno de las comadrejas es mortal 
para un monstruo como éste — frecuentemente los reyes 
han deseado verlo muerto—- hasta tal punto no le gusta a la 
naturaleza que exista nada sin su contrario, Se hace entrar a 
éstas en sus cubiles, fácilmente reconocibles por la descom- 
posición del suelo, aquéllas las matan con su olor y mueren 
juntamente con ellas, y finaliza la lucha de la naturaleza. 

2204) En Italia, por otra parte, también 
Los lobos. se cree que la mirada del lobo es per- 
De dónde procede judicial y que privan momentáneamen- 
bn nadal te de la voz al hombre al que han mi- 

ombre lobo 
rado antes de que él los vea, En Áfri- 
ca y Egipto nacen débiles y pequeños!*; en las regiones 
más frías, fieros y terribles. Debemos considerar que es fal- 
so que los hombres se conviertan en lobos y que de nuevo 
vuelvan a su estado, o bien creer todo lo que hemos consi- 


345 Animal fabuloso del que PLmio vuelve a hablar en XXIX 66. 
146 Se trata de los chacales (Canis aureus). 


LIBRO VI 153 


derado fabuloso a lo largo de tantos siglos. Sin embargo, se 
indicará de dónde se ha inculcado en el pueblo esta leyenda, 
hasta tal punto que entre los improperios existe el de «mu- 
dador de piel»”*”, 

Evantes'*, que merece crédito entre los autores de Gre- 
cia, escribe que los árcades cuentan que un miembro de la 
familia de un tal Anto, elegido a suertes de entre su pueblo, es 
llevado a una laguna de la región y que, tras colgar sus ves- 
tidos de una encina, se echa a nadar y se dirige a unos para- 
jes solitarios y se transforma en lobo, uniéndose con otros 
de la misma especie durante nueve años. Y añaden que, siem- 
pre que se haya mantenido alejado de los hombres, vuelve a 
la misma laguna y, tras cruzarla a nado, recobra su forma, 
habiéndose añadido a su anterior aspecto el envejecimiento 
de nueve años; e incluso que recupera la misma ropa. ¡Es 
pasmoso hasta donde llega la credulidad griega! '*, 

No hay mentira, por descarada que sea, que carezca de 
garante. Igualmente Escopas!%, que escribió Olimpionicas, 


147 El término uersipelles es utilizado por PLauto (Amf, 123; Báqu, 
658) con el sentido peyorativo de nuestro «ser un veleta». 

148 Es curioso que aproveche el relato de este autor desconocido para 
arremeter una vez más contra los griegos y su credulidad valiéndose de la 
alabanza a su crédito. Para el debate sobre el antihelenismo de Plinio, ef. 
G. SERBAT, Introducción General a la Historia Natual, vol. 206 de esta 
misma colección, pág. 193. 

149 Ta conversión en lobo es una de las metamorfosis más antiguas de 
la mitología griega. Ovipio en sus Metamorfosis, tras narrar el paso del 
Caos al Cosmos, narra como la metamorfosis más antigua la del arcadio 
Licaón en lobo. Pausantas (VIII 3, 6) añade que desde la época de Li- 
caón se convierte siempre en lobo el hombre que hace el sacrificio a Zeus 
Liceo, pero que, sí durante nueve años no prueba la carne humana, al ca- 
bo de ese tiempo recobra la forma humana. San Acusrín (Ciudad de 
Dios XVII 17) cuenta la misma versión que Plinio. 

150 A dmitimos, como la mayoría de los editores, la lectura Scopas. Otras 
propuestas son Apollas, Agriopas, Copas. Debe haber alguna relación entre 


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154 HISTORIA NATURAL 

cuenta que el parrasio Demeneto'*, en el sacrificio con vi- 
das humanas que los árcades hacían a Júpiter Liceo aún en- 
tonces, probó las entrañas de un niño inmolado y se convir- 
tió en lobo y que, vuelto en sí a los diez años, se ejercitó en 
el atletismo y regresó de Olimpia vencedor en el pugilato **. 

Otra creencia popular es que en la cola de este animal se 
encuentra un filtro amoroso en un pelo corto y que, cuando 
se le da caza, lo expele, y que no tiene poder si no se le 
arranca estando vivo: no se aparea más de doce días en todo 
el año'*, Está entre los augurios que come tierra cuando 
tiene hambre; no hay presagio más favorable que, si, al cor- 
tar por la derecha el paso de los caminantes, lo hace con la 
boca llena. 

A esta especie pertenecen los que se llaman cervarios si 
como el que hemos dicho que se contempló, procedente de la 
Galia, en los juegos de Pompeyo Magno, Cuentan que si éste 
vuelve la vista mientras come, aunque esté hambriento, se ol- 
vida de la comida y que, tras alejarse, busca otra. 

Por lo que respecta a las serpien- 
23 (35) tes, es voz popular que muchas de ellas 
Clases tienen el color de la tierra en la que se 
de serpientes , 
esconden. Sus clases son innumera- 
bles, Del cuerpo de las cerastas sobre- 
salen unos cuernecillos, con frecuencia cuatro pares, con 


Licaón, rey de Arcadia, precisamente la región en que se encuentra el monte 
Liceo, y los sacrificios humanos como los que narra Escopas, de los que hay 
noticias de haberse celebrado en este monte en época histórica, al parecer 
hasta el s, u o m de nuestra era; cf, PLATÓN, Rep, 565d-e, 

15! Pausanias (VII 3, 6) llama Damarco a este púgil. 

182 Población de Arcadia, cf. PLm., IV 20. 

153 ArjsróreLes (HÁ VI 35, 580a 15 ss.) dice que pare dentro de doce 
días determinados del año, Plinio y Enano (NA IV 4 que afirma que los lo- 
bos tardan doce días en parir) han interpretado mal el pasaje aristotélico, 

154 Cf. la nota a rufio en VIT 70, En XT 202 vuelve a hablar sobre ellos, 


LIBRO VII 155 


cuyo movimiento pueden atraer a las aves mientras tienen el 
resto del cuerpo oculto '*, Las anfisbenas tienen dos cabe- 
zas, es decir, también tienen una en la cola, como si fuese 
poco echar su veneno por una sola boca!*, Unas tienen es- 
camas, otras, manchas, todas, un veneno mortífero. La ser- 
piente «dardo» '*” se arroja desde las ramas de los árboles, y 
no es temible solamente para los pies, sino que también se 
lanza como un proyectil disparado por una máquina. Los 
cuellos de los áspides!% se hinchan, sin que haya ningún 
remedio para su herida, excepto si se amputan inmediata- 
mente las partes infectadas, 

Un único sentimiento o más bien afecto tiene este ani- 
mal tan pestífero: casi siempre marchan en pareja y no vi- 
ven sino con su compañera, Por ello, muerto uno de los dos, 
el otro siente una increíble ansia de venganza, persigue al 
que lo ha matado y, por algún instinto, sólo acosa a éste, sea 
cual sea la multitud de gente, deja de lado los obstáculos, 
cruza los espacios, y no se le puede esquivar sino con los ríos 
o con una rápida huida. 

No es posible decir si la naturaleza ha engendrado con 
mayor largueza calamidades o remedios. En primer lugar 
concedió a esta desgracia unos ojos miopes, y, además, no en 


155 El nombre equivale a «cornudas». Se trata de la víbora cornuda, 
de la que vuelve a escribir en XI 125, ELrano (1 57) dice que tiene dos 
cuernos sobre los ojos, parecidos a los del caracol, aunque no son 
blandos. 

15 El nombre significa «que puede reptar hacia ambos lados», cf. 
Luc., Fars. IX 719, de donde procede la fábula de sus dos cabezas. Re- 
sulta difícil identificarla con alguna de las serpientes conocidas, 

157 El nombre latino ¡aculum corresponde al griego akontías (cf. 
Luc., Fars. IX 823; EL., VI 18). Para Leitner se identificaría con la Co- 
luber gemonensis. 

158 La Naja haje, cf. EL., 154; V1 38; IX 61; PLiw., XXV 123; XXEX 
63, 65. 


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156 HISTORIA NATURAL 


la frente, para mirar hacia delante, sino en las sienes; —por 
ello se excita con más frecuencia por el oído que por la vis- 
ta—, 

24 Por otra parte sostiene una guerra sin cuartel con la 
mangosta!”. 

- Este animal, nacido en el mismo 

Egipto, es conocido especialmente por 

La ER ña la siguiente hazaña: se sumerge en el 

limo con mucha frecuencia y se seca 

al sol; después, cuando se ha acoraza- 

do con muchas capas mediante este procedimiento, marcha 

a la lucha. En ella, con la cola levantada, se sustrae a los 

frustrados ataques dando la espalda, hasta que, elegido el 

momento, se tira a la garganta con la cabeza ladeada. Y, no 
contento con esto, vence a otro animal tan fuerte como él. 

El Nilo engendra al cocodrilo !%, 
cuadrúpedo funesto y nocivo en tierra 
e igualmente en el río. Éste es el único 
animal terrestre que no usa la lengua, 
el único que muerde con su mandí- 
bula superior móvil, acoplándose terriblemente por lo de- 
más las filas de sus dientes como un peine. En tamaño, so- 
brepasa con frecuencia los dieciocho codos. Pone huevos 
tan grandes como los gansos y los incuba siempre, por al- 
gún presentimiento, más allá del sitio al que va a ascender el 
Nilo en el punto más alto de su crecida anual. Ningún otro 
animal crece hasta un tamaño tan grande, a partir de un ori- 


25 (37D) 
El cocodrilo 


159 Cf, Arisr., HA VI 35, 580224; EL, NA II 22. PLrw1o (XXIX 68) 
afirma que, si se quema su grasa, hace huir a los animales venenosos, En 
XI 72, con el mismo término ichneumon, designa a un insecto. 

16% RI primer autor clásico que habla sobre el cocodrilo del Nilo es 
HaRÓDOTO (HI 68), AristóTELES (HA U 10, 502b35) lo sigue casi literal- 
mente, Cf. EL., NA XVI 6. 


LIBRO VII 157 


gen tan pequeño, También, por otra parte, está armado de 
uñas y de una piel impenetrable contra todo tipo de golpes. 
Los días los pasa en tierra, las noches en el agua, ambas co- 
sas por la necesidad de una temperatura tibia. 

A éste, una vez saciado por la ingestión de peces y en- 
tregado al sueño en la orilla con la boca llena de comida, un 
pequeño pájaro, que allí se denomina troquilo'! y en Italia 
«rey de las aves», lo invita a abrir la boca para su sustento, y 
le limpia primero la boca dando pequeños saltos y luego los 
dientes y el interior de sus fauces, que se abren también to- 
do lo posible a esta delicia del cosquilleo. 

Cuando lo ve rendido por el sueño, en medio de tal pla- 
cidez, la mangosta, lanzándose como una flecha a través de 
las mismas fauces, le roe el vientre. 

Semejante al cocodrilo, pero más 

pequeño aún que la mangosta, nace en 

E Ne el Nilo el escinco!%, principal antídoto 
contra el veneno y también para au- 

mentar el apetito sexual de los hombres. 

Verdaderamente, en el cocodrilo residía un mal dema- 
siado grande como para que la naturaleza se contentara con 
un solo enemigo para él. Por ello, también los delfines '% 
que nadan en el Nilo, en cuyo dorso se encuentra una aleta 
labrada en forma de cuchillo, como si estuviese destinada a 
este menester, aunque no tienen las mismas fuerzas, matan 


161 Sobre su identificación, cf. X 203, nota. 

162 Se trata de una especie de reptil saurio al que PLinio vuelve a des- 
cribir en XXVIII 119. Se podría identificar bien con el Varanus niloticus 
bien con el Scincus officinalis, 

16 Algunos los identifican con el Squalus acanthias, sin que pueda 
afirmarse con seguridad. La lucha de ellos contra el cocodrilo la describe 
también Séneca (Cuest. Nat. IV 2, 13) poniendo como testigo a Balbilo, 
durante su prefectura de Egipto. 


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158 HISTORIA NATURAL. 


con astucia a aquellos que los hacen sus presas y reinan en 
el río en exclusividad, cono si fuera de su propiedad: todos 
los animales, efectivamente, son expertos en esto, y saben 
no solo lo que les interesa a ellos, sino también los puntos 
débiles de sus adversarios, conocen sus armas, conocen el 
momento propicio y las partes desprotegidas de sus opo- 
nentes. La piel del cocodrilo es suave y delgada en el vien- 
tre: por ello, los delfines se sumergen, como si se espanta- 
sen, y, nadando por debajo de ellos, cortan su vientre con 
aquella aleta. 

También hay un pueblo enemigo de este animal en el 
mismo Nilo, que recibe su nombre del de la isla de Ténti- 
ris*%, en la que habitan. Su estatura es pequeña, pero su 
presencia de ánimo es admirable, al menos para este come- 
tido. Este animal es terrible contra los que huyen y huye 
ante los que lo persiguen. Pero sólo éstos se atreven a en- 
frentarse con él sin compañía y, aún más, se echan nadando 
al río y, montados en su dorso a modo de jinetes, introdu- 
ciendo en su boca un palo cuando la abren con la cabeza 
vuelta para morderlos, y cogiendo a derecha e izquierda sus 
extremos por ambas partes, llevan a tierra a sus cautivos con 
esta especie de frenos y, aterrorizados incluso solamente con 
su voz, los obligan a vomitar los cuerpos recién tragados, 
para darles sepultura. Por ello, los cocodrilos no nadan junto 
a esta isla y huyen de este pueblo por el olor, como las ser- 
pientes huyen del de los psilos*%. Se dice que este animal 
tiene los ojos miopes en el agua, pero que fuera tiene una 
visión muy aguda, y que pasa los cuatro meses de invierno 
en una cueva, sin comer en todo ese tiempo. Algunos pien- 


16 Cf, PLmw., V 60. Es la actual Dandara o Denderah, pero no se trata 
de una isla. Sobre esta lucha, cf. Esrr., XVII 1, 814; EL., X 24; PLiAm,, 
XXVI 31, 

165 Cf. Praw., V 27; VI 14; XXT 78 y XX VIH 30; Herón. IV 73. 


LIBRO VIH 159 


san que éste es el único animal que crece a lo largo de toda 
su vida: y, además, vive mucho tiempo. 

Un animal mayor en altura se en- 

cuentra en el mismo Nilo: el hipopó- 

á Pdo Cao tamo!%, con pezuñas hendidas, como 

los bueyes, lomo de caballo, así como 

la crín y el relincho, el hocico recor- 

vo, la cola y los colmillos encorvados de los jabalíes, pero 

menos peligrosos, una piel impenetrable para construir es- 

cudos y cascos, excepto si cogen humedad. Se alimenta, se- 

gún dicen, de las cosechas que ha elegido antes para cada 

día, y dejando sus huellas como si se alejara del campo, para 
que no le tiendan emboscadas al volver. 

El primero que mostró en Roma 

2640). un hipopótamo y cinco cocodrilos fue 

ita ssl mn Roma, Marco Escauro'“, en los juegos de su 

así como al cocodrilo €edilidad, en un canal hecho al efecto, 

El hipopótamo se ha revelado incluso 

como un maestro en el arte de la medicina, pues, cuando 

está gordo por la continua abundancia de comida, sale a la 

orilla para examinarla tras el reciente corte de las cañas, y, 

cuando ve un caño muy puntiagudo, aplastando contra él su 

cuerpo, se pincha en una vena de la pata y así descarga con 

el flujo de la sangre su cuerpo, que estaba enfermo, y cica- 

triza de nuevo la herida con barro. 


16 Cf. Hrrón,, II 71. No parece que hubiera visto a ninguno de ellos, 
lo que explicaría que los describa con ciertas características del caballo, 
siguiendo el significado de su nombre, «caballo de río». 

167 Ya citado en $ 64. 


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160 HISTORIA NATURAL 


Algo semejante muestra también 

27 (41) en el mismo Egipto un ave que se 
sacan; llama ibis*%, que, mediante la curva- 

de los animales tura de su pico, se lava por la parte 

por donde es especialmente saludable 

que se evacuen los residuos de los alimentos. Y éstos no son 
los únicos: gracias a muchos animales se han descubierto 
remedios que iban a ser útiles también para el hombre. Los 
ciervos han mostrado que la hierba del dictamo?* sirve para 
extraer las flechas, al resultar heridos por este dardo y, tras 
comer esta hierba, expulsarlo. Estos mismos, cuando les pi- 
ca el falangio, que es una especie de araña, o algún animal 
semejante, se curan comiendo cangrejos, Hay también una 
hierba de gran virtud contra la mordedura de las serpientes, 
con la que se curan los lagartos heridos cuando han luchado 
con éstas. Las golondrinas han mostrado que la celidonia es 
muy saludable para la vista, al curar con ella los ojos enfer- 
mos de sus polluelos!”. La tortuga repone sus fuerzas con- 
tra las serpientes con la ingestión de la ajedrea, a la que se 
llama bubula*”!; la comadreja, con la ruda”, cuando traba 


168 1 o vuelve a citar en X 87, ef. nota a ese pasaje. 

169 Se trata del díctamo de Creta (Origanum dictamnus o Amaracus dic- 
tamnus) que describe en XXV 92 ss. Cf. Drosc,, II 32; Ism., Etim. XVI 9, 29, 

100 Tdentificable como Chelidontim majus, PLixio vuelve a hablar de 
ella en XXV 89. En español también se llama «golondrinera» por su 
nombre griego chelidonion: «planta de las golondrinas». Cf. Drosc., II 
180; GaLeno, XII 156; Isio., Etim. XVI 9, 36. 

171 El nombre español «ajedrea», procede, a través del árabe hispánico, 
del nombre científico saturaia. El término bubula equivale a «de las vacas». 
PuiNIO la describe en XXVI 148. Para J. Annrk, Les noms de plantes 
dans la Rome Antique, París, 1985, sería el Origanum uulgare, del que 
PLixiO habla en XIX 165 y XX 168 ss. En Quirón aparece como cune- 
lam bubulum, Cf. Diosc., 111 37; Ism., Etim, XVII 9, 42. 

IR Cf. Pum., XX 132 ss,; EL, IV 14; Drosc., HI 45; GaLeno, XXII 
100; Isip., Etim, XVII 11, 8, 


LIBRO VIII 161 


combate con los ratones para cazarlos; la cigúeña, con el 
orégano '””; los jabalíes se curan de sus enfermedades con la 
hiedra !”* y comiendo cangrejos, especialmente los que arro- 
ja el mar, La culebra, con su cuerpo cubierto con una piel 
durante el letargo invernal, se desembaraza de este impedi- 
mento con la savia del hinojo!”* y se muestra brillante en 
primavera. Muda de camisa primero por la cabeza y no an- 
tes de un día con su noche, enrollándola de forma que se 
halla por fuera la parte de la piel que estaba por dentro. La 
misma culebra, con la vista oscurecida por su retiro inver- 
nal, se unta los ojos y los reaviva con el máraton "”%; si las 
escamas están endurecidas, se race con las espinas del ene- 
bro. El dragón reprime la náusea primaveral con el jugo de 
la lechuga silvestre 

Los bárbaros cazan las panteras con trozos de came 
frotados con acónito'”. La angustia se apodera inmediata- 
mente de sus fauces, por lo que algunos han llamado parda- 
lianques*”* a este veneno; por su parte, la fiera se cura con- 
tra este veneno con excrementos humanos, y otras veces se 
muestra tan ansiosa de ellos, que los pastores los cuelgan 
astutamente en algún recipiente a mayor altura de aquella a 


13 Cf Pum., XX 175; EL., IM 5; V 46; VI 12; Diosc., III 27; Ga- 
LENO, XII 91; Ism., Etím. XVI 9, 76. 

17% Cf. Pros, XVI 144-153 y XXIV 75 ss. Diosc., IM 179; GALENO, 
XI 29; Istp., Etim, XVI 9, 22-23, 

175 Cf, Prx., XIX 173; XX 254 ss.; E, IX 16. Drosc., UI 70; GaLe- 
NO, XXII 67; Ism., Etim. XVH 11, 4. 

116 Márathon, término griego para designar al hinojo, del que acaba 
de hablar, cf. PLrw., XXI 54, 

177 Cf. Prin., XXVII 4-10, Algunos la identifican con el doronicum 
pardalianches, aunque, según AnDRrÉ., op, cif., Plinio, siguiendo a Dios- 
córides, haya atribuido a esta planta los efectos del acónito; cf. Drosc., IV 
76; GALENO, X1 820; Ism,, Etim. XVI 9, 25, 

18 Sy significado quiere decir «que ahoga a la pantera», 


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162 HISTORIA NATURAL 


la que puede llegar con sus saltos, y ella, por lanzarse y an- 
siarlo, pierde sus fuerzas y, por último, expira. De otra for- 
ma tiene una vitalidad tan duradera que lucha mucho tiempo 
con los intestinos fuera. El elefante, cuando devora al cama- 
león, que tiene el mismo color que el follaje, recurre al ace- 
buche contra el veneno que para él supone. Los osos, cuan- 
do han comido el fruto de la mandrágora'”, chupan hormi- 
gas. El ciervo resiste los pastos venenosos con la hierba ci- 
nare'*, Las palomas torcaces, los grajos, los mirlos y las 
perdices se purgan de su mal cada año con la hoja del laurel; 
las palomas, las tórtolas y las gallinas, con la planta llamada 
helxine***; los patos, los gansos y otras aves acuáticas, con 
la siderite"*?; las grullas y similares con el junco de los pan- 
tanos!'*, El cuervo, tras matar al camaleón, que es nocivo 
también para el que lo ha vencido, contrarresta su funesto 
veneno con el laurel. 


179 Se tratarla, para muchos, de la belladona, cf. PLw., XXV 147-150. 
Según ANDRÉ, op. cit,, sería la Mandragora uernalis, cf, Ism.,, Etim, 
XVIT 9, 30, Sobre el alimento de los osos, cf. P1n,, X 199. 

180 Hierba desconocida, probablemente una especie de cardo, Algu- 
nos la identifican con la alcachofa, cuyo nombre, cinara, no corresponde 
a la forma que da Plinio, 

181 Su nombre, transcripción del griego, significa «que hace salir». En 
PrLiw,, XXII 41 vuelve a aparecer y se trataría, según ANDRÉ, Op. cit., de 
la albahaquilla (Parietaria officinalis). 

182 Difícil de identificar. Podría tratarse, según André, de la parietaria 
(cf. PLin., XXH 41, 43), la milenrama (cf, PLxn., XXV 42), la escrofula- 
ria (cf. PLiw,, XXV 43) o la pimpinela (cf. Prm,, XXV 44). Según Er- 
nout, se trataría de la siderita. Para otros sería la misma que la anterior y 
para los restantes la Sideritis romana, que describe DioscórIDES (1V 33), 
y que corresponde a la siderita, siderítide o garranchuelo. 

187 Término usual para designar al junco en sus diversas especies, cf. 
PLIN,, XVI 4; Diosc., 1V 52; Isi., Etim. XVI 9, 96. 


LIBRO VII 163 


Hay mil casos más, pues la mis- 


28 (42 
OS ma naturaleza ha otorgado a muchos 
de los peligros animales la capacidad de observar el 
a partir 


cielo y de presagiar los vientos, las 
lluvias y las tempestades, a cada es- 
pecie de una forma: detallarlo sería interminable. Igual, 
por cierto, que las demás relaciones de los hombres con 
cada uno de ellos. Y es que también avisan de los peligros 
no sólo por los lóbulos de su hígado y sus vísceras, a lo 
que se atiene gran parte de los mortales, sino por alguna 
otra clase de signos. Ánte una ruina inminente, los ratones 
escapan y las arañas se descuelgan las primeras con sus 
telas. - 

Los augurios han constituido en verdad el arte más 
solemne entre los romanos y el colegio de los sacerdotes. 
En Tracia'**, en las regiones heladas, se encuentra tam- 
bién la zorra, animal, en otro caso, siniestro por su mali- 
cia: sus habitantes no atraviesan los rios helados ni los la- 
gos sino tras la ida y vuelta de ésta. Se ha observado que 
calcula el espesor del hielo con la oreja pegada a la super- 
ficie helada. 


de los animales 


“Y no son menos claros los casos 
29 (43) documentados de ruina por despreciar 

Pueblos destruidos a los animales. Marco Varrón atesti- 
ii gua que una población fue socavada 

por los conejos en Hispania y por los 

topos en Tesalia; que un pueblo se vio obligado a emigrar 
por las ranas en la Galia y por las langostas en África; que 
los habitantes de Gíara, isla de las Cícladas, fueron puestos 
en fuga por los ratones; que, en Italia, Amiclas fue destruida 


18% Aceptamos la lectura in Thracia, en lugar de inter ea (cf. EL., VI 
24). 


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164 HISTORIA NATURAL 
por las serpientes !'%, Más allá de los etíopes cinamolgos se 
extiende una región desierta, donde la gente ha sido exter- 
minada por los escorpiones y las salpugas, y Teofrasto ates- 
tigua que los recienses fueron puestos en fuga por las esco- 
lopendras **, 

Pero volvamos a las demás especies de animales. 

El vulgo cree que las hienas tienen 
ambos sexos y que en años alternos 
son machos o hembras y que conciben 
sin necesidad del macho; Aristóteles 
lo niega. Su cuello, como su crin, se 
prolonga en continuación de su espinazo y no puede darse la 
vuelta sino girando todo el cuerpo. Además se cuentan mu- 
chas historias asombrosas, pero, sobre todo, que imitan la 
voz humana entre los establos de los pastores, y que se 
aprenden el nombre de alguno para despedazarlo tras ha- 
berlo llamado fuera; así mismo, que imita los vómitos hu- 
manos para atraer a los perros y atacarlos; que es el único 
animal que escarba las sepulturas en busca de cadáveres; 
que la hembra se deja cazar muy pocas veces; que sus ojos 
tienen mil variedades y cambios de color; que, además, al 
contacto con su sombra, los perros quedan mudos y que, por 
ciertas artes mágicas, todo animal al que rodea tres veces se 
queda inmóvil en su sitio !*”, 


30 (44) 
Las hienas 


185 Sobre Gíara, hoy Gíaros, cf, PLmw., IV 69; sobre Amiclas, cf, 
PLmw., HT 59. 

186 Plinio habla de los cinamolgos en VI 195; sobre los retienses, cf. 
V 125, 127, 

187 Cf. Arusr., HA VI 32, 579b15 s.; GA II 6, 75722. Sobre la hiena, 
cf. EL., 125; VI 14. PLimio, en XT 151 habla de sus ojos y, en XI 177, de 
su cerviz, 


LIBRO VII 165 


La leona de Etiopía, tras el apa- 

(45) reamiento con esta especie, pare la 

Las corocotas. corocota***, que imita igualmente las 

Las manticoras a Sces de los hombres y de los anima- 

les domésticos, Su mirada es fija y en 

ambas partes de su boca carece de encías, con una dentadu- 

ra continua: para que ésta no se embote por el roce con la 

opuesta, se cierra a modo de una caja, Juba atestigua que en 
Etiopía la mantícora!* también imita la voz humana. 

Las hienas se encuentran en gran 
número en África, que también pro- 
duce multitud de asnos silvestres !%, 
Los machos de esta última especie man- 
dan cada uno sobre un rebaño de hem- 
bras; temen a sus competidores en el amor y, por ello, cus- 
todian a las hembras preñadas y castran de un mordisco a 
los machos al nacer. Por su parte, las hembras preñadas 
buscan lugares recónditos y ansían parir a hurtadillas y go- 
zan con la frecuencia del acoplamiento. 

(47) Los castores del Ponto se amputan 

Los animales acuáticos: a sÍ mismos sus partes cuando les aco- 

ya Me vez terrestres. sa el peligro, sabedores de que se los 
Os castores, ] 

las nutrias, busca por lo que los médicos llaman 

La foca, castóreo *”, Por otra parte, este animal 

E. de terrible mordedura corta los árbo- 
les de las riberas como con un hierro; cuando alcanza un 
miembro de algún hombre, no suelta el mordisco hasta que 


(46) 
Los onagros 


188 Cf $ 72, nota, 

189 FGrE 275, fr. 57 Jacony. Sobre el animal, cf. $ 75. 

190 En $ 170, 174 y 225 les da el nombre de onagros. 

191 Cf. Ayusr., HA VII 5, 594b31; Ex., VI 34. Su autocastración es 
proverbial en la literatura clásica, cf. Juv., XI 35; Isip., Etim. XXIX 27, 
4. Sobre el castóreo, cf. VrrG., Geórg. 1 59; PLiN., XXXII 26, 


108 


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166 HISTORIA NATURAL 


los huesos crujen rotos. Tienen cola de pez y el resto seme- 
jante a la nutria. Ambos animales son acuáticos y ambos 
tienen un pelo más suave que las plumas. 

31 (48) Las ranas rubetas, cuya vida transcurre tanto en 
tierra como en el agua, sirven para muchos remedios, que se 
dice que pierden y que vuelven a recuperar tras alimentarse, 
reservando sólo para ellas el veneno?*”, 

(49) También la foca!” tiene un régimen de vida seme- 
jante, tanto en mar como en tierra, y un natural parecido al 
del castor. Vomita su hiel apta para muchos remedios y tam- 
bién su cuajo, remedio contra la epilepsia, previendo que se 
la caza por esto. 

Teofrasto *” atestigua que sólo la culebra y las salaman- 
quesas mudan su piel y que la devoran al instante para ade- 
lantarse a servir de remedio contra la epilepsia. Se cuenta 
que sus mordiscos son inocuos en Grecia y mortales en Si- 
cilia 3, 

Incluso los ciervos tienen su mal- 
dad, aunque sea el animal más apaci- 
ble, Cuando los acosa el ataque de los 
perros, buscan refugio instintivamente 
junto al hombre, y, para parir, evitan 
menos las sendas pisoteadas por huellas humanas que los 
lugares apartados y aptos para las fieras. La concepción tie- 


32 (50) 


Los ciervos 


192 Cf. PLm., XXXII 50, 51, et passim. En XT 196, Piro escribe que 
el segundo lóbulo de su hígado es venenoso, y en 280 afirma que los 
animales que los comen se vuelven venenosos. En XXV 123 reitera que 
son las ranas más venenosas. Se las ha querido identificar con el sapo. 

123 Es la foca fraile del Mediterráneo (Monachus monachus), cf. Et., 
III 19. Prruro, en 1X 19, equipara a los uituli marini con las phocas; en 
TX 41-42 hace su descripción; de su uso farmacéutico habla en XXVI 113 
y XXXII 112. 

194 Fr, 175 Wimmex. Cf, En., 1117, 

195 Aceptamos la conjetura de Mayhoff, 


LIBRO VII 167 


ne lugar tras la aparición de la estrella Arturo !%, Gestan du- 
rante ocho meses y, a veces, tienen dos crías. Se separan 
tras la concepción y, por ello, los machos, «abandonados, se 
enfurecen por la rabia del celo y cavan hoyos en la tierra. 
Entonces sus hocicos ennegrecen hasta que las lluvias los 
lavan. Las hembras, por su parte, se purgan antes del parto 
con una hierba que se llama séseli!”, que les permite tener 
el útero más dispuesto; tras el parto, comen dos hierbas que 
se llaman tamno** y séseli y vuelven a su camada: quieren 
que, sea como sea, sus primeras gotas de leche estén im- 
pregnadas de esas plantas. 

Ejercitan a sus crías en la carrera y les enseñan a planifi- 
car la fuga, las llevan a lugares escarpados y les enseñan a 
saltar. Entonces los machos, tras salir del deseo del celo, 
buscan ávidamente los pastos y, cuando se sienten demasia- 
do gordos, buscan lugares apartados, reconociendo el peso 
que los incomoda. Además, en la huida siempre se toman un 
descanso y observan quietos, y, cuando alguien se acerca, 
buscan de nuevo refugio en la huida. Esto ocurre por el do- 
lor de su intestino, tan débil que se rompe interiormente por 
el más leve golpe. 

Huyen, desde luego, nada más oír el ladrido de los pe- 
rros, siempre a favor del viento, para que su rastro desapa- 
rezca con ellos, Se recrean con la flauta pastoril y con el 
canto. Cuando ponen tiesas las orejas, su Oido es muy agudo 


196 El nombre significa «el que cuida de la osa». Es la estrella más 
luminosa de la constelación llamada del Boyero o Bootes y también Arto- 
fílace, en la prolongación de la cola de la Osa Mayor, ef, Pirx., IL 106, 
124, donde dice que sale once días antes del equinoccio de otoño. 

197 So trata del Tordylium officinale, castellano tordilio, también lla- 
mado Seseli cretivum; cf. Drosc., UI $4, PLinIo vuelve a hablar de él en 
XX 36, 37. 

19% Según AnDrÉ, op. cif., se trata del Tamnus communis, de la fami- 
lia de las dioscoreáceas, cf. PLiN., XXI 86. 


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116 


168 HISTORIA NATURAL 


y, cuando las tienen caídas, son sordos. Por lo demás, es un 
animal simple y que se queda atónito por todo, como si fue- 
ra extraordinario, hasta el punto de que, al acercarse un ca- 
ballo o una becerra, no se dan cuenta del que caza a su lado 
o, si se dan cuenta, se ponen a contemplar su arco y sus fle- 
Chas. 

Atraviesan los mares nadando en manada en larga fila y 
colocando la cabeza en la grupa del que va delante y vol- 
viendo por turno a la cola, Esto se puede ver sobre todo 
cuando pasan de Cilicia a Chipre'”. No ven las tierras sino 
que nadan guiándose por su olor. 

Los machos tienen cuernos y son los únicos animales 
que los pierden cada año en un momento establecido de la 
primavera. Hacia esa fecha se dirigen a los lugares más ale- 
jados que pueden; una vez que los han perdido, se ocultan 
como si estuvieran inermes y celosos también éstos de lo 
suyo. Afirman que no es posible encontrar su cuerno dere- 
cho, como si estuviera dotado de algún remedio; y hay que 
reconocer que esto es más asombroso porque hacen la muda 
todos los años incluso en los cercados: se cree que los entie- 
rran. El olor de cualquiera de los dos, al quemarse, espanta a 
las serpientes y descubre la epilepsia?%, También llevan en 
los cuernos las marcas de su edad, añadiéndose cada año 
una ramificación, hasta el sexto año; a partir de éste les 
vuelven a nacer iguales y no puede discernirse la edad, pero 
su vejez se pone de manifiesto por los dientes, pues, o bien 
tienen pocos o no tienen ninguno, y tampoco tienen en la 
base de los cuernos las ramificaciones que suelen sobresalir 


19 Sobre Cilicia, cf. PLIn., V 91.. Esta misma historia la: describe 
ELIANO, Y 56, 

200 Del olor del cuerno de ciervo quemado, cuya propiedad es espan- 
tar a las serpientes, habla en el párrafo 118 y en X 195; en XXVII 226 
repite que cura la epilepsia. 


LIBRO VIH 169 


en la frente de los más jóvenes. A los castrados ni se les caen 
los cuernos ni les nacen. Al volverles a nacer, les salen unas 
protuberancias, que primero se parecen a la piel seca y des- 
pués les crecen en forma de férulas tiernas, revestidas de 
una suave pelusa, como panículos de caña. Cuando están 
desprovistos de éstos, van a pastar por la noche; mientras les 
crecen, los endurecen al calor del sol y los prueban cada 
cierto tiempo contra los árboles; cuando su vigor les parece 
aceptable, vuelven a lugares abiertos, Se han cazado algu- 
nos con hiedra verde en sus cuernos, nacida, como en un le- 
ño, del frotamiento con los árboles, mientras los ponían a 
prueba aún tiernos. A veces son de color blanco, como se 
cuenta que fue la cierva de Quinto Sertorio”””, el cual había 
persuadido a los habitantes de Hispania de que predecía el 
futuro, 

También éstos luchan con las serpientes: buscan sus 
cuevas y, con el aliento de sus narices, las obligan a salir, 
aunque se resistan. En relación con esto, cuando se quema 
un cuerno de ciervo, el olor es un remedio singular para ale- 
jar a las serpientes. Contra las mordeduras de éstas el mejor 
remedio procede del cuajo de un cervatillo muerto en el 
vientre de su madre””, 

La vida de los ciervos es larga según la opinión común, 
por haber sido capturados de nuevo algunos tras cien años 
con los collares de oro, que Alejandro Magno les había he- 
cho poner, hundidos ya en su piel por su obesidad. Este 
animal no sufre la fiebre y, aún más, es un remedio para este 


201 Fue tribuno militar en Hispania en el año 99 a, C,, cuestor en el 91 
y pretor en el 83. A partir del año 80 a. C. se puso a la cabeza de los lu- 
sitanos en contra de Roma. Sobre la cierva escriben varios autores grie- 
gos y latinos, entre los que destaca PLurArco (Sert., 11, 25). 

22 Cf, PL, XXVI 150, 

2% La vida del ciervo no dura normalmente más de 50 años. 


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170 HISTORIA NATURAL 


mal?%, Sabemos que algunas mujeres importantes solían de- 
gustar hace poco esta carne todos los días por la mañana y 
que no tuvieron fiebre durante largo tiempo; finalmente, pien- 
san que esto sólo es cierto si han muerto de un solo golpe. 
33 Es de la misma especie, diferenciándose sólo por la 
barba y el pelo de sus ijares, el animal al que llaman tragé- 
lafo, que sólo nace junto al río Fasis CN 
África es casi la única que no pro- 
duce ciervos %*, pero sí, en cambio, el 
$ TON camaleón ?”, aunque la India lo hace 
en mayor abundancia, Su forma y ta- 
maño serían los del lagarto si sus pa- 
tas no fuesen rectas y más largas. Sus flancos se unen a su 
vientre, como en los peces, y del mismo modo sobresale el 
espinazo. Su hocico, como es lo normal en un animal pe- 
queño, no es muy distinto del hocico del cerdo, su cola es 
muy larga, haciéndose cada vez más delgada, enrollándose 
en anillos viperinos, sus uñas son encorvadas, sus movi- 
mientos, bastante lentos, como los de la tortuga, su cuerpo, 
rugoso, como el del cocodrilo, sus ojos se hallan en una ca- 
vidad hundida, con una separación pequeña, enormes y del 
mismo color que el cuerpo. No los cierra nunca y observa su 
entorno, no moviendo la pupila, sino girando todo el ojo. 


24 Cf. PLix., XXVII 228. 

205 El término equivale a «macho cabrio-ciervo». AsisróreLes (HA Y 
1, 498b 31 ss.) habla del hippélagos o «caballo-ciervo», del que no habla 
PLINIO, pero que algunos identifican con el tragélafo, que para ellos sería 
el ceruus Aristotelis, Para otros se trataría de la Procapra picticaudata O 
Antilope picta. El rio Fasís es el actual Rioni, en el Cáucaso. 

20 Cf. $ 228, ViraruO (En. 1 184 ss.) menciona un rebaño de ciervos 
en África. 

27 Cf. Arasr., HAL 11, 503a 15-503b 27. Purnio habla de sus ojos 
en XI 152, y describe sus extraordinarias características en XXVIM 112 ss, 


LIBRO VII 171 


Este mismo es el único de los animales que, erguido con 
la boca siempre abierta, no se alimenta ni de comida ni de be- 
bida ni de otro alimento que no sea el aire; el aspecto de su 
boca es ordinariamente terrorífico, pero, por lo demás, es ino- 
fensivo. Más sorprendente es la característica de su color, 
pues lo cambia continuamente, tanto en los ojos como en la 
cola y en todo el cuerpo, y se vuelve siempre del color que 
tiene más cerca, excepto el rojo y el blanco; muerto, adquiere 
un color pálido. Su carne es muy escasa en la cabeza, en los 
maxilares y en el nacimiento de la cola, y no la tiene en todo 
el resto del cuerpo; solo tiene sangre en el corazón y en torno 
a los ojos; entre sus vísceras no se encuentra el bazo. En los 
meses invernales permanece oculto como los lagartos. 

34650) Cambia también de color el taran- 

Otros animales que  Iro** de los escitas y ninguno otro de 

cambian de color: los que están cubiertos de pelo, ex- 

Él PS cepto el licaón?” en la India, del que 

se cuenta que tiene el cuello con crin. 

Desde luego los chacales?!” -—es una especie de lobo con 
mayor longitud, diferente por la cortedad de sus patas, veloz 

en el salto, que vive de la caza y es inofensivo para el hom- 

bre—- cambian su aspecto y no su color, están cubiertos de un 
pelo erizado en invierno y en verano están desprovistos de él. 


- 208 Se trata del reno (Rangifer tarandrus), con pelo pardo oscuro en 
verano y gris tirando a blanco en invierno. En castellano existe el término 
«tarando» referido al reno, Cf. Tror., Fr, 172, 1-2 Wimmer. Para algunos 
comentaristas se trata del alce (cf. M. Díaz-ReGañÑón, en su traducción 
de Enano, Historia de los animales, en el vol. 66 de esta misma colec- 
ción, IT 16, nota 13). 

202 Para unos se identificaría con el guepardo (Acinonyx jubatus) y 
para otros con la Hyaena picta. 

210 El término thos, usado por Plinio, es pura transcripción del griego. 
Para algunos no se identifica con el chacal, sino con el lince o la jineta 
común. 


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172 HISTORIA NATURAL 


El tarandro tiene el tamaño del buey, su cabeza es ma- 
yor que la del ciervo pero no diferente, sus cuernos están 
ramificados, sus pezuñas partidas en dos, su pelo tiene la 
longitud del de los osos, pero, cuando le corresponde tener 
su propio color, es semejante al del asno. Su piel es tan dura 
que de ella se hacen las corazas. Remeda el color de todos 
los árboles, arbustos, flores y lugares en los que se esconde 
por miedo y, por ello, se le caza raras veces. Sería ya ex- 
traordinario que el aspecto de su cuerpo fuese tan variado, 
pero lo es más que lo sea su pelaje. 

La India y África producen los puer- 
cos espines, cubiertos de una piel con 
espinas, de la especie de los erizos, 
pero las púas del puerco espín son 
más largas y, cuando tensa su piel, se 
convierten en dardos”!!. Atraviesa la boca de los perros que 
lo acosan y las proyecta algo más lejos. Se oculta en los me- 
ses invernales, caracteristica que tienen muchos animales y, 
más que todos, los osos, 


35 (53) 
El puerco espín 


El apareamiento de éstos tiene lu- 


36 (54) gar a comienzos del invierno y no se- 
Los 0805. gún la manera común de los cuadrú- 
Sus crías 


pedos, sino estando ambos tumbados 
y entrelazados; inmediatamente se re- 
tiran por separado a una cueva en la que paren a los treinta 
días cinco crías la mayoría de veces. Éstas consisten en una 
carne blanca e informe, un poco mayor que los ratones, sin 
ojos, sin pelo; sólo sobresalen las garras. La madre les va 


24l Esta capacidad fabulosa ya aparece descrita en ArIsróTELES, HA 
IX 39, 623433. Cf. También, posteriormente, Er., 1 31. Sabre su uso me- 
dicinai, cf. Prxm., XXIX 107; XXX 27, 123. 


LIBRO VIII 173 
dando forma, poco a poco, lamiéndolas?!?, Y no hay nada 
más raro que ver parir a una osa, pues los machos se ocultan 
cuarenta días y las hembras cuatro meses. Si no encuentran 
cuevas, las construyen amontonando ramas y arbustos, im- 
penetrables a las lluvias y con el suelo cubierto de un muelle 
follaje. Durante los días de las dos primeras semanas se ven 
invadidos por un sueño tan pesado que no pueden despertar- 
se ni siquiera sí son heridos. Entonces engordan de un modo 
extraordinario por el letargo. Su grasa es apropiada para re- 
medios medicinales y para retrasar la caída del cabello?!”. 
Tras estos días se sientan y viven chupando sus patas de- 
lanteras. Calientan a sus crías, cuando tienen frío, apretán- 
dolas contra su pecho, con la misma incubación que las aves 
dan a sus huevos, 

Cosa admirable de decir, Teofrasto?!* cree que la carne 
de oso, incluso la cocida durante este período, aumenta si se 
la guarda; que, entonces, no se encuentra en su vientre nin- 
gún resto de alimento y nada más que muy poco líquido; 
solamente se hallan unas exiguas gotas de sangre en torno a 
su corazón, y nada en el resto del cuerpo?!*, 

Vuelven a salir en primavera, pero los machos muy gor- 
dos, sin poderse explicar la causa, porque ni siquiera durante 
su letargo engordan, excepto durante catorce días, como he- 


222 Creencia popular, fundada en la apariencia real, que ya recoge 
Aristóteles y que Plinio reitera en X 176; cf, EL., II 19; Ov,, Met, XV 
379, Isiporo afirma que su nombre (ursus) es como si se dijera orsus, 
porque con su boca (ore suo) da forma a su cría (Etim., X1M 2, 22). 

22 Cf. Puan, XXI 125; XXI 38; XXIV 13; XXVIL passim; XXIX 
108; XXX! 119. 

214 Odor, XI 63. 

215 Cf. PLIN., XI 224. 


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174 HISTORIA NATURAL 


mos dicho. Cuando salen, comen una hierba de nombre aro?** 
para soltar los intestinos, de otra forma estreñidos, y trituran 
los retoños con sus dientes, para ejercitar su boca. Sus ojos 
están embotados, causa por la que especialmente buscan los 
panales, para que su cara, picada por las abejas, alivie con la 
sangre esa torpeza?"”, 

Lo más débil en el oso es la cabeza, que para al león es 
lo más fuerte y, por ello, cuando, al ser acosados, van a pre- 
cipitarse desde alguna roca, se lanzan con ella cubierta por 
sus manos y con frecuencia en el circo se los mata rompién- 
dosela de un puñetazo?'*, En Hispania creen que en su cere- 
bro se halla un humor maléfico y queman en un recipiente 
de barro las cabezas de los que han muerto en los espectá- 
culos, porque piensan que, si se bebe, produce la rabia del 
oso. También andan a dos patas; descienden de los árboles 
hacia atrás. Colgados de la testuz y los cuernos de los toros 
con las patas, los agotan con su peso?”. La estupidez de 
ningún otro animal es más hábil para la maldad. Está escrito 
en los 4nales que, en el consulado de Marco Pisón y Marco 
Mesala, el decimocuarto día antes de las Kalendas de octu- 
bre”, el edil curul Domicio Ahenobarbo?*! presentó en el 
circo cien osos de Numidia y otros tantos cazadores etíopes. 
Estoy admirado de que se haya añadido que eran de Numi- 
dia, cuando se sabe que en África no nacen osos 2? 


216 Arum italicum o Arum maculatum, cf. ANDRÉ, op. cit., pág. 26. 
PrinIO habla de sus propiedades en XXTV 150, En castellano recibe otros 
nombres, como el de «hierba de Aarón», 

217 Creencia que procede, seguramente, del gusto del oso por la miel. 

218 Cf. PLx,, XT 132, 

212 Cf. EL., VI9. 

220 El 18 de septiembre del año 61 a. C. 

221 Cf. Puan, VI 186. 

222 Cf. $ 228. 


LIBRO VIH 175 


También se esconden en invierno 

37 (55) las ratas del Ponto, en exclusiva las 

Las ratas del Ponto blancas?; estoy admirado de cómo han 

y delos Alpes Sabido algunos autores que su paladar 

es muy sensible en lo referente al gus- 

to. También se esconden las de los Alpes ?*, que tienen el 

tamaño de los tejones, pero aquellas, tras almacenar comida 

previamente en su cueva, momento en que se cuenta que, 

alternándose, el macho y la hembra, cogiendo entre sus ma- 

nos un manojo de hierba roída y tendidos boca arriba, con la 

cola asida entre los dientes, se arrastran por turno hasta la 

cueva y, por ello, en esta época tienen el lomo despellejado. 

Las hay parecidas a éstas también en Egipto, y del mismo 

modo se sientan en las nalgas, y andan a dos patas, y utili- 
zan las anteriores a modo de manos?*, 

También los erizos se procuran de 
antemano los alimentos para el in- 
viemo y, revolcándose sobre los fru- 
tos caídos, los llevan a las cavidades 
de los árboles adheridos a sus púas, 
con uno más en la boca??*, Al esconderse en su cubil, pre- 
sagian el cambio del aquilón al austro. Cuando sienten a un 
cazador, retraída la cabeza, las patas y toda la parte inferior, 
donde tienen una pelusilla poco densa e inofensiva, se enro- 


(356) 
Los erizos 


28 Cf. AxrsT., HA 17, 600b13 s. No se identifican con seguridad. Se- 
gún unos comentaristas se trata del lirón, según otros, del armiño y según 
otros, de la comadreja, 

24 La marmota, que entra en letargo en invierno, 

225 Se trata del jerbo o gerbo, cf. PLiw., X 186; Herób., IV 192, 3; 
AxusT., FA V1 37, 58la1; EL., XV 26. 

226 Cf. EL., MI 10. 


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176 HISTORIA NATURAL 


llan en forma de pelota para no poder ser agarrados por nin- 
guna parte excepto por las espinas?””, 

En situación desesperada echan sobre ellos su corrosiva 
orina, nociva para su piel y sus púas, sabedores de que se los 
caza por esto”, Debido a ello, la técnica consiste en cazarlos 
una vez expelida la orina, y entonces su piel tiene su principal 
virtud, mientras que, de otra forma, se echa a perder, queda frá- 
gil y con púas corroídas y caducas, aunque el erizo pueda vivir 
tras darse a la fuga. A causa de ello, no se mojan con este pro- 
ducto dañino a no ser en el límite de toda esperanza, puesto que 
ellos mismos odian su veneno, mirando así por ellos y aguar- 
dando al último momento, de modo que su captura se realiza 
casi siempre antes. Tras ésta, se deshace la pelota con la asper- 
sión de agua caliente y, después de atar una de sus patas poste- 
riores, se lo mata de hambre manteniéndolo colgado. De otra 
forma no es posible matarlo y mantener intacta su piel. Este 
mismo animal no es inútil para la vida de los hombres, como la 
mayoría creemos: si no tuviera púas, en vano se les hubiera 
otorgado a los mortales la suavidad de la lana de los animales, 
pues con esta piel se cardan los tejidos. También aquí el fraude 
ha encontrado un gran lucro con el monopolio; de ninguna ma- 
teria hay más senadoconsultos y ningún emperador ha dejado 
de recibir las quejas de las provincias. 

También es extraordinario el valor 


38 (57) de la orina en otros dos animales. Se 
El leontófono. nos ha transmitido que hay un peque- 
Los linces 


ño animal que se llama leontófono””, 
que no nace en ningún otro sitio que 
donde nace el león: En cuanto éste lo prueba, es tan grande 


227 Cf. EL,, VI 54, 

228 Cf, EL, IV 17; Teorr,, fr. 175 WimMER. 

22 Animal fabuloso, cf. EL., IV 18. Su nombre, transcripción del grie- 
go, significa «que mata al león», cf. Ism., Etim. XI 2, 34, 


LIBRO VIH 177 


su poder, que el que reina sobre los demás cuadrúpedos ex- 
pira al momento. Por ello, los que quieren cazar a esta fiera 
espolvorean el cuerpo incinerado de aquél sobre otras car- 
nes, como si fuera harina, y matan al león incluso con su 
ceniza: tan dañino para él es este mal, No sin motivo, pues, 
lo odia el león y lo despedaza nada más verlo y, sin mor- 
derlo, lo mata; aquél, por el contrario, esparce su orina sa- 
biendo que ésta es también mortal para el león, 

La orina de los linces se congela al ser expelida, en los 
lugares donde nacen, o bien se petrifica en piedras parecidas 
a carbúnculos y brillantes con un color ígneo, llamadas lin- 
curio, y, por ello, la mayoría manifiesta que el ámbar ama- 
rillo se origina así. Los linces saben y conocen esto y, por 
hacer mal, tapan su orina con tierra y así aquella se solidifi- 
ca con mayor rapidez, 

Los tejones tienen otra habilidad 


(58) diferente en medio del peligro: recha- 
El tejón, zan los golpes de los hombres y los 
Las ardillas : “* 
mordiscos de los perros con la tensión 
de su piel hinchada. 


También las ardillas presienten la tempestad y, después 
de taponar las cavidades por donde va a soplar el viento, 
abren una salida por otra parte. Además, su cola, bastante 
tupida, les sirve de protección. Por consiguiente, con vistas 
al invierno, unos hacen provisión de alimento y otros tienen 
el sueño por comida. 


230 Para casi todos los comentaristas el lincurio es una clase de ámbar. 
Según el DRAE, ed, de 2001, es una «piedra conocida por los antiguos, 
que suponían que era la orina del lince petrificada, y según los más es la 
belemnita, según otros la turmalina». Sobre la fábula de la solidificación 
de la orina del lince, cf. Teorr., Lap. 112, 8, fr. 175 Wiumer; Prim, 
XXVI 122; XXXVH 34, $2; El., IV 17; Ov,, Met, XV 413 ss.; Ism,, 
Etim. XI 2, 20. 


—_ 


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178 HISTORIA NATURAL 


Se dice que de las serpientes sólo 
la vibora se oculta bajo tierra y que 
las demás lo hacen en las cavidades 
de los árboles o de las rocas”*, Y por 
otra parte resisten el hambre incluso 
un año, con tal de no sentir frío. Todas, en el momento de su 
retiro, duermen privadas de veneno. 

De igual modo, se ocultan también los caracoles, aunque 
éstos lo hacen también otra vez en verano, sobre todo adhi- 
riéndose a las piedras, y no salen aunque se los ponga boca 
arriba y se los arranque violentamente”, 

En las islas Baleares, por otra parte, los llamados «de cue- 
va»*% no salen de las cavidades de la tierra —ni se alimen- 
tan de hierba—, sino que están unidos entre ellos como las 
uvas. Hay además otra clase menos común que se cubre con 
un opérculo que se adhiere a su concha. Éstos, ocultos 
siempre en tierra, y que sólo se encontraban antes excavan- 
do en torno a los Alpes marítimos, comienzan a encontrarse 
ya en el Veliterno?*, No obstante, los más apreciados de 
todos están en la isla de Astipalea?%, 

Se dice que los lagartos, la especie 

más enemiga de los caracoles, no so- 

e pc E brepasan los seis meses de vida*S, 
Los lagartos de Arabia miden un co- 

do*”, mientras que en el monte Niso 


39 (59) 
Los caracoles 


231 Cf. AmasT., HA VII 14, 599a 34 s. 

222 Cf, Trorr., fr. 176 Wimmer; Prix, EX 101; XXX 44-46. 

23 Cf, PLIN., XXX 45, 

23 Actual Velletri, en el Lacio. 

235 Cf. PLiw., 11243; IV 71; XXX 45, 

236 Cf, ArusT., HA V 33, 558416. 

227 Cf, ArasT,, HA VII 28, 606b5; EL., XVI 41. Se podría identificar 
con el varano o el estizón. Un codo equivaldría a unos 52 cm. 


LIBRO VII 179 


de la India tienen veinticuatro pies de longitud y son de co- 
lor pardo rojizo, púrpura o azul?**, 
También de los animales que con- 


uo: viven con nosotros hay muchos dig- 
Características Sn 
de los perros, nos de conocimiento y, ante todos, el 


Ejemplos de la relación más fiel al hombre, el perro, y a con- 
de Estos CON SUS AMOS. —,. . A 

Quiénes han criado.  'inuación el caballo, Hemos oído que 

perros para luchar un perro luchó por su dueño contra 

unos ladrones y que no se apartó de su 
cuerpo, aún molido a golpes, manteniendo alejadas a las 
aves y a las fieras. Que en el Epiro?”, al reconocer otro pe- 
rro en medio de la multitud al asesino de su amo, éste con- 
fesó su crimen obligado por los mordiscos y ladridos de 
aquél. 

Doscientos perros devolvieron del destierro al rey de los 
garamantes?, luchando contra los que se les enfrentaban. 
Con vistas a las guerras los colofonios y los castabalenses?* 
tenían traíllas de perros. Éstos luchaban los primeros en la 
línea de combate sin retroceder nunca: constituían las tropas 
auxiltares más fieles y sin necesidad de soldada. Cuando los 
cimbros fueron muertos, sus perros defendieron a sus fami- 
lias que estaban montadas en los carros?*, Muerto el licio 
Jasón, su perro se negó a comer y se consumió de hambre. 
El perro al que Duris dio el nombre de Hircano, al ser en- 


238 EI monte Nisa es desconocido. Una ciudad de la India, con el 
nombre de Nisa, aparece en PLim., VI 79. La longitud, equivalente a unos 
siete metros, parece fabulosa. 

232 Cf. Pr, IV 1-4; Er.,, VIE 10, 

240 Pueblo del interior de Libia, cf. PLiw., V 26, 34, 36 et passim. 

2% Habitantes de Colofón, hoy Degirmerdere, en Libia, cf. PLim., Y 
116, 143; II 232; VI 215, Sobre Castabala de Cilicia, denominada tam- 
bién Hierápolis, cf. Perx., V 93. 

242 Sobre los cimbros, pueblo germano del cabo Skagen, cf. PLI,, IV 
95-97, 99, Sobre las guerras cimbrias, cf. PLiw,, II 148. 


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180 HISTORIA NATURAL 


cendida la pira del rey Lisímaco, se arrojó a las llamas?4, y 
lo mismo hizo el del rey Hierón?*, 

También Filisto menciona a Pirro, el perro del tirano 
Gelón?*; así mismo se menciona el de Nicomedes, rey de 
Bitinia, que despedazó a Cosíngide, mujer de éste, por una 
frivolidad demasiado lasciva con su marido?”. Entre nos- 
otros, un perro defendió de un bandido al noble Vulcacio, 
que enseñó derecho civil a Cascelio?*, cuando volvía al 
atardecer de su propiedad a las afueras de Roma en un ca- 
ballo asturcón; lo mismo le ocurrió al senador Celio?*%, en- 
fermo en Placencia, cuando fue atacado por unos hombres 
armados y no fue herido hasta que mataron a su perro. 

Pero, por encima de todos, en nuestra época está atesti- 
guado en las Actas del pueblo romano que en el consulado 
de Apio Junio y Publio Silio%”, al castigar por su relación 
con Nerón, hijo de Germánico, a Ticio Sabino?” y a sus es- 
clavos, el perro de uno de éstos no pudo ser echado de la 


243 FGrH 76, fr. 55, Duris de Samos (340-270 a. C.) fue un historia- 
dor cuya obra podría haber llevado el título de Macedónicas. Sobre List- 
maco, cf. $ 54, nota. 

2 Podría tratarse de Hierón 1 o Hierón II de Siracusa. 

245 Filisto de Siracusa (FGrH 556, fr. 48) nació hacia el 430 a. C. y mu- 
rió en el 356/355 a. C, Fue partidario de los tiranos e historiador de la isla de 
Sicilia, Gelón fue tirano de Siracusa, hijo de Hierón 1 (540-478 a, C.). 

246 Nicomedes 1, rey del 280 al 250 a. C, Sobre Bitinia, cf. PL1N., II 
204; V 142, 148-149, 151, 

247 Vulcacio podría ser un miembro de la gens Volcatia Sedigita, cf. 
XI 244, Cascelio fue un jurista contemporáneo de Cicerón. 

248 Podría tratarse del Publio Celio, que se encontraba al mando de 
Piacenza cuando en el año 87 a. C. fue tomada por Cinna, 

24% Apio Junio Silano y Publio Silio Nerva, año 28 d. C. 

25 Ticio Sabino, caballero romano, fue encarcelado por su amistad 
con Germánico, y su familia cayó en desgracia ante Sejano. Sobre todo el 
proceso, cf. Tác., 4n. IV 68-70. 


LIBRO VIII 181 


cárcel ni se apartó del cuerpo de su amo expuesto, exhalan- 
do tristes gemidos en las escaleras Gemonias?*!, en medio 
de un gran corro de ciudadanos romanos, y, al tirarle al- 
guien comida desde allí, la llevó a la boca del muerto, Este 
mismo se echó a nadar, cuando fue tirado el cadáver al Tí- 
ber, intentando mantenerlo a flote, mientras la multitud se 
aglomeraba para contemplar la fidelidad del animal. 

Son los únicos que conocen a su dueño e incluso lo ba- 
rruntan, si llega de improviso, aunque esté irreconocible; 
son los únicos que saben sus nombres? y reconocen las 
voces familiares. Recuerdan los itinerarios, por largos que 
sean, y ningún ser viviente, excepto el hombre, tiene mayor 
memoria. Sus ataques y su crueldad los apacigua el hombre 
sentándose en el suelo, 

La vida cotidiana depara muchísimas otras cualidades 
de éstos, pero su habilidad y sagacidad se ponen de mani- 
fiesto sobre todo en la caza. Olfatea las huellas y las sigue, 
arrastrando de la correa hasta la presa a quien persigue la 
caza en su compañía y, una vez avistada ésta, ¡qué silencio- 
sa y disimulada, pero qué significativa es su forma de indi- 
carlo, primero con la cola y luego con el hocico! Por ello, 
los llevan en brazos incluso en la vejez, cuando ya están 
cansados, ciegos y débiles, pero siguen captando el olor del 
viento y dirigiendo su hocico hacia las guaridas. 

A los indios les place cruzarlos con los tigres y, por ello, 
atan a las hembras en las selvas en la época del aparea- 
miento?%, Consideran que los que nacen en la primera o se- 
gunda camada son demasiado salvajes y solo los crían a 
partir de la tercera. Los galos intentan lo mismo con los lo- 


251 Escalinatas donde eran atrojados y expuestos los cadáveres de los 
ajusticiados en la prisión Mamertina, antes de ser arrojados al Tiber. 

252 Lo mismo ha dicho en el párrafo 11 sobre los elefantes. 

253 Cf. ArisT., HA VII 28, 607215; Eb, VI 1. 


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182 HISTORIA NATURAL 


bos, y sus rebaños tienen cada uno un guía y jefe procedente 
de estos perros al que acompañan en la caza y le obedecen, 
pues también entre ellos ejercen la autoridad. 

Es seguro que junto al río Nilo beben a la carrera para no 
dar ocasión a la avidez de los cocodrilos?%*, El rey de Albania 
había regalado a Alejandro Magno, cuando se dirigía a la In- 
dia, un perro de un tamaño excepcional; deleitado por su as- 
pecto, ordenó enfrentarlo a osos, luego a jabalíes y, por últi- 
mo, a antílopes, permaneciendo aquél despectivamente 
tumbado sin moverse. Irritado por tal indolencia de un cuerpo 
tan enorme, el caudillo de noble espíritu ordenó matarlo. Lle- 
gó esto a oídos del rey y, por ello, al enviarle otro, le remitió 
instrucciones de que no lo pusiera a prueba frente a animales 
pequeños, sino frente a un león o a un elefante: que él había 
tenido dos y, si moría éste, no le quedaría ninguno más. Y 
Alejandro no se demoró y vio al punto al león despedazado. 
Después mandó enfrentarle a un elefante, no habiendo dis- 
frutado más con ningún otro espectáculo, pues, con el pelo 
erizado por todo el cuerpo, emitió primero un enorme ladrido, 
después atacó, dando un salto y elevándose contra las extre- 
midades de aquél por un lado y por otro, en una habilidosa lu- 
cha, atacando y retrocediendo según fuese lo más conve- 
niente, hasta que lo hizo caer por el vértigo después de dar 
continuas vueltas, temblando la tierra a su caída”. 

Los perros paren dos veces al año. 

(62) - La edad adecuada para parir es a par- 

Su reproducción. tir del año. La gestación dura sesenta 
días. Dan a luz crías ciegas y, cuanto 

más abundante es la leche con la que se alimentan, tanto 


254 Cf, Ex., NA VI 53; Feo, 127. 
255 Sobre Albania, cf. PLIw., IV 39, La anécdota se puede leer también 
en: PLur., Stoic. abs. 15, 3; Estr., XV 1, 700; EL., NA VIT 1. 


LIBRO VAM 183 


más tarde adquieren la vista; nunca, sin embargo, después 

de veintiún días ni antes de sicte?%, Algunos cuentan que, si 

nace solo uno, ve a los nueve días, si dos, a los diez, y así 

sucesivamente se van sumando días de retraso para ver la 

luz por cada uno más, y que ve a los faunos?% la hembra 

que nace de una primeriza. El mejor de la camada es el que 

comienza a ver el último, o bien el primero al que la recién 

parida lleva al cubil tras el parto. 

La rabia de los perros es mortal 

(63) para el hombre cuando brilla Sirio, co- 

Remedios mo hemos dicho?%, por el miedo letal 

seda ii al agua que sufren los que han sido 

mordidos en estas condiciones. Por 

ello, se le hace frente durante esos treinta días mezclando, 

sobre todo, fimo de gallina con la comida de los perros, o 
bien eléboro, si ya se ha producido la enfermedad. 

41 Pero el único remedio contra el mordisco, descu- 
bierto hace poco por un oráculo, es la raíz de la rosa silves- 
tre que se denomina cinorrodon*”. Columela*% atestigua 
que si a los cuarenta días de su nacimiento se les arranca la 
cola de un mordisco y se les quita la última vértebra del es- 


256 Cf, ArisT., HA V 14, 545b3; VI 20, 474223; PLrw., X 173, 177- 
173. 

257 La expresión latina Faunos cerni equivale a «tener pesadillas o 
alucinaciones»; cf. PLiM., X 212, donde dice que los perros sueñan. Lu- 
CRECIO afirma lo mismo (IV 987-1010). 

25% llamada también Canícula, palabra que ha pasado al lenguaje co- 
rriente para designar el período más caluroso del año, cf, PLrx., 11 107 y 
123, 

252 La mayoría de lós remedios propuestos contra la rabia tienen ca- 
rácter mágico, cf. PL1x., XXIX 98-102. Sobre el uso del eléboro, cf. XXV 
52; Drosc., IV 148; GaLeno, XI 874; Ism., Etim, XVII 9, 24; sobre la ro- 
sa silvestre o rosa canina, cf. XXV 13, 125, 

260 Agr. VIL 12, 12. 


- 


$3 


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184 HISTORIA NATURAL 


pinazo, junto con la extracción del nervio, ni les crece la 
cola, ni se vuelven perros rabiosos. Se nos ha transmitido 
entre los prodigios que un perro habló, cosa de la que, por 
cierto, he tomado nota, y que una serpiente ladró cuando 
(Tarquinio) fue expulsado del trono?*!. 

Al mismo Alejandro también le 


ios tocó en suerte un caballo de excep- 
de los caballos. cional rareza. Le dieron el nombre de 
A Bucéfalo, bien por su aspecto torvo, 

Prodigios bien por sus ijares, en que estaba gra- 


protagonizados bada la imagen de una cabeza de to- 
por cuadrigas 262 A E 
ro*%”, Se dice que fue adquirido por 
trece talentos a la cuadra del farsalio Filonico, cuando toda- 
vía Alejandro era un niño y se prendó de la belleza del ca- 
ballo. Éste, enjaezado con la montura del rey, no aceptó en 
la silla a nadie más que a Alejandro, mientras que, en otras 
ocasiones, aceptaba a todos sin distinción. Se cuenta del 
mismo su memorable comportamiento en las batallas: que, 
herido en el asedio de Tebas?%, no soportó que Alejandro 
montara en otro, y otras muchas acciones del mismo tipo, 
por las que el rey le dispensó honras fúnebres cuando mu- 
rió, y erigió en torno a su túmulo una ciudad con su nom- 
bre?%*, 
Se cuenta también que el caballo del dictador César no 
aceptó en sus lomos a ningún otro y que tenía los pies ante- 
riores semejantes a los del hombre; con esta apariencia fue 


261 Tarquinio el Soberbio, último rey de Roma, 

22 El nombre de Bucéfalo, transcripción del griego, equivale a «de 
cabeza de toto» o «de cabeza grande». Sobre la característica del caballo, 
cf, Esrran., XV 1, 698, 

263 El año 335 a. C. 

264 | a ciudad de Bucéfala, cf. PLm., VI 77. 


LIBRO VII 185 


emplazado ante el templo de Venus Generadora?%. Tam- 
bién levantó el divino Augusto un túmulo para su caballo, 
acerca del que hay un poema de César Germánico**, En 
Agrigento los túmulos de muchos caballos tienen pirámides. 
Que un caballo fue amado por Samirámide hasta el coito lo 
atestigua Juba?”, 

La caballería escita está orgullosa de la fama de sus ca- 
ballos: se cuenta que, muerto un pequeño rey en un desafío, 
su enemigo, cuando se disponía a despojarlo, fue muerto a 
coces y mordiscos por el caballo de aquél; que otro, al qui- 
tarle la venda de los ojos y darse cuenta de que se había 
apareado con su madre, se dirigió a un precipicio y se ma- 
t6?%. Nos ha llegado que, por una causa semejante, en el 
campo reatino?% fue descuartizado un palafrenero. Y, de 
hecho, éstos tienen también sentimiento de familia y, en el 
rebaño, la potra sigue a su hermana del año anterior de me- 
jor gana incluso que a su madre. 

Su docilidad es tan grande, que se sabe que el conjunto 
de la caballería del ejército sibarita?” solía moverse en una 
especie de danza al son de la música. Estos mismos presa- 
gian la batalla y lloran a sus dueños al perderlos; a veces, 


265 Cf. Surr., Cés. 61. 

266 Germánico, además de un gran guerrero era un excelente poeta, 
como afirma Gregorio Marañón en su obra sobre Tiberio, pág. 116, adu- 
ciendo que en tiempos de su hermano Claudio se representó, en homenaje 
a su memoria, una tragedia en griego compuesta en su juventud (cf. Surr,, 
Claud. 11). 

267 FEGrH 275 frg. 22 Jacony. Samirámide o Semíramis fue esposa de 
Samsi-Adat, rey de Asiria (823.810 a. C.). La leyenda cuenta que se 
arrojó a la pira de su caballo. 

268 Cf. Axasr., HATX 47, 63 la1 ss.; EL.,1V 7, 

269 Hoy Rieti, cf. PLrw., 11.209, 226, 230; 111 107, 109, 126. 

210 Sobre Síbaris, cf. PLix., 111 97. La noticia aparece en ATENEO, XII 
$20c. 


a 


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186 HISTORIA NATURAL 


incluso derraman lágrimas de añoranza, Cuando fue asesi- 
nado el rey Nicomedes?”!, su caballo puso fin a su vida por 
el hambre. Filarco cuenta que el gálata Centareto, muerto 
Antíoco?” en una batalla, tras apoderarse de su caballo, lo 
montó triunfante, pero que éste, enfurecido de indignación, 
zafándose del freno para no poder ser dominado, se arrojó 
de cabeza a un precipicio y se mató a la vez que aquél. Fi- 
listo añade, por su parte, que Dionisio abandonó a su caba- 
llo atascado en el barro y que, una vez que éste logró libe- 
rarse, siguió las huellas de su amo, con un enjambre de 
abejas adherido a su crin y que, por este prodigio, Dionisio 
llegó a ser tirano ?”, 

Sus dotes naturales son inenarrables. Los que lanzan 
dardos conocen por experiencia la sumisión de los caballos, 
que favorecen los intentos difíciles con su propio cuerpo y 
esfuerzo; también alcanzan al jinete los dardos que recogen 
del suelo. En el circo, efectivamente, uncidos a carros, dan 
pruebas indudables de su sensibilidad a las órdenes y a la 
recompensa. En los espectáculos circenses de los juegos se- 
culares del emperador Claudio?”, tras tirar a tierra en el re- 
cinto de salida a Córax, el auriga de los blancos?”, tomaron el 
primer puesto y lo mantuvieron, cerrando, dispersando y 
haciendo contra sus adversarios todo lo que hubieran debido 
hacer si hubiese estado montado el auriga más experto, y 
daba vergiienza que la habilidad de los hombres fuese supe- 


211 Seguramente Nicomedes Ti Epifanes, rey de Bitinia (149-128 a, C.). 

22 FGrH 81, fr. 49 Jacony. Cf, EL., VI 44. Antíoco I Soter, fundador 
de la dinastía seleúcida (324-261 a. C.) 

23 EGrH 556, fr. 58 Jacony. Sobre Filisto, cf. nota 229. Dionisio 1, 
tirano de Siracusa (430-367 a, C.). Sobre los agúeros favorables de las 
abejas, cf. PLin., XI $5, 

274 En enero del año 47 d. C., ef. Suer., Claud. 21, 2 ss. 

25 En las carreras del circo había cuatro cuadrillas: los blancos, los 
rojos, los verdes y los azules. 


LIBRO VIII 187 


rada por unos caballos; una vez acabada la carrera, confor- 
me a las reglas, se detuvieron junto a la greda””, 

Un prodigio mayor sucedió en la antigiledad, cuando en 
los juegos plebeyos del circo, tras derribar a su auriga, los 
caballos corrieron al Capitolio, igual que si permaneciera en 
su puesto, y dieron tres vueltas al templo. Pero el mayor 
prodigio fue que llegaron allí mismo desde Veyos”” con la 
palma y la corona, tras ser derribado Ratumenna que había 
vencido allí, por lo que posteriormente la puerta recibió su 
nombre?”, 

Los sármatas?” los entrenan para realizar una larga mar- 
cha haciéndoles ayunar el día anterior y dispensándoles muy 
poca bebida, y así los montan marchando ininterrumpida- 
mente ciento cincuenta millas ?, 

Viven algunos cincuenta años, las hembras, menos tiem- 
po. Éstas mismas dejan de crecer a los cinco años, los ma- 
chos, un año después, El tipo de caballo que conviene elegir 
sobre todo ha sido muy hermosamente descrito, por cierto, 


por el poeta Virgilio”!; pero también nosotros lo dijimos en 


el libro publicado Sobre el manejo del venablo a caballo ??, 


y veo que existe acuerdo casi entre todos. Sin embargo, para 
el circo se busca otro canon. Y así, cuando en otros menes- 
teres se les pone bajo el yugo a los dos años, allí no compi- 
ten antes de los cinco. 


27 a meta, pintada con este tipo de arcilla arenosa de color blanco 
azulado. 

217 Ciudad etrusca, al norte de Roma, cf. Pem., 11211; 111 53, 125, 

28 Cf. PLur., Val, Publ, 13, 1 ss. 

273 Cf. Prxw., IV 80-81. 

280 Unos 220 Km. 

1 Geórg, 11 72-88. 

282 Obra perdida, de la que nos da noticia PLiso EL Joven (Epíst. IL 
5,3). 


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188 HISTORIA NATURAL 


En esta especie gestan durante once 

(66) meses y paren a los doce. El aparea- 

Reproducción miento se produce en el equinoccio de 

de los caballos imayera. El parto es corriente a los 

dos años, pero a partir de los tres es 

más fuerte, El macho procrea hasta los treinta y tres años y 

por ello se los envía para la monta desde el circo después de 

los veinte años?%, Cuentan que en Opunte”* un caballo 

continuó hasta los cuarenta con solo ayudarle a levantar la 

parte anterior del cuerpo. Pero pocos animales son menos 

fértiles para la reproducción, por lo que se dejan intervalos 

para la cubrición, y, sin embargo, no pueden soportar más 

de quince acoplamientos el mismo año”*, El deseo de las 

yeguas se extingue cortándoles la crin. Paren todos los años 

hasta los cuarenta. Se cuenta que un caballo vivió hasta los 
setenta y cinco años. 

En esta especie la yegua preñada pare de pie y ama a sus 
crías más que las demás madres; y es que los caballos tienen 
al nacer un filtro amoroso del tamaño de un higo y de color 
negro, llamado hipómanes**, que se encuentra en su frente, 
que la yegua se come nada más parir; de lo contrario, no 
admite a las crías a las ubres. Si alguien lo consigue antes de 
que se lo coma, con sólo olerlo, esta especie se vuelve ra- 
biosa. Cuando en un rebaño una cría pierde a su madre, las 
demás recién paridas crían al huérfano. Dicen que no llegan 


283 Cf. Arusr., HA V122, 575b21 ss. : 

28% Cerca de Ciparisio, capital de los locrios (cf. Prm., IV 27). 

285 Cf. Var., Agr. 117, 11; Co, V1 27, 5-13, 

2% Este término tenía dos sentidos: Humor que se desprende de la 
vulva de la yegua cuando está en celo y excrecencia carnosa que se creía 
que tenían en la frente los potrillos en el momento de nacer; cf. PLImN., 
XXVIN 181; Vira., Geórg. 0 280 ss.; En. IV 515; Arasr., HA VI 22, 
576224; VIN 24, 60542; IX 4, 611a12; Cor.., VE 27, 12; EL., 111 17; XIV 
18; Luc., V1 455 s.; Juv., II 6, 626. 


LIBRO VIH 189 


a tocar la tierra con su boca hasta tres días después de nacer. 
Cuanto más fogoso es, más sumerge su hocico al beber. Los 
escitas prefieren utilizar a las hembras en la guerra, porque 
el orinar no les impide correr, 
Está atestiguado que en Lusitania, 
(67) junto a la población de Olisipón y el 
Concepción río Tajo, las yeguas, puestas de cara al 
ón soplo del favonio, reciben el hálito 
vital y así tienen una cría que, en estas 
condiciones, nace muy veloz, pero no sobrepasa los tres 
años de vida*”, En la misma Hispania están los pueblos 
galaico y ástur?*: tienen éstos una raza de caballos a los que 
llamamos tieldones””; crían también otros de menor alzada 
llamados asturcones, que no tienen un paso común al correr, 
sino una marcha suave, porque echan las patas del mismo 
lado alternativamente?%; de aquí el que se enseñe a los ca- 
ballos el arte de trotar a este paso. 
El caballo sufre casi las mismas enfermedades que el 
hombre y, además, la inversión de la vejiga?*, como todos 
los de la raza de las bestias de carga. 


287 Leyenda de antigua tradición, cf. Hom., 7), XVI 150 s.; XX 223 s. 
VARRÓN (Agr. II 1, 19) es la fuente de Pr.ruro, así como de COLUMBLA 
(VI 27, 13). Esta leyenda la recrea VirciLio (Geórg. IU 271 ss.) y de ella 
ya ha escrito PLivIO en TV 116. Olisipón es hoy Lisboa, cf. PLiw., IV 116. 
El favonio es el viento de poniente. 

288 Cf. Pur, IV 112 y 111 respectivamente. 

289 Palabra desconocida en cuanto a su origen, aunque algunos pien- 
san que es vasca, 

240 El término asturcón, del latín asturco, es equivalente a «asturia- 
no». Eran caballos muy apreciados en la Antigiiedad, por mover a un 
tiempo el pie y la mano del mismo lado al andar (paso de ambladura). 

291 Se trata de la cistocele, herniación de la vejiga urinaria al interior 
de la vagina. 


166 


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190 HISTORIA NATURAL 


Marco Varrón atestigua que un as- 
(68) no fue comprado por (cuatrocientos 
Los asnos, mil) sestercios para el senador Quinto 
Su reproducción. Ao. no sé si superando el precio de 
cualquier animal?”, La utilidad de esta 
especie es sin duda muy grande también para arar, pero, so- 
bre todo, por la procreación de las mulas. También se tiene 
en cuenta el lugar de nacimiento de éstos: de los de Acaya 
los arcadios y los reatinos de los de Italia””%, Este mismo 
animal no soporta en absoluto el frío y, por ello, no se re- 
produce en el Ponto”*, ni se acopla en el equinoccio de 
primavera, como los demás animales, sino en el solsticio 
de verano. 
Los machos empeoran con la interrupción del trabajo 
La gravidez antes de los treinta meses es demasiado pre- 
matura y, en cambio, es muy normal a partir de los tres 
años: paren tantas crías como las yeguas, en los mismos me- 
ses y de igual modo. Pero su útero incontinente expele el 
semen con la orina, a no ser que tras el apareamiento se la 
obligue a golpes a correr. Rara vez pare dos crías. Cuando 
está a punto de parir, rehuye la luz y busca las tinieblas para 
no ser observada por el hombre. Procrea durante toda su vi- 
da. que, por lo demás, llega hasta los treinta años, 


295 


2% Agr, 11 2, 7. Q. Axio fue contemporáneo y amigo de Varrón y de 
Cicerón. 

223 Cf. Var,, Agr. 11 1, 14 y 6, 2. La forma de expresarse Plinio en esta 
frase, incluido su quiasmo, podría deberse a que constituía un aforismo. 

22 Ya HerónorO habla de la aversión de los asnos por el frio (cf. TV 
28), lo que explica que ArisróTELES (HA VII 25, 605220; GA U 8, 748222) 
afirme que no se reproducen en lugares frios, También VarróN (Agr 17, 
10) hace notar que las yeguas preñadas sufren especialmente por el frio. 

225 Cf, Var., Agr. IU 6, 4, 

29 Sobre todas estas cuestiones, cf, ArIsT., HA Y 14, 545620; VI 23, 
577422-25; 577b1 ss.; GA 11 8, 748221, 


LIBRO VIH 191 


Tienen un gran cariño por sus crías, pero aún es supe- 
rior su aversión al agua: van en busca de sus crías incluso 
atravesando el fuego, en cambio, estas mismas se espantan 
hasta de mojar siquiera sus cascos, si se interpone el re- 
gato más pequeño. Y no beben a no ser en las fuentes ha- 
bituales que hay en los prados y de tal forma que vayan a 
beber por una senda seca, y tampoco atraviesan los puen- 
tes cuando se ven las aguas por sus rendijas. Algo aún más 
chocante de contar es que pasan incluso sed si se les cam- 
bian las aguas y, entonces, hay que obligarlos a beber o 
bien suplicárselo, 

Sólo un espacio amplio es seguro para que se acuesten, 
pues en sueños tienen muchas visiones acompañadas de 
frecuentes coces, las cuales, si no las dan al aire, les pro- 
ducen inmediatamente cojera, al chocar con un material 
más duro, 

El beneficio que se obtiene de éstos sobrepasa las más 
ricas propiedades. Es famoso que en Celtiberia?” unas bu- 
rras han parido cada una por valor de cuatrocientos mil ses- 
tercios, principalmente por el parto de mulas. Dicen que los 
pelos de las orejas y de los párpados tienen interés en ellas, 
porque, a pesar de que tengan un solo color en el resto del 
cuerpo, reproducen tantos colores como los que tienen 
allí%, Mecenas instauró la moda de comer sus pollinos, 
preferidos con mucho en aquel momento a los onagros?%, 
tras él pasó el aprecio por el sabor del asno. Al perder la 
vista, esta especie muere muy pronto. 


297 Cf. Pax, IV 119. 

28% Cf. CoL,, VI 37, 9. 

292 El personaje es el conocido Gayo Cilnio Mecenas (70-8 a. C.). So- 
bre los onagros, cf., infra, $ 174. 


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192 HISTORIA NATURAL 


Las mulas nacen de asno y yegua 


44 (69) ; 
Correterieiids a los trece meses y son un animal ex- 
de las mulas cepcional para distintos trabajos por - 


y de los restantes 


malos su fuerza. Para esta clase de partos no 


se eligen yeguas ni menores de cuatro 
años ni mayores de diez*%, y se cuenta que una especie es 
rechazada por la otra, a no ser que haya mamado en sus 
primeros años la leche de la especie con la que se va a aco- 
plar. Por este motivo, tras arrebatarles a hurtadillas en la os- 
curidad sus hijos, se acerca a los pollinos a las ubres de las 
yeguas y los potrillos a las de las burras?*”, Las mulas tam- 
bién nacen, por otra parte, de caballo y burra, pero indórmi- 
tas y de una lentitud incorregible. Son lentos también los 
que proceden de animales viejos *”, 

Si el apareamiento con un asno sigue a la concepción 
con un caballo, aquél termina en un aborto; no así el del as- 
no tras la unión con caballos*%. Se ha observado que las 
hembras quedan preñadas con mucha facilidad a los siete 
días del parto y que los machos cansados preñan mejor. Se 
considera estéril a la hembra que no ha concebido antes de 
perder los dientes que se llaman de leche*%* y a la que no 
queda preñada al primer acoplamiento. Los antiguos daban 
el nombre de hinnulos*% a los machos nacidos de caballo y 
burra y, por el contrario, el de mulos a los que engendrasen 
asnos y yeguas. 


300 Cf. Var, Agr. 118, 1 ss.; CoL.., VI 36, 9; 37, 9, 

391 Cf. ArasT., HA VI 23, 577a18-577b18; CoL., V1 36 1 ss.; 37, 7 s.; 
Prx., X 180; EL., NA XII 16. 

302 Aceptamos la conjetura de Mayhoff: lenta omnia et e uetulis. 

30% Cf, Axsr,, HA V1 23 577220-57824, 

304 El adjetivo latino pullinus, empleado aquí por PLinIO, es el étimo 
del castellano pollino. 

39% Sobre esta denominación, cf. Var.. La lengua latina 1X 28; CoL., 
VI 37, 22. 


LIBRO vm 193 


Se ha observado que los nacidos de dos especies dife- 
rentes pertenecen a una tercera especie y no se parecen a 
ninguno de sus padres y que éstos mismos, que han nacido 
de este modo, no engendran en ninguna clase de animales y, 
por ello, las mulas no paren*%, Aparece en nuestros Anales 
que han parido repetidas veces, pero se considera como un 
prodigio?*”. Teofrasto cuenta que en Capadocia paren nor- 
malmente, pero en esta región este animal es de otra clase. 
Las coces de las mulas se contienen dándoles a beber vino 
con frecuencia? 

En las obras de muchos griegos está escrito que del apa- 
reamiento de un mulo con una yegua nació un animal al que 
dan el nombre de hinno*”, es decir, pequeño mulo. De la 
yegua y el onagro domesticado se engendran mulas veloces 
en la carrera, con una extraordinaria dureza de cascos, pero 
con un cuerpo flaco y un carácter indómito; sin embargo el 
semental nacido de onagro y burra es superior a todos. Los 
onagros de Frigia y Licaonia son los mejores?*. África se 


306 Cf EL., XIL16. 

207 Cf. Herón.,, TIT 153, 2; Var., Agr, 11 1, 27; Cot, VI 37, 9. 

308 Cf. PL, XXX 149, 

309 Cf. Arisr,, HA VI 24, 577621. Según J. Patri se trataría en Aris- 
tóteles de un caballo pequeño, cuyo desarrollo natural ha quedado in- 
completo (cf. nota:235 de su traducción del pasaje de ARISTÓTELES en el 
vol, 171 de esta esta misma colección). Como testimonio de ello cita el 
artículo de P. Louns, «Ginnos», Revue de Philologie XXXI (1957), 63-65 
y el de P. CHANTRAINE, «Notes d'étymologie grecque Il», Rev. Phil. 
XXXIX (1965), 205-209. Sin embargo, aquí PLrxo parece poner en rela- 
ción este término con el verbo latino hinnire, equivalente a nuestro «re- 
linchar», En cuanto al texto, aceptamos la lectura hínnus, confirmada 
también por VARRÓN (Agr. II 8, 6). Este término también estaría en rela- 
ción con hinnulus (cf. VU 171, 7 nota). 

320 Sobre Frigia, cf. PLnw.,V 145; sobre Licaonia, Pran., V 95. 


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194 HISTORIA NATURAL 


vanagloria de que las crías de éstos son las mejores en sa- 
bor, y les dan el nombre de Jalisiones?"!, 

En los documentos de los atenienses aparece que un mu- 
lo vivió ochenta años: en consecuencia, complacidos por- 
que, con motivo de la construcción de un templo en la ciu- 
dadela, animaba con su compañía y apoyo a los jumentos 
que subían, a pesar de estar dejado al margen por su vejez, 
promulgaron un decreto para que los comerciantes de trigo 
no lo apartasen de sus tamices?**?, 

Se acepta que la altura de los bue- 

45 (70) yes de la India es la de los camellos y 

Los bueyes. | que sus cuernos alcanzan una enver- 

Su reproducción —— sadura de cuatro pies?"”, En nuestro 

entomo los más alabados son los epi- 

rotas, debido al cuidado, según se dice, de Pirro, rey de esta 

región**, Lo consiguió no incitándolos a la monta antes de 

los cuatro años; como consecuencia, fueron efectivamente 

muy grandes y aún hoy quedan restos de sus descendientes. 

Ahora, sin embargo, se buscan para la fecundación hembras 

de un año o, con más tolerancia, de dos. Para la reproduc- 

ción se buscan toros de cuatro años. Preñía cada uno a diez 

vacas en el mismo año. Cuentan que, si los toros marchan 

hacia la derecha tras el apareamiento, nacen machos y, si lo 
hacen hacia la izquierda, hembras. 

La concepción se consigue en un solo acoplamiento, pe- 
ro si por alguna razón no se ha conseguido, la hembra vuel- 
ve a requerir al macho tras veinte días. Paren a los diez me- 
ses; todos los que nacen antes no son útiles, Hay autores que 
dicen que paren el mismo día en que se cumplen los diez 


31 Palabra de origen posiblemente africano, cf. Marc., XII 97, 1, 
312 Cf, Arusr., HA V1 24, 577b29 ss.; EL., VI 49. 

313 Cf. Pran., XXVII 159; EL., 111 34, 

314 Cf. ArasT., HA TU 21, $22b23; VE21, 575222; Var., Agr. 115, 9. 


LIBRO VUI 195 
meses?! Raramente alumbran dos crías, El apareamiento se 
lleva a cabo tras la salida del Delfín, el día antes de las no- 
nas de enero, durante treinta días?! Algunos también se 
llevan a cabo en otoño, repartidos para los pueblos que se 
alimentan de leche de tal forma que este alimento abunda 
durante todas las épocas del año. Los toros no se acoplan 
más de dos veces al día. - 

Los bueyes son los únicos animales que pacen también 
andando hacia atrás, y entre los garamantes, por cierto, sólo 
lo hacen así?*”, La vida de las hembras no dura más de 
quince años, la de los machos, veinte. Su plenitud sobrevie- 
ne a los cinco años*!*, Se cuenta que engordan con baños de 
agua caliente y también si se les insufla aire con una caña en 
las vísceras, tras practicar una incisión en la piel?”, 

No deben considerarse degenerados los de peor aparien- 
cia: las vacas alpinas, aunque tienen un cuerpo muy peque- 
ño, dan leche en gran cantidad; realizan muchisimo trabajo 
si se las unce por la cabeza y no por la cerviz*", Los bueyes 
sirios no tienen papada, sino una giba en el lomo. También 
se cuenta que son extraordinarios para el trabajo los carios, 
de una parte de Asia, desagradables a la vista por una protu- 
berancia que sobresale desde la cerviz por encima de los ija- 
res y con los cuernos torcidos*?!, Por otra parte, los de color 
negro o blanco son rechazados para el trabajo. Los toros 
tienen los cuernos menores y más finos que los bueyes. 


315 Cf. Axisr., HA VI 21, 575813-26; VI 21, 575b16. 

316 El cuatro de enero, Cf, VaAR., Agr, II S, 13, El Delfín es una cons- 
telación del hemisferio boreal, al sur de la constelación del Cisne, que 
aparece a comienzos de enero. 

317 Cf, Herón,, IV 183; Ez., XV1 33; MuLa, 145, 18. 

318 Cf Arisr., HA VI 21, 575831; 21, 575b4. 

319 Cf, ArrsT., HA VII 7, 595bS ss. 

32 Cf, CoL., VEL, 5 ss. 

321 Podría tratarse del cebú; cf. Arisr., HA VI 28, 606413. 


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196 HISTORIA NATURAL 


La doma de los bueyes se lleva a cabo al tercer año; 
después es tarde y antes prematura. El joven se entrena muy 
bien con el domado?*?, Tenemos efectivamente a este ani- 
mal como compañero en el trabajo y la agricultura, motivo 
de tan gran interés para nuestros mayores, que, entre sus 
castigos ejemplares está el de un condenado por el pueblo 
romano, tras haberse señalado el día para su comparecencia. 
Éste había matado a un buey porque su desvergonzado 
amante dijo que no había comido en el campo tripas de 
buey; por ello, fue condenado al destierro, como si hubiera 
matado a uno de sus colonos?”, 

La buena raza de los toros se deja ver en su aspecto: la 
frente torva, las orejas erizadas de pelos, los cuernos pidien- 
do lucha en la pelea. Pero toda su actitud amenazadora se 
manifiesta en los pies anteriores: se para mientras su ira va 
en aumento, doblando hacia atrás ambas patas alternativa- 
mente y echando tierra a su vientre; es el único animal que 
se enardece mediante este estímulo*", 

Los hemos visto luchar tras ordenárselo —y por ello se 
los exhibe en público —, dar volteretas, caer sobre sus cuer- 
nos y levantarse de nuevo, o bien ser levantados del suelo 
en el que estaban echados, e incluso mantenerse en pie a 
manera de aurigas en un carro de dos caballos lanzado a la 
carrera. Es un hallazgo del pueblo tesalio matar a los toros 
torciéndoles el cuello por un cuerno, mientras galopan a su 
lado a caballo. El dictador César fue el primero que ofreció 
en Roma este espectáculo, 


32 Sobre la doma, cf. Cor.., VI 2, 1 ss.; sobre la unión del joven con 
el domado cf. Cor.., VI 2, 18 ss, 

333 Cf VaL, Máx, VII 1, 8. 

32 Sobre las cualidades de toros y vacas, cf. Var., Agr. 1 5, 7 ss; 
CoL.,VI 1, 3 ss.; VixG., Geórg. TU $1 ss. 


LIBRO VII 197 


Ellos constituyen las víctimas más espléndidas y la ma- 
nera de aplacar a los dioses más magnífica. Es el único de 
todos los animales que tienen una cola más bien larga, que 
no la tiene de una medida definitiva a la hora de nacer, co- 
mo los demás. Sólo a él le crece hasta que le llega a lo más 
bajo de las pezuñas. Por este motivo, para aceptar como víc- 
timas a los novillos se requiere que la cola toque el corve- 
jón; con una más corta no ofrecen buenos presagios. Tam- 
bién se ha notado esto: que los novillos llevados al altar a 
hombros del hombre casi nunca ofrecen buenos presagios, 
así como que los dioses no se aplacan ni con una víctima 
que cojea, ni con una que no les pertenece, ní con una que 
se escapa del altar. Entre los prodigios de los antiguos es 
frecuente que un buey haya hablado; al anunciarse esto, el 
senado se solía reunir a la luz del día?, : 

En Egipto incluso se venera a un 


46 (71) buey lo mismo que a una divinidad: lo 
El buey Apis llaman Apis?, Tiene como distintivo 
en Egipto 


una mancha blanquecina en su flanco 
derecho, en forma de luna que. co- 
mienza a crecer*”, y un nódulo bajo la lengua, al que llaman 
«cántaro»?%, No es lícito que sobrepase unos determinados 
años y lo matan ahogándolo en la fuente de los sacerdotes, 
dispuestos a buscar otro que lo reemplace, cuando aún están 
de duelo, y se muestran tristes hasta que lo encuentran, in- 


25 Cf. Vira., Geórg. 1478; Lev., 11 10, 6; XXIV 10, 10; XXVI 11, 
4; XXXV 21, 4; Tác., Hist. 186. 

326 Cf. Heróp., 1IT 28, al que siguen después numerosos autores grie- 
gos y latinos, 

327 Según el oráculo de Apolo en Delfos, el distintivo que debla tener 
la vaca, o el buey según otros autores, que debía seguir Cadmo para fun- 
dar, en el lugar donde se acostara, la ciudad de Tebas, también consistía 
en una marca en forma de luna en su flanco. 

328 Término griego con el significado de «escarabajo». 


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198 HISTORIA NATURAL 


cluso con las cabezas rapadas, y, sin embargo, nunca lo bus- 
can durante mucho tiempo. 

Tras encontrarlo, es trasladado a Menfis por cien sa- 
cerdotes. Tiene dos santuarios, a los que llaman «tála- 
mos», que tienen carácter augural para el pueblo: si entra 
en uno, representa un buen presagio; entrar en el otro 
vaticina desgracias. Da respuestas a las personas parti- 
culares, comiendo de la mano de los que lo consultan. 
Rechazó la mano de César Germánico ?*”, que murió no 
mucho después. Oculto normalmente, cuando se muestra 
en: medio de la multitud, avanza mientras los lictores 
abren paso, y le acompañan grupos de niños cantando un 
himno en su honor: parece que lo entiende y le gusta ser 
adorado. Estos grupos, repentinamente entusiasmados, 
predicen el futuro. 

Una vez al año se le presenta la hembra, también con 
sus marcas distintivas, aunque diferentes, y cuentan que, 
siempre en el mismo día, se la encuentra y muere. En 
Menfis hay un lugar en el Nilo al que dan el nombre de 
Fíala por su forma?*”, donde sumergen todos los años 
una patera de oro y otra de plata los días en que se cele- 
bra el nacimiento de Apis. Son éstos siete, y es admira- 
ble que durante ellos los cocodrilos no atacan a nadie y 
que al octavo, tras la hora sexta, vuelve a esta bestia su 
ferocidad.. 


222 Hijo de Druso que vivió entre el 15 a, C. y el 19 d. C. En el año 19 
marchó a Egipto y allí murió en Antioquía. Aunque sus contemporáneos 
pensaron que había sido envenenado, MARAÑÓN, Op. cit. pág. 120, cree 
que murió de un proceso febril consuntivo, paludismo o tuberculosis. Cf. 
Tác., An. 11 60 s. y 69-73, 

330 La phiala o phiale era una copa poco profunda, sin pie y sin asas. 


LIBRO VIH 199 


También el ganado menor es muy 
47 (72) apreciado tanto como medio de apla- 
Características car a los dioses como por la utilidad 
del ganado menor 

de sus vellones. Igual que los bueyes 
proporcionan alimento a los hombres, 
la protección del cuerpo se debe al ganado menor?”!. En el 
macho y la hembra la reproducción dura desde los dos años 
hasta los nueve e incluso, en algunos, hasta los diez; las 
primerizas tienen crías más pequeñas. Todos se aparean a 
partir del ocaso de Arturo, o sea, tres días antes de las. idus 
de mayo, hasta el ocaso del Águila, o sea, el décimo día 
antes de las calendas de agosto*”, Están preñadas durante 
ciento cincuenta días; los concebidos más tarde son débiles. 
Los antiguos llamaban cordos*? a los nacidos tras este pla- 
zo. Muchos prefieren los corderos nacidos en invierno a los 
nacidos en primavera, porque, a su parecer, .es más conve- 
niente que estén fuertes antes del solsticio de verano que del 
de invierno, y sólo este animal nace provechosamente en 

invierno **, 

Es connatural al carnero desdeñar a las ovejas jóvenes y 
seguir a las viejas; este mismo es también mejor en la vejez, 
y mocho es aún más útil*, Su bravura se reprime si se le 
agujerea un cuerno junto a la oreja. Si se le ata el testículo 
derecho, engendra hembras, si el izquierdo, machos**, Los 
truenos provocan el aborto a las ovejas que están solas; el 


31 Cf. CoL., VIT 2, 1 ss. 

32 Del 13 de mayo al 23 de julio. Cf. CoL.,VH 3, 14: Auisr., HA V 
14, 545425; 545b31-14, 5545; Var,, Agr. 112, 13. 

383 Cf. Arisr,, HA V1 19, 573b 17 ss.; Var, Agr: I 1, 19, 

33 Cf, CoL., VIL 3,19, 

335 Cf, ArusT., HA V 14, 54624; CoL., VIL3, 17. 

23 ConumeLa (VI 28, 13) hace responsable de esta afirmación a De- 
mócrito, 


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200 HISTORIA NATURAL 


remedio consiste en reunirlas, para que se protejan en com- 
pañía?””, 

Se dice que con el soplo del aquilón conciben machos y 
con el del austro hembras?*, En esta especie se mira sobre 
todo la boca de los carneros, porque las crías tienen la lana 
del color del que aquellos tienen las venas debajo de la len- 
gua y, si tienen muchos colores, la lana también es de color 
variado, También el cambio de aguas y de bebida hace va- 
riar el color?”, 

Los tipos más importantes de ovejas son dos: la cubierta 
y la de granja?**, La primera es más suave, la segunda es 
más delicada en el pasto, porque la cubierta?! se alimenta 
incluso de zarzas. La lana procedente de las ovejas de Ara- 
bia es la mejor cubierta para ellas, 

48 (73) Ahora bien, la lana más famosa es la de Apulia 
y, luego, la que en Italia se llama de ganado griego y en 
otras partes, itálica; el tercer lugar lo ocupan las ovejas mi- 
lesias. Las de Apulia son de pelo corto y no son apreciadas 
más que para las capas; el mayor renombre lo tienen las de 
las cercanías de Tarento y Canusio; por otro lado, en Asia 
los de la misma clase de Laodicea. Ninguna lana blanca es 


387: Cf. PLrw., XXX 149; VIT 3, 12; ArrsT., HA 1X 3, 610b33. 

338 Cf. ArusT., HA VI 19, $74a1; GA 1V 2, 766b34; EL, VII 27; CoL., 
VI 3, 24; PLin., XVIII 330. 

32 Cf. PLmx,, 11 230 y XXXI 13; Arisr,, HA IT 12, 519a 9 ss.; VAR, 
Agr. 112, 14, 

340 Con el término tectum, «cubierta», se refiere Plinio a las ovejas 
que, por la gran calidad de su lana, se cubrían con algún elemento pro- 
tector, Con el término colonicum, «de granja», que vuelve a utilizar en 
XXVI 96, define a las que pacen sin protección; cf. CoL., VIE2, 3 ss. 

341 Aceptamos la lectura contectum, como. la mayoría de editores, 
frente a la conjetura de Mayhoff non tectum, 


LIBRO VII 201 


superior a la de las riberas del Po y ninguna hasta ahora ha 
superado los cien sestercios la libra**, 

No en todas partes se esquilan las ovejas; en algunos lu- 
gares perdura la costumbre de arrancarles la lana*%, Hay 
muchas clases de colores, hasta el punto de que faltan nom- 
bres para aquellas que llaman de color natural con algunas 
características: Hispania tiene las mejores de lana negra; 
Polencia, junto a los Alpes, las de lana de color blanco; Asia 
las de color rojizo, a las que llaman eritreas, igual que la 
Bética; Canusio las de color pardo rojizo?*; Tarento tam- 
bién las de su peculiar color negro. Todas las lanas sucias 
son medicinales, 

Las ovejas de Histria y Liburnia tienen más bien pelo 
que lana, impropia para las ropas con pelo y la que Salacia, 
en Lusitania, recomienda para los tejidos de punto de malla. 
Semejante es la de los alrededores de Piscinas, de la provin- 
cia Narbonense, semejante así mismo es la que hay en 
Egipto, con la que se remiendan los vestidos ajados por el 
uso y duran de nuevo una eternidad. La lana basta, de pelo 


342 Sobre la consideración de las lanas, cf. Esrr., VI 3, 284; CoL., VI 
2,3 s. y 4, 1; Marcial ll 46, 5 s.; VIT 28, 3 s,; XIV 154 ss, Sobre Apulia 
y Tarento, cf. Prim,, 111 99 y 100; sobre los milesios, cf. PLin,, IV 44. Ca- 
nusio es la actual Canosa, en Apulia. Sobre Laodicea de Siria, cf. PLiN., 
v79. 

38 Varrón (LL V 54) nos habla de que los pastores del Palatino 
acostumbraban a arrancar (uellere) la lana a sus ovejas, antes de que se 
inventara el esquileo. También en otro pasaje (Agr. U 11, 9) escribe que 
se inventó antes el arrancar la lana que su esquileo. Isiworo (Etim. XIX 
27, 1) dice que el orígen del término uellus «vellón» se debe a que, en un 
principio, las lanas se arrancaban (uellere), 

24 Sobre Polencia, cf. PLm., 1 49, La lana eritrea se producía, sobre 
todo, en la región de Troya. Cf. CoL., VIL 2, 4, 

145 En XXIX 30-38 PLivio enumera las propiedades curativas de la 
lana; VarrÓN (Agr. 1 11, 6) explica el origen del adjetivo sucidus, usado 
aquí por Plinio, en relación con sudore «sudor», 


192 


193 


202 HISTORIA NATURAL 


grueso, es apropiada desde muy antiguo para los tapices; ya 
346 


Homero atestigua con seguridad que la usaron para éstos”, 
Los galos la trabajan de una forma y los pueblos partos de 
otra. 

La lana apelmazada forma por sí misma un tejido y, si 
se le añade vinagre, resiste incluso al hierro y, aún más, 
hasta las llamas con una última manipulación?*, Además, 
los restos que quedan en los calderos, después de trabajarla, 
se utilizan de relleno, según invención de las Galias, en mi 
opinión, y hoy ciertamente se la singulariza con nombres 
galos**, Pero no podría decir fácilmente en qué momento 
comenzó esto, pues los antiguos tenían por lecho el suelo 
cubierto de paja, como todavía ahora en la milicia. En tiem- 
pos de mi padre comenzaron a usarse las gausapas*”, en los 
nuestros los anfimalos*% y también los cinturones de pelo 
largo. Pues la túnica laticlava se ha comenzado a tejer según 
la gausapa ahora por primera vez. Las lanas negras no se ti- 


346 Histria: región en la frontera entre Italia e Iliria. Liburnia: región 
de Iliria, hoy coincidente en sus límites con Croacia, Salacia: Alcácer do 
Sal, cf. PLin., IV 116. Piscinas, hoy Pézenas. Homero habla del uso de la 
lana en muchos lugares: 7), 1 388; XII 434; XVI 224; XXIV 646; Od.; 
IV 50, 124, 299; V1l 338; X 451; XVII 89; XVIII 316; XIX 225; XXIL 
423. 

247 Tejido que denominamos hoy fieltro, 

348 La palabra tomentum, «relleno», es en este pasaje la lana llamada 
«borra»; en otros casos es cualquier tipo de relleno, cf. Var:, L£ Y 167. 
Sobre su origen galo, cf. PLIN,, XIX 13, 

349 Se trata de una tela de lana con pelo largo por una de sus caras, 
que en un principio se usaba como mantel, cf. LuciL., fr. 568 Maxx; 
Hor., Sáf, 11 8, 11, Posteriormente se utilizó también para confeccionar 
prendas de vestir, cf. Ov., Arte de amar 2, 300; Marc,, XIV 145; VI 59, 
28; Séneca (Epist, 53, 3) utiliza el término gausapatus, 

350 Tejido de lana gruesa con pelo por ambas caras, que se utilizaba 
para confeccionar mántas, cobertores, colchas, etc, Sobre el origen del 
término, cf. VarR., LE V 167. 


LIBRO VIH 203 


fíien de ningún color. Sobre el tinte de las demás hablaremos 
en su momento, cuando hablemos de los conchiles o de las 
hierbas**!, 


Marco Varrón atestigua, por ha- 

(74) berlo visto, que en el templo de Sanco 

Clases - aún seguía la lana en la rueca y el hu- 
de vestidos 


so de Tánaquil, que se llamó también 
Gaya Cecilia, y en el templo de la 
Fortuna la toga real ondulada, tejida por ella, que había usa- 
do Servio Tulio*%, De aquí procede la costumbre de que a las 
doncellas que se iban a casar les acompañaran una rueca 
adornada y un huso con su hilo*%, Ella fue la primera en tejer 
una túnica recta, como la que visten con la toga sencilla los 
reclutas y las recién casadas?***, El vestido ondulado fue el 
primero entre los más elegantes; después el sororiculado**, 
que se dejó caer hasta los pies. Fenestela escribe que en la 
última época del divino Augusto comenzaron a usarse las togas 
de rasilla y las frixianas*%, Las de lana espesa blanqueadas 


35 CF. Pus, TX 130 s8.; XXI 48 ss. 

38 Tánaquil fue la esposa del rey Tarquinio el Antiguo, considerada 
como una divinidad por los romanos al confundirse con Gaya Cecilia, en 
realidad una nuera de Tarquinio, cf. PLur., Cuest. Rom. 30, 271e; L1v., 1 
34, 4 ss. y 41, 1. Fesrto considera que Tánaquil y Gaya son la misma per- 
sona, lo que acepta Plinio. Sanco era una antigua divinidad identificada 
con Dius Fidius (cf. Fesro, 276, 11 Linbsav). El templo de la Fortuna 
(cf. $ 197) estaba en la margen izquierda del Tíber, El término togam un- 
dulatam, que sólo aparece en este pasaje y en VarRÓN (De uita populi 
Romani 1, citado por Nono, pág. 189, 17), no es claro; para algunos se 
trataría de la toga pura o toga sencilla, 

33 Cf. PLin., XXTX 30, sobre la virtuosidad religiosa de la lana. 

39 La tunica recta, tejida de una sola pieza, recibe su nombre del he- 
cho de que se tejia ante un telar vertical. Cf. Ism., Etim. XIX 22, 18. 

355 Sentido desconocido, 

356 RR, fr. 24, La toga rasa era una vestimenta de tela fina, de poco 
abrigo. La frixiana, tejido de lujo, recibe su nombre de Frixo, al que Zeus 


1 


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204 HISTORIA NATURAL 


con adormidera tienen un origen más antiguo: ya en la obra 
del poeta Lucilio?*” se las censura al hablar de Torcuato. Las 
pretextas tuvieron su origen entre los etruscos. Hallo que los 
reyes usaron la trábea; ya en Homero existían los vestidos 
196 bordados y de ellos proceden los triunfales*%, Los frigios 
inventaron el bordar con aguja y por ello sus tejidos recibie- 
ron el nombre de frigiones ?%. El rey Átalo inventó en la 
misma Asia el entretejer hilos de oro, de donde procede el 
nombre de atálicos*%, Babilonia puso muy de moda el 
mezclar colores variados en los tejidos y les dio su nombre. 
Alejandría, por su parte, instituyó tejer con muchos hilos, a 
lo que dan el nombre de polímito *, y la Galia, dividirlos 


envió un carnero con el vellocino de oro que lo trasladó a Cólquide. Tras 
inmolar el carnero a Zeus, el vellocino se convirtió en el objetivo de la 
expedición de los argonautas. 

357 Fr, 1144 Marx. El término papaueratus «blanqueado con adormi- 
dera» aparece explicado en PLrw., XEX 21, donde éste afirma que hay una 
clase de papaveráceas que sirve para blanquear los tejidos, clase a la que 
denomina heraclion en XX 207. 

358 Sobre el origen ctrusco de la pretexta, ef. Pm, IX 136, Se trataba 
de una prenda orlada por debajo de una franja de púrpura, utilizada por 
los magistrados, los adolescentes y las doncellas. La trábea era una vesti- 
dura talar con bandas blancas y púrpuras, usada por los antiguos reyes 
autóctonos, cf. Is., Etim, XIX 24, 8, Homero (17, TH 125) nos presenta a 
Helena en actitud de bordar con numerosas labores un manto doble de 
púrpura. Tanto la toga picta «toga bordada», como la tunica palmata, 
servían para cubrir a los cónsules en la ceremonia triunfal. Sobre estas 
vestiduras, cf, PLmw., TX 127. 

35 Sobre Frigía, cf. Pim.,V 145. Ismoro (Etím. XIX 22, 22) recoge 
la tradición que hace proceder de Frigia el arte del bordado. - 

360 Atalo HI Filométor (138-133 a. C.), rey de Pérgamo. Sobre el teji- 
do, cf. Pr.m,, XXXII 63 s, 

361 El término es transcripción directa del griego, y su significado es 
«de muchos hilos». Se trata de los tejidos que denominamos adamasca- 
dos, telas hechas de varios colores o.con mucha trama. En PeTRONIO (49, 


LIBRO VIH 205 


en rombos. Metelo Escipión*? enumera entre las acusacio- 
nes contra Catón que ya entonces vendió en ochocientos mil 
sestercios tapices babilónicos para triclinios, los mismos que 
hace nada costaron cuatro millones al emperador Nerón, 

Las pretextas de Servio Tulio, con las que estaba cu- 
bierta la estatua de la Fortuna dedicada por él, duraron hasta 
la muerte de Sejano?*%, y es prodigioso que ni se deshicieran 
ni sintieran los ataques de la polilla** en quinientos sesenta 
años. Hemos llegado a ver incluso la lana de ovejas vivas 
teñida de púrpura, escarlata, violeta, con una libra por cada 
pie y medio, como si el lujo obligase a que naciese así, 

(75) En la propia oveja se muestra su buena raza por la 
poca longitud de sus patas y por la lana que cubre su vien- 
tre. A las que lo tenían desnudo las llamaban ápicas* y las 
despreciaban. La cola de las ovejas de Siria mide un codo y 
en ella tienen la lana más espesa. Se considera prematuro 
castrar a los corderos antes de los cinco meses. 

49 Existe en Hispania, pero más aún en Córcega, la es- 
pecie de los muflones, no muy diferente a la del ganado 
ovino, más cercana al pelo de las cabras que a la lana del 
ganado ovino; a los nacidos de la unión de esta especie con 


5) se lee polymita, que, según M. Díaz y Díaz, en su traducción para 
Alma Mater, hay que entender como «jaspeado», 

362 R] personaje es Q. Cecilio Metelo Pío Escipión que, según PLu- 
TARCO (Catón el Menor 57, 1), escribió un opúsculo contra Catón (Cf. H. 
BARDON, La Littérature Latine inconnue, París 1952, pág, 276). 

363 Año 31 d, C, Sobre el hecho, cf. $ 194 y nota. 

36% Con el término teredo PLruio designa en este pasaje a la polilla, 
mientras que en otros lugares el mismo término designa a otros insectos, 
como a la termita en XI 3. 

365 Término también usado por VARRÓN (Agr. IL 2, 3) 


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206 HISTORIA NATURAL 


oveja los antiguos los llamaban umbros*%, La parte más 
delicada de los ovinos es la cabeza y por ello hay que obli- 
garles a pastar de espaldas al sol, porque el ganado lanar es 
el más estúpido de todos los animales?”, Cuando tienen 
miedo de pasar por un sitio, se agarra a uno de un cuerno y 
los demás lo siguen. Viven como mucho diez años; en Etio- 
pía, trece; en este mismo país, las cabras viven once años, 
mientras que en el resto de la tierra, ocho como mucho. 
Ambas especies se quedan preñadas no más allá del cuarto 
apareamiento *6, 


Las cabras paren hasta cuatro crías, 

50 (76) pero muy raras veces; gestan durante 

Características cinco meses, como las ovejas. Los ma- 
y reproducción y SR 

de las cabras chos cabrios se vuelven estériles por la 

gordura?” Antes de los tres años tie- 


nen crías menos apreciadas, lo mismo que en su vejez, y nun- 
ca después de los cuatro años. Comienzan a engendrar al sép- 
timo mes, incluso cuando aún maman, El animal mocho es 
más apreciado en ambos sexos. El primer apareamiento del 


366 Generalmente este adjetivo se aplica a todo lo perteneciente a 
Umbria, ya sean sus habitantes ya sean animales nacidos allí. Asi Virar- 
LIO (En, X11 753) habla de un uiuidus Vimber, aplicado a un perro. PLINIO 
lo utiliza aquí con un sentido técnico que no se encuentra en otros pa- 
sajes. 

367 PLixio (XVIKI 330) aconseja a los pastores que en las horas cen- 
trales del día lleven al rebaño a la sombra para que no lo dañe el sol. 
También CoLumeLa (VIT 3, 14) y VARRON (Agr, 11 2, 11) piensan que el 
sol daña a las ovejas. En cuanto al carácter de las ovejas, ARISTÓTELES 
(HA YX 3, 610b20) afirma que es «simple y estúpido». 

368 Tanto en este párrafo como en el siguiente sigue a ARISTÓTELES, 
que habla de las cabras y las ovejas en los mismos términos (F7A VI 19, 
573b 17 a 574a 16); CoLumaLa hace lo mismo en VU 6 ss, 

36% ArIsTÓTELES dice que cuando están gordos son peores reproducto- 
res, de donde vendría, según él, la expresión «encabronarse» aplicada a 
las vides estériles (cf, HA V 14, 54 a 1; GA 1 13, 725b34). 


LIBRO VII 207 


día no preña, el segundo es más efectivo y así sucesivamente. 
Conciben en el mes de noviembre, para parir en el de marzo, 
cuando los brotes están hinchados, a veces al año, siempre a 
los dos, pero las crías (sólo) son útiles a los tres años?” Son 
fértiles durante ocho años. Sus abortos están muy relaciona- 
dos con el frío. 

La cabra descarga sus ojos de los derrames de sangre, 
punzándoselos con un junco, y el macho cabrío, con una 
zarza?" 

La inteligencia de este animal la ha testimoniado Mu- 
ciano?”, tras comprobarla él mismo: al encontrarse de fren- 
te dos de ellas en un puente muy estrecho, como su angostu- 
ra no les permitiera darse la vuelta ni su longitud recular a 
ciegas en tan poco espacio, mientras fluía por debajo una 
rápida torrentera, una de ellas se tumbó y así la otra pasó pi- 
sando por encima de ella, 

Se valora más a los machos muy chatos, con las orejas 
alargadas y caídas y los flancos lo más velludos posible; la 
prueba de la buena raza de las hembras la muestran dos ca- 
rúnculas que cuelgan de su cuello. No todos tienen cuernos, 
pero los que los tienen muestran en ellos el número de sus 
años, según el número de los nudos. Las cabras mochas dan 
más leche. Arquelao atestigua que respiran por las orejas y 
no por las narices y que siempre tienen fiebre?*”; quizás por 


ello su aliento es más ardoroso que el de las ovejas y sus 
3% Aceptamos la lectura in trimatu tantum utiles, frente a la de MaY- 
HOFF Hisi in trimatu inutiles, 
31 Cf, Geop. XVII 18, 3. 
32 ARR, fr. 13 Perer. 

323 Brrano (1 53) atribuye a cuentos pastoriles esta característica, de 
la que dice no saber la razón; ArisróreLes (HA 1 11, 492813) dice que 
Alemeón se equivoca al afirmar esto; VARRÓN (Agr. II 3, 5) dice lo mis- 
mo que PLimIO, Éste escribe (XXVIII 153) «se afirma que siempre tiene 
ficbre», lo mismo que VARRÓN (Agr. 113, 5). 


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208 HISTORIA NATURAL 


acoplamientos más fogosos, Cuentan también que ven no 
menos de noche que de día; por ello, los llamados nictálopes 
recobran la agudeza visual a la caída del sol, a condición de 
que coman hígado de cabra**, En Cilicia y en torno a las 
Sirtes se visten con pelo de éstas cortado?”?. Dicen que las 
cabras, al llegar el ocaso, cuando el sol cae, no se miran en- 
tre ellas en los prados, sino que yacen dándose la espalda, 
mientras que, por el contrario, en las demás horas del día se 
colocan de frente, y que se relacionan entre ellas por fami- 
lias?7, 

Del mentón de todas las cabras cuelgan unos pelos que 
llaman arunco. Si alguien arrastra a una de ellas del rebaño 
cogiéndola por ahí, las demás se quedan mirando atónitas; 
también sucede esto cuando alguna muerde determinada 
hierba?”, Su mordisco es mortal para los árboles. También 


32 PL mio (XXVIII 170), entre los remedios que proporciona la cabra 
dice que «al ver igual también de noche, los cortos de vista (fusciosos en 
latín), que en griego se llaman nictálopes, se curan con la sangre de ma- 
cho cabrio o con el hígado de cabra cocido en vino». El término nictálope 
se equipara en Plinio al de miope y no, como hoy día, al del que ve de 
noche, : 

375 ARISTÓTELES afirma que en Licia también se esquilan las cabras 
(HA VIT 28, 606416). ELtaNo (XVI 30) atribuye a Calístenes de Olinto, 
sobrino de Aristóteles e historiador de Alejandro, la afirmación de que en 
Licia se esquilan las cabras, También VARRÓN (Agr. II 11, 12) afirma que 
en Cilicia se esquiló por primera vez a las cabras. 

376 ArisrórILES (HA IX 3, 611a3): «cuando el sol declina más rápi- 
damente, aseguran los pastores que las cabras no se tumban mirándose 
unas a otras, sino de espalda» [traducción de J, PaLLi, que interpreta que 
se refiere al invierno (vol. 171 de esta misma colección)]. 

377 El texto de AristTóTELES (HA IX 3, 610b29) en los manuscritos 
tiene dos lecturas, que, según la traducción de PaLtí (op. cif., nota 49), 
tendrían estas dos posibilidades: «si se coge a una por la punta de la bar- 
ba» o «si se coge la extremidad de la planta eringio». El término aruncus, 
utilizado por PLinIO, es desconocido fuera de este pasaje. Sí habla, sin 


LIBRO VII 209 


vuelven estéril al olivo con solo lamerlo y por ello no se las 
inmola a Minerva?” 


La cubrición del ganado porcino??? 

51 (77) se produce desde el favonio?% hasta 
Características : : : , 

remveducción el equinoccio de primavera; la edad 

de los cerdos para ello es desde los ocho meses, en 


algunos lugares incluso desde los cua- 
tro, hasta los ocho años. Paren dos veces al año; la perma- 
nencia en el útero es de cuatro meses; el número de crías 
llega a las veinte, pero no pueden criar a tantas. Nigidio*** 
Cuenta que nacen ya con dientes, en los diez días en torno al 
solsticio de invierno. Se quedan preñadas con un solo apa- 
reamiento, que se repite por su facilidad para abortar. El 
remedio consiste en que el apareamiento no tenga lugar en 
el primer período de celo, ni antes de que tengan las orejas 
fláccidas. Los machos no engendran después de los tres 
años; las hembras, agotadas por la vejez, se aparean tum- 
badas. No es un prodigio que éstos se coman sus crías**?, 
Las crías de cerdo son puras para el sacrificio al quinto 
día?*, las de la oveja al séptimo, las de vaca al trigésimo. 


embargo, de las cualidades del eringio, planta de las umbeliferas (cf. 
Pax, XXIT 18 y 24). 

318 Cf. Prinio,, XV 34 y XVII 237, que cita a Varrón. El olivo era el 
árbol favorito de Minerva. 

37% Primo se sirve para escribir estos párrafos sobre el cerdo de Arts- 
TÓTELES (HA V 14, 545a28-32; 14, 546a7-29; VI 18, 572430-573b16; 
VIII 6, $95a13-595b5; 21, 603230-604a3; IX 50, 632421-27), VARRÓN 
(Agr. 4, 7-8, 14) y COLUMELA (VIT 9, 3 s.). 

38% Viento de poniente, también denominado céfiro en poesía. Sopla, 
según el mismo PLINIO (11 122) entre principios y mediados de febrero. 

38l Fr, 116 Swonoba. Fue un filósofo, teólogo y gramático, muerto 
en el año 45 a. C. 

18 Cf. CoL., VI 11, 4; EL, X 16, 

38% Para VARRÓN (Agr. 11 4, 16) sería al día décimo. ErNour, op. cit, 
pág. 170, se pregunta si no habría que cambiar el texto de Plinio, 


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210 HISTORIA NATURAL 


Coruncanio?*” dice que los rumiantes no son víctimas puras 
hasta que no tienen dos dientes. Se cree que el cerdo muere 
inmediatamente si pierde un ojo?%; normalmente su vida 
llega hasta los quince años e incluso la de algunos hasta los 
veinte, pero se vuelven salvajes y es una especie, además, 
predispuesta a las enfermedades, sobre todo la angina** y la 
escrófula. Es indicio de enfermedad en los cerdos el que ha- 
ya sangre al arrancar de raíz una cerda de su lomo o si an- 
dan con la cabeza ladeada. Las hembras demasiado gordas 
acusan falta de leche y tienen menos crías en su primera 
camada. Á esta especie le gusta revolcarse en el fango. Su 
rabo está retorcido. También se ha visto que da mejores 
auspicios el retorcido hacia la derecha que el que lo está a la 
izquierda. Engordan en sesenta días, pero más si se los ceba 
tras un ayuno de tres días. Es el animal más bruto y, no sin 
gracia, se pensaba que el alma les había sido dada para ha- 
cer el efecto de la sal?*”. 

Está comprobado que unos cerdos, que se habían lleva- 
do robados, reconocieron la voz de su porquero y regresaron 
cuando la nave se hundió al inclinarse por la colocación de 
todos ellos en el mismo flanco*%, Incluso los guías apren- 
den a ir a la plaza del mercado en la ciudad y a sus casas, y 
los salvajes saben camuflar sus huellas marchando por te- 
rreno pantanoso y aligerar la huida orinando. 


3 Fr, 1 HuscHke. Tiberio Corúncanio, cónsul en el año 280 a, C., es 
uno de los grandes oradores citados por Cicerón en su Brutus. 

385 En el párrafo 170 dice lo mismo de los asnos, 

38 ArisrórgLes (44 VIM 21, 603231) utiliza el término branchos, 
que, según J, Tricor (Aristote. Histoire des animaux, París, 1957) se re- 
ferirla en este pasaje a la fiebre aftosa (cf. J. PaLtí, op. cit. en nota 191). 

387 Cf. Cic., ND 11 158; Var., Agr. 114, 10, 

388 Briano (VIII 19) sitúa el acontecimiento en Etruria. 


LIBRO VII 211 


También se castra a las hembras, lo mismo que a las ca- 209 
mellas, cortándoles la vulva tras un ayuno de dos días, mien- 
tras cuelgan de sus patas delanteras: de esta forma engordan 
con más rapidez. También se aplica al hígado de las hembras 
el mismo tratamiento que al de las ocas, invención de Marco 
Apicio*%, engordándolas con higos secos y, cuando están sa- 
ciadas, se las mata de repente dándoles a beber vino con miel. 
Y de ningún otro animal se saca más provecho para la gula; 
casi cincuenta sabores diferentes, mientras que los demás tie- 
nen uno solo. Consecuencia de ello son las páginas de las le- 
yes censorías y la prohibición de servir en los banquetes sus 
vientres, glandes, testículos y vulvas, así como las cabezas de 
verraco, aunque, a pesar de todo, no se recuerda ninguna cena 
del mimógrafo Publilio, tras salir de la esclavitud, sia un 
vientre, poniéndoles él mismo el nombre de sumen*%, 


018) Gusta también el cerdo salvaje. 210 


Losjaballes Ya los discursos de Catón el Censor*! 
Quién levantó rechazan la corteza del jabalí. Aunque 
por primera vez dividía tr rt lan si 
cado bara se dividía en tres partes, servían sin 
las bestias embargo solo la central, a la que lla- 


maban lomo de jabalí. 
Publio Servilio 3? fue el primer romano que sirvió en los 
banquetes un jabalí entero, el padre de aquel Rulo que pro- 


38 Personaje romano, famoso por sus dispendios culinarios (cf. PLI,, 
X 133, donde lo denomina «el mayor tragón de todos los derrochado- 
res»). Escribió un libro de recetas de cocina, 

229 Publilio Siro, mimógrafo del siglo.I, procedente de Antioquía, de 
donde vino a Roma como esclavo, El término sumen, de la raíz de sugo, 
«chupar, succionan», tiene en cocina el significado de «tetina de cerda» 
(cf. Ernour-MemLEr, Dictionnaire Étymologique de la Langue Latine, 
París, 1967). 

29 ORF, fr. 134 MALCOVATI. 

32 Tribuno de la plebe el año 63 a. C., tuvo como rival a Cicerón en 
su defensa de la ley agraria, 


211 


212 


212 HISTORIA NATURAL 


mulgó una ley agraria en el consulado de Cicerón: tan re- 
ciente es el origen de algo ahora cotidiano. Incluso los 
Anales dieron noticia de esto, naturalmente para la correc- 
ción de estas costumbres según las cuales se comen a la vez 
dos y hasta tres jabalíes y no, por cierto, a lo largo de toda la 
cena, sino en sus principios. 

52 Fulvio Lipino?” fue el primer ciudadano romano que 
levantó cercados para estos y otros animales salvajes. Se 
decidió a criar fieras en el término de Tarquinios y no le 
faltaron por mucho tiempo imitadores, como Lucio Luculo 
y Quinto Hortensio ?”, 

Las cerdas salvajes paren una vez al año. Los machos 
muestran enorme fiereza en la época del apareamiento; por 
entonces luchan entre ellos endureciendo sus lomos restre- 
gándolos contra los árboles y acorazándose con barro?**, 
Las hembras son más fieras cuando acaban de parir y, más o 
menos, lo mismo ocurre con toda clase de bestias. Los jaba- 
líes machos no engendran sino cuando ya tienen un año. En 
la India tienen unos dientes curvados de un codo, dos en la 
jeta y otros tantos salen de la frente, como los cuernos de los 
temeros*%, Los cerdos salvajes tienen el pelo de un color 


3% Ganadero contemporáneo de Cicerón, cf. Var., Agr. 111 12, 1. De 
él dice PLixI0 en IX 173 que construyó viveros para caracoles en el cam- 
po tarquiniense poco antes de la guerra civil, 

3% Lucio Licinio Luculo, político romano (117-56 a. C.), edil en el 
año 80 en que ofreció unos magníficos juegos, Pretor y cónsul posterior- 
mente, aprovechó su riqueza para vivir espléndidamente y hacerse famo- 
so por sus opíparos banquetes. Es el autor de la famosa frase «Luculo 
come hoy en casa de Luculo». Quinto Hortensio Hortalo, orador romano 
(114-50 a, C.), inmensamente rico, famoso también por su afición al lujo, 
cf. X 45, 

395 Cf, ArssT,, HA VI 18, 571b 13-21, 

39 ELano (V 27) escribe textualmente: «dice... Agatárquides que, en 
Etiopía, las cerdas poseen cuernos». Según los comentaristas se trata del 


LIBRO VII 213 


parecido al del bronce, y los otros, negro. Por cierto, en 
Arabia no vive la especie porcina?”., 

53 (79) El cruce con los salvajes no es tan fácil en nin- 
guna otra especie; los antiguos llamaban híbridos o semisal- 
vajes a los nacidos de esta unión, denominación que se 
trasladó también al hombre, como es el caso de Gayo Anto- 
nio, colega de Cicerón en el consulado?**, Pero no solo en- 
tre los cerdos, sino también entre todos los animales, siem- 
pre que hay uno doméstico, hay también uno salvaje de la 
misma especie, pues se han descrito tantas razas incluso de 
hombres salvajes. 

Sin embargo, las cabras presentan muchas más clases 
parecidas, Están las cabras, están las gamuzas*, están las 
cabras monteses, de una agilidad admirable, aunque con la 
cabeza cargada con unos cuernos enormes en forma de vai- 
nas de espada. En éstos se apoya, como si fuese volteado 
por cualquier máquina, cuando se lanza sobre todo hacia las 
piedras, al intentar saltar de un monte a otro, y, rebotando, 


Babyroussa babyiroussa, un artiodáctilo semejante al jabalí; cuyos col- 
millos superiores se abren camino a través de la piel y están muy curva- 
dos hacia atrás, lo mismo que los inferiores. Su nombre malayo significa 
«puerco-ciervo». Vive sólo en la isla de Célebes, Togia y Sula. 

39 ArisróteLes (HA VIII 28, 60626 ss.) afirma que no las hay «en 
toda Libia» y posteriormente, poniéndolo en boca de Ctesias, «que no es 
una fuente digna de crédito»; según Aristóteles, «en la India no se en- 
cuentran cerdos, ni salvajes ni domésticos», 

3% Hijo del célebre orador Marco Antonio y tío del triúnviro, al que 
daban el sobrenombre de «Híbrido», Compartió el consulado con Cicerón 
el año 63 a, C. 

199 Se trata de la Rupicapra rupicapra, que en sú género masculino 
recibe el nombre de rebeco, palabra castellana en relación con el término 
ibex, que utiliza PLiiO a continuación para designar a la cabra montés 
(Capra ibex). 


213 


214 


215 


214 HISTORIA NATURAL 


salta con mayor rapidez al sitio donde quería*%, Están tam- 
bién los órix*%, los únicos que, según dicen algunos, están 
cubiertos de un pelo en sentido distinto a los demás y dirigi- 
do hacia la cabeza. Están también los antílopes*”, y los pi- 
gargos*%, y los estrepsicerotes*%%, y muchos otros no muy 
diferentes. Pero aquéllos nos los ofrecen los Alpes, éstos las 
regiones del otro lado del mar. 

También hay (muchas) especies de 
monos, Cercanos a la figura del hom- 
bre, se distinguen entre ellos por la co- 
la. Cuentan que, debido a su extraordi- 
nario ingenio, se impregnan de liga y 
se anudan el calzado para imitar a los cazadores*%, Según 
Muciano*%, también juegan a los latrúnculos*” y distinguen 


54 (80) 
Los monos 


400 Cf, Iswo,, Efim. XII 1, 17, que agrega que en tierras orientales los 
consideran como aves por vivir en las cumbres y precipitarse sobre sus 
cuernos, 

401 E] género Oryx incluye varias especies: beísa, blanco en sus partes 
inferiores, algazel, de pincel, y gazella. En PLiN., XI 255 se describe co- 
mo unicorne y bisulco, Podría tratarse de la gacela, Gazella dama . 

402 El término damma que usa Plinio se podría referir tanto a la gacela 
dama, como al antílope palustre, Redunca eleotragus, e incluso al gamo, 
Dama dama, según los comentaristas. Cf. también XI 124, donde PLivio 
caracteriza sus cuernos. 

403 El nombre, procedente del griego, equivale a «de ancas blancas», 
Se trata de otro antílope africano, posiblemente alguna gacela, Cf, He- 
RÓD., IV 193. No tiene nada que ver con el animal que en castellano reci- 
be este nombre, al tratarse éste de un ave falconiforme. 

40 Término procedente del griego, equivalente a «de cuernos retorcidos». 
PLiNIO (XI 124) dice que en África se denomina ddax. Podría tratarse del adax 
(Addax nasomaculatus), artiodáctilo de cuernos largos con dos o tres giros en 
espiral muy característicos y raros, próximo al género Oryx. 

10% Enrarxo (XVII 25) explica el arte de cazarlos valiéndose de diver- 
sas estratagemas, relacionadas todas con su tendencia instintiva a imitar 
lo que ven. 

206 RR, fr, 15 Perer. 


LIBRO VIII 215 


a simple vista las nueces de cera, Para los que tienen cola es 
motivo de tristeza el cuarto menguante y adoran la luna nueva 
saltando de alegría. Efectivamente, los demás cuadrúpedos 
también tienen miedo ante el eclipse de los astros. 

Los monos tienen un afecto especial hacia sus crías; las 
hembras domesticadas que paren dentro de una casa llevan 
encima a sus cachorros, se los enseñan a todos y les gusta 
que se los acaricie, como si comprendieran las muestras de 
cariño, hasta el punto de que muchas veces, al abrazarlos, 
los matan. Los cinocéfalos** tienen un natural más feroz, 
como los «sátiros»*%, Los calítrices*'* son distintos casi en 
todo su aspecto: tienen barba en la cara y una cola muy an- 
cha en su arranque. Se dice que este animal no puede vivir 
en otro clima que el de Etiopía, en el que nace. 


También hay muchas clases de 

55 (81) liebres. En los Alpes son blancas; se 

Clases cree que éstas comen nieve en los me- 
de liebres 


ses de invierno para alimentarse; y es 
verdad que, al derretirse aquélla, en- 
rojecen todos los años. Por otra parte, es un animal que se 
cría en medio de un frio intolerable *!!, 


407 Juego en el que se usaba un tablero cuadriculado, parecido al de 
las damas, y donde las fichas se denominaban latrunculi, milites, latrones 
o bellatores. 

10 Transcripción del griego kyroképhalos = «con cabeza de perro». 
Se trataría de algún babuino con cara parecida a la del perro, quizás un 
mandril, Mandrillus sphinx o el Cynocephalus hamadryas. Cf. Ar1sr., 
HA IL 8, 502a19; PLrw.,VI 184. 

40% De ellos Prio habla también en VII 24, donde los considera un 
animal muy dañino, y X 199. Quizás se trate de algún mono de la familia 
de los cercopitecos. 

419 Transcripción del griego kdllitrix = «de hermosos cabellos» o «de 
hermosas crines». No se ha identificado con seguridad. 

31 Cf. Var,, Agr. 111 12, 5- 6. 


216 


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219 


216 HISTORIA NATURAL 


De la especie de las liebres son, así mismo, los que His- 
pania denomina conejos, de una fecundidad desmesurada y 
que conducen al hambre a las islas Baleares porque devoran 
sus mieses (se considera entre los manjares más exquisitos a 
las crías arrancadas del vientre o retiradas de las mamas, sin 
limpiarles los intestinos; se las llama láurices*?). Consta 
que los habitantes de las Baleares pidieron ayuda militar al 
divino Augusto contra el excesivo número de conejos”. 
Los hurones son muy apreciados para su caza: se los intro- 
duce en la madriguera, que tiene muchas bocas en el suelo 
—-de donde también toma el nombre este animal — y los 
cazan, tras haberlos hecho salir hacia arriba de esta forma. 
Arquelao atestigua que la liebre tiene tantos años cuantos 
orificios tiene su cuerpo para expulsar sus excrementos ***: 
verdaderamente se les encuentra un número distinto. Afirma 
también que cada uno está dotado de uno y otro sexo y que 
engendran igualmente sin necesidad del macho. 

Generosa respecto a esto, la naturaleza ha producido 
animales inofensivos y comestibles muy fecundos. La lie- 
bre, que nace para ser presa de todos, es la única, excepto el 
dasípodo*%, que concibe ininterrumpidamente, criando a 
uno, llevando a la vez a otro cubierto de pelo en su vientre, 


412 Palabra de origen desconocido, de la que'se ha postulado un ori- 
gen ibérico. 

12 Cf. Var,, Agr. 1 12, 6. 

114 Cf. Var, Agr. MI 12, 4, 

45 Término transcrito del griego, cuyo significado es «de patas vellu- 
das»; se aplica en griego a la liebre. PLimo vuelve a utilizar este término 
en X 173, 174, 179 y 182, donde escribe sobre su forma de procrear y su 
capacidad de superfetación, así como en X1 229, donde afirma que tiene 
abundantes pelos en las mejillas y bajo las patas, contraponiéndolo siem- 
pre a la licbre, 


LIBRO VII 217 


a otro sin pelo y a otro en embrión*'*. También se ha inten- 
tado tejer vestidos con pelo de liebre, pero no tiene un tacto 
suave, como sobre su piel, y los vestidos se deshilachan por 


la poca longitud del pelo. 
Éstas se amansan raras veces, aun- 
56 (82) que no se puede decir en justicia que 
Los animales > sean salvajes; en efecto, la mayoría no 


semisalvajes . , A : 
A es ni mansa ni salvaje, sino de una 


forma de ser intermedia, como, entre 
las aves, las golondrinas y las abejas y, en el mar, los del- 
fines. 

57 En esta especie muchos han incluido también a los 
ratones, estos ocupantes de las casas, animal que hay que 
tener en cuenta en los presagios, incluso en los públicos. Al 
roer los escudos de plata de Lanuvio, presagiaron la guerra 
contra los marsos y, al hacer lo mismo con los cordones que 
utilizaba en su calzado el general Carbón, presagiaron su 
muerte *”. En la región Cirenaica hay muchas clases de és- 
tos: unos, de frente ancha, otros, puntiaguda, otros, de pelos 
punzantes, de la clase de los erizos. Teofrasto atestigua que 
en la isla de Gíara, después de hacer huir a sus habitantes, 
royeron incluso el hierro, acción que, por cierto instinto, 
realizaban también en las minas de hierro entre los cáli- 


4lé Sobre la reproducción de la liebre, cf. Artsr., HA VI 33, 579b31- 
$80a8; Var., Agr. ll 12, 4; Ex., Il 12. 

17 Sobre sus cualidades respecto 4 los presagios, ef, C1c., Sobre la 
adiv. 1 99; If 59, La guerra contra los marsos se desarrolló entre los años 
91 y 89 a. C. Cn. Papirio Carbón fue un general romano que obtuvo el 
consulado los años 85, 84 y 82 a. C. Fue uno de los cabecillas del partido 
de Mario que, tras fracasar ante Sila, huyó y fue muerto por Pompeyo en 
Pantelaria. 3 


220 


221 


223 


218 HISTORIA NATURAL 


bes*!'$, Por ello, en las minas de oro se les disecciona el 
vientre y siempre se encuentra oro robado: Hasta ahí llega 
su afán de robar. Cuentan los Anales que, durante el asedio 
de Casilino por Aníbal, se vendió un ratón por doscientos 


(denarios) y que quien lo vendió murió de hambre y el com- 


prador sobrevivió*'”. Cuando nacen blancos, ofrecen un pre- 


sagio favorable, Tenemos Anales repletos de noticias de que 
los auspicios se interrumpieron por el chillido de las musa- 
rañas*. Nigidio*! atestigua que en invierno los ratones 


también se ocultan, como los lirones, que fueron prohibidos 


en los banquetes por las leyes censorias y Marco Escauro*?, 


el primero en el senado, en su consulado, del mismo modo 
que los conchiles** y las aves traídas de otra parte del orbe. 


48 Fr, 174, 8 Wimmer. Sobre Gíara, cf. PLm., VE 69. Sobre los cáli- 
bes, cf. PLIw., VI 11. En VII 197 los considera los inventores del trabajo 
del bronce, 

212 Casilino fue una ciudad de Campania, de cuyos restos habla Per 
NIO en 111 70, Trro Livio (XXITII 19, 13) escribe que en su asédio por 
Anibal, en el año 216 a, C., sus habitantes se vieron obligados a comer 
ratones y cuero, 

120 Con el término sorex se designaba, sin distinción, tanto a la musa- 
raña (Sorex araneus) como a otras especies, como el ratón. 

21 Fr, 117 SwoRoDA, 

22 Cónsul en el año 115 a, C,, presentó la lex Aemilia suntuaria, para 
reprimir excesos relacionados con el lujo. 

223 Con el término conchylia se denominaban en Roma diversos tipos 
de moluscos y mariscos, cf. PLiN., 1X 124, n. Horacio (Epod. 11 49) con 
este término se refiere a las ostras del Luerino, una parte del golfo de 
Cumas cerrada por un dique, muy famosas en Roma, lo mismo que Pr- 
TRONIO en Satiricón CXIX 34. Pensamos, que tratándose de la leyes 
suntuarias podría referirse aquí Plinio a este tipo de moluscos, aunque 
este término tiene sus recetas de cocina separadas de las ostras en ÁpIcIo, 
De re coquinaria TX 6-7: cominatum in ostrea et conchylia. La dificultad 
para traducir esta palabra se manifiesta si pensamos que denominaba in- 
cluso alos tejidos de un tipo de tinte, ef. Juv., 111 81, VIE 100, 


LIBRO VIH 219 


Se trata también de un animal semisalvaje, para el que 
acomodó viveros en tinajas el mismo que los construyó para 
los jabalies*?*, De esta forma se comprobó que no se mez- 
clan entre ellos nada más que los que viven en el mismo 
bosque y que, si se les mezclan nacidos en otras partes, se- 
parados por un río o un monte, se matan luchando. Alimen- 
tan a sus progenitores extenuados por la vejez con notable 
piedad. Su envejecimiento concluye con el letargo invernal 
—pues éstos también se esconden y descansan — y rejuve- 
necen de nuevo en el verano. Semejante es el letargo del 
ratón almizclero%, 

58 (83) Es asombroso que la naturaleza no 
Qué animales sólo haya concedido unos animales a 
no viven en algunos unas tierras y otros a otras, sino tam- 
lugares y cuáles tión que en una misma región haya 

son estos 
negado determinados animales a al- 
gunos lugares $, En el bosque de Mesia, de Italia, estos li- 
rones sólo se encuentran en una parte. En Licia, las gacelas 
no cruzan los montes vecinos a Sexi, ni los onagros la fron- 
tera que separa Capadocia de Cilicia. En el Helesponto, los 
ciervos no emigran a territorio ajeno, y en los alrededores de 


124 Sobre Fulvio  Llpmo: cÉ, $ 211. po 

425 Para Leitner se trataría del ratón altitadléro; Myoxus avellana o 
Muscardinus avellanaríus, conocido también como muscardino, aunque 
para Ernout se trataría del pequeño lirón gris, Myoxus nitela. 

226 Las mismas consideraciones hace Puno en X 76-79 y XI 95, pa- 
sajes en los que sigue a ArisTÓTELES (HA VII 28, 605b22 ss.) que tam- 
bién escribe sobre la distribución y diferencias de los animales según los 
lugares. Según L. Drrrmever (Aristoteles. De animalibus Historia, Leip- 
zíg, 1907) este capítulo de Aristóteles derivaría del tratado Perl tón tópous 
diaphorón, de TROFRASTO. 


224 


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220 HISTORIA NATURAL 


Arginusa no van más allá del monte Élafo, con las orejas 
hendidas también en este monte *”, 

En la isla de Poroselena las comadrejas no cruzan las 
sendas. Del mismo modo, los topos importados en Lebadea, 
de Beocia, evitan tocar el suelo, y éstos, al lado, en Orcó- 
meno, socavan los campos totalmente. Hemos visto coberto- 
res de cama hechos de pieles de éstos: o sea que ni siquiera 
el sentimiento religioso es capaz de prohibir los placeres 
que proceden de los seres portentosos. En Ítaca las liebres 
importadas mueren en el extremo de las costas; en Ibiza lo 
hacen los conejos, aunque abundan tanto en Hispania como 
en las Baleares **, 

En Cirene había ranas mudas; a pesar de haber llevado 
allí desde tierra firme otras que croaban; aún queda la espe- 
cie de aquéllas. Todavía las hay mudas en la isla de Serifos; 
estas mismas, trasladadas a otro lugar, croan, cosa que dicen 
que sucede también en el lago Sicandro de Tesalia*”*, En 
Italia es venenosa la mordedura de las musarañas; estas 
mismas no las produce la región del otro lado del Apenino. 
También éstas mueren, sea donde sea, si atraviesan una ro- 


127 El bosque de Mesia estaba al sudoeste de Veyos, en Etruria. Licia: 
región en el sudoeste de Asia Menor (ef. PLrN., Y 100). Capadocia: re- 
gión al este de Asia Menor en la parte central de Anatolia (cf. PLin., V 
83). Cilicia: región al sudeste de Anatolia (cf. PLim., V 91). Helesponto: 
estrecho de los Dardanelos (cf. PLix., IV 1), Arginusa: comarca de Asia 
Menor, en Bitinia, en la que se encontraba el monte (cf. ArisT,, 214 VI 
29, 578b26). 

42% Poroselena: isla cercana a Lesbos; en PLiw., V 137 aparece como 
Porosclene y en AristórELES (VIII 28, 605b29) como Pordoselene, Le- 
badea: al oeste de Beocia, actual Livadia (cf. PLrw., IV 25). Orcómeno: 
Población de Beocia cercana a Lebadea, actual Skripu. Ítaca: isla que fue 
la patria de Ulises, actual Ithaki (cf. Puiw., V 54). 

22 Cirene: ciudad de la Cirenaica a la que da nombre, cuyos restos 
arqueológicos están hoy en Shahat (cf. PLix., V 31). Serifos: isla en la 
parte occidental de las Cicladas (cf. Prim, IV 66). 


LIBRO VIH 221 


dera. No hay lobos en el monte Olimpo de Macedonia, ni 
tampoco en la isla de Creta. Alli, además, tampoco hay ni 
zorros ni osos, ni absolutamente ningún animal dañino ex- 
cepto el falangio*, Al tratar de las arañas hablaremos de 
esta especie en su correspondiente Jugar*!, Más sorpren- 
dente es que en la misma isla no haya ciervos, excepto en la 
región de los cidoneatas*? y tampoco hay jabalíes, ni fran- 
colines, ni erizos. Por su parte, en África no hay ni jabalies, 
ni ciervos, ni cabras, ni 0sos. 


59 (84) Es más, algunos animales, inofen- 
Qué animales sivos para los indígenas, matan a los 
sólo dañan 


a dcraeddnda extraños, como, en Mirinte, las pe- 
Cuáles sólo alos.  (ueñas serpientes que se dice que na- 
indígenas y dónde cen de la tierra. Del mismo modo, en 

Siria las culebras, sobre todo junto a las riberas del Eufrates, 
no tocan a los sirios mientras duermen o, aunque los muer- 
dan si las pisan, no les afecta el veneno, a pesar de que son 
dañinas para los de cualquier otro pueblo, matándolos con 
saña y con gran sufrimiento; por ello, los sirios tampoco las 
matan a ellas. Aristóteles cuenta que, por el contrario, en 
el monte Latmo de Caria los escorpiones no dañan a los vi- 
sitantes, mientras que matan a los indígenas %*, Pero hable- 
mos también de las especies de los demás animales [y sobre 
todo de los terrestres]. 


130 El término no está completamente identificado con ninguna espe- 
cic de arañas, aunque hay consenso mayoritaria en pensar que se trata de 
la tarántula, 

431 Cf. Pran., XI 79 y XXIX 84, 

42 Cidoneatas: habitantes de Cidonia, hoy La Canea (cf, PLiw., IV 
59). 
433 Cf EL., IX 29, 

4% Cf. Arisr., fr. 605 Rosk; Caria: región del Asia Menor a orillas del 
mar Egeo y del Mediterráneo oriental (cf. PLmm., Y 103). 


228 


229 


LIBRO IX 


IO Ha quedado expuesta la naturale- 1 
Por qué los animales E 
más grandes za de los animales que hemos deno- 
están en el mar minado terrestres, que comparten una 


especie de suerte común con los hombres. En los demás se 
está de acuerdo en que los que vuelan son los de menor 


1 Plinio aborda el tema de los animales acuáticos con espíritu científi- 
co, buscando la documentación adecuada. La primera tarea era la selec- 
ción de autores. Elige a los mejor documentados de cada lugar: para los 
animales del Índico y de los confines del Imperio, los científicos que ha- 
bían acompañado a Alejandro Magno; para el extremo occidental, mejor 
conocido y romanizado, eligió a Turranio Grácil, que era hispano y a 
Trebio Nigro; de todos ellos, hoy perdidos, poco más es lo que se sabe 
que lo que ha transmitido Plinio. Las teorías científicas generales las to- 
mó o las discutió frente a la autoridad consagrada de Aristóteles, leyén- 
dolo directamente o utilizando resúmenes anteriores, propios o ajenos. A 
veces rebatió sus teorías dando muestra de una agudeza de observación 
extraordinaria, como cuando aporta pruebas empíricas de que también en 
el água había aire y, por lo tanto, era posible la respiración de todos los 
seres en ese medio. En general, aceptó sus teorías —hoy resulta a veces 
necesário acudir al texto de Aristóteles para aclarar puntos oscuros del de 
Plinio -—, atendiendo más a lo que Aristóteles decía sobre el comporta- 
miento de los animales que a sus descripciones morfológicas. Y natural- 
mente utilizó muchas otras fuentes. Pero haciendo un balance limitado al 
uso de éstas, podría decirse que de los autores de los puntos más remotos 
le llegaron informaciones de seres exóticos, verdaderos unos — ballenas 
y bestias marinas del Índico— y fantásticos otros — tritones y nereidas 
lusitanas —; lo que tienen estas informaciones — y otras que aceptó de 


224 HISTORIA NATURAL 


tamaño; por esta razón se tratarán antes los animales de los 
mares, de los ríos y de los estanques?. 


fuentes que apenas podía contrastar— de poco cientificas, lo compensan 
con su interés literario y antropológico. Algunas están escritas como 
cuentos, lo mismo que las que son desarrollo de anécdotas, como sus di- 
gresiones sobre Marco Antonio y Cleopatra. Otra forma de escribir, más 
concisa y árida, es la que utiliza para las informaciones concretas o con- 
trastables. En la medida de nuestras posibilidades, los dos estilos se re- 
flejan en la traducción —que, a veces, como en la larga y compleja di- 
gresión sobre los tintes, es aproximada—. En las notas a la traducción 
hemos utilizado sobre todo la Investigación sobre los animales (HA) de 
ARISTÓTELES, las Haliéuticas de OviDiO y textos paralelos, basados directa 
o indirectamente en sus mismas fuentes, como la Historia de los animales, 
escrita en griego por el romano ELIANO en época de Septimio Severo, la 
obra de SoL:imo, pasajes de los agrónomos latinos y de $. Isidoro, y algunos 
otros que en la edición teubneriana se mencionaban en el aparato de fuentes. 
Desde Aristóteles los naturalistas, Plinio entre ellos, se caracterizaron por des- 
cribir al animal en su medio. Gracias a estas descripciones se identificaron. 
posteriormente varias especies por tener rasgos de comportamiento que ya 
habían resultado llamativos para los autores antiguos —el siluro, Aristotelis 
agassiz, ete.—. Por eso se ha utilizado en las notas alguna bibliografía 
científica actual; algunas veces, directamente; muchas más, a través de las 
obras de D'ArcY, W. Tromrson, A glossary of. Greek fishes, Londres, 
1947, E. De Sart-Denis, Le vocabulaire des animaux marins en latin 
classique, Paris, 1947, R. BaLrar, Fauna ictiológica en latín, Madrid, 
1975, H. Lerrner, Zoologische Terminologie beim álteren Plinius, Hil- 
desheim, 1972, E, CarronL, Natura aquatilium, Génova, 1990, y otros fi- 
lólogos y lexicógrafos que se ocuparon de la identificación de la fauna 
acuática conocida por los antiguos; entre ellos, J. de Huerta y F. Hernández, 
de los primeros en traducir y anotar la obra de Plinio en castellano incorpo- 
rando los avances de Rondelet y otros renacentistas, Como en los demás li- 
bros, nuestra traducción se basa en el texto de la ed. teubneriana de Tan- 
MAvHorr, salvo advertencia expresa, pues se ha confrontado con el texto 
y comentario de las de Les Belles Lettres (E, vr Samnt-DENIS, 1955) y de 
Tusculum (KóntG-WINKLER, 1979). 
2 Aquií se encuentra la justificación del orden seguido en los libros 

VH-XI, sobre antropología y zoología. En primer lugar, el hombre (VII) y 
los animales que comparten con el hombre la tierra (VID, logrando así 


LIBRO IX 225 


2 Hay varios entre ellos que son incluso de mayor tamaño 2 
que los terrestres. La causa, evidentemente, es el exceso de 
agua. Bien distinta es la suerte de las aves, que viven sus- 
pendidas en el aire, En cambio, en el mar, extendido a todo 
lo ancho? y dotado de un alimento blando y fecundo, como 
recibe los elementos germinales de las alturas y la naturale- 
za siempre está procreando*, se encuentran también muchos 
seres monstruosos, dado que las semillas y los principios 
germinales se enredan y se confunden unos con otros de una 
y Otra manera, unas veces por causa del aire y otras del olea- 
je, hasta el punto de que se hace verdadera la opinión del 
vulgo de que todo lo que nace en alguna parte de la natura- 
leza también se halla en el mar, aparte de muchas criaturas 
que jamás se encuentran en otra parte. Y, desde luego, que 3 
contiene las réplicas de las cosas y no sólo de los seres vi- 
vos se hace perceptible contemplando las uvas, la espada, 


Plinio una transición adecuada con los libros anteriores (II al VI), geográ- 
ficos, Siguen los que tratan de los demás animales, de mayor a menor ta- 
maño: los acuáticos (IX), las aves (X) y los insectos (XI). El mismo or- 
den, aunque no de un modo rígido, también se sigue dentro de cada libro, 
que suele comenzar por las especies de mayor tamaño, la ballena en éste, 
el avestruz en el siguiente, eto. 

3 In marl... tam late supino, es el ancho mar que mira hacia arriba, en 
posición supina para ser fecundado por el cielo. 

% Ya había formulado antes (PLrx., 11 7 ss.) la misma teorfa: la esfera 
celeste no es lisa, sino que está cincelada con los prototipos de los seres y 
de las cosas ——caelum «cielo», según una etimología aceptada por Plinio, 
ib,, se relaciona con caelare «cincelarm—, Del cielo se desprenden los 
gérmenes de la materia y los principios de la vida, originados por la gene- 
ración continua de la Naturaleza. Éstos, al caer y llegar al mar, se entre- 
mezclan y pueden dar lugar al nacimiento de monstruos (IX 3), de seres 
inmundos (IX 154), de venenos (1X 155) o de otros productos —cf. in- 
Jra— en el mar se cría todo. 


226 HISTORIA NATURAL 


las sierras e incluso el cohombro*, que se parece al auténti- 
co por el color y por el olor: para que no nos extrañemos de 
que asomen cabezas de caballo* en los más minúsculos ca- 
racoles, ' 

! La mayor parte de los animales y, 


30) además, los más grandes se encuentran 
Monstruos en el mar Índico; entre ellos, ballenas 
del mar Índico 


de cuatro yugadas” y peces sierra? de 
doscientos codos. Precisamente alli las 
langostas alcanzan los cuatro codos y, asimismo, las anguilas, 
en el río Ganges, los treinta pies, Ahora bien, en el mar las 
bestias marinas se ven sobre todo hacia los solsticios. Enton- 
ces se forman allí torbellinos, entonces caen las lluvias y en- 
tonces las tempestades, abatiéndose desde las cimas de los 


3 Las huevas arracimadas de la sepia se llaman metáforicamente 
«uvas de man» por su parecido con las uvas negras (PLin. IX 162). El 
cohombro de mar debe también su nombre a se semejanza con el pepino 
de huerta; puede ser un zoofito, como las holoturias (PLix., IX 154), Con 
el nombre de gladius «espada» y serra «sierra» suele considerarse que 
Plinio se refiere al pez espada y al pez sierra, Pero es bastante dudoso, ya 
que en este pasaje lo que quiére subrayar Plinio es que en el mar hay pro- 
ductos inertes —rerum non solum animalia simulacra—, con la misma 
apariencia que tienen en tierra firme. 

$ El hipocampo parecía un ser monstruoso y, a veces, se incluye entre 
las bestias marinas. En la mitología y en el arte se representan como ca- 
ballos gigantes, con las dos patas anteriores (Vira., Geórg. IV 389), ter- 
minados en pez o caracol. Plinio suprime los detalles imaginarios en esta 
breve evocación que no permite saber a cuál de las dos especies medite- 
rráncas se refiere (Sr,-Denxs, 48; Lerrner, 138), 

? La información sobre.los grandes animales del Índico procede de 
fuentes griegas y las medidas no tienen correspondencia exacta. En todo 
caso, las dimensiones de las ballenas resultan exageradas. Una yugada 
romana, medida de superficie, tiene 240-x 120 pies. El pie alcanza, 
0,2944 m. La equivalencia, por tanto, de una yugada en metros sería 
70,65 m x 35,33 m. Lo mismo, en el caso del pez sierra, pues el codo tiene 0,4 m. 

$ Cf. PL. IX 8n. 


LIBRO IX 227 


montes, revuelven los mares desde lo más hondo y envuelven 
en las olas a las bestias empujándolas desde las profundida- 
des en tan gran número —como también es propio de los atu- 
nes— que la flota de Alejandro Magno dirigió el avance de 
sus líneas oponiéndolas frontalmente. a éstas, de la misma 
manera que frente a una escuadra de enemigos; de otra forma, 
estando dispersos, no había modo de escapar. No se espantan 
con gritos, ni con ruidos, ni con golpes, sino sólo con un es- 
truendo y no se alteran salvo con su destrucción. 

Cadara? es el nombre de una península muy extensa del 
mar Rojo; a su abrigo se forma un ancho golfo que fue cru- 
zado a remo durante doce días y doce noches por el rey 
Ptolomeo?”, dado que no recibe ni un soplo de brisa. Gra- 
cias, sobre todo, a la calma de este lugar las bestias aumen- 
tan de tamaño hasta tal extremo que no se pueden moyer. 
Los prefectos de la flota de Alejandro Magno"! han publica- 


? Plinio no menciona en los libros geográficos: esta península, cuya 
ubicación precisa es problemática, pues el topónimo actual El Katara se 
sitúa en el golfo Pérsico y no en el mar Rojo. Pudiera referirse a la parte 
SO de la peninsula arábiga, entre el mar Rojo y el golfo de Adén, donde 
fuentes antiguas sitúan pueblos del mismo nombre. 

19 Posiblemente Ptolomeo Filadelfo, cuyo reinado coincide (308-246 
a, C.) con el esplendor de la monarquía ptolemaida en Egipto. Empresas 
como la exploración aquí aludida (Esrr., XVI 4, 5) y el establecimiento 
de enclaves en la zona muestran la importancia del comercio. En PLin., 
VI 58, 183... se habla de las relaciones de la corte de Filadelfo con los re- 
yes de la India y. de otros viajes exploratorios en su reinado. 

1 Los praefecti classis son Onesicrito de Astipalea y Nearco de Creta. 
Ambos acompañaron a Alejandro y escribieron respectivamente una Histo- 
ría del rey y el relato de la difícil expedición del Indo al Éufrates. Aunque 
Plinio no los menciona en el Indice como fuentes de este libro, los cita y 
utiliza — de primera mano o indirectamente — en los anteriores, sobre todo 
para las zonas del Índico, ef. PLw., VI 81. Sobre el conocimiento de la India 
tras las campañas de Alejandro, cf. J. Gm, La India y el Catay, Madrid 
1995, 32 ss. 


228 HISTORIA NATURAL 


do que los gedrosos ? que habitan junto al río Árabis*, for- 
maban las puertas en sus casas con las mandíbulas de estas 
bestias y hacían las techumbres con sus huesos, muchos de 
los cuales se han hallado con una longitud de cuarenta codos, 
Salen también allí a la tierra unas bestias parecidas al 
ganado que retornan al mar después de salir a comer las raí- 
ces de los arbustos, y algunas de ellas, con cabeza de caba- 
llo, de asno o de toro, devoran los sembrados. 
Los animales de mayor tamaño en 
4(3) el mar Índico son la ballena y el pez 


Cuáles son los : 14, : a 
 náigrandas sierra **; en el océano Gálico, el cacha: 


en cada océano lote*%, que se levanta a modo de una 
inmensa columna y poniéndose más 

alto que las velas de las naves eructa una especie de diluvio; 
en el océano Gaditano, el «árbol»? que se expande hasta 


2 Los gedrosos constituyen una satrapía que solía asignarse a la In- 
dia, siendo uno de los puntos extremos del NO (PLiw,, VI 78). Gedrosia, 
rodeada por el río Indo, a la entrada del golfo Pérsico, corresponde at- 
tualmente a Beluchistán. 

13 También llamado Arbio (PLIx., VI 97), es el actual Pourali. En sus 
inmediaciones se situaban, según los citados historiadores, pueblos exóti- 
cos, como los quelonófagos «comedores de tortugas» (PEin., VI 109 y IX 
35) y los ictiófagos «comedores de pescado» (PLIN,, VI 95). El uso del 
esqueleto de la ballena para la construcción persiste en varios pueblos, 

1 Se denomina aquí pristis, transcripción del griego, y otras veces sé- 
rra, su nombre latino, El cultismo castellano priste, de forma poco com- 
prensible es de género masculino y se refiere, según el DRAE Madrid, 
2001, s. v., al pez espada. Sin embargo, su identificación con el pez sierra 
(Sr.-Denns, 91, 104; Lerruer, 205) se acepta comúnmente tanto en Plinio 
como en sus fuentes. 

15 Plinio transcribe el término griego physeter, etimológicamente «so- 
plador». Es el Physeter macrocephalus (St.-Drnxs, 91; Lerrner, 200). 

16 El «árbol» y las «ruedas» pueden ser algas o peces; no se han iden- 
tificado, De las «ruedas» existe también la descripción de EL., XIII 20: 
nadan en bancos por el mar de Tracia, se pueden divisar porque emergen 
sobre la superficie con sus larguísimas crestas y espinas; pero, como son 


LIBRO IX 229 


tal punto con sus anchas ramas que se cree que precisa- 
mente por esta razón nunca había pasado el Estrecho. Tam- 
bién existen las «ruedas», así llamadas por su semejanza 
con ellas!”; están divididas por cuatro radios tapando el cu- 
bo de la rueda por uno y otro lado sus dos ojos. 
564) Al emperador Tiberio una emba- 
La forma de los. Jada de olisiponenses, enviada al efec- 
Tritones y las Nereidas. to, le llevó la noticia de que había sido 
La forma de los A 
elefantes marinos  VIStO y escuchado en una gruta un 
tritón** tocando su concha, con el as- 
pecto con el que se los conoce??, Y tampoco es cosa falsa? 
lo de las nereidas, sólo que su cuerpo está totalmente eriza- 


monstruos miedosos, en cuanto oyen los remos se enroscan y se sumer- 
gen a la mayor profundidad, para después desenroscar la espiral; de ahi 
su nombre griego de trochof «ruedas». El Estrecho es el de Gibraltar, 

17 O mejor, simplemente «por semejanza», pues Plinio emplea la ex- 
presión técnica a similitudine que usan los gramáticos para referirse a un 
tipo concreto de etimologías en las que juega, como en este caso, un pa- 
pel importante la metáfora, Sobre las obras gramaticales de Plinio, cf. In- 
troducción, vol, L. 

1 Otras noticias en Paus., IX 21,1, y EL., XII 20 («sobre los trito- 
nes, los pescadores no tienen prueba evidente de su existencia...; pero co- 
rre la leyenda de que en el mar existen monstruos antropomorfos desde la 
cabeza a la cintura»). Los antiguos admitieron la existencia de estos se- 
res, pero con reservas: el carácter extraordinario de su aparición se co- 
municaba al emperador; en este caso, por los habitantes de Lisboa y, lí- 
neas después, la de las Nereidas, desde la Galia. 

1 El personaje mitológico Tritón es un dios marino, hijo de Poseidón 
y de la ninfa Anfitrite, con los que vive en el fondo del mar; por exten- 
sión se aplica, como aquí, a varios seres marinos que también poseen la 
parte superior del cuerpo en forma de hombre y la inferior de pez o de 
delfín. Solían representarse soplando en conchas que les servían de trompa. 

2 La expresión de Plinio muestra las dudas que suscitaban estos se- 
res, a pesar del crédito que él les concede, Las nereidas eran también di- 
vinidades menores, en un número determinado — progresivamente exten- 
dido, como muestra este texto —, dotadas de gran belleza y desprovistas 


230 HISTORIA NATURAL 


do de escamas, incluso en la parte en donde tienen forma 
humana. En efecto, una de éstas fue contemplada en la 
misma costa e incluso los lugareños escucharon a lo lejos su 
canto fímebre al morir. Además, un legado de la Galia ma- 
nifestó por escrito al divino Augusto que habían aparecido 
varias nereidas muertas en la costa, 

Cuento con el testimonio de autoridades brillantes den- 
tro del orden ecuestre de que fue visto por ellos en el océano 
Gaditano un hombre-pez* con un parecido perfecto al 
hombre en todo su cuerpo; afirman que subía a las naves a 
horas noctumas e inmediatamente sobrecargaba de peso el 
lado en el que se sentaba y, si permanecía mucho tiempo, 
incluso las hundía. 

Siendo emperador Tiberio, en una isla frente a la costa 
de la provincia Lugdunense”, el océano al bajar la marea 
dejó más de trescientas bestias juntas de extraordinaria va- 
riedad y tamaño, y no muchas menos en la costa de los 


de inmortalidad, El aspecto que les atribuye Plinio difiere del que suelen 
darles los poetas, que las imaginan con los cabellos al viento, cantando o 
hilando. 

21 Muchas noticias de esta zona proceden de Turranio, cf. infra; pero 
Plinio parece referirse a informaciones orales de testigos presenciales, El 
hombre marino u hombre-pez (todo él parecido a un hombre a diferencia 
de tritones y nereidas, hibridos) completa la serie de monstruos humanoi- 
des; pero éste no pertenece a los personajes mitológicos. La persistencia 
de la leyenda (mezcla del miedo al mar y confusiones con peces siréni- 
dos) subsiste muchos siglos después, incluso en ilustrados como el Padre 
Feijoo, que todavía recogía la leyenda del hombre pez de Liérganes y 
que, según su relato, también se había encontrado en Cádiz. 

2 Cf Pim, IV 105-107: la Galia Lugdunense se sitúa entre el Sena y 
el Garona, con capital administrativa en Lyon; en su costa se hallan las 
islas Venéticas (Belle-HMle, Houat y Hoédic), mencionadas someramente 
en IV 109, a las que es probable que Plinio aluda aquí. 


LIBRO IX 231 


sántones?”; entre otras, «elefantes»? y «cameros»* con los 
cuernos sólo insinuados por un color blanco y, desde luego, 
muchas nereidas. Turranio? ha publicado que había sido 
arrojada a las costas gaditanas una bestia marina que entre 
las dos aletas del final de la cola medía dieciséis codos, sus 
dientes eran ciento veinte, los más grandes de tres cuartos 
de pie, y los más pequeños de medio pie. El esqueleto de la 
bestia a la que se decía que había sido expuesta Andróme- 
da”, traído a Roma desde la ciudad de Jope, de Judea”, lo 


23 Los sántones pertenecen a la Galia Aquitánica, entre el Garona y 
los Pirineos (PLin., TV 108); actualmente, Saintonge. 

2% Pueden ser aquí las morsas, aunque el término elephantus con el 
que se las designa, sólo se encuentra en esta acepción en Plinio (Sr.- 
Denas, 35; Lerrner, 116). 

25 Los llamados arietes, «carneros», son orcas. Plinio no parece ad- 
vertir que es el mismo animal que en el capítulo siguiente llama orca. El 
contexto muestra el carácter excepcional de su aparición. También EL., 
XV 2, señala que el conocimiento de estos animales era poco preciso, ca- 
si limitado a las reproducciones pictóricas. No obstante, ofrece el dato de 
que los machos tienen una franja blanca en la frente, en el que también 
repara aquí Plinio, que ha servido para identificarlas con el Delphinus or- 
ca Lu Orcinus orca. Sobre su astucia y ferocidad, cf. PLiw,, IX 145. 

2 La obra de Turranio Grácil, perdida en su integridad, se conoce por 
las referencias de Plinio, que lo utiliza como fuente de este libro y, en ge- 
neral, para las noticias de Hispania — cf. 11 3, n.—. Debió de ser una 
monografía geográfica sobre Hispania, considerada fiable, aunque incluía 
noticias pintorescas que Plinio también reprodujo. 

22 Ofrecida por su padre a un cefáceo monstruoso, uno de sus pretendien- 
tes, a bordo de una nave llamada «La Ballena», intentó liberarla, lo que al fin 
consiguió Perseo, petrificando al monstruo, Otra asociación del mito de An- 
drómeda con la ballena aparece en PLix., V 69 n., ya que señala que en Jope se 
daba culto a Ceto, cuyo nombre se relaciona con el griego kétos «cetáceo»: los 
restos que se enseñaron en Roma debían de ser de una ballena. La leyenda de 
Andrómeda muy repetida en fuentes anfiguas —todavía en S. Jerónimo en su 
comentario a Jonás, 1 394— pervive en la de S. Jorge y el dragón. 

2% Prim., V 69 y 128, indica que en Jope —actualmente, Jaffa, al sur 
de Tel Aviv—, en un lugar de arrecifes llamado Paria, se enseñaba la ro- 
ca en la que quedaban los restos de las ataduras de Andrómeda. 


13 


232 HISTORIA NATURAL 


exhibió en Roma, entre otras maravillas, Marco Escauro?” 
durante su edilidad. Su longitud era de cuarenta pies, la altu- 
ra de sus costillas sobrepasaba la de los elefantes de la India 
y el grosor de su espinazo, de un pie y medio. 

Las ballenas penetran incluso has- 


6(5) ta nuestros mares, En el océano Gadi- 
Las ballenas, tano dicen que no se ven antes del 
las orcas 


solsticio de invierno, que se ocultan 
en épocas fijas en un golfo tranquilo y 
espacioso, y que les agrada extraordinariamente parir allí. 
Añiaden que esto lo saben las oreas, que es la bestia enemiga 
de ellas, cuyo aspecto no podría representarse mejor por 
ninguna otra imagen que por la de una terrible mole* de 
carne con dientes. Por eso irrumpen en sus retiros, desgarran 
a mordiscos a sus crías o incluso a las hembras recién pari- 
Has o aún preñadas y en la arremetida les dejan unas marcas 
como las de los espolones de las libúrnicas**. Las ballenas, 
sin movilidad para revolverse, sin fuerzas para rechazarlas, 
sobrecargadas por su propio peso, pues justamente entonces 
están pesadas del vientre y agotadas por los dolores del 
parto, no tienen más remedio que escapar al alta mar y de- 
fenderse en pleno? océano. Por el contrario las oreas procu- 


22 Marco Emilio Escauro fue edil curul en el 58 a. C, 

30 Orca es también el nombre latino de una vasija ancha, cilíndrica y 
con dos asas. Los romanos, conscientes de su parecido con el animal, ad- 
virtieron que el nombre del objeto era metafórico (Fesro, 195, 3); pero 
dado que esta clase de peces rara vez podía verse, es probable que fuese 
el nombre del objeto de uso común el que se extendió metafóricamente 
para designar el animal exótico, 

3 La libúrnica o liburna es un tipo de nave ligera, El espolón se lla- 
ma en lat, rostrum, pues terminaba en forma de pico de ave. 

2 O bien «en la seguridad del océano», según la conjetura de May- 
hoff, ed. ad loc. — tuto oceano en lugar de tofo—, En todo caso, el ataque 
de las manadas de orcas está descrito con precisión, Aunque no se seña- : 


LIBRO 1X 233 


ran cortarles el paso, colocarse frente a ellas, despedazarlas 
cuando quedan encerradas en lugares estrechos, empujarlas 
hacia los bajíos y hacerlas chocar contra las rocas. Se con- 
templan estos combates como cuando el mar está irritado 
consigo mismo sin que corra la menor brisa en la ensenada, 
pero con unas olas, al compás de los jadeos y los golpes, 
como ningún ciclón las levanta. 

También se vio una orca* en el puerto de Ostia* contra 
la que luchó el emperador Claudio. Había llegado precisa- 
mente cuando éste estaba construyendo el puerto*, incitada 
por un naufragio de pieles importadas de la Galia. A fuerza 
de hartarse durante varios días se había hecho un foso en el 
vado y había sido enterrada por las olas hasta el extremo de 
que no tenía forma de darse la vuelta y, cuando iba detrás de 
la comida que las olas arrastraban a la orilla, formaba una 
protuberancia enorme con su dorso sobresaliendo sobre las 
aguas como una barca que ha capotado. El César ordenó 
que se tendieran múltiples redes entre las bocas del puerto, y 
él en persona, partiendo con las cohortes pretorianas ofreció 
este espectáculo al pueblo romano, pues los soldados arro- 
jaban las lanzas desde los navíos que realizaban las acome- 
tidas; a uno de ellos lo vimos hundirse envuelto por una ola 
producida por el bufido de la bestia. 


lan las fuentes del pasaje, es probable que Plinio lo haya tomado de Tu- 
rranio Grácil, ya que se refiere a Hispania, 

% Según Lerrner, 40, esta orca era, en realidad, un cachalote, 

M4 AI SO de Roma, en el Lacio, cf. PLiw., NI S6, 

35 Rue a partir del año 42 d, C, (el reinado de Claudio abarca el perío- 
do del 41-54). Plinio, futuro almirante de la flota y siendo por entonces 
un joven de unos dieciocho años (muere a los 55 años en el 79 d, C,) 
asistió personalmente al espectáculo naval, que aquí rememora en prime- 
ra persona, ofreciendo un dato de autopsia —<f. infra: «lo vimos hundir- 
se...—, 


14 


15 


234 HISTORIA NATURAL 


Las ballenas tienen unos orificios 


: es en la frente; por eso, cuando nadan a 
Si los peces respiran, A 
si duermen poca profundidad, expulsan chorros de 


agua a lo alto*, 

7 Tienen respiración asimismo, según creencia general, 
otros animales de mar, muy pocos, que entre sus vísceras 
internas tienen pulmón, ya que se supone que ningún animal 
puede respirar sin él. 

No consideran, los que admiten esta opinión, que cojan 
aire y sucesivamente lo exhalen los peces que tienen bran- 
quias, ni tampoco muchas otras especies que incluso care- 
cen de branquias. De este parecer veo yo que fue Aristóte- 
les?” y que con su magisterio convenció a muchos autores 
insignes. Tampoco oculto que yo no me adhiero incondicio- 
nalmente a esta opinión suya*%, porque también, en vez de 
pulmones, pueden tener otros órganos respiratorios si así lo 
dispuso la Naturaleza*”, lo mismo que muchos tienen, en 


36 Los chorros de agua, que literalmente soplan, constituyen la prueba 
de su respiración (cf. infra). 

37 Plinio lo cita como fuente de este libro y, sin duda, es el autor al 
que más debe. Pero la reiteración aqui del nombre de Aristóteles obedece 
a que Plinio se distancia de la autoridad de su doctrina. La opinión de 
Plinio sobre la respiración por branquias resulta obviamente más exacta. 
También Cicerón (ND Y 27) ofrece pruebas similares de la presencia de 
oxigeno en el agua, : 

38 Para Aristóteles la finalidad de'la respiración es refrescar: la sangre 
para adecuar la temperatura del cuerpo al medio, En HA VIT 2, 589b preci- 
sa que los animales acuáticos provistos de pulmón respiran —-o sea, sólo 
ellos toman el aire de la atmósfera— y tienen un espiráculo para expulsar el 
agua y refrescar su sangre, Los que tienen branquias en lugar del órgano 
respiratorio, que es el pulmón, no precisan más que tragar agua para refres- 
car su sangre adecuando su temperatura y alimentarse. Para estos peces el 
hecho de tragar agua sustituye a la respiración, que poseen los otros, 

2 Entendida en este contexto como principio universal que rige la totali- 
dad de las cosas, la «fuerza creadora única» del universo —por eso, hemos 


19 


20 


LIBRO IX 235 


lugar de sangre, un humor diferente. ¿Quién, desde luego, 
se extrañaría de que penetre este hálito vital en las aguas, si 
se ve que incluso éstas lo despiden, ni de que penetre tam- 
bién en las tierras, la parte más sólida con mucho de la natu- 
raleza, existiendo la prueba de los animales que viven per- 
manentemente enterrados, como los topos? 

Me parece en mi fuero interno más fácil creer que en las 
aguas también respiran todos los seres según su condición 
natural: en primer lugar, se han detectado muchas veces 
ciertos sofocos de los peces debido al calor estival, así como 
una especie de bostezos en situación de calma, e incluso los 
que sostienen la opinión contraria hacen un reconocimiento 
expreso de que los peces duermen, ¿y qué posibilidad hay 
de dormir sin respiración? Además, está la formación de 
pompas de agua y también la hinchazón del cuerpo de las 
conchas por efecto de la luna“, Y, sobre todo, está el que 
no haya duda de que los peces tienen oído y olfato, ambos 
constituidos por el elemento aire —evidentemente el olor no 
podría entenderse más que como aire infectado —. Por eso, 
que cada cual opine de esto como quiera. 


optado por la mayúscula—. Pocas líneas después en este parágrafo el mismo 
término ratura tiene mátices muy distintos: es la obra de aquella fuerza, «el 
mundo creado»; en castellano podría equivaler en el segundo caso a «univer- 
so», término por el que no cabría traducir natura en el caso anterior, 

40 El crecimiento de seres, plantas, así como la pleamar, etc., se atri- 
buyen al aumento del disco lunar (PLmw., 11 109 n.; 212-216; 222 n.; VII 
145, XVII 321, etc.). Esta creencia estoica, mantenida popularmente 
hasta hoy, se apoya en ideas como las expuestas en Prrw., 11 45, 221 y 
223: la luna desprende humedad y aumenta el nivel de los líquidos; pero, 
sobre todo — y esto es una originalidad de Plinio—, es el astro del hálito 
vital — spiritus sidus — que llena o vacía los cuerpos. Por eso probable- 
mente menciona aquí la hinchazón de las ostras entre las pruebas de la 
existencia de aire en el mar. Otros comentaristas (Sr.-Denis, ed., ad loc.) 
entienden, en cambio, que se trata de un argumento a fortiori: si la luna 
penetra en las aguas, con más motivo lo hará el aire. 


19 


20 


236 HISTORIA NATURAL 


Las ballenas y los delfines no tienen branquias. Estas 
dos especies respiran por un conducto*! que les llega hasta 
el pulmón, a las ballenas desde la frente y a los delfines 
desde el dorso. También los becerros marinos, a los que dan 
el nombre de focas”, respiran y duermen en tierra, y lo 
mismo las tortugas, de las que después se tratará más exten- 
samente. 

El más veloz de todos los anima- 
les, no sólo de los marinos, es el del- 
fin*%: más ágil que los pájaros, más 
rápido que una flecha y, si no fuera 
porque su boca está muy por debajo 
de su hocico, casi en medio de su vientre, ningún pez esca- 
paría a su velocidad*, Pero la providencia de la Naturale- 


8 (7-10) 
Los delfines 


41 ARISTÓTELES ya había señalado (HA 1 5, 489b) que, en lugar de bran- 
quias, los delfines tenían en la espalda y las ballenas en la frente un espiráculo. 
Éste se llama en griego aulós, término que Plinio calca cómo fistula «flauta» 
en este pasaje y en IX 22; pero antes (IX 16) llama al mismo conducto ora 
«bocas» — propiamente son los orificios de salida, referidos a todo el tubo por 
metonimia-—. No hay, pues, uniformidad en la terminología científica; por eso 
hemos evitado la traducción uniforme por el tecnicismo «espiráculo», 

22 El término griego, phokz, que aqui se emplea en la transcripción 
latina phoca y que en castellano se convierte en la designación más ha- 
bitual de estos animales, debía de ser entonces menos común que su 
equivalente latino vitulus (marinus), pues Plinio, que en lo sucesivo utili- 
zará ambos, considera que requería esta explicación. 

4 El delfín (Delphinus delphis L.) era el animal acuático favorito de 
los antiguos por su capacidad de comunicación con el hombre. Era tam- 
bién animal emblemático de fuerza y agilidad, usual 'en la literatura, el 
arte y la numismática: Tito, el emperador al que Plinio dedica esta obra, 
como recuerda HERNÁNDEZ (com. ad loc.) la había incluido en las mone- 
das junto con un ancla, contrapeso de su velocidad, 

% La velocidad del delfín y su tendencia a la protección de las crías 
se encuentran en ArIsT,, HA 1X 48, 631a-b.; VI 12, 566b. Plinio se inspi- 
ra en Él, pero intercala diversos pasajes de estos capítulos y aun de otros, 
lo remodela y da sus ideas propias. También proceden de Aristóteles las 
informaciones sobre los delfines de EL., X 8; XII 12. 


LIBRO IX 237 


za** les impone este freno, ya que no hacen capturas si no es 
vueltos boca arriba, cosa que expresa ante todo su velocidad, 
pues cuando, acuciados por el hambre, persiguen a un pez que 
se escapa hacia aguas más profundas y contienen durante mu- 
cho tiempo la respiración, saltan para respirar como si hubie- 
sen sido disparados por un arco y se lanzan con tal fuerza que 
muchas veces sobrevuelan las velas de las naves. 

Se desplazan, por así decir, en matrimonio*, Paren al 
décimo mes en época estival, a veces, dos crías. Las ali- 
mentan con sus ubres, como las ballenas, y también trans- 
portan a sus hijos indefensos durante la infancia e incluso de 
adultos los acompañan durante mucho tiempo por su gran 
amor a las crías. Crecen rápidamente; a los diez años se es- 
tima que llegan al pleno desarrollo. Viven hasta treinta años, 
como se averiguó recortándoles la cola para comprobarlo. 
Se retiran durante treinta días, hacia la salida de la Canícu- 
la”, y se ocultan de una manera no conocida, lo cual es to- 


45 Esta reflexión de carácter estoico sobre la providencia de la natu- 
raleza (cf. supra, IX 17 n.) es una muestra importante del pensamiento de 
Plinio: sigue aquí muy de cerca a ARisTóTELES (HA VIII 2, 591b), pero se 
aparta de su texto puramente descriptivo de hechos concretos, como la 
velocidad y la forma de comer, para ofrecer brevemente esta interpreta- 
ción global de la causa, 

4 Vagantur fere contugia es el texto aceptado. Otra lectura, de edicio- 
nes humanistas, wtantur vere coniugia «practican verdaderamente el matri- 
monio», no tiene apoyo en los manuscritos. Ambas emplean el término co- 
niugium, característico de la institución matrimonial de los romanos 
(ARISTÓTELES, 1b,, fuente muy directa de Plino, se limita a decir que viven 
agrupados en parejas). La personificación, expandida a todo el parágrafo, 
subraya la «humanidad» de estos animales y el carácter de derecho natural 
del matrimonio y la familia, Cf. PLiw., X 63, sobre el amor filial (pietas) de 
las cigileñas, parafraseado en la Celestina (ed. Rico, pág. 126). 

47 Es aquí la constelación de Sirio, que altera los mares (Puma, Il 107 
n.). Su aparición se sitúa en el periodo más caluroso del verano, exacta- 


23 


24 


25 


238 HISTORIA NATURAL 


davía más extraño si no pueden respirar en el agua. Suelen 
saltar a tierra por causas desconocidas y no mueren inme- 
diatamente por tocar la tierra, pero sí mucho más rápida- 
mente al cerrarse su espiráculo*%.. Su lengua es movible, 
frente a lo característico de los animales acuáticos, corta y 
ancha, como la de cerda. Por voz tienen un gemido parecido 
al humano; el dorso curvado, (el hocico) chato. Por esta ra- 
zón todos atienden de modo pasmoso al nombre de «Chato» 
y les gusta que les llamen así. 

El delfín no sólo es un animal ami- 


8) go del hombre sino también del arte 
A quiénes musical: se amansa con la música, con 
han amado 


el son de los instrumentos y concre- 
tamente con el sonido del órgano hi- 
dráulico. No teme al hombre como a un extraño, se acerca 
al encuentro de las naves, juega contento a su lado, las desa- 
fía y las adelanta incluso cuando van a toda vela. 

Durante el principado del divino Augusto * uno que ha- 
bía llegado al lago Lucrino quiso con un cariño extraordina- 
rio al hijo de un pobre que iba habitualmente de Bayas a 
Putéolos* a la escuela, porque éste al mediodía se detenía y 
llamándole muchas veces por el nombre de «Chato» lo 
atraía con las migas del pan que llevaba para el camino. No 


mente el día 18 de julio ER a primeros de agosto—, como 
señala.en el calendario de los vientos (PLmx,, 11 123), 

38 Cf, supra, Puan, IX 17 n, sobre la respiración y la función del espi- 
ráculo, 

4 Desde el 31 a, C.-— victoria de Accio frente a Marco Antonio— al 
14d. C. 

30 En la descripción de Campania, Plinio menciona todos estos luga- 
res costeros (cf, IT 60-61): el lago volcánico del Lucrino (hoy, Marice- 
llo), la colonia de Putéolos (Pozzuoli) y el puerto de Bayas (Baia), al NO 
del golfo de Nápoles. 


LIBRO IX 239 


valdría la pena”! referir esta anécdota si no hubiese sido re- 
cogida en los escritos de Mecenas” y de Fabiano * y de Fa- 
bio Alñio* y de muchos otros. En cualquier momento del 
día en que el niño lo llamaba, aunque estuviera oculto y es- 
condido, saltaba desde lo hondo y después de comer de su 
mano, le ofrecía su lomo para que se subiera, guardando las 
espinas de su aleta en una especie de vaina, y, así que lo co- 
gía, lo llevaba a Putéolos, a la escuela, a través del ancho 
mar, volviéndolo a traer del mismo modo durante. varios 
años hasta que, muerto el niño de pronto por una enferme- 
dad, merodeando una y otra vez por el lugar acostumbrado, 
triste y como abatido, él también murió de añoranza, cosa 
que nadie puso en duda. 


31 Plinio'se escuda en las autoridades para relatar estas anécdotas, que sólo 
por quien las cuenta le inspiran algún crédito —de ahí, la profusión de aucto- 
res citados, cinco en este capítulo, para avalar lo que parece increíble—, La 
relación, bien trabada, comienza por las historias de delfines más próximas a él 
espacialmente —¿o quizás el orden de presentación es el alfabético del lugar 
(Baia, Hippona, Tasus), como suele hacerse trabajando con fichas? —, sigue 
después por las historias griegas y concluye con el relato mítico de Arión, pre- 
sentado ironicamente — «si estas historias son verdaderas, también se puede 
creer en el mito..»-——, Cf, una actitud similar, en SoL., 12, 7-8; Penio EL Jo- 
VEN, Epist., X133 es más crédulo cuando habla del delfin de Hipona. 

% De ninguno de los tres autores se conserva obra alguna. De Mece- 
nas se conocen muchos datos. para reconstruir la biografía de quien fue, 
como político y sobre todo como intelectual, uno de los personajes de 
mayor influencia en época de Augusto, De sus. escritos quedan algunos 
fragmentos y citas como ésta (fr. 18 L). Cf, H. BarnoN, La Littérature 
Latine inconnue, París, 1952 y 1956, 13 ss. 

3 Papirio Fabiano, también de época de Augusto, escribió un tratado 
de Historia Natural y una obra de zoología (De animalibus) sólo conoci- 
da por referencias, Plinio lo cita como fuente en once de sus libros, lo que 
muestra que era uno de sus autores predilectos (cf. PLIN,, 11121 n.). 

M4 No hay datos seguros de su biografía, Barnon, 26 ss., considera 
dudosa su identificación con el pocta Alfto Flavo, también de la misma 
época fe. 35 a. C.). 


26 


27 


240 HISTORIA NATURAL 


A otro delfin —que en el curso de estos años en la costa 
africana de Hipona Diarruto* comía del mismo modo de la 


mano del hombre, se dejaba acariciar, jugaba con los bañistas 


y los llevaba encima— lo untó con un ungiiento Flaviano*, 


procónsul de África; embriagado, según se vio, por el extraño 
olor, flotando como muerto, se apartó durante algunos meses 
del trato de los hombres, como ahuyentado por el daño, y lue- 
go regresó volviendo a ser un prodigio. Los perjuicios causa- 
dos a sus huéspedes por parte de las autoridades que iban a 
verlo obligaron a los hiponenses a darle muerte”, 

Con anterioridad a esto, se recuerdan hechos similares 
de un niño en la ciudad de Jaso*: un delfín que se había 
distinguido desde hacía tiempo por quererlo, por el ansia de 
seguirlo cuando se dirigía a la costa, se vio arrastrado a la 
playa y murió. Al niño, Alejandro Magno lo nombró sumo 
sacerdote de Neptuno en Babilón*, interpretando que aquel 
amor era muestra de que la divinidad era propicia. 


35 Donde hoy se sitúa Bizerta, en Túnez, junto a un lago que comuni- 
ca con el Mediterráneo. PLIN,, Y 23, menciona la población de Hipona 
Dinuta, en la antigua provincia de Africa, señalando que el sobrenombre 
que le daban los griegos — Diarrito o Diarruto, según las distintas ade- 
cuaciones al latín de la y griega — se debía a sus canales de riego. 

36 El procónsul de Africa (c. 70 d. C.) es L. Tampio Flaviano. 

37 PLivIO EL Joven explica con más claridad el final de esta historia 
(Epist., X1:33, 10): al cabo de un tiempo, el delfín se recupera y vuelve al 
lago navegable de Hipona con su mismo comportamiento amigable, Los 
que ocupaban cargos públicos iban a Hipona a verlo y «con su llegada y 
estancia se consumía el menguado patrimonio público por los nuevos 
gastos. El lugar estaba perdiendo además su carácter tranquilo y retirado; 
y se decidió matarlo en secreto», Los perjuicios que menciona Plinio el 
Viejo debían de ser, pues, económicos. 

3 En Asia Menor, en Caria, concretamente al norte del golfo de Jasio 
(hoy Gúlliik Korfezi), cf Pim., V 107 n, 

5 Babilón —relativamente próxima a la actual ciudad de Bagdad—, 
en la Baja Mesopotamia, estaba atravesada por el Eufrates (PLIN., V 89- 


LIBRO IX 241 


En la misma ciudad de Jaso escribe Hegesidemo que 
también otro niño, de nombre Hermias, que cabalgaba de 
forma parecida por los mares, habiendo muerto por el oleaje 
de una tempestad repentina %, fue devuelto a tierra y que el 
delfín, sintiéndose causante de su muerte, no regresó a los 
mares y murió en tierra. Teofrasto*! refiere que esto mismo 
había ocutrido también en Naupacto*, Y no es el fin de los 
ejemplos: las mismas historias de niños y delfines* las cuen- 
tan los anfiloquios y los tarentinos%, Esto hace que se crea 
que también Arión*, el virtuoso de la citara, cuando los ma- 


90); era un nudo de comunicación, como se ve por las indicaciones de 
rutas y distancias que daban los historiadores de Alejandro, tomándola 
como punto de referencia (VI 109 n., 124). La importancia de la ciudad 
está documentada por PLiN., VI 121 ss., etc., que también habla de su de- 
cadencia progresiva hasta convertirse en un lugar despoblado, 

$ Er, VI 15 relata de manera diferente la historia de este delfín que 
se enamora del muchacho y lo mata sin querer. Probablemente lo toma de 
otra fuente distinta de Hegesidemo; pero este autor —citado aquí y en el 
indice general de este libro— sólo se conoce fragmentariamente. 

él Ya mencionado por Plinio en libros anteriores (cf. Praef., UI 57-58 
1). Teofrasto de Éreso (370-288 a. C.) fue considerado en la Antigúedad 
una de las mayores autoridades en Ciencias Naturales. Muy importante es 
su obra conservada Historia de las plantas, aunque, como continuador de 
Aristóteles, escribió también muchas otras sobre distintas materias. 

62 En el golfo de Corinto, cf. PLrm., IV 6; actualmente, Lepanto. 

6 Otros relatos en PLuT., Sobre la int. de los anim. 36, 984; SoL., 12, 
6 ss., y, especialmente, EL., IT 6, además del de PLinio EL JovEN, ibid. No 
son inverosímiles las noticias antiguas sobre el afecto de los delfines por 
un lugar concreto o hacia personas determinadas por las que se dejan 
montar o acariciar; muestras similares de su capacidad lúdica y su inteli- 
gencia están confirmadas hoy por estudios y comprobaciones científicas, 
Otra cosa es, sin duda, que luego tengan desarrollos literarios, 

De Anfiloquia (en el golfo de Ambracia, en la costa NO de Grecia, 
en el mar Jónico) y de Tarento (en el golfo de su mismo nombre, al $. de 
Italia), respectivamente. 

$5 A su regreso a Corinto, los marineros (o, en otras versiones, unos 
piratas) quisieron robarle las ganancias que había conseguido cantando 


28 


29 


242 HISTORIA NATURAL 


rineros estaban dispuestos a matarlo en el mar para robarle 

sus ganancias, consiguió que le permitieran antes cantar con 

la cítara y, arrojándose al mar en medio de los delfines que 

se habían congregado por su canto, fue recogido por uno de 
ellos y llevado a la costa del Ténaro 

En la provincia Narbonense y con- 

0) cretamente en el territorio de Nemau- 


En qué lugares 96 hay un estanque llamado Látera * 
pescan en comun 


con los hombres donde los delfines pescan en coopera- 
ción con el hombre. Un banco enorme 

de mújoles% en determinado momento irrumpe en el mar 
por las estrechas bocas del estanque, observando la bajada 
de la marea. Por esa causa no pueden tenderse las redes, ni 


por el sur de Italia y Sicilia, pero Apolo le prometió su ayuda: Arión -—o 
Arion, con transcripción menos usual aunque más correcta-—— se arroja al 
mar fiándose del dios y se salva montando en uno de los detfines —ani- 
mal predilecto de Apolo — congregados para oir su canto. Puede obser- 
varse que Plinio intenta reinterpretar el mito de forma realista, evitando, 
entre otras, las referencias a Apolo. 

$6 Hoy, cabo de Matapán, al sur del Peloponeso, Por las noticias de 
Primo (11 243 n., etc.) era un lugar estratégico para la navegación. 

$7 Nemauso es la actual Nimes, en la Galia Narbonense, la Provincia 
por antonomasia (La Provence); cf, Perm, 1131 n, y ss. 

$8 El término latino Latera corresponde actualmente al. estanque de 
Lattes, en el que ST-DenIs, com. ad loc. señala que todavía en su época 
se utilizaba la técnica descrita por Plinio para pescar mújoles cuando re- 
montaban los estuarios (pero sin delfines). F. HernánDez, com. ad loc., 
recoge también el comentario de G. RonbeLer, en su tratado sobre los 
peces (Lyon, 1558) a propósito de una forma similar de pesca de mújol 
en España, en Palamós. Otra fórmula, en el otro extremo del Mediterrá- 
neo, se describe en PLIx., IX 59, n., y EL., XIII 19, 

6% El mugil o mugilis «mújol», etimológicamente «el viscoso» (Ísipo- 
RO, Etim,, XII 6, 26, lo asocia erróneamente con agilis, «ágil»), era un 
pescado muy apreciado en la Antigijedad por su carne blanca y grasa. El 
término latino designa el mújol común y otras especies de Mugilidae 
(Sr.-Denis, 66; BaLrar, 112; LEITNER, 171), 


LIBRO 1X 243 


aguantarían tampoco esa cantidad de peso, incluso aunque 
la astucia de los peces no los hiciera estar al acecho del 
momento ””, Por esa misma razón, se dirigen de inmediato a 
una hondonada que se forma en una sima próxima y se 
apresuran a escapar del único lugar apto para desplegar las 
redes. Cuando los pescadores se dan cuenta de esto (pues 
acude una muchedumbre que conoce el momento exacto y 
que está más deseosa todavía de la diversión) y cuando todo 
el pueblo desde la costa grita, todo lo alto que puede, el 
nombre de «Chato» para el comienzo del espectáculo, los 
delfines escuchan enseguida estas peticiones si el soplo de 
los aquilones acompaña las voces y algo más tarde si el 
austro está de frente y las devuelve”!; pero también enton- 
ces de improviso llegan raudos en su ayuda. 

Rápidamente se forma el escuadrón de éstos, que se 
despliega de inmediato en el lugar que está previsto para la 
lucha. Se colocan frente a los mújoles desde la hondonada y 
los acucian, asustándolos, hacia los vados. Entonces los 
pescadores tienden las redes a su alrededor y las levantan 
con horcas. La velocidad de los mújoles los lleva con todo a 
saltarlas; pero los reciben los delfines y, conformes de mo- 
mento con matarlos, demoran el manjar hasta la victoria. 
Con su colaboración hierve la batalla: acuciándolos con más 
brío los delfines se complacen en meterse en las redes y, pa- 


70 La expresión insidiari tempori «estar al acecho de la ocasión» es 
muy corriente en Livio y en los historiadores para describir la estrategia 
del ejército, Con ella Plinio indica, con su habitual estilo excesivamente 
conciso, que la cantidad de mújoles es tal que aunque no salieran todos 
juntos instintivamente en el momento del descenso de la marea, las redes 
no podrían soportar su peso. 

7 El aquilón es viento del norte; el austro, del sur, un viento bajo, que 
sopla desde la parte más profunda del mar (Pim., II 128). Sobre el nom- 
bre de «Chato», dado a los delfines (en latín, Simo), cf., supra, IX 23. 


30 


33 


244 HISTORIA NATURAL 


ra que eso no provoque la fuga de los enemigos, se cuelan 

entre las naves y las redes o incluso entre los hombres que 

hay a nado, de forma lo suficientemente imperceptible 

como para no abrir brecha, Ningún delfín, si no se le po- 

nen por debajo las redes, intenta escapar de un salto, aun- 

que en otras circunstancias es lo que más les seduce. Nada 

más salir luchan delante de la empalizada. Y, así, una vez 

concluida la captura, se reparten los peces que mataron; 

pero conscientes de que su trabajo fue de más envergadura 

que para merecer el premio de un solo día, aguardan al día 

siguiente y se hartan no sólo de peces sino también de pan 

migado en vino. 

Lo que cuenta Muciano” sobre la 

(10) misma fórmula de pescar en el golfo de 

Otros prodigios Jaso” difiere de ésta en que los del- 

concernientes a ellos . . 

fines vienen raudos sin que los llamen, 

reciben su parte de las manos de los 

pescadores y cada barca tiene su correspondiente socio entre 
los delfines, por más que sea de noche y a la luz de las teas. 

Entre ellos existe también una organización social, Cuan- 

do el rey de Caria había capturado y amarrado a un delfín, 


72 Muciano fue coetáneo de Plinio y, como él, escritor y colaborador 
de Vespasiano, con el que alcanzó el consulado. Plinio toma de Muciano 
algunas noticias pintorescas (11 230 n., V 128, VII 36, 159; VIII 215): 
Muciano había escrito unos Mirabilia, También lo sigue en datos objeti- 
vos, procedentes quizás de la obra geográfica de Muciano, también per- 
dida. Plinio debía de sospechar su tendencia a exagerar (las cifras de Mu- 
ciano son las más abultadas en PLmw,, IV 67, V 50, 132) y, por eso, ante 
datos poco 'verosímiles, insiste en que Muciano había sido testigo presen- 
cial de los hechos, como en V 83, VII 36, VII 201, e implícitamente en 
este pasaje, ya que era bien conocido que, en época de Claudio, Muciano 
se había autoexiliado en Asia Menor, en cuyo golfo de Jasio, en Caria, 
transcurre esta historia inverosímil. 

B Pu. 1X 27m, 


LIBRO IX 245 


se congregaron en el puerto los restantes, en gran número, 
con una tristeza que podía percibirse, implorando el perdón 
hasta que el rey dio orden de soltarlo. Es más, incluso siem- 
pre uno más grande acompaña como un escolta a los peque- 
ños y ya se les ha visto llevando a uno muerto para evitar 
que fuera despedazado por las bestias”*. 

Tienen parecido a los delfines los 
llamados tirsiones”?. Se distinguen des- 
de luego por la tristeza de su aspecto, 
pues carecen de esa vitalidad suya, y 
sobre todo se parecen en el hocico a 
los terribles perros de mar”, 


91D 
Los tirsiones 


10 (12-13) El mar Índico produce unas tortu- 
Las tortugas, gas de tal tamaño que con la concha 
Cuáles son las 

¿leves de toria de una sola hacen la techumbre de una 
y de qué modo choza habitable y navegan en ellas 
SECOpiUrdn utilizándolas como barcas, principal- 


mente entre las islas del mar Rojo”. 


7 Se considera que la fuente es Arzsr,, HA, IX 48, 631a, que relata en el 
mismo orden la liberación del delfín y el cuidado de los hijos y de los 
muertos. Pero algunos datos distancian los dos textos: La afirmación de 
que los delfines forman una publica societas no aparece en Aristóteles — 
podría ser una conclusión personal de Plinio—. En el texto de 
Aristóteles quien libera al delfín es un pescador, sin que aparezca el rey 
de Caria —tampoco aparece en Ex., V 6—, dato más significativo ya 
que no hay razón para que Plinio alterase ese detalle secundario. Como a 
Caria se refiere la historia anterior del delfin de Jaso, en la que cita 
explícitamente a Muciano, cabe pensar que Plinio haya tomado también 
estos datos de Muciano y que Aristóteles sea aquí una fuente indirecta. 

73 No identificados: el nombre designa en otros autores un tipo de es- 
cualo, o una ración de carne del pez, Se ha propuesto también el gran del- 
fín (Sr.-Demus, 114; BALTAR, 314-315; Lerrurr, 236). 

76 Escualos designados aquí por caniculae, cf. Pia, IX 110 n. 

77 El mar Rojo incluía, además del que hoy se llama así, el golfo Pér- 
sico; ambos pertenecen al Índico. En la costa oriental del golfo, en Car- 


35 


36 


246 HISTORIA NATURAL 


Se capturan sin duda de muchas maneras, pero, en espe- 
cial, cuando suben a la superficie del agua en ese tiempo 
apacible de antes del mediodía, flotando por las aguas tran- 
quilas con su dorso entero prominente. Este deseo de respi- 
rar con libertad traiciona a las tortugas, que se olvidan de sí 
mismas hasta el punto de que, cuando su concha se seca por 
la evaporación del sol, no pueden sumergirse y siguen flo- 
tando sin querer, siendo una presa ideal para los cazadores. 
Dicen también que éstas, por salir a pastar de noche y har- 
tarse con avidez, quedan cansadas y, cuando regresan por la 
mañana, se duermen en la superficie del agua; que eso se 
advierte por el ruido de sus ronquidos y que entonces se 
echan a nadar, despacio y (callando), tres hombres por cada 
una”, Añaden que entre dos las vuelven de espaldas y, 
cuando están boca arriba, el tercero les echa el lazo; y que 
así las pueden arrastrar con la ayuda de otros desde tierra. 
En el mar de Fenicia se capturan sin dificultad alguna: lle- 
gan espontáneamente en una época determinada del año al 
río Eléutero”? en masas diseminadas. 


mania, al N del estrecho de Ormuz, vivían los quelonófagos, que se ali- 
mentaban de tortugas, cubrian las cabañas con sus caparazones y tapaban 
sus cuerpos velludos con pieles de peces (PLxm., VI 109). En este pasaje, 
costumbres parecidas (entre ellas, el uso de los caparazones como barcas) 
se atribuyen sobre todo a las islas, La fuente probablemente es la misma 
del texto paralelo anterior (VI 109), o sea, los escritores Onesícrito y Near- 
co, Relatos similares aparecen en otros autores —EL., XIV 16 (PLm., VI 
91) sobre los techos de carey en la isla de Tapróbane —-, 

78 Tum adnatare leniterque singulis ternos. Así aparece en los mss., 
de forma que se advierte la falta de un término, unido con leniter por la 
enclítica -que; lógicamente debería ser otro adverbio: Mayhoff conjetura 
tacite (i.e.: tacite leniterque, lectura aquí seguida). Otros editores supri- 
men -que (RAckHaM) o se limitan a señalar una laguna del texto (ST.- 
Denis). 

72 En Fenicia, es el actual Nahr el-Kebir, cf. PLm., V 78 n. 


LIBRO IX 247 


Las tortugas no tienen dientes, pero los bordes de su ho- 
cico son afilados, encajando la parte superior con la inferior 
como una caja. En el mar se alimentan de conchiles% —es 
tal la dureza de su boca que desmenuzan las piedras— y, 
cuando salen a tierra, de hierbas. Ponen huevos parecidos a 
los de las aves, hasta un centenar, los entierran fuera del 
agua, cubiertos de tierra apelmazada y allanada con su 
vientre y los incuban por las noches. Las crías salen al cabo 
de un año. Algunos creen que empollan los huevos con los 
ojos, por el hecho de mirarlos, y que las hembras evitan el 
coito hasta que el macho les pone una especie de varita por 
detrás*!, 

Los trogloditasó? tienen unas tortugas cornudas, de an- 
chos cuernos, unidos como los de la lira, sólo que movibles, 


$0 El término conchylium designa, en sentido general, el conjunto del 
marisco pequeño —especialmente conchas diversas; así lo hemos tradu- 
cido, por ejemplo, en PLa., II 109 —. Pero en una acepción más concre- 
ta, se especializa para designar un tipo de caracol que se empleaba para 
obtener el color rojo, del que después hablará por extenso PLiN., IX 125- 
140.. Como el río Eléutero, mencionado en el pasaje inmediato, se en- 
cuentra en la zona de Tiro y Sidón, famosas en la Antigiiedad por la 
abundancia de estos caracoles y la consiguiente industria de la púrpura, 
hemos optado por entender el término en su acepción más concreta de 
conchil. 

8l La misma noticia sobre la dureza de la boca de las tortugas, su ali- 
mentación y sus dificultades para volver a sumergirse en el agua, cuando 
emergen a la superficie, en Arisr., HA VIM 2, 590b. También Er.., XV 19 
relata la resistencia de la hembra al coito y las diferentes formas de inci- 
tación que utiliza el macho, 

82 La Troglodítica, al sur de Egipto, junto a la costa del Mar Rojo, fue 
un enclave importante en las rutas de caravanas al este — Arabia e In- 
día--, centro de exportación de lugares meridionales — Etiopía —— y pro- 
ductor de bienes de gran valor (PLiw., VI 169-177: marfil, carey, esfin- 
gios, esclavos, etc.). También fue un punto geográfico extremo de interés 
científico por su latitud S, en el que se realizaron diversas investigaciones 
sobre las posiciones de los astros y la configuración de la Tierra (Pues, II 


kl 


38 


248 HISTORIA NATURAL 


de los que se sirven para nadar como de remos. Se denomi- 
na quelio* la concha de esta tortuga extraordinaria, aunque 
rara, Efectivamente, las rocas escarpadas** ahuyentan a los 
quelonófagos* mientras que los trogloditas, hacia los que 
llegan a nado, las adoran como si fueran sagradas. Las hay 
también de tierra —que por esa razón en las aplicaciones 
reciben el nombre de quersinas*“— en los desiertos de Áfri- 
ca, zona en la que son muy ásperas por las arenas secas, vi- 
viendo, según se cree, de la humedad del rocío. Ningún otro 
animal resiste allí. 


178 n., etc.). Y, como punto remoto, también fue un lugar donde las 
fuentes antiguas (como el rey Juba— situaron pueblos exóticos y anima- 
les extraños, noticias, a veces exageradas, que ya entonces tenían interés : 
literario (¿b., V 45), 

8% Los cuernos, como anota ST.-DenIs, ed., ad loc., son simplemente 
las patas anteriores de esta tortuga, identificada con la Chelium imbrica- 
ta, de concha de gran belleza, El término empleado, chelium, es trans- 
cripción del griego —formado a partir de chehus «tortuga» —; es una 
lectura dudosa, pero se acepta porque aparece antes en Plinio con el 
mismo valor (VI 173). Respecto al símil con la lira, debe recordarse que 
se consideraba que la primitiva-lira se había hecho tensando cuerdas en el 
caparazón de una tortuga. 

$ Se refiere a los archipiélagos rocosos en donde viven las tortugas 
(PLrs., VI 172). 0 

85 Los quelonófagos «comedores de tortugas» se sitúan en la costa oriental 
del golfo Pérsico (cf supra PLm., IX 35 n.), los trogloditas — ofiófagos 
«comedores de serpientes» e ictiófagos: VI 69 y 176— en la costa occi- 
dental del Mar Rojo. Los dos pueblos geográficamente estaban uno frente 
al otro; pero a gran distancia. Quizás la idea de cercanía que se desprende 
del texto está favorecida por el nombre único de Mar Rojo, que, como se 
ha dicho, se daba conjuntamente a ambos. 

36 Transcripción del griego chérsinos (formación adjetival de chérsos 
«tierra»; en particular, «tierra seca e inculta»): «tortuga de tierra». Sobre 
las aplicaciones en la artesanía, cf. infra. 


LIBRO IX 249 


11:13) Carvilio Polión fue el que comen- 39 
Quién fue el primero  zóÓ a cortar en láminas las conchas de 


que decidió > 
pata las tortugas y a forrar con ellas los le 


el caparazón de las Chos y las bandejas, algo propio de 
JOpIuBaS una inteligencia pródiga y perspicaz 
para los artículos de lujo*”, 
Los recubrimientos de los animales 40 
1214) acuáticos son varios. Unos están recu- 
Clasificación Ñ 7 
de los animales biertos de piel y pelo como las focas y 
acuáticos los hipopótamos, otros sólo de piel co- 
por especies 
mo los delfines, de un caparazón como 
las tortugas, de una materia con la dureza de la piedra, como las 
ostras y las conchas, de una cáscara? como las langostas, de 
cáscara y púas como los erizos, de escamas como los peces, 
de piel áspera, como el angelote*? con el que se pule la made- 


87 Plinio apunta con concisión e ironía que Carvilio Polién (s. 1 a. C.) 
malgastó su inteligencia —pues era hombre prodigí et sagacis... ingenii— 
inventando lujos inútiles. Su juicio sobre Carvilio, aquí veladamente peyo- 
rativo, es de clara condena en XXXII 143-144, donde atribuye a este caba- 
llero romano el haber aplicado plata al mobiliario y a las bandejas, «excesos 
que expió la guerra de Sila». El uso de las placas de concha de tortuga se 
encuentra en distintas culturas; llega a Roma importado al parecer de Egipto. 

88 Intento de clasificación de los animales acuáticos por sus revesti- 
mientos, Aunque obedece a asociación de ideas (acaba de hablar de la con- 
cha de la tortuga) y no a un plan deliberado (no basa en esta clasificación 
las descripciones siguientes de los peces), sin embargo el autor se obliga a 
una precisión en la terminología de los recubrimientos. En lo sucesivo utili- 
zará casi exclusivamente crusta para la cáscara o caparazón poco denso de 
los crustáceos (alternando con calyx para el recubrimiento del erizo, 1X 
100, y los caracoles, TX 174). Para la concha de la tortuga usa cortex, y pu- 
tamen, con cierto predominio de cortex, mientras la falta de un término pre- 
ciso para designar la valva de ostras y conchas, le lleva a utilizar diferentes 
términos (cf. IX 102 n.). 

89 Sguatina se identifica con la Sguatina squatina L. y algunas espe- 
cies análogas (ST.-Denis, 108-109) (BaLTar, 169; Lerrner, 211): es el 
angelote, que, por estar cubierto de escamas pequeñas y duras, podía ser 
utilizado en estos empleos industriales, 


41 


250 HISTORIA NATURAL 


ra y el marfil, de piel suave, como las morenas” y, además, 
otros sin ninguna, como los pulpos, 

13.15) Los que están revestidos de pelo 

Los becerros paren”, como el pez sierra”, la ba- 


marinos o focas, z y , 
al icon llena y la foca. Esta pare en tierra fir 


de pelo y de qué me y expulsa las secundinas como el 
modo paren ganado. Durante el coito se queda en- 
lazada del mismo modo que los perros. Pare a veces más de 


% El término mur(ajena, transcripción del griego múraina, designa la 
morena, Muraena helena L., especie muy apreciada por los antiguos, abun- 
dante en el Mediterráneo (el ictiónimo perdura en casi todas las lenguas ro- 
mances). También designa la lamprea (del latín tardío lampraeda), especie 
afín que se distingue formalmente de la anterior por siete aberturas a los la- 
dos de la cabeza. Plinio alude explicitamente a las lampreas de la Galia 
Septentrional (o sea, del Atlántico, donde hoy tienen su habitat) mencionan- 
do sus motas en la cabeza en IX 76. En otros pasajes es dudosa cuál es la 
especie aludida (Sr.-Denis, 69-71; BaLrar, 114; Lerrser, 172). La piel 
suave y escurridiza, aquí mencionada, es común a ambas, 

2 AyusT,, HA 1 5, 489a señala que entre los viviparos figura el hom- 
bre, el caballo, la foca y los que tienen pelo, y, entre los acuáticos, los 
cetáceos, como el delfín, y los selacios —- grupo al que pertenece la pris- 
tis o pez sierra—. Plinio introduce variantes y algunos errores, que, en 
parte, se explican si se piensa en un texto intermedio —-del propio Plinio 
o de otro— en el que se habían excluido del texto de Aristóteles los seres 
que no eran acuáticos, Después se deslizó otro error y, así, en lugar de 
«los que están revestidos dé pelo paren, como también pare el pez sierra, 
la ballena y la foca», una redacción apresurada conduce quizás al texto 
que hoy tenemos, en el que se atribuye pelo a la ballena: es dificil creer 
que Plinio creyera tal cosa aunque la repite en IX 43— y que no hu- 
biera mencionado un detalle tan insólito antes, en los caps. 5 y 6, 14, 

2 El pez sierra se designa en latín con el término pristis y serra (cf. 
supra, IX 8). Algunos datos erróneos, como el considerarlo viviparo, 
cuando en realidad es ovoviviparo, y recubierto de pelo (unque esto pue- 
da obedecer, como en las ballenas, no a un error de concepto sino de re- 
dacción, cf. n. anterior) así como el silencio sobre su hocico prominente 
en forma de sierra (ya notado por HERNÁNDEZ, com. ad loc.), hace pensar 
que se trataba de un pez apenas identificado por los antiguos. 


LIBRO IX 251 


dos crías y las alimenta con sus ubres. No las lleva al mar 
antes de doce días, acostumbrándolas poco a poco a partir 
de entonces. Son difíciles de matar, salvo a golpes en la ca- 
beza. Su forma de rugir es un mugido —-de ahí su nombre 
de becerros” —, no obstante, entienden lo que se les enseña 
al mismo tiempo que las palabras; saludan al pueblo cuando 
se les ordena y al llamarlas por su nombre responden con un 
rugido salvaje. 

Ningún otro animal es presa de un sueño más profundo. 
Con las aletas que utilizan en el mar, reptan también por la 
tierra, haciendo las veces de los pies. Dicen que sus pieles, 
incluso después de arrancadas del cuerpo, conservan el sen- 
tido de las aguas y que están siempre erizadas cuando baja 
la marea; que, además, la aleta derecha posee propiedades 
somniferas y hace conciliar el sueño colocándola bajo la ca- 
beza”, 

14 De los animales que carecen de pelo, solamente pa- 
ren dos, el delfín y la víbora. 


% El nombre latino del animal es vítulus «becerro» o bien, en otros 
textos, bos — un nombre, según Plinio, motivado por su forma de mugir, 
similar a la del becerro de tierra—. Sobre el nombre griego, phóke, cf., 
supra, n, 42, Ya Axisr., HA VI 12, 156 se habia ocupado de la foca, pero 
Plinio introduce detalles de su docilidad, como la mención del saludo, 
que muestra que era para los romanos un animal de exhibición. 

2 La piel de foca poseía propiedades mágicas. Se consideraba, por 
ejemplo, que protegía frente a los rayos (PLiw., II 146) y preservaba las 
cosechas de los daños del granizo (PaLanto, 135, 14-15). La capacidad 
inductora del sueño que conservaba la aleta, derivaría del sueño pesado 
que se atribuía al animal vivo —una especie de efecto de magia a distan- 
cia —. PLIN., XXXIT 57, 83, 110..., documenta el uso medicinal de su 
grasa. 


4 


43 


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252 HISTORIA NATURAL 


Hay setenta y cuatro especies de 


(16) : 
ibi clas peces, aparte de los crustáceos, que 
de peces hay son treinta, De cada uno de ellos ha- 


blaremos en otra parte, pues ahora se 
tratarán las características de los más destacados. 

Los atunes son los de mayor tama- 
ne ño%, Hemos encontrado uno que llegó a 
los más grandes pesar quince talentos y el ancho de su 

cola era de dos codos y un palmo*, 
También en algunos ríos se hallan otros peces que no son 
más pequeños”: el siluro” del Nilo, el ísoce” del Rin y el 
átilo"% del Po, que a veces llega a engordar por su poca acti- 


25 Nuevamente se impone el criterio del tamaño en la descripción de 
los peces: éstos vienen detrás de las bestias marinas, pero empezando 
también por las especies más grandes. 

% El atún (Thynnus thynnus L.) fue desde la Antigiiedad una de las bases 
de la alimentación. Las medidas que da Plinio son quince talentos de peso 
(= 393 Kg.) y dos codos mas un palmo (= 88,2 + 7,3 em.) de anchura de la co- 
la. El mismo peso y casi iguales dimensiones de punta a punta de la cola, 99, 2 
em., en ArisT., HA VII 30, 607b, del que procede esta información, Aunque 
Plinio dice invenimus «hemos encontrado» se entiende que halló el dato en sus 
lecturas de Aristóteles, De acuerdo con el pasaje de éste, tales dimensiones 
aparecen en ejemplares viejos, de peor aprovechamiento, 

27 La descripción de los atunes, recién iniciada, se interrumpe con los 
relatos de los peces fluviales, por razón de su tamaño. 

2% Con el nombre de silurus —«pez que mueve la cola», según Aténeo, 
287b—, se designan diferentes especies (BaLTar, 162-163). Del siluro del 
Nilo casi nada se sabe, salvo que era muy apreciado; dado que se trata de un 
pez del Nilo, se excluye que sea el esturión o el Silurus glanis (St.-Denus, 105; 
Lerruer, 222). Los editores KóniG-WINKLER, com, ad loc, proponen el llama- 
do pez gato —Malapterurus electricus —, un siluriforme que todavía se en- 
cuentra alli. 

% No identificado (TrHomrson, 95; Sr,-Dents, 37). Juzgando por 
otros textos se ha considerado que pudiera ser el salmón (BALTAR, 79), 

100 Se ha pensado en el Acipenser huso L., o esturión gigante, del que 
se sabe que puede superar el peso indicado por Plinio (327,5 Kg) y que re- 


LIBRO IX 253 


vidad hasta las mil libras y que, después de haber sido pesca- 
do con un anzuelo atado a una cadena, sólo pudo sacarse con 
yuntas de bueyes. Pero a éste, un pez muy pequeño llamado 
clúpea*, lanzándosele con un ansia pasmosa a una vena de 
sus fauces, lo mata de un mordisco. El siluro!%, esté donde 
esté, anda rondando al acecho porque le gusta cualquier clase 
de animales, habiendo hundido a menudo caballos a nado. Se 
captura principalmente en el río Meno de Germania'% con 
ayuda de tiros de bueyes y en el Danubio con arpones, siendo 
muy parecido a la marsopa. También en el Borístenes!% se 
menciona otro pez muy grande sin ningún tipo de huesos o de 
espinas intercaladas y de carne muy suave. En el Ganges de la 
India llaman platanistas*% a unos que tienen hocico y cola de 


monta el Po, Su nombre, según Sr.-Den:rs, 12, es de origen dialectal, con- 
servándose en el veneciano adaro. No obstante, la identificación es du- 
dosa, dado que se basa sólo en este texto de Plinio. 

10! Seria el Petromyzon branchialis L., o lampreílla de río, que entonces 
se hallaría todavía en Italia (Sr,-Denus, 24; Lerrner, 90). Las dificultades de 
esta identificación proceden de que clupea sólo está atestiguado en este pa- 
saje de Plinio y, aunque éste puede haber utilizado para el mismo animal, en 
dos fases de su desarrollo, los dos nombres de murena y clupea — éste qui- 
zás alude a los escudos o marcas laterales de la cabeza—, no deja de ser 
llamativo que nunca haya relacionado uno con otro, 

10 Seguramente el Silurus glanis L., que alcanza grandes dimensio- 
nes, es de gran voracidad y se localiza, entre otros, en estos lugares del 
centro y este de Europa, Véase nota a IX 58.. 

103 El actual río Main. Este siluro se parece, según el texto, a un por- 
culus marinus: «cerdo o lechón marino» que suele identificarse (Sr.- 
Denis, 90; Lerreer, 185) con la marsopa, llamada en varias lenguas con 
nombres metafóricos que hacen referencia a su parecido con el cerdo. 

10 El río es el actual Dnieper (IV 78, 82 etc.). El pez en cuestión, 
aunque Plinio no lo menciona, es por su habitat el esturión (Sr.-Denus, 
111; BaLrar, 162). 

105 Esta serie de relatos desemboca en los peces exóticos de la India, 
en el limite con lo fantástico; de hecho, los califica de maravillosos. Sin 
embargo, es correcta la descripción de los platanistas, delfines ciegos, de 


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254 HISTORIA NATURAL 


delfín y, además, un tamaño de dieciséis codos. En el mismo 
río refiere Estacio Seboso'% que hay unos gusanos igual- 
mente maravillosos, con dos branquias y seis codos, azulados, 
que reciben el nombre por la forma que tienen. Éstos poseen 
tal fuerza que a los elefantes que llegan a beber, agarrándoles 


la trompa de un mordisco, los llevan a rastras *”., 
Los atunes machos no tienen aleta 
(18) 
Las cordilas, bajo el vientre*%, Entran en bancos 


las «pelámides», : 
e añines desde el mar abierto hasta el Ponto en 


Su salazón por partes. la estación de primavera y no desovan 
«Apolectos» y «cibios» en ningún otro lugar. Se da el nombre 


pico largo que viven en la desembocadura del Ganges (Le1TNER, 204); el 
único dato inadecuado es la longitud excesiva que les atribuye (el codo = 
0, 44 cm.), dado que no llegan a los 3 m, 

10 La cita de Seboso responde al deseo de Plinio de no spontabill 
zarse del relato que reproduce, señalando su procedencia (cf. también 
Prrn., EX 33, etc.). De Seboso, cuya obra se ha perdido, se sabe que vivió 
en el s. 1d, C,, con seguridad antes de Nerón, pues Pzm., VI 183 afirma 
que durante su reinado se hicieron comprobaciones de distancias, con- 
trastando datos de este autor, También por P1imiO (ib., y VÍ 201-202) se 
sabe que escribió sobre lugares remotos (Asia y África). BARDON, 144, 
supone que fue un compilador, sobre todo de Juba, y que sólo tenía un 
conocimiento libresco de los lugares que describía intentando impresio- 
nar al lector, 

107 Los grandes reptiles del Ganges constituyen la base real sobre la 
que se forjaron estas exageraciones — gusanos gigantes o peces con for- 
ma de gusano de unos 2, 5 m., que no han podido identificarse con nin- 
guna especie—. Eliano (V 3) habla del gusano gigante del Indo, de 7 co- 
dos, que también agarra a sus víctimas cuando se acercan a beber, las 
arrastra y las engulle, Añade que sólo. se aprovecha de él su grasa, que 
arde sola y es un arma poderosa, 

106 El amplio repertorio de nombres de túnidos — y él de sus prepata- 
ciones culinarias— refleja su importancia económica, Muchos de ellos 
son préstamos griegos, que aparecen en ArtsT., HA V 9, 543a, del que 
Plinio toma también la apreciación errónea de la falta de aleta que distin- 
gue a los machos. 


LIBRO EX 255 


de cordilas a las crías que acompañan a las recién paridas 
cuando regresan al mar en otoño; empiezan a ser llamadas 
«limosas» en primavera o también pelámides, por el lodo*”, 
y, cuando pasan del año, atunes, 

Éstos se parten en trozos, siendo recomendables los del 
cogote, ventresca y gaznate, con tal de que estén frescos, 
pero aún así producen fuertes eructos. Las demás partes, de 
carne mollar, se conservan en sal, Se llaman melandrias las 
parecidas a las rajas del roble''", Las peores son las más 
cercanas a la cola porque carecen de grasa y, las más apre- 
ciadas, las más próximas a las fauces. En cambio, en otras 
clases de pescado, las más codiciadas son las de cerca de la 
cola. Las pelámides se parten en rodajas selectas!!! y tam- 
bién, cortándolas más troceadas, en tacos. 


Toda esta clase de peces crece con 
a) notable rapidez, especialmente en el 

Los bonitos, Ml ' 
los escombros Ponto. La causa es la cantidad de ríos 


112 


que le aportan agua dulce''*”. Dan el 


109 Según ArisT., HA V117, 571a, las crías se llaman skordyla por su 
rápido crecimiento, pasando a ser pélamijdes cuando ya tienen un año, 
Pero Plinio asocia pelamydes con pélós, en griego «barro»; por eso, lo 
traduce al latín por limosae (limus, «barro»). 

110 Obviamente se consumían frescas las partes cercanas a la cabeza, 
como las de la nuca (cervix) y garganta (clidium), y también las próximas 
a las vísceras (abdomen); en definitiva, el atún abierto, que se pudre an- 
tes, mientras el cerrado se dejaba para salazón. El término griego melán- 
drya, compuesto de mélan «negro» y drfon «roble», alude al corazón del 
roble, más oscuro que el resto del tronco; ya en griego se aplicaba meta- 
fóricamente al atún por la semejanza con su carne, que es más oscura en 
las zonas próximas a la espina. 

!! Del gr. apólektos «escogido». Cybium, literalmente se refiere a las 
piezas cortadas en forma cúbica, lo que nosotros llamamos «tacos», 

1 Sobre el crecimiento rápido de los animales del Ponto cf. ArIsT., 
HA VI 17, 571a; Plinio añade como causa el contenido de agua dulce, 
también mencionado brevemente por ARISTÓTELES, en un libro posterior 
(HA, VUT 13, 598; 19, 601b). La yuxtaposición de informaciones distan- 


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50 


256 HISTORIA NATURAL 


nombre de amia*'? al animal cuyo crecimiento se percibe día 


a día. Éstos y las pelámides entran en el Ponto junto con los 
atunes en busca de alimentos más dulces, en bancos, cada uno 
con su jefe respectivo; los primeros de todos son las caba- 
llas 13, que tienen un color azufrado dentro del agua, pero fue- 
ra, el mismo que los demás. Éstas llenan las cetarias de His- 
pania sin que las acompañen los atunes, 
20) Ahora bien, en el Ponto no entra 
Qué peces no hay ningún animal hostil a estos peces ex- 


en el Ponto, a 

ialeneniran cepto focas y delfines pequeños. Los 
por un sitio y atunes entran por la orilla derecha y 
salen por otro salen por la izquierda, Se estima que 


esto ocurre porque ven mejor por el ojo derecho?*”, aunque 


ambos carecen de agudeza natural. Hay en el estrecho del 
Bósforo Tracio, donde la Propóntide se une al Ponto ?**, pre- 


tes de Aristóteles invita a creer que Plinio había ordenado temáticamente el 
texto, quizás en una ficha sobre la fauna del Ponto, muy completa, pues en 
ella se reunían noticias dispersas de su fuente. En todo caso, su lectura de 
Aristóteles pasa por ún filtro o texto intermedio, propio o ajeno. 

113 La llamada en griego amía se identifica (BaLTar, 13; Lerrner, 
16) con el bonito (Sarda sarda, Bloch). 

114 También en castellano tienen el nombre de escombro, derivado del 
latín scomber y éste del griego skómbros. Para la identificación del ictió- 
nimo con la caballa (Scomber scomber L.; Sr.-Drnxs, 102) fue muy im- 
portante el dato adicional del cambio de color, al que sólo alude Plinio; 
Su referencia a la escasez de atunes en Hispania es errónea; pero, en 
cambio, son correctas las observaciones de los antiguos sobre la direc- 
ción de las migraciones y su penetración en el Ponto por la costa de Bi- 
zancio, debido a los escollos del fondo. 

15 Creencia muy extendida en la Antigiledad. ELrano (IX 42) cita la 
frase de Esquilo: mirando recelosamente con el ojo izquierdo a la mane- 
ra del atún, Posiblemente era una falsa inferencia derivada de la observa- 
ción real de la dirección que seguían al entrar y salir del Ponto. Arrsr., 
HA VI 13, 598b recoge la misma creencia, aunque sin avalarla. 

316 La Propóntide es el actual Mar de Mármara, que por el estrecho 
del Bósforo se comunica con el Ponto (el Mar Negro). Sobre estas zonas, 


LIBRO IX 257 


cisamente en la angostura del brazo que separa Europa y 


Asia, una roca de una blancura extraordinaria que desde el 


fondo resplandece hasta la superfície, junto a Calcedón!”, 


en la orilla de Asia, Aterrorizados ante la repentina apari- 
ción de ésta marchan en columna encauzándose siempre ha- 
cia el cabo de Bizancio, que, por esta razón, se llama el 
Cuerno de Oro, De esta suerte, todas las capturas son de Bi- 
zancio y hay gran escasez en Calcedón, aun siendo de mil 
pasos el estrecho que hay entremedias!!$, Aguardan, pues, el 
soplo del aquilón para salir a favor de la corriente desde 
el Ponto!'? y no se pueden pescar salvo cuando entran en el 
puerto de Bizancio. En invierno no se desplazan; allí donde 
quiera que los sorprenda, invernan hasta el equinoccio. Y 
éstos mismos pueden verse desde los gobernalles acompa- 
ñando a los barcos de vela durante el curso de algunas horas 


cf. PLin,, IV 75 ss. A una y otra orilla del estrecho se encontraban las 
ciudades de Calcedón y Bizancio, las actuales Kadikóy y Estambul, res- 
pectivamente, 

117 Calcedón había sido un enclave importante (PLmw., V 150, etc.). 
Plinio destaca la escasez de sus riquezas naturales con respecto a Bizan- 
cio, la ciudad que la había desplazado; añade (V 149) que por su mal em- 
plazamiento también se llamaba Ciudad de los Ciegos, «porque — sus 
habitantes— no habrian sabido elegir el lugar»: Plinio no relaciona la 
etimología popular con la supuesta visión deficiente y monolateral de los 
atunes, aunque ambas creencias puedan tener la misma base, 

18 Tmprecisión en las medidas: la distancia aquí mencionada (1.472 
m.) no es la misma que la señalada en PLms., IV 76 y V 150, donde indica 
que la anchura del Bósforo Tracio —ya cruzado por el rey Darío con un 
puente— era sólo de 500 pies (= 147,2 m.). Tampoco €s coincidente con 
la distancia entre Bizancio y Calcedón, que, según Prrw., V 149, era de 
siete estadios (= 1.288 m o 1.236 m, si se hace la equivalencia con el pie 
griego). 

119 PLmm,, 11 219, señala esta corriente permanente del Ponto hacia el 
mar de Mármara: la corriente profunda, opuesta, no fue conocida por los 
antiguos (cf, nota a 11 219 en el vol. 206 de esta misma colección). 


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258 HISTORIA NATURAL 


y algunas millas con una tranquilidad pasmosa, sin que ni 
siquiera se asusten cuando se les lanza una y otra vez el ar- 
pón. Algunos llaman pómpilos!'” a los atunes que hacen 
esto, 

Hay muchos que pasan el verano en la Propóntide y no 
entran al Ponto; así, los lenguados*?”, aunque entran los ro- 
daballos, y tampoco hay sepia, a pesar de que se encuentra 
el calamar. De los saxátiles faltan el tordo y el merlo!'” así 
como las distintas clases de conchas, mientras que abundan 
las ostras, Pero todos ellos inveman en el Egeo. De los que 
entran en el Ponto los únicos que no salen son los triquias 


1% Pompilus es un nombre transcrito del griego con el sentido de 
«acompañante». Se da a un pez similar al atún por su costumbre de seguir 
o incluso de guiar las naves hasta que se aproximan a tierra: el pez piloto 
(Scomber ductor 1,.). Pero Plinio recuerda que también se daba este nom- 
bre al atún que guía a los demás (Sr,-Denrs, 89; Lerruer, 179). Cf. PLix., 
IX 88 donde cita otra equivalencia incorrecta con el náutilo, 

11 En Jatín, solea, así llamado por su parecido con el calzado; el ro- 
daballo es el rhombus, del griego rhómbos, por su figura rómbica. Se 
identifican respectivamente con el Solea solea L. y el Scophthalmus ma- 
ximus L, Pero también pueden aplicarse como genéricos de peces aplas- 
tados. Las variantes locales en el nombre de los peces planos son, todavía 
hoy, llamativas: de solea deriva el nombre del lenguado en francés (sole) 
e italiano (sogliola); también, el portugués solha y el gallego solla, y de 
éste, el castellano solla, pero en este ámbito designa un pez distinto del 
lenguado, similar a la platija. 

12 Pertenecen a los labridae. El lat. turdus se aplica al pájaro y, por 
metáfora, al pez del mismo nombre. Corresponde al Labrus turdus L. y a 
otros labros, pues COLUMELA (VIII, 17, 8) advierte que hay varias clases 
de tordos; el castellano tordo, que deriva obviamente del latín, también 
es, como ictiónimo, nombre de diversos pescados. Merula designa asi- 
mismo el pájaro mirlo y el pez merlo (el Labrus merula L. o algún tipo de 
labro). Como ya anotaba HERNÁNDEZ, com. ad loc., tordos y merlos son 
designaciones amplias y confusas en castellano, 

13 Transcripción del gr. trichías que designa una clase de peces de 
espinas finas como el cabello —fhríx—, Sin embargo, esta etimología 
transparente no permite saber hoy a qué peces se refiere: una clase de 


LIBRO IX 259 


(pues será correcto utilizar los nombres griegos en la mayor 
parte de los casos, dado que cada zona da un nombre dife- 
rente a los mismos peces*”*), pero éstas son las únicas que 
remontan el río Histro y desde él, por las venas subterráneas 
del río, llegan al mar Adriático. Por esta razón allí se ve que 
bajan, pero nunca que remonten el río desde este mar”, 

La pesca del atún se realiza desde la salida de las Pléya- 
des hasta el ocaso de Arturo!?*, En el resto del tiempo in- 
vernal están escondidos en profundas simas, salvo si se 
sienten atraídos por un poco de calor o por el plenilunio. 


sardinas de pequeño tamafñio (HERNÁNDEZ, com. ad loc. Sr.-Denas, 115), 
o más concretamente arenques (Lerrner, 240), o el sábalo, que remonta 
los ríos para desovar (BALTAR, 183). 

12 Ya uno de los escritos del poeta y erudito griego Calímaco (c. 300 
a, C.) se titulaba Sobre el cambio de nombre de los peces. Plinio justifica 
utilizar los nombres griegos (cf. II 63) para lograr una terminología uni- 
forme. El mismo empeño llevará siglos después a la creación de la termi- 
nología científica por naturalistas como Linneo. 

125 Arisr,, HA VIIL 13, 598b señiala que las triguias sólo se pescan a 
su entrada en el Ponto — si se encontraba alguna en la salida se hacía un 
ritual de purificación de las redes — y a la salida del Adriático al que lle- 
gaban remontando el Danubio, Se admitía que el Danubio, llamado tam- 
bién Histro, se bifurcaba dando lugar al rio Histro, que habría dado nom- 
bre a Istria y desembocaría en el Adriático. Esta idea errónea se extendió 
por la autoridad de Aristóteles, Plinio, que no creía que procediese del 
Danubio ninguno de los ríos que desembocaban en el Adriático (11 127- 
128), se acoge a la suposición de una corriente subterránea de agua, 

126 Antigua forma de expresar las fechas por la aparición de las estre- 
llas —en este caso, las de la Osa Mayor, visibles a simple vista, espe- 
cialmente Arturo —. Plinio precisa las fechas de salida y ocaso matutino 
y vespertino de la constelación en el libro XVITE; aquí, repite las señala- 
das por Arisr., FA VII 14, 599b, Poniendo en relación estos datos con 
los expresados en PLin., H, 123 ss. sobre la influencia de las constelacio- 
nes en el mar y en los vientos, puede situarse la pesca del atún desde el 
10 de mayo (aparición matutina más tardía de las Pléyades y comienzo 
del viento austro), hasta el 9/11 de noviembre (ocaso y llegada del aqui- 
lón de invierno). 


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260 HISTORIA NATURAL 


Entonces engordan tanto que pueden reventar. La duración 
de su vida es, como máximo, de dos años. 

en Hay un anima] pequeño con el as- 

Por qué algunos Pecto de un escorpión y del tamaño de 

peces saltan fuera — una araña. Este!” con su aguijón se 

od clava bajo la aleta en el atún e incluso 

en el que se llama pez espada *”, aun- 

que a menudo supera el tamaño de un delfín, y les produce 

tanto dolor que muchas veces saltan a las naves, cosa que, 

por lo demás, también hacen con muchísima frecuencia los 

mújoles cuando temen el ataque de otros peces —y son de 

tan notable velocidad que entonces llegan a saltar por enci- 

ma de las naves que se les cruzan—, 

Hay también, en esta parte de la 

16 (22) naturaleza, augurios y hay también, 

Existen augurios en los peces, pronósticos: durante la 

a partir de los peces a cora de Sicilia?”, mientras Augusto 

paseaba por lá playa, un pez le saltó 

desde el mar a los pies, Ante esta señal los adivinos respon- 

dieron que, dado que Sexto Pompeyo había adoptado enton- 

ces a Neptuno como padre —tan grande era la gloria de sus 


127 Se trata del parásito que Artsr,, A V 31, 557; VIII 19, 6022, 
llama «tábano» que algunos identifican con el Brachiella thynni. 

128 A pesar de la mención explícita del título, por olvido o cambio de 
opinión, no hay más referencias a este pez, Esta incongruencia indica que 
los titulos se escribieron separadamente de los capitulos, tal como nos 
han llegado: todos juntos en un libro previo de índices, 

122 En el período de luchas por el poder que precedieron al Principado 
de Augusto, uno de los contendientes, Sexto Pompeyo había consolidado 
su poder en Sicilia y Cerdeña — de importancia estratégica obvia para el 
abastecimiento de trigo-— donde se habían concentrado masas de escla- 
vos y parte de la nobleza republicana. Victorioso en algunas batallas na- 
vales, fue finalmente derrotado (36 a. C.) por la flota de Augusto a las 
órdenes de Agripa. 


LIBRO IX 261 


batallas navales—, los que poseían en aquella época los ma- 
res habrían de estar bajo los pies del César". 
Las hembras de los peces son más 
(23) grandes que los machos. En algunas 
En qué clase de especies no hay absolutamente nin- 
peces no hay machos , Le 
gún macho, como entre los eritinos y 
los serranos, pues todos los ejempla- 
res que se capturan están llenos de huevas!*, General- 
mente los peces de escama, de cualquier clase que sean, se 
desplazan en bancos. Se pescan antes de la salida del sol; 
entonces es cuando más les traiciona la vista a los peces, 
Su descanso es por las noches, pero, si son claras, ven lo 
mismo que de día. Se dice también que si se remueve el 
fondo aumentan las capturas y por eso se pesca más en el 
segundo arrastre que en el primero. Les gusta y les apro- 
vecha ante todo el sabor del aceite y después las lluvias 
suavos (pues hasta las cañas, aunque nacen en las charcas, 
no crecen sin lluvia). Y, por otra parte, en cualquier lugar 
donde los peces están constantemente en la misma agua, si 
ésta no fluye, mueren. : 


130 Otro presagio carismático del futuro poder de Augusto (cf. Pm, 
IT 93 ss.): el mar, simbolizado por un pez, se ponía a los pies del futuro 
César. Suetonio (Aug. 96) precisa que tuvo lugar la víspera de la batalla, 

UL Erythrinos (o erythinos) «de color rojo», préstamo del griego; se 
identifica con dudas con la breca, Pagellus eryihrinus L. (St.-Denus, 36- 
37; BALTAR, 78). También el serrano, llamado en latín channe, del griego 
chánne «de boca abierta», fue conocido en la Antigúedad por su herma- 
froditismo, fenómeno que despertó gran curiosidad en todos los seres vi- 
vos y fue señalado ya por Ar1sT., HA VI 13, 567a; IV 11, 537b-538a etc.; 
hoy se reconocen las observaciones antiguas sobre sus dobles órganos 
genitales y su capacidad de autofecundación, 


56 


s 


262 HISTORIA NATURAL 


Todos acusan los inviernos muy 
7 una Trios, pero especialmente los que se 
piedra en la cabeza. . Cree que tienen una piedra en la cabe- 
Cuáles se esconden za1% como las lubinas, el cromis, la 


en lesa pisó esciena y los pargos!?, Siempre que 


en invierno a no ser los inviernos son rigurosos, muchos 

en días concretos Se pescan ciegos, Por eso, durante es- 

tos meses se quedan ocultos en las 

cuevas, tal como hemos referido en ciertas clases de animales 
terrestres. Especialmente la lampuga?** y los coracinos!% no 
pescan en invierno, salvo en unos pocos días concretos y 


siempre en los mismos; asimismo, la morena, el orfo*%, el 


122 La piedra, a la que también se refieren Arisr., VII 19, 601b y EL., 
IX 7, es el otolito del órgano auditivo, que regula el equilibrio en algunas 
especies. Según ambos autores, el frio repercutía especialmente en esta 
piedra y podía causar la muerte de los peces por congelación. 

13 El cromis es poco conocido incluso en su etimología: se relacioña 
con la raíz griega chrem-, por los «ruidos» que emite, o con la raíz chróm-; 
por su «color», Se duda si es el mismo que la esciena (pues este término 
podría ser una glosa de cromis, al no ser éste reconocible). Ésta, a su vez, 
sólo se documenta en latín en Primo (cf. también XXXII 106, 151). Es 
también préstamo del griego, relacionado con «sombra»; por eso se piensa 
que es el mismo pez que se llama en latin mbra (calco del mismo término 
griego), mejor documentado e identificado con el verrugato. El latín pagrus 
(del griego págros/phágros) es muestro pargo y especies afines (Sr.-Den:s, 
22, 117, 80; BaLTAr, $1, 157, 125; Lerrner, 86, 187), 

13 La lampuga es el hippurus, del gr. hippouros «cola de caballo», 
por su gran aleta dorsal desde la cabeza a la cola, Sólo se conoce en latín 
por este pasaje y por una breve mención de Ovwmxo, Hal, 95, en la que los 
llama, con razón, «rápidos». Sin embargo, HirnÁNDEz, com. ad loc., los 
identifica con los lampugas y les dedica una nota amplia, muestra de su 
buen conocimiento de esta especie y de su lectura de la ya citada obra de 
Rondelet; añade que en España se dejaba que acabasen de crecer en las 
nasas, para ser mejor vendidos, 

185 El coracino es de identificación dudosa ya que su nombre se apli- 
ca a especies distintas: al del Nilo (Labrus Niloticus) y a un pez diferente, 
comtín en el Mediterráneo. 

16 Identificación problemática: el mero, o bien la cherna (THOMPSON, 
187; Sr.-Denus, 78) u otras especies, como el besugo (CAPPONI 72, 443 


LIBRO EX 263 


congrio, las percas y todos los de roca. Dicen que durante el 

invierno se ocultan en tierra, o sea, excavando un agujero en 
los bajíos del mar, el torpedo, la pseta y el lenguado. 

es) A su vez algunos, por intolerancia 

Cuáles se ocultan “el verano, se esconden durante los se- 

en verano, senta días de pleno calor, como el 

el pad ie glauco*”, los aselos'* y las doradas. 

De los de río, el siluro !*? se siente afec- 

tado por la salida de la Canícula y, aparte de eso, siempre 

queda amodorrado por su resplandor; incluso se piensa que 

esto también le ocurre en el mar al ciprino!*, Por otra parte, 

el mar entero acusa la salida de esta constelación, como es es- 


ss.). Tampoco es clara la correspondencia de la pseta, pues la referencia 
de Plinio es única en la literatura latina clásica, aunque por éste y otros 
textos griegos se coincide en que es un pez plano, que habita en los fon- 
dos, emparentado con el rodaballo, probablemente el rémol. 

37 Atestiguado por Arisr., HA VIUL 15, 599b como pez de alta mar, lo 
mismo que en la literatura latina desde época antigua (Ennto, Hedyph., fr, 
39), es, sin embargo, de identificación problemática (Lerrner, 127). Se ha 
supuesto que fuese la tintorera o Squalus glaucus L. (Sr.-Denas, 42-43; 
BALTAR, 37-88), pero, el color azulado de este escualo, parece contradicto- 
rio con el glauco que lleva en su nombre. Tampoco parece satisfactoria su 
identificación con la palometa (HERNANDEZ, com. ad loc.). Otra propuesta 
es un tipo de Carangidae, parecido a los túnidos (Carpont, 72, 509-515). 

136 El término latino asellus traduce el gr. onískos «pollino». Como en 
otros casos, el nombre del animal terrestre pasa metafóricamente al acuá- 
tico. Primo distingue (IX 58; XXXII 145-146) dos especies de este pez, 
del que hay varias descripciones someras o contradictorias que no per- 
miten (Sr.-DenIs, 9; BALTAR, 26) una identificación más precisa que la 
de algún(os) Gadidae (merluza, bacaladilla, etc.). 

1 Sobre el siluro, cf. P£xw,, IX 44, 45, De las distintas e especies engloba- 
das bajo el nombre de silurus, el aquí aludido es el Silurus Aristotelis Agassiz 
(BaLTAR, 162; Lerrner, 127), habitante de los ríos griegos y de algunos de 
Asia, como añade EL., XI 14, que lo distingue claramente del siluro común, 
llamándole siluro griego, Plinio habla de éste más extensamente en IX 165 n. 
Sobre la salida de la Canícula, cf. notas ss. y Pim,, IX 22 n. 

140 Quizás alguno de los tipos de carpa que llegan al mar (ST.-Dexis, 
30; BALTAR, 70). 


59 


60 


264 HISTORIA NATURAL 


pecialmente perceptible en el Bósforo, pues algas y peces 
quedan sobrenadando y todo se revuelve desde abajo!*, 


Hay una característica de los mú- 
joles que hace gracia porque, cuando 

17 (26) : : : 
El mújol tienen miedo, ereen que escondiendo 


la cabeza se ocultan enteros. Tienen 

una salacidad tan ingenua que en Fe- 

nicia y en la provincia Narbonense*%, en la época del coito, 

sueltan desde los viveros al mar un macho con un cordel 

largo, atado por la boca a las branquias; tiran luego del mis- 

mo cordel y las hembras lo siguen hasta la costa, y, a la in- 
versa, los machos a una hembra en la época del desove. 

Entre los antiguos el esturión se 

en. consideraba el más noble de los pesca- 

e dos, el único de todos con las escamas 

orientadas hacia la boca, en sentido 

opuesto al que llevan al nadar*%, Ahora no se tiene en ningu- 

na estima, algo que verdaderamente me extraña, con lo difícil 

que es de encontrar. Algunos lo llaman élope**, 


M1 PLm., 1 123, sitúa la aparición de la Canícula el 18 de julio —hoy, a 
primeros de agosto — y habla de los efectos de la constelación en los 11- 
quidos — «los mares se agitan, el vino da la vuelta en las bodegas y las 
aguas estancadas se mueven» -—, en los perros (TI 107 n.) y, poco antes, 
en algunos peces. No obstante, el término Canícula se puede referir a dos 
constelaciones; la aquí aludida es Sirio. 

142 Fenicia fue famosa, también, por las industrias derivadas de la 
pesca, como la de los tintes (PLiw., Y 76, etc.). Asimismo en la Narbo- 
nense, bañada por el Mediterráneo, cruzada por el Ródano y con impor- 
tantes lagos y marismas, la pesca constituía una fuente tradicional de ri- 
queza. Plinio menciona aquí sus viveros y las artes pesqueras del mújol 
— como ya antes en IX 29—, Ello indica la importancia económica del 
mújol de uno a otro extremo del Mediterráneo, En ARISr,, HA V 5, 541 se 
describe ya esta técnica de pesca con reclamo, 

143 Efectivamente el esturión tiene sobre su piel lisa unas escamas 
particulares o formaciones óseas en forma de escudo, ligeramente al- 
zadas, que lo recorren como filas longitudinales; precisamente una de 


LIBRO YX 265 


Después, Cornelio Nepote!'* y La- 
(28) berio, el autor de mimos!*, deja- 

La lubina, ; 
el «pollino» ron constancia de que se le daba más 


categoría a la lubina y a los «polli- 
nos»”". De las lubinas, las más ensalzadas son las que se 
llaman «lanudas» por su carne blanca y blanda. De «polli- 


147 


las etimologías de su nombre latino, accipenser, lo relaciona con acies 
«punta», «fila» y también el nombre griego élope quiere decir «esca- 
moso», «con conchas», 

144 Esta paradójica pérdida de aprecio por un producto tradicionalmente 
exquisito y escaso, y, por otra parte, el hecho de que Plinio después (XXXII 
153), siguiendo a Ovidio (Hal, 96: «el valioso élope, desconocido en nues- 
tras aguas») diga que es un error confundir el élope con el esturión, sirvió 
para suponer (ST.-Denis, 45; BALTAR, 91; Lerrner, 135) que los romanos 
conocían varias especies de diferente calidad: el accipenser o esturión co- 
mún, que todavía remonta los ríos de Italia y del occidente de Europa, y el 
esterlete o beluga, que sería el élope, del Mar Negro. 

145 La cita (HRR, fr. 10) quizás está tomada de los Ejemplos, una de 
las obras perdidas de Nepote -—lo mismo que las de PLm., 11 169 y V 4; 
mientras que en 111 4, 132, IV 77, VIS, 31, 199... Plinio acudía a su obra 
geográfica—. Aunque algunos han opinado que Plinio no conocía direc- 
tamente la obra de Nepote (cf. 11 169 n.), el número de citas, la extensión 
y la literalidad de alguna de ellas (PLiw,, TX 137) muestra que Nepote era 
una de sus lecturas más socorridas. E 

146 De Laberio (100-43 a. C.) apenas quedan algunos versos y citas, 
Para los romanos fue famoso por ser el primero que dio forma literaria a 
las representaciones del mimo. La breve glosa de Plinio de que era autor 
de mimos, produce perplejidad: ¿es una manera de ensalzarlo, repitiendo 
que ya todos sabían? ¿o ya no era bien conocido? ¿o subraya Plinio que 
era autor de mimos, porque la alusión a la lubina y a los «pollinos» tenía 
algún trasfondo humorístico conocido por los lectores?. Nos parece más 
probable que el verso de Laberio (cf. n. siguiente) encerrase un doble 
sentido, tal vez de sátira política, si las palabras lupi atque aselli se en- 
tendían en su acepción más frecuente («ahora los lobos y los poflinos 
ocupan el puesto principal»). En otros autores (Perr., 24, 7) asellus entra 
en juegos de palabras procaces. 

1 Lan,, 135, Lupi atque aselli principem locum obtinent. El trímetro 
yámbico de Laberio pertenece a los versos sueltos, sin contexto y resti- 


61 


62 


266 HISTORIA NATURAL 


nos» hay dos clases, los calarias, de menor tamaño y los 
bacos**, que no se pescan salvo en alta mar y, por eso, son 
preferibles a los primeros. En cambio, en lo tocante a las lu- 
binas, se prefieren las que se pescan en los rios!”, 


Ahora se da preeminencia al esca- 


Qs 101%, que es el único de los peces que 


El escaro, pa que es rumiante, y que se ali- 

Ela menta de hierbas y no de otros peces, 

siendo especialmente abundante en el 

mar de Cárpatos. Instintivamente nunca sobrepasan el cabo 
Lecto de la Tróade?*, De allí los trajo en el principado de Ti- 
berio Claudio uno de sus libertos, Optato, comandante de la 


tuidos por citas como ésta. Plinio lo adaptó a su prosa: Postea praeci- 
puam auctoritatem fuisse lupo et asellis Nepos Cornelius et Laberius 
poeta mimorum tradidere. 

148 Especies ambas sin identificar; sobre la familia de los Gadidae, cf, 
IX 58 n. 

149 Efectivamente su carne gana consistencia al remontar los rios; te- 
nían fama las del Tíber, a las que Lucilio llamaba jocosamente lamepla- 
tos porque se alimentaban en los denagtes de la Urbe, y las del Timavo 
(Sr.-DENis, 60-61), 

150 Scarus:es préstamo del gr. skairós «el que da saltos», identificado 
con el Labrus cretensis L. Se conocían bien su hábitat (cf. nota sig.) y 
costumbres: que se alimenta de algas (Ar1sr., HA VUI 10, 591a) gracias 
a una disposición particular de los dientes (PLrw., X1 162); que su forma 
de comer recuerda la de los rumiantes (Ar1sT., HA 11 10, $08b, etc.) y que 
regurgita el alimento para volverlo a comer (EL,, II 54); Apenas se dan 
datos de su forma, pese a que la hembra del escaro es muy llamativa por 
sus franjas de colores vivos, lo que, junto con su forma de comer y la de 
su boca, motiva su nombre, asociado en varias lenguas al loro»; en Ca- 
narias es la llamada «vieja». 

151 El mar de Cárpatos, al SE de Egeo, en torno a las islas de Creta, 
Cárpatos y Rodas. El cabo Lecto —actual Baba Burun, en Asia Menor, 
en la costa del Egeo — constituía uno de los límites entre Tróade y Eólide 
(PLmm., V 123, 145). El hábitat de esta especie era, pues, reducido, pero la 
pervivencia del nombre en it. scaro puede mostrar el éxito de la empresa 
de Optato. 


LIBRO IX 267 


flota y los soltó diseminados entre la costa de Ostia y la de 
Campania, prestando atención, aproximadamente durante un 
quinquenio, a que fuesen devueltos al mar los que se captura- 
sen. Desde entonces se encuentran abundantemente en la 
costa de Italia, aunque antes no se pescaban en ella: la gula, 
con la repoblación de estos peces, aumentó los sabores y, 
además, concedió al mar un nuevo habitante: para que nadie 
se extrañe de que aves extranjeras aparezcan en Roma'*, 

El manjar siguiente corresponde exclusivamente al hí- 
gado de la lota, que, aunque es increíble decirlo, produce el 
lago Brigantino de Recia!*, nada menos que en los Alpes, 
que compite con la de mar. i 

: Del resto del buen pescado, los sal- 

(30) monetes tienen un aprecio y una abun- 

Clases de salmonetes.  dancia tan grande como reducido es 
El sargo E 

su tamaño; rara vez superan las dos 

libras de peso y no crecen en viveros 

ni en piscinas. Éstos solamente se crían en el océano Sep- 

tentrional '%* y en la parte limítrofe del occidente. Por lo de- 


152 Reflexión similar en II 117-118: Plinio contempla cómo el afán de 
lucro o el lujo modifican la naturaleza e incentivan el progreso. El tono 
humorístico que emplea muestra que estos adelantos útiles no le inspiran 
la misma admiración que los realizados por amor al saber o los que re- 
percuten en el desarrollo: de la razón (II 53-54), los únicos que tienen 
verdadero valor moral. Pero, como hombre de ciencia, no los condena 
(como condena, en cambio, los inventos inútiles, IX 39 n.).: 

15 Recia corresponde a zonas actuales de Suiza, Baviera y el Tirol (cf. 
PLiN,, IV 98, entre las escasas referencias de los libros geográficos). El lago, 
también llamado Véneto en la Antigiledad, es el Constanza. Ei hígado de 
lota — lat. mustela «comadreja» de donde pasaria por metáfora al pez— si- 
gue siendo considerado un manjar de la cocina centroeuropea. La identifi- 
cación con la lota, propuesta por Sr.-DenIs, 73, parece convincente; para 
otros es la lamprea, pero Plinio se refiere a ésta con el término murena. 

15 Según referencias anteriores (PLI«., 11 167, IV 94, 109) baña Ger- 
manía hasta el cabo Skagen; correspondería, pues, al mar del Norte — sin 


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65 


66 


268 HISTORIA NATURAL 


más, los hay de muchas clases, pues se alimentan de algas, 
de osiras, de limo y de la carne de los demás peces, y, ade- 
más, se caracterizan por una barba doble en su labio infe- 
rior. Se da el nombre de fangoso al de peor clase. A éste 
siempre lo acompaña otro pez, de nombre sargo, y, cuando 
aquél remueve el cieno, éste devora el alimento que se des- 
prende!*, Hay poco aprecio por los de bajura. Los más en- 


salzados saben a marisco, Su nombre piensa Fenestela!% 


que les fue dado por el color rojo de los borceguíes !””, 


Paren tres. veces al año; al menos todas esas veces se 
ven sus crías, Los próceres del buen comer cuentan que el 
salmonete al morir se vuelve de muchos y variados tonos, 
quedándose pálido por una serie de cambios de sus esca- 


clara delimitación por el este—; allí y en su parte limítrofe occidental, o 
sea, en el Atlántico, se criarían los salmonetes de mayor tamaño, que Pli- 
nio podía haber conocido durante su estancia en Germania. 

155 E] salmonete de fango es el Mullus barbatus L. Hoy se aceptan las 
observaciones antiguas sobre su forma de alimentarse, Efectivamente, des- 
entierran las presas con los barbillones levantando el fango. Peces opor- 
tunistas, como el sargo, aprovechan los restos en una clara relación de 
comensalismo, ya descrita en Arisr., HA VIII 2, $91b, 

156 |, Fenestela, murió, según PLiw., XXXIII 145, en época de Tibe- 
rio. Fue autor de unos Annales y un Epitome, de los que sólo quedan 
fragmentos. Estaban escritos con espíritu de anticuario, para recoger las 
instituciones y costumbres del pasado más que para describir.los hechos 
históricos, Plinio lo cita como fuente de éste y otros libros. 

157 Según esta etimología, el nombre del pez (mullus) derivaba del color 
rojo (mulleus) del calzado que usaban los senadores que habían sido ediles 
curules, Fesro, 42, 24, añade detalles eruditos, como que fueron los reyes 
albanos los primeros en usar este calzado de suela alta; pero ofrece una eti- 
mología diferente. Plinio reproduce la de Fenestela, sin aceptarla expresa- 
mente. También Ismoro, Etim, XIX 34, 10, pero invirtiendo los términos: 
es el nombre del pez, ser vivo, el que pasa al objeto inanimado. Nuestra len- 
gua ofrece ejemplos de la misma metáfora en ambas direcciones: el ictióni- 
mo dorada procede «del color dorado», mientras el color salmón se acepta 
que viene del nombre del pez (DRAE, s. v.). 


LIBRO IX 269 


mas rojas, sobre todo si se ye dentro de un recipiente de 
vidrio '%. Marco Apicio!*, nacido para cualquier hallazgo 
en el refinamiento '%, consideró que lo mejor era matarlos 
en el garo «de los aliados» —pues hasta tal cosa consiguió 
un sobrenombre— y elaborar un alece del hígado de estos 
poces. 


158 Bra costumbre servir el salmonete vivó en"uria pecera, Los convi- 
dados podían observar las distintas tonalidades del pez al morir y, al 
tiempo, tenían la garantía de comer pescado fresco. SÉNECA, Cuest. Nat. 
III 18, 3-7, censura este lujo excesivo. La innovación de Apicio, que cita 
Plinio como un refinamiento más, consistía en ahogarlos en el mismo ga- 
ro «de los aliados» —asi se llamaba el que se producía en las salazones 
de caballa de Hispania meridional-—; después se aprovecharía el hígado 
para elaborar un alece aparte y podemos pensar que se filtraría el resto 
del garo, elaborado, como solía hacerse, con los desechos y demás vísce- 
ras del pez. 

15% Autor, en época de Tiberio, de libros de recetas de cocina, dietéti- 
ca y fórmulas de conserva (De re coquinaria). El texto que nos ha llega- 
do con el nombre de Apicio, se considera hoy de finales del s. tv d. C. No 
contiene ninguna receta similar del salmonete ni del alece de su higado, 
pero sí otros guisos de éste. Por eso, gracias a citas como ésta, podemos 
imaginar cómo las obras antiguas, sobre todo de este tenor, pudieron te- 
ner diversas ediciones, a veces muy alejadas de la primera, por incorpo- 
ración y supresión de recetas, y otras modernizaciones: el nombre del 
autor acaba siendo el título. 

160 Desde el s. xvux (editio Harduini) se acepta el texto: M. Apicius, 
ad omne luxus ingenium (njaltyus,... putavit. Se admite la conjetura 
natus, en lugar de malus que aparece en manuscritos de Plinio. Aunque 
la enmienda tiene el mérito de alterar muy poco la forma transmitida, 
no €s indispensable. También cabe entender, como los copistas de Pli- 
nio: «Marco Apicio, para mayor hallazgo en todo tipo de refinamien- 
to...consideró». En todo caso, esta presentación de Apicio, como hom- 
bre nacido para el lujo o preocupado por aumentarlo, muestra que ya 
estaba extendida la fama de su vida disoluta y de sus innovaciones cu- 
linarias. 


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270 HISTORIA NATURAL 


Asinio Céler, un ex cónsul, lanzó 
6D un reto a todos los que derrochaban 
Precios sorprendentes dinero en este pescado —desde lue- 
de algunos peces ¿0 es más fácil contar el hecho que 
decir quién ganó— al haber compra- 
do un solo salmonete en Roma por ocho mil sestercios du- 
rante el principado de Gayo!*!, Esta cifra me hace desviar- 
me de mi propósito para recordar a aquellos que, en sus 
quejas del lujo, siempre estaban protestando de que los co- 
cineros se cotizaban más caros que los caballos. Pues, aho- 
ra, los cocineros están al precio de tres caballos y los pesca- 
dos al de los cocineros, y ya prácticamente ningún mortal 
está mejor pagado que el más experto en hundir la fortuna 
de su amo. | 
18 Licinio Muciano!% ha contado que en el mar Rojo 
fue pescado un salmonete de ochenta libras: ¿a cuánto lo 
pagaría el afán de lujo si hubiera sido encontrado en nues- 
tras costas próximas? 
Existen, además, unas caracterís- 


(32) ticas naturales determinadas hasta el 

No en todas partes y 
ud oomed la mina punto de que algunos pescados se con 

clase de peces sideran de primera categoría según en 


qué lugares: el coracino en Egipto, el 
ceo, también llamado «obrero», en Cádiz; hacia Ibiza, el 
salpa!%, que en otras partes parece sucio y que nunca puede 


161 Gayo Caligula reinó del 37 al 42 d. C. Asinio Céler fue elegido 
cónsul en el año 38, 

162 Prrpy., 1X 33 n. 

163 A propósito del coracino del Nilo, cf. PLm., IX 57 n. El gaditano 
CoLumeLa, VIII 16, 9 ensalza el «pez obrero», llamado en latín faber: 
«que en nuestro municipio de Cádiz se cuenta entre los mejores pescados, 
al que llamamos zaeus de acuerdo con la antigua costumbre»; por él sa- 
bemos que en Cádiz se conocía todavía por el nombre griego (zaeus es 
transcripción del gr. zaiós) y que era de una especie casi exclusiva del 


LIBRO TX 271 


cocer bien si no se varea con una caña; en Aquitania se pre- 
fiere el salmón de río a cualquier pescado de mar. 
Algunos peces tienen branquias 
63) múltiples!%, otros simples y otros do- 
Las branquias. bles. Por ellas expulsan el agua que 
0 An tragan por la boca. Una señal de vejez 
es la dureza de las escamas, que no es 
la misma para todos los peces. 

Hay dos lagos en Italia, al pie de los Alpes, que se lla- 
man el Lario y el Verbano'*, en los que todos los años a la 
salida de las Pléyades!% aparecen unos peces muy llamati- 
vos por sus escamas múltiples y afiladas, con la forma de 


Atlántico —Ovinio, Hal. 109, lo califica de rarus hablando de la fauna 
del Ponto—, Se identifica con el Zeus faber o pez de San Pedro (Sr.- 
Denrs, 38-39; CAPPONI, 469-471), conocido en el norte de España como 
San Martín y en gallego como San Martiño — se pesca más en noviembre 
y a.eso puede obedecer el nombre del santo —, El salpa (Sparus salpa) se 
alimenta, según ArisT., HA VII 2, 591a, de estiércol; quizás ello motiva 
el calificativo de obscenus que le da Plinio. 

16 AnrsTÓTELES se ocupa en un capítulo (HA II 13, 504b) de las caracte- 
rísticas de los peces —partes del cuerpo, órganos genitales, branquias, ale- 
tas, escamas y piel, la boca y la existencia de sangre —. Plinio remodela y 
simplifica este esquema: a propósito de las branquias y escamas se extiende 
hasta tratar sobre los peces que respiran y salen a tierra; a partir de la forma 
del cuerpo y las aletas, se ocupa de los peces alargados y planos. La piel y 
su cambio de color motiva la aparición de otros peces y, por último, la falta 
de sangre sirve para introducir los moluscos. Aunque suele hablarse del de- 
sorden de Plinio, los distintos peces, hasta los crustáceos, aparecen siguien- 
do con bastante fidelidad este criterio de clasificación. 

165 Plinio ha hablado del Lario — actualmente el Como— y el Verba- 
no -—el Mayor-—, aquí y en 11 224, 232; HI 131, siempre como escenario 
de fenómenos que considera extraordinarios. Con respecto a estos peces, 
SrT.-Denuss, n. ad loc., defiende su identificación con diferentes especies 
de Cyprinus —Cpypr. rutilus L. y Cypr, brama L.— porque en la época de 
la puesta los machos aparecen en lagos alpinos con unas protuberancias 
sobre las escamas, 

16 Cf. Puim., IX 53 n. 


69 


70 


71 


272 HISTORIA NATURAL 


los clavos de las sandalias, y no se vuelven a ver más que en 
torno a ese mes. 

Además, Arcadia presume de su 
19 (34) exoceto!'”, llamado así porque sale a 
Peces que hablan tierra para dormir. Cerca de Clitorio '* 
y peces sin branquias ¿e dicg que éste tiene voz y carece de 
branquias. Es el mismo pez que algu- 

nos denominan adonis. 
Salen también a tierra los que la- 
(35) man ratas de mar!9, así como los pul- 
Cuáles salen a tierra. pos y las morenas, e incluso también 
cid A tipo determinado de peces en los 
ríos de la India —y después retornan 
de un salto —. Para la mayoría de ellos hay, desde luego, un 
motivo evidente para tener que pasar a los lagos y los ríos: 
poner los huevos seguros, ya que allí no hay animales. que 
coman la freza, ni les hacen daño las olas. Uno se admiraría 
todavía más de que los peces entiendan estas causas y de 
que observen los cambios de las estaciones, si considera qué 


167 Según En., IX 36 es una especie de mújol que encalla en las rocas 
sumiéndose en un sueño profundo hasta que retorna al agua. De ahí su 
nombre de adonis, pues lo mismo que Adonis era amado por Afrodita y 
Prosérpina y pasaba parte del año con cada una de las diosas, sobre la tic- 
rra y bajo la tierra, también el adonis vivia sobre la tierra y en el mar pro- 
fundo, Plinio se limita a interpretar el término griego exókoitos «el que 
tiene el lecho (nupcial) fuera», sin detenerse en la explicación mitológica 
del segundo nombre. No se ha identificado, 

16 En Arcadia, en la zona central del Peloponeso, próxima a la actual 
Klitoría, cf. PLiw,, 1V 20, 

16% Más adelante (IX 166) indica que el mus marinus pone los huevos 
en tierra y al cabo de 30 días lleva la camada al agua. Reproduce el texto 
de Arasr., HA V 33, 5584 con un error, como advirtió Sr.-Denis, 72 ss., 
al confundir dos palabras parecidas en griego —-ho dé mys, cuya trans- 
cripción era en latín mus y ho d' hemys, la «tortuga de río»— y eso le 
llevó a atribuir a las ratas marinas rasgos de comportamiento de las tortugas, 


LIBRO IX 273 


pocos?” hombres saben que las capturas más cuantiosas se 
producen cuando el sol atraviesa el signo de Piscis. 

000 Entre los peces marinos unos son 
Clasificación de los Aplastados, como los rodaballos, los 
peces por la forma lenguados y las sollas'”!, que se dis- 

de sus cuerpos. ; 
Diferencia entre los  dnguen de los rodaballos solamente 
rodaballos y las sollas. por la postura de su cuerpo: éstos en 
Los peces alargados Do sición supina quedan del lado dere- 
cho y las sollas, del izquierdo *”?; otros son alargados como 
la morena y el congrio. 
Se establecen también las siguien- 
4) tes diferencias por las aletas, que se 
Las aletas de los peces han dado a los peces en función de 
y suforma de nadar ¡es a ninguno de ellos más de cuatro, 
a ciertos peces dos y a algunos en con- 
creto ninguna '”, Únicamente en el lago Fúcino '”* hay un pez 
que nada con ocho aletas. Tienen sólo dos los peces alargados 


173 


10 Una constante del pensamiento de Plinio es lamentar que el hom- 
bre ignore las cuestiones que se descubren por la simple observación de 
la naturaleza (cf. 11 109-110, etc.). 

1M Cf. Pran,, EX $2 n. sobre el rodaballo (rhombus) y el lenguado 
(solea). El término passer, en sentido propio «pájaro» se aplica metafóri- 
camente para designar el pez que parece identificarse con la solla, 

172 O sea, si se ponen tumbados del lado en que tienen los ojos —am- 
bos peces los tienen en un solo lado de la cabeza-—, los rodaballos miran 
hacia la derecha, mientras las sollas, hacía la izquierda. 

1% ArisróTELES en un capítulo sobre la locomoción de los animales (HA I 
20, 399b-490; cf. también 1 13, 504b) establecía una primera división entre 
animales con pies y ápodos, Los provistos de pies podían tener dos, cuatro o 
más, pero siempre en número par; los nadadores sin pies también podían tener 
dos o cuatro aletas, o ninguna, Se seguía así un esquema simétrico y general 
para la locomoción de todos los animales, que omitía las aletas impares, Plinio, 
aceptando el esquema, entiende que las aletas cumplen la función de los pies y, 
por lo tanto, si existían en la especie, habían de ser pares, 

174 En los Abruzos, actualmente desecado, cf. Prin., 11 224, n, 


1) 


74 


274 HISTORIA NATURAL 


y de piel escurridiza, como las anguilas y los congrios, y nin- 
guna?” los que, como las morenas, tampoco tienen branquias. 
Todos éstos se sirven en el mar del empuje zigzagucante de 
su cuerpo, como las serpientes en la tierra, e incluso reptan en 
sitios secos; por eso, también son éstos los más vigorosos. Por 
otra parte, de los aplastados, algunos no tienen aletas, como 
las pastinacas!”S, pues nadan gracias a su propia anchura, y 
también los que llaman «blandos»?””, como los pulpos, por- 
que sus patas cumplen la función de aletas. 

Las anguilas viven ocho años. Re- 
sisten hasta cinco o seis días sin agua 
si sopla el aquilón y algunos menos 
con el austro *x*1% o en invierno; pero estas mismas no 
aguantan en poca agua ni en agua turbia. Por eso, hacia las 


21 (38) 
Las anguilas 


175 Hemos traducido según el texto de algunos editores (Sr.-DENIs, 
KONIG-WINKLER) que aceptan esta «lectura más difícil» de los manuscritos. 
MAYHorr, ed. ad loc, a partir del texto de Aristóteles, prefiere (aliis) nullae, 
ut murenis,..; se entendería «y otros, ninguna, como las morenas...». 

176 Pastinaca es el nombre latino de la chirivía, que por metáfora desig- 
na al Dasyatis pastinaca L, (TuomPson, 270 ss.; ST.-Dewis, 82, LEITNER, 
191). Efectivamente su cola, ancha y redonda en la base, terminada en láti- 
go, se asemeja a dicho tubérculo, Tiene en castellano otros nombres metafó- 
ricos, aparte del cultismo pastinaca, como chucho, hucha; en gallego, pom- 
bo. Sus aletas son continuidad del cuerpo, lo que explica que no fueran 
reconocidas como tales por los antiguos y que atribuyeran sus desplaza- 
mientos a la propia anchura del cuerpo (en realidad, la del cuerpo y las ale- 
tas); así, Ar1sT., HA 120, 489b, del que procede el texto de Plinio. 

177 Los peces «blandos» son los moluscos; cf. PLIN,, IX 83, n., sobre 
su clasificación. 

178 El pasaje está inspirado en Arisr,, HA VII 2, 592a. El editor May- 
hoff piensa razonablemente que existe una laguna en los manuscritos de 
Plinio y propone en nota considerar que el texto perdido, también tomado 
de Aristóteles, seria: translationem in vivaria facile tolerarfant hieme] 
«soportan fácilmente su traslado a los viveros en invierno». Si se acepta 
la laguna, aunque no se corresponda exactamente con las palabras que 
suple Mayhoff, se evita la contradicción entre los términos «con el austro 


LIBRO IX 275 


Pléyades!” se hacen las mayores capturas, ya que los ríos 
están entonces especialmente turbios. Comen por la noche. 
Son los únicos peces que no flotan muertos. 

22 Hay un lago en Italia, el Benaco, en el territorio de 
Verona, que está atravesado por el río Mincio!*, Cada año 
por el mes de octubre, cuando el lago se enfría, como es ob- 
vio, por la constelación de otoño, salen rodando hacia la sa- 
lida del río amontonadas por las olas en tan prodigiosa can- 
tidad que en las cercas hechas en el río para tal efecto se 
encuentran, en cada una, montones de miles. 

La morena !%! puede echar los hue- 

23 (39) vos en un mes cualquiera, mientras el 
aa resto de los peces los echa en uno de- 
terminado. Sus huevas se desarrollan 

muy pronto. Cree el vulgo!% que se deslizan a tierra seca y 


o en invierno», pues el austro, de sentido opuesto al aquilón, es viento del 
sur que trae los calores del verano (PLts., II 123), 

2% Poma. 1X 53 n. 

180 Es el lago de Garda, que PLimIO (II 224; HL 131) considera una 
maravilla de la naturaleza porque está atravesado por un río cuyas aguas 
se superponen a las del lago sin mezclarse con ellas, En el hecho relatado 
aquí se puede advertir cómo la presentación del lago rompe la descrip- 
ción anterior: de las anguilas, sujeto gramatical y tema de todo el pasaje 
se pasa a un nuevo sujeto y tema (Lacus est Italiae Benacus) que despla- 
za la atención del lector hacia este lugar prodigioso. 

181 Cf. Puax., IX 40 n, con respecto a las especies —la morena y la 
lamprea— designadas por el término muraena. 

18 Plinio recoge esta creencia del vulgo sin confirmarla. Más ade- 
lante (XXXII 14) añade la explicación de Licinio Macro, citándolo ex- 
presamente: las morenas son todas del sexo femenino, por lo que acuden 
a copular con las serpientes; los pescadores, sabiendo esto, las atraen con 
un silbido para facilitar su captura. Esta creencia popular, aún actual, está 
ampliamente documentada en la Antigúedad. Mayhoff cita los textos de 


nm 


276 HISTORIA NATURAL 


quedan preñadas al copular con serpientes. Aristóteles '* lla- 
ma esmiro al macho que puede engendrar, y añade que se 
distinguen en que la morena es de varios colores y débil; el 
esmiro, de uno sólo y fuerte, y además tiene también dientes 
por fuera de la boca. En la Galia septentrional a todas las 
lampreas les brillan en la mandíbula derecha siete manchas 
de color dorado con la forma del Septentrión***, sólo mien- 
tras viven; se apagan al mismo tiempo que su vida, 
Descubrió en este animal Vedio Polión!*%, un caballero 
romano del círculo de amigos del divino Augusto, las prue- 
bas de su propia crueldad, pues arrojaba a los viveros de 
éstas a los esclavos condenados, no porque las fieras de la 
tierra no dieran abasto, sino porque con ninguna otra espe- 
cie animal se podía contemplar que un cadáver quedase ab- 
solutamente destrozado de manera semejante *%. Dicen que 


ATEN., VII 312 y Ez., I 50, que, con variantes, reproducen la misma le- 
yenda. 

183 ApusT., HA V 9, 543a. El esmiro, gr. smúros, no es el macho de la 
morena, sino la muraena unicolor Kaup, o morena negra (THOMPSON, 
165; Sr.-Denis, 106). 

184 Precisamente por este rasgo se ha podido identificar esta especie 
con la lamprea, caracterizada por sus siete hendiduras branquiales en fila 
a ambos lados de la cabeza —en Galicia se conoce también por o peixe 
dos sete buratos—. En los demás casos es difícil saber si la especie alu- 
dida es la morena o la lamprea, Sobre la constelación de Septentrión o la 
Osa Mayor, cf, PLin,, X 53 n. 

185 El episodio fue tratado por los romanos como un ejemplo de sa- 
dismo. Vedio Pedión ——así aparece en Séneca, De la ira 1 40; Clem. I 
18, 2-—, un liberto enriquecido, castigó a este suplicio a un esclavo por 
haber roto su copa de cristal cuando cenaba con Augusto. El esclavo su- 
plicó al emperador no morir como cebo, sino con otro tipo de muerte; 
Augusto le perdonó la vida y ordenó romper la cristalería. 

186 Prectivamente la lamprea es ciclóstomo y se adhiere a las piedras 
y a sus presas utilizando su boca como una ventosa, con la que chupa la 
sangre de los peces; pero el comportamiento que aquí se le atribuye pare- 
ce más que dudoso, Quizás se trata de alguna especie de morena. 


LIBRO IX 277 


probando vinagre se vuelven aun más rabiosas, Su piel es 

muy fina, frente a la mucho más gruesa de las anguilas y 

con ella dice Verrio'* que solía azotarse a los pretextatos 

y que por esa razón se decía que para ellos no se habían es- 
tablecido las multas. 

Hay un segundo tipo de peces 

24 (40) aplastados que en lugar de espina po- 

Clases de peces seen un cattilago!%, como la raya, la 

di pastinaca, los angelotes?%, el torpedo 

y los que los griegos designan con los 

nombres de «buey», lamia, «águila» y «rana» '*!, En este 

grupo están también los escualos, aunque no son aplastados. 

A todos éstos en conjunto Aristóteles los llamó en griego 

seláché!*, poniéndoles él por primera vez este nombre. Nos- 


187 M, VerriO FLaAco, erudito e importante gramático de época de 
Augusto, escribió, entre otras obras, De verborum significatu, un extenso 
tratado concebido como una especie de diccionario enciclopédico, con 
atención a la gramática y a la erudición anticuaria. En el s. u d. C. fue re- 
sumido por Festo y en el Renacimiento Carolingio por Paulo Diácono. 
Estos resúmenes y citas, como ésta, es lo único que se conserva de su 
obra. ] 

18% Tóvenes de condición libre, menores de 16 años, época en que de- 
jaban la toga praetexta y comenzaban a vestir la toga virilis. 

18% Las lampreas, de las que se acaba de hablar, tienen como esque- 
leto un cartílago, Sirven de transición para tratar de otros peces que, den- 
tro de los planos — de los que ya se había ocupado en IX 72-73 — o sin 
serlo se caracterizan por ser también cartilaginosos, 

99 Prrw., TX 40, 

191 Esta enumeración de selacios es casi idéntica a la de Arusr., HA Y 
540b, Según los comentaristas de este autor, el buey marino Se cortes- 
ponde con la raya comuda, la lamía, con un tipo de tiburón (Squalus 
centrina); el pez águila se identifica con la raya Myliobatis aquila. Natu- 
ralmente el pez rana es el rape, conocido todavía hoy en el N de España 
por el nombre de pez sapo, que descansa en una metáfora muy similar, 

192 Ta seláche, es el término griego que designa colectivamente a es- 
tos peces (ArIsT., HA 1 5, 489b, etc.), del que procede el nombre cientifi- 


78 


79 


278 HISTORIA NATURAL 


otros no podemos mantener esta distinción, salvo si se quie- 
re designarlos como «los cartilaginosos». Por otra parte, ta- 
les animales son todos ellos camívoros y comen vueltos ha- 
cia arriba, como dijimos a propósito de los delfines!” y, 
además, mientras el resto de los peces desova, esta clase, 
como la que denominan cetáceos, es la única que tiene par- 
tos, excepto el llamado pez «rana» %, 


Hay un pez sumamente pequeño, 

25 (41) que acostumbra a estar en las rocas, 

La rémora, llamado rémora. Cuando éste se ad- 
Sus efectos 


hiere a las quillas, se cree que las na- 
ves van más lentas; de ahí el nombre 
que se le ha dado'”, Por esta razón también tiene la mala 
fama de servir para los filtros amorosos y las demoras de las 
sentencias y los pleitos, defectos éstos que compensa con 


co actual de los selacios, Se relaciona con sélas, «brillo», «luz». Según se 
explica en Ant. Pal. Vi 223, 3, se les dio este nombre por el resplandor y 
fosforescencia que emiten ——algo así como «los que desprenden lu- 
ces» —, Plinio ve la dificultad de traducirlo al latín, pues el término latino 
que podía englobar a todos por una característica común —cartilagina, 
«los cartilaginosos» — carecía de relación con el elemento «luz». Por 
eso, usa aquí el término griego y en lengua griega; inusual en Plinio, 

19 PLrx,, TX 20. 

1% Nuevamente la fuente es ArisT., HA II 13, 505b, que señala que 
los peces provistos de escamas son ovíparos y los selacios, salvo el rape 
O pez rana, viviparos. 

195 Para designar el pez rémora al latín utiliza la irsnecbción del 
término griego echenefs — significa «que retiene las naves», nombre que 
forma ya parte de su leyenda-— o bien el calco remora. El pez sobre el 
que se forjaron estas fantasias se identifica con el Echeneis remora L., de 
pequeño tamaño, provisto de un disco cartilaginoso en la cabeza con el 
que se adhiere a otros animales de mayor tamaño en relación parasitaria, 
o alos cascos de los barcos. De ahí, y de la lentitud de las naves antiguas, 
procedía la idea de que era capaz de detenerlas —con respecto a su iden- 
tificación, cf. Sr.-DEn1s, 34, 94 ss.; LerrnEr, 114, 


LIBRO 1X 279 


una única cualidad, ya que retiene en el útero las pérdidas 
de las hembras preñíadas y sujeta a la criatura hasta el par- 
to 1%, No se incluye, sin embargo, entre los alimentos. 

Se piensa que tiene patas, Aristóteles ww%*x*!” dada la se- 
mejanza de sus aletas. Muciano!'* estima que es un múrice 
más ancho que la púrpura, con una boca ni áspera ni redon- 


deada y con un pico que no sobresale en ángulos, sino con 


una concha sencilla, recogida por ambos bordes *?*; añade que 


habían detenido la.nave, a toda vela, que llevaba a los niños 
nobles por orden de Periandro?” para ser castrados, pegándo- 


1% Subyace el principio, usual en la magia, de la transmisión de la 
virtud especifica de un ser en contacto o a distancia: si la rémora tiene el 
poder específico de detener, este efecto se propagará a cosas diversas —co- 
mo también la luna propaga el poder de sus fases, haciendo crecer las co- 
sas en cuarto creciente, etc, —. Nótese que la transmisión mágica de la 
virtud de la rémora opera con más fuerza si se realiza en contacto que a 
distancia, según la idea expresada al final del capítulo para recuperar o 
«volver.a tener» el oro que ha caido, 

197 Axisr., HA II 14, 505b. En este pasaje, Aristóteles afirma que 
aunque algunos pretenden que tiene patas, es un error motivado porque 
sus aletas se parecen a unas patas. El editor MAYHoFF, ad loc., supone 
que en las sucesivas copias del texto de Plinio habría desaparecido el 
término infitias, de modo que en el texto genuino se entendería: «Aristó- 
teles expresa su negativa, dada la semejanza...». Efectivamente, infitias u 
otro término de significado similar parece imprescindible para recoger la 
cita de Aristóteles, 

18 PLN, 1X 33 m. : : 

1% El múrice y la púrpura se tratan más adelante (PLxw., IX 125 ss.). 
El aquí aludído sería una especie diferente del múrice utilizado en los 
tintes. Éste y la púrpura tienen los rasgos morfológicos -—-boca áspera y 
redonda, concha erizada— de los que carece el múrice descrito por Mu- 
ciano. El pasaje tiene, además, problemas textuales. Según la conjetura 
de Mayhoff se tendría «...con un pico que no sobresale en ángulos, sino 
recogido por ambos bordes como una concha»; pero dificilmente puede 
mejorar el texto sí no se sabe identificar el múrice. 

20 Periandro fue el segundo tirano de Corinto fc. 628-588 a, C.), ciu- 
dad que engrandeció comercial y culturalmente con la oposición de la 


80 


81 


280 HISTORIA NATURAL 


se a ella, y, además, que a las conchas que lograron la hazaña 
se les da culto en el templo de Venus de Cnido. Trebio Ni- 
gro?! dice que es de un pie de largo y de un grosor de cinco 
dedos, que detiene las naves y, además, que esta fuerza del 
animal, si se conserva en sal, es tal que, acercándolo, saca el 
oro que hubiera caído en los pozos más hondos. 

Mudan su color blanco las menas 
26 (42) y se vuelven más negras en verano, 
Qué peces cambian Lo muda también el gobio*%, de di- 
eat versos colores en primavera y el tiem- 
po restante, blanco; es éste el único de 

los peces que hace un nido con algas y desova en él. 


nobleza, a la que cabe atribuir la difusión de estos relatos sobre su cruel- 
dad. Según HeróDorTO (MI 48), siendo también señor de Corcira, envió 
a trescientos jóvenes nobles de allí, en venganza de la muerte de su hijo, a 
Sardes para castrarlos; pero, cuando la nave llegó a Samos, sus habitantes 
los salvaron. En la literatura latina una de las intervenciones más famosas 
de las rémoras fue detener la nave de Marco Antonio en la batalla de Accio, 

?0t Citado por Plinio como fuente de este libro y del XXXII, es poco 
lo que se sabe de este autor, cuya obra se ha perdido integramente, Los 
datos sobre él se basan en Plinio: posiblemente era hispano; al menos, 
hay certeza de que vivió en la Bética (PLim., IX 89 n.) y de que compuso 
una obra en la que se recogían fenómenos extraordinarios, mirabilia; al- 
gunos, como éste o los pulpos gigantes de Carteya (PLIx., IX 90, 93) fue- 
ron recogidos por Plinio, Barkvon, 145-146 (cf, IX 89 n.) supone que su 
obra era también geográfica, pero ningún dato de Plinio confirma ese ex- 
tremo: no lo cita en el libro IV, ni siquiera en la descripción geográfica 
de la Bética, Las citas de Plinio permiten pensar en una obra híbrida de 
zoología y mirabilia, 

22 Ta mena, también llamada en castellano chucla, se identifica con 
el Sparus maena L. El gobio (Gobius niger L.) parece ser el pez que co- 
rresponde al llamado en latin phycis, del gr. phykís. Sin embargo, no es 
una correspondencia segura: el dato de ser el único que anide se atribuye 
en otro pasaje (PLIw., XXXII 81) a un pez diferente (ST.-Denurs, 61, 86; 
CAPPONL, 72: 520 ss.; BALTAR, 108, 131), 


LIBRO IX 281 


(43) Puede volar perfectamente el pez 
El pez golondrina.  Olondrina, que es muy parecido al 
El pez que luce de noche. pájaro, y también el pez milano. 

pa 27 Sube a la superficie de los ma- 

ros el pez que con razón se llama /u- 

cerna”%: la lengua de fuego que echa por su boca reluce en 

las noches serenas. Saca fuera del mar unos cuernos de casi 

pie y medio un pez que recibe su nombre por ellos?%, Por el 

contrario?%, el dragón marino si se captura y se suelta en la 

arena, hace un hoyo con el hocico con una rapidez pasmo- 
sa 206. 


20% Estos ictiónimos son designaciones metafóricas que Plinio expone, 
a la manera de los gramáticos, subrayando los rasgos que demuestran que 
el nombre del pez está motivado —cel pez golondrina, porque es parecido 
al ave del mismo nombre..., etc,—; apenas alude a otras características 
no relacionadas con el nombre, por lo que hoy no se identifica con segu- 
ridad ni el pez lucerna ni el pez golondrina, que en algunos textos se con- 
funde con el pez milano. 

204 Es probablemente la cornudilla, también llamada cornuda y pez 
martillo. Plinio presenta su nombre en el texto en forma de adivinanza 
-— otra prueba de que se trata para él de un nombre motivado —; pero, 
como no da más datos y en XXXH 145 lo presenta entre los monstruos 
marinos, ST.-Den1s, 29 piensa que se trata de la morsa. Otros (CAPPONI, 
399 ss., Bar.rar, 37) lo relacionan con el buey de mar, raya cornuda o 
manta (cf. Pu, TX 78 n.), 

205 Los $5 81-82 muestran un estilo cientifico, de frase breve y cuida- 
da: comienza el $ 81 con anáfora y situación inicial, no muy común, de 
verbo transitivo (mutat, mutat). Los párrafos siguientes, de pájaros vola- 
dores, se construyen simétricamente iniciándose por un verbo intransitivo 
— orden de palabras más común— que expresa con variación el ascenso 
y vuelo de los peces (volat, subit, attoilit). Rompe esta sucesión trimem- 
bre el pez. que, al contrario que los anteriores, se entierra, Expresan, pues, 
la capacidad del autor de aunar los dos estilos —seco y retórico —, que 
generalmente distingue según los temas, 

20 También el draco marinus —el término es transcripción del grie- 
go— es de identificación dudosa. Pudiera corresponder a algún Trachi- 
nidae, bien al Trachinus vipera o algún tipo de pez araña; pero la difi- 


83 


282 HISTORIA NATURAL 


28(44) Carecen de sangre los peces de los 

Los peces que que vamos a hablar. Hay tres clases: 

no tienen sangre. en primer lugar los que llaman «blan- 

peces se dos»?", después los que están cubier- 

tos por una cáscara fina y, por último, 

los que están metidos dentro de tejuelos duros?*, Los mo- 

luscos son el calamar, la sepia, el pulpo y demás de su mis- 

ma especie. En éstos la cabeza se encuentra entre las patas y 
el vientre; todos ellos tienen ocho patas. 

Las sepias y los calamares tienen dos de sus patas muy 
largas y ásperas, con las que acercan los alimentos a la boca 
y con las que se sostienen en medio del oleaje como si fue- 
ran unas anclas, siendo las demás unos tentáculos? con los 
que cazan. 


cultad es que el pez homónimo en griego, descrito por: Ar1sT., HA VIT 
13, 598a, resulta ser el escorpión (ST.-Denis, 33; BALTAR, 73 ss.; Lerr- 
NER, 112). 

297 Mollis es, obviamente, raíz del castellano molusco. Se observa que 
tanto en este pasaje como en IX 73 — primeras referencias a los animales 
«blandos» — se utiliza la misma perífrasis (quae mollia appellantur), Pe- 
ro, en lo sucesivo, Plinio considera informado al lector y habla, ya sin pe- 
rífrasis, de peces molles, utilizando de forma constante y univoca este 
mismo término, lo que nos autoriza a pensar que se trata de un tecnicismo 
ya consolidado y a traducirlo por «moluscos», aunque para Plinio, como 
para Aristóteles, englobe un conjunto de animales más rsqueldo que el 
que actualmente designa el término castellano. 

20 Plinio reproduce aquí la división aristotélica (HA 1V 1, 5236) de 
los animales sin sangre: moluscos, crustáceos y testáceos. 

20% Plinio emplea aquí los términos con precisión, Tratándose de ca- 
lamares y sepias usa pedes para las «patas» más largas, mientras que las 
más cortas se designan por cirri — propiamente «pelos», pero aplicado 
por lo general a los flagelos en que terminan los tentáculos —, En IX 93 
utiliza también una terminología específica para los tentáculos del pulpo 
con los términos bracchia y crines. Así, bracchia y pedes designan res- 
pectivamente los tentáculos del pulpo y del calamar o sepia, pero brac- 
chia se extiende como término más general o neutro para los de éstos úl- 


LIBRO IX 283 


29 (45) El calamar también suele volar?! 
La sepia. saliéndose fuera del agua, lo mismo 
a que también hacen los peinecillos?*, 
Cuáles vuelan al modo de las saetas, Dentro del gé- 
Juera del agua nero de las sepias, los machos son de 


varios colores, más negruzcos y, además, de mayor fortale- 

za: las hembras que han sido heridas por el arpón reciben su 

ayuda; en cambio, la hembra huye en cuanto el macho ha 

sido herido. Pero ambos, cuando presienten que van a ser 

capturados, derraman una tinta que tienen en lugar de san- 
gre y se ocultan enturbiando el agua?”, 

Hay muchas clases de pulpos. Los 

(46-48) de tierra? son más grandes que los 

RON puipón de mar. Pueden utilizar todos sus bra- 

zos como pies y manos; la cola, en 

cambio, que es afilada y hendida en dos, para la cópula. 


timos en TX 158 y ambos términos concurren al hablar de los crustáceos, 
cf. IX 97, 93, Es un intento de tecnificación del léxico. j 

210 Como el calamar no «vuela», Sr.-Denrs, 56 ss. considera que con 
el nombre de lolligo se designa el calamar y un pez volador, La homoni- 
mia facilitó la propagación de la leyenda de que el calamar podía volar. 
Varrón, EL Y 79, explicaba que su nombre, folligo, aludía al vuelo, 
pues, según él, derivaba de volligo. Un eco de esta teoría puede rastrearse 
en las palabras de Plinio: lolligo etiam volitat... 

211 Los peinecillos o peines de mar son moluscos bivalvos de la fami- 
lia Pectinidae, que deben su nombre a sus estrías rectilineas y regulares 
(Sr.-Denis, 82 ss,; Lerrugr, 191), Cf. PLim,, IX 103 n. 

212 Las breves referencias al color, a la bravura de los machos y a la 
defensa mediante la tinta proceden de pasajes diferentes y distantes de 
ARISTÓTELES, lo que muestra la gran remodelación pliniana (HA TX 1, 
608b; V 12, 544a IV 1, 524b, respectivamente). La alusión al vuelo no fi- 
gura en su texto. 

2>13 Plinio emplea el término ferreni, traducción poco exacta (Capro- 
Ni-90, 107) del gr. prósgeioi, «costeros», o de bajura, de Arisr., HA IV 1, 
$25a.. 


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284 HISTORIA NATURAL 


Además, los pulpos tienen un sifón en el dorso por el que 
toman el agua del mar y la echan bien a la parte derecha o 
bien a la izquierda, Nadan hacia el lado donde ponen la ca- 
beza, que, mientras están vivos, es muy dura por estar hin- 
chada. Por lo demás, se adhieren como en acto de succión 
por medio de una especie de ventosas?!* que tienen esparci- 
das por sus brazos. Retienen las presas boca arriba hasta el 
punto de que no pueden desprenderse. No pueden cazar en 
los bajíos y, además, cuanto mayores-son, menor es su fuer- 
za. Son los únicos de los moluscos que salen a la tierra, pero 
sólo si es áspera; odían lo liso, 

Se alimentan de la carne de los mariscos, cuyas conchas 
rompen con el abrazo de sus tentáculos y, por eso, se descu- 
bre su escondrijo, porque hay trozos tirados por delante, Y 
aunque, en otro orden de cosas, se tiene por un animal torpe, 
como es porque nada cerca de la mano del hombre, en cierto 
modo es astuto en el gobierno de su familia: todo se lo lleva 
a su casa y luego, así que ha roído la carne, tira las sobras y 
atrapa a los pececillos que nadan a por ellas?!%, Cambia su 
color a imitación del lugar, sobre todo si tiene miedo. Es 
falsa la idea de que él mismo roa sus propios brazos, pues 


eso le ocurre por culpa de los congrios?***; pero no es falso 


214 Designadas por el término acetabulus, propiamente los «vasitos» 
o recipientes del vinagre, cf., infra, IX 93 n. 

215 El reaprovechamiento de las sobras para capturar otros peces no 
figura en Aristóteles. Este autor señala, en cambio, que los desperdicios 
que el pulpo tira ante su cubículo son la mejor señal para que los descu- 
bran los pescadores, de modo que, más bien, serían una torpeza del ani- 
mal (ArisT., FA VII 2, 591a). Plinio acierta al defender la inteligencia 
de los pulpos, aunque eso pueda deberse a haber interpretado mal este 
pasaje de Aristóteles. 

216 Con relación a su fuente, ArisT., HA IV 1, Plinio omite varios da- 
tos morfológicos —manto, división del cuerpo, posición de los ojos, 
etc. —, Con todo, debe destacarse la exactitud de las observaciones anti- 


LIBRO 1X 285 


que le vuelvan a nacer, como las colas a los colotes?!” y la- 
gartos. 
Ahora bien, entre las más destaca- 


(47) das maravillas figura el que llaman 
El pulpo náutilo y otros pómpilo?!*, Llega boca 
navegante 


arriba a la superficie de las aguas en- 
derezándose lentamente, de forma que 
soltando toda su agua por un conducto, como si hubiera 
descargado una sentina, navega sin problemas. Después, di- 
rigiendo hacia atrás sus dos primeros brazos, extiende entre 
ellos una membrana de extraordinaria finura; con ésta, des- 
plegada como una vela al viento y remando con los demás 
brazos, dirige su rumbo por medio de la cola, que está en 
medio de ellos, a modo de timón. Así va por alta mar, alegre 
con el aspecto de una libúrnica?!”, si le asalta algún temor, 
se sumerge cogiendo agua?2 


guas: la existencia de hectocótilo para la reproducción — que Plinio ad- 
mite con acierto, pese a-las dudas de Aristóteles —, del sifón para expul- 
sar agua y propulsarse; también, su modo de alimentación carnívora, su 
inteligencia, hoy reconocida, su capacidad de camuflaje, no solo en esta- 
do de miedo; incluso persisten ciertas dudas de si las mutilaciones de al- 
gunos ejemplares se deben a los enemigos naturales -—anguilas, morenas 
etc. —, como afirman Arisr,, VII 2, S9Ta y Plinio, o son fruto de auto- 
fagia (así lo creía EL., 127) o de canibalismo, 

217 Transcripción del gr, kólótes. Designa un tipo de lagarto. 

218 Sobre el pómpilo, cf. Pix., IX 51 n. El náutilo es el dali 
argo L. (Sr.-Denmis, 75; Lerrner, 179). 

21 Pr, IX 13m. 

22 La descripción de Plinio, rica en imágenes —cf. las comparacio- 
nes con la evacuación de la sentina, la vela y la libúrnica—, está basada 
en ArisT., HA IX 37, 622b; IV 1, 5254. Este autor ——como EL., 1 37— 
ofrece una explicación más clara del papel que desempeña la concha: el 
náutilo emerge con la concha del revés para que no coja agua; le da la 
vuelta poniéndola como el casco de un barco para poder navegar sobre 
ella y, para volver a sumergirse, deja que la concha se llene de agua. Pli- 


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286 HISTORIA NATURAL, 


30 (48) Del género de los pulpos es la «ocena»”!, lla- 
mada así por el mal olor de su cabeza, siendo por esa razón 
muy perseguida por las morenas, 

Los pulpos se ocultan durante dos meses. No viven más 
de dos años, pues mueren siempre por consunción; las hem- 
bras antes y, por lo general, después del parto. 

No deben pasarse por alto tampoco los conocimientos so- 
bre los pulpos que, durante el proconsulado de Lucio Luculo 
en la Bética, publicó Trebio Nigro, escritor de su comitiva”: 
que les gustan muchísimo las conchas, que éstas, al tocarlas, 
se cierran cortándoles los brazos y, a mayor abundamiento, 
sacan alimento de su depredador. Las conchas carecen de 
vista y de cualquier otro sentido, salvo el de alimentarse y el 
del peligro. Los pulpos, por eso, están al acecho de las que 
están abiertas y, después de meterles un guijarro fuera del 


nio no menciona la concha; su información sobre este ser, que le parece 
extraordinario, es confusa: más adelante (IX 94 n.) habla del nauplio na- 
vegante sin caer en la cuenta de que es éste mismo y juzga que su concha 
es otro ser independiente. 

21 Del griego, ózaina, término que designa la ocena o fetidez, aplica- 
do, ya en griego, a una determinada clase de pulpo fétido, que se corres- 
ponde con la especie Eledone moschata, el pulpo almizciado, por su olor 
a almizcle, cuya característica externa más visible es su color y el poseer 
una hilera única de ventosas en cada brazo. 

222 Información más completa en Arrsr., HA V 544a: se acoplan en 
invierno, desovan en. primavera y se ocultan dos meses. Las hembras in- 
cuban después de desovar y no buscan comida, por lo que se debilitan y 
pueden morir de consunción, Envejecen pronto (ib. TX 37 622a) y gene- 
ralmente no viven más de un año. 

22% Sobre Trebio Nigro, ef. PLIu. IX 80 n, Basándose en este pasaje de 
Plinio, se suponía que Trebio había vivido en el s. u a. C. Se debía a una 
identificación incorrecta de Lucio Luculo con Lucio Licinio Luculo, cón- 
sul en el año 151 a. C. Pero BarDoN, 145, advirtió que sólo con Augusto 
pudo tener la Bética proconsulado, por lo que la cronología de Trebio ha- 
bía de retrasarse a la época de los Julio-Claudios, 


LIBRO YX 287 


cuerpo para que no lo expulsen con sus palpitaciones, se acer- 
can tan tranquilos y les extraen la carne. Ellas intentan cerrar- 
se, aunque inútilmente, porque quedan atrancadas?* tanta 
astucia tienen incluso los más torpes de los animales. Ade- 
más, añade que no hay otro animal más fiero para acabar con 
un hombre en el agua. En efecto, lucha entrelazándose, suc- 
ciona con sus ventosas y saca el jugo por su múltiple y per- 
sistente succión, siempre que se lanza al ataque contra náu- 
fragos o buceadores. Pero si se le da la vuelta, se desvanece 
su fuerza, pues cuando están boca arriba se estiran. 

Las demás cosas que relata el mismo autor pueden pare- 
cer más próximas a lo prodigioso. En Carteya?, en las ce- 
táreas, había uno que acostumbraba a salir del mar hacia las 
balsas que había abiertas, acabando allí con las salazones 
— sorprendentemente a todos los animales marinos les gusta 
ese olor suyo y esa es la razón por la que se untan las na- 
sas—; éste se granjeó la ira de los guardas por su desmedi- 
do afán de robar”, Se le pusieron por delante unos cerca- 
dos, pero los saltaba por medio de un árbol, y no se lo 
hubiera podido atrapar sí no llega a ser por el olfato de los 
perros. Éstos lo rodearon cuando volvía de regreso por la 
noche y los guardas al despertarse se aterrorizaron por algo 
tan excepcional. Ante todo su tamaño era insólito, después 
el color del animal, untado en la salmuera, con un olor de 


22 También S. Ismoro habla de esta misma técnica de cazar, atribu- 
yéndola al cangrejo para comer ostras (Etim. XII 6, 51). 

2% Antiguo asentamiento púnico y posteriormente población romana 
de la Bética (PLIw., 111 7 n.), Era, por su situación en el extremo meridio- 
nal de Hispania (el Rocadillo, en las proximidades de San Roque—, un 
núcleo importante de comunicaciones y distancias (Pix, 11 17; VI 214). 

226 O bien «se granjeó la ira de los guardas por su afán de robos des- 
medidos», según otras variantes de los manuscritos, O tambien, «se 
granjeó la ira desmedida de los guardas por su afán de robar» (conjetura 
de MaAxHorr, ad loc.), 


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288 HISTORIA NATURAL 


espanto. ¿Quién se hubiera podido esperar un pulpo en 
aquel lugar o lo hubiera podido reconocer de tal guisa? A 
ellos les parecía que luchaban contra un monstruo, pues es- 
pantaba a los perros con su bufido terrible, azotándolos, 
además, unas veces con las puntas de sus tentáculos, o gol- 
peándolos otras veces con la parte más fuerte de sus brazos 
a modo de mazas; a duras penas se pudo acabar con él tras 
múltiples arponazos. Le mostraron a Luculo la cabeza, del 
tamaño de un tonel con quince ánforas de capacidad; ade- 
más, por utilizar yo las mismas palabras de Trebio, las bar- 
bas 2”, que apenas podían abarcarse con los dos brazos, lle- 
nas de nudos, como las mazas, de treinta pies de longitud, 
con sus ventosas o copas 2 de una urna de capacidad, co- 
mo calderos y, asimismo, los dientes, en correspondencia 
con su tamaño. Sus restos, conservados por su carácter ex- 
traordinario, pesaron setecientas libras, El mismo autor re- 
fiere que también fueron arrojados a aquellas costas sepias y 
calamares de ese tamaño ?”. En el mar Nuestro se pueden 


227 Plinio emplea nuevamente con notable rigor la terminología, A pro- 
pósito de los pulpos, distingue bracchia «brazos» para los tentáculos más 
gruesos y crínes para la parte final de los tentáculos, manteniendo sistemáti- 
camente estas designaciones únicas —así se refleja en esta traducción —, lo 
que muestra que eran, hasta cierto punto, términos metafóricos tecnificados 
(cf. TX 83 n.). Cuando utiliza el texto de Trebio, introduce nuevas palabras 
—así, barbae equivalente de crines-—, Trebio quizás buscaba efectismos 
lingúísticos, a tono con el contenido de sus relatos exagerados y Plinio se 
deja impresionar por sus palabras. 

28 A] lado del término antes empleado (PLaw., IX 85, 91) para desig- 
nar las ventosas —acetabulus «vaso para el vinagre» y, por extensión, 
cualquier otro recipiente-—, aparece ahora, en forma de glosa, un nuevo 
término, caliculus «copita» —acetabulis sive caliculis-—, que quizás 
procede también de Trebio (cf. nota anterior). 

22? Esta nueva cita de Trebio subraya el distanciamiento entre los dos 
autores. Plinio no comparte la responsabilidad en unas cifras sobre el ta- 
maño de los calamares y sepias que distaban mucho de las que él conocía 
en el Mediterráneo. Algo similar se observa en las citas de Muciano. 


LIBRO IX 289 


capturar calamares de cinco codos y sepias de dos. Tampo- 


co su vida dura más de dos años?*, 
Otra especie parecida también a 
(49) una nave”! ha publicado Muciano 
El nauplio que la ha visto él en la Propóntide?”: 
navegante 


es una concha con la forma de la qui- 
lla de un acacio”*, con la popa cur- 
vada y la proa en espolón, En ésta se mete el nauplio, un 
animal parecido a la sepia, en una simple asociación para el 
juego. Se realiza de dos maneras: cuando el mar está en 
calma el nauplio navegante lo hiende batiendo las palmas de 
sus manos como sí fueran remos; pero si la brisa invita a 
ello, las estira usándolas de timón y la cavidad de la boca de 
la concha se abre a favor del viento?”*, El placer de ésta 


230 El ánfora romana = 26.3 litros, la urna = media ánfora, la libra = 
327 grs, el codo = 0, 44 m. 

%1 Remite al náutilo, del que había hablado en TX 88. La distancia 
entre ambas informaciones se debe a la introducción de los pulpos gi- 
gantes, La sensación de desorden es más aparente que real: este último 
pez-barco no es propiamente un pulpo para Plinio, pues al cambiar de 
fuente, no lo identifica con el anterior. Para él se trata de una unión —-hoy 
se llamaría simbiosis — entre una especie de sepia y una concha. Preci- 
samente por tratarse de una concha se sitúa al final del pasaje sobre los 
moluscos, realizando la transición entre éstos y las langostas, animales 
con «costra» o crustáceos de concha fina. Cf. Pumn., IX 78 n., donde la 
lamprea sirve análogamente como elemento de transición. 

2% Sobre Muciano y la Propóntide, cf. Pax, IX 33 n. y $0 n. 

23 Del gr. akátion, nombre de una barca ligera de vela, 

24 Según otra interpretación (Sr,-Denis, ed. ad loc.) es el nauplio el 
que «extiende sus brazos como aparejo de gobernalle y abre al viento su 
boca que se hincha», Sin embargo, se trata de un pulpo que fabrica una 
concha de caracol, en la que efectivamente se desplaza, Lo máximo que 
podría percibirse es el hueco de la boca del caracol, más abierto cuando 
el pulpo se asomaba fuera, así como su orientación al viento. En algunos 
manuscritos aparece la forma concharum, en lugar de buccarum, que 
muestra una antigua corrección en la línea aquí propuesta. 


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290 HISTORIA NATURAL 


consiste en llevar, el de aquél en dirigir, y se comunica a la 
vez a los dos seres carentes de sensibilidad; pero hay el re- 
paro de que la desgracia humana está en juego por ser un 
presagio funesto para los navegantes, pues hay constancia 
de ello??, 

Las langostas?*, dentro del género 


(50-52) de los que carecen de sangre, están pro- 

Los animales cubiertos , A . 
de capabaión; tegidas por una cáscara frágil. Se ocul- 
Las langostas tan durante cinco meses. Lo mismo ha- 


cen los cangrejos, que se esconden 
durante el mismo tiempo, y ambos al principio de la primavera 
mudan sus camisas, como las serpientes, y se despojan de la 
vieja. Los demás animales acuáticos nadan en el agua, las lan- 
gostas flotan al modo de los reptiles: si no les sobreviene el 
miedo, en línea recta con las antenas, que están despuntadas 
con su característica redondez, desplegadas hacia los lados, y 
marchan atravesadas, de lado, con ellas levantadas, cuando es- 
tán asustadas. Con las antenas luchan unas con otras. 
Es éste el único animal que, si no se cuece vivo en agua 
hirviendo, no adquiere consistencia, por ser su carne suelta?”., 


235 Aquí terminan los capítulos dedicados a los moluscos, en los' que 
Plinio utiliza — y cita— a tres autores: Aristóteles, en primer Jugar, Trebio 
Nigro para el Atlántico y Muciano para el Ponto. A pesar de esta selección 
cuidada, los tres autores no tenian la misma garantía y ello se refleja en el 
texto de Plinio, que pierde fiabilidad cuando deja a Aristóteles, aunque pue- 
da ganar literariamente con estos relatos del pulpo gigante, uno de los 
monstruos marinos favoritos de la literatura fantástica posterior, 

236 Los capítulos sobre langostas y cangrejos, según han indicado los 
editores desde Mayhoff, rernontan a diversos pasajes de Aristóteles. No 
obstante, en las diferencias entre langostas, bogavantes y cangrejos hay 
gran confusión: Plinio ha remodelado su fuente —tanto que a veces no 
parece ser fuente directa— y no siempre la ha entendido. 

257 Aunque, al contrario que en otros peces, no se expresa un aprecio 
especial por la langosta, sin embargo, esta referencia a su cocimiento mues- 
tra su presencia en la cocina romana, dato que también conocemos por di- 
versas recetas de Aricio (IX 400, 402, etc., sobre la langosta cocida). 


LIBRO 1X 291 


31 Éstas viven en las rocas, los cangrejos en sitios más 
blandos. En invierno buscan las orillas abrigadas y en vera- 
no retornan a los abismos sombríos. Todos los animales de 
esta clase se resienten en invierno; en otoño y en verano en- 
gordan y todavía más durante el plenilunio ya que este astro 
mitiga la noche con su tibio resplandor. 

61) Las clases de cangrejo son: los cá- 
Clases de cangrejos, rabos, los ástacos, las meas, los pagu- 


El «pinotero», 24 238 
Los erizos de mar. Ys, los heracleóticos, los «leones» 


Los caracoles. y otros menos importantes”, Los cá- 
Eonpernes rabos? se diferencian de los demás 


338 Meas: Maia squinado, araña de mar, pagurus: Cancer pagurus 
£., quizás el cangrejo comestible; heracleóticos: de la ciudad de Heraclea 
(entre las muchas así llamadas en la Antigúedad, ésta parece ser la Hera- 
clea Póntica, hoy Eregli, cf. PLin., V 151; VI 4 n,). Los cangrejos se 
enumeran hasta aquí, como en Aristóteles, de mayor a menor tamaño; los 
«leones» son probablemente una especie de bogavante (ST.-Denus, 6l, 
81, 47, 54; Lerrner, 160, 188, 136, 152). 

22% Plinio transcribe los términos griegos kárabos, astakós, maía, pá- 
gouros, Herakieotikós. Figuran en ArisT., HA 1V 2, 525b; los dos prime- 
ros entre los crustáceos —langosta y bogavante— y el resto entre los 
cangrejos. Según Sr.-Denis, ed. ad loc., Plinio resumió mal su fuente, in- 
cluyéndolos todos, junto con los «leones», entre los cangrejos, Ahora 
bien, Aristóteles no hace referencia a los «leones»; sí, en cambio, ATENEO, 
106c y Ex.., XTV, 9. Ambos autores, que ni son fuente de Plinio ni depen- 
den de él, debieron de manejar un mismo texto de Aristóteles — glosado 
o resumido, pero distinto del de los códices conservados de su obra-—- 
que contenía la alusión a los «leones». Por la misma razón, podemos su- 
poner que Plinio tampoco usó directamente el texto de Aristóteles en su 
versión canónica, sino otro similar al de estos autores, 

240 Las primeras documentaciones del castellano cárabo datan del s. 
xvi, siendo voz culta con el significado de «cangrejo» por imitación de 
fuentes grecolatinas. A pesar de esta autorizada opinión — J, COROMINAS, 
J. A, PascuaL, Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico 
(DCECH), Madrid, 1987, s. v. — el cultismo castellano no puede proce- 
der de Aristóteles (donde significa «langosta») ni de sus buenos intér- 
pretes, Creemos que ha sido el influjo escolar de Plinio el que motiva 


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292 HISTORIA NATURAL 


cangrejos?% por la cola. En Fenicia reciben el nombre de 
«caballos» unos tan veloces que no se pueden coger. Los 
cangrejos son de larga vida, de ocho patas, articuladas todas 
hacia los lados, En las hembras la primera pata es doble; en 
el macho, simple. Además, tienen un par de brazos con pin- 
zas dentadas. La pieza superior de los delanteros se mueve, 
mientras la inferior permanece inmóvil. El brazo derecho es 
en todos ellos más grande", : 

A veces se reúnen todos juntos, No son capaces de so- 
brepasar la boca del Ponto; por eso, salen de ella dando un 
rodeo y queda su senda marcada. Se llama pinotero”* al 
más pequeño de toda esta especie y, por ello, más vulnera- 
ble. Éste tiene la astucia de meterse en las conchas vacías de 
las ostras y de mudarse, así que ha crecido, a otras más 
grandes. Los cangrejos, cuando tienen miedo, andan tam- 
bién para atrás con la misma velocidad. Luchan unos contra 
otros atacándose, como los carneros, con los cuernos en- 


«cárabo», referido, con la misma «impropiedad» de este autor (cf. nota ante- 
rior), a un tipo de cangrejo, El término debió de relacionarse con «carabine- 
ro», todavía hoy usual, haya o no relación etimológica entre ambos. 

241 Aquí se observa que los «cárabos» de Plinio son cangrejos con 
cola, pero no langostas. Estas aparecen antes (IX 95) con el nombre lati- 
no locustae, distinguiéndolas de todos los cangrejos por su caparazón O, 
más bien, por su cáscara frágil (crusta), Esta caracteristica motiva su si- 
tuación al inicio de los crustáceos. Es la tendencia de Plinio a las transi- 
ciones graduales: después de los «blandos»o moluscos, se empieza por el 
animal de caparazón más suave dentro de los crustáceos, y se termina por 
el más duro (el erizo), al que seguirán otros de recubrimiento todavía más 
duro, los testáceos (cf. IX 94 n.). 

22 La descripción corresponde al bogavante en Artsr., HA IV 2, 
526a, Plinio la atribuye al cangrejo, pues el bogavante para él no es más 
que uno de ellos. 

2% Cangrejo ermitaño, de la familia delos Paguridae, quizás el Eu- 
pagurus bernhardus, descrito por Arist., HA V 15, S48a con el nombre 
de karkinion (St.-Denus, 87 s.; Lerruer, 201). 


LIBRO IX 293 


frentados”*, Tienen poder curativo? contra las mordeduras 
de las serpientes, Cuando el sol cruza el signo de Cáncer?* 
se cuenta que también su cuerpo, si están muertos, se trans- 
forma en la arena en escorpiones. 

Del mismo género son los erizos, que tienen púas en 
función de pies. Para ellos andar consiste en ir rodando y, 
por eso, se encuentran a menudo con las puntas desgastadas. 
Se llaman equinometras*” aquellos cuyas púas son muy 
largas y sus conchas muy pequeñas. No tienen todos el 
mismo color vítreo; cerca de Torone”** nacen blancos, con 
púas cortas. Las huevas de todos ellos son amargas, en nú- 
mero de cinco. Su boca se encuentra en el centro de su 
cuerpo, orientada hacia el suelo”, Dicen que presienten el 
mal estado del mar y que se recubren con los guijarros pe- 


24% Cf, Arrsr,, HA VIT 10, 590b. Este autor señalaba que las langos- 
tas luchan con las antenas, como los carneros con sus cuernos. PLINIO 
(ibid., 99) atribuye esto a los cangrejos por una mala interpretación del 
texto de Aristóteles. 

245 En los tratados agrícolas, los cangrejos se emplean como pestici- 
das (PALAD., 135, 7). Así, también, PLin., XXXII 55, aunque añade su 
utilidad contra las picaduras de escorpión. A. LAGUNA (P. Dioscórides, 
acerca de la materia medicinal y los venenos mortíferos. Amberes 1555, 
—-Madrid, 1968, reimpr., IL, 10—-) afirma haber realizado una cura con 
polvo de cangrejo quemado vivo: era el remedio prescrito por Dioscóri- 
des contra la rabia y el cáncer, entre otras enfermedades que cita. 

2% Reiteración de la idea de que el signo zodiacal tiene un influjo es- 
pecífico sobre los animales correspondientes, C£. Prin,, IX 71, 

247 Del gr. echinométrai, compuesto de echinos «erizo de mar» y mé- 
tra «matriz»; corresponden al Echinus cidaris (Sr.-Denis, 34). 

248 En Macedonia, ya mencionada en PL1m., IV 37; actualmente To- 
roní, El color del vidrio romano es azul verdoso, 

24? Plinio utiliza sólo notas aisladas de Axusr., HA IV 5, 530b-531a 
— púas en función de pics, huevas, posición de la boca—-, De acuerdo 
con su tendencia, es muy parco en los datos morfológicos del animal, a 
pesar de que en este pasaje se contenía la famosa descripción aristotélica 
de la linterna, sobre la boca o el cuerpo del erizo, 


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294 HISTORIA NATURAL 


queños que cogen, controlando sus movimientos gracias a 
este peso: no quieren desgastar sus púas a fuerza de rodar. Y, 
cuando los marineros observan esto, inmediatamente ama- 
rran las naves con muchas anclas, 

32 Dentro de este mismo género se hallan los caracoles 
de mar y de tierra, que se asoman fuera de su casa estirando 
y encogiendo esa especie de par de cuernos suyos. Carecen 
de ojos? y, por eso, tantean el camino con sus cuernecillos. 

33 Se consideran dentro del mismo género los peines de 
mar, que precisamente también se ocultan durante los gran- 
des frios y los grandes calores; asimismo, los dátiles de mar, 
que relucen en la oscuridad como el fuego y también en la 
boca de los que los comen”, 

Y ya de un recubrimiento. mucho 
más duro 2% son los múrices y las dis- 

Elita o tintas clases de conchas, en las que se 

encuentra la múltiple diversidad de 
los caprichos de la naturaleza: tantas 


250 Arisr,, FA TV 5, 528b no habla de los ojos del caracol, pero tam- 
poco afirma que no los tenga, 

251 Sobre los peines de mar, cf. PLIw. IX 84 n, Las llamadas en latín 
unges «uñas» o dactyli «dedos», metáfora por la forma de la concha, fos- 
forescentes, se identifican con el. Pholas dactylus L.. (ST.-Denrs, 41; 
LerTNER, 49), son los dátiles de mar, 

252 Aquí se inician los capítulos sobre los testáceos; con los q que fína- 
liza la triple división aristotélica de los animales sin sangre, seguida por 
Pumio (ef, IX 83 n.). Firmioris tam testae... El término testa «pedazo de 
barro cocido» conoce muchos usos metafóricos. Plinio lo emplea para de- 
signar estos animales de recubrimiento más duro, los testáceos, Pera al- 
terna con concha (IX 107), con siliceum tegmen (IX 160), o con la perí- 
frasis silicum duritia (1X 40), cuando quiere subrayar la dureza pétrea de 
las ostras. La variedad de designaciones revela que los testáceos no tie- 
nen todavía una denominación unívoca, a diferencia de los moluscos (cf. 
IX 83 n.); por eso, hemos optado por evitar el tecnicismo festáceo del 
castellano. : 


LIBRO IX 295 


son las diferencias de matices?” y tantas sus figuras, ha- 
biéndolas planas, cóncavas, alargadas, en media luna, traza- 
das en círculo, partidas en semicírculo, levantadas por el 
dorso, lisas, rugosas, denticuladas, estriadas, con la punta en 
caracol como los múrices, con el borde terminado en filo, o 
sobresaliendo hacia fuera, o replegado hacia dentro. Ade- 
más?*%, por sus marcas: rayadas, hirsutas, rizadas, divididas 
en forma de canales? o en forma de púas de peine, ondula- 
das en forma de teja, reticuladas en forma de celosía, traza- 
das en línea recta o en oblicua, compactas, largas, sinuosas; 
existiendo las conchas unidas por un nudo pequeño, las ce- 
rradas por el borde entero, las abiertas para dar aplausos y 
las enrolladas en trompa. 

De todas ellas, pueden navegar las vieiras?%, que mos- 
trando la parte cóncava de su cuerpo y oponiéndola al vien- 


2% Así entendemos color, en una acepción menos frecuente que la 
habitual de «color», porque no se habla de los colores de las conchas, pe- 
ro sí de sus caracteristicas, recogidas después por el término distinctio. 

234 Los editores vacilan en la puntuación de todo este capítulo, al es- 
tar formado sólo por sintagmas nominales. Aceptamos la puntuación 
fuerte, establecida en este lugar por KóniG-WINKLER, ed. ad loc. Más 
adelante («existiendo...») establecemos otra, entendiendo que se percibe 
un nuevo corte, marcado por cambios de expresión (nueva sucesión de 
ablativos), y por el contenido, ya que pasa a hablar de la forma de unión 
de las valvas por distintas charnelas. 

255 Eg el pasaje más detallado de la Antigiiedad sobre las conchas, más 
todavía que el de ArrsT., HA TV. 4, 5284, Por esa razón, es de interpretación 
dificil, al no ser factible cotejarlo con otros paralelos. Se presenta como una 
larga enumeración, sin apenas contexto, y poco cuidada —con cambios de 
caso y con abuso de adverbios en -hm—, Resultó difícil desde antiguo, co- 
mo prueban las variantes de los manuscritos y las conjeturas de los primeros 
editores, como canaliculafim «en forma de canab», hoy todavía aceptada, 
aunque implica admitir un término nuevo en latín, 

256 Pertenecen a los Pectínidos, distinguiéndose la mediterránea —Pec- 
ten iacobaeus— y la atlántica — P. maximus —, la vieira propiamente di- 
cha, que hereda el nombre latino de Veneria y es hoy la designación ha- 


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105 


296 HISTORIA NATURAL 


to van como un velero por la superficie de las aguas. Los 
peines?” saltan y vuelan afuera y, además, también ellos se 
desplazan con su concha. 

¿Pero por qué me entretengo yo 

34 (53) en tantas minucias si la perversión de 

Qué gran aportación — las costumbres y el lujo no proceden 

al lujo ofrece elmar ¿e otra cosa más que del género de las 

conchas?2%, Desde luego lo más fu- 

nesto de la naturaleza entera para el estómago humano es el 

mar por todas sus recetas culinarias, por todos sus manjares 

y por todos los sabores del pescado, para los que se estable- 
ce el precio en función del riesgo de los que los cogen. 

35 Pero ¡qué poca cosa es esto para los que aprecian la 
púrpura, los conchiles y las perlas! No tenían bastante, sin 
duda, con meterse el mar por sus tragaderas, si no se lo lle- 
vaban puesto encima las mujeres e igualmente los hombres 
en sus manos, en sus orejas, en su cabeza y en todo su cuer- 
po.¿Qué tiene que ver el mar con nuestro vestido? ¿y el 
agua y las olas con la lana? ¿No nos admite bien este ele- 


bitual de las dos especies. Ésta, como otros pectínidos, es capaz de avan- 
zar «a reacción» por expulsión de agua. Nombres gallegos populares de 
otras especies emparentadas muestran la misma creencia en su vuelo: 
«volandeira» (cast. volandera), «anduriña» (Aequipecien opercularis), 
«zamburiña» (Chlamys varia), etc. 

27 En los capítulos sobre los crustáceos (PLix,, IX 95-99), tras las 
langostas y los diversos tipos de cangrejos se añaden —in/ex eodem 
genere «en/del mismo género» — los erizos, caracoles y peines. Pero 
ya antes (IX 84) los había mencionado junto con los pulpos, sepias, 
etc., que para Plinio son los moluscos. Nueyamente yuelven a aparecer 
los peines entre los testáceos, poniendo de manifiesto un problema de 
clasificación. 

2% Todo este capítulo junto al anterior constituye uno de los ejem- 
plos más claros de los dos estilos que maneja Plinio: ahora ampuloso, 
como corresponde a la nota moralizante, frente a la seca enumeración 
anterior. 


LIBRO IX 297 


mento de la naturaleza si no estamos desnudos??? Bien está 
que el estómago tenga tan profunda relación con el mar ¿Y 
con nuestra piel? Poca tiene, salvo que quienes nos alimen- 
tamos a costa del peligro, también nos revestimos con él: 
hasta ese punto las cosas que se buscan con riesgo de la vida 
humana son las que dan más agrado a todo el cuerpo. 

Por esa razón, las perlas constitu- 


(54-59) yen el objeto de valor primordial y 
Las perlas, máximo entre todos?%, Las produce 
Cómo y dónde nacen 


especialmente el océano Índico junto 
a aquellas bestias tan grandes y nume- 
rosas de las que hemos hablado*!, llegando a través de 
tantos mares, por tan largo espacio de tierra y en medio de tan 
fuertes calores del sol. E incluso los indios las han de buscar 
en islas, y sólo en muy pocas. Las más ricas son Tapróba- 
ne? y Estoidis?%, como dijimos en nuestro recorrido alre- 


25% Según algunos editores antiguos, esta frase es aseverativa, de res- 
puesta a la anterior. Los editores modernos consideran que es interrogativa 
por razones de contenido y de forma -—completa el período trimembre de 
tres interrogaciones retóricas —, Los mss., como es sabido, no son fiables 
en los signos de puntuación. También hay discrepancia al final del capítulo. 

260 PL ny., XII 84, se queja de los cien millones de sestercios que gas- 
taba Roma en artículos de lujo, como las perlas y la seda, importados 
desde lugares lejanos. También Er.., X 13, comenta que con el negocio de 
las perlas muchos se habian hecho ricos, 

261 Cf Prrx., IX 2-7, 

262 Tapróbane es el nombre con que aparece sistemáticamente en Pli- 
nio la isla que es hoy Sri-Lanka. Conocida desde las expediciones de 
Alejandro, era uno de los puntos del comercio de artículos de lujo por la 
fama de sus riquezas en oro y perlas. Los contactos con el mundo romano 
habían continuado, por ello, hasta la época de Plinio, pues, cuando la 
describe (VI 81-85), habla de relatos recientes, que posiblemente él utili- 
z6. Cf, et, SoLino, 53; Gu, J., La India..., págs. 51 ss., sobre las relacio- 
nes con el extremo oriente en épocas posteriores. - 

26% En el golfo Pérsico; su riqueza en perlas se menciona en PLmx,, VI 
110n. 


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298 HISTORIA NATURAL 
dedor del mundo”%, y, además, Perímula, cabo de la In- 
dia?%, Pero las más apreciadas son las de las inmediaciones 
de Arabia, en el golfo Pérsico del mar Rojo?%, 

El origen y la concepción de esta concha no son muy di- 
ferentes de las conchas de las ostras. Cuando las estimula la 
hora del año propia de la concepción, abriéndose con una 
especie de bostezo, dicen que quedan fecundadas al im- 
pregnarse de rocio?”; que, después, las preñadas paren y 
que el parto de las conchas son las perlas, que se corres- 
ponden con la calidad del rocío recibido. Si éste penetró 
puro, se ven blancas brillantes, pero si estaba turbio, tam- 
bién la cría coge impurezas, y ésta palidece si se impregnó 
bajo un cielo amenazador. De él depende, en definitiva, y 
las perlas tienen una relación más profunda con el cielo 
que con el mar: de ahí les viene su tonalidad plomiza o ra- 
diante?, según la luz de la mañana. Si se nutren en tiem- 
po bonancible, también se hacen grandes las perlas; si re- 
lampaguea, las conchas se cierran y ellas menguan en 
proporción al ayuno; pero si llega a tronar, al asustarse y 


264 Se refiere a los libros geográficos (I-VI) de la Historia Natural. 

265 Actualmente cabo de Kalinga, famoso por ser el mayor emporio 
de comercio de la India (PLiw., VI 72), 

26 El mar Rojo comprendía el golfo Arábigo —hoy, mar Rojo— y el 
Pérsico que, como señala PLIw,, VI 107 ss,, incluía parte del que hoy se 
llama Índico, nombre que en la Antigúedad solía reservarse para la parte 
que bañaba la India. 

267 Es el elemento masculino, el rocío seminal que las fecunda; éstas, 
como muestra todavía su nombre de madreperlas, son el elemento feme- 
nino. Plinio se limita a recoger — tradunt «dicen» — la leyenda. EL., X 
13, transmite otra, precedida de «cuentam», que muestra que tampoco la 
cree; las madreperlas se fecundan por el reflejo de los relámpagos. 

26 Términos propios de la luz del día, atribuidos al tono — grisáceo o 
blanco — de las perlas. 


LIBRO IX 299 


cerrarse de repente, producen lo que se llama un fisema?*, 


una cosa que se ve hinchada sólo de aire, sin cuerpo den- 
tro; o sea, los abortos de las conchas. Los partos sanos 
constan, desde luego, de múltiples pieles, de forma que 
pueden considerarse con propiedad como una callosidad 
del cuerpo y, por eso, los entendidos los mondan. 

Me llama la atención que disfruten tanto del cielo, que 
enrojezcan con el sol y que pierdan su blancura, como el 
cuerpo humano. Por eso la conservan mejor las de alta mar, 
al estar sumergidas a mayor profundidad de lo que penetran 
los rayos de sol. No obstante, amarillean y se ajan por la 
vejez y las arrugas, y, salvo en la juventud, no aparece esa 
lozanía que se requiere. Además, en la vejez se van ponien- 
do gruesas, se pegan a las conchas y no se pueden separar 
salvo con una lima. Las que tienen una sola cara y una su- 
perficie redonda sobre ella, estando la parte plana en la ba- 
se, se llaman, por esta razón, timpanos?”, son las que ve- 
mos pegadas en las conchas que guardan los ungiientos con 
este realce. Por lo demás, la perla en el agua es blanda, al 
sacarla en seguida se endurece. 

La concha en cuestión, cuando ve 
una mano, se cierra y guarda sus ri- 
quezas, comprendiendo que se la bus- 
ca por causa de ellas; si la mano se 
anticipa?”, la podría cortar con su filo 


(55) 


Cómo se encuentran 


26 Transcripción del griego physéma, que significa «soplo» y, de ahí, 
con diferentes restricciones, «hinchazón» (de donde, «ampolla», «bur- 
buja»), etc. Posiblemente Plinio, poco dado al empleo innecesario de pa- 
labras griegas (así lo expresa en 11 4, etc.) acude al grecismo porque lo 
entendía en el sentido técnico de «perla huera», para lo que no había un 
buen equivalente latino. 

22 Del gr. tympánion, «tambor pequeño» o «timpano». 

2 Concha ipsa, cum manum vidit, conprimit sese ..., manumque, si 
praeveniat, acie sua abscidat... Literalmente el pasaje final: «cortaría con 


109 


11 


me. 


300 HISTORIA NATURAL 


-——ningún otro castigo es más justo —, Además, se protege 
con otras medidas, pues precisamente la mayor parte se en- 


cuentra en las rocas, e incluso en alta mar están acompaña- 


das por perros de mar?””?; pero ni aún así se libran de las 


orejas de las mujeres?”, Algunos cuentan que lo mismo que 
en los enjambres de las abejas, en cada enjambre de conchas 
hay una que, como jefe, destaca por su tamaño y edad, de 
pasmosa astucia para proteger a las demás. Éstas son las 
buscadas con todo celo por los buceadores; una vez captu- 
radas, recogen fácilmente en las redes a las demás, que an- 
dan desperdigadas, recubriéndolas luego con mucha canti- 
dad de sal en recipientes de barro, Cuando se ha consumido 
toda la carne, aquellas semillas de su cuerpo, o sea, las per- 
las, caen al fondo. 


el filo la mano, si (ésta) llegase antes» -——hay un incómodo cambio de 
sujeto, dado que el de praeveniat ha de ser manus sobreentendido; asi 
suele editarse como lectio difficilior—, Otra posibilidad es cambiar la 
puntuación que ofrecen los editores y referir manumque a praeveniat, 
tomado en uso transitivo — «si pillara la mano, la cortaría con su fi- 
lo...» —, Otra posibilidad es suponer que el genuino manusque fuese alte- 
rado por los copistas en manumque (simple error de perseverancia del 
manum anterior, sumado al mal entendimiento de la abreviatura -usque), 

272 La denominación latina canis marinus «perro de mar» y su dimi- 
nutivo canicula se refieren a los escualos (ST.-DEnI1s, 17 ss,), En castella- 
no «perro (de mar)» es una de las designaciones de los cazones — térmi- 
no que, a su vez, según CoromINas-PAsCUAL, DCECH, $. v., procedería 
de una derivación vulgar del lat. cattus «gato» —-. En latín, como en cas- 
tellano y otras lenguas, se observa, pues, la misma tendencia a asociar los 
escualos con perros y gatos, bien por la forma de su hocico o por su for- 
ma de nadar. 

23 Típica muestra de humor a costa de las mujeres. Más digno de 
mención es que cuando nos consta que Plinio habla en serio, en las notas 
moralizadoras, como la dedicada a las perlas en IX 105, acusaba por 
igual a hombres y mujeres por esta costosa afición. 


LIBRO IX 301 


Con el uso no hay duda de que se 

(s6) desgastan ni de que su color cambia 

Cuáles son las clases por falta de cuidados. Todo su valor 
de perlas grandes dica en su blancura brillante, su ta- 
maño, su redondez, su lisura y su pe- 

so, rasgos éstos tan poco corrientes que nadie ha encontrado 
dos iguales; de ahí el nombre de «las únicas» que les impu- 
sieron, por supuesto, los refinamientos romanos, pues ni 
entre los griegos ni tampoco entre los bárbaros, aunque son 
los que las han descubierto, reciben otro que el de marga- 
ritas?”*, Incluso dentro del mismo color blanco hay notables 
diferencias: es más nítido en las que se encuentran en el mar 
Rojo; en el Índico se asemejan a las escamas de las piedras 
especulares””*, siendo superiores a las demás en lo que res- 
pecta al tamaño. El mayor elogio de su color es llamarlas 
«de alumbre». También tienen un aprecio particular las más 
alargadas. Dan el nombre de «elencos»?* a las que termi- 


2% Las perlas se designan con ambos nombres. Plinio emplea unio 
con el sentido más amplio de «perla» y con el más restringido de «perla 
excepcional» (IX 119; 122) que deriva de la etimología entonces admiti- 
da (se relacionaba unio con unus, unicus, de modo que son «las únicas» 
por su tamaño, según la precisión de PLrw., IX 123). Margarita (préstamo 
de lenguas bárbaras a través del griego, según se sugiere aquí) se emplea 
como simple variante léxica de unio (así en Pri, 1X 121, pasaje impor- 
tante porque los dos términos se aplican sin distinción a las mismas per- 
las de los pendientes de Cleopatra) y, otras veces, se utiliza referido a las 
perlas de calidad inferior (IX 116). 

25 Yeso de espejuelo o mica, PLIN., XXXVI 159 ss., describe su fa- 
cilidad para deshacerse o romper en láminas finas, sus usos y las zonas de 
extracción, entre las que destacaba Segóbriga, durante mucho tiempo 
única productora. 

276 El término latino elenchus es transcripción de élenchos, que en 
griego significa «prueba», pues estas perlas gruesas y en forma de pera 
eran «prueba» de rango social. También JuvenaL, VI 459, las menciona, 
criticando a las mujeres ricas que las lucían, ST.-Den1s, ed. ad loc., añade 


— 


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302 HISTORIA NATURAL 


nan totalmente en redondo con una prolongación en punta, 
en forma de alabastros?””. Es un honor para las mujeres lle- 
varlas en los dedos o bien por parejas o por tríos en las ore- 
jas, y a este lujo le ponen nombres extranjeros, buscados 
con una ostentación exagerada, ya que, cuando las llevan 
así, les llaman crótalos?”?, como si se regodearan incluso 
por el mismo entrechocar y sonar de las perlas. Y las desean 
ya hasta las mujeres pobres, que no se cansan de repetir que 
una perla es como el lictor?”? de una mujer cuando sale en 
público. Es más, incluso se las ponen en los pies, y no ya en 
las correas de las sandalias, sino en todo el zapato. Pues ya 
ni siquiera basta llevar encima las perlas, si no se puede pi- 
sar e incluso andar entre perlas. 

En el mar Nuestro solían encontrarse muy a menudo 
cerca del Bósforo Tracio”%, rosadas y pequeñas, en las con- 
chas que llaman mía?!. En cambio, en Acarnania las cría la 


que las perlas aparecen tras las guerras contra Mitridates del Ponto (63 a. 
C.). Poco después, César promulga medidas restrictivas de su uso y pare- 
ce que organiza la expedición a Britania con la esperanza de encontrarlas 
(Surronio, Cés, 43, 50). No obstante, cf. IX 123 n., sobre las fechas más 
precisas que admite Plinio, 

117 Vaso griego en forma de pera, pequeño y sin asas, adecuado para 
llevar perfumes. 

2 Eran pendientes de varias perlas que, al moverse y entrechocar, 
hacían ruido, por lo que, metafóricamente y de forma exagerada, reciblan 
el nombre de crotalia «castañuelas o crótalos» -— del griego, krótalon—, 

27% Los magistrados superiores iban precedidos, cuando salían en pú- 
blico, de un número determinado de oficiales o lictores, según su jerar- 
quía, Llevaban los fasces sobre el hombro izquierdo y ejecutaban deter- 
minadas órdenes; eran, en definitiva, el simbolo de su autoridad, 

280 Entre el mar de Mármara y el Mar Negro. Actualmente Karadeniz 
Bogazi. 

281 En griego mfs significa «ratón» y metafóricamente se usa para di- 
ferentes especies de bivalvos, emparentados con el mejillón. Designa 
aquí una especie perlífera del mismo género, En otros pasajes (PLix., PX 


LIBRO YX 303 


llamada pina*?, con lo que queda claro que no nacen en una 


sola clase de conchas. De hecho, Juba?% cuenta que en Ara- 
bia existe una concha similar a un peine de mar” dentado, 
hirsuta como los erizos de mar y que la propia perla, que 
está dentro de su carne, es similar a una piedra de granizo. 
Conchas así no llegan hasta nosotros?%, Tampoco son apre- 
ciadas las que se encuentran en Acarnania, por ser irregula- 
res, toscas y del color del mármol. Algo mejores son las de 
cerca de Accio2%, pero también éstas son pequeñas, así co- 
mo también las de las zonas costeras de Mauritania. Alejan- 


160) con el nombre derivado mytulus, se alude al mejillón «comestible» 
—Mytulus edulis—, Otras denominaciones del mismo género en Sr.- 
Denis, 75. 

282 Acarnania está en la costa del mar Jónico, en el Epiro, al NO de 
Grecia. Sobre la pira o nácar, cf. PLiw., IX 142 n. 

283 Tuba II (c. $2 a. C.-24 d. C.), hijo de Juba I de Numidia, fue edu- 
cado en Roma y «repuesto» por Augusto como rey de Mauritania, Famo- 
so por su erudición, es una de las fuentes de Plinio, especialmente del 1i- 
bro V dedicado a África (cf. Prxm., V 1 n.). Pero hay dudas de si Plinio 
manejaba directamente su obra —escrita en griego y hoy perdida— o 
sólo la conocia a través de Seboso. De hecho, en el índice general del li- 
bro IX, es a Seboso al que se nombra y no a Juba, aunque en el cuerpo 
del libro se cita a ambos — aquí concretamente a Juba, que tenía mayor 
autoridad —. 

28 Pin. TX 84 n, 

283 Sorprende que Plinio cite tres autores Juba y, líneas después, A. 
Polihístor y Sudine, para cuestiones de detalle. Los tres aparecen en los 
Índices, como fuentes generales de varios libros. La cita expresa en el 
texto quizás obedece al deseo de justificar unos datos poco comproba- 
bles, poniéndolos junto al nombre de los autores que habían escrito sobre 
los lugares exóticos en los que se situaban —el Mar Negro y Arabia—, 

28 Población de Acarnania (cf. n. 282) famosa por el comercio de 
perlas y por su templo de Apolo. Augusto la convirtió en colonia (Pr., 
IV 5) y la «refundó» con el nombre de Nicópolis, para conmemorar la 
victoria con la que se inició su principado. 


116 


304 HISTORIA NATURAL 


dro Polihístor y Sudinas?%” piensan que se ajan y que pier- 
den el color. 
57 Que su cuerpo es macizo es evi- 
Qué hay que observar ente porque no se rompen al caer. 
sobre ellas, Por lo demás, no siempre se encuen- 
Cuáles son sus tran en medio de la carne, sino en cual- 
quier otra parte, e incluso las hemos 
podido ver? en el filo de los bordes, como saliéndose de la. 
concha y, además, en algunas conchas, en grupos de cuatro 
o de cinco. Hasta nuestro tiempo son pocas las que han so- 
brepasado en un escrúpulo el peso de media onza?” Es 
verdad que en Britania se producen pequeñas y descolori- 
das, ya que el divino Julio%% quiso que la coraza que él con- 
sagró a Venus Generadora en su templo se notara que había 
sido realizada con perlas de Britania?”, 


287 Cornelio Alejandro Polihístor de Mileto llegó a Roma como pri- 
sionero de guerra a comienzos del s. 1 a. C. Fue autor prolífico de escritos 
sobre materias diversas, de etnografía y de «curiosidades», referidas al 
Oriente, que quería dar a conocer en Roma, De Sudinas las citas expresas 
en el texto de la HN son escasas, aunque permiten saber que Plinio lo co- 
noce como mineralogista de zonas, como aquí, remotas, sobre las que es- 
cribió en griego -—así, sobre Carmania en XXXVI 59 —. Sobre Juba, cf. 
supra, IX 115, n. 

28% Dato de autopsia, frente al pasaje erudito anterior. 

282 O sea, 14,78 gr. 

290 Así llama Suetonio a Julio César; Plinio suele referirse a él como 
el dictador. Sobre su expedición a Britania, cf. Prmm,, IX 113 n. El tem- 
plo, dedicado a Venus Genetrix de la que César y los Julio-Claudios se 
decían descendientes, formaba parte del Foro construido por César — Fo- 
rum lulii—, Fue erigido para conmemorar su victoria en Farsalia y prote- 
gido por Augusto y sus sucesores como el lugar que guardaba la memoria 
de César (PLIx., II 93-94). 

291 A tenor del texto de Plinio, se habían empleado perlas pequeñas y 
del color típico de allí —decolores, según Plinio, o bien «oscuras», se- 
gún Tácrro, 4gr.12, o «amarillentas», según EL., XV 8—. Sono (53, 


LIBRO IX 305 


A Lolia Paulina””, que fue esposa 
(58) del emperador Gayo?””, la vi yo —y 
Anécdotas no en el acto serio y solemne de una 


sobre ellas ; Ñ 
ceremonia, sino en la cena de unos mo- 


destos esponsales— cubierta de perlas 
y esmeraldas que refulgían entrelazadas por toda su cabeza, 
en los cabellos, en las orejas, en el cuello y también en sus 
dedos, cuya suma ascendía a cuarenta millones de sester- 
cios%%; y ella, muy dispuesta a mostrar su adquisición con 
las facturas. No habían sido los regalos del pródigo empera- 
dor sino las riquezas de sus antepasados, logradas, por su- 
puesto, con el saqueo de las provincias. Éste es el destino de 
los robos, éste fue el motivo por el que Marco Lolio”*, que 
se desprestigió por haber recibido regalos de los reyes en 
todo el Oriente, cuando se le retiró el trato de amigo por 


28) añade que la coraza llevaba además una inscripción que decía que 
eran perlas de Britania. 

2% Se conservan datos de su biografía relacionados con los Césares: 
estaba casada con un excónsul cuando Calígula la convirtió en su tercera 
esposa por un breve período (Surr., Cal. 25); aspiró después a casarse 
con Claudio fibid., Claud, 26), rivalizando sin éxito con Agrípina, Ésta se 
vengó acusándola de prácticas mágicas, Fue enviada al destierro y asesi- 
nada allí, de forma que se confiscaron sus inmensas riquezas —acaso la 
causa profunda de la condena—, Nerón permitió la repatriación de sus 
cenizas (Tac., 4n, XII 1, 2, 22; XTV 3), 

22 Calígula. Cf. notas sigs. 

29 En las antiguas equivalencias, cerca de diez millones de pesetas- 
oro. 

295 Más datos, en Surr., Aug. 23, Tíb, 12; Tac., An. 1 4; 1H 48, eto. Fue 
cónsul (21 a, C.) y, después (16 a. C.) tristemente famoso por su derrota 
contra los germanos. Acompañó como mentor a Gayo César, cuando éste 
recibió el gobierno de Oriente, cf. notas sigs, A estos datos de Suetonio y 
Tácito, se añaden los de Veleyo Patérculo. Éste lo describe como un perso- 
naje ambicioso de dinero (II 97), del que se sospechó que había tenido 
complicidad con los partos; de ahí que se piense en sobornos, 


13 


19 


306 HISTORIA NATURAL 


parte de Gayo César, el hijo de Augusto”, bebió un vene- 
no: ¡para que su nieta?” fuese contemplada a la luz de las 
lámparas cubierta con cuarenta millones de sestercios! Que 
alguien haga ahora la cuenta, por una parte, de lo que lleva- 
ron en sus triunfos Curio y Fabricio”%, que se imagine aque- 
llas andas y, de otra parte, a Lolia, una mujerzuela del Impe- 
rio, recostada a la mesa ¿no preferiría que aquellos hubieran 
sido arrastrados por sus carros a que hayan vencido para 
esto? Y ni siquiera son éstos los mayores ejemplos del exceso. 
Hubo dos perlas, las más grandes de todos los tiempos, y 
ambas las poseyó Cleopatra, la última de las reinas de Egip- 
to, transmitidas de manos de los reyes de Oriente. Cuando 
Antonio se hartaba diariamente de manjares exquisitos, ella 
con una altanería soberbia y al tiempo desvergonzada, como 


29 Gayo César era hijo de Julia y Agripa; nieto, por lo tanto, de Au- 
gusto, pero también hijo adoptivo de éste y destinado a sucederle, lo que 
impidió su muerte prematura (4 d. C.). 

297 En tradución castellana «su nieta» es ambiguo; pero tampoco está 
claro a quién se refiere neptis eius en el texto latino. Los comentaristas 
entienden que ets, al estar empleado con toda sujeción a las normas clá- 
sicas, se refiere a Augusto, que era bisabuelo de Calígula — y, por tanto, 
también de Lolia por su matrimonio con éste —, Tal interpretación impli- 
ca que Plinio cometió una inexactitud al escribir nepris «nieta» en lugar 
de proneptis «bisnieta» —inexactitud llamativa, tratándose del parentes- 
co de dos emperadores-——. Pero también pudiera ser que Plinio se refiera 
a M. Lolio y que considerase a Lolia Paulina su nieta — y no su hija—, 
pues si Lolio, cónsul en el 21 a. C., había muerio antes del 4 d. C. (cf. n. 
anterior) Lolia Paulina, si es que era su hija, tenía que ser ya mayor cuan- 
do se casó con Calígula (37-41 d. C.) y demasiado vieja para aspirar a ca- 
sarse, a los 45 años como minimo, con Claudio en el año 49 d. C. 

22 Como contrapunto, Curio Dentato — cónsul por primera vez en el 
290 a, C— y Fabricio Lúscino (id, en el 282 a, C.), héroes de la Tercera 
Guerra Samnítica y de la realizada contra Pirro, que habían supuesto la 
incorporación del centro y del sur de Italia. Engrandecidos por la leyenda 
-—es célebre la de Fabricio, que devolvió preso al médico de Pirro cuan- 
do se ofreció a envenenarlo a cambio de dinero — eran el simbolo de la 
integridad de los fundadores del Imperio. 


LIBRO 1X 307 


corresponde a una reina meretriz, siempre hacía desprecios 
de todos los preparativos suntuosos de sus banquetes, Pre- 
guntándole él qué podía añadirse a aquel lujo, le contestó 
que ella pensaba consumir?” en una sola cena diez millo- 
nes de sestercios. Antonio deseaba comprobarlo, pero creía 
que eso no podía ser. Conque habiendo pactado la apuesta, 
al día siguiente, en el que se decidía la cuestión, para no es- 
tropear el día le ofreció a Antonio una cena magnífica, des- 
de luego, pero como la de diario, mientras éste se burlaba y 
le pedía las cuentas. Pero ella le confirmó que eso era la 
guinda final, que la cena costaría la cantidad tasada y que 
ella sola cenaría diez millones de sestercios, y mandó que se 
sirvieran los postres. De acuerdo con sus órdenes los criados 
pusieron delante de ella un solo vaso de vinagre, cuya aci- 
dez y fuerza hace disolver las perlas. Llevaba en ese mo- 
mento en las orejas aquella obra singular y verdaderamente 
única de la naturaleza. Y así, mientras Antonio estaba a la 
expectativa de qué iría ella a hacer, quitándose una de ellas 
la sumergió y la bebió convertida en líquido*%, Echó la ma- 


22 La anécdota: de Cleopatra y Marco Antonio descansa en el doble 
sentido de las palabras. Cleopatra responde las dos veces a Marco Antonio, 
a propósito de la cena, que ella piensa absumere o consumere, verbo que 
significa «consumir» y, de ahí, según los contextos, equivale a «gastar», 
«tragan». Esta última acepción es la que entendía el lector de Plinio, que co- 
nocía esta vieja historia y su final, o sea, que ella acababa tragándose la 
perla; pero Marco Antonio, retratado como un inepto, deslumbrado por el 
lujo de una mujerzuela — regina meretrix— no es capaz de percibir el do- 
ble sentido y cree ingenuamente que no se trata más que de un «gasto» ele- 
vado de dinero, Cf. ibid, 121 —presagio de la derrota de Marco Antonio —. 

200 En este libro Plinio utitiza los libros, hoy perdidos, de Mesala (cf. 
Índice); algunos de ellos eran escritos propagandísticos contra Marco 
Antonio. También los usa en XXXI! 50, donde menciona, siguiendo a 
Mesala, uno de los excesos de Marco Antonio, pues utilizaba enseres de 
oro para las cosas más simples. Como Mesala se cita explícitamente en 
XXXITIT 50 y las figuras de Marco Antonio y Cleopatra se dibujan de mo- 


120 


122 


308 HISTORIA NATURAL 


no a la otra perla Lucio Planco%!, el juez de aquella apues- 
ta, cuando ella estaba dispuesta a tomarla de la misma ma- 
nera, y pronunció la sentencia de que Antonio había sido 
vencido, presagio éste que fue confirmado?*”, Quedó rodea- 
da de fama la otra perla del par, ya que, cuando aquella rei- 
na, victoriosa en tamaña cuestión, cayó apresada, fue partida 
en dos para que en el Panteón de Roma, en ambas orejas de 
Venus, estuviese la mitad de la cena de aquellos. 


Éstos? no se llevarán tampoco la 

(59) palma y les arrebatarán inctuso la glo- 
peer li ria de ese lujo. El primero que había 
primera vez hecho otro tanto en Roma con perlas 

de gran precio fue Clodio, hijo del tra- 

gediógrafo Esopo*%, al que dejó de heredero en sus vastas ri- 


quezas: para que Antonio no se ensoberbezca demasiado de 


do similar en este pasaje, BARDON, 290, supuso ingeniosamente que era 
Mesala la fuente que Plinio seguía también aquí. No obstante es posible 
que ni siquiera hubiera ya otras fuentes divergentes, favorables a la figura 
de M. Antonio, por la censura ejercida desde la llegada de Augusto. 

301 Lucio Munacio Planco, cónsul en el 42 a. C. Relata Sueronio que 
fue él quien sugirió a Octaviano el sobrenombre de Augusto (4ug. 7), de 
lo que se infiere, que debió de pasarse al bando de éste, abandonando la 
amistad de M. Antonio, 

32 Bs un ejemplo típico de omen: unas palabras que se pronuncian 
espontáneamente en un determinado contexto se confirman en una oca- 
sión diferente, Así, L. Planco sentencia que M. Antonio ha sido vencido 
—.n su apuesta contra Cleopatra, de acuerdo con el contexto situacio- 
nal -—, pero esas palabras se confirman en una situación diferente: cuan- 
do M. Antonio es vencido por Augusto en Accio. Por lo tanto, eran una 
«profecía», que a M, Antonio le pasa, como antes, desapercibida. Desde 
los tiempos antiguos, el hecho de no prestar atención a las señales del 
futuro se utilizó para caricaturizar a un personaje (p. ej., Tarquinio y la 
Sibila de Cumas). PLinjo, que en otros lugares (II 24) muestra su parti- 
cular distancia con creencias similares, se limita a reproducir la anécdota, 

303 M4, Antonio y Cleopatra, 

30% Autor y actor de tragedias —hoy perdidas —, de época de Cice- 
rón. Plinio menciona otro de los despilfarros de Clodio en X 142, 


LIBRO IX 309 


su triunvirato cuando casi está a la par de un histrión. Además 
éste no se vio arrastrado por ninguna apuesta — ¡para que 
fuera aún más regio! — sino por experimentar, a mayor gloria 
del paladar?%, a qué sabían exactamente las perlas y, como le 
agradaron extraordinariamente, para no saberlo él sólo, ofre- 
ció también a beber sendas perlas a sus invitados. 

En Roma, dice Fenestela*S que habían adquirido un uso 
corriente y generalizado desde que Alejandría pasó al Impe- 
río, pero que antes, hacia los tiempos de Sila, había comen- 
zado a haber unas perlas menudas y de mala calidad, con 
manifiesto error, dado que Elio Estilón*” señala que hacia 
la guerra jugurtina*% se les daba el nombre de «las únicas» 
precisamente a las perlas de gran tamaño. 


305 Como en los índices y en otros libros, anécdotas e historias cierran 
siempre las exposiciones de datos. También la sección sobre las perlas 
concluye con tres anécdotas, que muestran una constante de Plinio: des- 
tacar la influencia de la naturaleza —aquí, la influencia perversa de un 
pequeño elemento — en el comportamiento humano; preocupación, pues, 
ética. El orden de las tres historias es gradual; «la palma del lujo» le co- 
rrespondía a Clodio, porque había sido el primero en hacerlo (cf. PLen., 
IX 168, 170-171 et passim) y, también, por su frivolidad al obrar sin nín- 
gún motivo: ni por ostentación, como Lolia Paulina ni por una apuesta 
que le lleva a destruir un legado ancestral, como Cleopatra. Plinio no 
menciona a Calígula, al que también se atribuía la misma afición a beber 
perlas (Surr,, Cal, 37). 

206 Sobre Fenestela, cf. PLim,, IX 65 n. Según los datos de este autor, 
se generalizan después del 47 a. C. —entrada triunfal de César en Ale- 
jandría, en marzo de ese año, e inicio del gobierno de Cleopatra y Ptolo- 
meo XIII, pero su uso comenzaría hacia la época de Sila, cuya vida 
transcurre del 138-79 a. C. No obstante, cf. infra y Puin., IX 113 n. 

307 Célebre erudito y filólogo, maestro de Cicerón y de Varrón. Suero- 
NIO, Gram. 3, lo cita entre los gramáticos y alaba sus discursos (no así Cic., 
Brut, 207), alos que, según él, se debía su cognomen (Stilo «Escriton»). 

308 La guerra contra el rey Jugurta de Numidia se extiende del 111- 
105 a. C, Por tanto, no eran tan erróneas las fechas que daba Fenestela, 
dado que, además, Sila fue un destacado protagonista de esa guerra, Pero 
Plinio seguramente piensa sólo en la etapa de la dictadura de Sila, que 


124 


310 HISTORIA NATURAL 


Pero*%, aun con todo, este obje- 


(60-65) to* es casi una posesión eterna: pasa 
Características : ¡ 
rs al heredero y se transmite en prople 
Las púrpuras dad como cualquier predio. Cada hora 


que pasa va desgastando los tintes de 
conchil*!! y de púrpura*”, a los que el lujo, como madre 
común, les puso precios casi iguales que a las perlas. 


abarca del 82-79 a, C, y, por eso, hace esta precisión, que implicaba 
adelantar las fechas. 

302 Aquí se inicia una digresión sobre los tintes, compleja por varios 
aspectos: secreto profesional de los gremios —el de los tintoreros, con- 
chyliarii y purpuraril, era hereditario —, escasez de textos paralelos y de 
fuentes, pues AxisT., HA V 15, 546b ss, omite las referencias al teñido —-de 
ahí, la importancia de este texto —. También es complejo por la termi- 
nología. A veces el mismo término designa tanto el género al que perte- 
nece el molusco, como la especie concreta del que se emplea para el tinte, o 
incluso el color del tinte obtenido. En otros textos técnicos la nomencla- 
tura no coincide exactamente con la de éste y, en los literarios, todos es- 
tos términos se emplean sin precisión, por lo que no cabe confrontarlos; 
Plinio utiliza, además, algunas palabras específicas para especies con- 
cretas, que no se saben hoy identificar. 

310 O sea, las perlas. 

311 El término conchylium se refiere a las conchas en general, de uni- 
valvos o bivalvos y, en particular, a una clase concreta de ellas; también 
designa, como aqui, el tinte extraido (ST.-Drnrs, 26). Plinio, aunque men- 
ciona a menudo el conchylium, nunca lo describe como molusco, por lo 
que su identificación es dificultosa, pero habla de la fetidez y tono de su 
tinte (IX 127; XXI 46). F. Hernández en una nota, tomada probablemente 
de G, Rondelet, afirma que es un testáceo de los grandes turbinatos, sin 
espinas ni bultillos, que los árabes llaman biatta bizancia y da mal olor, 
La descripción corresponde, pues, al castellano conchil — derivado culto 
del lat, conchylium—, definido por el DRAE, s. v., en términos similares 
a los empleados por el autorizado traductor de Plinio. 

32 Purpura es término menos amplio que el anterior, pues se refiere 
al molusco empleado para el tinte —en combinación con otros — y al 
color obtenido de él, como en este contexto, El molusco en cuestión, des- 
crito pocas líneas después, puede identificarse con el llamado cn castella- 


LIBRO IX 311 


36 Las púrpuras viven como máximo siete años. Se 


ocultan, como los múrices, hacia la salida de la Canícula?" 


durante treinta días. Se agrupan en la época de primavera y 
con el roce de unas con otras sueltan una baba viscosa a 
modo de cera. Los múrices?"* hacen lo mismo, pero las púr- 
puras tienen en medio de las fauces esa flor que se requiere 
para teñiir la ropa. Allí está una vena blanca con muy po- 
quito líquido de la que se sueciona ese valioso producto que 
reluce por su color de rosa morena; el resto del cuerpo es 
estéril*!*, Se procura cogerlas vivas ya que pierden ese jugo 
junto con la vida. Precisamente a las púrpuras de mayor ta- 
maño se les extrae después de quitarles la concha, a las más 
pequeñas las machacan vivas con sus recubrimientos, pues 
así lo acaban escupiendo. 


no cañadilla (Murex brandaris L.), aunque quizás engloba también otras 
especies emparentadas (cf. infra, sobre los subtipos descritos por Plinio). 

315 Pr. IX 22 n. 

314 E1 término murex por su amplitud semántica se sitúa entre los ya 
citados conchylium y purpura: designa moluscos univalvos de diversas 
familias Muricacea, etc., sin llegar a tener la amplitud del término común 
«caracol» de mar (Tromrson, 175; Sr.-Denis, 178; Lerrner, 174). Los 
comentaristas de Plinio señalan que este pasaje muestra que para Plinio 
los múrices no se identifican con las púrpuras, mientras que en autores no 
técnicos se utilizan como sinónimos. Nótese, además, que a lo largo de 
toda esta digresión, se advierte que »urex carece de cualquier connota- 
ción referida al color, a diferencia de los demás moluscos empleados en 
los tintes. 

315 Se entiende que sólo esa parte raínima —la for, situada entre el 
hepatopáncreas y el cuello, según Arzsr., 14 Y 146b— sirve para obtener 
el color, mientras el resto del cuerpo carece de valor en la industria. En 
otros ámbitos, distintos de la tintorería, se sabe que muchos de los molus- 
cos comprendidos en las denominaciones de púrpura, conchil y múrice 
se empleaban en la alimentación y tenían aplicaciones medicinales, en las 
que se aprovechaba la totalidad del animal, incluida la concha. 


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126 


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312 HISTORIA NATURAL 


En Tiro se halla la mejor púrpura de Asia, en Meninge y 


en la costa del océano de Getulia, la de África, y en Laco- 


nia, la de Europa?'*, 


Los fasces y las segures romanas le abren paso y, por su 
carácter majestuoso, es propia de la infancia, distingue a la 
curia del orden ecuestre, se requiere para aplacar a los dio- 
ses, y realza cualquier prenda; en la vestidura triunfal, se 
combina con el oro?”. Por eso podría perdonarse incluso la 
manía por la púrpura3**, pero ¿de dónde proceden los pre- 


316 "Tiro, en Fenicia, representa para Plinio una civilización en decaden- 
cia, aunque conservaba, todavía en su época, la tradicional fama de su púr- 
pura y sus ostras (PLIN,, V 76); actualmente, Sur, en el Libano, La isla de 
Meninge es hoy Djerba, en el Mediterráneo, cercana de la Sirte Menor 
(PLrx., V 41) y también de Cartago. Getulia se hallaba quizás al NO de 
África, localizada (Priw., V 30) en las proximidades del rio hoy llamado 
Uadi Djedi, pero con los límites imprecisos de los pueblos nómadas, pues 
también habla Plinio de gétulos en Mauritania (V 9, actual Marruecos) y en 
la provincia Tingitana, limítrofe (V 17). En VI 201 recoge la información de 
que en islas de Mauritania —quizás las actuales islas de Mogador— el rey 
Juba había ordenado producir púrpura getúlica. Laconia, en el Peloponeso, a 
partir del cabo Ténaro (PL1x., IV 16). Nótese que los tres lugares, seleccio- 
nados en los tres continentes, están citados jerárquicamente y representan 
quizás enclaves de la antigua expansión de la civilización fenicia. 

317 Alusión al uso de la púrpura como señal de jerarquía social: la to- 
ga praetexta, adornada con una franja horizontal de púrpura, se reservaba 
para los menores de 16 años y para algunos senadores; éstos usaban tam- 
bién la /aticlavia, adornada con franja ancha vertical de púrpura y, en 
determinados actos, la toga de púrpura. La ropa triunfal era de púrpura, 
recamada en oro, al estilo creado en Frigia (Prix,, VII 195); la empleada 
en los sacrificios procedía de los primeros reyes romanos. 

318 Se conocen diversas medidas restrictivas del uso de la púrpura, 
promulgadas por César, Augusto, Nerón —y otras posteriores—. Pero 
también se sabe (JuyenaL, VH 135 ss,, etc.) que los romanos pudientes la 
usaban por ostentación de riqueza. Plinio critica aquí sólo este extremo, 
no su uso jerárquico. Cf. M. Rermnor.o, «History of purple as a status 
symbol in antiquity», Latomus 116 (1970), 37-47, entre otros estudios 
sobre este tema. 


LIBRO IX 313 


cios de los conchiles, que dan un olor fétido en el tinte y un 
color amarillento*'?, triste y parecido al mar revuelto? 

La lengua? de la púrpura es del largo de un dedo. Con 
ella se alimenta perforando otras conchas: así de dura es su 
punta. Mueren en agua dulce y también en donde desembo- 
can los ríos; sí no es por eso, viven, después de cogerlas, 
hasta cincuenta días de su propia baba. Todas las conchas 
crecen con muchísima rapidez, especialmente las púrpuras: 
en un año se hacen grandes, 

Si nuestra exposición llegara hasta 


(61) aquí, el lujo se consideraría totalmen- 
Cuáles son las a , 
te defraudado y nos acusaría de des- 
procedencias . : 
de la púrpura cuido, Por ello proseguiremos tam- 


bién con las fábricas, para que de la 

misma manera que en la alimentación se conoce el modo de 

cultivo de los cereales, también los que disfrutan con estas 

minucias estén informados de lo que representa la recom- 
pensa de su vida. 

Existen dos clases de conchas para los tintes de púrpura 

y conchil —la materia ciertamente es la misma, pero difie- 

ren en la proporción— el buccino*!, la concha más peque- 


319 El término empleado es glaucus; que designa el amarillo verdoso 
—-como los ojos de la lechuza, según el epíteto homérico——. Sobre la to- 
nalidad del tinte de conchil, cf, PLrxw., XXI 46, donde ofrece tres flores, 
como referencia de sus tonalidades: el amarillo del girasol más o menos 
intenso, el de la malva tirando al rojo de púrpura y el de la violeta, 

32 En realidad es el tubo del sifón, la rádula que utilizan también co- 
mo órgano olfatorio; ésta y las púas de la concha, muy sobresalientes, 
constituyen los elementos más característicos del molusco. 

321 Plinio ha mencionado antes los conchiles y ha hablado de las púr- 
puras (EX 125) distinguiéndolas de los múrices, Ahora vuelve sobre la 
púrpura, oponiéndola al buccino — sin detenerse, una vez más, en el con- 
chil, sólo mencionado aquí como un tipo de tinte —. Se admite que el 
buccino corresponde a la Purpura haemastoma, caracol que en algunas 


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314 HISTORIA NATURAL 


ña, parecida a la concha que emite el sonido de la bocina 
—razón por la que precisamente se le dio el nombre—, con 
la boca redonda en una hendidura lateral, y la otra, que se 
llama púrpura, con un pico acanalado prominente y con el 
borde del canal en forma de tubo replegado hacia dentro, 
por donde echa la lengua. Ésta, además, está claveteada has- 
ta la misma punta del cono por unas siete púas en círculo, 
que no existen en el buccino, si bien una y otra tienen tantos 
círculos como años, El buccino sólo se puede adherir a las 
piedras y se captura alrededor de las rocas ???, 

37 Las púrpuras se llaman por otro nombre pelágicas 
Sus distintas clases se diferencian por la alimentación y por 
el suelo: la lutense que se alimenta de cieno pútrido y la al- 
gense, de algas; ambas, muy malas. Es bastante mejor la te- 
niense, que se coge en los bancos de rocas del mar, pero 


323 


zonas se llama precisamente «boca roja», que es lo que significa en grie- 
go. Éste da una coloración anaranjada violácea y despide mal olor, Fue 
posteriormente conocido como púrpura de Bizancio, lo mismo que el 
conchil. Nótese que en este pasaje se señala que el buccino es de tamaño 
pequeño, rasgo que lo diferenciaría del conchil, En todo caso, Plinio les 
da nombre diferente y no los identifica, lo que indica que él no creía que 
fuesen la misma especie, 

32 Según Sr.-Denus, ed. ad foc., se han podido identificar tres clases 
de gasterópodos utilizados para la fabricación de tintes, gracias a los de- 


. pósitos de conchas encontrados en la zona de Tiro y Sidón, que proceden 


de las factorías antiguas: Murex brandaris, Murex trunculus y Purpura 
haemastoma, ésta última corresponde al buccinum «buccino», de concha 
más corta y enrollada, careciendo, a diferencia de la primera (la purpura, 
cf. IX 128 n.), de sifón y púas. En estudios posteriores se consideran 
otras especies — Purpura lapillus, Carpillus purpura — y se supone que 
el Murex trunculus se reservaba para los tonos azules. 

3233 O sea, «de alta mar» —lo que introduce otra diferencia con res- 
pecto al buccino—. Pelagia con este significado especializado de «púr- 
pura» aparece a partir de aquí, en la parte de esta digresión en la que se 
trata con más detenimiento de los colores del tinte: cabe pensar que pela- 
gía fuese la denominación más corriente entre tintoreros. 


LIBRO IX 315 


también ésta resulta aún demasiado tenue y desvaída. La 
calculense recibe su nombre por las arenillas del mar, sien- 
do extraordinariamente adecuada para los tintes de conchil 
y, la mejor con mucho para los de púrpura es la dialutense, 
o sea, la que se alimenta en distintas clases de suelo ?*, 

38 Las púrpuras se cogen con una especie de nasas pe- 
queñas de malla ancha que se echan en alta mar. Dentro de 
ellas llevan de cebo unas conchas que se cierran y muerden, 
como vemos que hacen los mejillones. Éstas, que están me- 
dio muertas — aunque reviven abriéndose ansiosamente al 
volver al mar— les gustan a las púrpuras y las atacan alar- 
gando la lengua. Pero aquéllas, al sentirse pinchadas por el 
aguijón, se cierran y apresan lo que las mordía. De esta ma- 
nera se cogen las púrpuras que quedan presas por su avidez, 

Lo más práctico es capturarlas des- 

(62) pués de la salida de la Canícula o bien 

Cómo se tiñien antes del tiempo primaveral, ya que 

las lanas con ellas desoués de elaborar la cera tienen el 
jugo débil; pero esto lo ignoran los 

talleres de tintoreros, aunque todo estriba en eso. Se les ex- 
trae a continuación la vena que dijimos, a la que es impres- 
cindible que se añada sal, aproximadamente un sextario por 
cada cien libras, Lo correcto es dejarlo en maceración du- 
rante tres días —pues precisamente tiene más fuerza cuanto 
más fresco es—, ponerlo a hervir en un depósito de plomo, 
echar la proporción de quinientas libras de la tintura por ca- 


24 Explicaciones de la etimología de las distintas especies: la lutense, 
relacionada con lutus «cieno», la algense con alga, la taeniense con tae- 
nia «cinta», que se aplica, también en uso metafórico, a los bancos alar- 
gados de rocas, la calculense con calculus «guijarro». 

325 El sextario = 0,546 litros; la libra = 327 grs.; el ánfora, menciona- 
da unas líneas más abajo, equivale a 26,364 litros, 


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316 HISTORIA NATURAL 


da cien ánforas de agua*% y dejarlo evaporar a fuego lento 


—y, a tal fin, mediante un tubo alejado del horno —-*?, De 
esta manera, después de sacar con la espumadera varias ve- 
ces los trozos de carne, que inevitablemente habían quedado 
pegados a las venas, a eso de los diez días después de haber 
colado el caldero, se echa a remojo, de prueba, un vellón 
limpio, y se calienta el líquido hasta que aquél se vuelva 
conforme se esperaba, El color rojo vivo es peor que el que 
tira a negro. En cinco horas se empapa la lana y se vuelve a 
remojar otra vez, después de cardarla, hasta que embeba to- 
do el tinte. 

El buccino por sí solo es desechable, ya que destiñe el 
rojo. Se combina en determinadas proporciones con el pelá- 
gico*% y le da al color excesivamente negruzco de éste, esa 


%% De acuerdo con el texto editado por MavnorF se entendería: «se 
pone a evaporar cada ánfora de agua con quinientas libras de tintura a un 
calor uniforme y moderado». Las proporciones son muy diferentes en 
Sr.-Denis y KÓNIG-WINKLER — aquí seguidos —: «quinientas libras de 
la tintura por cada cien ánforas...». En la edición de Rackham se ofrece 
una concentración también distinta: «cincuenta libras de tintura...», Tanta 
divergencia entre los mejores editores de Plinio es muestra de la oscuri- 
dad que rodea el proceso del tinte antiguo, 

327 Literalmente «por un tubo de un horno alejado», La evaporación 
a fuego lento se consigue alejando el recipiente de plomo, del foco de 
calor, el horno; desde éste parte un tubo lo suficientemente largo para 
proporcionar el calor moderado que precisa el proceso. Cf. Vrrk., VII 
10 ss. sobre la obtención de colores por cocción en hornos. Un sistema 
similar — hipocausto y conducción por tuberia— está recogido en Pa- 
LAD,, 1 39, 3 para calentar el agua de los baños de la casa. Se trata de 
un depósito de agua, también de plomo — éste reforzado con chapa de 
cobre por estar adosado a la caldera —, desde el que parten las tuberías 
alos baños. 

228 Cf. IX 131 n. Ahora emplea pelagium referido a la tintura —subs- 
tantivo de género neutro, como, en general, los frutos o productos —. 


LIBRO IX 317 


intensidad?” y ese brillo del grana?*%, que se pretende. De 


este modo, combinado sus efectos se avivan o se apagan el 
uno al otro. El total de ingredientes para **x*3%! libras de 
vellón es doscientas de buccino y ciento once de pelágico. 
Así se logra el color de la amatista, tan excepcional. En cam- 
bio, en el tirio**”? primero se baña el vellón con el pelágico 
en un caldero sin cocer y semicrudo, y después se cambia al 
buccino. Su alta estima radica en su color de sangre cuajada, 
oscuta a primera vista, pero, mirándola de abajo a arriba, 
brillante, por lo que incluso Homero*% denomina purpúrea a 
la sangre. 


322 Plinio divide el color en austerus y floridus —XXXV 30 sunt au- 
tem colores austeri aut floridi—. Son dos grupos desiguales, pues los 
«floridos» son un conjunto reducido de colores concretos que proceden 
de los metales, la púrpura y el añil —colores vivos y, parece que todos 
ellos, simples, como también los considera Vrrk., VIE 10 ss., son los la- 
mados entre tintoreros colores matrices —. Los demás, que Plinio ya no 
enumera, son «austeros», más cargados de color; los romanos sentían 
predilección por éstos últimos, que eran de elaboración más costosa, por 
ser resultado de mezclas o combinaciones. 

330 Se trataba de conseguir con la mezcla un color parecido al grana 
genuino, extraído de la cochinilla. Cf. infra PL, TX 141 n, 

2 Laguna en los manuscritos: falta la cantidad de libras de lana. Al- 
gunos editores han conjeturado que la cifra podría ser mil (M). 

3% Este retinte se consideraba genuino de Tiro de Fenicia, La ropa 
que recibía esta doble tintada se designaba con el término griego, más 
prestigioso, dibapha, «de doble baño». Cf. PLim., IX 137. 

332 Homero no está incluido en el índice general entre los «autores» 
de este libro, Sí, en cambio, en otros. Lógicamente suele ser el mejor aval 
de una primera documentación —muchas veces de nombres de pue- 
blos—, La referencia a Homero en este pasaje, más que una cita de auto- 
ridad previamente pensada, parece un recuerdo repentino de un epíteto 
homérico, que a Plinio le resultaba llamativo — la sangre purpúrea — lo 
mismo que antes (PLIN., II 13) recordaba a Homero refiriéndose al sol 
que todo lo ve y todo lo oye 


136 


137 


318 HISTORIA NATURAL 


39 (63) Veo yo que el uso de la púrpura ** 


Cuándo comenzó — existió en Roma desde siempre**, si 


el uso de la púrpura A 
en Roma euándoel bien para Rómulo se limitaba a la trá 


del laticlavo bea, Desde luego la toga pretexta y la 

y la pretexta laticlavia* consta debidamente que 
Tulo Hostilio fue el primero de los reyes en utilizarlas des- 
pués de vencer a los etruscos, Cornelio Nepote*”*”, que mu- 
rió en el principado del divino Augusto, dice: «cuando yo 
era joven predominaba la púrpura violeta y una libra de ella 
se vendía a cien denarios; no mucho después, la púrpura 
roja de Tarento. A ésta le siguió la de Tiro, teñida dos ve- 
ces, que no se lograba comprar ni a mil denarios la libra. 
Publio Léntulo Espínter, edil curul, era objeto de críticas por 


2% Breve historia de la púrpura, destacando dos puntos que para Pli- 
nio subrayan su romanidad: el origen etrusco de la toga y su uso limitado 
en los orígenes a ribetear la vestidura de los primeros reyes — de Rómulo 
o de Pico Laurente en VirG., En. VII 188—. Con el tiempo, se había 
convertido en un artículo de moda, cada vez más general. 

335 Hoy, atendiendo a los restos arqueológicos, el conocimiento de la 
púrpura se hace remontar a Creta hacia el 1750 a. C., siendo hacia el s. 
xv a, C, Fenicia, la gran difusora del tinte, estrechamente unido a la tínta 
y la escritura. 

336 CF. Pia, IX 127 n., y VII 194, donde expone con claridad que el 
rey Tulo la habia tomado de los etruscos —costumbre muy perdurable 
entre los vencedores de incorporar elementos del traje de los vencidos —,. 

337 Es conocido por sus Vidas, la obra biográfica latina más antigua 
que se conserva (vol, 79 de esta colección). El resto de su producción se 
ha perdido, por lo que se comprende el interés de citas, como ésta, Había 
escrito obras eruditas, como la Crónica de contenido histórico y geográ- 
fico, y los Ejemplos, una recopilación de anécdotas y curiosidades, a la 
que quizás corresponda este pasaje. También por citas de Plinio sabemos que 
era traspadano (III 127), como él, y gracias a este texto, puede establecer- 
se mejor la época de Nepote — debió de nacer en torno al 100 a, C., pues 
en el 63 a, C., ya no se tenía por joven, y su muerte ha de situarse ya en el 
Principado; no antes, pues, del año 30 a. C. (PriN., IX 61). 

33 Con el procedimiento descrito poco antes (Ps..m., IX 135). 


LIBRO 1X 319 


ser el primero en llevaria en la pretexta. Y con esta púrpura 
— añade — ¿quién no hace ahora tapetes?». Espinter fue 
edil curul en el año 691 de la fundación de Roma*%, siendo 
cónsul Cicerón. Entonces se le daba el nombre de dibafa** 
por aquello de que era teñida dos veces —como si fuese 
una cosa de un precio extraordinario — que es como ahora 
se hacen prácticamente todos los tintes de púrpura de cierta 
calidad. 

Con respecto a la ropa teñida de 
conchil es todo igual, pero sin bucci- 
no —y salvo que el liquido se mezcla 
con agua y con orina humana**! a par- 
tes iguales —. Se incorporan, además, 
las tinturas por la coli Así se consigue ese apreciado tono 
pálido debido a la falta de saturación y tanto más desvaido 
cuanto menos chupan los vellones. 

40 Los precios de la tintura son, por supuesto, más ba- 
ratos en proporción a la riqueza de las costas. Sin embargo, 
sepan quienes compran estos productos por una inmensidad 
que las cien libras de pelágico no sobrepasan nunca los cin- 
cuenta sestercios ni las de buccino los cien*”, 


(64) 
La ropa de púrpura 


33 El año 63 a. C. 

34 Cf. supra Puan, TX 136, 

241 Utilizada tradicionalmente como mordiente por su contenido en 
amoníaco, 

342 En estudios EEN ll Entes én Roma suelen compararse los pre- 
cios de la púrpura que Plinio refleja en IX 137 con otros datos como los 
sueldos de algunos funcionarios o soldados. La conclusión es que el tinte 
de púrpura, por su precio tan elevado, sólo estaba al alcance de los más 
pudientes. Efectivamente al inicio de esta digresión (EX 124) la ropa de 
púrpura se presenta como ropa «preciosa», al mismo nivel de las perlas 
—o incluso de más lujo porque duraba menos —. Pero si se comparan las 
nuevas cifras que ofrece aquí Plinio con los datos anteriores, se observa 
el enorme descenso de los precios de la púrpura. 


38 


139 


140 


320 HISTORIA NATURAL 


Y, al final, vuelta al comienzo: ape- 

(65) tece jugar al despilfarro y repetir el jue- 

El o go mezclando colores una y otra vez, 

El «hísgino», el grana adulterar los propios adulterios de la na- 

turaleza, como, por ejemplo, teñir las 

tortugas, mezclar la plata con el oro para que se vuelva elec- 
tro, añadir bronce para que se vuelva bronce corintio?*, 

41 No es suficiente haberle arrebatado el nombre de ama- 
tista a una gema: se emborracha totalmente otra vez en tinte tí- 
rio para que el nombre sea desmesurado por su doble proceden- 
cia?“ y, al mismo tiempo, el lujo doble, Incluso cuando ya han 
acabado de elaborar los tintes de conchil, consideran que es 
mejor pasar al tirio. El arrepentimiento debe de haber sido el 
que halló este primer invento, desde el momento en que un ar- 
tesano cambió algún aspecto que no le gustaba. De ahí surgió la 
fórmula: mentes imaginativas lograron sus objetivos partiendo 
de lo que estaba defectuoso, y se mostró que la senda del lujo 
era doble, hasta el punto de que un color se cubría con otro y así 
se decía que se volvia más fino y suave; y todavía se mezclaban 
motas de tierra, y lo que se había teñido de grana se reteñía con 
tinte tirio para hacer el Aísgino. 


343 Sobre las aplicaciones del carey, cf. IX 39 n.; del electro y del 
bronce corintio trata respectivamente en XXXIII 80 y XXXIV 6. Desde 
la Antigiiedad hay temor a alterar las condiciones del estado natural, En 
esa línea, PLiw., XV 57 recoge la prohibición religiosa de determinados 
injertos, Pero, al mismo tiempo, las ventajas de emplear las mezclas ha- 
cen que estas prácticas fuesen en aumento. 

34 Plinio califica su nombre de inprobum- —traducido aquí según su 
acepción más próxima a TX 114—, No dice su nombre porque el lector en se- 
guida podía adivinarlo, Hoy, podemos suponer que se trata del Tyrianthinus — 
compuesto que alude a las dos procedencias del tinte tirio y el ianthinum, otra 
designación de la amatista— gracias a que está testimoniado en Marciaz, 1 
$53, $. Pero, como indica Sr.-Denis, ed. ad foc., también podría ser el 7yria- 
methystinum. Una vez más, esta forma de presentar los nombres en «adivinan- 
za» (otros ejemplos en PLim,, 1X 78, 161, 154) puede crear dudas. 


LIBRO EX 321 


La grana de Galacia*%, que, como diremos cuando hable- 
mos de los cultivos de la tierra, es una baya roja?**, o la de cer- 
ca de Emérita?”, en Lusitania son las de más fama. Ahora bien, 
para concluir de una vez con los colores de más categoría, en el 
grano de un año el jugo es débil; asimismo, en el de cuatro, 
desvaído: conque ni el nuevo ni el viejo tienen facultades?%, 

Por extenso ha sido tratado ya el procedimiento con el 
que se considera que queda más favorecida la belleza de los 
hombres, a la par que la de las mujeres. 

También la pina pertenece al género 
de las conchas. Se cría en lugares cena- 
gosos, hallándose siempre erguida? y 


42 (66) 
La «pina» y el «pinotero» 


345 Galacia, en Asia Menor (PL, V 146-147) corresponde actual- 
mente a zonas del N y NO de Turquía Asiática, 

346 El color rojo grana se obtenía de un parásito de la familia de la cochiní- 
la, que fue confundido durante mucho tiempo con pequeñas agallas que se 
hallaban en la coscoja —el quercus coccifera L.—. Plinio se refiere nueva- 
mente a él en XXI 45 y XXIE 3, siempre como un colorante del mundo vegetal, 
el coccum, Este término, como otros anteriores, puede indicar tanto la supuesta 
«baya» como el color obtenido de ella. En su acepción de color se ha traducido 
aquí por el término de origen latino «grana» (Primo, ¿bid., lo llama rubum 
gran:um) prefiréndolo a «carmest», equivalente de origen árabe —derivado de 
gármaz nombre hispanoárabe de la cochinilla—, 

447 Emérita Augusta era el núcleo principal de uno de los tres con- 
ventos jurídicos en los que se dividía la provincia de Lusitania (PLiw., TV 
117). Es hoy Mérida, 

24% Sobre los tintes es de intérés el ensayo que dedica el Padre Feijóo en el 
Teatro Crítico Universal (tomo VI, discurso IV, T-IH) titulado «Hallazgo de 
especies perdidas», en el que rebate la idea extendida en su época de que la 
púrpura, como los tintes marinos, había desaparecido. Feijoo, por su comuni- 
cación con otros eruditos, conocía los tintes de púrpura de los indígenas ameri- 
canos y conocía muy bien estos capítulos de Plinio, que había leído junto con 
los mejores comentarios (Rondelet, el del P. L, de la Cerda a Virgilio, etc.). Su 
conclusión es que el color grana de la cochinilla, empleado aún entonces, era 
mejor y más barato, y por eso había desplazado a la púrpura. 

34% Este dato se encuentra en Aristóteles (cf. nota sig.) y se considera 
exacto, ya que la pina —Pina nobilís, ancla o nácar— está clavada en el 


141 


143 


322 HISTORIA NATURAL 


nunca sin su acompañante, al que unos llaman pinotero* y 
otros pinofilace, O sea una galera pequeña o, en otros casos, un 
cangrejo que busca alimento, La pina se abre a los pececitos 
ofreciéndoles el interior de su cuerpo privado de ojos. Éstos en 
seguida se le acercan y, cuando su atrevimiento aumenta por- 
que ella se deja, la invaden. Su guía?”", que está aguardando ese 
instante, la avisa con un mordisquito y ella, agarrando todo lo 
que tiene dentro, lo mata y da una parte a su socio, 


(67) Por eso? me sorprende más aún 

La inteligencia : 
ái- 

delos animales que algunos hayan ereído que los a: 
acuáticos, males acuáticos no tenían entendi- 
El torpedo, miento alguno. Conoce su poder el 


la pastinaca, A . 
las escolopendras, Pez torpedo, ya que él no se paraliza a 


el siluro, la orca — sí mismo y se oculta metido en el lodo 
capturando los peces que deja paralizados mientras nadaban 
tranquilamente por encima de él (no hay cosa más tierna 


fondo arenoso por uno de sus extremos y aloja huéspedes en su interior. 
Cf. Pexrn., IX 115. 

350 E] mismo término aparece en Pem., IX 98 n., referido al cangrejo 
ermitaño, Aquí, el pinofero o pinofilace, el «guardapinas», puede ser, según 
Plinio y Aristóteles, un camarón — Pontonia tyrrhena-— a un cangrejo pe- 
queño —-Pinnotheres pinnophylax—-, que efectivamente cohabitan con di- 
ferentes conchas y moluscos (ArisT,, HA V 15, 547b). Para Plinio es una 
unión de beneficio mutuo; también Aristóteles —ibid.-— afirma que si se 
mata al guardián, la pina muere. (Sr.-Drnns, 87 s.; Lerrner, 201), 

351 0 sea, el pinotero. 

32 Se advierte, una vez más, el cuidado de Plinio en no cambiar 
abruptamente de tema, La larga digresión sobre las perlas y los tintes, 
obtenidos de conchas, enlaza con otra concha (la pina). Ésta utiliza un 
procedimiento inteligente para alimentarse. Por eso sirve de transición 
para pasar a tratar de la inteligencia de los seres acuáticos, Este afán por 
la composición bien trabada, como un todo continuo, se refleja en los 
enlaces iniciales de los capítulos «También la pina...», «Por eso me sor- 
prende...». Procedimiento análogo en PLmm., IX 78, etc. 


LIBRO IX 323 


que su hígado?**). Y tampoco es menor la astucia de la «ra- 
na» *% de mar, que llaman pescadora. Saca del lodo, después 
de haberlo revuelto, unos cuernecitos que le sobresalen bajo 
los ojos y los va retirando para atrás a medida que se le 
aproximan los pececillos, hasta que se ponen tan cerca que 
salta sobre ellos. Análogamente el angelote?% y el rodaballo 
se esconden y mueven sus aletas desplegándolas en forma 
de gusanillos, y asimismo las que llaman rayas. A su vez, la 
pastinaca caza desde un escondite clavándole a los peces 
que pasan a su lado el aguijón, que es su arma*%, Es prueba 
de similar astucia el que en el buche de estos peces?””, que 


25% Esta anotación no figura en Aristóteles (cf. infra). En Aricro, TX 
2, 404-405, hay recetas de aderezos o salsas del pez torpedo, lo que 
muestra su empleo culinario. Sin embargo, ni el higado de torpedo ni el 
de los demás peces figuran en el tratado de Apicio, tal como lo conoce- 
mos hoy. PLiNIO ya se ha referido antes al manjar del hígado de lota (IX 
63) y al de salmonete (IX 66): posiblemente el hígado de pescado —una 
viscera que se estropea pronto y a la que Plinio parece muy aficionado — 
se consumía fresco —de ahí que no aparezca en obras orientadas a la 
conservación de alimentos — o, lo mismo que el de salmonete, como in- 
grediente de algún tipo de alece. 

35 Sobre el rape, cf. PLex., IX 78 n. A su habilidad de pescar — gra- 
cias a su aleta dorsal terminada, en la espina anterior, en una masa como 
un cebo con la que atrae a las presas —- alude su nombre inglés angler, 

355 Prm., IX 40 n, 

356 PLiw,, IX 73 n, El extremo de la cola de la pastinaca, con el que 
ataca con una rapidez extraordinaria, es difícil de extraer; su veneno era 
ya famoso en la Antigiiedad. De ahí su empleo medicinal contra el dolor 
de muelas y la sarna, del que se hace eco AnDrés LAGUNA en su ed, de 
DioscóRIDES II 29. 

357 Plinio se refiere a estos peces, sin precisar cuáles, como un con- 
junto. Si se compara con la relación que ofrece en IX 78, donde cita la 
raya, pastinaca, angelote, torpedo y rape, podemos observar que aquí 
piensa nuevamente. en toda esta clase, constituida, dentro de los peces 
planos — lo que le permite incluir el rodaballo—, por los cartilaginosos. 


_ 


44 


145 


324 HISTORIA NATURAL 


son lentísimos, se han encontrado mújoles, que son los más 
veloces de todos. 

43 Las escolopendras —parecidas a las de tierra, que 
llaman ciempiés—, cuando han tragado el anzuelo, vomitan 
todas las entrañas hasta que expulsan el anzuelo; después se 
las vuelven a tragar. En cambio, las zorras marinas, en si- 
tuación similar de riesgo, lo engullen más para dentro hasta 
alcanzar las partes más finas del cordel, que pueden roer con 
facilidad. Aún más cauto, el que llaman g/anis**, muerde el 
anzuelo por detrás*” y no se lo traga, pero lo despoja del 
cebo 3, 

44 La orca ronda como un ladrón y unas veces, oculta a 
la sombra de las naves más grandes que están en el mar, 
acecha por si a alguno le dan ganas de nadar y, otras, aso- 


358 Una descripción más completa de la escolopendra se'encuentra en 
ArasT., HA M 14, S05b — vive en lugares rocosos a escasa profundidad, 
de color más rojo y de menor tamaño que las de tierra, aunque con más 
pies; de la familia de las serpientes —, Se piensa hoy que pertenece a la 
clase Polychaeta. El escualo mediterráneo llamado zorra marina —lat, 
vulpes marina, calco del griego (hJalópex— se identifica con seguridad, 
por el parecido con el animal que da lugar a la metáfora, con el Squalus 
vulpes L, Del glanis — para Aristóteles un pez de rio— sólo se aventura 
que pertenezca a los silúridos (THomeson, 12 s.; Sr.-Den1s, 102, 42, 119 
s.; BaLrar, 85, 12; Lerrner, 218, 16). La orca se designa nuevamente 
aquí como aries «camero», por lo que no es seguro que Plinio la identifi- 
que claramente, cf. PLrw., IX 10 n. 

. 35 Por la parte opuesta al gancho. 

360 La fuente, hasta aquí, es Arsr;, HA IX 37, Plinio extras sólo al- 
gunas notas, ordenadamente, relativas a la astucia de los peces cartilagi- 
nosos para hacer capturas, Por un principio de orden diferente, prescinde 
de las demás señales de astucia que no se refieren estrictamente a la comida 
— defensa de la especie frente a animales enemigos o protección de las 
crías, pues dedica a ello otros caps,, como el de IX 165— y prescinde 
también de algunos datos, que ya había utilizado cuando trataba de la es- 
pecie animal a la que se referían —es el caso de las pruebas de valor del 
macho de la sepia o de la inteligencia del pulpo —. 


LIBRO IX 325 


mando la cabeza por encima del agua vigila las barcas de 

los pescadores y nadando escondida hacia ellas las hunde. 
45 (68) Por supuesto que también pienso 
Aquellos que tienen Ue hay entendimiento en los seres 
una doble naturaleza que poseen una naturaleza que no es 
de animalesY 1 propia de los animales ni de las 

de plantas 
plantas, sino una tercera que procede 
de entrambas; me refiero a las ortigas y a las esponjas *%!, 

Las ortigas se mueven por la noche y cambian de lugar. 
Su naturaleza es la propia de una hojarasca carnosa, y de 
carne se alimentan. Poseen la misma capacidad de picar 
produciendo escozor que la de las ortigas de tierra, Por eso 
se contraen todo lo apretadas que pueden y, cuando algún 
pececillo nada sobre ellas, despliegan toda su hojarasca y, 
abrazándolo bien, se lo tragan. Otras veces, como si estuvie- 
ran marchitas, dejándose arrastrar por las olas al modo de 
las algas, atacan a los peces después de haberlos tocado, 
cuando se rascan el picor con el roce de una roca. Además, 
por la noche buscan*% peines de mar y erizos. Cuando pre- 
sienten que se les acerca una mano, cambian de color y se 
contraen. Si les tocan, sueltan la sustancia que produce es- 
cozor y, si tienen un poco de tiempo, se esconden. Dicen 


361 Enlazan con los anteriores por su inteligencia. ARISTÓTELES €s 
punto de referencia (cf. HA 1V 6, 531a-b para las ortigas), aunque su texto 
sobre las esponjas (V 16, $48a-549a) difiera del de Plinio, El primer ras- 
go de las ortigas, para Aristóteles, es que forman un género propio, y el 
de las esponjas, el que carezcan de concha, a diferencia de los testáceos. 

362 Seguimos el texto editado por ST.-DenIs y KÓniG-WINKLER -—pec- 
tines et echinos perquirit—; la forma verbal perquirit está testimoniada 
por varios códices y es coherente con el sentido del texto. Mayuorr, de 
acuerdo con otros manuscritos, edita per ... quaerit —piensa, pues, en 
una omisión breve, de un término — proponiendo que lo omitido sea per- 
cutere; O sea, percutere quaerit «buscan atacar peines...», como aparece 
en otros pasajes de Plinio. 


147 


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326 HISTORIA NATURAL 


que su boca se halla en sus raíces y que expulsan los exere- 
mentos por su parte superior mediante una fístula fina. 
(65) Sabemos que hay tres clases de 
Las esponjas, esponjas: la apretada, más dura y ás- 
Cuáles son sus clases pera se llama frago, la apretada pero 
0 a más blanda, mano, la fina y tupida, de 
la que se hacen los pinceles*%, aqui- 
lio*. Nacen todas ellas en las piedras; se alimentan de con- 
chas, de peces, de limo. El entendimiento que hay en ellas 
se muestra porque, cuando notan que las van a arrancar, se 
contraen y se capturan con mucha más dificultad; y hacen 
otro tanto cuando las empuja el oleaje. Las conchas desme- 
nuzadas que han sido encontradas en el interior de éstas in- 
dican claramente que las esponjas viven de comerlas*, Di- 
cen que cerca de Torone las esponjas las comen incluso 


3% Tragos significa en griego «macho cabrio», manos es transerip- 
ción del adjetivo que se aplica, también en griego, a estas esponjas poco 
apretadas; la esponja Achillium o de Aquiles, citada, como las dos ante- 
riores, por ArisTÓTELES, HA VY 16, 548b, como la más fina y tupida de 
todas, se utilizaba entonces para amortiguar el ruido de los golpes en los 
cascos y grebas, siendo ya en su época escasa -—también lo es actual- 
mente —; la mención explícita de Plinio a un uso tan diferente, posible- 
mente se deba a que ya no tenía las aplicaciones anteriores. Entre los mé- 
dicos, penicillus, «pincel», se especializa para designar al equivalente de 
los clavos de hilas (así en Celso y Plinio), acaso presentados como bas- 
toncillos, : 

364 La identificación de las especies es sólo aproximada. Sr.-Dewns, 1, 
62, 115, cree que Aristóteles no hace una clasificación cientifica, sino que 
sólo cita tres esponjas por sus diferentes usos, Así, Tragos sería sólo una 
clase de esponja y manos, otra, típica del aseo; sólo la achillium tendría 
una correspondencia más precisa, la Euspongia officinalis L. Para LErTNER, 
3-5, tragos podría ser una hircinia y manos la Hippospongia communis. 

39% O sea, la prueba fundamental de que estos seres de naturaleza 
mixta son animales es que se alimentan de otros. A esta conclusión co- 
rrecta se llegó por una inferencia falsa, pues se creía erróneamente que 
los trozos de las conchas depositadas en su interior eran su comida, 


LIBRO IX 327 


después de haber sido arrancadas y que se regeneran en las 
piedras a partir de las raíces que allí quedan*“. Además, 
dejan también calcada una mancha de sangre, especialmente 
en el caso de las africanas que se crían en las Sirtes?*, Las 
que llegan a ser más grandes son las manos, pero las más 
blandas se hallan hacia Licia y también son bastante blandas 
en sitios profundos y sin viento; en el Helesponto son áspe- 
ras, y tupidas hacia el Malea*%, Se pudren en lugares abri- 
gados y por eso las mejores están en los abismos. Mientras 
están vivas tienen el mismo color negruzco que cuando es- 
tán sumergidas. Están adheridas, pero no por una parte ni 
tampoco todas ellas, pues tienen entremedias una especie de 
fistulas huecas, aproximadamente cuatro o cinco cada una, 
por las que se piensa que reciben el alimento. Hay también 
otras pero compactas por la parte superior. Además, se per- 
cibe que tienen en sus raices una especie de membrana. 
Consta que viven largo tiempo. La peor clase de todas es la 


366 Torone es la actual Toroni; cf. Primo, IX 100 n. Según ArIsTÓTE- 
LEs, HA V 16, 548b15, en Torone se dudaba de que las esponjas tuvieran 
sensibilidad para encogerse al presentir que iban a ser arrancadas. A conti- 
nuación añade —-como rasgo general, no particular de Torone— que, 
cuando se ha arrancado la esponja, los parásitos que se alojaban en ella si- 
guen comiendo, Plinio se separa deliberadamente de Aristóteles cuando ha- 
bla del entendimiento de las esponjas donde éste hablaba sólo de sensibili- 
dad. Pero en su información de las esponjas de Torone no se trata de 
disparidad de conceptos, sino de que interpretó mal el texto de Aristóteles o 
no lo leyó directamente (de ahí, ese «dicen...» que emplea). 

367 Las Sirtes (Mayor y Menor), famosas por sus peligrosos bajíos 
(Prix, V 26-30), son actualmente los golfos de Gabes y de Sidra, en la 
costa de Túnez y Libia. 

36% Ticia: región de Asia Menor (cf. PLm., V 100-102, sobre los llmi- 
tes establecidos por Agripa); en sus costas y en el Dodecaneso sigue 
siendo hoy importante la pesca de esponjas, que se practica conservando 
algunos ritos antiguos. El cabo Malea, hoy Maleas, en el Peloponeso, al 
SE de Laconia (PLix., IV 16, 22, 56 etc.). 


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328 HISTORIA NATURAL 


de aquellas que llaman aplisias ya que no se pueden la- 
var?%: sus fístulas son grandes y el resto, espeso y apretado. 

Ante todo un gran número de pe- 
rros de mar?” ataca con grave riesgo 
a quienes bucean en sus?”! proximida- 
des. Estos mismos cuentan que se con- 
densa sobre su cabeza una especie de 
nube, parecida a un ejemplar de pez plano?”?, que los em- 
puja y no les deja volver a subir, y que por esa razón llevan 
punzones muy afilados atados con cordeles, en la idea de 
que si no las perforan no las pueden apartar; según pienso 
yo, por obra de la oscuridad y del miedo. Efectivamente, la 
nube y la niebla, que son los términos con los que designan 
ese mal, no están comprendidos en absoluto entre los ani- 
males. 

Con los perros de mar la lucha es encarnizada. Se lanzan 
a las ingles, a los talones y a todo lo blanco del cuerpo. La 
única salvación posible es hacerles frente y asustarlos más a 
ellos, pues tienen tanto pavor al hombre, como terror les 
tiene él a ellos y, por eso, la suerte se iguala en el abismo. 


46 (70) 
Los perros de mar 


362 En griego significa «inlavable». 

3% Designación general de los escualos; muchas veces, de los cazo- 
nes, cf. PLIw., IX 110 n. 

31 O sea, en las inmediaciones de las esponjas. 

372 Se han propuesto diversas identificaciones de este pez: una raya 
gigante (ST.-Denus, ed. ad loc.); sería, pues, la raya cornuda o manta, cf. 
PLIw,, IX 82 n. Para otros editores (Kón1G-WINCKLER, ad loc.) un tibu- 
rón de gran tamaño -— que, efectivamente, es peligroso, pero no aplasta- 
do—. Pero puede que no se trate de ningún pez, sino, como dice Plinio, 
de una sensación, que él atribuye al miedo y a la oscuridad, con base real, 
La pesca de las esponjas «a pulmón libre» es una actividad de riesgo por 
la necesidad de alcanzar grandes profundidades en las que se pueden su- 


_frir, entre otros, los efectos de la presión. 


LIBRO IX 329 


Cuando se llega a la superficie del agua, entonces el pe- 
ligro es doble al no haber forma de hacerles frente mien- 
tras se está intentando emerger y la salvación depende 
totalmente de los compañeros. Éstos sujetan una cuer- 
da?” atada a los hombros del buzo: éste, cuando está lu- 
chando, la sacude con la izquierda para dar la señal de 
peligro y cogiendo el punzón con la derecha prosigue en 
la lucha. En todo caso, van tirando de éi poco a poco; pe- 
ro cuando se llega cerca del barco, si no se les arrebata 
inmediatamente de un tirón brusco, pueden ver que de- 
saparecen engullidos y, a menudo, cuando ya los han su- 
bido, se los quitan de las manos, si los propios buzos no 
contribuyen a la tarea de los que tiran de ellos encogien- 
do su cuerpo en forma de pelota. Los demás, a su vez, 
alargan los tridentes, pero la astucia del monstruo con- 
siste en colocarse debajo de la nave y luchar así a res- 
guardo; por consiguiente, se pone el máximo cuidado en 
vigilar esta calamidad. 

47 La mayor garantía de seguridad consiste en haber 
visto peces planos?”, ya que no existen donde hay bes- 
tias maléficas, razón por la que los buzos los llaman sa- 
grados. 


31 Hasta hace poco siguió empleándose, para coger esponjas, el pro- 
cedimiento de sujetar al buzo con una cuerda de la que se colgaba una 
piedra pesada que se dejaba caer al fondo, Se intentaba que, mientras el 
buzo podía contener la respiración, pudiera arrancar con el punzón el 
mayor número de esponjas y facilitarle la salida con la cuerda, 

374 ArisT,, HA IX 37, 620b, señala que un indicio útil para los pesca- 
dores de esponjas era la presencia del pez antia. El motivo —añade— es 
el mismo que hace que donde hay caracoles no haya cerdos ni perdices, 
ya que ambos animales comen caracoles. Ar1sT., HA VI 20, 602b, 


53 


154 


330 HISTORIA NATURAL 


Los animales que están metidos 

mam. dentro de un recubrimiento silíceo?”* 
do ÓN hay que reconocer que no tienen ningu- 
recubrimiento siliceo. na clase de sensibilidad, como las os- 


Qué animales hay trag3%. Muchos tienen la misma na- 


en el mar 
que no poseen turaleza que los vegetales, como las 
sensibilidad, holoturias, los pulmones y las estrellas 


iden eaód de mar?” Y hasta tal punto no hay nada 

que no se críe en el mar que incluso los 

bichos estivales de las tabemas, molestos por sus saltos rápidos, 
o los muchos que esconde el cabello*”, existen y se cogen a 
menudo apelotonados en el cebo, considerándose causa de 
perturbar por las noches el sueño de los peces en el mar*”. En 


373 O sea, los testáceos, designados otra vez aquí con una períftasis, 
cf. Phmn., IX 102 n. 

37 Plinio reconoce sensibilidad -—sensum— a las conchas para ali- 
mentarse y precaverse del peligro (IX 90). También menciona la astucia 
—sollertia— de las ostras perlíferas, especialmente de la que guía la 
colonia (IX 110, 111). Pero para Plinio éstas no son ostras, sino conchas, 
pues así las denomina. Ahora piensa seguramente en las ostras comesti- 
bles; por eso, no hay contradicción. 

37 Las holoturias están mencionadas por Arrsr,, 74 1 1, 487b —en PA 
TV 5 afirma que son parecidas a las esponjas —; sólo se identifican como 
zoofitos (PLm., IX 3), lo mismo que los «pulmones» -—el término es un 
calco del griego—, que pueden corresponder a las medusas (ST.-Dents, 44; 
Lerruer, 134), Sobre la estrella de mar, cf. IX 183, Nótese que para Plinio 
todos ellos, aunque carecen de sensibilidad —y en eso coinciden con la 
naturaleza de los vegetales— pertenecen al mundo animal. 

318 O sea, mosquitos y piojos; cf. Prxn., IX 139 n,, sobre formas si- 
milares de presentar los animales sin mencionarlos, 

322 Plinio ya había manifestado (IX 18) que los peces tenían capaci- 
dad de dormir y de respirar, Ahora recoge una opinión de Aristóteles, ex- 
presada en un pasaje oscuro por problemas de la transmisión manuscrita 
— precisamente se edita teniendo muy en cuenta el de Plinio—, En él 
(HA TV 10, S37a) ATISTÓTELES afirma que el sueño de los peces es breve 
y tan profundo que los deja inmóviles; si prolongan su inmovilidad, son 


LIBRO IX 331 


algunos concretamente nacen en su interior; entre ellos se en- 
cuentra la cálcide3*, 

No faltan tampoco venenos terri- 

48 (12) bles, como el de la «liebre»*!, que en 

Los animales el mar Índico con el simple tacto pro- 

marinos venenosos voca de inmediato vómitos fétidos y 

debilidad de estómago. En el mar Nues- 

tro es una masa informe, parecida a la liebre sólo por el co- 

lor, En la India, también por el tamaño y el pelo, sólo que 

mucho más duro; (tampoco) allí se coge viva. Es un animal 

igualmente maligno el pez araña, ponzoñoso por su aguijón 

de espina en el dorso**?, Pero jamás hubo nada más execra- 


presa de pulgas y piojos que llegan a devorarlos, lo mismo que devoran 
los cebos —-como se ve porque salen apelotonados al recogerlos —. 

280 El término chalkís se aplica en griego a diversas especies de Cli- 
peidae; entre ellas, al sábalo —Alosa alosa L.—, la saboga —Alosa fal- 
tax— y la sardina. Alude a los reflejos cobrizos de la piel —el término 
se relaciona con «cobre» —. Parece referirse aquí al sábalo, pues ARIsT., 
HA Vi 14 568a, aplica ei nombre de chalkís a un pez de agua dulce — lo 
que llevaría a considerar los dos primeros, anádromos— y en HA VIH 
20, 602b, menciona el sábalo como especie propensa a sufrir parásitos 
(Sr.-DEn:s, 20-21; BALTAR, 49; Lerrusr, 79). 

38l Con el nombre de lepus «liebre» se designa un molusco sin con- 


155 


cha del género Aplysia L,, que comprende varias especies venenosas. Al- - 


gunas de ellas, semejantes a babosas de gran tamaño — de masa informe 
las califica Plinio—, tienen color pardo y el repliegue de los tentáculos 
recuerda las orejas de la licbre, a lo que parece aludir una de las etimolo- 
gías de S. Isiporo, Etim,, XII 6, 23, en la que explica el nombre de «tie- 
bre» por la «semejanza de su cabeza» (Sr,-Denus, 54 s.; Lerrner, 153 s.). 
ELtano trata de la especie del Índico, subrayando (XVI 19), como Plinio, 
su pelo duro, su capacidad de matar por contacto, incluso muerto el ani- 
mal y los antídotos del veneno. 

382 Esta breve información es la más completa que poseemos en len- 
gua latina, siendo también importante por la mención de la posición dor- 
sal del aguijón; el resto de las referencias se limitan a confirmar el nom- 
bre de araneus. Se piensa que pueda identificarse con el pez araña (Tra- 


156 


157 


332 HISTORIA NATURAL 


ble que el aguijón que sobresale por encima de la cola del 
trigón, que nosotros llamamos pastinaca**%, de cinco pulga- 
das de largo: mata los árboles clavándose en su raíz, perfora 
las armaduras como el dardo, con la fuerza del hierro y el 
daño del veneno. 
No percibimos que sufran epide- 
49 (73) mias todas las especies de peces en su 
Las enfermedades conjunto, como los demás animales, 
de los peces A a 

incluso los salvajes. Pero que enfer- 
man individualmente lo pone de ma- 
nifiesto la delgadez de algunos ejemplares, mientras que 

otros de su misma clase se cogen muy gordos. 


De qué modo se reproducen*** los 
50 (74-77) peces es algo que el interés y la curio- 
Su reproducción. : : 
Maravillas desu Sidad humana no consicnicn que se 
reproducción aplace más. Los peces””” se aparean res- * 


tregándose los vientres con tanta rapi- 


chinus araneus u otras especies de la familia Trachinidae), cuya primera 
aleta dorsal provoca heridas, pero tampoco son excluibles otras corres- 
pondencias (Sr.-Demus, 9; BALTAR, 15; Lerrner, 32). 

383 Sobre la pastinaca y su aguijón, cf, PLm., IX 73 n,; 144 n. Trygon 
es el nombre griego, que Plinio transcribe; significa «tórtola» y, por una 
metáfora que se repite en distintas lenguas (cf, gallego pombo), pasa a ser 
ictiónimo. 

384 Este extenso capitulo sobre la reproducción de los peces depende 
fundamentalmente de distintos pasajes de Aristóteles, cuya referencia 
exacta puede consultarse en el aparato literario de las ed. de MaYHoFF y 
KóniG-WINKLER, págs. 218-219, La mayor parte de las notas o «fichas» 
de Plinio remontan a los libros V —-hasta una veintena— y VI de la HA 
de ARISTÓTELES. Algunas, pocas, dependen de los libros III y IV o de 
otras obras. En notas siguientes se expondrá cómo organizó Plinio el 
material que directa o indirectamente tomó de Aristóteles. 

385 El dato se entiende referido a todos los peces ovíparos, según se 
desprende de Axrisr., HA V 5, $40ab; por ser una información general, 
Plinio la sitúa al principio. 


LIBRO IX 333 


dez que escapa a la vista; los delfines y los demás cetáceos 
de la misma manera, pero durante algo más de tiempo. El 
pez hembra sigue al macho en la época del celo golpeándole 
el vientre con su hocico; durante el desove los machos ha- 
cen lo mismo a las hembras, alimentándose de sus huevas, 
El coito por sí solo no basta para la generación si, una vez 
echadas las huevas, los machos no las rocían con el semen 
vital dando varias vueltas en medio de ellas. Dicho semen no 
toca a todas las huevas, al ser tan numerosas; de lo contra- 
rio, los mares y estanques estarian atiborrados dado que ca- 
da útero concibe una cantidad innumerable, 

51 Las huevas de los peces crecen en el mar; algunas 
con suma rapidez, como las de las morenas**, otras en un 
poco más de tiempo?*”, 

Los peces planos a los que la cola no les estorba“ y los 
provistos de aguijón, así como las tortugas, se ponen uno 


388 


3 La misma información en PLm,, IX 76. 

387 Aunque Plinio acota diversos lugares de Aristóteles, mantiene el 
esquema del libro V de la HA: reúne, en primer lugar (PLiw., $$ 157-158, 
hasta este punto), las cuestiones generales sobre la cópula de los peces, lo 
mismo que ArrsrT., FA V 1 539ab, empezaba por unas cuestiones previas 
sobre la generación animal. A continuación, siguiendo a ArisT., HA V S 
540b-7 541b, describe los diferentes modos de apareamiento según las 
especies, ateniéndose también al orden de Aristóteles en la enumeración 
de éstas: peces, moluscos ($ 158), un paréntesis sobre las ranas de agua 
dulce ($ 159), crustáceos, testáceos ($ 160) y acoplamientos excepciona- 
les ($ 161). Por último, igual que Anisr., HA V 8 542b, 9 543a-12, 544a, 
trata de la época del apareamiento o puesta, empezando por la más nor- 
mal ($ 162) y señalando las particularidades por especies, en el mismo 
orden: peces y moluscos, alternando estos últimos con los crustáceos ($ 
163-164). 

38 Ouibus cauda non obest es el texto editado por Sr.-Denis, aquí se- 
guido. Mayhoff, comparando con el texto de Ar1sT., HA Y 3 540b, supone 
que habría una laguna: quibus cauda non est... «para los que la cola no es...» 
-—habría desaparecido «voluminosa», o un término similar al que aparece 


158 


159 


160 


334 HISTORIA NATURAL 


encima del otro en el coito. Los pulpos lo hacen acoplando 
un tentáculo a las narices?” de la hembra, las sepias y los 
calamares por la lengua uniendo sus brazos y nadando en 
dirección opuesta; también paren por la boca. Ahora bien, 
los pulpos se acoplan con la cabeza dirigida hacia el suelo; los 
demás moluscos, y asimismo las langostas y las galeras, por 
detrás, como los perros; los cangrejos, por la boca. 

Las ranas se ponen una sobre la otra, sujetando el macho 
con las patas anteriores las axilas de la hembra y con las an- 
cas traseras las nalgas, Paren unos trocitos minúsculos, que 
llaman renacuajos?%, de carne negra, perfilada exclusiva- 
mente por los ojos y la cola; después se conforman las patas 
al hendirse la cola para formar las posteriores y, cosa ex- 
traordinaria, al cabo de un semestre de vida, se disuelven en 
barro sin que nadie lo vea, y nuevamente con las aguas pri- 
maverales renacen las que ya habían nacido, siempre por 
una razón oculta, aunque todos los años ocurra lo mismo. 
También los mejillones?” y los peines de mar nacen por ge- 
neración espontánea?” en lugares arenosos. Los que son de 


en Aristóteles —. Otros editores: quibus cauda non est «que no tienen cola», 
actitud demasiado respetuosa con los manuscritos, que implica que Plinio ni 
habría entendido a su fuente ni conocía a los peces de los que hablaba. 

282 Es curioso que basándose en el mismo pasaje de ArisT., HA V 6 
541b, Prinio había señalado antes correctamente (IX 85, 87 n,) la exis- 
tencia de un órgano específico —cauda— para la cópula, pese a las du- 
das de Aristóteles; ahora, en cambio, siguiendo literalmente el texto de 
éste señala que es un tentáculo —utiliza el término crinis— el que el 
macho introduce en la hembra —se entiende hoy que penetra en la cavi- 
dad paleal—. Se trata, pues, de un mismo pasaje de Aristóteles repartido 
por Plinio en dos fichas. 

2% Para designar el renacuajo Plinio transcribe el término griego 
gyrínos. 

2% Prmm., IX 115 n,, sobre mys y mitulus. 

2 Apisr,, HA V 15, 546b-548a, trata de la reproducción que tiene 
lugar sin apareamiento, en la que ocupa un lugar primordial la de los tes- 


LIBRO IX 335 


un recubrimiento más duro, como los múrices y las púrpu- 
ras, nacen de esa baba suya viscosa*”, lo mismo que los 
mosquitos, del agua acidificada; la apua?*”, de la espuma 
del mar, que entra en calor cuando recibe la lluvia. A su 
vez, los que están cubiertos por un revestimiento silíceo, 
como las ostras, del limo que empieza a pudrirse o bien de 
la espuma que hay alrededor de las naves que están varadas 
durante mucho tiempo, y de los palos clavados, y de la ma- 
dera en general*”, Recientemente se ha descubierto que de 
las ostreras fluye un líquido generativo, como leche. Las 
anguilas se restriegan en las rocas: la sustancia que despren- 
den cobra vida y no existe otro tipo de apareamiento entre 
ellas, 

No se acoplan peces de diferentes especies, salvo el an- 
gelote y la raya, de las cuales nace un pez similar a la raya 


táceos. Admite, como principio general (ibid. S47b), que los testáceos 
nacen por generación espontánea. Plinio acepta explícitamente esta gene- 
ración enel mejillón comestible y los peines. Pero admite que otros seres 
se reproducen por alguna sustancia generativa que desprende la propia 
especie, lo que supone el progreso de admitir que nacen de seres vivos y 
no de la materia inerte; así, los múrices y las púrpuras (IX 125), frente a 
la teoría de ArisTtÓTELES (ibid. 546b), las anguilas —que según ArrsT., 
VI 16 570a proceden del agua de lluvia—, y, de una manera contradicto- 
ria, ya que también acepta que nazcan de lo inerte, las ostras (es ilustrati- 
va la precisión recientemente, de Plinio), líneas después. 

392 Cf. PLin., IX 125. 

29% Transcripción del gr. aphyé «no engendrado», es la denominación 
genérica de un pez de tamaño pequeño, según añade PrIm., XXXI 95, 
(Sr.-Drn1s, 8; BALTAR, 21). 

39 Nótese la diferencia establecida entre estas ostras y las llamadas 
«conchas» perlíferas que concebían por la acción del rocío, a pesar de que 
PLINIO dice (IX 107) que el origen y la concepción de ambas es similar. 


161 


162 


336 HISTORIA NATURAL 


en la parte anterior, que entre los griegos recibe un nombre 
compuesto de ambos **, 

Algunos seres se engendran en una estación del año 
tanto en el agua como en la tierra?”; en primavera, los pei- 
nes, las babosas y las sanguijuelas, y éstos desaparecen con 
la estación. Entre los peces, la lubina y el triguia?*%* ponen 
dos veces al año, así como todos los peces de roca; los sal- 
monetes, tres veces y también la cálcide*”; los ciprinos*” 
seis veces y los rascacios* dos, lo mismo que los sargos, en 
primavera y en otoño. Entre los peces planos, el angelote es 
el único que pone dos veces, en otoño y en el ocaso de las 
Pléyades*”, La mayor parte de los peces, en los tres meses 
de abril, mayo y junio; las salpas*”, en otoño; los sargos, el 
torpedo y los escualos hacia el equinoccio; los moluscos en 
primavera y la sepia todos los meses. 


39 El rhinóbatos, Cf. PLxs., IX 139 n, También lo cita Arisr., VI 11, 
566a y, en lengua griega, se entiende finalmente la «adivinanza» que 
plantea Plinio: compuesto de rhíne «angelote» y bátos «raya». Se identi- 
fica con una especie de raya, llamada en algunas zonas «pez guitarra», 

3 Arxsr., V 8, 542a afirmaba que en la mayoría de los animales la 
unión se producía en la estación de primavera, Plinio recoge la observa- 
ción con excesiva brevedad; pero, como se trataba de una consideración 
aristotélica general, también él la sitúa al principio, 

39 Pr. IX 52n. : 

39% El dato procede de ArIsT., HA VI 14, só8a. Sobre su identifica 
ción con el sábalo, cf, Pxxn., 1X 154, 

40% PLrN,, IX 58 n, Los cyprini posiblemente son carpas de agua dulce 
—como en ArrsT., HA VI 14 568a, al que sigue aquí Plinio —. 

40 Corresponde al Seorpaena porcus L, denominado en latín scor- 
paena; el término es un préstamo del griego de la misma raiz de scorpius 
«escorpión» (Sr.-Denas, 103; Lerruer, 219), 

102 Hacia el 11 de noviembre, fecha que marca el comienzo del in- 
vierno, ef. PLN. IX 53 n. 

403 Prry,, IX 68. 


LIBRO IX 337 


Las huevas de ésta*%*, que están pegadas por la goma de 
su tinta en forma de uvas, las lleva a término el macho con 
su aliento %%; en caso contrario, se malogran. Los pulpos se 
acoplan en invierno; en primavera ponen unas huevas bri- 
llantes en forma de pámpano retorcido con tal grado de fer- 
tilidad que el número de huevas no les volvería a caber, 
después de muertos, en la cavidad de la cabeza en la que las 
llevaban durante la preñez; salen a los cincuenta días y mu- 
chas, a causa de su número, se pierden. Las langostas y los 
demás animales de cáscara más bien fina ponen las huevas 
en la parte inferior de su propio cuerpo%* y las incuban así. 
El pulpo hembra unas veces se sienta sobre sus huevas y, 
otras forma un hueco cerrado con sus brazos entrelazados 
como rejas. La sepia hace la puesta en tierra entre las cañas 
o en algún sitio en que se hallen algas; salen al decimo- 
quinto día. Los calamares echan en alta mar unas huevas 
entrelazadas como las de la sepia. Las púrpuras, los múrices 
y los de su misma especie desovan en primavera. Los erizos 
echan las huevas en los plenilunios de invierno y, asimismo, 
los caracoles nacen en época invernal, 


4% Desde aquí Plinio trata de las distintas formas de incubación, Sigue 
otra vez el mismo orden de la enumeración de las especies de Arisr., HA V 
12, 544a sepia, pulpo, múrices, buccinos y caracoles—, pero añade nue- 
vas notas: más información sobre la incubación del pulpo, tomada de 
Axisr,, HA Y 18, 550a, etc. Algunas adiciones provocan desorden; p. ej., 
gran parte de IX 164 es un resumen de Arrsr,, HA Y 18, 5506, Plinio incor- 
pora estos datos en bloque donde correspondían en la enumeración, o sea, 
entre el pulpo y los múrices, pero como Aristóteles incluía además otros 
animales, se produce el desorden en la enumeración de Plinio, 

205 Ya antes mencionadas (IX 3). Para ArisTÓTELES, ¿bid., la inter- 
vención del macho se limita a rociar de semen las huevas. 

4% Seguimos el texto de Maruorr, ova supter ipsa, basado en una 
conjetura de este editor, apoyada en la incubación real de los crustáceos y 
en el testimonio de Arasr., HA V 18, 550b. Otros editores prefieren ova 
super ova «ponen unas huevas sobre otras», de acuerdo con la lectura de 
algunos códices. 


163 


165 


166 


338 HISTORIA NATURAL 


05) El torpedo puede encontrarse con 

Cuáles echan huevas Ochenta crías y, además, dicho pez pa- 

o paren seres vivos re dentro de su cuerpo, ya que traslada: 

las huevas aún muy blandas a otra par- 

te del útero y las expulsa desde allí. Análogamente todos los 

peces que hemos llamado cartilaginosos*”, de modo que 

ocurre que son los únicos peces que no sólo paren, sino que, 

además, ponen huevas. El siluro macho es el único entre to- 

dos que cuida de las huevas puestas, por lo general hasta 

cincuenta días, para evitar que sean devoradas por otros pe- 

ces, El resto de las hembras las expulsan en tres días si 
tienen contacto con el macho. 

(6) La aguja o bélone*”? es el único 


Á cuáles se les desgarra : % E 
el vientre enelparro. POZ QUe, debido a su plétora, pare des 


y luego se les garrando el útero. Después del parto 
vuelve a unir se vuelve a unir la herida, cosa que se 


107 Cf., Pan, 1X 78, 

408 Se trata del Silurus Aristotelis Agassiz (Pax. IX 58 ni.). Aristóteles fue 
el primero en estudiar los animales en su medio y ofrecer datos del comporta- 
miento animal. En la biología posterior predarwiniana se tendió a estudiar las 
especies al margen del habitat, de forma que datos como los que aquí Plinio 
reproduce de ArrsT., HA VI 14, 569a; IX 37, 621a -—también se encuentran 
en EL., XI 14—, se consideraban carentes de interés, Pero gracias a esta in- 
formación, el biólogo suizo de mediados del s. xxx, L. Agassiz observó siluros 
de Norteamérica con este comportamiento del macho que protege la freza 
mientras la hembra abandona el nido durante un periodo de tiempo similar. 
Identificó así esta especie de siluro, que lleva el nombre de los dos sabios, 

102 El término griego belóné designa la aguja y, por metáfora, este pez 
alargado y delgado, que también en latín, castellano y otras lenguas tiene 
el mismo nombre metafórico acus «aguja». Se identifica con el Syngna- 
thus acus L,, «agujón» (Sr,-DenIS, 3), aunque también se ha propuesto el 
Belone belone L., «aguja» (BaLrar, 6). En Ar1sr., HA VI 13, 567b, se 
encuentra ya la observación acertada de que poseen una abertura bajo el 
vientre que abren en el momento del parto; se trata de un embolsamiento 
de la piel donde se contienen las crías, que Plinio toma por el útero, 


LIBRO 1X 339 
cuenta también de las serpientes ciegas. La rata de mar*' 
pone los huevos en tierra excavando un hoyo que vuelve a 
cubrir con tierra; a los treinta días los desentierra y los abre, 
y conduce su camada al agua, 

$217 Los eritinos y los serranos se dice 

Cuáles tienen matriz. UE poseen matriz y que el denomina- 

Cuáles se fecundan — do por los griegos troco*!! se autorre- 

AMOS produce. Las crías de todos los ani- 
males acuáticos carecen de vista al principio. 

Un caso memorable sobre la dura- 

53 (78) ción de los peces lo hemos conocido 

Cuál es la vida más recientemente*?, Pausílipo es un sitio 

larga de los peces ¿e 1a Campania, no lejos de Nápoles; 

en ese lugar, Ánneo Séneca ha escrito 

que un pez, que había sido metido en los viveros de César 

por Vedio Polión*!%, murió al cabo de sesenta años, que- 

dando vivos todavía entonces otros dos de igual edad, de su 
misma especie. 


40 Cf Pr. IX 71m. 

411 Cf. Pix. IX 56 n., sobre los eritinos y serranos. El llamado en 
griego trochós no se ha identificado.. 

112 Se trata de un nuevo dato de attopsía. Es el relato de una anécdota 
(en los índices distingue entre res «datos» e historiae et observationes 
«relatos y observaciones»), de primera mano (nuper), Rompe con el es- 
tilo de los capítulos anteriores (de datos) y se presenta con suspense: em- 
pieza por datos marginales, como la localidad (ya aludida en III 82, pero 
aquí nuevamente ubicada con toda precisión) y deja el nudo de la historia 
para el final, 

41% Síseca habla en diversas ocasiones de este personaje y de sus vi- 
veros de morenas (cf. PLim., 1X 77 n.), aunque la anécdota que aquí refie- 
re Plinio no se encuentra en ninguna de sus obras conservadas, 


168 


340 HISTORIA NATURAL 


Esta mención de los viveros nos recuerda que hemos de 
decir algo más sobre ellos antes de dejar los animales acuá- 
ticos, 

ses Sergio Orata*"* fue el primero de 

Quién fue el primero todos en construir viveros de ostras, 

que construyó en Bayas*!*, en época del orador Lu- 

is heredó cio Craso*!ó antes de la guerra contra 

los marsos, y no por razón de gula, si- 

no de codicia, ya que por ese invento suyo percibía grandes 

ganancias, como corresponde a quien fue el primero que in- 

ventó los baños colgantes para vender a continuación las ca- 
sas de campo con tal acicate, 

Fue éste el primero que atribuyó a las ostras del Lucrino 
el sabor superior, ya que las mismas especies de animales 


$14 Su nombre va unido a los primeros criaderos de marisco, desde 
VARRÓN (Agr, 1 3, 10; 17). Para éste los viveros de agua salada —no 
así los de agua dulce — eran una ostentación ruinosa propia de los ricos, 
como Orata, Murena, Hircio, Hortensio o Luculo (cf. Prxn., IX 170). 
Después, Columela, que también evoca a Orata y Murena, trata de la 
construcción de los estanques de mar (VHI 16-17) como una medida ló- 
gica de aprovechamiento de propiedades costeras, lo que muestra que 
estaban más generalizados. Plinio los ve ya como fuente de ingresos, qui- 
zás juzgando por los de su época. 

415 Ya en II 60-61, en la descripción de Campania, Plinio había desta- 
cado, entre sus fuentes de riqueza, sus famosos peces, El nombre de Bayas, 
lo mismo que el de otras localidades también de la Campania, aparecerán 
con frecuencia en estos capítulos dedicados a las piscifactorías. 

416 Lucio Licinio Craso (140-191 a, C.) fue un importante orador de 
época de Sila y uno de los maestros de Cicerón, principal fuente de noti- 
cias de su obra, hoy perdida (BarDoN, 171-174), Si Plinio lo cita para 
fijar la cronología de los viveros de ostras, es porque Craso había pro- 
nunciado dos defensas en los pleitos entre Sergio Orata y Considio y M. 
Graditiano en el año 91, En ese mismo año se sitúa la guerra contra los 
marsos. Según VaLerio MáximO, III 1, 1, los viveros de Orata, en la ori- 
lla del Lucrino, eran muy espaciosos y elevados: su excesiva apropiación 
del agua pública fue quizás el motivo del litigio. 


LIBRO 1X 341 


acuáticos son mejores unas en un lugar y otras en otro, co- 
mo las lubinas en el río Tíber, entre los dos puentes, el ro- 
daballo en Ravena, la morena en Sicilia, el élope en Rodas e 
igualmente otras especies, para no hacer un repaso exhaus- 
tivo de cocina*”, 

Todavía no estaban sometidas las costas de Britania, 
cuando Orata ya estaba ensalzando las ostras del Lucrino. 
Después se consideró de igual interés ir a buscar las ostras a 
Brundisio*!*, al último confín de Italia y recientemente, para 
zanjar la discusión entre los dos sabores, se ideó calmar en 
el Lucrino el hambre del largo trayecto desde Brundisio. 

(80) Por la misma época Licinio Murena1*!? fue el prime- 
ro que ideó los viveros de los demás peces, ejemplo que si- 
guieron después hombres de la nobleza, como Filipo y 
Hortensio*”, Luculo, después de perforar incluso un monte 


417 Cf. PLrw,, IX 68, Ya en otros lugares había tratado de cuestiones 
similares: FX 61 n., las lubinas y la mejor calidad de las de río, IX 52, 75, 
el rodaballo, FX 40 n,, 76 ss., eto., la morena, y 1X 60 n,, el élope. De los 
aquí citados, Apicio sólo ofrece una receta para acompañar la lubina, 
151, varias para cocinar la morena (449 ss.) y muchas para las ostras (13, 
31-32, 140, etc.). 

418 El lago Lucrino, en la Campania (cf. PLrx., HL, 61) es hoy la pe- 
quefía laguna de Marícello, Brundisio, actualmente Brindis, en el extremo 
SE de Italia, en Calabria; efectivamente era un punto importante en las 
rutas (Perp., 11 144), 

112 Cf, PLw., IX 168 n., sobre las menciones de Varrón y otros a las 
piscifactorías de estos célebres personajes de época republicana. Lucio 
Licinio Murena —legatus en la tercera guerra mitridática, pretor en el 
100 a. C. y cónsul en el 63 a. C.— fue acusado de corrupción y defendi- 
do por Cicerón en el famoso discurso Pro Murena, en el que también 
participó Hortensio., 

20 Filipo, perteneciente a la nobleza, cuyo nombre figura en el texto 
al lado del de Hortensio, pudiera ser el también orador, de época de Sila, 
L. Marcio Filipo, pretor en el 98 y cónsul en el 91. Quinto Hortensio 
Hórtalo (114-50 a, C.; pretor en el 72 y cónsul en el 69) es el famoso ora- 
dor, rival de Cicerón, cuya obra no se conserva, 


In 


172 


342 HISTORIA NATURAL 


junto a Nápoles con un coste superior al de haber edificado 

su casa de campo, hizo un canal y dio entrada al mar, Por 

esta razón Pompeyo Magno lo llamaba «Jerjes togado» *!. 

A su muerte los peces de aquel estanque fueron vendidos 
por cuatro millones de sestercios. 

55 (81) Concibió antes que otros un vive- 

Quién fue el primero ro concretamente para las morenas 


que construyó viveros 422 Ñ 
donas Gayo Hirrio**, el cual aportó la can 


Notas sobre tidad de seis mil morenas para las ce- 
los estanques nas triunfales del dictador César, en 
concepto de préstamo, pues, en realidad, no quería permu- 
tarlas por dinero ni por otra mercancía, Esos viveros hicie- 
ron vender su casa de campo, de un nivel por debajo de mo- 
desto, en cuatro millones de sestercios. 
Después se puso de moda el afecto por algunos peces 
determinados. En Baulos**, en la zona de Bayas, el orador 
Hortensio tuvo un estanque en el que llegó a querer tanto a 


421 Lucio Licinio Luculo (cuestor en el 88 y cónsul en el 74 a. C.), ads- 
crito al epicureísmo, condujo la tercera guerra contra Mitridates con bas- 
tante éxito, y fue un administrador honrado y eficaz de la provincia de Asia, 
Fue — acaso por eso — atacado a su regreso a Roma, especialmente por 
Pompeyo, su sucesor en el gobierno de Asia Menor; el texto de Plinio do- 
cumenta una de sus chanzas, basada en que también el rey Jerjes había 
abierto un canal en el Atos, cf. PLmw., IV 37 -—la misma anécdota se atribu- 
ye a diferentes personas, según los autores—, En el 59 a. C. se retiró a sus 
propiedades y quizás entonces se dedicó a estas otras ocupaciones. 

42 Gayo Lucilio Hirrio (o Hirro, según aparece en César, Guerra Ci- 
vol 1 15, 3; III, 82, 4, y Cicerón, Fam, VII 2) fue tribuno de la plebe en 
el 53 a, C., y aspirante al cargo de augur frente a Cicerón y al de edil 
frente a Celio. La noticia de sus viveros procede también de VARRÓN, 
Agr. 17, 3, que añade que las altas rentas que le proporcionaban, no com- 
pensaban los gastos de mantenimiento —obsérvese que Plinio omite esta 
indicación, seguramente porque no creía que no fuesen rentables, cf. supra, 
168 n.—. 

42 También en Campania, hoy Bacoli, cf. Pem., 11 61. 


LIBRO IX 343 


una morena que se cree que lloró por ella cuando murió. En 
la misma casa de campo, Antonia**, la mujer de Druso, le 
puso unos pendientes a una morena a la que tenía cariño. 
Por la fama de esta morena hubo algunos que quisieron co- 
nocer Baulos. 


Los viveros de caracoles los ins- 
_ 56(82) — tituyó Fulvio Lipino*” en el territorio 
Quién fue el primero ¿e Tarquinios, poco antes de la guerra 


que construyó viveros q , 
para caracoles civil que se entabló contra Pompeyo 


Magno, distinguiendo desde luego sus 
distintas clases, de modo que estuviesen por separado los 
blancos, que nacen en tierras de Reate y, también por sepa- 
rado, los ilíricos, que tienen más tamaño, los africanos, que 
tienen más fertilidad y los solitanos**, que tienen más cate- 
goría. Y, además, se le ocurrió engordarlos con arrope, farro 
y otros productos con la idea de que los caracoles cebados 
hicieran llenar, de paso, las tabernas; por la excelencia de 
esta técnica testimonia Marco Varrón*” que las conchas de 


4 Conocida como Antonia la Menor, hija de Marco Antonio y Octa- 
via, cf. PLIN., VIL 80 n. 

425 Otro propictario agrícola, que en sus propiedades tarquinienses —en 
la actual Toscana— había efectuado innovaciones en la ganadería, como 
criar algunos animales salvajes, separados por especies, en amplios espa- 
cios cercados (VarRÓN, Agr, II 12, 1), un procedimiento similar al que 
aplicó por primera vez, según Plinio (Varrón no lo cita a este respecto), a 
los caracoles, poco antes del 49 a, C, inicio de la guerra. Cf. PLiw., VI 
211 n. 

426 Varrón que también trata de la cría de caracoles (Agr.. 14, 4) ex- 
plica que los solitanos procedían de África. 

47 Ahora, para este detalle, cita Plinio por primera vez a Varrón, al 
que remonta toda esta sección sobre piscifacorias, y lo hace seguramente 
para no responsabilizarse de unas cantidades demasiado abultadas. Cf. el 
mismo procedimiento de citar distanciándose en IX 33 n,, 93 n,, etc. 


173 


174 


175 


176 


17 


344 HISTORIA NATURAL 


cada especie alcanzaron tal tamaño que tenían ochenta cua- 
drantes de capacidad, 
A mayor abundamiento, Teofras- 


57 (83) to** habla de especies maravillosas de 
Los peces peces: cerca de los regadíos de Babi- 
terrestres 


lonia, cuando los ríos descienden de ni- 
vel, algunos se quedan en pozas que 
conservan agua; desde ellas salen para comer avanzando 
gracias a las aletas y a un movimiento continuo de su cola y, 
a la inversa, esquivan a los cazadores volviendo a sus ca- 
vernas y permaneciendo quietos frente a ellos. Su cabeza es 
parecida a la del rape, las demás partes al gobio**, y las 
branquias son como las de los demás peces. 

Cerca de Heraclea y de Cromna*? y en el Ponto en ge- 
neral, existe una especie única que busca las orillas mismas 
de los ríos, hace hoyos en la tierra y vive en ellos, incluso 
cuando la orilla queda seca porque bajan las aguas; por eso 
se los desentierra, sabiéndose finalmente que están vivos 
por el movimiento de su cuerpo. Cerca de la misma Hera- 
clea, cuando desciende el nivel del río Lico, de las huevas 
que quedan en el limo se generan unos peces que, para bus- 


2 Cf. Pm, 1X 28 n. 

12 Cf. Purw,, IX 81 n. 

13% Cromna, en Paflagonia, Asia Menor, al sur del Mar Neta; hoy, 
Tekionu (PL1., VI 5). La Heraclea aquí citada es también la situada al sur 
del Mar Negro o Ponto Buxino, como indica vagamente este texto por la 
contigúidad de los topónimos citados; el nombre de Heraclea es tan fre- 
cuente que sólo en los libros geográficos de Plinio se registran dieciocho 
lugares diferentes con esta alusión a Hércules —-cf. índices del tomo an- 
terior, en el vol. 250 de esta misma colección, para otros topónimos em- 
patentados ——. De los muchos ríos que llevan el nombre de Lico, el que 
se menciona poco después, es el de Bitinia, que pasa por Heraclea Pónti- 
ca (Puan, VI 4). 


LIBRO YX 345 


car el alimento, palpitan con sus pequeñas branquias*!, por 

lo que ocurre que no están necesitados del elemento líquido 
—también por esta causa las anguilas viven mucho tiempo 
aunque se las saque fuera del agua—. Por lo que respecta a 
sus huevas, llegan a la sazón en sitio seco, como las de las 
tortugas. En la misma región del Ponto quedan atrapados en 

el hielo, entre otros peces, especialmente los gobios, que no 
manifiestan ningún movimiento vital salvo con el calor de 
las tarteras (por supuesto que en estos hechos existe también 178 
alguna causa *?, por extraordinaria que sea). 

Este mismo autor refiere que en Paflagonia se pueden 
desenterrar peces de tierra, exquisitos al paladar, en aguje- 
ros profundos de unos lugares en los que no se estancan las 
aguas; y hasta él mismo se extraña de que se engendren sin 
coito. Añade que indudablemente el elemento húmedo en- 
cierra alguna propiedad, que él considera que reside en los 
pozos ——como si en algún pozo se pudieran encontrar pe- 
ces—. Esto, como quiera que sea, hace que resulte menos 
sorprendente la vida del topo**, que es un animal subterrá- 
neo, si es que estos peces no tienen también la misma natu- 
raleza de los gusanos de tierra. 


41 Según el autor tendrían un tipo de respiración —el texto dice pal- 
pitent exiguís branchiis — que les permitla permanecer fuera del agua, cf, 
PLrx,, IX 16 ss., sobre las diferentes clases de respiración de todos los se- 
res y IX 74 a propósito de la supervivencia de las anguilas, 

2 Un nuevo ejemplo del planteamiento racionalista de Plinio; cf. 
también II 54, etc, 

4% El topo ya fue citado por Pro (TX 17) como ejemplo de la posi- 
bilidad de respirar bajo tierra; por lo tanto, parece sugerir ahora que si 
estos peces viven, es porque pueden respirar, no porque subsista agua o 
propiedades del agua en la tierra, como afirmaba Teofrasto. Plinio no en- 
tra en el problema de su reproducción. 


179 


180 


346 HISTORIA NATURAL 


Realmente a todos estos hechos 


58 (84) les da credibilidad la inundación del 
Las ratas Nilo, por ser una maravilla superior a 
del Nilo 


todo, Precisamente, cuando deja al des- 

cubierto el suelo, se encuentran por 

obra inicial del agua genital y de la tierra unos ratoncitos 

que ya son seres vivientes en una parte del cuerpo, pero to- 
davla son de tierra en sus rasgos finales %*, 

Tampoco es conveniente dejar en 

59 (85) silencio las cosas que observo yo que la 

De qué modo se mayor parte de los autores han admitido 

pescan los peces «antias» Qe e] pez «antia» 9, Hemos señalado 

que las islas Quelidonías están situadas 

delante del cabo del Tauro en el mar rocoso de Asia“, Allí 

este pez es abundante y sólo hay una manera de capturarlo 


4% Las ratas del Nilo aparecen en otros textos antiguos, Dioporo, 1 
10, 2 (citado por ST.-Den:s, ed. ad loc.) las describe como seres vivos 
hasta las patas delanteras e informes en el resto de su cuerpo, 

5 PLw., XXXII 13, y Ov., Hal. 45 son, junto con ésta, las tres refe- 
rencias en latín a este pez, conocido entre los griegos con el nombre de 
anthias. Su identificación es dudosa porque se basa en descripciones muy 
incompletas, Se ha propuesto el serrano, pero no coincide con lo que las 
fuentes griegas dicen de su gran tamaño, lo que inclina a pensar en algún 
congénere, como el mero, o bien en un escualo (ST.-Denis, 5-7); para 
otros autores es un pez desconocido (Bar.Tar, 19, siguiendo a CAPPONI, 
319-324; Lerrner, 23 ss.). El DRAE, s. v., lo considera sinónimo de 
«lampuga», pero este ictiónimo corresponde al hippurus de Pran., X 57 n. 

436 Pr yy, V 131, sitúa las tres islas frente al cabo que forma el monte 
Tauro en el sur de Asia Menor, limitándose a señalar que se trata de un 
lugar peligroso para los navegantes, Poco antes (V 97) indica el nombre 
del cabo, el Quelidonio. Las demás menciones son todavía más breves; 
pero el autor recuerda haber hablado de ellas, como muestra esta remi- 
sión explicita. Tauro, el nombre del monte, no aparece en los códices de 
Plinio; es una conjetura del editor Mayhoff, apoyada en el primer pasaje 
citado de Plinio, 


LIBRO EX 347 


pronto. En una barca pequeña y con ropa de un solo color y, 
además, a la misma hora durante varios días seguidos un pesca- 
dor navega por un sitio determinado y le echa alimento. Cual- 
quier detalle que de aquí se cambie, para la presa constituye una 
sospecha de engaño, y desconfía de lo que le da miedo. 

Cuando se ha hecho esto a menudo, alguna vez, un «antia», 
animado por la costumbre, se acerca a la comida. A éste se le 
identifica con la mayor atención, como corresponde hacer con 
el pez que es la garantía de nuestras expectativas y el mediador 
de la captura; y tampoco es difícil, dado que durante algunos 
días sólo él se atreverá a acercarse, Al final, también atrae a 
otros y, poco a poco, cada vez más acompañado, acaba trayen- 
do innumerables bancos, de modo que los más veteranos ya 
están acostumbrados a conocer al pescador y a coger el ali- 
mento de su mano. Entonces éste lanzando el anzuelo en medio 
del alimento un poco más allá de sus dedos, más bien que cap- 
turarlos, los coge al vuelo de uno en uno, sacándolos de un solo 
intento desde la sombra de la nave, de forma que los demás no 
lo noten, mientras otra persona, dentro de la nave, envuelve en 
trapos al pez que se ha capturado para que ningún pálpito ni 
ruido espante a los demás, Conviene a este propósito conocer al 
pez mediador, a fin de no capturarlo, ya que el banco de peces 
se ahuyentaría para lo sucesivo, 

Cuentan que un socio descontento*”, acechando a un 
pez guía al que conocía perfectamente, lo capturó a mala fe, 
que el pez fue reconocido en el mercado por el otro socio, 
que había recibido el perjuicio, y Muciano** añade que éste 


437 


197 Este socio probablemente es el compañero de la barca. Aunque los 
primeros datos del pasaje apuntan a un solo hombre, vestido de una deter- 
minada manera, etc., luego se advierte la existencia, al menos, de dos perso- 
nas en colaboración, para lanzar el cebo y recoger las capturas respectiva- 
mente, | 

498 Cf. Poy. IX 33 n, 


ran 


8l 


B2 


183 


184 


348 HISTORIA NATURAL 


formuló una reclamación por el daño y que aquél resultó 
condenado después de tasarse el objeto en litigio. 

Estos mismos antias, cuando han visto que uno de ellos 
queda apresado por el anzuelo, se dice que cortan el sedal 
con unas espinas que tienen en el lomo en forma de sierra, 
mientras que el que está apresado lo tensa, para que pueda 
cortarse. En cambio, entre los sargos, el mismo pez que está 
apresado deshace el sedal contra las rocas, 

Aparte de estas cosas, veo yo que a 


60 (86) autores ilustres por su sabiduría les 
De estrellas causa asombro la estrella de mar. Esa 
e mar 


es su figura; tienen muy poca carne por 
dentro y, por fuera, están provistas de 
una piel callosa muy dura, Dicen que poseen tal grado de ca- 
lor ígneo que queman en el mar todo lo que tocan y que con- 
sumen inmediatamente cualquier clase de alimento. Con qué 
tipo de pruebas se conoce tal cosa, no lo podría yo decir fá- 
cilmente, y consideraría mucho más digno de mención todo 
aquello que en el día a día hay ocasión de experimentar*”, 

Entre las especies de conchas fi- 


61 (87 : 
Prodigios ba los. guran los «dedos»**%, así llamados por 
dátiles de mar su semejanza con las uñas del hom- 


bre. Tienen la caracteristica de brillar 


132 Sin embargo, también hoy los pescadores temen el aumento de las 
estrellas de mar por la disminución del marisco, AristóTELES (HA V 15, 
548a) ya se hacía eco de ello, pues señalaba que los pescadores las consi- 
deraban la mayor plaga del estrecho de Pirra, No se comprenden bien las 
dudas de Plinio con respecto a la voracidad de la estrella de mar; quizás 
redactó este último pasaje, sin consultar el texto completo de Aristóteles. 

40 E] molusco tiene dos nombres metafóricos, como explica Plinio: el 
originariamente griego, dactylus «dedo» y el latino unguis «uña», S. Ist- 
DORO DE SEvILLA en su capítulo sobre los nombres de los peces se hace 
eco de la etimología de Plinio (Etim. XUL 6, 55 ungues a similitudine hu- 
manarum unguium dictae). Sobre su identificación, cf. PLiw,, IX 101 n. 


LIBRO IX 349 


en las tinieblas, cuando declina la claridad de cualquier otra 
luz y, cuanto más jugo tienen, más brillan en la boca de los 
que los comen, brillan en sus manos y hasta en el suelo o en 
la ropa cuando caen unas gotas, de modo que se evidencia 
sin ninguna duda que es esa característica de su jugo la que 
nos asombraría incluso en un cuerpo. 


Existen también muestras porten- 

62 (88) e : 
Amistades tosas de enemistad y de concordia, El 
y enemistades mújol y la lubina se profesan mutua- ' 


de los animales 


acuéticos mente un odio flagrante. El congrio y 


la morena se roen la cola uno al otro. 

La langosta le tiene tanto miedo al pulpo que si lo ve pega- 

do a su lado se muere; y el congrio, a la langosta. A su vez 
los congrios atacan al pulpo**. 

Nigidio** testimonia que la lubina le roe la cola al mú- 

jol y que estos mismos peces se llevan bien en unos meses 


44 Cf Puxx,, IX 87 n,, sobre la enemistad entre el congrio y el pulpo; 
también, IX 89, entre la morena y el pulpo. No vuelve a recordar ahora 
las luchas espectaculares, que antes había descrito (IX 12), entre orcas y 
ballenas ni tampoco los casos de parasitismo, que antes señalaba que po- 
dían causar incluso la muerte de los peces, como los parásitos del atún 
(IX 54, etc.). 

442 P_ Nigidio Fígulo murió en el 43 a. C, Se sabe que escribió sobre 
temas diversos —filosóficos, teológicos, astronómicos...—-, entre ellos, 
obras sobre ciencias naturales, que Plinio consultó, como se comprueba 
porque lo menciona como fuente en varios libros: en algunos geográficos 
(IV y el VI, donde también lo cita en el texto, cf. YI 217 n.); en el VIL, de 
contenido antropológico y en todos los libros de zoología (VIIL-XD. El 
nombre de Nigidio desaparece en los libros de botánica y reaparece nue- 
vamente en los libros XXTX y XXX, dedicados a los remedios extraidos 
de los animales terrestres y aves —pero ya no se vuelve a encontrar en 
los que tratan de los remedios de los acuáticos ni en el resto de los libros 
plinianos —. Como también se perdió la obra de Nigidio sobre ciencias 
naturales, se puede vislumbrar, por el uso que Plinio hace de ella, que po- 


350 HISTORIA NATURAL 


determinados, y, además, que siguen viviendo todos los 
ejemplares a los que se les amputa la cola así, 

También, a la inversa, son un ejemplo de amistad —apar- 
te de aquellos animales de cuya asociación hemos habla- 
do**-.., la ballena y el «ratoncito» **, ya que como los ojos 
de ésta están tapados por el enorme peso de sus cejas, él na- 
dando por delante le advierte de los bajíos perjudiciales para 
su tamaño y hace la vez de sus ojos. 

A partir de aquí se tratarán las distintas características de 
las aves. 


siblemente se circunscribiese a estos temas —al menos para Plinio sólo 
era autoridad en ellos -—, 

443 Efectivamente ha hablado antes de diversas asociaciones; que re- 
cordemos, entre el salmonete y el sargo (EX 65); el nauplio navegante y 
la concha (IX 99), la pina y el pinotero (IX 142). 

444 Posiblemente la existencia de este ser llamado musculuys «ratonci- 
to» sea sólo literaria, expresión de la interrelación y necesidad recíproca 
de todos los elementos, similares y opuestos, de la Naturaleza. Algunos 
autores suponen que hay un animal real sobre el que se forja esta leyen- 
da, pero la cuestión se complica porque con el mismo nombre se desig- 
nan animales diferentes (distintas hipótesis en Sr.-Denrs, 72 ss.; LErTNER, 
176). Una posibilidad es que fuese el cetáceo que Arisr., HA TI 12, 5192 
llama el «ratón de la ballena», provisto de cerdas en lugar de dientes, lo 
que coincide con el descrito por Pz1w10 en XT 162 y tiene cierto apoyo en 
S. Ismoro que, en una de sus etimologías (Etim, XII 6, 6) dice que el 
musculus de la ballena es propiamente el macho (masculus). Otros (KónIG- 
WINKLER, com. ad [oc.) piensan en algún pez guía de menor tamaño, el 
Naucrates ductor o Scomber ductor L. (cf. XI $1 n.). Para CAPPONI= 
1995, 90 las dos menciones de Plinio aluden a un mismo pez no identifi- 
cado. 


LIBRO X* 


10 Vienen a continuación las aves, 
El avestruz entre las que las mayores y casi perte- 
necientes a la clase de los cuadrúpe- 


* Esta traducción del libro X ha sido hecha siguiendo siempre la edi- 
ción de L lan y Capponi MaytnorF (Teubner, 1906, reimpr. 1985, vol, L, 
págs. 218-283), excepto en los siguientes casos: $ 96: in genere autem 
parrarum (Capponi) por in genere vitiparrarum; 8 96: quarum alicui sic 
suspenditur (Capponi) por picorum aliquis suspenditur; $ 96: deperden- 
tes stipitibus (Capponi) por deperdentes pedibus; $ 96: priorum subrutilo 
(Capponi) por priore parte; $ 105: intrante femina nidum. Pullos parti- 
ruienti (Capponi) por intrante femina ad pullos. Partiruienti; $ 134: cro- 
creo tinctu (Capponi) por crocreo unctu; $ 143: et quae diximus in aqua- 
tilibus (Winkler) por et quae dixímus..., item serpentes; $ 151: summa 
manu (Capponi) por ima manu, Para la identificación de las aves se ha 
seguido sobre todo F. Carpos1, Ornithologia latina, Génova, 1979, que 
será la obra a la que se haga especial referencia por ser la última y más 
completa de las interpretaciones de la ornitología romana. Asimismo se 
han tenido en cuenta: J. AnDré, Les noms d'oiseaux en latin, Paris, 
1967; T. D'Arcy WENTWORTH, Glossary of greek birds, Londres, 
1936; F. Berns, Diccionario de nombres vernáculos de aves, Madrid, 
1995; E, GIANNARBLL1, Gaio Plinio Secondo, Storia naturale, H, libro 
10, traducción y notas de..., Turin, 1983; R, Kónic-G, WinxLer, C. 
Plinius Secundus d. Á. Naturkunde. Buch X, herausgegeben und úber- 
seízt von..., Múnich-Zúrich, 1986; H. Lerrmer, Zoologischen Termi- 
nologie beim Álterem Plinius, Hildesheim, 1972; H. Rackmam, Pliny, 


mn 


352 HISTORIA NATURAL 


dos, los avestruces! africanos o etiópicos, sobrepasan la al- 
tura de un jinete montado en su caballo y superan la veloci- 
dad del mismo, pues se les han dado alas precisamente para 
ayudarles a correr. Pero no son voladores ni se elevan de 
tierra. Sus pezuñas, con las que luchan?, son semejantes a 
las de los ciervos, hendidas y adecuadas para coger piedras, 
que en su huida lanzan con los pies contra sus perseguido- 
res. Admirable es su capacidad de digerir todo lo que traga 
indiscriminadamente?, pero no menos lo es la torpeza de 
unos animales que, teniendo el resto de su cuerpo una altura 
tan enorme, consideran que permanecen escondidos cuando 
ocultan su cuello en un matorral. De ellos se aprovechan los 


Natural History. 11: books VIIEXE, Translated by..., Cambridge (Mass.)- 
Londres, 1967; E. br Sarnr Denis, Pline l'Ancien. Histoire Naturelle; 
Livre X. Texte établi, traduit et commenté par..., París, 1961. En las 
sucesivas notas nos referiremos a ellas simplemente por el apellido, 
acompañado, si nos parece necesario, de la única precisión del término 
que consideramos, siempre que la obra se trate de un diccionario alfa- 
bético, Las fuentes del libro X han sido estudiadas por extenso por F. 
CARPONI, Le fonti del libro X della Naturalis Historia di Plinio, Géno- 
va, 1985, y a esta obra remitimos al lector en general, especialmente en 
el caso de Aristóteles, al que Plinio sigue de manera reiterada en este 
libro, ya que, para no aumentar de manera importante el número de 
notas, no se han identificado sistemáticamente el origen o los paralelos 
de todos los pasajes. 

' En lat, struthocamelus: calco del griego, significa «pájaro-came- 
llo», lo que refleja el carácter híbrido con que se consideró al animal en 
la Antigúiedad, No está claro si ésta distinguió el Struthio camelus came- 
lus de otras subespecies. . 

2 Contra otros individuos de su especie durante el período de celo y 
contra otros animales cuando ve amenazadas sus crías. 

3 Los objetos tragados no dañan el estómago del animal, pero no es 
cierto que los digiera verdaderamente, 


LIBRO X 353 


huevos, empleados por su tamaño como recipientes, y sus 
plumas, que adornan las cimeras y los cascos*. 

Dicen que Etiopía y la India crían 3 
aves de muy diversos colores e indes- 
criptibles y la más famosa de todas, el 
fénix? de Arabia (no sé si se trata de 
una fábula), única en todo el mundo y 
muy difícil de ver, Se cuenta que es del tamaño de un águi- 
la, con el brillo del oro en torno al cuello y el resto de color 
púrpura, con plumas rosas que adornan su cola azulada y 
con el ennoblecimiento de crestas en la garganta y de un 
copete de plumas en la cabeza*, Manilio”, aquel senador 4 
famoso por sus grandísimos saberes sin haber tenido maes- 
tro alguno, fue el que, entre los romanos, se refirió a él pri- 
mero y con el mayor rigor. Señala que no ha existido nadie 
que lo haya visto comer, que en Arabia está consagrado al 


2 (2) 
El ave fénix 


4 Asimismo, en la Antigiiedad, la clara de sus huevos se empleaba en 
medicina (cf. PLm., XXVI 66) y el propio animal, cuya grasa alcanzaba 
un alto precio (cf, PLiw., XXIX 96), se ofrecía en mesas reales (cf, EL., 
XIV 13). 

3 Su nombre es transcripción del griego. Lo cita por primera vez He- 
RóD., ll 73. Se sitúa generalmente en Arabia, pero Ovib,, Metam. XV 
393, lo localiza en Asiria. En PLinio aparece antes y después de aqui (cf. 
VII 153; X1 121; XII 85; XIII 42 y XX1X 29). Para un estudio del ave en 
castellano, cf. A. ANGLADA, De ave phoenice, El mito del Aye Fénix, 
Barcelona, 1983, págs. 17 ss. 

$ Esta descripción ha hecho recordar a varios estudianós las caracte- 
rísticas del faisán dorado (Ckrysolophus pictus). Capponi considera que 
phoenix designaba a un animal real, si bien raro. 

? Pocta del que sabemos muy poco y que quizás coincide con el sena- 
dor Lucio Manilio, que escribió El ave fénix a comienzos del s. 1 a, C. Cf. 
VAR., EL Y 31 (con identificación dudosa), VII 16-17, 28 y 105. 


ía 


354 HISTORIA NATURAL 


Sol, que vive quinientos cuarenta años? y que, al envejecer, 
hace un nido con ramitas de canelo y de incienso, lo llena 
de aromas y muere sobre él. Añade que, después, de sus 
huesos y médulas nace primero como una larva y de él a 
continuación resulta el polluelo, y lo primero que hace es 
rendir las honras fúnebres debidas a su predecesor, y lleva el 
nido entero cerca de Pancaya, a la Ciudad del Sol”, y allí lo 
deja en un altar, El mismo Manilio manifiesta que con la vi- 
da de este pájaro se cumple la revolución del Gran Año'” y 
que de nuevo retornan los mismos signos de las estaciones y 
las constelaciones, y que esto comienza en torno a medio- 
día, el día en que el Sol entra en el signo de Aries??, y que el 
año de esta revolución en que él escribía, en el consulado de 
Publio Licinio y Gneo Cornelio?*?, era el doscientos quince. 
Cornelio Valeriano * cuenta que el fénix voló a Egipto en el 
consulado de Quinto Plaucio y Sexto Papinio'*, Fue traído 
también a Roma durante la censura del emperador Claudio 


$ En la mayor parte de los autores se habla de 500: años, aunque en 
alguno como Tácrro (An. VI 28, 3) la cifra sobrepasa los 1,400 años y 
únicamente Soz., 33, 12 coincide con Plinio. 

? Calco del nombre griego Heliópolis, referido a una ciudad situada 
en el delta del Nilo. Cf. Puxw., Y 61. Para Pancaya, cf. Prim., VIT 197. 

190 Cf. Pra, M 40, n. 42. El ciclo duraba $40 años o, según otras 
fuentes, 12.954 (cf. Tác., Diál, 16, 7) o incluso 25,800, 

1 Para COLUMELA (X1 2, 31), el 16 antes de las calendas de abril, ésto 
es, el 17 de marzo, 

12 Según el mismo Prixio (XXX 12), el año 657 de la fundación de 
Roma, esto es, el 97 a. €, 

13 Quizás un contemporáneo de Plinio, autor de una especie de enci- 
clopedia perdida que se sigue en varios de los libros de la Historia Natu- 
ral, No está claro si es la misma persona llamada igual en 111108. 

14 Año 36 d. C. Igual en Dión Casto, LVII 27, pero Tác., An. lo sí- 
túa en el consulado de Paulo Fabio y Lucio Vitelio (34 d. C.). 


LIBRO X 355 


(en el año ochocientos de Roma!” y expuesto en el Comi- 
cio'f, lo que está atestiguado por las Actas. Pero nadie duda- 
ría de que era falso, 

De las aves que conocemos, las 


3() águilas tienen la mayor consideración, 
Las clases de también la mayor fuerza. Hay seis cla- 
águilas 


ses*”, La llamada por los griegos me- 
lanáeto y también lebrera, es la menor 
por su tamaño, la mayor por su fuerza, de color negruzco, la 
única de las águilas que alimenta a sus crías (las demás, 
como diremos, las ahuyentan), la única sin grito y sin mur- 
mullo**. Por otra parte, vive en los montes; la perteneciente 
a la segunda clase, el pigargo, de cola tirando a blanco, en 
las ciudades y en las llanuras!”, Pertenece a la tercera el 
morfno, que Homero llama también percno y algunos tanto 
plango como anataria, y es la segunda en tamaño y en fuer- 


15 47 d. C., año en que Plinio se hallaba en Germania, por lo que no 
pudo conocer directamente el hecho. 

16 Plaza circular situada en el ángulo noroeste del Foro, denominada 
así por los comicios curiados celebrados allf. 

17 En lo esencial, se coincide con Arusr., HA 1X 32, 618b-619b, pero 
varía el orden, hay confusión de nombres, se introducen cambios diversos 
y parecen referirse a una determinada águila características de varias, por 
todo lo cual se duda de que la obra aristotélica sea aquí la fuente directa. 

18 El nombre griego significa «águila negra»; la denominación de 
«lebrera» responde a una conjetura de Mayhoff siguiendo a Aristóteles. 
De dudosa identificación, para Capponi es el águila chica o calzada (Hie- 
raaetus pennatus) o quizás el macho de águila pomerana (Aquila pome- 
rana), pero, en la realidad, no se puede decir de ninguna que sea muda. 

12 El nombre griego significa «de cola blanca». Para Capponi no es el 
águila culebrera (Circaetus gallicus) ni la atahorna (Cicus cyaneus) ni el 
pigargo (Haliaetus albicilla), sino el águila imperial (Aquila heliaca) o, 
mejor aún, un águila real (Aquila chrysaetos) pero joven. 


co 


356 HISTORIA NATURAL 


za; pasa la vida cerca de los lagos”. Femónoe?!, considera- 
da hija de Apolo, dice que ésta, por otra parte muda y ca- 
rente de lengua, tiene dientes y es la más negra de las águi- 
las, con una cola más prominente. Está de acuerdo también 
Beo”. Tiene también el instinto de coger tortugas y destro- 
zarlas arrojándolas desde lo alto, azar que quitó la vida al 
poeta Esquilo, quien, según cuentan, se guardó de un de- 
rrumbamiento, pronosticado para este día por los hados, po- 
niéndose a buen recaudo bajo el cielo abierto”, Pertenece a 
la cuarta clase el percnóptero u oripelargo, de aspecto de 
buitre, con las alas muy pequeñas y destacando en lo demás 
por el gran tamaño, pero débil y cobarde, hasta el punto que 
lo puede golpear un cuervo; tiene siempre el apetito del 
hambriento y un gorjeo quejumbroso. Es la única de las 
águilas que se lleva las presas una vez están sin vida ?*; las 
demás, cuando las han matado, se posan en tierra. Ésta hace 
que la quinta clase se llame gnesio en la idea de que es la 


2 Cf. Hom., 11. XXIV 316, Mórphnos significa «negro», perknós 
«negruzco», plángos quizás «errante» y, no tratándose ya de un término 
griego, sino latino, anataria «que mata patos», Se ha pensado, sobre to- 
do, en el águila pescadora (Pandion haliaesus), el aguilucho lagunero 
(Circus aeruginosus), el quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) y el águila 
moteada (Aquila clanga), por la que se inclina Capponi. 

21 La primera pitonisa de Delfos, a la que se atribuía la invención del 
hexámetro y la composición de textos sobre los auspicios. 

2 Al parecer, una sacerdotisa de Delfos llamada Boio, de la que se 
hizo después un varón al entender su nombre como el masculino Bofos, 
que la tradición de Plinio ha deformado incluso en Boethus. Sé le atribu- 
yen un hinmo a Apolo y una Ornitogonia, obras ambas perdidas, 

22 Los hechos ocurrieron en Sicilia el año 463 a, C. Cf, Va. Máx, 
IX 12, ext. 2. 

A Percnopterus quiere decir «de alas negras», y oripelargus «cigieña 
de montaña». Se trata de palabras griegas latinizadas, Identificación dudosa: 
tiene rasgos del pigargo (Faliaetus albicilla), no es por completo el buitre 
común (Gyps fulvus) y no parece el águila blanca americana (Haliaetus leu- 
cocephalus). Para Capponi, es quizás el alimoche (Neophron percnopterus). 


LIBRO X 357 


auténtica y la única de raza pura. Es de tamaño mediano, 
de color tirando a rojo y rara de ver”, Queda el haliáeto, de 
vista muy aguda, que se lanza desde lo alto y, si ve un pez 
en el mar, se precipita en picado sobre él, abre las aguas con 
su pecho y se lo lleva”, La que hemos considerado la terce- 
ra, busca en torno a las lagunas aves acuáticas, que se su- 
mergen una y otra vez hasta que se las lleva presas del sue- 
ño y del cansancio. Es una lucha digna de verse, con el ave 
acuática dirigiéndose a los escondrijos de las orillas, sobre 
todo si hay un cañaveral espeso, y el águila echándola de 
allí a aletazos y, tras haberla acometido en el lago, subiendo 
y mostrando su sombra a aquélla, que nada bajo el agua 
apartándose de la orilla, y, en fin, con el ave acuática emer- 
giendo de nuevo en un lugar alejado y donde cree que me- 
nos se la espera. La razón de que estas aves naden en ban- 
dadas es que yendo muchas juntas no son atacadas porque 
ciegan al salpicar con sus alas. A menudo también las pro- 
pias águilas, no pudiendo aguantar el peso apresado, se hun- 
den juntamente con él. Sólo el haliáeto obliga a sus pollue- 
los aún implumes a mirar de frente a los rayos del sol gol- 
peándolos repetidamente, y, si observa que alguno cierra los 
ojos y lagtimea, lo arroja del nido como bastardo y degene- 
rado; a aquel cuya mirada permanece firme frente al sol, lo 
cría, Los haliáetos no tienen una clase propia, sino que na- 
cen de la unión de águilas diversas, Precisamente lo que na- 
ce de ellos, pertenece a la clase de los quebrantahuesos, y de 


2% El gr. gnésios significa «pura, legítima». La mayor probabilidad 
apunta al águila real (Aquila chrysaetos). 

26 El nombre griego significa «águila del man». Aunque la descrip- 
ción parece corresponder al pigargo (Haliaetus albicilla), es probable que 
se trate del águila pescadora (Pandion haliaetas). 


9 


a, 


13 


358 HISTORIA NATURAL 


éstos se engendran los buitres más pequeños”, y de éstos 
los más grandes, que no engendran en absoluto”, Algunos 
añaden la clase de águila que ellos llaman «barbuda», pero 
los etruscos «quebrantahuesos» 2 
Las tres primeras clases de águilas 
(4) y la quinta, para la construcción del 
Características nido, emplean la piedra etites, que al- 
de las águilas nos han llamado gagites*, útil para 
muchos remedios y que no se altera 
en absoluto con el fuego. Y esa piedra está preñada, de ma- 
nera que, cuando la agitas, suena dentro Otra como en el in- 
terior de un vientre, Pero aquel poder curativo no lo tienen 
sino las cogidas de un nido. Anidan en rocas y árboles. Po- 
nen hasta tres huevos y sacan dos polluelos (a veces tam- 
bién han sido vistos tres). A uno de los dos lo ahuyentan por 
cansarse de alimentarlo. Y es que en esta época a ellas mis- 
mas les niega el alimento la naturaleza, que se cuida de que 


27 Quizás se entiende el quebrantahuesos como el paso de los falcóni- 
dos a los vultúridos y se piensa en subespecies de menor tamaño como el 
de África, 

28 Al decir de Capponi, hay que incluir aquí el negro (Aegypius mo- 
nachus) y el leonado (Gyps fulvus), y no sabemos si el mismo quebran- 
tahuesos. La afirmación sobre su esterilidad, algo falso, quizás se debe al 
desconocimiento de su nidificación. 

2 Plinio traduce phéné de Arisr, HA VI'5, 563a26-27, por dsd: 
que C. identifica como el quebrantahuesos (Gypaétus barbatus), cuya 
denominación latina citada (al igual que la castellana) responde a sus 
costumbres y que es «barbuda» también por tener un mechón de pelos 
sobre la barbilla, 

3 La etites, ctimológicamente «piedra del águila», es una geoda fe- 
rruginosa con un núcleo desgajado en su interior. PLinto, en XXX 130 y 
XXXVI 149-151, habla de sus beneficios durante el embarazo de la mu- 
jer, pero no vuelve a dar gagites como sinónimo de su denominación. En 
XXXVI 141, gagates designa el azabache, piedra que sí arde y es distinta 
de aquélla, 


LIBRO X 359 


no se arrebaten las crías de todos los demás animales salva- 
jes. También las uñas se les vuelven hacia atrás estos días, y 
sus plumas blanquean por la falta de alimento, de manera 
que con razón odian a sus hijos. Pero a los arrojados por 
ellas los acogen los quebrantahuesos, clase afín, y los crían 
con los propios. Mas, cuando son adultos, también los per- 
sigue la madre y los ahuyenta lejos, al ser, naturalmente, 
unos rivales en la rapiña. Y, por lo demás, un par de águilas 
necesita, para saciarse, un gran espacio de depredación. Por 
tanto, delimitan su territorio y no cazan en el vecino. No se 
llevan inmediatamente la presa, sino que primero la dejan y 
sólo cuando han tanteado su peso parten con ella. No mue- 
ren de vejez ni de enfermedad, sino de hambre, al crecerles 
tanto la parte superior del pico que la curvatura no permite 
que se abra. Y están activas y vuelan desde mediodía; las 
primeras horas del día, hasta que los foros se llenan de gen- 
te, permanecen apáticas. Las plumas de las águilas estro- 
pean las plumas de otros pájaros si se mezcladan con ellas. 
Dicen que éste es el único pájaro que nunca ha sido aniqui- 
lado por un sayo. Por ello la tradición la ha tenido por armí- 
gera de ral 
A las legiones romanas la consa- 
AS gró, con carácter exclusivo, Gayo Ma- 
late rio en su segundo consulado??. Ante- 
enseña de las legiones riormente también era primera enseña 
: junto con otras cuatro: el lobo, el mi- 
notauro, el caballo y el jabalí precedían sendas formaciones. 


3l La atribución del águila a Júpiter tiene, dentro de la cultura clásica, 
testimonios iconográficos y literarios bastante antiguos. 

2 Año 103 a, C, Mario usó un águila (de plata) como enseña militar 
(costumbre atestiguada ya entre los persas) en los enfrentamientos con 
los cimbrios que se desarrollaban en esta época (cf. Sanusrio, Conjura- 
ción de Catilina 59, 3). 


360 HISTORIA NATURAL 


Unos pocos años antes habían comenzado a llevarla a ella 
sola al campo de batalla; las demás se dejaban en el cam- 
pamento. Mario prescindió por completo de estas últimas. A 
partir de ello se ha observado que casi nunca el campamento 
de invierno de una legión está donde no haya una pareja de 
águilas, : 
La primera y segunda clase no sólo se apoderan de los 
cuadrúpedos más pequeños, sino que también combaten con 
los ciervos. El águila, tras posarse en sus cuernos, les echa a 
los ojos una gran cantidad de polvo que ha recogido revol- 
cándose en el suelo, y los golpea con las alas hasta que los 
arroja contra las rocas. Y no le basta un solo enemigo: su 
lucha con el dragón es más encarnizada y mucho más in- 
cierta, a pesar de ser en el aire. Busca éste los huevos del 
águila con una avidez malvada. Por ello, el águila se lo lleva 
en cualquier sitio que lo vea. El dragón le ata las alas con 
múltiples nudos y se enlaza con el águila de tal manera que 
se precipitan juntos. 
Muy célebre es en la ciudad de 
-5(6) Sesto* la gloria de un águila. Criada 
pd por una doncella, le mostró agradeci- 
de una joven miento trayéndole pájaros primero, y 
más tarde piezas de caza. Muerta al 
fin la doncella, se arrojó a la pira encendida para ella y se 
quemó a la par. Por esta razón, los habitantes levantaron en 
este lugar lo que llaman un heroo**, con el nombre de He- 
roo de Júpiter y la Doncella porque el ave está consagrada a 
aquel dios. 


33 Cf. Pm, IV 49, n, 247. 
34 Transcripción de un término griego que designa la tumba cultual de 
un héroe, esto es, una especie de mausoleo. 


LIBRO X 361 


Entre los buitres, los más fuertes 
son los negros. Nadie ha alcanzado 
sus nidos. Por ello, también ha habido 
quienes pensaban que llegaban de la 
parte opuesta del mundo, algo erró- 
neo. Anidan en rocas muy altas, pero sus crías se ven a me- 
nudo, generalmente en parejas. Umbricio, el más experto de 
los arúspices de nuestro tiempo*, cuenta que ponen trece 
huevos, que con uno de ellos purifican los restantes huevos 
y el nido, y que lo arrojan fuera acto seguido. Y añade que 
vuelan tres dias antes hacia donde va a haber cadáveres * 

Los augures romanos tienen una 

7(8) gran discusión sobre el ave de San- 

El avedeSanco co? y el inmúsulo. Algunos conside- 

y el inmásidor ¿an que el inmúsulo es el polluelo del 
buitre*, y el ave de Sanco el quebran- 

tahuesos?%, Masurio* dice que el ave de Sanco es el que- 
brantahuesos, y el inmúsulo el polluelo del águila antes de 


6(1) 
El buitre 


35 Umbricio Melior, de la época del emperador Galba, autor de una 
obra perdida sobre el arte adivinatoria, Tác., Hist, 1 27, lo muestra ha- 
ciendo un sacrificio ante el templo de Apolo el 15 de enero del 69 d. C. 

36 En principio se trata del buitre negro (Aegypius monachus), pero 
con una costumbre como esta última parece referirse a individuos jóvenes 
de buitre leonado (Gyps fulvus). 

37 Semón Sanco, antigua divinidad del juramento, mal conocida, con- 
siderada de origen sabino y equivalente a Dio Fidio. Se llegó a vincular a 
Júpiter y a asimilar a Hércules, Cf. Pin., VINE 194. 

38 Para Capponi, se trata de un alimoche (Neophron percnopterus) jo- 
ven. Inmusulus, de discutible etimología, era término de la adivinación 
caido en desuso. Fesro (101, 1) veía en él una especie de águila con me- 
nos fuerza que la verdadera. 

32 Ésta es la identificación actual, por ejemplo, de Capponi, que habla 
exactamente de la variedad Gypaetus barbatus grandis Storr. 

10 Masurio Sabino, jurista de la primera mitad del s. 1 d. C., autor de 
un tratado de derecho civil que fue modelo para la posteridad. 


an 


9 


20 


21 


362 HISTORIA NATURAL 


blanqueársele la cola*. Algunos han asegurado que tras el 
augur Mucio% no se han vuelto a ver en Roma. Yo creo 
(cosa que resulta más verosímil) que, sencillamente, en me- 
dio de la falta de interés general no han sido reconocidos. 
Hallamos dieciséis clases de hal- 


9 cones*, entre ellas el égito, que cojea 

8 (9) gto, q 

Los halcones. y es de muy buen augurio en los asun- 
El buteón 


tos matrimoniales y en el ganado*, y 
el triorque, denominado así por el nú- 
mero de sus testículos *, al que Femónoe dio la primacía en 
los augurios. A éste los romanos lo llaman buteón*, Incluso 
una familia recibió su sobrenombre por él, al haberse posa- 


do con buen augurio en la nave del general”. Los griegos 


llaman epileo al único que se deja ver en todas las épocas *; 


% Según Capponi, Masurio habria tomado un pigargo (Haliaetus al- 
bicilla) inmaduro por un águila real de la misma edad. 

2 Quinto Mucio Escévola, importante jurista, muerto en el 87 a, C. 

43 Parece que se sigue aquí un tratado sobre el arte adivinatoria más 
que a Aristóteles, Por lo dicho en la obra de Plinio, no se puede saber 
cuáles eran exactamente estas dieciséis especies de halcones. 

% No se sabe qué ave encubre aquí el término aegithtus, transcripción 
de uno griego de origen desconocido, Puede ser, según Capponi, una co- 
rrupción de aegypius y tratarse del cemícalo vulgar falco tinnunculus). 
Por no haber ningún ave naturalmente coja, cabe que se haga referencia 
aquí a un andar a saltitos. 

45 Etimología popular de un término transcrito del griego: no hay ra- 
paces normales con tres testículos, Cf. PLiw,, XI 263. 

% Nombre probablemente onomatopéyico que, según Capponi, co- 
rresponde aquí al águila ratonera (Buteo buteo), a diferencia de triórches 
en Arisr,, HA VINIL 3, 592b, que designaría el águila culebrera (Circaetus 
gallicus). 

27 Algunos miembros de los Fabios llevaron este sobrenombre. El 
primero, Marco Fabio Buteón, al que se atribuía la victoria naval de Ai- 
gimuro contra los cartagineses durante su consulado en el 245 a. C. 

48 Aye no bien identificada. La denominación, que quizás signifique 
«claro», no aparece en Aristóteles, si bien hay quien piensa que equivale 


LIBRO X 363 


los demás desaparecen en invierno. La diferenciación de sus 22 
clases se basa en la forma de cazar: unos capturan pájaros 
sólo en la tierra, otros lo hacen sólo cuando revolotean en 
torno a los árboles, otros sólo cuando están posados en un 
alto, y algunos sólo cuando vuelan a cielo abierto. Y así las 
palomas también conocen los peligros que de ellos les ace- 
chan, y, visto uno, se ayudan a sí mismas posándose en tie- 
rra O levantando el vuelo de manera que su actuación sea la 
contraria a la natural de aquél. Los halcones de toda Mase- 
silia* ponen los huevos en tierra en la isla africana de Cer- 
ne*, en el Océano, y no nacen en otra parte por estar habi- 

tuados a aquellas gentes”, 

En una parte de Tracia, por enci- 23 
(10) ma de Anfiípolis *, hombres y halco- 

Pio pai nes cazan en una especie de colabora- 

cazan en común Ción””. Los unos hacen salira las aves 

de los bosques y de los cañaverales; 

los otros, volando por encima de ellas, las hacen bajar de 

nuevo. Los pajareros se reparten con ellos las presas. Se di- 


a la de triórches de éste (cf. nuestra n. 46), Se ha pensado también en una 
variedad de aguilucho y en la atahorma. 

% Región costera de Mauritania que confínaba con Getulía, Cf. Pue, 
V 17,19 y 52, y XX1 77. 

30 Para sus diversas localizaciones, cf. PL1m., VI 198-199. Aquí pare- 
ce hallarse en el Océano Atlántico, cerca de la costa occidental de Ma- 
rruecos. Si 

51 Capponi piensa que se trata del tagarote (Falco peregrinus pelegri- 
noides), 

2 Cf. PLrw., IV 38 y n. 180, y VI 216. ArisróreLes (HA IX 36, 620a) 
habla de Cedrípolis. Plinio parece seguir a PseuDo Arrsr., De mirab. 118, 
841b15. 

5 Capponi piensa que se emplearían sobre todo el gavilán (Accipiter 
nisus) y el esmerejón (Falco columbarius), y menos el alcotán (Falco 
subbuteo) y el cernicalo vulgar (Falco tinnunculus). Se trataría de una 
cetrería más por razones económicas que deportivas. 


24 


25 


26 


364 HISTORIA NATURAL 


ce que los halcones se llevan las obligadas a subir más y 
que, cuando es el momento de la captura, invitan a los hom- 
bres a aprovechar la ocasión con gritos y con un tipo de 
vuelo. Algo semejante hacen los lobos de mar** en la laguna 
Meótide*, pues, si no reciben su parte de los pescadores, 
rompen las redes que habían tendido. 

Los halcones no comen corazones de ave. El halcón noc- 
turno se llama cibinde. Es raro incluso en los bosques y ve 
menos durante el día. Hace una guerra de exterminio al 
águila y a menudo son cogidos pegados el uno con la otra %, 

9(11) Parece que el cuclillo nace del 

Qué ave es la única — halcón y cambia su forma en una de- 


aniguilada por : A pe : 
tarde su epecia terminada época del año, pues justo 


Qué ave pone entonces los demás halcones sólo apa- 
un solo huevo recen muy pocos días. También él mis- 


mo, tras ser visto durante un corto período del verano, no 
resulta visible después. Por otra parte, es el único entre los 
halcones que no tiene garras, y no es semejante a los demás 
en la cabeza ni én otra cosa que no sea el color, y tiene más 
bien el aspecto de un palomo. Es más, incluso es devorado 
por el halcón si alguna vez se encuentran: es la única ave 
que es aniquilada por su propia especie”, Por otra parte, 


34 Algunos traductores y, al parecer, ArisróreLes (HA 1X 36, 620b5- 
8) y ELrano (VI 65), entienden que se trata de lobos terrestres: serían una 
especie de perros guardianes. Quizás estos autores o sus fuentes han ma- 
linterpretado un primer texto donde se trataba en realidad del lobo de mar 
o lubina. 

55 Mar de Azov. Cf. PLIw., 11168, n, 254, 

36 En ARISTÓTELES (HA 1X 12, 615b), estas costumbres pertenecen al 
hybris, que para Capponi puede ser el búho real (Bubo bubo), y no al 
kymindis, el cárabo uralense (Strix uralensis) o un tetraónido como el ga- 
lo lira (Lyrurus tetrix). 

37 ArisTÓTELES (HA VI 6, 563b14-56426), al que no sigue aquí fiel- 
mente Plinio, excluye, de hecho y acertadamente, que el cuclillo perte- 


LIBRO X 365 


también cambia de voz. Aparece en primavera y se oculta 
con la salida de la Canícula*, En el período que media, po- 
ne en nidos ajenos, sobre todo en los de las palomas torca- 
ces, la mayor parte de las veces un solo huevo (lo que no 
hace ninguna otra ave)” y raramente dos. Se piensa que la 
razón de que ponga sus crías en el nido de otras es que se 
sabe mal vista por todas las demás aves, pues incluso las 
más pequeñas la atacan. Así cree que su especie no tendrá 
descendencia segura, si no engaña, Por ello, no háce nido 
alguno este animal, por lo demás tímido. Así pues, el ave 
clueca cría al hijo supuesto en un nido adulterado%, Él, ávi- 
do por naturaleza, arrebata el alimento a los otros polluelos, 
y así se pone gordo y, estando lustroso, atrae hacia sí la 
atención de su nodriza. Ésta goza con su hermosura y se 
admira a sí misma por haberlo tenido así. Al compararlos 
con él, repudia a sus propios hijos como ajenos y permite 
que sean devorados por él incluso en su presencia, hasta que 
la ataca también a ella misma cuando es capaz ya de volar*!, 
Entonces ninguna otra ave es comparable a él en el buen sa- 
bor de la carne. 


nezca a los halcones, El «halcón» al que se parecería el cuclillo puede ser 
el gavilán (Accipiter nisus) o el cernícalo vulgar (Falco tinnunculus). 

58 El 18 de julio. C£. PLrw., 11 107, n. 145; VIH 152 y XVI 270. El 
animal adulto parte en julio; el joven, en septiembre. : 

3% Un solo huevo en cada puesta, que lleva a cabo cada dos días hasta 
alcanzar un total de 24 6 25 huevos. Observación no hecha en Aristóteles. 

6 Aún no se ha visto claramente la razón del parasitismo real del cu- 
clillo. En AristróreLES (HA IX 29, 618 a) es la cobardía del animal y su 
impotencia para defender a las crías; en Enano (MI 30), la frialdad de su 
cuerpo incapaz de incubar y descascarar los huevos. 

6! Ornitológicamente, todo esto es falso. Capponi prefiere entender 
«perezcan» en vez de «sean deyorados por él»: el cuclillo quita de la bo- 
ca el alimento a las otras crías, que, al no impedirlo su propia madre, pe- 
recen. 


28 


29 


366 HISTORIA NATURAL 


Los milanos, aunque pertenecen a 
la misma clase que los halcones, se di- 
ferencian por el tamaño“, Se ha obser- 
vado en ellos que, siendo un ave muy 
rapaz y siempre hambrienta, nunca se 
lleva nada comestible de las angarillas de las exequias* ni del 
altar de Olimpia*, y ni siquiera lo hacen de las manos de los 
que portan ofrendas si no es como presagio siniestro pata los 
municipios que las ofrecen. Los milanos parecen haber ense- 
ñado mediante los movimientos de su cola el arte de dirigir 
una nave, mostrando la naturaleza en el cielo lo que era nece- 
sario hacer en el mar. También los milanos mismos permane- 
cen ocultos los meses de invierno, aunque, sin embargo, no 
desaparecen antes que las golondrinas, Y se cuenta también 
que después de los solsticios padecen podagra* 
La primera división de las aves se 


10 (12) 
Los milanos 


1113 hace sobre todo por el pic, pues O tie- 
Clasificación nen garras o dedos, o se hallan en la 


de las aves clase de las palmípedas, como los gan- 


sos y, en general, las aves acuáticas: 
Las que tienen garras viven, en su mayoría, sólo de carne. 


2 Si lo que se quiere decir es que el milano es más grande que el hal- 
cón, aquél, según Capponi, ha ae ser concretamente el milano negro 
(Milvus migrans). 

$ A] parecer, las girls dónds se llevaban alimentos para el sili- 
cernium, banquete fúnebre celebrado junto a la tumba del difunto, 

4 Del famosísimo templo de Júpiter existente en esta ciudad griega 
de la Élide y en el que se hacian sacrificios el primer día-de los juegos 
olímpicos. Cf. PLrx., IV 14, 

$5 Sr.-Denis, com. ad loc., entiende «después de los solsticios» como 
«cada año, a partir del solsticio de invierno». En los tratados de cetreria 
se suele hablar de esta enfermedad, que, según algún autor moderno, po- 
dría deberse a agotamiento. 


LIBRO X 367 


Las cornejas% viven también de 30 

12 (14) otros alimentos, de manera que, al re- 

ii End sistirse a su pico la dureza de la nuez, 

no son de mal agúero Vuelan hacia lo alto y la arrojan contra 

rocas y tejas una vez tras otra, hasta 

que se casca y la pueden romper por completo. Precisa- 

mente esta ave tiene un gorjeo de mal agúero; sin embargo, 

algunos la elogian*”. Se observa que, desde la constelación 

de Arturo hasta la llegada de las golondrinas'*, raramente se 

la ve en los templos y bosques de Minerva, y en algún lugar, 

como en Atenas, no se la ve nunca. Es de muy mal agiiero 

en tiempo de puesta, esto es, tras el solsticio%. Además ésta 

es la única ave que alimenta a sus polluelos incluso algún 

tiempo después de que hayan echado a volar. Todas las de- 

más pertenecientes a la misma clase arrojan a los polluelos 
de los nidos y los obligan a volar. 

Lo mismo que hacen los cuer- 31 

E vos”, que, precisamente, tampoco vi- 

ven sólo de came, pero igualmente ahu- 

yentan bastante lejos a sus crías cuando ya son fuertes”. Y 


66 De hecho, carecen de: garras. Al parecer, la especie cenicienta 
(Corvus corone cornix), no la negra (Corvus corone corone), confundida 
con la graja (Corvus frugilegus) en la Antigúedad. 

6? Así lo hacen, p. ej., PLAUuTo (As. 260), Cicerón (Sobre la adivina- 
ción 139, 85) o VirciLiO (Buc, IX 15). - 

6 Arturo aparece el 5 de septiembre en el Ática (en Italia sería el 4) y 
las golondrinas llegan el 22 de febrero, según PuiN,, XVIII 310 y 237, 
respectivamente, Cf. también Prim, IT 106, n, 144, y 124, 

% De verano, 

2% Según Capponi, se trata aquí del cuervo común (Corvus corax), la 
mayor ave cantora de Europa, sin confundirlo con la corneja negra (Cor- 
vus corone corone), como piensan algunos intérpretes de Plinio, 

71 Según Capponi, no se trata tanto de una expulsión de las crías co- 
mo de una ayuda para que ellas echen a volar. 


32 


33 


368 HISTORIA NATURAL 


asi en las aldeas pequeñas no hay más de dos parejas, y en torno 
a Crannón, en Tesalia”, hay siempre una única. Los progenito- 
res ceden el puesto a su prole, 

Hay ciertas diferencias entre esta ave y la precedente. Los 
cuervos se reproducen antes del solsticio”? y enferman sesenta 
días, sobre todo de sed, antes de madurar los higos en otoño. La 
corneja es atacada por la enfermedad desde esta época”? 

Los cuervos tienen cada vez cinco crías como máximo. 
Piensa la gente que ponen o se aparean por la boca y que, 
por ello, las mujeres embarazadas, si comen un huevo de 
cuervo, tienen el parto por la boca”? y que, en general, paren 
con dificultad si traen a casa sus huevos”?, Aristóteles dice 
que, por Hércules, no es verdad esto ni para el cuervo ni pa- 
ra la ibis de Egipto, sino que aquellos besos que se ven a 
menudo son como los de las palomas”. Los cuervos pare- 
cen ser las únicas aves que en los auspicios comprenden sus 
propias señales, pues, cuando fueron muertos los huéspedes 
de Medio”, todos ellos salieron volando del Peloponeso y 


1 Cf. Puin., TV 29, n, 137, y 32, 

7 En la primera mitad de abril. 

Y No se ve cuál puede ser la enfermedad de las cornejas. La de los 
cuervos, según Capponi, se debe quizás a la debilidad causada por el 
cambio anual del plumaje o alguna afección parasitaria, 

75 Probablemente, como entiende Capponi, hay aquí una. referencia 
inconsciente de Plinio a la hiperémesis gravídica: la ingestión de ali- 
mentos es causa de vómitos irrefrenables. 

% Cf. Pzm., XXX 130, La creencia de que los huevos del afltñal no 
eran buenos para la embarazada crearía en ella, según Capponi, un estado 
psíquico negativo que difíicultaría el parto. 

7 Plinio resume aquí a ArisT,, GA HI 756 b, 13 ss., quien atribuye la 
afirmación a Anaxágoras y a otros naturalistas, 

% ArisT., HA TX 31, 618 b, habla de «cuando los mercenarios de Me- 
dio perecieron en Fársalo», por lo que Plinio habría traducido inadecuada- 
mente xénoi «mercenarios» por hospites «huéspedes», Se hace referencia 
a la masacre de la guarnición lacedemonia que ocupaba Fársalo durante 


LIBRO X 369 


de la región del Ática, La peor señal es cuando ahogan la 
voz como si estuvieran siendo estrangulados””. 

(16) También tienen garras las aves nocturnas, como los 
mochuelos*, los búhos y los cárabos. Los ojos de todas 
ellas tienen poca agudeza durante el día*!, El búho*, fúne- 
bre y muy detestado sobre todo en los auspicios públicos, 
habita zonas desiertas y no sólo abandonadas sino también 
siniestras e inaccesibles, Es un mostruo de la noche y no 
está dotado de canto alguno, sino de gemido. Por eso, verlo 
en las ciudades o, en general, a la luz del día es un presagio 
siniestro. Sé que se ha posado en la casa de muchos parti- 
culares sin ser funesto. Nunca vuela a donde le place, sino 
que se desplaza de lado. Uno entró en el corazón mismo del 
Capitolio durante el consulado de Sexto Palpelio Histro y 


la guerra entre Medio de Larisa, rey cuyo nombre tiene variantes en las 
fuentes, y Licofrón de Feras en el año 395 (cf. Dronoro Sic., XIV 82, 2 
ss.), o bien a otros acontecimientos ocurridos también en Fársalo pero en 
el 404 a. C. (cf. ibidem, XIV 82, 7). 

7 Según PLm., XVII 362, entonces anuncian viento y lluvia, 

20 Se suele estar de acuerdo en entender glaúx en Aristóteles y noctua 
en Plinio como el mochuelo (Athene noctua) y no como la lechuza (Tyto 
alba). Cf. Anbré (noctua), Bernis («mochuelo»), Capponi (noctua), 
D'Arcy (glaúx) y Lerruer (noctua). No obstante, hay traductores de uno 
y otro que emplean «lechuza» en sus versiones, De otro lado, existe algún 
pasaje de Plinio en que el término noctua parece obedecer más bien a su 
sentido etimológico general de «(ave) nocturna», 

8l No es cierto: p. ej., no hay duda de que el búho ve bien también de 
día. 

82 Sin duda se trata aquí del Bubo bubo. Su nombre latino (buba) es 
una onomatopeya que quiere reflejar su «gemido», anuncio de mal agurio 
y muerte. Cf., p. ej., Ov., Met. V 550, 


34 


35 


36 


37 


370 HISTORIA NATURAL 


Lucio Pedanio*, por lo que ese año la ciudad fue purificada 
en las nonas de marzo*, 
De mal agiiero es también el ave 
3(7 pd cu , 
Aves cuya vida «incendiaria», debido a la cual halla- 
o noticia está mos en los Anales que la ciudad fue 
en desaparición a ificada muy a menudo, como, por 
ejemplo, en el consulado de Lucio Casio y Gayo Mario, año 
en el que fue purificada también por haberse visto un bú- 
ho*, Qué clase de ave es ésta, no nos lo dice ningún testi- 
monio ni escrito ni oral. Algunos hacen la siguiente inter- 
pretación: es incendiaria cualquier ave que apatece con 
carbón tomado de cualquier tipo de altar*, Otros la llaman 
espinturnice*, pero no he encontrado quien diga que sabe 
cuál es exactámente ésta entre las aves*, 
14 Observo que resulta también desconocida el ave de- 
nominada clivia por los antiguos (algunos la llaman clama- 


$ Año 43 d, C, 

$ 7 de marzo, La purificación de la ciudad (amburbium), en cuyo 
transcurso se llevaban en torno a ella victimas para ser sacrificadas, se 
celebraba habitualmente una sola vez al año, el 2 de febrero. 

85 En el año 107 a. C. Según otras fuentes, el ave «incendiaria» fue 
vista también en otras ocasiones, Cf. OnsecC,, 164, 6, y 169, 17, y Lam- 
pP1LD., Com. 16, 2. 

86 El texto latino emplea exactamente los términos ara y altare, cuya 
diferencia de significado es discutible. Parece que los gramáticos roma- 
nos entienden el primero referido a los dioses inferiores y superiores y el 
segundo, en cambio, únicamente a los últimos, 

3? Del gr. spintaris (do la raiz de spinthér «centella, chispa»), quizás 
deformado por influencia de coturnix, 

88 Para Servio (Com. a Virg., En. TV 462), el búho es un ave «incen- 
diaria». Capponi mantiene como probable identificación la chova piqui- 
gualda (Pyrrhocorax graculus), que, citada en $133 por PLINIO, éste no 
relacionaría con el ave «incendiaria» de aquí por no conocer sus costum- 
bres. Pero puede tratarse también del búho o de otra estrigiforme. 


LIBRO X 371 


toria y Labeón*”, prohibitoria)". Y en Nigidio” se llama 
súpero” un ave que rompe los huevos de las águilas. 

15 Existen además otras muchas clases de aves descritas 
en la ciencia etrusca no vistas en siglos, que resulta admira- 
ble que falten ahora, cuando abundan incluso las que la gula 
humana diezma. 

Se considera que, entre los extran- 

16 (18) jeros, el que mejor ha escrito sobre los 

Cuáles sacan primero augurios es quien tiene por nombre 

la cola al nacer Fqi1a993 Cuenta éste que el mochuelo, 

el búho, el pico que horada los árbo- 

les*%, la tórtola y la corneja sacan primero la cola al salir del 
huevo, porque los huevos se dan la vuelta por el peso de la 


$9 Marco Antistio Labeón, muerto en el 10 o el 11 d. C., uno de los 
juristas romanos más importantes. De su obra, unos 400 volúmenes, sólo 
conocemos algunos títulos y algunos fragmentos. 

% Las tres denominaciones del ave pertenecen al lenguaje augural. 
Así, p. ej., en Festo, 56, 10, se llaman clivia auspicia los auspicios que 
prohibían hacer algo. Según Capponi, es un ave de las de «canto de pre- 
sagio» (oscines), de mal augurio cuando cantan por la izquierda, pero sin 
saber de qué especie concreta. 

% Cf. Pum., VE217, n. 633. 

2 Palabra, al parecer, corrupta: los manuscritos dan también subter 
y subis, y se proponen formas como sippa y sittar. Capponi defiende 
sitte, que Nigidio habría tomado de Arrst., HA TX 1, 609b11-13, don- 
de se trataría de un córvido de difícil identificación precisa y no del 
trepador azul (Sitta europaea) ni del trepador rupestre (Sitta neumayer) 
ni del agateador norteño (Certhia familiaris), como han propuesto otros 
diversos estudiosos. 

% Escritor desconocido: la palabra está corrompida aquí y se restituye 
a partir del índice inicial de la obra, 

% Esta denominación (lat. arbores cavans) parece reflejar el gr. dryo- 
koláptes «golpeador de encinas». Cf. $ 40, 


Lu 


8 


39 


40 


372 HISTORIA NATURAL 


cabeza y presentan a la madre para la incubación la parte 
posterior del cuerpo del animal”, 


De suma habilidad es la lucha de 
17 (19 los mochuelos contra otras aves. Cuan- 
Los mochuelos do son rodeados por un número ma- 


yor de ellas, se ponen boca arriba y 

oponen resistencia con las patas, y, 

encogiéndose, se cubren por completo con el pico y las 

uñas, El halcón” corre en su auxilio por cierta solidaridad 

natural y participa en la guerra. Cuenta Nigidio que los mo- 

chuelos permanecen en reposo sesenta días y que tienen 
nueve voces”, 

Hay también aves pequeñas con 

18 (20) garras, como los picos que son ilustres 

El pico de Marte por su sobrenombre de «propios de 

Marte»* y que son importantes en los 

auspicios. A la misma clase pertenecen los pájaros que ho- 


25 Algo fabuloso, sin justificación ornitológica visible, que muestra la 
inconsistencia de ciertos conocimientos de los augures, 

2 Capponi supone que aquí, más que de halcones, se trata de «rapaces 
del bosque» en general (tales como gavilanes, esmerejones, alcotanes o 
cernícalos), que se sirven de las presas pequeñas que atacan instintiva- 
mente al mochuelo. 

2 Seguimos la interpretación de Capponi, que mantiene que ñe se 
puede entender aquí que «hibernan», pues habría contradicción con $ 76. 
Estas aves permanecerían escondidas sin temer la presencia del hombre 
durante sesenta días, ya que no son vistas durante el invierno, Pero esto 
es falso referido al mochuelo, por lo que cabe pensar que aquí (y quizás 
en todo este $ 39) se hable propiamente de otra ave noctuma que es rara 
durante el invierno en Italia, como el búho real, o se aleja en la misma 
época de las regiones mediterráneas, como el autillo, o pasa fácilmente 
desapercibida por permanecer inmóvil, como el cárabo, 

% La tercera clase de una de las clasificaciones aristotélicas de los pi- 
cos (HA IX 9, 614b7-10). Ha de ser el pito negro (Dryocopus martius), el 
único piquido propiamente dicho que conoce Plinio. Cf. PLIrw., XI 122, 


LIBRO X 373 


radan los árboles escalándolos verticalmente como los gatos 
e incluso boca arriba”. Saben que hay comida debajo de la 
corteza por el sonido de ésta al ser golpeada. Son la únicas 
aves que crían a sus polluelos en agujeros. Se cree corrien- 
temente que las cuñas que mete el pastor en las cavidades de 
aquéllos se caen mediante cierta planta'% que les aplican 
ellos. Trebio'%! mantiene que un clavo o una cuña metidos 
con toda la fuerza que quieras en un árbol en que tenga el ni- 
do un pico, saltan con un chasquido del árbol en cuanto el 
animal se posa encima de ellos!'%, Estas mismas aves en el 
Lacio son de fundamental importancia en los augurios desde 
el rey que les dio nombre !%, No me resisto a contar un pro- 
nóstico que tiene que ver con ellas. Una se posó en la cabe- 
za del pretor urbano Elio Tuberón '%, que estaba en el foro 
administrando justicia en el estrado, tan mansamente que se 


% ArrsT., HA IX 9, 614b2-4, y Plinio (aquí y en $ 38) parecen referir- 
se más bien a trepadores que a picos propiamente dichos, por lo que es 
dudoso que se trate realmente de un ave como, p. ej., el pico real (Picus 
viridis). 

100 Quizás un tipo de peonía, como la Paeonia mascula. Cf. Pura, 
XXV 4 y XXVII 85. 

19! Cf. PLim., 1X 80, Quizás la fuente no es aquí realmente este autor, 
sino Pompeyo Trogo. 

10 Estas creencias populares pueden tener un transfondo real: el tre- 
pador azul pone en la entrada de su nido trozos de arcilla humedecidos 
con su propia saliva y construye una pared de dos o tres centímetros que 
no es posible romper fácilmente. 

10% Pico, antiquísimo rey del Lacio y gran adivino, hijo de Saturno, 
padre de Fauno y abuelo de Latino. Fue metamorfoseado en el pájaro del 
mismo nombre por la maga Circe debido a no haber sucumbido ante las 
insinuaciones de ella. Cf. Ovi,, Fast. 1 292, y Met. XIV 320; VirG., 
En. VII 48, 

104 Gayo Elio Tuberón, de cronología imprecisa, que, según Frowrr 
NO (IV 5, 14), murió en la batalla de Cannas (216 a. C.) junto con catorce 
familiares. 


41 


42 


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374 HISTORIA NATURAL 


dejó coger con la mano. Ánte ello los adivinos dieron la 
respuesta de que se presagiaba la ruina del imperio si era 
soltada, pero, si se la mataba, la del pretor. Y éste inmedia- 
tamente hizo pedazos el ave y no mucho después se cumplió 
el presagio. 

En esta clase hay muchas que vi- 
ven también de bellotas y fruta, pero, 
as iu adn nas las que lo hacen sólo de carne, no be- 
ben, excepto el milano, cosa esta úl- 
tima que, precisamente, se considera 

funesta en los augurios. 

19 Las que tienen garras no viven nunca en colonias y 
cada una caza para sí misma. Por otra parte, casi todas vue- 
lan alto excepto las nocturnas, y más cuanto más grandes, 
Todas tienen alas enormes y cuerpo menudo. Andan con di- 
ficultad. Raramente se posan en las piedras por impedírselo 
la curvatura de sus uñas, 

Hablemos ahora de la segunda cla- 
idos dedico dedos. 36 que se divide en dos especies, aves 

Los pavos reales COn canto de presagio y aves con 

vuelo de presagio*, El carácter dis- 
tintivo de aquéllas es el canto; el de éstas, el tamaño. 

20 Y así serán también éstas las que precedan en orden 
de exposición, y, dentro de ellas, precederán a todas las de- 
más los pavos reales debido tanto a su belleza como a la 
conciencia de ella y a su orgullo!'%, Cuando se le alaba, 
despliega sus colores propios de las piedras preciosas, sobre 
todo poniéndose al sol, porque así resplandecen con más 


105 Se alude a la división indicada en $ 29 y se hace ahora una subdi- 
visión procedente de los augurios. Cf. Cic., ND II 160. 
10 El pavo real o indio (Pavo cristatus), procedente de Oriente. 


LIBRO X 375 


brillo!”. A la vez, haciendo la rueda busca ciertos reflejos a 
la sombra para los otros colores, que también brillan más 
intensamente en la oscuridad, y amontona todos los ojos de 
las plumas, que le enorgullece que se admiren. Al perder la 
cola cada año con la caida de las hojas, busca vergonzoso y 
triste un escondrijo hasta que le renazca otra con la flora- 
ción. Vive veinticinco años. Comienza a mostrar sus colores 
a los tres!%, Los autores cuentan que este animal no es sólo 
orgulloso sino también malévolo, de la misma manera que 
dicen que el ganso es vergonzoso. Dado que hay también 
quienes, a propósito de ellos, han añadido estas característi- 
cas, las cito, pero no las respaldo, 

03) El primero que en Roma mató un 


Quién fue el primero payo real para comerlo fue el orador 
que mató un pavo real 


parasialicento Hortensio!%” en el banquete inaugural 
Quién empezó de su sacerdocio. El que implantó la 
a:engordarios costumbre de cebarlo fue Marco Au- 


fidio Lurcón!*, en torno a la última guerra contra los pira- 


tas'!!, y de este negocio obtuvo unas ganancias de sesenta 
mil sestercios anuales. 


107 Para VArRÓN (Agr. IT 6, 2) se trataba ya del ave más hermosa, y 
otros diversos autores antiguos se han ocupado de ella encoimiástica- 
mente, como, p. ej., Ovib., Árte de amar 1 625-626. 

10% Este tipo de cifras se basa, sin duda, en la observación de ejempla- 
res en cautividad. 

109 Cf. Purw,, VI 211 y IX 170, 

119 El sobrenombre significa «glotón», Probablemente es el criador 
de pavos que aparece en VArR., Agr. HI 6 1, 6, y el Aufidio que, al decir de 
Hox., Sát, II 4, 24, solía mezclar miel con falerno fuerte, Asimismo pue- 
de ser un tribuno de la plebe del 61 a. C, 

Mi Los derrotó Pompeyo en el 67 a, C. 


45 


46 


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376 HISTORIA NATURAL 


De manera muy semejante a los 
pavos reales son conscientes de la 
gloria también estos vigilantes noc- 
turnos nuestros, que la naturaleza en- 
gendró para despertar a los mortales 
al trabajo y para interrumpir el sueño*!?, Conocen las estre- 
llas y dividen con su canto las horas a lo largo del día de 
tres en tres. Van a acostarse con el sol y a la cuarta vigilia 
castrense? nos llaman a las preocupaciones y al trabajo y 
no consienten que nos coja desprevenidos la salida del sol, y 
anuncian la llegada del día con su canto, el cauto mismo con 
el batir de sus alas!!*, Gobiernan a su propia especie y rei- 
nan en cualquier casa en que estén. Lo consiguen luchando 
entre ellos mismos, como si entendiesen que les han nacido 
armas en las patas para ello, y a menudo el combate no 
cumple su objetivo porque mueren los dos contendientes a 
la vez. Pero si consiguen la palma, al punto cantan en señal 
de victoria y ellos mismos se proclaman príncipes. El ven- 
cido se esconde en silencio y soporta a duras penas su ser- 
vidumbre!'*. Sin embargo, también la plebe, igualmente so- 
berbia, camina con la cabeza alta y la cresta derecha; es la 
única de las aves que mira frecuentemente al cielo, levan- 
tando también hacia lo alto su cola falcada. Y así causan te- 
rror incluso a los leones, las fieras más valientes ***, 


21 (24) 
Los gallos 


12 El Gallus gallinaceus. : 

113 El día se dividía en 12 horas de beniodo de luz, denominadas por 
un ordinal, y 12 de noche, que estaban repartidas, según costumbre cas- 
trense, en cuatro turnos de guardia (vigiliae), La salida del sol daba inicio 
al día y su caida a la noche, La séptima hora comenzaba siempre a me- 
diodía y la tercera vigilia siempre a medianoche. 

24 El gallo como anuncio del día constituye un tema frecuente en la 
poesía clásica y en la medieval, Cf., p. ej., Lucr., IV 710. 

US Reacción parecida a la del elefante: cf. PLiw., VII 12, 

116 Cf, PLew., VIU 52, 


LIBRO X 377 


Algunos de ellos se crían ya sólo para peleas y combates 
constantes, con lo que han hecho famosa también a su pa- 
tria, Rodas y Tanagra?””; el segundo puesto se ha asignado a 
los gallos de Melos!'' y a los de Cálcide!'?, De manera que 
es un ave totalmente merecedora de tantos honores como le 
otorga la púrpura romana !”, De ellos son los augurios favo- 
rables'2, ellos guían a diario a nuestros magistrados y a es- 
tos mismos les abren o les cierran su propia casa. Ellos ha- 
cen marchar los fasces romanos o los detienen, ordenan 
batallas o las prohíben y han sido augures de todas las victo- 
rias conseguidas en el mundo entero. Son ellos sobre todo 
los que gobiernan el gobierno de la tierra y con sus entrañas 
e hígado no son menos agradables a los dioses que las vic- 
timas corpulentas. También su canto, si es fuera de hora o 
vespertino, anuncia prodigios. En efecto, estando cantando 
noches enteras presagiaron a los beocios aquella famosa 
victoria contra los lacedemonios'?, y se hizo la interpreta- 
ción en este sentido, porque esta ave, si es vencida, no canta. 


17 Cf. Pues, TV 26, n. 110, y V 132, n. 492, 

ME Según VArr., Agr. II 9, 19, y CoL., VII 2, 4, en lat, eran llama- 
dos Melici no porque fuesen propiamente de Melos, como la denomina- 
ción podría dar a entender (de aquí nuestra traducción literal «de Me- 
los»), sino de Media, Cf. PL, 11 237, n. 490. 

119 Cf. PLmw,, IV 64, n. 310, La lucha de gallos era frecuente ya en la 
Grecia antigua. Cf. VARR,, 4gr. MM 9, 6, y CoL., VIIT2, 4. 

122 Los altos magistrados romanos vestían toga purpúrea, 

121 Denominados tripudia solistima en lat., consistían en que, al dar 
de comer a los pollos sagrados y actuar éstos con voracidad, se les cayese 
algo de comida al suelo. 

122 La batalla de Leuctra (371 a, C.), en la que los tebanos, al mando 
de Epaminondas, derrotaron a los espartanos con su rey a la cabeza, 


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378 HISTORIA NATURAL 


Dejan de cantar cuando se los cas- 

(25) tra, lo que se hace de dos maneras: 

Cómo se castran, — quemándoles con un hierro candente 

Un gallo que habló 15 19mos o la parte inferior de las pa- 

tas'2, La llaga se unta inmediatamen- 

te con greda de alfarero. Así engordan con mayor facilidad. 

En Pérgamo*”* todos los años se ofrece a expensas del Estado 

un espectáculo de gallos como si se tratase de uno de gla- 

diadores, Se halla en los Anales que, en el territorio de Rí- 

mini *?, en el consulado de Marco Lépido y Quinto CátuloP", 

en la casa de campo de Galerio*”” habló un gallo: la única 
vez, por lo menos que yo sepa. 

La preocupación por vigilar tam- 

o bién está atestiguada en la oca'% por 

su defensa del Capitolio, cuando ha- 

bía sido traicionado el Estado por el silencio de los pe- 

rros!”, Por esta razón, lo primero que adjudican los censo- 


12 Según Capponi, Plinio parece no conocer bien estos procedimien- 
tos, porque el término lumbi, «lomos», se refiere al abdomen, sobre el 
que se hacía la cauterización de los testículos. Sin embargo, en XI 263, se 
refiere a que los animales que ponen huevos tienen los testículos adheri- 
dos internamente a la región lumbar; todavía hoy se convierte a los gallos 
en capones aplicándoles un cauterio en dicha región. La cauterización de 
los espolones era, más bien, una operación complementaria, para que el 
capón no dañase los huevos durante la incubación (cf. Varr,, Agr. III 9). 

124 Cf, PLrw., V 126, n. 469. 

125 Cf. Porn, MIE 112, n, 120. 

126 Marco Emilio Lépido y Quinto Lutacio Cátulo, año 78 a, C. 

127 No sabemos exáctamente de quién se trata. 

$28 Con anser se designa en este y los siguientes parágrafos, al parecer 
(cf. Lerrner, arser), tanto el Anser domesticuys como el Anser anser. Nos- 
otros, aquí y en todo el presente libro, traducimos por «oca» cuando el con- 
texto indique más bien el primero y por «ganso» cuando el segundo. 

129 En el 390 a. C., una banda de galos senones llegó hasta Roma y la 
saqueó. La ciudad fue defendida por el ex cónsul Marco Manlio Capitoli- 
no, al que pusieron al acecho las ocas del templo de la diosa Juno. 


LIBRO X 379 


res es la comida de las ocas. Es más aún, existe la historia 
de una oca que, en Egio, se enamoró de un muchacho de 
Óleno!* de belleza exquisita llamado ++*x* 13! y la de otra ena- 
morada de Glauce, tañedora de citara del rey Ptolomeo '”, a 
la que, según dicen, amaba también al mismo tiempo un 
carnero. Puede parecer que también son capaces de com- 
prender la sabiduría humana: así se dice que una iba pegada 
constantemente al filósofo Lacides'%, sin separarse de él en 
ninguna patte, ni en público, ni en los baños, ni de noche, ni 
de día. 
Superior es la sabiduría de noso- 

qn tros los romanos, que las conocemos 
ra eE e % — por la excelencia de su hígado. Éste, 

el hígado de oca cuando se las ceba, alcanza gran ta- 
maño, y, una vez arrancado, también 

se aumenta con leche mezclada con miel, Y no sin razón se 
pregunta uno quién descubrió una cosa tan buena, si Esci- 
pión Metelo 1%, un excónsul, o Marco Seyo'**, un caballero 
romano de la misma época. Pero lo que sí es seguro es que 


130 Egjo, Óleno: cf. PLiw,, IV 12, n. 50, y 13, n. 54, respectivamente. 

131 Laguna del texto. La historia la contaron otros autores (cf., p. ej., 
EL., V 29), por los que sabemos que el muchacho se llamaba Anfiloco. 

132 Glauce, originaria de Quios, fue célebre como cantante, citarista, 
poetisa y compositora de alegres canciones bajo Ptolomeo Il Filadelfo 
(308-246 a. C.), rey de Egipto, que construyó el Museo con su gran bi- 
blioteca, 

13% Quizás Lacides de Cirene, sucesor de Arcesilao al frente de la 
Academia media ca. 241 a. C, 

- 44 Quinto Cecilio Metelo Pío Escipión, cónsul en el 52 a. C., suegro 
de Pompeyo y jefe de los pompeyanos en África, muerto en el 46 a, C, 
Poseyó varias villas de lujo y numerosos rebaños de ocas. 

135 Un amigo de Varrón, de Ático y de Cicerón, partidario de César. 
Para él y el personaje anterior, cf. VARR., 4gr. MI 10, L. 


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380 HISTORIA NATURAL 

fue a Mesalino Cota, hijo del orador Mesala*””, a quien se 
le ocurrió asar los pies palmeados de la oca y guisarlos en 
una fuente con crestas de gallos. Verdaderamente otorgaré 
en conciencia la palma a la cocina de cada uno ellos. 

Resulta admirable en esta ave el que venga a pie a Roma 
desde el territorio de los morinos'**, Las que están cansadas 
son colocadas a la cabeza. Así las empujan las demás por un 
instinto de apiñaxse, 

Otra fuente de ganancias reside en la pluma de las blan- 
cas. En ciertos lugares son desplumadas dos veces al año y 
de nuevo se cubren de plumas. La pluma más suave es la que 
se halla más pegada al cuerpo y la más encomiada la proce- 
dente de Germania. Allí las ocas son blancas, pero más pe- 
queñas; se denominan gantas!*”. El precio de su pluma es 
de cinco denarios la libra, Y de aquí vienen casi siempre las 
acusaciones contra los prefectos de las tropas auxiliares al 
desplazar del puesto de vigilancia cohortes enteras para la 
caza de este animal. Y se ha extendido tanto el refinamiento 
que ya no puede pasarse sin este producto ni siquiera la nu- 
ca de los varones. 


136 Marco Aurelio Cota Máximo Mesalino vivió en el reinado de Ti- 
berio y tuvo fama de glotón y malhumorado. Amigo de Ovidio, él mismo 
fue poeta y orador. Plinio lo cita como una de las fuentes de los libros 
XIV y XV, 

197 Marco Valerio Mesala Corvino (64 a. C.-8 d, C.), militar, orador y 
político, Apoyó a los asesinos de César, después a Antonio y finalmente a 
Augusto. Ocupó diversos cargos políticos y fue cabeza del círculo litera- 
rio al que perteneció el clegiaco Tibulo, 

138 Pueblo celta de la Galia Belga. Cf, PLim., IV 106, n. 499. 

132 El ánsar común (Anser anser), el único ganso que nidifica en 
Germania, al igual que cualquier ganso propiamente dicho, no tiene li- 
brea blanca, Quizás, pues, se trata de una especie de pato, como el tarro 
blanco (Tadorna tadorna) o el eider (Somateria mollissima). Capponi se 
inclina por este último, que cubre su nido con un abundante colchón de 
sus suaves plumas. 


LIBRO X 381 


Otra cosa ha descubierto la parte ss 
de Siria que se llama Comagene!*: 
cubrir con mucha nieve su grasa mez- 
clada con canela en un recipiente de 
bronce y dejar que se macere por el 
frío intenso, para servirse de ello como un remedio muy fa- 
moso, que se llama comageno debido al país**!. 

(9) A la clase de las ocas pertenecen 56 

Los tarros blancos, 108 tarros blancos'* y el manjar más 

las barnacias carinegras, exquisito que conoce Britania, las bar- 
los tetraones 143 

y las utantas naclas carinegras**, algo más peque- 

ñas que las ocas, Les sienta bien a los 

tetraones su brillo y su absoluta negrura con un color rojo 

escarlata en las cejas!*, Una segunda clase de ellos sobre- 

pasa en tamaño a los buitres '* y además tiene también su 

color, y no hay otra ave, exceptuado el avestruz, que alcan- 

ce más peso, llegando a crecer tanto que incluso se la puede 

capturar en tierra sin llegar a poderse mover. Se crían en los 


(23) 
El «comageno» 


140 Cf. Purw., 11235, n. 482, V 66, n. 210, y 85, n. 301. 

141 La grasa de oca en general servía para fabricar varios remedios ca- 
seros, Cf, PLim,, XXTX 55 y XXXVII 204. 

12 Tadorna tadorna. Ésta es la identificación del ave denominada en 
gr. y lat. chenalopex (literalmente, «oca zorra») que defiende Capponi 
como la más probable, frente a otros autores que piensan en el ganso sil- 
vestre de Egipto (Alopochen aegyptiacus), animal sagrado reconocible en 
los monumentos de este país. 

M3 Branta bernicla. Interpretación de Capponl del término cheneros, 
a diferencia de otros autores que apuestan por el pato cuchara (Anas 
clypeata) o el ánsar piquicorto (Anser brachyrhynchus). Probablemente 
Plinio ha recibido la noticia del ave de algún viajero griego (de ahí su 
nombre del mismo origen en principio, aunque no está atestiguado) que 
la ha visto en Britania. 

144 Se trata del gallo lira (Lyrurus tetrix). 

145 Capponi piensa que, por lo indicado aqui, se trata propiamente del 
alimoche (Neophron percnopterus), 


s7 


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382 HISTORIA NATURAL 


Alpes y en la región septentrional '*, En criadero pierden su. 
sabor. Se procuran la muerte conteniendo obstinadamente la 
respiración. Semejantes a estas aves son las que Hispania 
llama «aves tardas» y Grecia otídes**, que están poscritas 
como alimento, pues, nada más sacarse la médula de sus 
huesos, se desprende un olor repugnante. 

El pueblo pigmeo tiene un respiro 
con la marcha de las grullas!*%, que, 
como hemos dicho, luchan con ellos!%, 
Su recorrido es enorme, si uno piensa 
que vienen del mar Eoo!% , Acuerdan 
cuándo parten; vuelan alto para que su vista tenga mayor al- 
cance; eligen un jefe al que seguir y en la retaguardia de la 
bandada mantienen situadas por turno unas que griten y que 
con su voz mantengan unido el grupo. Durante los momen- 
tos de la noche tienen centinelas que sostienen en un pie una 
piedrecilla, que, en caso de ser soltada debido al sueño y caer, 
demuestre su negligencia. Las demás duermen con la cabe- 
za metida bajo un ala y apoyadas alternativamente en uno u 
otro pie. El jefe, con el cuello ergido, vela por la seguridad 
de todas y da señales de aviso. Estas mismas aves, domesti- 
cadas, se vuelven lascivas e incluso solas describen ciertos 


23 (30) 
Las grullas 


146 Se trata del urogallo (Tetrao urogalhus). Es un gran volador, por lo 
que el observador se ha debido de fijar en un macho en época de celo que 
no es capaz de pensar en los peligros que le acechan. 

147 La avutarda (Otis tarda). Otis es transcripción del nombre griego, 
que deriva de oús «oreja» y ha de hacer referencia a un moño de plumas 
del animal, 

148 L a grulla común (Grus grus). 

142 Cf. PLN, IV 44, n. 220, V 109, n. 410, VI 70, n. 259, y VI 183. 
Parece que aquí se hace referencia a la migración de primavera. 

150 Cf, PLiN., 11 243, n. $15. Ahora, probablemente, se trata de la mi- 
gración de otoño, cuando las grullas parten de la zona meridional de Ru- 
sia hacia el Sudán. 


LIBRO X 383 


círculos con un movimiento indecente?*!, Es algo cierto 
que, cuando van a pasar el Ponto, lo primero que hacen es 
dirigirse al estrecho existente entre los cabos Criu Metopon 
y Carambi'? y estabilizarse inmediatamente con lastre. 
Cuando han llegado al medio, arrojan las piedrecillas de sus 
pies y, cuando han alcanzado tierra firme, también la arena 
de su garganta. Cornelio Nepote, que murió en el principado 
del divino Augusto '*%, cuando escribe que hacía poco se ha- 
bía comenzado a cebar los tordos, añade que las cigieñas 
gustaban más que las grullas, mientras que ahora esta ave es 
una de las más codiciadas y nadie quiere tocar aquella otra. 
Hasta ahora no se ha aclarado de 
qué lugar vienen las cigiieñas!“* o a 
Hdi 0d dónde retornan. No cabe duda de que 
vienen de lejos lo mismo que las gru- 
llas: aquéllas son aves visitantes de 
invierno y éstas lo son de verano. Cuando van a marcharse, 
se reúnen en un lugar fijado, y son tan solidarias que ningu- 
na de su especie es abandonada si no es cautiva y esclava. 
Parten el día señalado como por una ley. Nadie ve partir la 
bandada, aunque salta a la vista cuándo está a punto de ha- 
cerlo, y no la vemos llegar, sino cuando ha llegado ya. Una 


15. Una danza griega, que llevaba el nombre de la grulla en esta len- 
gua, géranos, imitaba estos movimientos. Es descrita por Pouux, IV 20 
(101). : 

12 Es el punto más estrecho del Mar Negro, Cf. PLiw., 11245, n. 532, 
IV 86, n. 424, y VI 6, n. 20, Se trata aquí de la migración de otoño, 

153 En efecto, éste gobernó del 27 a, C, al 14 d, C. y Nepote (cf. PLiw., 
V 4, n, 22) murió en el 24a. C, 

15 Se va a hablar de la cigiieña blanca (Ciconia ciconia), no de la ne- 
gra (Ciconia nigra), porque, según André, esta última era desconocida 
por los romanos o porque, según Capponi, la misma vive en parejas ais- 
ladas a diferencia de la primera. 


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62 


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384 HISTORIA NATURAL 


y otra cosa sucede durante los momentos de la noche y, 
aunque vuelen en uno u otro sentido, sin embargo se consi- 
dera que nunca han llegado a ningún sitio sino es de no- 
che'%, Llaman Pitonos Come a un lugar de las vastas llanu- 
ras de Asia, donde, una vez reunidas, se lanzan gruñidos 
unas a otras y maltratan a la que llega la última, y después 
se van. Se ha observado que tras las idus de agosto !% no se 
las ve fácilmente allí. Hay quienes mantienen que las cigie- 
ñas no poseen lengua?””. Son tan estimadas por exterminar 
serpientes que en Tesalia'*% el haber matado a una suponía 
pena capital y las leyes contemplaban para ello el mismo 
castigo que para un homicida. 
También los gansos y los cisnes 
(32) migran de manera similar, pero se ve 
Es a cuándo vuelan. Marchan a la manera 
Los cisnes de una liburna!*”, con una zona de cho- 
que en forma de espolón, y cortan asi 
el aire más fácilmente que si lo golpeasen con un frente rec- 
tilíneo. Por detrás, la bandada se extiende en formación en 
cuña que se va ensanchando poco a poco, y ofrece una su- 
perficie amplia al viento, que la impulsa. Apoyan el cuello 
en la compañera que precede y retiran a la parte de atrás a 
los guías cansados. (Las cigileñas vuelven a los mismos ni- 


155 Plinio, como dice Capponi, parece haber observado a las cigiieñas 
al final del otoño, cuando ya ha ocurrido su migración entre septiembre y 
octubre, o en el caso de algunos animales sueltos en Sicilia o en la ma- 
risma de Toscana. En realidad, vuelan a gran altura (por eso no se las ve) 
de día, pues durante la noche descansan en árboles altos. 

156 13 de agosto. 

157 Dado que tienen una muy corta, quizás se quiere decir, como pien- 
sa Capponi, que el único sonido que emiten es una especie de soplo. 

$58 Cf. PLin., 1V 1,n. 3. 

152 Cf. Pura, IX 88. 


LIBRO X 385 


dos y, llegado el momento, son ellas las que, en reciproci- 
dad, cuidan a sus madres ancianas.) Se cuenta que, en el 
momento de morir, los cisnes cantan lastimeramente, cosa 
que, por algunas observaciones, es falsa en mi opinión!*, 
Estos animales se comen unos a otros. 
63) Pero esta migración de aves que 
Las aves extranjeras van y vienen por tierras y mares no 
odie permite que se dejen para después 
los torcecuelios, las más pequeñas, que tienen un 
el ii as comportamiento semejante. En efec- 
, > to, aunque pudiera parecer que es el 
tamaño y las fuerzas de sus cuerpos lo que estimula a las 
aves citadas anteriormente, el hecho es que las codorni- 
ces siempre llegan incluso antes que las grullas: es un 
ave pequeña y, cuando llega hasta nosotros, de vuelo raso 
más que alto. Vuelan también de este modo cuando se 
aproximan a tierra, no sin peligro de los navegantes, por- 
que a menudo se precipitan sobre las velas (y esto siempre 
de noche) y hunden los navíos. Hacen su recorrido por 
etapas fijas*%, No vuelan con el austro, por ser, natural- 
mente, viento húmedo y demasiado fuerte. Por el con- 
trario, desean dejarse llevar por la brisa a causa del peso 
de su cuerpo y de su escasas fuerzas —de aquí esa queja 
suya mientras vuelan debida al esfuerzo—; por tanto, 
vuelan sobre todo con el aquilón, teniendo por guía a la 


lél Existen dos especies de cisne: el cantor (Cygnus cygnus), salvaje, 
que canta lastimeramente al morir, y el vulgar (Cygnus olor), doméstico y 
silencioso, que es el conocido realmente por griegos y romanos. 

l6l Atraviesan en una sola noche el Mediterráneo y el Tirreno, por lo 
que se ha de tratar de diversas islas y distintas partes de Italia central y 
del Sur, 


64 


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386 HISTORIA NATURAL 


ortigometra?**. El halcón'% se lleva a la primera de ellas 


que se aproxima a tierra. Aquí, cuando vuelven a partir?%, 


buscan siempre compañía y marchan juntamente con ellas, 
tras haber sido persuadidos, el torcecuellos*%, el oto*% y 
el chotacabras?*%, 

El torcecuellos saca una lengua muy larga, de donde le 
viene el nombre. Tras haber partido en un principio con 
entusiasmo por el atractivo del viaje, con el esfuerzo del 
vuelo le sobreviene, por supuesto, el arrepentimiento: le da 
vergúienza volverse solo y también seguir, y nunca continúa 
volando más de un día: renuncia en la primera etapa. Pero 
se encuentra aquí con otro ejemplar dejado el año anterior y, 
siguiendo adelante, le ocurre lo mismo un día tras otro. 

El chotacabras, más perseverante, se apresura también 
por llegar a las tierras que anhela. Por ello, despierta de no- 


162 El nombre quiere decir «madre de las codornices», Mientras que 
en Arisr,, HA VIT 12, $97b19-20, se trata del guión de codornices (Crex 
crex), aquí, según Capponi, es un simple individuo de codorniz que hace 
de guía. Además Plinio se refiere a la migración de primavera, en la que 
el texto aristotélico no habla de la ortigometra. 

163 Probablemente, el halcón peregrino (Falco peregrinus). 

16 En la migración de otoño, 

165 Jynx torquilla, Es la identificación de Capponi de: gloftis, trans- 
cripción de un nombre gr, que hace referencia a la larga lengua del ani- 
mal, Pero caben dudas al respecto. 

166 5] nombre, transcripción del gr. ótos, hace referencia a los copetes 
de plumas en forma de orejas que lleva el animal a uno y otro lado de la 
cabeza (cf, $ 68). Para Capponi, en este pasaje se trata del autilio (Ótus 
$cops), pero no está clara la identificación, 

17 Caprimulgus europaeus. Capponi, ante otras propuestas anterio- 
res, no cree que que el término empleado aquí, cychramus, transcripción 
de un nombre gr. de etimología incierta, designe a un rálido como la po- 
lluela pintoja (Porzana porzana) y niega que se trate del escribano hor- 
telano (Emberiza hortulana) y que sea el mismo animal que el llamado 
anteriormente ortygometra. 


LIBRO X 387 
che a las codornices y les recuerda el viaje. El oto'% es me- 
nor que el búho y mayor que los mochuelos, y tiene orejas 
prominentes cubiertas de plumas!'%, de donde también le 
viene el nombre — algunos lo llaman en latín axio'"—, Es, 
de otra parte, ave imitadora y parásita, y en cierto modo 
bailarina. Se coge sin dificultad como los mochuelos, yendo 
una persona por detrás mientras ella mantiene fija la vista en 
otra. Y si el viento, soplando en contra, empieza a refrenar 
la bandada, estabilizan su vuelo cogiendo pequeñas piedras 
como contrapeso o llenéndose el buche de arena. A las co- 
dornices les gusta muchísimo una semilla venenosa!”, ra- 
zón por la cual las vienen rechazando las mesas y a la vez 
hay la costumbre de que, al verlas, se escupa para conjurar 
la epilepsia, dado que es el único animal, dejando aparte al 
hombre, que la padece '”, 

También se van en los meses de 

24 (34) invierno las golondrinas, la única ave 
Las aves nuestras que se alimenta de carne de entre las 
que EY 2 que no tienen garras. Pero se van a las 


dónde van: A S 
las golondrinas, zonas vecinas buscando los retiros so- 
Des $ e leados de los montes y se ha dado ya el 
los estorninos caso de encontrarlas allí desnudas y sin 


plumas, Se dice que no se resguardan 
en los tejados de Tebas, porque aquella ciudad fue tomada 


168 Para upon, aquí: se e trata del del búho chico (Asio otus) o de la 
lechuza campestre (Ásio flammeus). 

162 En PLmÓ., X1 137, se atribuyen también al búho. 

119 De etimología incierta. Hay quien piensa que Plinio se ha equivo- 
cado al identificar el axio con el otus y que se trata de animales distintos, 
En XXIX 117, tampoco está clara la identificación de la axio. 

11 Puede tratarse del eléboro (cf. Geop. XIV 24, y Lucr., IV 640- 
641) o de la cicuta (cf. Diós. LaErc., IX 90). 

12 Cf. PLin,, XXVII 35, Afirmación falsa. Quizás se trata de infec- 
ciones de gusanos. Sí pueden padecer epilepsia animales como el perro. 


69 


TO 


7 


mn 


388 HISTORIA NATURAL 


bastante a menudo, ni en los de Bicie, en Tracia, debido a los 
crimenes de Tereo!”?. Cécina, un caballero de Volterra!”, 
propietario de cuadrigas, apresaba golondrinas, las traía a 
Roma y, dado que vuelven al mismo nido, las soltaba pinta- 
das del color de la victoria para anunciársela a sus amigos. 
Cuenta también Fabio Píctor en sus Anales !”* que, hallándose 
sitiada una guarnición romana por los lígures!”*, le fue envia- 
da una golondrina arrancada a sus polluelos, para que, con los 
nudos de un hilo atado a una de sus patas, indicara qué día 
llegarían refuerzos y debía darse el contraataque. 
(35) También se van de modo similar a 
Las aves que cambian las zonas vecinas los mirlos!””, los 


las plumas en un : 
lugar escondido. 'OYdos y los estorninos. Pero ellos no 


La tórtola y pierden las plumas ni se ocultan, y 

las palomas torcaces han sido vistos a menudo allí adonde 
van a buscar su alimento invemal'”. Y así en Germania los 
tordos se ven sobre todo en invierno!”?, Es algo bastante 
fundado que la tórtola se oculta y pierde las plumas. Tam- 
bién se van las palomas torcaces !%%; a dónde lo hacen, tam- 


113 Cf Prix, IV 47, mn, 235 y 236. 

1 Posiblemente, Aulo Cécina, amigo de Cicerón y miembro de una 
vieja familia de la ciudad etrusca de Volterra. Experto en la llamada 
Etrusca disciplina, sus escritos sobre ella fueron empleados por Plinio y 
por Séneca, El color de la victoria anunciada a sus amigos se refiere al de 
la facción ganadora en las carreras de carros del circo (cf. IX 160 nm). 

175 Quinto Fabio Pictor, senador e historiador del s. m a, C, Escribió 
una historia de Roma en griego, de la que quizás son una adaptación unos 
Anales del s. n de los que tenemos unos pocos fragmentos, 

176 Cf, Pra, 111 38, 

177 El mirlo común (Turdus merula). 

1% Plinio aquí, guiado quizás por una fuente experta, discrepa acerta- 
damente de ArIsTÓTELES (FA VIN 16, 600921, 16 y 27), que incluye al 
mirlo, al tordo y al estornino entre las aves que se esconden o emigran, 

1% No está claro de qué tórdido se trata, Quizás de uno como el zorzal 
real (Turdus pilaris). 

18% Columbus palumbus. 


LIBRO X 389 


bién en su caso resulta incierto. Es característico de los es- 
torninos volar en grupo y trazando círculos de manera que, 
al dirigirse todos al centro de la bandada, forman como una 
pelota**!, Las golondrinas son las únicas aves que tienen 
gran rapidez en vuelo sinuoso, razón por la cual no están 
expuestas a ser capturadas por las demás. Es también la úni- 
ca ave que sólo se alimenta durante el vuelo. 
2866) Las aves presentan gran diferencia 
Qué aves son en lo que se refiere a su época: las hay 
residentes habituales, residentes habituales, como las palo- 
a mas, semestrales, como las golondri- 
Las oropéndolas y nas, trimestrales, como los tordos y 
inca las tórtolas, y existen las que se mar- 
chan una vez que han criado a su prole, como las oropén- 
dolas y las abubillas !*. 

Hay quienes mantienen que cier- 
tas aves vuelan todos los años de Etio- 
pía a Ilión y luchan junto al túmulo de 
Memnón!*, aves a las que, por ello, 
llaman memnónides. Que éstas hacen 
lo mismo cada cinco años en Etiopía alrededor del palacio 
de Memnón, lo cuenta Cremucio '** como algo comprobado 
por él mismo *** 


26 (37) 
Las mennónides 


18l Se trata del estornino pinto (Sturnus vulgaris). 

182 El Oriolus oriolus y la Upupa epos, respectivamente. 

183 Según Esrr., XIII 1, 11, se hallaría en una altura que domina la 
desembocadura del río Esepo, en el límite oriental de la Tróade. Mermmnón 
fue un rey mítico de Etiopía, hijo de Eos y Titono. Avanzada la guerra de 
Troya, acudió en ayuda del rey Príamo, tío paterno suyo, y pereció a ma- 
nos de Aquiles, 

1% Aulo Cremucio Cordo, senador e historiador que escribió bajo 
Augusto y Tiberio y de cuya obra se sirven Séneca y Plinio, 

185 Las observaciones de los antiguos se contradicen y no dejan claro 
de qué ave se puede tratar. Se ha pensado en el combatiente (Philoma- 


73 


75 


390 HISTORIA NATURAL 


De un modo semejante luchan las 


(38) pintadas (meleágrides) en Beocia. Es 
Las pintadas ésta una clase de gallina africana, con 


: giba y cubierta de plumas variadas. 
Entre las aves extranjeras, son las que, debido a su desagra- 
dable fetidez, han sido admitidas en la mesa más reciente- 
mente. Pero el túmulo de Meleagro!* las ha hecho famo- 
sas!*, 
Se llaman aves seléucides aquellas 
27 (39) cuya llegada piden a Júpiter con ple- 
Las «seléucides» — garias los habitantes del monte Cad- 
mo!*, cuando las langostas devastan 
sus mieses. No se sabe ni de dónde vienen ni a dónde van, 
al no haber sido vistas nunca si no es cuando se necesita su 
ayuda 13, 
También invocan los egipcios a sus 
ibis contra la invasión de serpientes, y 
los eleos'*% lo hacen al dios Miyáco- 


28 (40) 
La ibis 


chus pugnax), pero Capponi da razones en contra y propone el milano 
negro (Milvus migrans) y, con mayor probabilidad, la corteza u ortega 
(Pterocles orientalis), 

186 Hijo de Eneo, rey de Calidón (otras versiones lo hacen descender 
de Ares). Al morir, sus hermanas lloraron deconsoladamente y fueron 
convertidas por los dioses en las aves mecanicas, ed pes serían 
sus propias lágrimas. 

187 Se trata de la pintada. VARRÓN (cf. Agr. nm 9, 18) y y Plinio, a dife- 
rencia de CoLumBLA (cf. Agr. VIE 2, 2), no distinguen la variedad proce- 
dente de África occidental y doméstica (Numida meleagris meleagris) de 
la salvaje de África oriental (Numida meleagris ptilorhyncha), aunque 
parecen referirse a la primera, . 

188 A] norte de Cilicia. C£ PLrw., V 118, 

18% Se está unánimemente de Acuérdo en que se trata del estornino ro- 
sado (Pastor roseus), que Plinio conoce sólo por las fuentes literarias 
griegas. 

19 Cf. PL, TV 14, n. 56. 


LIBRO X 391 


res?” cuando un enjambre de moscas trae una peste: éstas 
mueren tan pronto como se ha aplacado a aquel dios con sa- 
crificios, 
Pero en lo que se refiere a la desa- 
294) parición de las aves, se cuenta que tam- 
a bién los mochuelos permanecen ocul- 
y cuáles son éstos tos unos pocos días y que no existen 
en la isla de Creta e incluso, si llevan 
alguno allí, muere !”, Pues un sorprendente carácter distin- 
tivo de la naturaleza es el siguiente: en cada lugar rechaza 
un tipo de. ser vivo, y, como se comportan las mieses y los 
arbustos, así lo hacen los animales. Que algún tipo no nazca 
es algo dentro de lo normal; que, tras ser llevado, muera, al- 
go sorprendente. ¿Qué es lo que resulta adverso a la vida de 
un solo tipo? O ¿en qué consiste ese rechazo de la naturale- 
za? O bien, ¿qué límites geográficos se les ha asignado a las 
aves? Rodas no tiene águilas!”. La Italia Transpadana'%, 
en la zona cercana a los Alpes, llama Lario a un lago'%, 
agradable por estar en un campo lleno de árboles, en el que 
no penetran las cigúeñas, de la misma manera que no lo ha- 


cen en ocho millas a la redonda las bandadas de grajillas '%, 


19 El nombre tiene variantes, que vienen a significar «cazador de 


moscas». Cf. PLIN., XXIX 106. 

12 Según Capponi, aquí el término lat. noctua puede referirse más 
que al mochuelo a otra estrígida, como el autillo (Otus scops). En todo 
caso, no hay razones ormnitológicas para su inadecuación con el hábitat de 
Creta. 

12 El águila no se encuentra en muchas islas griegas que no tienen 
alturas importantes. 

12 Cf, PLaw., M1 123. 

195 El actual lago Como. Cf. PLin., 11224, n. 425, y IT 131, n. 136. 

19 Frente a quienes ven aquí en el texto latino (graculorum monedu- 
laruny) dos aves distintas, tales como la chova piquigualda (Pyrrhocorax 
graculus) y la grajilla (Corvus monedula), Capponi piensa que se trata 


76 


78 


79 


392 HISTORIA NATURAL 


enormes en cambio en la zona limítofe de los insubres '”, Es 
ésta la única ave que tiene una muy sorprendente propen- 
sión al robo de plata y oro. Se dice que el pico de Marte no 
existe en el territorio de Tarento!*%, Recientemente han co- 
menzado a verse de los Apeninos a Roma unas urracas, po- 
cas todavía, que son notables por su larga cola y se califican 
de variopintas. Tienen la peculiaridad de quedarse calvas 
todos los años cuando se siembran los nabos !”?. Las perdi- 
ces?% no sobrepasan en el Ática las fronteras de Beocía, ni 
cualquier otra ave en la isla del Ponto donde está enterrado 
Aquiles, el templo dedicado a é¿1?*, En el territorio de Fide- 
nas, cerca de Roma, las cigúeñas ni procrean ni hacen nidos. 
Por el contrario, al territorio de Volterra?”? cada año vuela 
desde el mar gran cantidad de palomas torcaces. En Roma, 
en el templo de Hércules del foro Boario no entran ni mos- 
cas ni perros. Hay además muchos otros hechos semejantes, - 
que a sabiendas omito habitualmente al tratar de cada ani- 
mal para no cansar, como, por ejemplo, que Teofrasto % 
cuenta que en Asia también son de importación las palomas, 
los pavos reales y los ciervos, y en la Cirenaica, las ranas 
sONOras, 


únicamente de la última, si bien hay aspectos que apuntan también a la 
corneja cenicienta (Corvus corone cornix)... 

197 Pueblo celta de la Italia Transpadana, Cf. PLaw., 10 124. 

198 Cf. PLxaw., 111 99, n. 107. 

199 Se trata de la Pica pica, que fluctúa según circunstancias no bien 
establecidas y cuyos colores son blanco, gris y negro con visos violetas y 
verdosos. Parece hacerse referencia a su muda de septiembre. 

200 Cf. $5 100-103, 

20 Cf Pumw., IV 61, n. 298; 83, n. 402, y 93, n, 440, 

202 Para Fidenas, cf. PLin., HL 69; para Volterra, cf. PLiw., 111 52, 

203 Cf. PLN, 1 57, n. 69. 


LIBRO X 393 


Hay otro motivo de admiración en 

MSN las aves con canto de presagio?%, Cam- 

o bian casi por completo el color y la 

La clase de las cantoras VOZ en cierta época del año, y de re- 

pente se vuelven distintas, lo que, tra- 

tándose de aves grandes, sólo les ocurre a las grullas, pues 

éstas al envejecer se vuelven negras. El mirlo de negro pasa 

a bermejo, canta en verano, en invierno tartamudea y en 

torno al solsticio de verano enmudece. Á los de un año tam- 

bién el pico se les vuelve de marfil, aunque sólo a los ma- 

chos. Los tordos alrededor del cuello son variopintos en in- 
vierno y uniformes en verano ?%* 

Los ruiseñores?%% gorjean sin parar 
quince días seguidos con sus quince 
noches cuando se multiplican los re- 
toños en el follaje, y es ave digna de 
admiración sin ir en ello en zaga a 
otras. Primero, en un cuerpecillo tan pequeño tiene una voz 
tan potente y un soplo tan duradero, Después, un perfecto 
conocimiento de la música: emite un sonido modulado?”, 
que ahora alarga sosteniendo el soplo, ahora varía con infle- 
xiones, ahora divide haciendo pausas, liga con trinos, conti- 
núa tras detenerlo, apaga de pronto. Á veces incluso mur- 
mura consigo mismo. Su voz es plena, grave, aguda, rápida, 


(43) 
Los ruiseñores 


204 Se vuelve a la división hecha en $ 43... 

205 Capponi, para hacer coincidir la noticia pliniana con lo dicho por 
ARISTÓTELES (FA TX. 49, 632 b, 18-20), propone otro texto cuyo traduc- 
ción puede ser: «el tordo en verano tiene el plumaje con pintas en torno 
al cuello; en invierno es del mismo color que el estornino». 

206 El ruiseñor común (Luscinia megarhynchos). 

20 Comienza ahora Plinio una descripción del canto del ruiseñor 
apoyada en su expresión latina por diversos recursos estilísticos (anáfora, 
aliteración, homoteleuton...) difícilmente reproducibles aquí en su totali- 
dad. 


80 


8l 


82 


83 


84 


394 HISTORIA NATURAL 


lenta. Cuando le parece, es de soprano, de tenor, de barito- 
no, de bajo. Y dicho brevemente: hay en una garganta tan 
pequeña todo lo que el arte del hombre ha hallado con los 
numerosos y refinados mecanismos de las flautas, de mane- 
ra que no cabe duda que se estaba pronosticando con un 
auspicio certero esta misma dulzura cuando un ruiseñor 
cantó posado en la boca de Estesícoro?% siendo niño. Y pa- 
ra que nadie dude de que estamos ante un arte, diré que cada 
uno tiene muchos cantos y éstos no son los mismos para to- 
dos, sino que cada uno tiene los suyos propios. Compiten 
entre sí y ponen de manifiesto una apasionada rivalidad. El 
vencido a menudo muere y deja antes de respirar que de 
cantar, Otros más jóvenes ensayan y reciben las melodías 
que deben aprenderse. Escucha el discípulo con gran aten- 
ción y repite, y callan alternativamente maestro y discípulo: 
cabe ver la rectificación del que ha sido corregido y una 
cierta reprimenda por parte del que enseña. Por ello, alcan- 
zan precios de esclavos y sin duda más altos que por los que 
hace tiempo se conseguían escuderos. Sé que uno (por lo 
demás blanco, algo casi nunca visto?) fue comprado en 
seis mil sestercios para dárselo como regalo a Agripina, es- 
posa del emperador Claudio?!” Se ha podido ver ya muchas 
veces que se ponen a cantar cuando se les ordena y que son 
capaces de alternar con una orquesta, de la misma manera 
que se han hallado hombres que imitan su sonido con un pa- 
recido total soplando en el agujero de una caña cogida de 


2% Poeta griego (e. 632-c. 552 a, C.) nacido en el sur de Italia. Vivió en Si- 
cilia. De sus veintiséis libros de poemas sólo nos quedan algunos fragmentos. 

202 El albinismo es raro en todas las aves, 

210 Cf. PLw,, EV 106, n. 507, y X 120. Agripina la Menor (15-59 d. 
C.), hija de la Mayor. Tuvo a Nerón de su primer matrimonio con Gneo 
Domicio Ahenobarbo, Fue desterrada por Caligula, pero Claudio la hizo 
volver a Roma, se casó con ella y adoptó a Nerón, Claudio terminó sien- 
do asesinado por Apripina y ella por Nerón, 


LIBRO X 393 


través que tiene dentro agua o está dotada de una lengúe- 
ta?!!, Pero esta destreza tan grande y tan artística se va aca- 
bando poco a poco al cabo de quince días, sin que se pueda 
decir que están fatigados o hartos. Enseguida, cuando au- 
menta el calor, su voz se hace totalmente distinta, sin ser ya 
modulada ni variada. Cambia también su color. Finalmente, 
en invierno no se le ve. Su lengua no es puntiaguda como la 
de las otras aves?!?. Ponen al comienzo de la primavera seis 
huevos como máximo?””, 
Los papafigos sufren una trans- 
(44) formación distinta, pues cambian a la 


Los «melancórifós». 787 de forma y de color. Tienen este 
Los «erítacos» 


y los «fenicuros» nombre en otoño; después se llaman 
melancórifos?*, Así también el erita- 
co en invierno es el mismo que el fenicuro?*!”* en verano. 


21 Para nosotros parece tratarse de una especie de flauta transversal, 
pero hay quien piensa en una forma de siringa, 

212 No parece distinta la lengua del ruiseñor a la de otros passeres, 
que habitualmente la tienen estrecha y dura, 

213 El número es cierto, La puesta tiene lugar exactamente en la pri- 
mera mitad de mayo, 

214 Término de origen gr. que viene a significar «de cabeza negra». 
Plinio sigue a Ar1sT., HA TX 51, 631b31-633a4, quien, al decir de Cap- 
poni, ha confundido aquí (en VIII 3, $92b21-22 sí hace la distinción) la 
curruca mirlona (Sylvia hortensis), que nosotros recogemos por «papafi- 
go», con la hembra o el individuo joven de curruca capirotada (Silvia 
atricapilla). También cabe que Aristóteles llame de una manera (sykalís) 
al individuo joven e incluso a la hembra de la Sylvia atricapilla y de otra 
(melankóryphos) al macho adulto de la misma especie. 

25 Cf, Aris, HA IX 51, 632 27-30. Literalmente, erítaco significa 
«de cuello rojo» y fenicuro «de cola roja», Se han dado varias interpreta- 
ciones, como la de petirrojo para el primero y carbonero palustre para el 
segundo. Capponi considera que se trata sólo del colirrojo Phoenicurus 
ochrurus gibraltarensis Gm., primero como individuo joven o macho 
adulto en invierno y después como macho adulto tras la primavera, 


85 


87 


396 HISTORIA NATURAL 

Según cuenta el poeta Esquilo?'*, cambian también las abu- 
billas, aves que, por otra parte, comen cosas asquerosas y 
tienen una notable cresta contráctil, que enderezan y enco- 
gen a lo largo de su cabeza. 


El enante?” tiene también fijados 
(45) los días en que permanece escondido. 
El «enante» Tras ocultarse a la salida de Sirio?'*, 


l endola» ; 
y la «oropé se deja ver a su puesta y, cosa que nos 


produce admiración, hace lo uno y lo 
otro en esos precisos días. También la oropéndola, que es 
amarilla por completo?*?, no habiendo sido vista en invierno, 
sale en torno al solsticio de verano. 
30 Los mirlos nacen blancos en torno a Cilene, en Arca- 
dia”, y en ninguna otra parte más?”!, La ¡bis es negra sólo 
en torno a Pelusio?? y blanca en todos los demás lugares, 


216 Se duda de que el texto, citado en ArusT., FA TX 51, 633217-29, 
sea realmente de Esquilo, Al parecer, se hace referencia al mito de Tereo, 
transformado en abubilla por los dioses. 

217 El nombre gr. quiere decir «flor de la vid o del vino». Se ha pro- 
puesto identificarlo con la collalba gris (Oenanthe oenanthe), si bien An- 
dré lo niega y Capponi no lo mantiene de manera indiscutible, 

218 El 18 de julio, En PLiw., XVII 292, se dice lo mismo del ave de- 
nominada parra, cuya identificación es también discutible, por lo que hay 
quien piensa que allí y aquí se trata de la misma ave, 

219 Se emplea aquí el término gr. chlorión que hace referencia al color 
amarillo verdoso de su librea, : 

2 Cf. Pim, IV 13 y 20-22, + 

221 AgasT,, HA1X 19, 617a11-14, distingue d dos especies de mirlo, una 
negra y otra blanca. Plinio toma sólo la segunda parte. Se ha pensado que 
el mirlo blanco aristotélico sea el mirlo acuático (Cinclus cinclus) o el 
gorrión alpino (MontifFingilla nivalis), pero André y Capponi consideran 
que, en realidad, se debe de tratar de individuos con anomalías de colorido. 

22 Cf, Pumn., Y 48, 1. 132, 

23 Se trata de dos especies: el morito (Plegadis faleinellus) o, según 
C., la ibis eremita o cuervo calvo (Comatibis eremita) y, de otra parte, la 
ibis sagrada (Threskiornis aethiopicus). 


LIBRO X 397 


Las aves cantoras, salvo excepcio- $8 
31 (46) nes, rara vez se reproducen antes del 
Época y reproducción equinoccio de primavera o después 
de tesara del de otoño. Antes del solsticio de 
verano su nacimiento es dudoso; des- 
pués del solsticio, viable. 
En este sentido son especialmente 89 


32 (47) ; EN , 
Los ls dignos de mención los martines pes- 
pescadores. cadores. Los mares y quienes navegan 


Dias navegables 


seria duos conocen los días de su puesta. Por lo 


que se refiere al ave es un poco más 
grande que un gorrión, de color azulado y, en la parte infe- 
rior, sólo purpúreo; en el cuello tiene entremezcladas plu- 
mas blancas. Es de pico fino y alargado”*, Hay otra clase 
que se distingue por su tamaño y su canto?*, Los más pe- 
queños cantan en los cañaverales. Es muy raro ver un mar- 90 
tín pescador a no ser a la puesta de las Pléyades?* y en tor- 
no al solsticio de verano y al de inviermo, cuando, tras 
sobrevolar alguna vez una nave, se va en seguida a su es- 
condrijo. Ponen huevos en el solsticio de invierno, en los 
días que se llaman alciónides, durante los cuales el mar está 
en calma y es navegable, particularmente el de Sicilia. Ha- 
cen sus nidos siete días antes del solsticio de invierno y en 
los siete siguientes a él ponen sus huevos, Sus nidos causan 91 
admiración por su forma de pelota un poco alargada y con 


224 Según Capponi, Arisr., HA IX 14, 616 a 14-17, y Plinio con el 
término halcyon se refieren al martín pescador (Alcedo atthis ispida) 
cuando hablan del plumaje del animal, pero en todo los demás aspectos 
traen a colación hechos que no corresponden a éste sino a diversas aves 
acuáticas, 

225 Se han propuesto las especies denominadas cientificamente Alcedo 
smirnensis, Alcedo rudis y Sylvia phragmitis 

226 Ej 11 de noviembre, Cf. PLix., 11125 y XVI 231. 


92 


398 HISTORIA NATURAL 


una boca muy estrecha, parecidos a grandes esponjas??”, No 
pueden ser cortados con el hierro; se rompen con un golpe 
fuerte, como la espuma seca de mar. Y no se sabe de qué los 
hacen: se piensa que de espinas puntiagudas, pues los mar- 
tines viven de peces. Penetran también en los ríos. Ponen 
cinco huevos. 

Las gaviotas? anidan en las ro- 
y cas; los cormoranes también en los 
de acuáticas árboles. Generalmente ponen tres hue- 
vos, pero las gaviotas en verano y los 

cormoranes al comienzo de la primavera?” 
La forma del nido de los martines 
Ñ a el pescadores me trae a la memoria tam- 
en lo concerniente bién la habilidad de las demás aves en 
a los nidos, ello, y en ningún otro aspecto resulta 

Las obras admirables A ; , : 

de las golondrinas. Más admirable su ingenio. Las golon- 
Las ribereñas drinas?" lo construyen con barro y lo 
consolidan con paja. Si alguna vez 
falta barro, empapan sus plumas en abundante agua y roclan 
con ella el polvo?**. El nido mismo, lo cubren con plumas 
blandas y mechones de lana para entibiar los huevos, a la 


227 La creencia antigua de que esta ave nidificaba' en el mar se rela- 
ciona con una falsa etimología de su nombre gr. a partir de hdls «mar» y 
kyeín «concebin». 

228 André, a diferencia de Capponi, piensa que con ol término lat. ga- 
vía aquí (y con láros en ArisT,, HA Y 9, 542b17-21) se designa una go- 
londrina de mar (gén. Sterna) y no una gaviota. 

222 Parece que aquí se mezclan aspectos de cormoranes distintos: qui- 
zás, como apunta Capponi, el que nidifica en los árboles es el grande 
(Phalacrocorax carbo subcormoranus), y el que pone tres huevos al co- 
mienzo de la primavera, el moñudo (Phalacrocorax aristotelis desmarest). 

2% La golondrina común (Hirundo rustica). 

231 No es cierto. 


LIBRO X 399 


vez que para que no resulte duro para los polluelos recién 
nacidos, Dan alternativamente el alimento a las crías con la 
mayor equidad. Con notable limpieza sacan fuera los ex- 
crementos de los polluelos y, cuando éstos están más creci- 
dos, les enseñan a darse la vuelta y evacuar fuera. Existe 
otra clase de golondrinas rústicas y campestres”?, que ha- 
cen sus nidos (raramente en las 'casas) de forma diferente, 
pero de la misma materia, vueltos enteramente hacia arriba, 
con una boca que va estrechándose y con el fondo amplio. 
Resulta sorprendente la pericia con que se han construido a 
propósito para ocultar a los polluelos y también blandos pa- 
ra proporcionarles un lecho. En Egipto, en la boca Hera- 
cleótica*”, con la sucesión ininterrumpida de sus nidos 
oponen al Nilo?*, cuando se desborda, una mole inexpug- 
nable de casi un estadio, algo que no podría hacerse por 
obra humana. En el mismo Egipto, junto a la ciudad de 
Copto** hay una isla consagrada a Isis?%, que, para que no 
la destruya el mismo río, ellas fortifican con una construc- 
ción, consolidando su punta con granzas y paja en los pri- 
meros días de primavera, durante tres días seguidos con 
sus noches y con tan gran esfuerzo que consta que muchas 
mueren en la empresa. Y esta lucha les vuelve a tocar siem- 
pre con cada año. Hay un tercera clase de golondrinas ?”: 
hacen agujeros en las riberas y nidifican así en su interior. 
(Sus polluelos, quemados hasta convertirse en ceniza, curan 
un mal mortífero de garganta y muchas otras enfermedades 


232 Quizás el avión común (Delichon urbica) o el vencejo común 
(Apus apus). 

23 Cf. Pues, V 64, 

24 Debe de tratarse del avión roquero (Hirundo rupestris). 

285 Cf. Pcim., V 60, n. 183, VI 102, n. 383 y VI 103 y 168, 

2% Diosa egipcia, esposa de Osiris y madre del dios solar Horo. 

237 Al parecer, el avión zapador (Hirundo riparia). 


96 


97 


400 HISTORIA NATURAL 


del cuerpo humano **.) No hacen éstas nidos y, si el río va a 
crecer, se van muchos días antes. 

Dentro de la clase de los paros?” 
hay uno cuyo nido, de musgo seco, se 
hace con una forma de pelota tan per- 
fecta que no puede hallarse la entra- 
da?, Se llama acantilide?! el que 
teje un nido de lino con la misma forma. Y uno de ellos?* 
cuelga su nido de un renuevo del extremo de las ramas a 
manera de copa?*”, de tal forma que ningún cuadrúpedo 
pueda acceder allí, Aseguran que las oropéndolas mismas se 
duermen suspendidas de las ramas?”*, porque así se creen 
más seguras, Es ya de dominio público que, para sostener su 
nido, eligen previsoramente ramas que formen un tablado y 
que dotan a aquél de un techo en forma de bóveda contra la 


(50) 
«La acantilide» 


238 Cf. PLmv., XXX 33; Cers., IV 7, 1. Para el uso de la carne y el pico 
de golondrina en diversas recetas, cf. PL.iw., XXIX 81 y XXX 145. 

22% Con Capponi, entendemos que en este parágrafo se trata de tres 
especies de paros con nidos artísticos. 

240 Capponi, que propone una nueva lectura del comienzo del pará- 
grafo, considera que no se trata aquí de aves como la collalba gris (Oe- 
nanthe oenanthe), el pájaro moscón (Remiz pendulinus), el bigotudo (Pa- 
nurus biarmicus) o el chochín (Troglodytes troglodytes), sino de un mito 
(el Aegithalos caudatus Italiae o el Aegithalus caudatus macedonicus). 

241 El nombre del ave en Plinio es una conjetura. Para Capponi, no se 
trata del jilguero ni del lúgano, como piensan otros autores, sino de una 
forma meridional de mito (Aegithalos caudatus Italiae) o del chochín 
(Troglodytes troglodytes). 

22 De los paros, según el texto y la interpretación propuestos por 
Capponi Si se mantiene el texto transmitido y se atribuye esta nidifica- 
ción a los picos, se entra en contradicción con $ 40. 

243 Se trata del reyezuelo listado (Regultes ignicapillus). 

2 Según el texto que seguimos, propuesto por Capponi, se hace alu- 
sión al nido en forma de hamaca o cestita que queda colgando por medio 
de hilos atados a las ramas de los árboles. En cambio, el texto que habla 
de que «se duermen colgadas de las patas» supone una pura leyenda. 


LIBRO X 401 


lluvia o, más exactamente, que lo protegen con fronda espe- 
sa. En Arabia se llama cinnamolgo?* un ave que hace sus 
nidos con vástagos de canela. Los indígenas los derriban 
con flechas guarnecidas de plomo para venderlos. En Esci- 
tia", un ave del tamaño de la avutarda pone dos huevos en 
una piel de liebre colgada siempre de la copa de los árbo- 
les?, Los arrendajos, cuando se dan cuenta de que su nido 
ha sido contemplado con demasiada atención por el hombre, 
se llevan los huevos a otra parte. Se dice que esto lo hacen 
de una manera sorprendente unas aves cuyos dedos no están 
adaptados para coger y transportar los huevos, pues, una vez 
puesta una ramita sobre dos huevos y pegada con cola de su 
vientre, tras meter su cuello en medio, con un peso igual de 
un lado y de otro, los transportan a otra parte. 

Y en verdad no es menor la habi- 


(51) lidad de las aves que hacen sus nidos 
El abejaruco. en tierra por no poder volar alto debi- 
Las perdices 


do a la pesadez de su cuerpo. Se llama 
abejaruco?% una que alimenta a sus 
progenitores, que permanecen en el escondrijo, con plumas 
de color azulado en la parte inferior y verde mar en la supe- 
rior, y con las primeras de esta parte de color rojizo. Anidan 
en un agujero de seis pies de profundidad que ellas cavan. 
Las perdices?% fortifican su refugio con espinas y ra- 
maje de manera que se atrincheran completamente contra 


245 Aye fabulosa que parece tener caracterlsticas de rapaz y que se ha 
confundido a veces con el ave fénix. Cf, Pry., XIL 85, 

246 C£. Pr, 11.167, n. 252, 

247 Ave que algunos consideran fabulosa o irreconocible. Capponi la 
identifica con una especie de águila (la Aquila heliaca o la Aquila nipa- 
lensis orientalis). 

28 Merops apiaster. La denominación en lat., merops, es un préstamo 
gr. sin etimología clara, 

249 La perdiz griega (Alectoris graeca), no la común (Alectoris rufa). 


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402 HISTORIA NATURAL 


los animales salvajes. Forman de polvo una suave capa para 
los huevos y no los incuban en el lugar en el que los han 
puesto: para que a nadie le resulte sospechosa una estancia 
demasiado larga, los llevan a otra parte. Se ocultan también 
de sus machos, porque en el desenfreno de su deseo sexual 
rompen los huevos para no ser detenidos por la incubación. 
Entonces los machos se pelean entre ellos por el deseo de 
hembras. Y afirman que el vencido sufre el apetito sexual 
del vencedor”, Trogo?* dice que lo mismo hacen las co- 
dornices y también los gallos a veces, pero que las perdices 
no domesticadas y recién capturadas o vencidas son cubier- 
tas sin distinción de sexo por las ya domesticadas. También 
se coge a los machos a causa de la belicosidad de este mis- 
mo deseo sexual cuando sale el jefe de toda la bandada a lu- 
char contra el reclamo del cazador. Cogido aquél, se pre- 
senta otro e inmediatamente lo hacen uno tras otro. A su 
vez, se coge a las hembras por la época de la concepción, ya 
que salen a enfrentarse a la hembra de los cazadores para 
espantarla riñendo con ella. Y en ningún otro animal resulta 
igual el efecto del deseo sexual. Si las hembras se colocan 
enfrente de los machos, quedan preñadas por el aire que 
venga de la parte de aquéllos, y durante este tiempo perma- 
necen enfebrecidas con la boca abierta y la lengua fuera, 
Conciben también por el aliento de los machos que vuelan 
por encima de ellas, y a menudo ello sucede con sólo oír su 
voz, y hasta tal punto el deseo sexual vence incluso el amor 
a los hijos que la hembra, hallándose incubando de manera 
furtiva y en un lugar oculto, cuando se da cuenta de que la 


25% Algo meramente fabuloso, que repiten otros autores, como, p. ej, 
Ism,, Etim, XU 7, 63, 

251 Pomeryo Troco, que vivió en la época augústea y escribió una his- 
toria universal (Historias Filípicas) conservada sólo en un extracto hecho 
por JusTINo a principios dei s, m d. C. (vol. 212 de esta misma colección). 


LIBRO X 403 


hembra del cazador se acerca a su macho, le reclama can- 
tando y se entrega voluntariamente a su deseo. Son presa de 
un frenesí tal que a menudo, ciegas por su agitación, se po- 
san en la cabeza de los cazadores?%, Si uno de éstos co- 
mienza a acercarse al nido, la madre se echa corriendo a sus 
pies fingiéndose con mucho peso y maltrecha, y se deja caer 
repentinamente en medio de una carrera o de un vuelo cor- 
to, como si tuviese un ala o las patas rotas, pero sale co- 
rriendo de nuevo y escapa una y otra vez de aquel que in- 
tenta cogerla y frustra sus esperanzas, hasta que lo aleja 
hacia la parte contraria del nido. Ella misma, en medio del 
pavor, cuando ya está libre y sin la preocupación de madre, 
se echa boca arriba en un surco y se cubre cogiendo un te- 
rrón de tierra con las patas. Se considera que la vida de las 
perdices dura en torno a dieciséis años*, 


Las costumbres de las palomas?* 


34 (32) se muestran con una gran similitud a 
Las palomas. A SIGE 
Sus obras maravillosas: JAS Je éstas, si bien en las palomas la 


y sus precios castidad es primordial y el adulterio 

no es cosa conocida para ninguno de 

los sexos, No violan la fidelidad conyugal y permanecen vi- 
viendo en común con su pareja. Ninguna abandona el nido a 
no ser soltera o viuda. Y las hembras soportan a machos 
dominantes y, a menudo, incluso injustos, porque sospechan 
el adulterio a pesar de que éste por naturaleza no se da entre 
ellas. En ese momento su garganta está llena de quejas y 
dan terribles picotazos. Inmediatamente después emplean 
repetidos besos como reparación y el halago de numerosas 
vueltas alrededor de la hembra como ruegos de su deseo se- 


252 Parece que se trata de la cabeza de los chucheros. 
253 Domesticadas, 
2% Se trata de la Columba livia domestica, 


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404 HISTORIA NATURAL 


xual. Los dos sexos tienen igual amor a las crías. También 
por esta razón a menudo la hembra es castigada si es dema- 
siado perezosa para entrar en el nido”, Cuando está po- 
niendo recibe consuelo y ayuda por parte del macho. A los 
polluelos inicialmente les escupen en la boca tierra algo sa- 
lada que ha sido recogida en su buche, preparando así el 
momento oportuno para el alimento. Es propio de esta clase 
de aves y de las tórtolas el que, cuando beben, no echan ha- 
cia atrás el cuello y beben todo seguido como las bestias de 
carga. 

35 Tenemos autores? que mantienen que las palomas 
torcaces viven hasta treinta años, algunas incluso hasta cua- 
renta, con el único inconveniente de las uñas —prueba a la 
vez de su vejez—, que se cortan sin daño. Todas tienen un 
canto semejante y éste consta de tres notas y además un ge- 
mido al final. En invierno son mudas y desde la primavera 
tienen voz. Nigidio piensa que la paloma torcaz abandona el 
nido si cuando está incubando bajo techado?” se dice su 
nombre. Ponen después del solsticio. Las palomas y las 
tórtolas viven ocho años. 

36 Por el contrario, el gorrión?%, que tiene igual lasci- 
via, es de vida muy corta. Se dice que los machos no duran 
más de un año valiéndose del argumento de que al comien- 
zo de la primavera no aparece en su pico la mancha negra 


255 A fin de poner. Cf, ArxsT,, HA 1X 7, 613a1 ss. 

256 Tales como' AxisT., HA VI 4, 563a1 y, especialmente, IX 7, 
613a17 ss, Las observaciones sobre la vida de las palomas proceden, sin 
duda, de individuos en cautividad, 

257 En realidad, la paloma torcaz anida en altos árboles y no bajo te- 
chado, Por ello, Capponi piensa que Nigidio se refiere a viejas murallas o 
bien se trata de palomas zuritas (Columba oenas). 

25 El gorrión común (Passer domesticus). 


LIBRO X 405 
que comienza a verse a partir del verano?”, Las hembras vi- 
ven un poquito más de tiempo. Por otra parte, hay también 
en las palomas un cierto sentido del orgullo: podrías creer 
que son conocedoras de sus colores y de su abigarrada dis- 
posición. Es más, esto se ve incluso en el vuelo: baten las 
alas en el cielo y lo surcan en todas las direcciones. Y en 
esta exhibición, al unir sus plumas para hacer un ruido que 
no se produce sino precisamente con la parte superior de las 
alas, se entregan al halcón como si estuviesen atadas?“ de 
otra manera, en vuelo libre, son mucho más veloces que él. 
El muy ladrón observa oculto entre el follaje y se la lleva 
cuando está gozando en medio de la vanagloria misma?*!. 
37 Por esto, juntamente con ellas ha de ponerse el ave 
que se denomina cernícalo?%, pues las defiende y aterra a 
los halcones con su superioridad natural de tal manera que 
huyen ante su presencia y su voz. Por esta razón las palomas 
les tienen un especial afecto y se dice que, si en los cuatro 
rincones de un palomar se ponen cernícalos metidos en ollas 
nuevas bien barnizadas, las palomas no cambian de lugar 


cosa que también han tratado de conseguir algunos cortando 

252 Quizás, como piensa Capponi, se parte de la observación del go- 
rrión moruno (Passer hispaniolensis) y de otras especies que no tienen 
siempre la mancha obscura, así como de individuos con anomalías de 
colorido en el plumaje, además de que, por ser el gorrión común muy 
prolífero, son visibles sobre todo los individuos jóvenes. 

260 Capponi propone enmiendas en este texto que lo mejoran ornito- 
lógicamente y llevan a una traducción como la siguiente: «en esta exhibi- 
ción las palomas se ofrecen invencibles al halcón, que, precipitándose 
desde lo alto con el ruido del aleteo, es esquivado por las palomas con un 
solo golpe de ala». 

261 Quizás, en realidad, se trata aquí de dos halcones diferentes: uno 
de vuelo alto, el peregrino (Falco peregrinus), que se precipita desde lo 
alto sobre la paloma, y otro de vuelo bajo, el azor (Accipiter gentilis), que 
se mantiene al acecho entre las ramas. 

262 El cernícalo vulgar (Falco tinnunculus). 


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406 HISTORIA NATURAL 


las articulaciones de sus alas con un instrumento de oro 
— pues de otro modo resultan peligrosas las heridas —, por- 
que, por lo demás, la paloma es un ave vagabunda, En 
efecto, poseen ellas el don de halagarse mutuamente y sedu- 
cir a otras y regresar más acompañadas como consecuencia 
de ardides 
(53) Es más, incluso han sido mensajeras en cosas im- 
portantes, como cuando, en el asedio de Módena, Décimo 
Bruto?% envió cartas atadas a sus patas al campamento de 
los cónsules. ¿De qué le sirvieron a Antonio la empalizada y 
el estrecho asedio e incluso las redes echadas en el río cuan- 
do el mensajero iba por el cielo? Y debido a la pasión por 
ellas muchos pierden la cabeza. Les construyen torres sobre 
los tejados y hablan de la nobleza y la genealogía de cada 
una, de todo lo cual hay ya un ejemplo antiguo: el caballero 
romano Lucio Axio, antes de la guerra civil pompeyana?%; 
vendió cada pareja de palomas a cuatrocientos denarios, se- 
gún cuenta Marco Varrón?%, Es más, incluso las de Cam- 
pania han ennoblecido su patria al considerarse que las pro- 
cedentes de allí son las mayores. 
El vuelo de estas aves nos empuja 
(54) también a su examen en las restantes. 
Diversidad del vuelo 38 Todos los demás animales tie- 
y del andar de las aves ¿ca ma manera de moverse determi- 
nada, única y propia de cada clase. Las 
aves son las únicas que se desplazan con un movimiento 


263 Cf. PLm., 11.96, n. 125. Tras la muerte de César, de diciembre del 
44 a abril del 43 a. C. Módena, ciudad de la Galía Cisalpina donde se ha- 
llaba Bruto, fue asediada por Marco Antonio, contra el que marchó Octa- 
vio, Marco Antonio huyó perseguido por Bruto, 

26% Comenzada en el 49 a. C, 

265 Cf, Agr, II 7, 10, donde Lucio Axio es presentado como una per- 
sona avara. 


LIBRO X 407 


distinto en tierra y en el aire. Algunas caminan, como las 
comnejas; otras dan saltos, como los gorriones y los mirlos; 
corren, como las perdices y las chochas*%; echan las patas 
por delante de ellas, como las cigijeñas y las grullas. Las 
hay que extienden sus alas y, planeando, las agitan a largos 
intervalos. Otras lo hacen con mayor frecuencia, pero sólo 
mueven el extremo de las alas. Otras sacuden con éstas 
la totalidad de sus costados. Determinadas aves vuelan con 
las alas recogidas en su mayor parte y se ponen en movi- 
miento tras haber sacudido el aire una vez (algunas emplean 
incluso dos golpes): como si estuviesen comprimiendo el ai- 
re que han aprisionado con sus alas, se lanzan hacia lo alto, 
hacia adelante, hacia abajo. Podrías pensar que algunas han 
sido disparadas o, inversamente, que éstas se desploman 
desde lo alto y que aquéllas dan saltos. Únicamente los pa- 
tos y las aves que son de su misma clase se lanzan directa- 
mente hacia lo alto y buscan en seguida el cielo, y esto in- 
cluso desde el agua, Y así, cuando caen en los fosos con los 
que cazamos animales salvajes, son las únicas en escapar- 
se*7, El buitre y, en general, las aves algo más pesadas no 
levantan el vuelo si no es tras una carrera o arrojándose des- 
de un saliente bastante alto. Dirigen el vuelo con la cola. 
Unas pueden ver lo que está a su alrededor, otras doblan el 
cuello para ello y ninguna se come lo que ha arrebatado y 
lleva en sus patas?%, Muchas vuelan sin dejar de gritar o, 


266 Aunque en el término lat. rusticula se suele ver la chocha o becada 


(Scolopax rusticola), según Capponi no hay elementos claros en los tex- 
tos antiguos para ello. Se ha pensado también en el zarapito real (Nume- 
nius arquata). 

267 Aquí parece referirse más a la cerceta común (Anas crecca) que al 
pato real (Anas boschas), poco ágil al levantar el vuelo, 

268 Más bien en el sentido de que no es capaz de bajar tanto la cabeza que 
en el de que no come lo que ha cazado, como quieren algunos intérpretes. 


— 


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408 HISTORIA NATURAL 


por el contrario, siempre guardan silencio durante el vuelo. 
Marchan erguidas, echadas hacia adelante, echadas a un la- 
do, con la cabeza baja o algunas incluso echadas hacia atrás, 
de manera que, si se contemplan a la par muchas clases de 
aves, no parecen movetse en el mismo elemento. 

Las aves que vuelan más son las 


39 (55) llamadas por unos ápodes, porque no se 
Los «ápodes» sirven de las patas?%, y por otros cípse- 


o «cipselos» 270. 


los*”; son de la especie de las golondri- 
nas. Hacen sus nidos en las rocas. Son 
estas aves las que se ven por todo el mar, y las embarcaciones 
nunca se alejan tanto de tierra o navegan durante tanto tiempo 
que dejen de sobrevolarlas los ápodes. Las demás clases de 
aves se posan y se paran; para éstas no hay descanso alguno si 
no es en el nido: o están en el aire o están echadas?”!, 

También los instintos de las aves 


(56) son igualmente diversos, sobre todo 
El alimento de las aves. ¿2,19 que se refiere al alimento. 
Los chotacabras 2 
y la «plátea» 40 Se llaman chotacabras“'* unas 


aves con el aspecto de un mirlo bas- 
tante grande. Son rapaces nocturnas””, pues de día carecen 
de visión. Entran en los establos de los pastores y vuelan 


262 Pr iw., XI 257, observa que hay autores que mantienen que, a pesar 
de su nombre que indica lo contrario, incluso estos animales tienen patas. 
ArisT., HA 1 1, 489b24-31, más acertadamente, dice que el nombre se 
debe a la debilidad de sus pies. 

2% Transcripción del nombre griego, que procede de Aypsélé «cestita» y 
hace referencia al nido de esta ave (cf. también gr. iypselis «nido de pájaro»). 

21 Para Capponi, se mezclan en este parágrafo características de tres 
aves distintas: el avión («las aves que vuelan más... de las golondrinas»), 
un ave pelágica como el charrán («son estas aves... las ápodes») y, en úl- 
timo lugar, un ave apodiforme («para éstas no hay...»). 

272 Chotacabras gris (Caprimulgus europaeus). 

222 Capponi, en consonancia con Axisr., HA IX 30, 618b2-4, propone 
otro texto del parágrafo hasta aquí, cuya traducción puede ser: «Se llaman 


LIBRO X 409 


hasta las ubres de las cabras para chupar su leche, y por esta 
violencia se seca la ubre y se produce la ceguera en las ca- 
bras que han ordeñado así?”*, Se denomina plátea”* un ave 
que cae volando sobre las que se sumergen en el mar y les 
muerde la cabeza hasta arrebatarles la presa. Esta misma, 
una vez que ha tragado animales con concha hasta hartarse, 
los arroja cocidos con el calor de su vientre y así les quita la 
concha y arranca el alimento. 


41 (57) Las gallinas de corral también prac- 

Las cualidades tican un ceremonial. Una vez puesto 
naturales de las aves. 

El lúgano, un huevo, se ahuecan y se sacuden, y 

el avetoro y se limpian dando vueltas o bien con 

la lavandera alguna brizna de hierba purifican sus 


huevos y a sí mismas, 

42 Las aves más pequeñas, los lúganos, hacen lo que se 
les ordena, y no sólo con la voz, sino también con las patas 
y con el pico, que emplean como manos”, Hay un ave que 


imita los mugidos de los bueyes, hasta el punto de que en el 


territorio de Arlés?” se llama «toro» **; por lo demás, es 


chotacabras unas aves mayores que el mirlo, con aspecto de rapaz noctur- 
na». 
274 En realidad, lo que hace el animal en los establos es cazar insectos. 
275 Se ha pensado en el pelícano (Pelecanus onocrotalus), la garza real 
(Ardea cinerea), en la espátula (Platalea leucorodia), en un ave del géne- 
ro stercorarius (formado por los págalos) y en una gaviota, Capponi con- 
sidera que una vez más hay aquí mezcla de caracteristicas de aves dife- 
rentes, 

276 Seguimos a Capponi, que, a tenor del comportamiento descrito, 
piensa que aquí carduellis (nombre derivado de cardus «cardo», planta 
cuyas semillas come el animal) no representa al jilguero (Carduelis car- 
duelis), sino al lúgano (Carduelis spinus). 

277 Cf. Puiw., 11 36, n. 51. 

2% El avetoro (Botaurus stellaris). El ave hace la referida imitación 
metiendo la cabeza en el agua. 


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410 HISTORIA NATURAL 


pequeña. La que tiene por nombre lavandera?””, cuando es 
echada de los pastos por la llegada de los caballos, imita 
también sus relinchos y de este modo se venga. 
Los que imitan sobre todo las vo- 
(58) ces humanas son los papagayos*, 
Las aves que hablan. — que incluso conversan. Nos envía esta 
Los Papagayos aye la India: la llama siptace*!, tiene 
todo el cuerpo verde, con el único 
contraste de un collar rojo. Saluda a los emperadores y pro- 
nuncia las palabras que escucha, con el vino particularmente 
indecentes. Su cabeza tiene la misma dureza que su pico?”, 
Éste” se le golpea con una varita de hierro cuando está 
aprendiendo a hablar: de otra manera no siente el golpe. 
Cuando desciende, se posa apoyándose en el pico y así car- 
ga menos peso sobre sus débiles patas. 

Tiene menos fama, porque no vie- 
ne de lejos, pero una locuacidad más 
expresiva cierta clase de urraca”*. Les 
gustan mucho las palabras que dicen y 
no las aprenden simplemente, sino que 
aman hacerlo y, al practicar consigo mismas con cuidado y 


(59) 
Los arrendajos 


27% El nombre latino es anthus, transcripción del gr, ánthos «flon». Su 
identificación es discutible: se han propuesto, entre otras, el verderón, un tí- 
po de garza y el carrecerín. Para Capponi, dado su grito, se trata concreta- 
mente de la lavandera boyera italiana (Motacila flava cinereocapilla). 

280 Se piensa en la especie Psittacus Alexandri y, más concretamente, 
en la subespecie llamada cotorra de Kramer (Psittacula Krameri mani- 
llensis). 

281 La forma queda apoyada por PoLgMIO Sn.vIo, 543 21, 

282 Cf. Prrn., XI 132. 

28% Hay quien piensa que aquí se hace referencia a la cabeza y no al 
pico, y quien considera que a ninguna de las dos partes en concreto (la 
traducción sería entonces «por esto»). 

281 Se trata del arrendajo (Garrulus glandarius). Cf, $ 98. 


LIBRO X 411 


reflexión, no pueden disimular su interés. Es cosa sabida 
que la dificultad de una palabra las puede vencer y matar y que, 
si no escuchan las mismas palabras a menudo, se les van de 
la memoria y que, cuando están tratando de recordar una, se 
alegran extraordinariamente si en ese momento la escuchan. 
Y no tienen estas aves un aspecto corriente, aunque tampo- 
co admirable: bastante hermosas son ellas ya por imitar el 
lenguaje humano. Pero dicen que, dentro de esta clase de 
aves, no pueden aprender a hablar otras que las que se ali- 
mentan de bellotas, y que, dentro de ellas, lo pueden hacer 
con más facilidad las que tienen cinco dedos en sus pies, 
y que ni siquiera estas mismas pueden hacerlo a no ser en 
los dos primeros años de su vida. Todas las aves que imitan 
el lenguaje humano, tienen, cada una en su clase, una len- 
gua más ancha. Aunque esa capacidad de imitación la po- 
seen casi todas. Agripina, esposa del emperador Claudio, 
tuvo un tordo que imitaba lo que decía la gente, algo que 
nunca se había dado antes”, Cuando escribo esto, también 
los jóvenes Césares?”” tienen un estornino y asimismo unos 
ruiseñores que son capaces de aprender griego y latín y que, 
además, practican constantemente y cada día dicen palabras 
nuevas e incluso en una secuencia más larga. Se les enseña 
en un lugar apartado y donde no se oiga otra voz, sentándo- 
se a su lado alguien que diga repetidamente lo que quiere 
que se les quede grabado y animándoles con comida. 


285 Nada de esto es rigurosamente cierto. Las de cinco dedos son, al 
parecer, muy raras, 

286 Dado que parece imposible que un tordo imite el lenguaje humano 
(sí son capaces de imitar el de los otros pájaros), Capponi propone una 
lectura en que, como ocurre en lo siguiente, se trata del estornino y no del 
tordo, ] 

287 Se suele considerar que se trata de Británico y de Nerón, pero re- 
cientemente se ha pensado en Tito y Domiciano, 


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412 HISTORIA NATURAL 


43 (60) Téngase a los cuervos la consido- 

Revuelta del pueblo Yación debida, testimoniada incluso 
romano a causa porla indignación del pueblo romano 
erde y no sólo por sus convicciones. En el 
principado de Tiberio? un polluelo 

de este animal procedente de una nidada nacida encima del 
templo de los Cástores?” descendió a una zapatería cercana, 
y resultó agradable al dueño del taller incluso por su origen 
sagrado. El anímal, acostumbrado pronto a hablar, todas las 
mañanas volaba hasta la tribuna de los oradores?” y, vuelto 
hacia el foro, saludaba por el nombre a Tiberio, a continua- 
ción a los Césares Germánico y Druso”! e inmediatamente 
al pueblo llano que pasaba. Después regresaba a la tienda. 
Resultó admirable por la constancia de su cargo de muchos 
años. El arrendatario de una zapatería próxima, bien por ri- 
validad con su vecino, bien, como él quiso que se creyese, 
por un ataque de ira repentino debido a que el cuervo le en- 
sució los zapatos, lo mató, con una consternación tan grande 
de la gente que primero fue expulsado del barrio e inme- 
diatamente quitado de en medio, y en honor del pájaro se 
celebró un funeral con un cortejo numerosísimo, el lecho 
fúnebre fue llevado a hombros de dos etíopes y a la cabeza 
fueron un flautista y coronas de todas clases, hasta llegar a 
la pira funeraria, que se levantó a la derecha de la Vía Apia, 


288 14-37 d.C. ) 

282 T lamado coloquialmente así por los romanos, dando más impor- 
tancia a uno de los dos hermanos Dioscuros, Cástor y Pólux, Se hallaba al 
SE del foro republicano de Roma. 

29 En el foro republicano, al S de la plaza de los Comicios, frente a la 
Curia Hostilia. Llevaba en latín el nombre de Rostra «los Espolones» por 
haberse fijado allí los de las naves volscas capturadas en la batalla de 
Ancio (338 a. C.). 

21 Germánico (15 a. C.-19 d. C.), hijo de Druso el Viejo y sobrino de 
Tiberio, y Druso (13 a. C.-23 d, C.), hijo de Tiberio. 


LIBRO X 413 


en el segundo miliario, en el llano llamado de Redículo?”, 
Hasta tal punto la inteligencia de un ave pareció al pue- 123 
blo romano razón suficientemente justa para rendirle hon- 
ras fúnebres y castigar a un ciudadano romano, en una ciu- 
dad en la que no había habido nadie que acompañase el 
funeral de muchos hombres importantes y no había habido 
nadie que vengase la muerte de Escipión Emiliano tras ha- 
ber destruido él Cartago y Numancia?” Esto tuvo lugar en 124 
el consulado de Marco Servilio y Gayo Cestio, cinco días 
antes de las calendas de abril?*, También en este momento, 
cuando escribo esto, hay en la ciudad de Roma una corneja 
de un caballero romano venida de la Bética% que resulta 
sorprendente primero por su color muy negro%% y que ade- 
más pronuncia muchas palabras encadenadas y que aprende 
sin parar una tras otra. Y asimismo hace poco estaba en bo- 
ca de todos un tal Crátero, de sobrenombre Monocerote””, 


22 Tos romanos atribuyerón a Redículo, dios del regreso (de redeo 
«regresan»), el que Aníbal, cuando llegó ante Roma (211 a, C.), se retira- 
ra sin tomarla. Donde el general cartaginés se dio la vuelta (extramuros, 
fuera de la puerta Capena), construyeron un templo. 

293 Publio Escipión Emiliano Africano Numantino (185 6 184-129 a. 
C.) destruyó Cartago en el 146 a. C. y Numancia en el 133 a, C. Murió en 
medio de un tumulto y se tuvo la sospecha de que había sido asesinado 
por su oposición al programa reformista de Tiberio Graco (incluso se 
achacó la muerte a su propia esposa, hermana de éste), aunque se piensa 
también que pudo tratarse de un suicidio. 

24 28 de agosto del año 35 d. C. Cf Tác., An. VI 31, 1. 

295 Cf. PLoN,, 117. 

2% Una corneja negra (Corvus corone corone), distinta de la especie 
cenicienta (Corvus corone cornix), que es, según Capponí, la descrita ha- 
bitualmente por Plinio. 

227 Término gr. que significa «de un sólo cuerno, unicornio». El apo- 
do puede deberse a tener en el casco un único penacho (corniculum), con 
una vara donde se posaban los cuervos. 


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414 HISTORIA NATURAL 


que, en Asia, en la región de Ericena?”*, cazaba con ayuda de 
cuervos, por el hecho de que los llevaba a los bosques posa- 
dos en el penacho o en los hombros. Ellos seguían las huellas 
de la presa y la perseguían, y esto se hizo una costumbre tal 
que, cuando salía de caza, lo acompañaban así incluso los 
cuervos salvajes, Digno de que se recuerde han juzgado algu- 
nos al cuervo que, llevado por la sed, fue visto echando un 
montón de piedras en una urna funeraria, en la que quedaba 
agua de lluvia, que él, sin embargo, no podía alcanzar. Como 
tenía miedo de descender allí, con semejante montón hizo su- 
bir el agua lo necesario para poder beberla. 

Y no pasaré por alto las aves de 


44 (61) Diomedes. Juba las llama cataractas?” 
Las aves y dice que tienen dientes y tienen ojos 
de Diomedes 


de color de fuego, pero que el resto de 
su cuerpo es blanco. Añade que tienen 
siempre dos jefes: uno guía la bandada y otro la cierra; que 
cavan hoyos con el pico, después los cubren de zarzos y 
echan por encima la tierra que antes han sacado; que ponen 
los huevos en estos hoyos; que cada uno de éstos tiene dos 
entradas: a oriente mira aquella por la que salen a la búsqueda 
del alimento, y a occidente aquella por la que regresan; en fín, 
que cuando van a evacuar su vientre, siempre echan a volar 
contra el viento. Estas aves se pueden ver en un único lugar 
del mundo entero: en la isla que hemos dicho que es famosa 
por la tumba y el templo de Diomedes3%, frente a la costa de 


2% En Asia Menor, en los confines de Caria y Frigia. En los manus- 
critos aparece también como Eriza. 

22 Transcripción del griego, donde el nombre (literalmente, «que se 
precipita, que cac») parece deberse a la costumbre del ave de lanzarse al 
agua o, según otros, al hecho de lanzar agua por el pico. 

300 Guerrero griego que participó en la guerra de Troya, protegido por 
Atenea, compañero habitual de Ulises, 


LIBRO X 415 

Apulia**. Son semejantes a la focha*”, Con sus gritos, se 

oponen a la presencia de los extranjeros que llegan, y, hacien- 

do una sorprendente distinción, sólo son amables con los 

griegos, como si se tratase de rendir tributo al linaje de Dio- 

medes. Y cada día, con el buche lleno de agua y las plumas 

empapadas, limpian y purifican el citado templo*”, Y de aquí 

viene la leyenda de que los compañeros de Diomedes se 
transformaron en estas aves, 

Cuando hablamos de cualidades 

45 (62) naturales, no se ha de omitir que entre 

Qué animales las aves no son capaces de aprender 

no aprenden nada as eS tondrinas** y entre los animales 

terrestres los ratones, mientras que los 

elefantes hacen lo que se les ordena, los leones se someten 

al yugo y, en el mar, las focas y muchas clases de peces se 

domestican*%S, 


301 Cf, Prim,, 1 151 y XII 6, Se trata de la mayor de las islas Tremiti, 
llamada Trimerus en la Antigiiedad. Estas islas se hallan en la costa ita- 
liana del Adriático, próximas al cabo Gargano. 

302 La focha común (Fulica atra), de acuerdo con Purw., XI 122, 

30% Se han hecho diversas propuestas de identificación del ave: ga- 
viota, garza, tarro blanco... Capponi piensa que en AristóTELES (HA IX 
12, 615428-31) se trata de un individuo joven de serreta (Mergus) y en 
Dronisto (£xeut, 2, 3 = 23,21 Garza) de un charrán (Sterna hirundo) o 
de un alcatraz (Sula bassans), pero en Plinio y en SoLino (2, 45) hay una 
mezcla de dos especies, un individuo joven de serreta (los dientes son en 
realidad su pico dentado y sus ojos tienen efectivamente un color rojizo) 
y una pardela (concretamente, Puffinus puffinus yelkouan Acerbi). 

304 CF, entre otros varios autores, VinG., En. XI 271 ss.; Ov., Met. 
XIV 496 ss.; EL., 1 1; Acusr., Ciudad de Dios XVII 16. 

30% Esto parece estar en contradicción con las anécdotas relatadas 
en$71. 

306 Cf. PLrw., VII 1 ss. (elefante), 55 (león) y 221 ss.. (ratón), y IX 41 
(animales marinos). 


128 


129 


130 


416 HISTORIA NATURAL 


Las aves beben a sorbos. De ellas, 


46 (63) las que tienen largo el cuello, lo hacen 
La forma de beber : » 
elas a intervalos y echando la cabeza hacia 


El calamón común atrás, como si se vertiesen el líquido 

en el cuerpo. Únicamente el calamón 

bebe a mordiscos*%. Este también se caracteriza por mojar 

repetidamente en agua todo alimento y llevárselo después al 

pico con una pata como si se tratase de una mano. Los más 

estimados son los de Comagene. Su pico y sus patas, muy 
largas, son rojos. 

Esto ciertamente es válido tam- 
bién para la cigijeñuela*%, mucho me- 
nor, aunque con unas patas igual de lar- 
gas. Nace en Egipto. Se sostiene sobre 
tres dedos. Su alimento son sobre to- 
do moscas. Su presencia en Italia es de pocos días, 

Todas las aves que pesan bastante 
$ AS ds se alimentan de cereales; las que vue- 
de las aves lan alto, sólo de carne. Entre las acuá- 

ticas, los págalos suelen devorar con 
avidez incluso lo que las demás regurgitan*? 


47 (64) 
Las cigiieñuelas 


307 Se trata del Porphyrio porphyrio o, según Capponi, del Porphyrio 
caeruleus Vendelli, si bien se han hecho otras propuestas de identifica- 
ción del término porphyrio empleado aquí en lat. (transcripción del gr., 
alude al color rojo del pico y de las patas del animal), como, p. ej., el fla- 
menco, : 

210 El nombre empleado en lat., himantopus, transcripción del gr., 
apunta a un animal de patas muy largas y muy delgadas. Se piensa en la 
ciglleñuela (Himantopus himantopus), pero si «esto» se refiere no sólo a 
las patas del animal sino también a su pico, cabe considerar que se trata 
del ostrero (Haematopus ostralegus). 

302 Fl págalo, llamado científicamente Stercorarius parasiticus, per- 
sigue a otras aves y, tras hacer que éstas regurgiten el pescado que aca- 


LIBRO X 417 


Los pelícanos?" tienen semejanza 
con los cisnes, y se podría considerar 
que no se diferencian en absoluto de 
ellos, si no tuvieran en la garganta mis- 
ma una especie de segundo estómago. 
Este animal insaciable acumula todo en este lugar, cuya ca- 
bida resulta sorprendente. Después, cuando ha terminado de 
cazar, tras pasar poco a poco lo conseguido de allí a su bo- 
ca, lo echa en su verdadero estómago como un rumiante, La 
parte de la Galia septentrional próxima al Océano nos envía 
estas aves?!!, 


(66) 
Los pelícanos 


(67) Tenemos noticia de que en la sel- 
Las aves extranjeras, YA Hercinia de Germania?” existen 
Las Jalérides, aves nunca vistas, cuyas plumas bri- 
los faisanes 313 
la palta daraonas llan por la noche como fuegos?*. En 


las demás de la zona no hay nada dig- 

no de mención, a no ser el renombre debido a la lejanía. 
48 Las falérides*”* se encuentran en Seleucia de los 
partos y en Asia. Son las más estimadas de las aves acuáti- 


ban de capturar, se lanzan rápidamente para asirlo antes de que caiga 
nuevamente al agua. 

310 Con el término onocrotalus, tomado del griego, Plinio parece de- 
signar una ave del género Pelecanus, bien el pelicano vulgar (Pelecanus 
onocrotalus), bien el pelicano ceñudo (Pelecanus crispus). 

31 Como observa Capponi, resulta dudoso que el pelícano habitase esta 
zona en tiempos de Plinio, por lo que puede tratarse de algún grupo que, por 
los vientos y las tempestades, se hubiese alejado de su zona habitual de mi- 
gración, o bien cabe que las fuentes de Plinio se hayan confundido con es- 
pecies semejantes al pelícano, como, p. ej., el alcatraz o la espátula. 

32 Cf, PL, IV 80, n. 385, y 100, 

313 Además de considerar que se trata de una simple ave legendaria, 
se ha pensado en el ampelis europeo (Bombycilla garrulus). 

2 Transcripción del gr. phalaris, que puede significar «ave con mar- 
ca blanca». Hay quien piensa que es la focha común (Fulica atra), pero 
Capponí lo niega, piensa que son aves originarias de Seleucia y Asia Me- 


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418 HISTORIA NATURAL 


cas. Por el contrario, los faisanes?*!'* —con dos orejas de 
plumas que suben y bajan— se hallan en la Cólquide?*"; las 
pintadas*!”, en Numidia, parte de África?*!5. Y todas estas 
aves se encuentran ya en Italia, 


(68) Apicio?*!”, el mayor tragón de to- 
Los flamencos, dos los derrochadores, ha enseñado que 
los Jrancolines, 


Dn alorociraces la lengua del flamenco?” es de un sa- 

las chovas piquigualdas bor excelente. El francolín??! de Jonia 
y las perdices nivales eg el más renombrado y habitualmente 
canta, pero enmudece una vez capturado. En otro tiempo 
fue tenido entre las aves raras. Ya se encuentra también en 
la Galia y en Hispania. Se captura asimismo cerca de los 
Alpes, donde también se hallan los falacrocóraces*?, ave 
propia de las islas Baleares, como lo es de los Alpes la cho- 
va piquigualda?, negra y con el pico amarillo, y la perdiz 


nor traídas a Italia para ser criadas y propone un ave del género Casarca 
y, más concretamente, el tarro canelo (Casarca ferruginea). 

213 El nombre en lat., phasiana, procedente del gr., se debe al lugar de 
origen del animal, Fasis, región y trío de la Cólquide. Capponi considera 
que aquí se trata de la especie tipo y no de alguna de las numerosas for- 
mas híbridas existentes en la actualidad, Cf, $ 144. 

"316 Cf. Pin, 11226, n. 440. 

317 La Numida meleagris, para la que Plinio emplea aquí la denomi- 
nación de (gallina) Numidica. Cf. $ 74. 

318 Cf. Pm, Y 22. Parece que el animal no se importó a Roma hasta 
la caída de Cartago. 

312 Cf, Pcow., VHT 209 y 1X 66. 

320 Phoenicopterus ruber. En lat., phoenicopterus, préstamo griego 
que significa «con alas rojas». 

3 Prancolinus francolinus. Procedente de Asia Menor, es designado 
en lat, con el préstamo griego attagen. Hay quien piensa que aquí se ha 
confundido con el grévol ¿Tetrates bonasia). 

22 Transcripción del griego, significa «cuervo calvo». Capponi considera 
que aquí hay referencia a dos especies: en los Alpes el cormorán grande 
(Phalacrocorax carbo) y en las Baleares la ¡bis eremita (Geronticus eremita). 

3 Pyrrhocorax graculus, En lat. recibe un nombre gr., pprrhocorax, 
que quiere decir «cuervo rojo». 


LIBRO X 419 


nival**, de un sabor excelente. Las patas, cubiertas de pelo 
similar al de la liebre, le han dado a ésta su nombre. En el 
resto de su cuerpo es blanca y tiene el tamaño de las palo- 
mas. Fuera de la citada tierra no es fácil comerla, porque no 
se puede domesticar viva y su carne se estropea en seguida. 
Hay también otra ave con el mismo nombre, que difiere de 
las codomices sólo en el tamaño y es de color azafrán y el 
más sabroso de los alimentos?*”, Ignacio Calvino, prefecto 
de los Alpes*%, dice que ha visto en estos montes también 
la ibis, propia de Egipto?”. 
Durante las guerras civiles de Be- 
49 (69) dríaco?*? también vinieron a Italia, al 
Las «aves nuevas». — otro lado del Po, las aves nuevas?” 
ERA MIIONEsA (pues así se llaman aún ahora), de as- 
pecto de tordo, tamaño un poco infe- 
rior al de la paloma y sabor agradable. Las islas Baleares 


%4 Tagopus mutus. El término latino empleado es lagopus, préstamo 
del gr. que significa «con pies de liebre», 

325 Para André es la misma ave anterior con el aspecto de verano. 
Capponi considera que, tal como hemos traducido, sería la perdiz pardilla 
(Perdix perdix), pero que «con el mismo nombre» se hace referencia en 
realidad a un término genérico coma «perdiz» o «faisán» que había en la 
fuente de Plinio y se ha omitido, o bien que no ha de entenderse aquí 
«con el mismo nombre» sino «de la misma familia». 

3% Quizás un conocido o amigo de Plinio, Los prefectos de los Alpes 
fueron creados por Augusto y sustituidos por procuradores por Claudio. 

22? Capponi no excluye que se trate del cuervo calvo (Cotatibis ere- 
mita), piensa que puede ser el cormorán grande (Phalacrocorax carbo) o 
el moñudo (Phalacrocorax aristotelis) y observa que, de ser el morito 
(Plegadis falcinellus), no puede mantenerse su exclusividad de Egipto. 

328 En esta localidad, situada cerca de la actual Calvatone, entre Ve- 
rona y Cremona, se libraron dos batallas en el 69 d, C.: la primera entre 
Otón y Vitelio y la segunda entre este último y las tropas de Vespasiano. 

322 Varias propuestas de identificación, como la perdiz pardilla (Per- 
dix perdix), la ganga de Palas (Syrrhapter paradoxus) y el zorzal charlo 
(Turdus viscivorus), por la que se inclina Capponi 


[34 


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420 HISTORIA NATURAL 


nos envían un calamón de más fama aún que el citado más 
arriba?%, Allí también se hacen los honores en la mesa al 
águila ratonera, que pertenece a la clase de los halcones. 
Asimismo se los hacen a los vibiones: de esta manera lla- 
man a la grulla más pequeña*!, 


Pienso que los pegasos, animales 


(70) voladores con cabeza de caballo, y los 
Las aves grifos, con la encorvadura del pico do- 
fabulosas 332 


tada de orejas, son seres fabulosos””, 
los unos de Escitia y los otros de Etio- 
pía, Ciertamente también lo pienso de la tragopán, de la que 
muchos afirman que es mayor que un águila, que tiene 
cuernos curvos en las sienes y que es del color del hierro, a 
excepción de la cabeza, que es purpúrea?*?, Y tampoco se 
creerá en las sirenas, aunque Dinón, padre del celebrado 
autor Clitarco**, afirme que existen en la India y que con su 
canto hacen que a los hombres les abandonen sus fuerzas 
para desgarrarlos, cuando están sumidos en el sueño. Quien 
crea esas cosas, que no vaya a negar tampoco que, en ver- 
dad, unos dragones, lamiendo las orejas de Melampo**, le 


330 Cf $129, 

331 Es la que se llama «grulla de las Baleares» en XI 122. Mientras 
que el nombre de aquí resulta algo dudoso (vibio, vipio y bibio), la identi- 
ficación es unánimente la grulla damisela (Anthropoides virgo). 

332 Pfectivamente, Cf. Pia, VIT 10 y VII 72, 

33 Ciertos aspectos pueden apuntar a especies reales existentes en el 
N de la India, Así Capponi piensa en la llamada Tragopan satyra y, con 
menor probabilidad, en la denominada Dichoceros bicornis, 

2% Cf. Pur. 1 57, n, 69, Dinón de Colofón (s, 1v a. C.), siguiendo a 
Ctesias, escribió una Historia de los persas en al menos tres tomos, am- 
pliamente leída y de la que sólo tenemos fragmentos, 

395 Mitico adivino y médico griego, hijo del héroe tesalio Amitaón y 
de Idómene. Alcanzó gran fama por sus facultades especiales, Cf. AroL., 
Bibl 19,11. 


LIBRO X 421 


transmitieron la capacidad de comprender el lenguaje de las 
aves, o tampoco lo que cuenta Demócrito** cuando se re- 
flere a unas aves de cuya sangre, al ser mezclada, nace una 
serpiente tal que cualquiera que la coma puede comprender 
las palabras de las aves, y, en fin, tampoco lo que el mismo 
trae a la memoria en particular a propósito de una sola ave, 
la «galerita»*”, Aún sin estas cosas la perplejidad ante la 
vida es ya enorme tratándose de augurios. Homero llama 
escopes a una clase de aves**, Ni podría imaginarme fácil- 
mente sus movimientos provocativos cuando acechan, de 
los que hablan la mayoría de los autores, ni estas aves mis- 
mas son conocidas ya, por lo que será mejor tratar de las 
bien conocidas. 
50 (71) A las gallinas las empezaron a en- 
Quiénes empezaron a — gordar los habitantes de Delos*Y, de 
a donde nació la peste de devorar aves 
los primeros cónsules gordas y rociadas con su propio jugo. 
que lo prohibieron Por primera vez en los antiguos inter- 
dictos de cenas, en la ley del cónsul Gayo Fannio, once años 
antes de la Tercera Guerra Púnica**, hallo estipulado ya 


336 Cf. Pim, 0 14, n. 16. 

39 Parece que se trata de la cogujada común (Galerida cristata), que, 
como dice Varr., LE V 76, «tiene en la cabeza una pluma sobresaliente» 
y que en castellano se denomina también galerita, nombre que utilizamos 
nosotros pero entrecomillado para indicar la posible duda de identifica- 
ción. Cf, PLm., XI 121. 

33% Cf. Hom., Od. V 66. Parece que los griegos llamaban skóps (lite- 
ralmente, «que observa») a varias rapaces nocturnas. Se piensa en el au- 
tillo (Otus scops), en el búho chico (Asio otus) y en la lechuza campestre 
(Asio flammeus). 

332 Cf. PLiw,, TV 65 ss, 

340 149-146 a. C. El citado cónsul compartió el cargo con Marco Va- 
lerio Mesala en el 161 a, C. Sus leyes fueron recordadas como ejemplos 
de la frugalidad antigua. 


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422 HISTORIA NATURAL 


que no se sirva ave alguna a no ser una sola gallina que no 
esté cebada, artículo que, a partir de este momento, fue re- 
producido y recorrió todas las leyes, Y como escapatoria pa- 
ra eludirlas se ha visto la posiblidad de alimentar también 
pollos con comida empapada en leche: así resultan mucho 
más sabrosos. Ciertamente no se eligen todas las gallinas 
para el engorde, sino únicamente las de piel grasa en el cue- 
llo, Después viene el arte culinaria para presentar bien los 
cuartos traseros, para trincharlas por el dorso, para, tirándo- 
les de una sola pata, hacer que ocupen la bandeja. También 
los partos han dado sus recetas a nuestros cocineros. Y, sin 
embargo, aun con estos preparativos no gusta el animal en- 
tero: aquí se prefiere el muslo y allí sólo la pechuga. 
El primero que construyó pajare- 
OA ras y encerró en ellas aves de todas 
dpto o clases fue Marco Lenio Estrabón, del 
El plato de Esopo Orden escuestre, en Brundisio**, A par- 
tir de él comenzamos a enjaular ani- 
males a los que la naturaleza había asignado el cielo, 

51 Sin embargo, lo más llamativo a este respecto es el 
plato de Clodio Esopo, un actor trágico **, valorado en cien 
mil sestercios, en el que puso aves cantoras o capaces de 
imitar el lenguaje humano, compradas por seis mil sester- 
cios cada una, sin tener ningún otro encanto que comerse en 
ellas una cosa parecida a un hombre, y sin mostrar respeto 
siquiera por aquellas inmensas riquezas suyas que había 
conseguido con la voz. En resumen, un padre digno de un 
hijo del que hemos dicho que devoraba perlas**, Sin em- 


241 Cf. Varr., Agr. TIT 5, 8, donde se dice del personaje que fue hues- 
ped del cónsul Apio Claudio Pulcro (54 a. C.). 

342 De la época de Cicerón; cf. PLI., XXXV 163. 

343 Cf. Puan, IX 122, Según VaL, Máx., IX 1, 12, el protagonista de 
ambas anécdotas fue sólo el hijo, 


LIBRO X 423 


bargo, no se trata de que yo quiera sentenciar propiamente 
cuál de los dos fue más desvergonzado, sino de decir que 
tiene menos importancia haberse cenado unas obras ex- 
traordinarias de la naturaleza que lenguas humanas, 
52 (73) La reproducción de las aves pare- 
La reproducción... ce sencilla, si bien tiene también sus 
rete cosas maravillosas, puesto que tam- 
aparte de las aves, bién hay cuadrúpedos que ponen hue- 
ponen huevos vos, como los camaleones, los lagar- 
tos y los animales que hemos dicho dentro de los acuáticos, 
y asimismo las serpientes?***, Por otra parte, dentro de los 
animales con plumas no son prolíficos los que tienen garras. 
El cermícalo?*% es el único de ellos que pone más de cuatro 
huevos. La naturaleza ha concedido a las aves que las asus- 
tadizas sean más fecundas que las valientes. Ponen muchí- 
simos huevos los avestruces, las gallinas y las perdices. Las 
aves se aparean de dos maneras: agachada en el suelo la 
hembra, como en el caso de las gallinas, o permaneciendo 
ésta levantada, como en el de las grullas. 
Unos huevos son blancos, como 
(14) los de las palomas y los de las perdi- 
s arab ces; otros, amarillentos, como los de 
de los huevos las aves acuáticas; otros, cubiertos de 
puntos, como los de las pintadas*%; 
otros, de color rojo, como los de los faisanes y los del cerní- 
calo. Pero, por dentro, todo huevo de ave es de dos colores. 


34 Cf. Pues, VIE 101 y 120 ss: (camaleón), X 174 y 187 ss., y XXTX 
129 (lagarto), VIIT 85 ss, (serpiente), y IX 37 (tortuga). 

345 Se emplea aquí la transcripción griega cenchris «mijo», nombre en 
alusión a las manchitas negruzcas que salpican el plumaje rojo del animal. 

346 Capponi considera que el texto está corrupto aquí y propone otro 
cuya traducción es: «otros, cubiertos de puntos, como los de las pintadas 
y los faisanes; otros, de color rojo, como los del cernicalo». 


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424 HISTORIA NATURAL 


Los de las aves acuáticas tienen más de amarillo que de 
blanco, y el amarillo es más pálido que en los de las demás; 
los de los peces son de un único color y no contienen nada 
de blanco. Los huevos de las aves son frágiles por el calor, 
los de las serpientes elásticos por el frío y los de los peces 
blandos por el agua. Los de las aves acuáticas son redondos; 
los restantes, generalmente terminados en punta. Los huevos 
salen del ave por su parte más redonda. Hasta que se ponen, 
tienen la cáscara blanda, pero ésta se endurece inmediata- 
mente según va saliendo. Horacio Flaco?" piensa que los 
huevos que son alargados, son de un sabor más agradable. 
De los más redondos salen hembras; de los restantes, ma- 
chos?**, El ombligo de un huevo?” se halla por la parte de 
la punta como una gota sobresaliente dentro de la cáscara. 
53 Algunas aves, como las gallinas, se aparean y ponen 
en cualquier época, excepto en los dos meses del solsticio 
de invierno?%. Las gallinas jóvenes ponen más huevos que 
las viejas, pero más pequeños, y, dentro de la misma puesta, 
son más pequeños los primeros y los últimos. Son tan fe- 
cundas que algunas ponen hasta sesenta huevos. Unas po- 
nen una vez al día, otras dos y otras hasta reventar. Las más 
estimadas son las de Hadria***, Las palomas ponen diez ve- 


347 Cf. Sáf. 11.4, 12-13. : 

348 Tgual CoLum., VII 5, pero al contrario calamds miaRurcitos de 
ArisT., HA VI 2, 559229-30, Durante la Edad Media, con alguna voz dis- 
crepante como la de San Alberto Magno, fue corriente la afirmación de 
Plinio. Hoy se ha pensado que el error se deba a Estratón de Lámpsaco (s. 
ua, C.), 

34 Esto es, la meaja o galladura, 

350 Enero y febrero, aunque hay quien entiende diciembre y enero. 

351 En principio, dado que en lat. hay (Fadrianus, se trata de la ciu- 
dad del Piceno (lat. (Hadria: cf. PLi., UI 110), distinta de Atria (lat, 
Atria), situada en la región de Venecia (cf. Prw., MI 120). Sin embargo, 


LIBRO X 425 


ces al año y, en algunos casos, hasta once. En Egipto ponen 
incluso en el mes de plena época invernal. Las golondrinas, 
los mirlos, las palomas torcaces y las tórtolas ponen dos ve- 
ces al año; las demás aves, generalmente una vez, Los tor- 
dos, que hacen sus nidos con barro y casi pegados unos a 
otros en la copa de los árboles, procrean en un lugar aparta- 
do*”, A los diez días del apareamiento están plenamente 
desarrollados los huevos en el seno de la gallina o de la pa- 
loma, pero tardan más tiempo en estarlo si se las maltrata 
arrancándoles una pluma o haciéndoles otro daño similar?*, 

Todos los huevos tienen en medio de la yema como una 
pequeña gota sanguinolenta, lo que se considera que es el 
corazón del ave por creerse que aquél es lo primero que se 
forma en el cuerpo de cualquier animal. Lo cierto es que en 
el huevo esta gota salta y palpita. El cuerpo del animal 
mismo se forma del líquido blanco del huevo, Su alimento 
es la yema. Dentro del huevo, todos los polluelos tienen la 
cabeza mayor que la totalidad del cuerpo, y los ojos, cerra- 
dos y mayores que la cabeza. Al ir creciendo el polluelo, la 
parte blanca pasa al medio y la yema se extiende alrededor. 
Si a los veinte días se agita el huevo, se oye dentro de la 
cáscara la voz del animal que está ya vivo. A partir de este 
mismo momento le crecen las plumas y está colocado de 
manera que tiene la cabeza sobre la pata derecha y el ala de- 


debido a la cierta confusión que se ha dado entre el nombre de ambas 
ciudades, se duda de cuál de las dos es exáctamente aquí. 

32 Cf. $ 72. Parece hacerse referencia a la costumbre de los'tórdidos 
en general de retirarse por parejas a fin de procrear, Ha habido, no obs- 
tante, quien ha visto en esta observación una confusión entre el tordo y 
un pez lábrido que lleva el mismo nombre en griego (y en español). 

35 Parece que Plinio no ha entendido bien-a ArssT., HA VI 2, 560b19 
ss., que no dice que las gallinas tardan más en madurar el huevo si son 
maltratadas, sino que, en tales ocasiones, retienen el huevo que iban a 
echar y no lo ponen. 


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426 HISTORIA NATURAL 


recha sobre la cabeza. La yema desaparece poco a poco. 
Todas las aves nacen de pie, al contrario que los demás ani- 
males3%, Algunas gallinas ponen todos los huevos de dos 
yemas y salen a veces dos polluelos, uno mayor que otro, 
según mantiene Cornelio Celso*%, Algunos niegan rotun- 
damente que puedan salir dos polluelos?%*, No es aconseja- 
ble hacer incubar a una gallina más de veintinco huevos. 
Las gallinas comienzan a poner a partir del solsticio de in- 
vierno. La mejor nidada es la anterior al equinoccio de pri- 
mavera. La nacida tras el solsticio de verano no alcanza el 
tamaño debido y ello tanto menos cuanto más se retrase. 
Lo mejor es que se incuben. los 
54 (75) huevos dentro de los diez días poste- 
ptos e riores a la puesta. Los que tienen mu- 
de las que incuban Cho tiempo o son demasiado frescos 
son infecundos. Deben ponérsele a la 
gallina en número impar. Si al cuarto día de haber comen- 
zado a incubarse los huevos, se cogen a contraluz por la 
parte puntiaguda con la yema de los dedos y se ve un color 
claro y uniforme, se considera que son estériles y han de 
ponerse otros en su lugar?*”. También cabe hacer la prueba 
del agua: el huevo vacío flota y, por ello, los que se van al 
fondo, esto es, los llenos, son los adecuados para ponérselos 


35 Afirmación falsa, 

355 Enciclopedista romano de principios del s. 1 d, C. De su sb de se 
ha perdido gran parte y sólo se conservan completos 6 libros que tratan de me- 
dicina, El pasaje al que se hace referencia aquí no se nos ha conservado. 

35 El nacimiento de dos pollos es un hecho comprobado, pero ambos 
suelen morir inmediatamente. 

397 Cf. Varr., Agr. TH 9, 12-13. Este método de mirar los huevos al 
trasluz se practica aún hoy día, concretamente al quinto o sexto día de la in- 
cubación, y después nuevamente al décimoquinto o décimosexto de la mis- 
ma. Con la retirada de los infecundos se trata de impedir que su putrefac- 
ción impida la aireación de los sanos y lleve a la muerte a sus embriones, 


LIBRO X 427 


a la gallina. Pero no se debe sacudirlos con fuerza como 
prueba, porque, si se confunden los conductos vitales, no 
sale nada de ellos. La incubación se ha de iniciar después de 
la luna nueva, porque los huevos que se comienzan a incu- 
bar antes no son fecundos. Los huevos eclosionan antes en 
los días de calor. Por esto, en verano saldrá el polluelo a los 
diecinueve días y en invierno a los veinticinco. Si truena du- 
rante la incubación, se pierden los huevos. Y se estropean sí 
se oye el grito de un halcón**, El remedio contra los true- 
nos es un clavo de hierro puesto debajo de la cama de los 
huevos o tierra cogida de un arado. Algunos huevos eclo- 
sionan también sin incubación, por naturaleza espontánea, 
como en los estercoleros de Egipto. Se conoce la anécdota 
de un borracho de Siracusa que acostumbraba a beber hasta 
que los huevos cubiertos de tierra diesen polluelos **, 

Es más, incluso el hombre puedes 
na a hacerlos eclosionar, Julia Augusta, que 
procedente de huevos CM su primera juventud estaba espe- 

rando de Nerón a Tiberio César?%, de- 
seando vivamente dar a luz un varón, echó mano del si- 


358 Para Capponi, en la fuente de Plinio se trataría propiamente de un 
gavilán, un azor o un milano. 

35 Y a misma anécdota en Arust., VI 2, 559b2.4; ANTÍGONO DE Ca- 
RIsTO, Marav. 104; Geop. XTV 3 (vol, 222 de esta colección). En el caso 
de los estercoleros de Egipto, Aristóteles (loc. cit,), según Capponi, se re- 
feriría a huevos de aves desconocidas para nosotros y similares al aves- 
truz. Esta clase de aves forman un lecho de sustancias vegetales y de tie- 
rra para los huevos que los hace eclosionar cor el calor que desprende al 
descomponerse y fermentar. Plinio, al incluir esta noticia en medio de su 
larga disertación sobre los huevos de gallina, parece referirse a ellos. 

260 Livia Drusila (58 a. C.-29 d. C.) casó en primeras nupcias con Ti- 
berio Claudio Nerón, de donde nació el futuro emperador Tiberio. Des- 
pués se unió a Augusto, lo que le valió ser admitida en la familia Julia y 
tomar el nombre de Julia Augusta. 


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428 HISTORIA NATURAL 


guiente augurio propio de jovencitas: calentar un huevo en 
su seno y, cuando tenía que dejarlo, ponerlo en el de una 
nodriza, para que se mantuviese el calor ininterrumpida- 
mente. Y se dice que con este augurio no hizo una predic- 
ción errónea. Quizás a partir de aquí se ha tenido hace poco 
la idea de calentar los huevos a fuego lento poniéndolos so- 
bre pajas en un lugar cálido y dándoles la vuelta un hombre, 
de forma que así salgan de allí a la par los polluelos el día 
fijado, Se sabe de un criador de gallinas que era capaz de 
decir qué huevo había puesto cada una. Se cuenta también 
que, al morir una gallina, fueron vistos los gallos sustitu- 
yéndola por turnos, actuando en todo como una gallina 
clueca y dejando de cantar. Algo mucho más curioso resul- 
ta, cuando se hace incubar a una gallina huevos de pato y 
éstos eclosionan, la sorpresa que se lleva al principio al no 
reconocer claramente a sus crías, inmediatamente sus yaci- 
lantes sollozos al llamarlas con inquietud, y finalmente sus 
lamentos en torno a las aguas del estanque al zambullirse en 
él los polluelos llevados por el instinto. 
La buena raza de las gallinas se 
56 (77) conoce en la cresta erguida, a veces 
Cuáles son incluso doble, en las alas negras, en el 
dd pico rojizo, en los dedos desiguales y, 
alguna vez, en ese dedo traversal que 
tienen además de los otros cuatro**!. Para actos religiosos 
las de pico y patas amarillos no se consideran puras; para 
los ritos mistéricos se emplean las negras. Hay entre las ga- 
llinas también unas que son enanas y no estériles, lo que no 
ocurre en ninguna otra clase de aves, pero las que tienen es- 


361 En los pollos, se dan generalmente cuatro dedos: tres hacia delante 
y el pulgar hacia atrás, 


LIBRO X 429 


polones son raramente fecundas y, si se las pone a incubar, 
malogran los huevos. 

La pepita es muy dañita para todas 

57 (78) las clases de gallinas, sobre todo entre 

Sus enfermedades la época de la cosecha y la de la ven- 

precios dimia, El remedio es tenerlas a dieta y 

fumigar el gallinero, sobre todo em- 

pleando laurel y sabina, y atravesarles los orificios nasales 

con una pluma, que se mueve todos los días. Se les dará de 

comer ajo con farro o algo empapado en agua en la que se 

haya bañado un mochuelo, o algo cocido con semilla de 
«vid blanca»3% y otras cosas. 

58 Las palomas se besan con un ritual propio antes del 
apareamiento. Ponen generalmente dos huevos, porque la 
naturaleza regula esto de manera que hay unas aves que tie- 
nen las crías más frecuentemente y otras que las tienen en 
mayor número. La paloma torcaz y la tórtola ponen todo lo 
más tres huevos de una vez y no lo hacen más de dos veces 
cada primavera, y ello en el caso de que la primera vez se 
malogre la puesta y teniendo en cuenta que, aunque pongan 
tres huevos, nunca eclosionan más de dos: el tercero es in- 
servible y lo denominan ¿úrino*%. Entre las palomas torca- 
ces, la hembra incuba desde mediodía hasta la mañana si- 
guiente y el macho el resto del tiempo. Las palomas 
engendran siempre un macho y una hembra, primero el ma- 
cho y al día siguiente la hembra. En esta clase de animal, 
incuban ambos sexos, durante el día el macho y por la no- 
che la hembra. Los huevos eclosionan a los veinte días; se 
ponen cinco días después del apareamiento. En verano, a 


362 Bajo el nombre de vitis alba, Plinio encubre diversas plantas. Aquí 
hay quien entiende la nueza blanca y quien una clemátide. 

363 El término lat. urinum es transcripción del gr. oúrinon «lleno de 
aire» (en esp., «huero»). Cf. $ 166. 


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430 HISTORIA NATURAL 


veces salen tres pares de crías en dos meses, pues los hue- 
vos eclosionan a los dieciocho días y enseguida vuelven a 
formarse otros en el animal. Por esto, se encuentran a me- 
nudo huevos mezclados con los polluelos, y, cuando uno de 
éstos echa a volar, otros están saliendo del cascarón. Des- 
pués los polluelos mismos ponen con cinco meses. Y las 
hembras mismas, a falta de macho, se cubren igualmente 
unas a otras y ponen huevos inservibles de los que no sale 
nada, que los griegos llaman hipenemios?*%. 

59 El pavo real pone desde los tres años. El primer año 
pone uno o dos huevos; el siguiente, cuatro o cinco; los 
restantes, doce, no más, a intervalos de dos o tres días, y tres 
veces al año si se hacen incubar sus huevos a las gallinas?*%, 
Los machos los rompen llevados por el deseo de las hem- 
bras que los están incubando. Por esto ponen de noche o en 
escondrijos o subidas en alto, pero los huevos se rompen si 
no caen sobre algo blando. Un único macho basta para cin- 
co hembras. Cuando tiene sólo una o dos, la lascivia perju- 
dica su fecundidad. Los huevos eclosionan a los veintisiete 
días o, todo lo más tarde, a los treinta. 

Las ocas se aparean en el agua? y ponen en primavera 
o, si se aparean en plena época invernal, unos cuarenta días 
después del solsticio de invierno. Ponen dos veces al año, si 
las gallinas hacen eclosionar la primera puesta; de otra ma- 
nera, sus huevos son un máximo de dieciséis y un minimo 


3 Palabra griega que significa «lleno de viento», 

363 La razón es evitar lo que afirma a continuación el mismo Plinio, 
que el macho del pavo real rompa los huevos, Parece que en la observa- 
ción sobre la puesta se mezclan noticias de tres fuentes distintas o bien 
experiencias de criadores diversos. En todo caso, en la realidad las cosas 
no son exactamente como se dice aquí. 

366 En cambio, ArssT., HA YI 2, 560b10-11, dice que, tras ser monta- 
das por los machos, se zambullen en el agua. 


LIBRO X 431 


de siete. Si alguien se los quita, ponen hasta reventar. No 
hacen eclosionar los ajenos. Lo mejor es hacerles incubar 
nueve u once. Sólo las hembras incuban y lo hacen durante 
treinta días; durante veinticinco, si hace más calor. El con- 
tacto de la ortiga?” es mortífero para sus polluelos y no lo 
es menos su apetito desmesurado, ya por saciarse con exce- 
so, ya por su propio esfuerzo cuando, cogiendo a menudo 
una raíz con el pico e intentando arracarla, se rompen el 
cuello antes de lograrlo. El remedio contra la ortiga es meter 
su raíz bajo el nidal. 

Hay tres clases de garzas: la «blan- 


60 (79) ca», la «estrellada» y la «cenicien- 
Las clases ta», Estas últimas aves se aparean 
de garzas 


con dolor: los machos, en medio de 
gritos, incluso llegan a echar sangre 
por los ojos. Y no con menos dificultad ponen sus hem- 
bras*%, El águila incuba durante treinta días, como en gene- 
ral las aves de gran tamaño; las pequeñas, como el milano y 


367 Probablemente la ortiga mayor (Urtica dioica), aunque puede ser 
también la menor (Urica urens). 

36% Plinio las denomina con la transcripción de su nombre griego: leu- 
con, asterias y pelion, Se trata, según Capponi, de la garceta grande 
(Egretta alba), el avetoro (Botaurus stellaris) y la garza real (Árdea cine- 
rea), respectivamente, Cf. PLen., XI 140, donde la primera se presenta, 
sorprendentemente, con un único ojo. 

36% En el texto de Plinio, parece que este comportamiento se atribuye 
a las tres clases de garzas, pero, siguiendo a autores como André y Cap- 
poni, consideramos que ha de referirse sólo a la última clase, pues, si no, 
habría contradicción con ArrsT., HA 1X 1, 609b23-25 y IX 18, 617434, 
Quizás lo que ocurre en realidad es que, en la época considerada, las pa- 
rejas se pelean a picotazos y, de otro lado, durante la puesta el aflujo san- 
guíneo colorea de rojo los picos un tiempo muy corto (cf. AnDRÉ, «ar- 
diola»). 


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432 HISTORIA NATURAL 


el halcón, lo hacen durante veinte?”. Los milanos general- 
mente nunca ponen más de tres huevos; el ave que se llama 
egolio*”, pone incluso cuatro; el cuervo a veces incluso 
cinco. Incuban otros tantos días. El macho de la corneja 
alimenta a la hembra que está incubando. El arrendajo pone 
nueve huevos; el melancórifo?? más de veinte, siempre en 
número impar, y no hay ninguna otra ave que ponga más 
que ellos: hasta tal punto es mayor la fecundidad en las aves 
pequeñas. Los polluelos de la golondrina son ciegos al prin- 
cipio, y esto sucede por regla general en el caso de todas las 
aves que tienen un número bastante grande de crías, 
(80) Los huevos infecundos, que he- 
Qué son huevos hueros, 108 llamado hipenemios, los produ- 
rie hibenemios cen las hembras o bien al imaginarse 
Cómo se conservan que sienten deseos de acoplarse con 
mejor los huevos Otrag o bien al revolcarse en el polvo, 
y no sólo las palomas, sino también las gallinas, las perdi- 
ces, los pavos reales, los gansos y los tarros blancos. Son 
huevos estériles, más pequeños, de peor sabor y más líqui- 
dos. Algunos piensan que son engendrados también por el 
viento, razón por la cual los llaman asimismo cefirios?”. 


370 El halcón, en general, incuba durante treinta y cuatro o treinta y 
cinco días, por lo que aqui se debe de hacer referencia a una de las espe- 
cies que tarda menos, como el halcón peregrino (Falco peregrinus) o el 
de Eleonora (Falco eleonorae). 

311 El nombre es una corrección de los editores a partir de ArIsT., FA 
VI 5, $63a31-32 (los manuscritos dan aegonos, egonos y aegornos). Para 
Capponi, se trata del cárabo (Sírix aluco), si bien se ha pensado también 
en la lechuza común (Tyto alba). 

372 Este término no designa aqui la misma ave que en $ 86, sino al 
carbonero común (Parus maior). 

373 Esto es, correspondiente al Céfiro, viento del O, suave y templado, 
anunciador de la primavera. Adjetivo, pues, en la línea de los ya emplea- 


LIBRO X 433 


Los huevos hueros, que otros han denominado cinosuros?”, 

se producen sólo en primavera cuando se interrumpe la in- 

cubación. Los huevos, cuando se maceran en vinagre, se 

ablandan tanto que puden pasar por un anillo. La mejor ma- 

nera de conservarlos es en harina de habas o, en invierno, en 

paja y, en verano, en salvado. Se cree que con la sal se va- 

cían. 

6160) Entre las aves solamente es viví- 

Cuál de las aves paro el murciélago?*”, que también es 

en sere el único que tiene alas membranosas. 

y los alimenta Es asimismo la única de las ayes que 

Orienta alimenta a las crías con leche de sus 

pechos. Pare dos y, cuando son recién nacidas, vuela de un 

lado a otro con ellas abrazadas y las lleva así consigo. Se 

cuenta que tiene una sola anca. Le gusta muchísimo comer 
mosquitos. 

6282) Por el contrario, entre los animales 

Qué animales terrestres Terrestres ponen huevos las serpientes, 

ponen huevos. de las que aún no se ha hablado. Se 

Reproducción P 

de las serpientes  PACan enlazándose, enroscadas entre 

ellas de tal forma que, como están, 

pueden tomarse por una sola con dos cabezas. El macho de 

la víbora mete en la boca de la hembra la cabeza, que ella 


dos para referirse a este tipo de huevos (úrino, $ 158, e hipemenio, $$ 
160 y 166), 

374 Esto es, «de cola de perro», por la confusión entre las palabras 
griegas oúros «viento» y ourá «cola». Hay quien quiere dar al término el 
sentido de «del color de la orina de perro», referido al color de este tipo 
de huevos, 

375 Como es sabido, se trata de un mamífero y no de un ave. Para 
MacRr., Saturn. VIX 16, 7, es de naturaleza incierta. El nombre del animal 
en lat., vespertilio (y en gr., nykteris), hace referencia a su salida a la caí- 
da de la tarde. 


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mi 


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434 HISTORÍA NATURAL 


roe con la dulzura del placer?*”, Entre los animales terrestres 
la víbora es la única que pone los huevos en su propio inte- 
rior?”, de un solo color y blandos, como los peces. A los 
tres días hace salir a las crías dentro de su vientre. Después 
cada día pare una, por lo general hasta veinte. De aquí que 
las demás, sin poder aguantar tal lentitud, rasgen el costado 
de la madre y causen su muerte. Las demás serpientes incu- 
ban sus huevos en tierra y pegados unos a otros y los hacen 
eclosionar al año siguiente, El macho y la hembra del coco- 
drilo se turnan en la incubación*”*, Pero tratemos también 
de la reproducción de los restantes animales terrestres. 

Entre los bípedos sólo el hombre 


63 (83) es viviparo. Unicamente el hombre se 
Reproducción : A : . 
delodos los antinalés arrepiente después del primer coito; 

terrestres presagio, sin duda, de cómo va a ser 


una vida que tiene un origen digno de 
arrepentimiento?”?. Los demás animales se acoplan en épo- 
cas fijas del año; el hombre, como se ha dicho?*%, a cual- 
quier hora del día y de la noche. Los demás animales se sa- 
cian con el coito; el hombre es casi insaciable. Mesalina, 
esposa del emperador Claudio?*!, considerando digna de 


376 Se trata de la víbora común (Vipera berus) o de una cornuda (Vi- 
pera ammadytes). Cf. Herop., UI 109, 1 ss,; Ex,, 1 24; Ism., Efim. XH 
4, 11, 

37 Esto es, se considera que la víbora es vivípara aparentemente, pues 
se entiende que pone huevos, pero que éstos eclosionan en su interior. 

37 Probablemente, el cocodrilo del Nilo (Crocodilus niloticus), que, 
como cualquier otro, no incuba propiamente los huevos, sino que los en- 
tierra y deja que eclosionen por sí mismos. Cf. PLm., VIII 89 ss, 

37 Este pesimismo al reflexionar sobre la existencia humana resulta 
reiterativo en el libro VII de la presente obra. 

30 Cf, Pues, VII 38. 

38l Mesalina (c. 25-48 d. C.) fue la tercera esposa del emperador 
Claudio (41-54 d. C.), que la mandó ejecutar. Su cormpción es resaltada 


LIBRO X 435 


una reina la palma ganada en una competición en este terre- 
no, eligió para competir en ella a la más famosa de las pros- 
titutas profesionales, y la venció con veinticinco coitos en 
una noche y el día siguiente. En la especie humana, los va- 
rones tienen formas desviadas de gozar del placer amoroso, 
que en todos los casos van contra la naturaleza; las mujeres, 
por su parte, abortan. ¡Cuánto más culpables somos en este 
aspecto que las fieras! Hesíodo*% dice que el apetito sexual 
de los varones es mayor en invierno y el de las mujeres en 
verano. 

Los elefantes, los camellos, los tigres, los linces, el rinoce- 
ronte, el león, el dasípodo y los conejos*%, todos los cuales 
tienen los genitales hacia atrás, se aparean uniendo trasero 
con trasero? Además, para hacerlo, los camellos buscan de- 
siertos o, por lo menos, lugares apartados, y no se les puede 
interrumpir sin riesgo. Su acoplamiento dura todo un día y, 
entre todos los animales, únicamente en ellos se da esto. 
Dentro de los cuadrúpedos solípedos, los machos se excitan 
con el olor de la hembra**, También los perros, las focas y 
los lobos se dan la vuelta a mitad de la unión y permanecen 
enlazados así aunque no quieran. Entre los dasípodos, citados 
rás arriba, generalmente son las hembras las primeras que 


por varios escritores antiguos: cf., p. ej., Juv., VI 118, donde se la deno- 
mina meretrix Augusta, y X 329 ss,, donde se relata su boda formal con 
un joven favorito estando ya casada con Claudio. 

38 Cf. Trabajos y días $86 ss. También Arisr,, EA V 8, 542a32-33. 

383 Para estos animales, cf. PLmÓ., VIII 13, 67, 66, 70, 71, 47, 209 y 
217, respectivamente. 

384 Para esta forma de unión, cf, ArisT., HA V 1, 539b22-24. 

385 Hay quienes entienden aquí otra puntuación, lo que da una traduc- 
ción como la siguiente: «Su acoplamiento dura todo un día, lo que no 
ocurre más que en ellos de entre todos los solípedos. Dentro de los cua- 
drúpedos, los machos se excitan con el olor de la hembra». 


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436 HISTORIA NATURAL 


montan?**, tratándose de los demás animales, lo son los ma- 
chos. Por otra parte, los osos, como se ha dicho**”, se aparean 
acostados a la manera humana; los erizos, estando de pie am- 
bos y abrazado uno a otro; los gatos, estando el macho de pie 
y la hembra echada debajo; los zorros, echados sobre un cos- 
tado y abrazada la hembra al macho. Las hembras de los toros 
y de los ciervos no pueden aguantar la acometida del macho. 
Por esta razón, caminan durante el acoplamiento. Los ciervos 
van pasando sucesivamente de hembra en hembra hasta vol- 
ver a la primera. Los lagartos, como los animales sin patas, se 
emparejan enlazándose. 

Todos los animales son menos fecundos: cuanto más 
grandes son sus cuerpos. Engendran un sólo animal los ele- 
fantes, los camellos y los caballos; doce, el jilguero*, ave 
pequeñísima. Paren más rápidamente los que más éngon> 
dran. Cuanto más grande es el animal, tanto más tiempo tar- 
da en formarse en el seno materno. La gestación dura más 
en los que viven más, y, mientras un animal está creciendo, 
su edad resulta inadecuada para la procreación. Los solípe- 
dos paren una cría; los animales bisulcos, hasta dos; los de 
patas divididas en varios dedos, también tienen una descen- 
dencia más numerosa, Pero los dos primeros paren las crías 
formadas del todo; los últimos, en sus comienzos, y éste es 
el caso de las leonas y las osas. Y la zorra pare una cría in- 


386 No se trata del verdadero acoplamiento, que tiene: lugar cuando el 
macho cubre, a su vez, a la hembra. 

387 Cf. Pra, VII 126, 

388 Se emplea aquí el término acanthis, transcripción del nombre 
griego, de ákantha «espina», En efecto, el jilguero (Carduelis carduelis) 
se alimenta sobre todo de semillas de cardo y girasol. No obstante, es 
discutible si en el presente parágrafo no hay en realidad una confusión 
con un pájaro pequeño, más concretamente con el herrerillo común (Pa- 
rus caeruleus), al que corresponde más adecuadamente el número de 
huevos ofrecido por Plinio. 


LIBRO X 437 


cluso menos formada que los animales acabados de citar, y 
es raro verla parir. Después, todos estos animales lamiendo 
a las crías les dan calor y forma. Paren todo lo más cuatro. 
Por otro lado, las engendran ciegas los perros, los lobos, las 
panteras y los chacales. 

Hay muchas clases de perros. Los laconios?*%, en ambos 
sexos, se reproducen a los ocho meses. Las hembras están 
preñadas durante sesenta días o, como máximo, tres días 
más. Las restantes clases de perras son capaces de acoplarse 
también a los seis meses. Todas quedan preñadas con un 
solo acoplamiento. Las que conciben antes de la edad debi- 
da, tienen cachorros que son ciegos durante más tiempo, y 
todos lo son por el mismo número de días. Se piensa que le- 
vantan la pata para orinar en torno a los seis meses: esta es 
la señal de que han alcanzado todo su vigor. Las hembras 
hacen lo mismo agachándose. Paren doce cachorros cuando 
más y, por lo general, cinco o seis y, en algún caso, uno, lo 
que se considera un prodigio, lo mismo que el hecho de que 
resulten todos machos o todos hembras. Paren primero a los 
machos; en los restantes animales, alternan macho y hem- 
bra. Las perras pueden ser cubiertas seis meses después del 
parto. Las laconias paren ocho cachorros. En esta clase de 
perros resulta característica la lascivia que produce el es- 
fuerzo en los machos, Los machos laconios viven diez años; 
sus hembras, doce; las restantes clases de perros, quince, en 
algún caso incluso veinte, y no se reproducen durante toda 
su vida: dejan de hacerlo generalmente a los doce años. 

Todas las características de los gatos y de las mangostas 
son como las de los perros, excepto que viven seis años?” 


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382 Empleados especialmente para la caza. Para Laconia, cf. PLim,, IV 16, 
3% No está claro si Plinio se refiere al gato doméstico a al montés. 
Desde luego, el primero suele vivir más de seis años; en cambio, el se- 


180 


18 


pu 


438 HISTORIA NATURAL 


Las dasípodos paren todos los meses y están sujetas a la su- 
perfetación?” como las liebres. Inmediatamente después del 
parto quedan preñadas de nuevo. Conciben aunque sus crías 
mamen aún. Pero paren crías ciegas. Las elefantas, como 
hemos dicho*”, paren una sola cría del tamaño de un terne- 
ro de tres meses. Las camellas están preñadas doce meses. 
Desde los tres años paren en primavera y de nuevo, un año 
después del parto, se quedan preñadas. Por otra parte, se pien- 
sa que las yeguas son cubiertas con éxito sólo tres días o un 
día después del parto, y se las fuerza a ello aunque no quieran. 
Se cree que las burras conciben también con muchísima faci- 
lidad a los siete días del parto. Recomiendan cortar las crines 
a las yeguas, para que acepten con humildad el apareamiento 
con los asnos, pues, cuando las tienen largas, están llenas de 
orgullo. Son los únicos animales que después del aparea- 
miento corren de cara al aquilón o al austro según hayan con- 
cebido un macho o una hembra. Mudan al punto su color, y 
su pelo se vuelve más rojo o, cualquiera que sea aquél, más 
intenso. Ésta es la señal para que dejen de ser cubiertas, aun- 
que lo quieran. La preñez no impide a algunas trabajar ni 
tampoco se nota. Tenemos el ejemplo de una yegua del tesa- 
lio Equecrátides que ganó en Olimpia estando preñada?%, 
Autores bastante precisos observan que los caballos, los pe- 
rros y los cerdos buscan el acoplamiento por las mañanas, pe- 


gundo, que es el habitualmente conocido por los antiguos, tiene una vida 
más corta, Para la mangosta, cf, PLin., VIT 87 ss, 

21 Cf. Prow., VI 219, 

32 Cf. VIN 28, Luego hablará de ellos nuevamente en $ 175 del pre- 
sente libro, 

393 Equecrátides era de Farsalo, en Tesalia, región famosa por sus ca- 
ballos. El hecho, que no nos es conocido por ninguna otra fuente, pudo 
tener lugar a comienzos del s. v a, C, En la Antigiiedad, se pensaba que 
las yeguas eran más veloces que los caballos y eran empleadas en las ca- 
rreras. Cf., p, ej., VIRG., Geórg. 159. 


LIBRO X 439 


ro que las hembras se prestan más a él después de medio- 
día, Dicen también que las yeguas domadas entran en celo 
sesenta días antes que las que viven en manadas, que sólo los 
cerdos echan espuma por la boca en el apareamiento, que el 
verraco, tras oír la voz de la hembra en celo, si no puede cu- 
brirla, deja de tomar alimento hasta quedarse en los huesos, y 
que, por su parte, las hembras se ponen tan enfurecidas que 
son capaces de desgarrar al hombre, sobre todo si va vestido 
de blanco. Esta furia se mitiga rociándoles el sexo con vina- 
gre, Se piensa que el deseo de aparcamiento se estimula tam- 
bién con los alimentos, y lo que es para el varón la oruga?*”, 
lo es para el ganado menor la cebolla*%, Resulta admirable 
que los animales salvajes que son domesticados no conciban, 
como los gansos, y que, en cambio, los jabalíes y los ciervos 
lo hagan tardíamente y siempre que hayan sido críados en 
cautividad desde pequeños. Las hembras preñadas de los cua- 
drúpedos, excepto la yegua y la cerda, rechazan el acompla- 
miento, Sólo tienen la posibilidad de superfetación el dasíipo- 
do y la liebre. 
Todos los vivíparos paren a las 
_ 64(84%) crías de cabeza tras darse la vuelta el 
prenda feto estando próximo el parto, mien- 
en el útero tras el resto del tiempo está extendido 
en el útero?”, Los cuadrúpedos, du- 
rante la gestación, se hallan con las patas estiradas y puestas 


39 ArisT., HA V 14, 546221-23, hace la observación únicamente a 
propósito de los cerdos. 

395 La planta crucífera llamada cientificamente Eruca sativa. Cf. 
Pr.aw,, XIX 117, 123 y 154, y XX 125, 

39 Para sus efectos medicinales, cf. PLIN., XX 39 ss, 

397 Pro (VII 45) considera que el parto en posición podálica resulta 
contrario a la naturaleza. 


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440 HISTORIA NATURAL 


contra su vientre; el hombre, replegado sobre sí mismo y 
con la nariz metida entre las rodillas*%. Se piensa que las 
molas, de las que hemos hablado anteriormente*%, se for- 
man cuando la mujer no concibe del varón, sino sólo de sí 
misma, y que no se llenan de vida, porque no nacen de los 
dos sexos, y que por sí mismas tienen aquella vida propia de 
los árboles y las plantas. 

65 Entre todos los animales que paren las crías formadas 
del todo, únicamente los cerdos paren también muchas, pues 
un gran número de crías va contra la naturaleza de los solÍ- 
pedos y de los animales bisuicos, 

La fertilidad de los ratones*” su- 

(85) pera a la de todos los animales y se ha 

ds pte de hablar de ella no sin cautela, aun- 
ahora el nacimiento Que se haga bajo la autoridad de Aris- 
tóteles%! y la de los soldados de Ale- 

jandro Magno*%, Se dice que consta que se reproducen la- 
miéndose, no apareándose, Se cuenta que de una sola hem- 
bra han llegado a salir ciento veinte crias y que, por otra 
patte, entre los persas hasta se han encontrado en el vientre 
de la madre hembras ya preñadas, Y hay quien opina que se 


29% Se creía que los oídos se debían a la presión ejercida por las dos 
rodillas. 

29 Cf. PLiw,, VIT 63, 

10% No el ratón casero (Mus musculus), sino el de campo o topillo 
campesino (Microtus arvalis), No obstante, hay quien piensa que se trata 
aquí de un término genérico que incluye diversos roedores (la rata, el ra- 
tón casero, el campesino, etc.), alguno de los cuales son citados después. 

191 Cf. HA VI37, 580b10 ss. 

402 Esta alusión de Plinio hay que entenderla, quizás, a la vista de EL, 
XVII 17, donde, basándose en Amintas, que escribió sobre la expedición 
de Alejandro Magno, el autor habla del comportamiento de los ratones 
del Caspio. 


LIBRO X 441 


quedan preñadas al probar la sal. Así pues, no es extraño 
que una cantidad tan grande de ratones de campo devaste 
las mieses. Y a propósito de ellos también nos resulta aún 
algo inexplicable cómo aquella multitud desaparece de 
pronto, pues ni se encuentran muertos ni hay quien du- 
rante el invierno haya desenterrado un ratón al cavar el 
campo. Así muchísimos van a la Tróade** y ya en una 
ocasión hicieron huir de allí a sus habitantes“, Su núme- 
ro crece con la sequía, Cuentan también que, cuando van a 
morir, se forma una larva en su cabeza, Los ratones de 
Egipto ** tienen duro el pelo como los erizos y asimismo 
pueden caminar sobre dos patas como los de los Alpes *“*, 
[Cuando animales de distinta especie se aparean, engren- 
dan sólo en el caso de que ambos tengan el mismo período 
de gestación]*”, Que, como cree la gente, entre los cua- 
drúpedos ovíparos, los lagartos % pongan los huevos por 
la boca, Aristóteles *” lo niega. Y éstos tampoco incuban, 
porque olvidan en qué lugar han puesto los huevos, ya que 
este animal no tiene nada de memoria. De aquí que las 
crías salgan por sí mismas. 


10 Cf. PLm., V 121. 

404 Cf. EL., XVI 41, donde se “reñi iere la kuida de ciudades de Italia 
ante la invasión de ratones de campo, y el mísmo PLmN., VII 104 y 222, 
donde los habitantes de una de las islas Cicladas huyen asimismo a la lle- 
gada de estos roedores, 

205 Se trata de una especie de jerbo, quizás el Dipus aegypticus. Cf. 
PuIiN., VHI 132. 

40 Marmotas comunes (Marmota marmota). Cf. PLen., VI 132. 

107 Parece que este texto está fuera de lugar. 

408 Ta especie Lacerta muralis o bien la Lacerta viridis, 

40% Cf. HA V 33, 558a16 ss. 


188 


189 


190 


442 HISTORIA NATURAL 


En muchos autores hallamos que 
de la médula espinal del hombre nace 
una culebra*”, En efecto, muchos ani- 
males tienen un origen oculto y o0scu- 
ro, incluso entre los cuadrúpedos. 

67 Es el caso de las salamandras*!!, animal con forma 
de lagarto, cubierto de estrellas, que no aparece sino con 
grandes lluvias y que deja de hacerlo con cielo sereno. Es 
este animal tan frío que con su contacto apaga el fuego co- 
mo si fuera hiclo*'?, Cualquier parte del cuerpo humano que 
entre en contacto con la baba lechosa que echa por la boca, 
pierde todos los pelos y la zona que ha estado en contacto 
con ella cambia de color y se convierte en un vitiligo. 

Asi pues, hay animales que nacen 
ue aia de seres no engendrados y sin tener 
nacen de seres ningún origen semejante al de los ci- 

no engendrados. tados más arriba y al de todos los que 
Cuáles, nacidos, Ñ A A 

no engendran, la primavera o una época determinada 

En cuáles del año hacen nacer. Entre éstos hay 

rios algunos que nada engendran, como 

las salamandras, y en ellos no hay ni 

macho ni hembra, como no los hay en las anguilas ni en to- 

dos los animales que ni son vivíparos ni oviparos. No son de 

ninguno de los dos sexos ni las ostras*!* ni los otros anima- 

les que se adhieren al fondo del mar o a una roca. Por su 

parte, los que se engendran por sí mismos, si se diferencian 

en macho y hembra, por apareamiento engendran cierta- 


66 (86) 
Las salamandras 


410 Cf. Ov., Met, XV 389-390, que parte probablemente de Antigono 
de Carisio, EL.,, 1 51, concluye que o se trata de una fábula o la culebra 
nace del cadáver de un malvado, 

ll Probablemente la salamandra común (Salamandra salamandra). 

412 Sextio Nigro, al decir del mismo PLinio (XXIX 76), lo negaba. 

413 La ostra europea (Ostrea edulis). 


LIBRO X 443 


mente algo, pero imperfecto y diferente a ellos mismos y de 
lo que no se engendra nada más, como las moscas que pro- 
ducen larvas. Esto lo dejará más claro la naturaleza de los 
animales que se llaman insectos, todos de difícil descripción 
y que han de ser explicados en un trabajo especialmente de- 
dicado a ellos*!*, Por eso, a continuación se van a añadir ca- 
racterísticas de los animales que se han citado ya y lo que 
quede por exponer sobre ellos, 

69 (88) Entre los sentidos, el tacto y des- 
Los sentidos de los. Pués el gusto son en el hombre supe- 
animales. riores a los de los demás animales; en 

Todos tienen tacto, 1 tant tid d 
Cuáles tienen os restantes sentidos es superado por 
con especial desarrollo muchos de ellos. Las águilas ven con 
Pei mayor nitidez, los buitres tienen un 

cuáles el olfato A dy e 
y cuáles el oído. olfato más fino*” y los topos*'* oyen 
_, Lostopos. con mayor claridad: a pesar de estar 

Si las ostras tienen cido ] ñ y 

metidos bajo la tierra, elemento de la 
naturaleza tan denso e incapaz de transmitir el sonido, y a 
pesar de que además toda voz tiende a subir, oyen perfec- 
tamente una conversación y, según se dice, si se habla de 
ellos, incluso se dan cuenta y salen huyendo. Al hombre al 
que se le niega el oído desde niño, también se le arrebata el 
uso del lenguaje, y no existen sordos de nacimiento que no 
sean también mudos. Entre los animales marinos, no resulta 
verosímil que tengan oido las ostras, pero se dice que las 


414 E] libro XI de la presente obra. 

415 De aquí que, como ha dicho Plinio en $ 19, acudan a donde va a 
haber cadáveres, Esto se dice explicitamente, p. ej., en Lucr., IV 679, 
Sin embargo, Capponi considera que en la realidad lo que guía a esta cla- 
se de animales es la vista, que les permite, p. ej., observar a los cuervos 
en torno a los cadáveres. : 

416 El topo ciego (Talpa caeca), no el común (Talpa europaea), 


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444 HISTORIA NATURAL 


navajas?!” se sumergen cuando se hace ruido, Por ello, los 
PESERGoTES acostumbran a estar en silencio. 

Ciertamente los peces no tienen ni 

70 (89) miembros ni orificios de audición**, 

Qué peces oyen Sin embargo, está claro que oyen, da- 

con mayor claridad 48 due en algunos viveros se puede 

ver que peces sin adiestrar suelen ve- 

nir a comer juntos cuando se dan palmadas, y en los estan- 

ques del César los peces acuden al nombre de su especie o, 

en algunos casos, al suyo propio*!”. Y así se considera que 

también oyen con muchísima claridad el mújol, la lubina, la 
salpa y el cromis*, y por ello viven en el fondo*, 

(90) Es evidente que los peces tienen olfato, ya que no 
todos son pescados con el mismo cebo y antes de tirarse a Él 
lo huelen. Incluso hay algunos que están escondidos en cue- 
vas, a los que el pescador, untando la entrada del roquedal 
con salazón, los hace salir como si huyeran al reconocer su 
propio cadáver. Y acuden incluso desde alta mar a ciertos 
olores, como el de la sepia quemada o el del pulpo, y, por 
ello, se pone esto en las nasas. Ciertamente les repele de le- 
jos el olor de la sentina de los navíos, pero sobre todo el de 
otros peces. El pulpo no puede arrancarse de las rocas, pero, 
al acercarle cunila*? y olerla, inmediatamente da un salto 
hacia atrás. También se cogen las púrpuras con cosas malo- 


217 Quizás el longeirón (Soler marginatus). Cf. PLIw., XT 139, 

118 Durante mucho tiempo se ha sido de este parecer, pero no es algo 
exactemente cierto. 

419 Cf. PLn., XXXI1 16-17; Marc,, IV 30, 7. 

220 Para estos cuatro peces, cf. PLim., IX 31, 57, 68 y 57, respective- 
mente. 

421 Arasr., HA 1V 8, 534a10, al contrario de Plinio, que es quien tiene 
razón, dice que los peces de oído menos fino viven en el fondo. 

12 Se ha pensado en varias plantas, como la ajedrea blanca (Saturea 
hortensis), el orégano (Origanum vulgare) y la olivarda (Inula viscosa). 


LIBRO X 445 
lientes*%, Y ¿quién tendría dudas en lo que concierne a los 
demás animales? Las serpientes se ahuyentan con el olor del 
cuerno de ciervo, pero sobre todo con el del estoraque**; 
con el olor del orégano o de la cal o del azufre se matan las 
hormigas. Los mosquitos van buscando lo ácido, no vuelan 
a lo dulce*”, ? 

71 Todos los animales tienen el sentido del tacto, inclu- 
so aquellos que no tienen ningún otro, pues también lo tie- 
nen las ostras y, entre los terrestres, incluso los gusanos. 

01) Me inclinaría a pensar que todos 
Diversidad los animales tienen también el sentido 
de los animales del gusto. Pues, ¿por qué a unos les 

en lo concerniente 
a su alimento agradan unos sabores y a otros otros? 
E incluso se puede decir que en ello 
radica la principal variedad de la naturaleza y su principal 
gracia**, Unos animales cogen la presa con los dientes, 
otros con las uñas, otros la desgarran con la curvatura del 
pico, otros le sacan el alimento con la anchura de éste, otros 
la penetran con la punta del mismo, otros la chupan, otros la 
lamen, la sorben, la muerden, la devoran. Y no es menor 


423 En IX 130-132, Plinio ha citado otro procedimiento distinto para 
coger la púrpura, 

22 Esta planta (Styrax officinalis) servia para sacar una especie de re- 
sina o goma (cf. XII 81 y 124-125) y se empleaba en medicina y perfu- 
mería (cf. XXIV 24 y XXVI 46). 

425 Quizás se trata, en realidad, de la llamada mosca del vinagre (Dro- 
sophila). 

126 El texto latino, que es inseguro, supone una conjetura de Mayhoff. 
Pero Saint Denis considera que ésta, además de ser aventurada y, paleo- 
gráficamente, muy atrevida, da lugar a un pensamiento más cercano al 
epicureismo que a las ideas estoicas de Plinio al respecto (cf. 11 14-27), 
Por ello, este autor (y algún otro) prefiere la lección naturae architecti- 
que uis de algunos manuscritos, con lo que traduciremos: «...radica el 
principal poder de la naturaleza y de su arquitecto». 


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446 HISTORIA NATURAL 


la variedad que se da en el empleo de las patas, para llevarse 
la presa, desgarrarla, retenerla, apretarla, colgarse de un sitio 
o no dejar de escarbar la tierra. 

Los corzos” y, como hemos di- 


72 (92) cho**, las codornices, animales muy 
Cuáles viven anaiilos. engordan con venenos *”, 
de venenos 


Pero, por el contrario, las serpientes lo 
hacen con huevos. Y, en ello, cierta- 
mente resulta digno de contemplarse el arte de los dragones, 
pues o bien se los tragan enteros, si su garganta tiene capa- 
cidad para ello, y después, enroscadas en sí mismas, los 
rompen en su interior y así expectoran las cáscaras, o bien, 
si son serpientes aún demasiado jóvenes, los cogen con sus 
espiras y los aprietan tan paulatinamente y con tanta fuerza 
que, tras cortarse una parte como con un hierro, sorfben la 
otra, que mantienen cogida, De manera similar, tras devorar 
aves enteras, expulsan su plumaje haciendo esfuerzos. 
Los escorpiones viven de tierra %0 
e DS A las serpientes, cuando tienen oca- 
re od % sión, les gusta sobre todo el vino, si 
por hambre o porsed bien, de todas formas, necesitan beber 
poco. Asimismo necesitan comer po- 
quísimo o casi nada, cuando se las mantiene encerradas, lo 
mismo que las arañas, que, por lo demás, viven de lo que chu- 
pan. Por ello, ningún animal venenoso se muere de hambre 


227 Pero en otros autores (cf,, p. ej., Lucr., IV 640-641 y V 899-900) 
se habla de cabras: quizás se ha confundido en los manuscritos caprae, 
«cabras» con capreae, «cabras montesas» O «COrZO5», 

18 Cf. 5 69. 

422 Esto es, con plantas venenosas. Cf, PLim., XI 280, donde se dan 
otros ejemplos de animales que se alimentan de venenos, 

4 El Scorpio europaeus, que, desde luego, no se alimenta de tierra. 
Quizás Plinio ha malentendido a ArisróTELES, HA V 26, 555b, donde se 
habla de los «escorpiones de tierra». 


LIBRO X 447 


o de sed, pues ni tienen calor ni sangre ni sudor, cosas que, 
con su sal natural, aumentan el apetito. Y en esta clase de 
animales todos son más mortíferos si se han comido a uno 
de su propia especie antes de hacer daño. Las «esfinges» y 
los «sátiros»** esconden su alimento en las bolsas de sus 
mejillas, después lo sacan de aquí poco a poco con las ma- 
nos para comerlo, y lo que las hormigas acumulan para un 
año, éstos lo acumulan habitualmente para un día o unas ho- 
ras, 

73 Hay un solo animal entre los que tienen dedos que se 
alimenta de hierba, la liebre. De hierba y de mieses lo hacen 
los solípedos, y, entre los bisulcos, los cerdos comen de to- 
do, incluso raíces. Es característico de los solípedos el re- 
volcarse. Los que tienen dientes en forma de sierra son to- 
dos carnivoros*?; los osos viven tanto de mieses, hojas, 
uvas y manzanas como de abejas, e incluso de cangrejos y 
hormigas. Los lobos, como hemos dicho**, también de tie- 
rra cuando tienen hambre. El ganado menor engorda be- 
biendo. Por ello, le resulta muy conveniente la sal. Asimis- 
mo, las bestias de carga, aunque se alimentan tanto de 
mieses como de hierba, comen en la medida en que han be- 
bido. Además de los animales ya citados, entre los salvajes 
rumian los ciervos cuando son alimentados por el hombre. 
Por otra parte, todos lo hacen más bien echados que de pie, 
y en invierno más que en verano, en torno a siete meses. 
También los ratones del Ponto**, de manera similar, masti- 
can por segunda vez el alimento. 


481 Cf. PLin., VHL 72 y 216, respectivamente. 

42 Cf. PLrx., XI 160 ss., donde se clasifican los animales según sus 
dientes. 

133 Cf, Praw,, VII 83. 

434 C£ Prix, VIM 132. 


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448 HISTORIA NATURAL 


Por otra parte, en lo que se refíe- 


(94) re a beber, los animales que tienen 
Diversidad los dientes en forma de sierra, lamen, 
al beber 


y lo hacen nuestros ratones comunes, 
aunque sean de otra clase que ellos; 
los que tienen los dientes continuos, sorben, como los ca- 
ballos y los bueyes; no hacen ni lo uno ni lo otro los osos, 
pero también tragan agua a mordiscos. En África la mayor 
parte de las fieras no beben en verano por la falta de llu- 
vias, razón por la cual los ratones de Libia**, si beben una 
vez capturados, se mueren. Las zonas perpetuamente se- 
dientas de África engendran el órix*S, que, por la natura- 
leza del lugar, no puede beber y sirve de manera admirable 
como remedio de los sedientos, pues los ladrones getu- 
los*” resisten con esta ayuda, porque, al abrir el cuerpo de 
estos animales, se encuentran vegijas llenas de un líquido 
altamente reparador. 

En la citada África, los leopardos se sitúan en un árbol 
espeso y, ocultos, saltan desde las ramas sobre los que pasan 
y los atacan desde el lugar propio de las aves. ¡Con qué si- 
lencio, con qué ligereza de pasos se precipitan, sin duda, los 
gatos sobre las aves! ¡Cómo saltan sobre los ratoncillos tras 
observarlos ocultamente! Tapan sus excrementos haciendo 
un agujero en tierra, por entender que aquel olor es señal de 


su presencia %, 


45 Quizás se trata del ratón de Egipto citado más arriba en $ 186, 

436 Cf. Prix, VI 214. 

47 Cf. Pm, V 10, n, 40, 17, y 30, n. 105. 

438 Es una costumbre real de los gatos, si bien la razón dada para ello 
por Plinio es discutible. 


LIBRO X 449 


Y, así pues, queda claro sin difi- 203 


74 (95) cultad que también existen en los 
Qué animales : . 
o conpenión animales algunos otros sentidos que 
entre sí los señalados más arriba. En efecto, 


hay entre ellos ciertos enfrentamien- 
tos y amistades, de donde también derivan determinadas 
reacciones, dejado aparte lo que hemos dicho de cada uno 
de ellos en sus lugares correspondientes **”. Tienen desave- 
nencias los cisnes y las águilas y, de otra parte, el cuervo y 
el clóreo*”, que de noche se buscan recíprocamente los 
huevos. De modo similar, el cuervo y el milano, dado que 
aquél quita a éste los alimentos, las cornejas y los mochue- 
los*%, las águilas y el chochin** (si lo queremos creer, por- 
que éste es denominado rey de las aves*%), los mochuelos y 
las demás aves menores, la comadreja y la corneja de nuevo 


42 Cf, p. ej., VITE 32 (entre elefantes y dragones) y IX 185 (entre di- 
versos animales marinos), 

14% El chloreus es ave de dificil identificación: su nombre, transcripción 
del griego, hace referencia a su color verde amarillento. André ha propuesto 
la oropéndola (Oriolus oriofus), pero Capponi se inclina por una rapaz 
nocturna, concretamente por el milano real (Milvus milvus), que, no obs- 
tante, dada la curvatura de su pico, no se alimentaría habitualmente de hue- 
vos, Ar1sT., HA IX 1, 60926-8, ofrece diferencias con Plinio, 

441 Capponi piensa que aquí se ha de entender más bien «búho» (el 
búho real, Bubo bubo) que mochuelo, porque, ornitológicamente, es aquél 
el enemigo real de la corneja (y de los cuervos). 

442 Capponi piensa que en este lugar, que sigue a Arusr., HA IX 11, 
615a17-20, trochilus, transcripción del gr. que quiere decir «corredor», 
designa al chochín (Troglodytes troglodytes), a diferencia de en VII 90, 
que sigue a Arisr,, HA VII 3, 593b11 y donde designa al avefría espola- 
da (Hoplopterus spinosus). No obstante, hay quien en VIIT 90 ve un reye- 
zuelo (cf. n. siguiente) o un chorlito (concretamente el Charadrius mela- 
nocephalus), si bien cabe que Plinio confunda ambos. 

143 Plinio ha confundido, sin duda, el chochín con el reyezuelo senci- 
llo (Regulus regulus) o el reyezuelo listado (Regulus ignicapillus), que, 
quizás, podrían verse en el trochilus de VI 90, pero no en el de aquí. 


204 


450 HISTORIA NATURAL 


con el chochin**, la tórtola y la paloma zurita**, las avispas 
icneumones y los falangios**. Entre las aves acuáticas, el 
brento*”, la gaviota y el harpe**, el harpe y el halcón 
triorque**, las sórices*% y las garzas, que se atacan recí- 
E ari las crías. También tienen desavenencias el pa- 

0%, ave muy pequeña, con el asno, pues, al restregarse 
e contra los espinos para rascarse, destroza sus nidos, lo 
que aterra tanto al paro que, con solo que oiga su rebuzno, 
arroja los huevos fuera del nido y sus propios polluelos se 


4 El pasaje está corrompido y nuestra traducción supone una conje- 
tura de Mayhoff. Hay otras propuestas de enmienda como, p. ej., la de 
Saint Denis, cuyo texto en castellano es el siguiente: «el reyezuelo, la co- 
madreja terrestre y la corneja». 

143 No es cierta esta enemistad. Por ello, podría dudarse de que pyral- 
fis (nombre transcrito del griego y que indicaría el pájaro «rojo fuego») 
designe a la paloma zurita (Columba oenas), que, sin embargo, les parece 
a André y a Capponi la identificación más probable, Con el mismo nom- 
bre designa Plinio a un insecto en XI 119, 

46 Cf. PL, XI 72 y 79, 

441 El término gr. brénthos indica dos clases de aves. Una; la del pre- 
sente texto, es acuática y permanece sin identificar claramente, si bien se 
han hecho propuestas como la de la oca marina. 

+48 Tdentificación muy insegura. Parece claró que es un ave de presa: 
su nombre gr. significa «hoz, guadaña», Capponi propone para este pa- 
saje el águila pescadora (Pandion haliaetus), mientras que después en 
$ 207, se podría tratar de un ratonero. En ninguno de los dos contextos 
parece ser el quebrantahuesos, lo que sí ocurre en ciertos textos griegos. 

49 Cf. $ 21,n.a «buteón», 

450 André propone el búho real (Budo bubo), mientras iaonE dado 
que la palabra es el resultado de una corrección, piensa en la lechuza 
campestre (Ásio flammeus) si se acepta la forma sorices, pero en el mila- 
no negro (Milvus migrans) en el caso de que el nombre sea forfices. Hay 
también quienes piensan en la musarafía y remiten a VIT 223, 

45 Ésta es la propuesta de Capponi para traducir aquí el término 
aegithus (con distinto valor que en $ 21), a diferencia de otros intérpre- 
tes, que piensan más concretamente en el pardillo (Acanthis cannabina) o 
en el herrerillo (Parus caeruleus). 


LIBRO X 451 


caen del mismo por el miedo. Por ello, se lanza volando al 
asno y le hace heridas con su pico. Asimismo se pelean las 
zorras y los milanos*” y, de otra parte, las culebras, las co- 
madrejas y los cerdos. Esalón** se llama un ave pequeña 
que rompe los huevos del cuervo y cuyos polluelos son ata- 
cados por las zorras. Recíprocamente, el esalón no deja en 
paz a los cachorros de la zorra ni a ella misma. Pero cuando 
los cuervos lo ven, acuden en su ayuda como contra un 
enemigo común***. También el jilguero ** vive entre los es- 
pinos. Por ello, él mismo odia también a los asnos, que de- 
voran las flores del espino; por otra parte, odia tanto al paro 
que, según se cree, la sangre de uno y otro no puede mez- 
clarse y, por ello, ambas alcanzan triste fama en muititud de 
filtros mágicos. Tienen desavenencias los chacales y los 
leones. Y las tienen los animales más pequeños igual que 
los más grandes. Las orugas se cuidan mucho de un árbol 
lleno de hormigas*, La araña se lanza suspendida de su 
hilo a la cabeza de la serpiente que está echada a la sombra 
de su propio árbol y le muerde con tanta fuerza en el cere- 
bro que, a pesar de sus inmediatos silbidos y retorcimientos, 


482 Cf, PLiw., VIII 103, Dado que los milanos se alimentan de peque- 
ños animales (mamiferos o pájaros), quizás se trata aquí, como piensa 
Capponi, más bien de que los milanos quieren evitar que las zorras captu- 
ren a los animales de corral que ellos mismos desean para sus crías. 

4% Calco de un término griego de etimología desconocida. Se han he- 
cho varias propuestas, como el esmerejón (Falco columbarius), e incluso 
se ha dicho que se trata de un ave fabulosa. Capponi piensa en el azor 
(Accipiter gentilis). 

45 En realidad, se trata de que el cuervo quiere hacerse con los restos 
de alimento que pueda coger o incluso con la presa del esalón, la zorra o 
sus cachorros. 

455 La identificación parece más clara aquí que en $ 175. Cf. allí n. 
388. 

456 Quizás se trata de las orugas del repollo, esto es, las larvas de la 
mariposa de la col (Pieris brassicae). Cf. PLiN., XI 76, 


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452 HISTORIA NATURAL 


no puede romper siquiera el hilo del que cuelga la araña y 
menos aún huir. Y todo esto no tiene fin si no es con la 
muerte *”, 
Por el contrario, son amigos los 
(96) pavos reales y las palomas, las tórto- 
e eras las y los papagayos, los mirlos y las 
e los animales existe ? 
y también el afecto tórtolas, la corneja y las garzas por su 
de los animales, enemistad común con las zorras y, en 
Ejemplo del . 

afecto de las serpientes TIM, el harpe y el milano por la suya 
el triorque**, Y ¿qué?, ¿no hay tam- 
bién indicios de afecto incluso en las serpiertes, la clase más 
despiadada de animales? Ya hemos dicho lo que narra Ar- 
cadia del dueño de un dragón que le salvó al reconocer su 
voz. Tomemos ahora de Filarco*” lo portentoso de un ás- 
pid, pues cuenta que hubo en Egipto uno que, de manera 
asidua, venía hasta la mesa de cierta persona y ella le daba 
de comer. Un día tuvo crías y una de ellas mató al hijo de su 
anfitrión. Cuando el animal volvió a comer como de cos- 
tumbre, comprendió su responsabilidad y dio muerte a su 

cría, y después no volvió a la casa. 


El asunto del sueño no precisa ha- 
78 (97) cer oscuras conjeturas. En el caso de 
El sueño los animales terrestres, es algo evi- 


de |. ¡mal 
elos animate? dente que duermen todos los que son 


capaces. de cerrar los ojos. Que los 
acuáticos duermen poco, pero también duermen, lo piensan 
incluso quienes tienen dudas sobre el sueño de los otros 


457 Cf. Pix, X1 83-84, 

458 Para harpe y triorque, cf. notas en $ 204, 

452 Filarco de Atenas (o de Naucratis), historiador griego de la segun- 
da mitad del s. mu a, C. Su obra principal, una historia en veintiocho Ji- 
bros, continuaba el tratado de Duris de Samos y sirvió de fuente a algu- 
nas de las vidas de Plutarco, 


LIBRO X 453 


animales, y lo piensan no por el argumento de los ojos, 
puesto que no tienen párpados, sino por la quietud misma en 
que permanecen: se les ve tranquilos como si estuviesen 
adormecidos y sin mover otra cosa que la cola, y se asustan 
mucho ante cualquier ruido*%. Por lo que se refiere a los 
atunes, se puede afirmar con mayor seguridad que duermen, 
pues lo hacen junto a las orillas o las piedras. Por otra parte, 
los peces planos lo hacen en el fondo, de manera que a me- 
nudo se pueden coger con la mano. A los delfines y a las 
ballenas se les oye incluso roncar. Por el silencio en que se 
hallan parecen dormir también los insectos, que no se des- 
piertan ni siquiera acercándoles luz. 

El hombre, cuando acaba de na- 
cer, es presa del sueño durante algu- 
nos meses; después cada día está más 
tiempo despierto. Sueña en seguida, 
sin saber aún hablar, pues no sólo se 
despierta sobresaltado, sino que, durante el sueño, también 
hace el gesto de estar mamando. Pero hay algunos hombres 
que no sueñan nunca y tenemos ejemplos de que para ellos 
salirse de lo acostumbrado y tener un sueño fue la señal de 
su muerte*”, Se plantea aquí una cuestión importante para 
la vida y llena de pruebas en sentidos encontrados, a saber: 
si el alma en reposo tiene premoniciones que proporciona la 
razón O se trata de algo casual como la mayor parte de las 
cosas. Si se recurre a ejemplos, ciertamente ambas posibili- 
dades quedan empatadas. Se está prácticamente de acuerdo 
en que lo visto tras haber bebido vino o haber comido y al 
volverse a dormir uno, no tiene sentido. Por otra parte, el 


(98) 


Cuáles sueñan 


160 Cf, Pan, IX 18 ss, 
16 Se ha pensado que Plinio aqui hace alusión al emperador Nerón, 
que no tuvo sueños antes del asesinato de su madre, Cf. Surr., Nerón 46, 


210 


211 


212 


454 HISTORIA NATURAL 


sueño no es otra cosa que la retirada del alma a su propio 
interior*”, Salta a la vista que, además del hombre, sueñan 
los caballos, los perros, los bueyes, las ovejas y las cabras. 
Por esto se cree que ello ocurre también en todos los que pa- 
ren. Por lo que se refiere a los que ponen huevos, el asunto 
no está claro, pero lo que sí está claro es que duermen. 

Pero pasemos también a los insectos, pues nos quedan 


estos animales de una sutileza extraordinaria **%, 


462 Quizás Plinio expresa aquí realmente su propia posición sobre el 
sueño. 
463 Así comienza el libro XI, dedicado a los insectos; cf. allí n. 2. 


LIBRO XIT' 


0 Quedan unos animales de una su- 
Lis clases de insectos !.. tileza extraordinaria?, de los que algu- 
La perfección de la nos autores han afirmado que no respi- 
naturaleza al respecto EA s 
ran y que ni siquiera tienen sangre. 
1 Éstos son muchos y de muchas clases, con una forma 
de vida propia tanto de los animales terrestres como de los 


* La traducción de este libro XI de la Naturalis Historia se ha realizado 
sobre la edición de L. law y C. MarmorF (Teubner, 1967, Vol. IL, págs. 
283-376). Se han tenido en cuenta también las ediciones de A. Exnour, 
Pline U'Ancien, Histoire Naturelle. Livre XT, Paris,1947, y de R.. KóniG-J. 
Horr, C. Plinius Secundus der Álter. Naturkunde, Buch XI, Múnich, 1990. 

l Esta exposición sobre los insectos, que abarca la primer parte del li- 
bro décimo primero ($$ 1-120), se-basa sobre todo en la Investigación 
sobre los animales (HA) de ArisróreLeS, La segunda parte ($5 121-284) 
tiene su origen en las Partes de los animales (PA), del mismo autor. Ire- 
mos señalando los pasajes aristotélicos que parecen, en cada caso, fuente 
principal para Plinio, Para la traducción del texto griego hemos consulta- 
do las versiones publicadas con estos mismos títulos en la Biblioteca CH- 
sica Gredos, Vols, 171 y 283, a cargo de J. PaLLí Boner (Madrid, 1992), 
y E. Jiménez SÁncnez-A, ALoNso MIGUEL (Madrid, 2000), respectiva- 
mente. 

2 La expresión latina «inmensae subtilitatis animalia» resulta de difí- 
cil interpretación sobre todo por lo que respecta al significado del térmi- 
no subtilitas: en efecto, este vocablo utilizado con cierta frecuencia por 


456 HISTORIA NATURAL 


voladores. Unos tienen patas?, como el yulo?, otros tienen 
alas, como las abejas, otros, ambas cosas, como las hormi- 


Plinio en la locución mentis subtilitas «agudeza mental», podría traducir- 
se tanto por «levedad, insignificancia» como por «finura, minuciosidad, 
sutileza». De hecho, esta locución se ha entendido de manera muy diver- 
sa según los distintos autores: así, Ernour en su Pline lancien. Histoire 
Naturelle, Livre XI, París, 1947, pág. 29, escribe «des animaux d'un étu- 
de infiniment délicate», Versión que adopta asimismo SerBAT en su In- 
troducción general a la Historia Natural (Libros 1-11, Madrid, 1995, pág. 
101), vol, 206 de la Biblioteca Clásica Gredos, También parece seguir 
esa línea la interpretación de F, CappoN1, según leemos en Entomología 
Pliniana (PLiw., XI 1-120), Génova, 1994, pág. 27; KóniG-HoPP, por su 
parte, traducen «Tiere von unendlicher Feinheit», en su Plinius Secundus 
der Alter. Naturkiinde, Múnich, 1990, pág. 19; A. MARCONE, por el con- 
trario, en Plinio. Storia Naturale 1, Turín, 1983, pág. 545, piensa más 
bien en la figura del oximoron, y adopta la traducción «animali dalle di- 
mensioni straordinariamente ridotte», dando por cierto que el autor latino 
sigue utilizando el criterio de la magnitudo «el tamaño» en la ordenación 
de sus estudios de zoología, En nuestra opinión, Plinio, que comienza el 
capítulo subrayando la perfección de la naturaleza, lo que quiere sobre 
todo es poner de relieve la minuciosidad, el cuidado y la precisión con la 
que han sido creados unos animales tan complejos a pesar de su peque- 
ñiez, y, por ello mismo, muy poco asequibles, hasta el punto de que ni si- 
quiera las dos funciones fisiológicas más importantes —la respiración y 
la circulación de la sangre — hablan podido ser detectadas por los estu- 
diosos de su tiempo, Por esta razón, hemos optado en nuestra traducción 
por la expresión « animales de extraordinaria sutileza», que intenta reco- 
ger, por una parte, el ingenio enorme que se requiere para su creación, y, 
por otra, la inteligencia y el esfuerzo que se requieren para su examen. 

3 Según el texto de AristóTELES (HA IV 1, 523b, 12 ss.), del que pa- 
rece depender este comienzo del libro X1, la laguna existente en los mss. 
del texto latino podría restaurarse, de acuerdo con ERNOUT y la mayoría 
de los editores modernos, de la manera siguiente: alia (pedata ut ¡ulus, 
alia) pinnata, texto en el que se basa esta traducción, 

4 Para la identificación de los insectos, hemos acudido a los comentarios 
de las ediciones ya señaladas y a los trabajos de L, Gu, Nombres de insec- 
tos en griego antiguo, Madrid, 1959; F. Carpon1, Entomología Pliniana 
(PLxmN,, XI 1-120), Génova, 1994; 1. C. Beavis, Insects and other inverte- 


LIBRO XI 457 


gas, algunos carecen tanto de alas como de patas; y, con 
justa razón, todos reciben el nombre de insectos? por las in- 
cisiones que, bien marcadas en la zona del cuello, bien en la 
del tórax y en la del abdomen, separan los miembros de su 
cuerpo, que se traban ligeramente mediante un conducto; 
pero algunos no tienen el pliegue de la hendidura todo alre- 
dedor, sino por el abdomen o por la parte de arriba sola- 
mente, que se hacen flexibles gracias a la imbricación de las 
vértebras, no existiendo en ninguna otra parte un mecanis- 
mo de la naturaleza más espectacular, 

2 Si, ciertamente, en los animales corpulentos o al me- 
nos en los de tamaño mayor que el de los insectos, su for- 
mación fue fácil con un material adaptable, en estos tan pe- 
queños y tan poca cosa, ¡qué método, qué poder tan grande, 
cuán indescriptible perfección hay! ¿En dónde pudo colocar 
la naturaleza? tantos sentidos en el mosquito? Y existen 
otros animales más pequeños de los que hay que hablar. 
¿Dónde situó en él la vista? ¿Dónde le aplicó el gusto? 
¿Dónde le insertó el olfato? ¿Y dónde le infundió aquella 
voz terrible y en proporción muy fuerte? ¡Con qué finura le 
sujetó las alas, le prolongó las patas, dispuso una cavidad 
vacía a modo de vientte y le despertó una sed ávida de san- 
gre, y muy especialmente de la humana? 


brates in Classical Antiguity, Oxford, 1988; y M. Bavies-J, KATHIRITHAM- 
py, Greek Insects, Londres, 1986. El yulo parece un tipo de miriápodo, 
aunque no resulta fácil precisar cuál es. Cf. L. Gu, Nombres de insectos 
en griego antiguo, 18, 1959, pág. 39. Plinio se referirá a este animal más 
tarde, en XXIX 136, 

3 Con el vocablo latino insectum, Plinio traduce el griego éntomon 
«cortado, con incisiones», término con el que Aristóteles designa a una 
serie de animales con características diversas pero con un denominador 
común, que tienen el cuerpo dividido en segmentos. 

$ En este pasaje, como en otros muchos, se percibe la alabanza y la 
admiración por la naturaleza tan frecuentes en la obra pliniana. 


(3 


458 HISTORIA NATURAL 


¡Con qué ingenio afiló su aguijón para perforar la piel, y 
de qué manera —como en un animal grande, aunque su fi- 
nura no permita verlo —, lo creó con una doble capacidad, 
de manera que cuando pica es puntiagudo y, a la vez, cuan- 
do sorbe tiene forma de tubo! ¡Qué dientes fijó en la carco- 
ma? para horadar el roble —con un ruido que da fe ello—, 
e hizo de la leña su principal alimento! Y nos admiramos 
del lomo de los elefantes, que puede con una torre!, y del 
cuello de los toros, y de sus violentos derrotes hacia lo alto, 
de la rapiña de los tigres, y de la melena de los leones, sien- 
do así que la naturaleza nunca ha estado más completamente 
representada que en los animales más pequeños. 

Por ello pido a los lectores, dado que desprecian a mu- 
chos de estos animales, que no miren con desdén estos re- 
latos, porque en la contemplación de la naturaleza nada 
puede considerarse superfluo. 


7 El nombre latino feredo es transcripción del gr. teredón, formado 
sobre la raiz ide. *teré- / fré, que significa «perforar». Es la misma raíz 
del latín termes, que ha dado en español «termita», Nosotros hemos pre- 
ferido, sin embargo, traducir por «carcoma» dado el ruido característico 
que produce este animal, mientras que el avance de la termita es silencio- 
so; el profesor L. Ga, op. cit., pág. 115, traduce, en cambio, de un modo 
genérico por «gusano de la madera». En Piin., VIII 197, sin embargo, 
este mismo término se aplica a la polilla de la ropa, mientras que infra 65 
parece designar la polilla de la cera. En este pasaje podría identificarse 
con el Cossus cossus 0 la Zuzera pyrina, Cf, CarPon1, Ent, Plin,, pág. 30. 
Sin embargo, R. Kónia-J. Hop, en su com, ad loc., pág. 183, piensan en 
el Anobium pertinax. 

$ Lucrecio en Y 1302-1304 anota que fueron los cartagineses los 
primeros en incorporar a sus combates elefantes con torres ocupadas por 
soldados, uso que, al parecer, se extendió después al ejército romano: así, 
al menos, se desprende de PLim,, VIII 22, cuando el autor afirma que Cé- 
sar en su tercer consulado utilizó este mismo recurso en combate contra 
sus enemigos. 


LIBRO XI 459 


Muchos han afirmado que los in- s 
30) sectos no respiran”, persuadiendo de ello 
¡Si respiran. con la siguiente razón: porque no exis- 
Si tienen sangre ¿en em ellos los órganos interiores del 
aparato respiratorio; por consiguiente, 
que vivian como las frutas o como los árboles, pero existe 
una enorme diferencia entre que algo respire o que viva. Y 
por esta misma razón afirman que no hay en ellos sangre?”, 
porque no existe en los que carecen de corazón y de hígado; 
y así tampoco respiran los animales a los que les faltan los 
pulmones. De ahí procede una nutrida serie de preguntas. 
Los mismos autores niegan que los insectos tengan voz'', e 
aun en medio de tanto zumbido de abejas, del canto de las 
cigarras y de otras cosas que serán consideradas en sus co- 
rrespondientes lugares?*? En efecto, a mí, cuando ponía mi 
atención en ello, la naturaleza me enseñó siempre a no juz- 
gar nada increíble con respecto a ella. Y no veo por qué ta- 
les animales pueden mejor no respirar y vivir que respirar 
sin órganos, algo que hernos enseñado acerca de los anima- 


? Así, por ejemplo. ArisrórELES, HA IV 9, 553b5-7, Plinio, sin em- 
bargo, infra 12, afirma que no puede haber duda en cuanto a la respira- 
ción de los insectos. En efecto, esta clase de artrópodos está dotada de un 
aparato respiratorio, formado generalmente por una serie de pequeños 
conductos que se ramifican por todas las partes del cuerpo. Cf. al res- 
pecto CappPont, Ent. Plin. págs. 31-32. 

10 El texto parece aludir de nuevo a la opinión de ARISTÓTELES, esta 
vez en PA 11 3, 650b7-8, quien hace depender la existencia de la sangre 
de la existencia del corazón, Plinio, en cambio, sostendrá que algunas 
otras substancias, como el líquido negro en la sepia, podrían realizar la 
misma función de la sangre y considerarse, por tanto, su equivalente (cf., 
infra, $ 8). 

11 Cf. ArtsTÓTELES, HA TV 9, 353b3. 

12 Plinio va discutiendo en distintos pasajes las opiniones de Aristó- 
teles sobre este tema, Cf. infra 107 y 266 ss, 


— 


00 


460 HISTORIA NATURAL 


les marinos *”, aunque sean la densidad y la profundidad del 
líquido los que les impidan la respiración. Ciertamente, el 
hecho de que algunos vuelen y carezcan de respiración aun 
viviendo en el propio aire, pero tengan el instinto del co- 
mer!*, de la reproducción y del trabajo, e incluso la preocu- 
pación por el futuro; y el hecho de que, aun no teniendo 
miembros que, al modo de una nave, transporten los senti- 
dos, sin embargo tengan oído, olfato y gusto, además de 
otros dones eximios de la naturaleza: la habilidad, el valor y 
la destreza, ¿quién podría creerlo con facilidad? Reconozco 
que ellos no tienen sangre de la misma manera que los ani- 
males terrestres, que todos la tienen igual entre ellos. Pero 
del mismo modo que a la sepia en el mar la tinta le aporta el 
vigor de la sangre, y a la clase de las púrpuras aquella secre- 
ción que sirve para teñir?, así también para los insectos 
cualquier líquido que les sea vital, ése será su sangre. Y en 
fin, que cada uno tenga su opinión; nuestro propósito es se- 
ñalar las características manifiestas de las cosas, pero no in- 
dagar las causas inciertas. 
Los insectos, como puede adver- 
tirse, no parece que tengan nervios ni 
o huesos, ni espinas, ni cartílagos, ni gra- 
sa, ni carne, ni siquiera un frágil capa- 
razón, como ciertos animales marinos 
ni lo que en estricta justicia puede llamarse piel, sino un 
cuerpo de una cierta naturaleza intermedia!” entre todas es- 


13 Plinio ha refutado ya esta tesis en IX 16 ss, 

M4 Cf. infra, 108. 

15 Plinio ha identificado ya la tinta de la sepia con su sangre en IX 84, 
Acerca de la púrpura, ef. IX 126. 

16 Cf. Arusr., HA IV 7, 532232 $3, 


LIBRO XI 461 


tas cosas, como algo reseco, más blando en el abdomen”, y 
en las demás partes de su cuerpo más que duro, protegido. 
Y sólo tienen esto, y ninguna otra cosa más; no tienen nada 
dentro salvo, a lo sumo unos pocos, un intestino enrollado. 
Y así, cuando se les despedaza, presentan una vivacidad es- 
pecial y palpita cada una de sus partes, porque, cualquiera 
que sea la causa de su fuerza vital!'$, no reside en unos 
miembros determinados, sino en todo el cuerpo, aunque en 
la cabeza muy poco, la cual no se mueve sola a no ser que 
haya sido arrancada con el cuerpo. En ningún género de 
animales hay más patas, y de entre ellos los que tienen un 
mayor número, aunque se les despedace, viven durante mu- 
cho tiempo, como vemos en las escolopendras. Tienen tam- 
bién ojos y además, entre los sentidos, el tacto y el gusto, y 
algunos el olfato; unos pocos también tienen oído. 

Pero entre todos estos, tienen la 
primacía las abejas!” y, en estricta jus- 
ticia, nuestra especial admiración, pues 
son los únicos animales de este géne- 
ro nacidos en interés de los hombres. 
Reúnen la miel y un jugo dulcísimo, ligerísimo y salubérri- 
mo, fabrican panales y cera para mil usos de la vida, sopor- 


5(4 
Las abejas 


17 Adoptamos alvo, corrección de lan aceptada por ErNour, frente a 
la lectura nervo, que presentan los. mss. y ofrece Mayhoff. 

18 Como se percibe claramente, Plinio no conoce el principio gracias 
al cual los insectos pueden continuar viviendo aunque se les haya seccio- 
nado una parte. Cf. CaPpPON1, Ent, Plin,, pág. 38. Asimismo Arist., HA 
IV 7, 531b30-532a5, 

19 Identificada con el Apis mellifica, de Linneo, de la que los antiguos 
conocían dos géneros, el Apis ligustica, más pequeña y propia de la re- 
gión italiana, y el Apis cecropia, abundante en el Himeto, monte del Áti- 
ca, Cf. CAPPONI, Enf. Plin., pág. 41. 


11 


13 


462 HISTORIA NATURAL 


tan el trabajo, ejecutan su tarea, tienen su república”, tam- 

bién toman decisiones en privado, pero tienen sus jefes en 

común y, lo que es sobre todo asombroso, tienen costum- 

bres distintas de los demás, no siendo animales domésticos 

ni salvajes?! ¡La naturaleza es tan grande que, de lo que no 

es casi ni la mínima sombra de un animal, ha hecho algo in- 

comparable! ¿Qué estíraulos, qué fuerzas podemos compa- 

rar a una eficacia y a una habilidad tan grande? ¿Qué hom- 

bres podemos comparar, a fe mía, en cuanto a la razón”, a 

estos insectos, que son superiores ciertamente por esto, por- 

que no conciben que exista nada que no sea común? Que no 

haya duda acerca de su respiración, Que se reconozca tam- 

bién que tienen sangre: ¡qué poca cantidad, sin embargo, 

puede haber en unos seres tan pequeños! Valoremos des- 
pués su ingenio. 

En invierno se esconden — ¿pues de 

6(5) dónde iban a sacar fuerzas suficientes 

Cuál es el orden para soportar” los hielos, las nieves y el 

de su trabajo : 

soplo de los aquilones?-—, como tam- 

bién todos los insectos, pero lo hacen 

durante menos tiempo los que, ocultos entre nuestras paredes, 

entran pronto en calor. Con respecto a las abejas, o ha cambiado 

el cálculo de las estaciones y de los lugares, o se equivocaron 


2% Plinio gusta de comparar la vida de las abejas con la de los hom- 
bres. Lo mismo hace VircILIO quien, en Gedrg. IV 153 ss., afirma que 
las abejas están sujetas a unas leyes y reconocen una patria y unos Pena- 
tes comunes, 

21 La misma idea en PLN, VIH, 220. 

2 Era doctrina común entre pitagóricos, platónicos y estoicos que las 
abejas participaban de la inteligencia divina. Cf. VirGuI0, Geórg. TV 
219, y asimismo Carron1, Enf. Plin., pág. 42, n. 6. 

2 Los mss, presentan un locus corruptus que ERNOUT prefiere sanear 
admitiendo el término perferre —también en nuestra traducción —, frente. 
a la lectura firmare, propuesta por Mayhoff. 


LIBRO XI 463 


los antiguos. Se esconden desde el ocaso de las Pléyades?* y 
quedan ocultas hasta después de su salida? —no solamente 
hasta el comienzo de la primavera, como dijeron, y nadie en 
Italia piensa que salen de las colmenas antes de la floración de 
las habas—*, Salen a sus tareas y trabajos y, cuando el tiempo 
lo permite, ningún día se pierde por inactividad. 

En primer lugar construyen los panales y fabrican la ce- 
ra, esto es, hacen sus casas y sus celdillas, enseguida sus 
crías, después la miel y la cera de las flores, y la melígine, 
hecha de las lágrimas de los árboles que producen cola, con 
el jugo, la goma y la resina del sauce, del olmo y de la caña. 
Primero con ellas embadurnan la colmena propiamente di- 
cha en todo el interior, como con una especie de estuco, y 
con otros jugos más amargos para hacer frente a la avidez 
de otros animalejos, porque se dan cuenta de que ellas van a 
fabricar algo que puede ser apetecible; también revisten con 
estos materiales las entradas más anchas. 

16 Los expertos llaman commosis a 

Qué se entiende los primeros cimientos, a los segun- 

por«commosis», . dos pisócero y a los terceros propó- 

parodias leos””, que se encuentran intercalados 

entre las otras capas y la cera, de gran 

utilidad para los medicamentos. La commosis es el primer 

revestimiento, de sabor amargo. Sobre ella viene el pisóce- 
ro, a modo de una capa de pez, como una cera más diluida. 

De una goma más suave, procedente de las vides y de 
los álamos, producen los propóleos, ya de un material más 


2 Aproximadamente el 11 de noviembre, 

25 Aproximadamente el 7 de mayo. Cf. asimismo, VirciLrO, Geórg. TV, 51-52, 

2 La misma idea en PLw., X VII 253, 

27 La apicultura moderna no distingue ya entre estos tres tipos de 
sustancias, aplicándoles indistintamente el nombre de «propóleos». Cf. 
CAPPONI, Enf. Plin,, pág. 48, n. 22. 


464 HISTORIA NATURAL 


denso por las flores que se le añaden, pero que, sin embar- 
go, no es todavía la cera, sino una base de los panales por 
medio de la cual se protegen de las inclemencias del frío to- 
das las entradas; además es también de un olor fuerte, de 
modo que la mayoría la usan en lugar del gálbano?, 

Además de estas cosas acarrean la 


O erítaca, que unos llaman sandáraca y 

Qué es la «erítaca» imtr29 Í 2 mi ss 
e brinca midáraca otros cerinto”, Este será, mientras res; 
o «cerinto» lízan su tarea, el alimento de las abejas, 


que a menudo se encuentra reservado en 
las concavidades de los panales y también es de sabor amargo. 
La erttaca nace del rocio primaveral y de un jugo de los árboles 
parecido a la goma, se coge en menor cantidad con el soplo del 
ábrego*, más negra con el del austro, mejor y más roja con los 
aquilones, y abundante en los almendros*!, Menécrates* dice 
que la erítaca es una flor, pero ningún otro aparte de él. 


2 El gálbano es una secreción resinosa de diversas ombeliferas del 
género Ferula, L., muy utilizada por sus propiedades curativas y aromáti- 
cas, Cf, al respecto PLrw., XI 126-127, XIX 180 y XXIV 21. 

2 Al parecer los términos erithace y cerinthos serían de origen me- 
diterráneo, mientras que sandaraca se habria importado de Asia, Cf, Er- 
NOour, com, ad loc., pág. 128. 

30 Adoptamos la lectura de ErsouT (capilur) ARPici minor) en la 
gar de la propuesta de MAYHOFF (capitur in ficis). Acerca de la caracteri- 
zación de los vientos, cf. PLIN,, 11 119 y 125, 

31 El término latino nux graeca lo traducimos por «almendro», de acuerdo 
con ErNouUr, com. ad loc,, pág. 128, y con la nota correspondiente en J. An- 
DRE, Les noms de plantes dans la Rome antique, Paris, 1985, pág. 173 . Puesto 
que el nombre usual en latín para esto árbol es amygdalus, esta denominación 
podría quizá corresponder a una variedad menos común pero muy útil en me- 
dicina a la que se refiere nuestro autor en XV 90, y XXIII 146; sin embargo, lo 
más probable es que se trate de tina mera duplicidad en la designación de ár- 
boles y plantas —con un término de raiz latina y otro transcripción del grie- 
go— , uso bastante frecuente en latín, 

% Menécrates de Éfeso, poeta del s, rv a. C., que escribió un poema 
sobre la agricultura, bajo el título de Erga —citado por VArrÓN, Agr. 1 
19, 11, y MI 16, 18— y otro sobre apicultura, 


LIBRO XI 465 


Fabrican la cera de las flores de 


8 (8) . todos los árboles y plantas, excepto el 
near rúmice* y el equinópode; estos son 
elaboran Ñ y equinop a Es cial 
sus productos dos tipos de hierbas. Sin fundamento 


se excluye también el esparto**, cuan- 
do, ciertamente, en Hispania muchos tipos de miel que se 
dan en zonas de esparto, saben a esta hierba, Pienso que 
también sin fundamento se excluyen los olivos, pues lo 
cierto es que nacen muchos enjambres cuando sale la acei- 
tuna?, No dañan a ningún fruto. No es ya que no se posen 
en los cadáveres, es que ni siquiera lo hacen en las flores 
marchitas. Trabajan en un entorno de sesenta pasos y, una 
vez consumidas las flores de allí cerca, envían exploradores 
a los pastos más lejanos. Cuando la noche las sorprende en 
una expedición, duermen boca arriba para proteger las alas 
del rocío. 


99) Que nadie se admire de que algu- 
Amantes nas personas hayan sido cautivadas 
del estudio 


por el amor a estos animales: Aristó- 


de las abejas 36 ; 
maco de Solos” durante cincuenta y 


33 Rumex, término que designa quizá un tipo de acedera o de zarza, El 
echinópous, cuyo nombre es transcripción de otro griego que significa 
«pie de erizo», podría tratarse de una variedad de cardo o de retama. Cf. 
ERNOUT, com. ad loc., pág. 128. 

34 El término latino es transcripción de otro griego, spárton, que se 
aplica a dos plantas diferentes, la retama (Spartium junceum) y el esparto 
(Stipa tenacissima). Cf. al respecto J. AnbrÉ, Les noms de plantes, pág. 
244, Según Ernour (com. ad loc., pág. 128) y KóniG-Horer (com, ad 
loc., pág. 186) aquí se trataría de este último vegetal, también citado por 
nuestro autor en XIX 26, 

35 Cf. AxisT., HA V 21, 553421-22 y 553b22. 

36 Escritor griego del s. 1 a. C. Dedicó 58 años de su vida a la obser- 
vación de las abejas y dejó escritas sus experiencias en un libro sobre la 
apicultura hoy perdido. Cf. PLax., 111, y XI 131. 


pu 


8 


20 


21 


466 HISTORIA NATURAL 


ocho años no se dedicó a otra cosa, y Filisco de Tasos”, 
que criaba abejas en lugares desiertos, recibió el sobrenom- 
bre de «Agreste»*; ambos escribieron acerca de las abejas. 
Su método de trabajo es el si- 
10010) guiente: durante el día montan guar- 
(Organización, — dia* en la puerta a la manera de un 
Aerea campamento, el descanso es hasta la 
mañana, hasta que una las despierta 
con un doble o triple zumbido como con una trompeta. En- 
tonces todas ellas salen volando, si el día va a ser apacible. 
En efecto, presienten los vientos y las lluvias, y entonces se 
quedan en sus casas; y asi, en lo que se refiere al tiempo, 
esta inactividad se incluye entre los pronósticos*. Cuando 
salen en formación a su tarea, unas amontonan flores con 
sus patas, otras agua con su boca y gotas en la pelusa de to- 
do su cuerpo. Las abejas jóvenes salen para esta tarea y aca- 
rrean lo que se ha dicho antes, mientras que las más viejas 
trabajan en el interior”, Las que llevan las flores, con las 
patas anteriores cargan las patas traseras, que por esta causa 
son de naturaleza rugosa, y las patas anteriores, con el hoci- 


37 Filisco de Tasos es un autor griego desconocido para nosotros, del 
que Plinio debió de tener noticia mediante los textos de Julio Higino. Cf. 
PauLY-Wissowa, XIX 2, 2389, n.* 14, 26 ss. 

38 El término latino agrius —que fue utilizado como cognomen— 
está seguramente en relación con ager «campo», Podría significar 
«agreste», bien referido a su modo de vida, bien a su carácter. 

% Como señala ErNoUT en el aparato crítico de su edición, el título 
no aparece en los índices que constituyen el libro I, 

4% Plinio, que compara la disciplina del enjambre de abejas con la de 
un campamento, utiliza también los términos propios de la milicia en su 
descripción. 

"Elegimos el texto de Mayhoff, otium hoc, frente a la propuesta de 
A. ERNOUT, signúum hoc. 

% La misma observación en ArisrórELES, HA 1X 40, 626b8 ss., y en 

VirGiLIO, Geórg. IV 178, 


LIBRO XI 467 


co, y todas cargadas regresan dobladas por el peso. Las que 
las descargan las reciben de tres en tres o de cuatro en cua- 
tro. En el interior las tareas están también repartidas Y: unas 
construyen, otras pulen, otras suministran el material, otras, 
de lo que han transportado, preparan el alimento; no comen 
por separado para que no haya disparidad de tareas, ni de 
alimento, ni de tiempo. Comenzando desde la bóveda de la 
colmena, construyen y hacen descender la trama como des- 
de la parte de arriba de una tela*, con dos accesos para cada 
uno de los senderos, para que por uno entren y por otro sal- 
gan, Los panales, fijos por la parte superior e incluso un po- 
co por los costados, al mismo tiempo están fijos y cuelgan; 
no tocan la parte de abajo de la colmena; son a veces alar- 
gados, a veces redondos, según lo pida la colmena, y a ve- 
ces de los dos tipos, cuando dos enjambres, conviviendo sus 
pueblos en buena armonía, tienen usos diferentes. Sostienen 
los panales que van cediendo con unos medianeros de pila- 
res, que forman bóveda desde el suelo, de manera que no 
falte la entrada para la reparación*, Las tres primeras hile- 
ras generalmente se dejan vacías*, para que no esté a la 
vista lo que puede atraer al ladrón; las últimas, en cambio, 
se llenan de miel al máximo. Por esto los panales se sacan 
por la parte de atrás de la colmena Las abejas recaderas 
captan los vientos favorables, Si se levanta una tormenta, se 
mantienen en equilibrio con el débil peso de una piedrecita 


a la que se agarran”; algunos dicen que la colocan sobre los 
q 


4 Cf asimismo ArxsT., HA 1 40, 625b18-20, y VirGILIO, Geórg. IV 179, 

4 Plinio, como ARISTÓTELES, HA IX 40, 6242555, compara la cons- 
trucción de las celdillas con la fabricación de un tejido. 

45 Cf. Arrsr., HA 1X 40, 625411 ss. 

46 Cf. ArasT,, HA IX 40, 624a10-13, 

47 En palabras de ErnoUT, com. ad loc., se trata de la «interpretación 
errónea de una observación exacta». En efecto, existe una especie de 


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25 


468 HISTORIA NATURAL 


hombros. Vuelan a ras del suelo cuando el viento es adverso 
evitando las zarzas. Es admirable el esmero de su tarea: re- 
paran en la pereza de las que dejan de trabajar, las castigan 
y después incluso las condenan a muerte. Con admirable 
limpieza quitan todas las cosas de en medio y no se encuen- 
tra ninguna inmundicia en sus tareas; es más, incluso los ex- 
crementos de las obreras, amontonados dentro en un solo 
lugar para no alejarse demasiado, los sacan en los días re- 
vueltos y en el descanso de su tarea, Cuando anochece, las 
abejas zumban cada vez menos en el panal, hasta que una 
vuela en torno a ellas con el mismo zumbido con el que las 
despertó, como si las ordenara coger el sueño, y también 
esto según los usos de un campamento. Entonces de repente 
callan todas*, i 

11 Primero terminan la construcción de las casas para la 
plebe, después para los reyes*. Si se espera una producción 
bastante copiosa, añaden unas tiendas*% también para los 


abeja que construye su nido junto a las paredes con arena y grava que 
ellas mismas transportan, particularidad que se aplica indebidamente a las 
abejas de cualquier tipo. Esta misma observación se encuentra ya en 
ARISTÓTELES, HA IX 40, 625b24-25, y en VinciLto, Geórg. IV 193-196, 

48 Cf. ArasT., HA IX 40, 627326 ss., y Virciu1O, Geórg. TV 190. 

% Los antiguos creían que la abeja-reina era un macho, error que se 
encuentra en el mismo ArIstóTELES, HA Y 22, 554224 y IX 40, 623b34, 
etc. La imaginación popular lo veía como un soberano absoluto, señor de 
un numeroso harén, de manera que se le aplicaban los apelativos de ba- 
sileús y hegemón en griego, y de rex, dux, ductor o imperator en latín. 
Solamente en JENOFONTE, Económico VII 17, 32 y 38, se puede apreciar 
una vaga indicación del sexo femenino de la abeja-jefe. Cf., al respecto, 
L. GuL, 0. c., págs. 178-179, Igualmente, M, Davies-J, KATHIIRITHAMBY, 
Greek insects, Londres 1986, pág, 62, Con el fin de reflejar con mayor fi- 
delidad el pensamiento de Plinio, en nuestra traducción no hablaremos de 
la abeja reina, sino de la abeja rey. 

5% Como se ve, Plinio continúa, a modo de alegoría, la comparación 
entre la forma de vida de las abejas y la de un campamento militar, 


LIBRO XI 469 


zánganos. Éstas son las celdillas más pequeñas, aunque ellos 
son más grandes que las abejas”, 

Por lo demás, los zánganos no tie- 
nen aguijón y son como abejas de- 
fectuosas, y las últimas engendradas 
por las que están cansadas y ya fuera 
de servicio, crías tardías y en cierta 
manera esclavas de las abejas verdaderas; por ello los domi- 
nan y los envían los primeros a la tarea, y a los que se retra- 
san los castigan sin compasión. Y ellos no sólo las ayudan 
en las tareas, sino también en la procreación, pues su eleva- 
do número contribuye al calor. Sin duda cuanto mayor es su 
número, tanto mayor resulta también la producción de en- 
jambres. Cuando la miel comienza a madurar, los echan fue- 
ra y, abalanzándose muchas contra cada uno de ellos por 
separado, los matan. Este tipo de abeja no se ve excepto en 
primavera. Cuando a un zángano se le han arrancado las 
alas, si se le devuelve de nuevo a la colmena, él mismo se 
las quita a los demás, 


(11) 


Los zánganos 


Para los futuros reyes levantan 


(12) unas celdas reales grandes, magnifi- 
cuarerla cas, separadas de las demás, destaca- 
naturaleza E . ¿ 
de la miel das por una pequeña elevación, que si 


se arranca, no se reproducen. Todas 
las celdas son hexagonales* por el trabajo de cada una de 
sus patas. Ninguna de estas cosas se hace en un tiempo de- 
terminado sino que se entregan rápidamente a sus tareas en 
los días serenos. En uno o dos días a lo sumo llenan las cel- 
das de miel. 


3 La misma observación en ArisróreLEs, HA IX 40, 624a3-5, 

%2 Afirmación que parece gratuita. Según Exnour, com. ad loc,, Pli- 
nio en este caso resume y deforma a ARISTÓTELES, HA V 23, 554a4. 

33 Cf Arrsr., HA V 23, 554b25; VArrÓN, Agr. 1 16, 5, 24. 


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470 HISTORIA NATURAL 


12 La miel cae del aire** sobre todo a la salida de las 
constelaciones, y más especialmente cuando resplandece el 
propio Sirio*, pero de ninguna manera antes de la salida de 
las Pléyades, al rayar el alba. Y así, con la primera luz del 
amanecer las hojas de los árboles se encuentran bañadas 
de miel; y si alguno ha estado por la mañana al aire libre, se 
da cuenta de que sus ropas están humedecidas por un líqui- 
do y su cabello, apelmazado, sea aquél un sudor del cielo o 
una especie de saliva de los astros o un jugo del aire que se 
depura a si mismo; ¡ojalá la miel fuera pura y limpia, y na- 
tural, como en principio baja! Pero en realidad, aunque cae 
desde una altura tan elevada, se llena de suciedad mientras 
llega, y se impregna con el «hálito»* de la tierra que le sale 
al encuentro; absorbida además por el follaje y por los pas- 
tos, y transportada en el vientrecillo de las abejas —pues la 
vomitan por la boca—, corrompida a tal fin por el jugo de 
las flores, y macerada y tantas veces alterada en las colme- 
nas, sin embargo, aporta el gran placer de su naturaleza ce- 
lestial, 


% Cf. Arasr,, HA V 22, 553b29-31. En la Antigiedad se creyó que la 
miel procedía del rocío depositado sobre las flores por la mañana y que 
las abejas se limitaban a recogerlo, 

3 Sirio es la estrella más brillante de la constelación de la Canícula, 
Acerca de Sirio y los efectos de su aparición, ef. PLAw., II 107. 

56 El término latino halitus, origen del español «halitosis», lo emplea 
habitualmente Plinio a propósito de exhalaciones nocivas y pestilentes, 
como, por ejemplo, las que producen los hornos en los que se trabaja el 
plomo. Cf. P. MIGLIORINI, Sciencza e terminología medica nella lettera- 
tura latina di etá neroniana, Frankfurt, 1997, pág. 148. Asimismo, cf. 
infra, 277. 


LIBRO XI 471 


La miel mejor se encuentra siem- 
pre allí donde el jugo queda recogido 
en los cálices de las mejores flores. 
Esto ocurre en las zonas del Himeto y 
de Hibla”, de la región Ática y de Si- 
cilia, y después en la isla Calidna*, En un principio la miel 
es líquida como el agua y en los primeros días fermenta co- 
mo el mosto y se purifica; en el vigésimo día se espesa”; 
después se cubre con una fina membrana que se engrosa con 
la espuma de su misma fermentación. La mejor y la menos 
contaminada por el follaje se extrae de las hojas de la enci- 
na, del tilo y de las cañas. 

Consta que la mejor en cuanto a 


1313) 
Cuál es la mejor miel 


14 (14) calidad depende, sin duda, de su lugar 
Qué clases : ... ; 

de miliay de origen, como dijimos, por diversos 

en cada lugar aspectos. En unos lugares se encuen- 


tran panales notables por su cera, co- 
mo en Sicilia y en los pelignos%; en otros, por la abundan- 
cia de su miel, como en Creta, Chipre y África; en otros, por 
su tamaño, como en las zonas septentrionales, ya que se ha 
visto en Germania un panal de ocho pies de largo, y negro 
en su parte cóncava. No obstante, en cualquier zona hay tres 
tipos de miel. La primaveral, cuando el panal se ha hecho de 
flores, que por eso se denomina antino*!, Algunos prohíben 


57 El Himeto es un monte del Ática situado al SE. de Atenas. El Hibla 
es un monte de Sicilia, Cf., respectivamente, PLin., IV 24 y MIT 91, 

3% Calidna es una isla cerca de la costa de Caria. Esta lectura (Ca- 
lydna) que aparece en la mayoría de los mss. resulta, sin embargo, dudo- 
sa para ERNOUT (com, ad loc.) atendiendo a Ovivio, Met, VIN 222, don- 
de se cita la isla de Cadymne, en el mar Egeo, como fértil en miel. 

59 Cf. Arisr., HA V 22, 554a7-9. 

$ Pueblo de la región italiana de Samnio, cerca del Adriático. Cf. 
PLIN., 11138 y 106, 

$! Término derivado del griego ánthos «flor». 


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3 


472 HISTORIA NATURAL 


que se la toque, para que las crías salgan fuertes por el 
abundante alimento, Otros, de ninguna miel dejan menos 
para las abejas que de ésta, porque a la salida de las Cons- 
telaciones Mayores, le sigue una gran abundancia, y tam- 
bién en el solsticio, cuando comienzan a florecer el tomillo 
y la vid%, elemento principal de los panales. Es necesaria 
una distribución al sustraer los panales, porque las abejas se 
desesperan por la escasez de alimento y mueren o huyen; 
por contra, la abundancia les produce pereza y se alimentan 
entonces de la miel y no de la erítaca*, Así pues, los más 
cuidadosos dejan la decimoquinta parte de la producción pa- 
ra las abejas. El día establecido para el comienzo, como por 
una ley de la naturaleza, si los hombres quisieran saberlo u 
observarlo, es el trigésimo a partir de la salida del enjambre. 
Esta recolección se sitúa poco más o menos en el mes de 
mayo. 

Un segundo tipo es el de la miel de verano, que se lla- 
ma horeo* por esto, porque es la de la mejor época, cuando 
la propia Sirio resplandece, unos treinta días después del 
solsticio. Con relación a esto ha quedado manifiesta a los 
hombres la sutileza extraordinaria de la naturaleza, si no 
fuera porque la perfidia de los hombres lo corrompe todo 
con su maldad, Si a la salida de cualquier constelación, pero 
sobre todo de las más notables y del arco iris%, no siguen 


% Se trata de las Pléyades, Arturo y la Canícula. Según los escritores 
antiguos las abejas componen la miel en periodos ligados a la constela- 
ciones. Cf. CAPPONI, Ent. Plin., pág. 66, n. 85, 

63 Cf. Prim, XXI 56, 

$ Cf. supra, 17. 

$ Término derivado del griego hóra «estación». 

$ De nuevo la juntura inmensa subtilitas, que inicia este libro XL 

6? Para los antiguos el arco iris ejercía una beneficiosa influencia so- 
bre el aroma de las plantas. Cf al respecto, PLiw., 11 150 ss.; XI 110; X 
VII 39, y XXI V 113. Asimismo, ERNOUT, com. ad loc., pág. 133. 


LIBRO XI 473 


las lluvias, sino que el rocío se entibia con los rayos del sol, 
se forman medicamentos, no mieles, dones celestiales para 
los ojos, las úlceras y los órganos internos. Pero si esta miel 
se recolecta a la salida de Sirio y por casualidad coincidie- 
ran en el mismo día, como es frecuente, la salida de Venus, 
de Júpiter o de Mercurio, su suavidad y su fuerza para 
apartar de la muerte la enfermedad de los mortales no serían 

distintas de las del néctar divino. 
1515) La miel en el plenilunio se recoge 
Cómo se comprueban. Más abundante, y en un día sereno, 
La miel de brezo, más espesa. Cualquier tipo de miel 

o también «tetrálice» < p 

oe que se deslice espontáneamente, a la 
manera del mosto y del aceite —se la 
denomina aceto*— es la más apreciada”, Toda miel de ve- 
rano es de un rojo brillante, porque se produce en los días 
más secos. No se da miel blanca donde hay tomillo, pero se 
cree que es la más adecuada para los ojos y para las úlce- 
ras”, La que procede del tomillo es de color dorado y de un 
sabor muy agradable, por lo que es bien conocida *x*?! ; la de 
los cálices es espesa, y la de romero compacta; pero la que 
se apelmaza es la menos apreciada, La miel de tomillo no se 
cuaja, y cuando se toca desprende unos hilos finos, lo que es 


6% Posiblemente este término es transcripción de otro griego ákoiton 
«lo que no se deposita». 

6% Adoptamos la puntuación de Ernour, frente a la de Mayhoff y 
otros editores, que hace de aestiuum omne rutilum el sujeto de maxime 
laudabile est. Cf, ERNoUT, com. ad loc. pág. 133, 

20 Plinio altera en este caso el texto de ArtsT., HA IX 40, 627a1 ss., 
pues el Estagirita afirma que la miel blanca no procede del tomillo puro; 
sin embargo, concuerda con €l al resaltar las virtudes medicinales de esta 
clase de miel. Cf. además PLrN., XXI 56, 

“Los editores admiten aquí una laguna, y ErNour señala además 
una corrupción del texto, que nosotros obviamos, siguiendo en este caso 
la edición de Kón1cG-HopP. 


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474 HISTORIA NATURAL 


la mejor prueba de su calidad; el hecho de que se rompa en- 
seguida y salten gotas, se tiene como indicio de baja cali- 
dad. Una segunda prueba es que sea olorosa y de sabor 
agridulce, viscosa y traslúcida. Casio Dionisio”? es de la 
opinión de que ha de dejarse a las abejas una décima parte 
de la cosecha de la miel de verano, si es que las colmenas 
están repletas; si no lo están tanto, una parte proporcional; 
o, si estuvieran vacías, que no se toquen en absoluto. Los 
áticos dieron como señal para esta recolección el comienzo 
de la cabrahigadura”, otros el día consagrado a Vulcano”, 
16 El tercer tipo de miel, muy poco apreciado, es la sil- 
vestre, que llaman ericeo”, Se recoge tras las primeras llu- 
vias de otoño, cuando solamente el brezo está en flor en los 
bosques, por ello es un poco parecida a la arena. La produce 
sobre todo la salida de Arturo, a partir de la víspera de las 
idus de septiembre. Algunos retrasan la recolección de: la 
miel de verano a la salida de Arturo, porque desde entonces 
al equinoccio de otoño quedan catorce días y en los cuarenta 
y ocho días que van desde el equinoccio hasta el ocaso: de 
las Pléyades”*, el brezo es muy abundante. Los atenienses 
denominan a esta planta fetrálice, y Eubea sisiro”, y creen 


7 Casio Dionisio de Útica (s. 1 a. C.) tradujo al griego una obra del 
cartaginés Magón (s. 11 a. C.) sobre la agricultura, Cf. PaurL.Y-WISSOVA, 
1112, 1722, 42, E 

B Cf. infra 118. Prieto describe además esta tarea en XV 79-81. Cf. 
asimismo Arisr., HA Y 32, 557026-31. 

14 Es decir, el 23 de agosto, 

75 Transcripción de un término griego, ereikaíon «de brezo», 

16 La salida de Arturo suele situarse en el 12 de septiembre y el equi- 
noccio de otoño en el 24 de septiembre. Cf. supra, 13. 

17 El término griego tetrálix aparece en PLIN., XXI 94 y en TeorrAs- 
TO, Historia de las plantas VI 4,4, pero designa un tipo de cardo, no la 
planta del brezo. El término sisiro no aparece atestiguado en los textos 
latinos, aunque quizá podría identificarse con la sisera de VARRÓN, Agr. 


LIBRO XI 475 


que es agradabilísima para las abejas, quizá porque entonces 
no se da ninguna otra en abundancia, Asi pues esta recolec- 
ción de miel se fija aproximadamente en el fin de la vendi- 
mia y el ocaso de las Pléyades, en las idus de noviembre. La 
razón aconseja que se dejen dos partes de la miel para las 
abejas y, cuando menos, las partes de los panales que con- 
tengan eritaca. 

Desde el solsticio de invierno a la salida de Arturo”, 
durante sesenta días, las abejas se mantienen del sueño sin 
ningún alimento, Desde la salida de Arturo hasta el equi- 
noccio: de primavera en las zonas más templadas están ya 
despiertas, pero todavía permanecen en el panal y van a 
buscar el alimento almacenado para esta época. Pero en Ita- 
lia esto mismo lo hacen a partir de la salida de las Pléyades, 
y hasta entonces duermen. Algunos al retirar la miel pesan 
los panales, verificando así qué cantidad dejan. Ciertamente 
también en estas cosas es obligado un equilibrio, y dicen 
que, cuando se defrauda a una sociedad””, las colmenas 
mueren. Así pues, en primer lugar se recomienda que retiren 
la miel hombres lavados y puros. Las abejas no pueden so- 
portar el mal olor ni la menstruación de las mujeres*. Cuan- 


11 16, 34, planta de la que, al parecer, las abejas fabricaban una miel lí- 
quida, 

% Desde el solsticio de invierno, que tiene lugar hacia el 21 de di- 
ciembre, hasta el exortus uespertinus de Arturo (el 23 de febrero), trans- 
curren, efectivamente, unos sesenta días. 

7 Es decir, a un enjambre, 

$0 Dentro de la obra pliniana, la etapa de lá menstruación ocupa quizá 
la parte más importante entre las creencias relativas al cuerpo femenino: 
concretamente en el libro XXVIII se encuentran más de nueve párrafos 
consagrados a los efectos generalmente pemiciosos de la sangre mens- 
trual, Son prejuicios y supersticiones que en algunos casos han llegado 
hasta muestros días. Cf. al respecto J. Vons, L'image de la femme dans 


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476 HISTORIA NATURAL 


do se retira la miel, es utilísimo que se ahuyenten las abejas 
con humo?!, para que no se irriten o se la coman ellas con 
avidez, Con humaredas frecuentes se las hace salir también 
de la desidia para con sus tareas, pues si no han procreado, 
elaboran unos panales negruzcos. Por el contrario, con el 
exceso de humo se envenenan, pues la miel, que se pica in- 
cluso al menor contacto con el rocío, nota rapidísimamente 
el daño. Y por ello, entre los tipos de miel se guarda una 
que denominan ácapno* 
De qué modo se engendraban las 
(16) crías* ha sido entre los eruditos una 
Cómo se reproducen cuestión importante y sutil, pues nun- 
tas abejas ñ Y 
ca se vio el apareamiento de las abe- 
jas. Muchos pensaron que se forma- 
ban en la boca, de flores combinadas** adecuada y prove- 
chosamente. Algunos dicen que proceden del apareamiento 
de un solo individuo, que es denominado el rey% en cada 
enjambre; que este es el único macho, con un tamaño supe- 
rior para que no desfallezca, de manera que sin él no se en- 
gendran las crías; y añaden que las abejas restantes le acom- 
pañan como hembras al macho, no como a su jefe. Esta opi- 
nión, tan probable en otros aspectos, se ve rebatida por el 
nacimiento de los zánganos, Pues, ¿qué razón hay para que 
un mismo apareamiento engendre unos seres perfectos y 
otros imperfectos?. La primera opinión parecería la más 


V'eeuvre de Pline VAncien, Bruselas, 2000, págs, 119-120. Cf. asimismo, 
PLix,, VII 64, 

$! Cf. Arrsr., HA 1X 40, 623b19-21, 

2 Transcripción de un término griego: ákapnon «sin humos: 

$5 Cf, Arusr., HA V 21, 5$53217-21 

% En este caso preferimos compositis, el texto de la edición de A. 
Exnour, frenta a compositas, que ofrece Mayhoff. 

85 Cf. supra 26, n, 48, 


LIBRO XI 47] 


creíble si no apareciera en su contra otra dificultad: pues, a 
veces, nacen en los extremos de los panales una abejas ma- 
yores que ponen en fuga al resto; este insecto dañino se lla- 
ma «estro» *: ¿de qué manera nacen, si las propias abejas lo 
forman? Lo que es cierto es que incuban a la manera de las 
gallinas. Lo que ha salido parece en principio un gusanillo?” 
blanco, que está echado transversalmente y se queda adhe- 
rido de tal manera que parece formar parte de la cera. El rey 
enseguida toma el color de la miel, como hecho de una flor 
seleccionada de entre todas las posibles y no es un gusani- 
lloé sino que enseguida tiene alas. La muchedumbre que 
queda, cuando empieza a tomar forma recibe el nombre de 
ninfas, igual que los zánganos el de serenes o cefenes*. Si a 


$ Es el mismo nombre latino del tábano que, curiosamente, se aplica 
a un tipo de abejas. Cf. L, Gi, op. cif., pág. 62. Sin identificación segura. 

37 El término latino uermiculus «gusanillo» puede designar, en el 
contexto de la metamorfosis de los insectos, tanto la primera fase, el es- 
tado que se denomina «de huevo», como el de la larva propiamente di- 
cha, En efecto, en los dos pasajes en que nuestro autor señala las etapas 
de una metamorfosis complicada —que parecen corresponder al desa- 
rrollo de un gusano productor de seda ($ 76) y al de la mariposa de la col 
($ 112)—, la fase de oruga o larva aparece siempre precedida por la del 
uermiculus; por otra parte, Plinio insiste además reiteradamente ($5 85, 
86, 98) en la semejanza que este gusanillo presenta con un huevo, como 
identificándolo con él. Respondiendo a esta duplicidad de significados, 
hemos decidido traducir por «gusanillo» cuando se perciba claramente 
que se trata de la fase inicial de la metamorfosis, y por «larva» en los pa- 
sajes en que el significado no parece tan preciso. 

88 Aristóteles en HA V 22, 554823, afirma que el huevo de la abeja 
rey es de color rojizo y que enseguida adquiere el volumen correspon- 
diente al insecto adulto, 

82 Los términos son transcripción de otros griegos, seirén y kephén; el 
primero aparece en Axisr,, HA IX 40, 623b ss,, referido a un insecto del 
tipo de las abejas pero de carácter no gregario, mientras que el segundo 
designa repetidamente al zángano: así en HA Y 21, 553423, 30; bl, $, etc. 
Cf. asimismo ELtano, IV 5; V, 42. 


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478 HISTORIA NATURAL 


uno u otro tipo se le arranca la cabeza antes de tener alas, 
resultan un sustento agradabilísimo para las madres”, Avan- 
zando el tiempo, les instilan el alimento y entonces los in- 
cuban y zumban muchísimo a fin de producir el calor ne- 
cesario, según piensan, para hacer salir a las crías, hasta 
que, rotas las membranas que envuelven a cada uno, a la 
manera de los huevos, toda la tropa salga. Esto se ha visto 
en Roma en una quinta de cierto excónsul, tras haberse fa- 
bricado las colmenas con el cuerno traslúcido de las linter- 
nas, La cría completa su desarrollo en cuarenta y cinco dí- 

9. En algunos panales se origina lo que se llama un 
«clavo», una dureza de cera amarga, cuando no hicieron sa- 
lir a las crías bien por enfermedad, o por desidia o por este- 
rilidad natural: es el aborto de las abejas, Recién salidas las 
crías, como en una especie de aprendizaje, trabajan junto a 
sus madres, y al rey joven le acompaña una muchedumbre 
de su misma edad. Comienzan criando varios reyes, para 
que no falten. Después, de entre ellos, cuando la prole es 
adulta, con una decisión unánime matan a los peores para 
que no se divida el enjambre. Hay dos tipos de reyes”: el 
mejor es el rojo, y el peor, el negro y moteado. Todos tienen 
una figura notable y son el doble de grande que los demás, 
las alas son más cortas, las patas rectas, su paso más altivo, 
y en la frente una mancha tirando a blanca, como una espe- 


9% Cf. ArusrT., HA v2, 554b3- 4, 

214] parecer, el desarrollo completo de la larva tiene diración dife- 
rente según el tipo de abejas: el de los zánganos, 24 días, el de las obre- 
ras, 21 días, y el de la reina, 15 6 16 días, Cf. CAPPON1, Ent. Plin., pág. 
82, 

2 Cf. Arrsr., HA V 21, 553225 ss. Carpon1 en Ent. Plin., pág. 84, n. 
132, parece adherirse a la propuesta de F. Deia CorTE (Le Georgiche, 
TIL-IV, Génova, 1986, pág. 130), según el cual el mejor pertenecería al 
género ligústico, y el peor al cecropio; cf. supra, n. 19. 


LIBRO XI 479 


cie de diadema. También se diferencian mucho de las abejas 
comunes por su brillo. 
¡Que venga ahora alguno” a pre- 


17(17) guntar si ha habido un único Hércules 
Cual es la razón , 4 
de que haya reyes Y CUÁntos padres Liber, y las demás 

entre ellas cosas que están recubiertas por el mo- 


ho del tiempo! He aquí que en tomo a 
una cosa pequeña y presente en nuestras casas de campo, de 
la que siempre hay abundancia, no consta entre los autores 
si el rey es el único que no tiene aguijón, armado solamente 
con su majestad, o si es cierto que la naturaleza se lo ha da- 
do y tan solo le ha negado su uso”, Esto sí que consta: que 
el soberano no utiliza aguijón. Es admirable la obediencia 
del pueblo para con él. Cuando sale, lo hace a la vez todo el 
enjambre, y se apiña en torno a él, lo rodea, lo protege y no 
permite que se le vea. El resto del tiempo, cuando el pueblo 
está en su trabajo, él mismo recorre las tareas del interior 
como estimulándolas, siendo el único que está libre de tarea. 
Alrededor de él, una especie de escoltas y lictores, diligen- 
tes guardianes de su autoridad. No sale fuera sino cuando el 
enjambre va a emigrar. Esto se reconoce mucho antes, por- 
que el zumbido retumba dentro durante algunos días, sínto- 
ma de los preparativos de los que buscan un día favorable. 
Si uno le arranca un ala, el enjambre no se aparta de él. 
Cuando salen, cada una de las abejas desea estar cerca de 
él y se alegran de ser vistas en sus ocupaciones. Cuando está 
cansado lo sostienen en sus hombros y si está muy fatigado 


% Probable alusión a Cicerón, ND 1, III 16, 42, en donde se trata de 
la diversidad de divinidades que se adoran bajo un mismo nombre, Cf, 
ERNOUr, com. ad loc., pág. 138. 

% Concretamente, AristóTELES, HA V 21, 553b5-7, afirma que la 
abeja reina tiene un aguijón pero que no lo utiliza, lo que lleva a algunos 
autores a pensar que nace desprovista de él. 


52 


53 


54 


56 


57 


480 HISTORIA NATURAL 


se lo cargan del todo. Si alguna, cansada, se ha separado o, 
por casualidad, se ha desviado, sigue el camino por el olor. 
Dondequiera que el rey se detiene, allí plantan el campa- 
mento común”, 


Cuando un enjambre, a modo de 


18 a 
a vez racimo, Cuelga en las casas y en los 
los enjambres templos, las abejas son señal de pre- 


son también 


de buen agúero  Sagios” de carácter tanto público co- 


mo privado, que a menudo se expían 
por sus importantes consecuencias, Se posaron en la boca de 
Platón, cuando todavía era niño, presagiando el atractivo de 
su muy dulce elocuencia; se colocaron en el campamento 
del general Druso cuando luchó con gran éxito en Arba- 
lón”, haciendo vana la inalterable conjetura de los harúspi- 
ces, que piensan que este prodigio es siempre funesto. Si se 
atrapa al jefe, se somete a todo el escuadrón”; si lo pierden, 
se dispersan y se cambian a otro. Ciertamente no pueden 
estar sin rey. Á su pesar, los matan cuando hay varios, y 
prefieren destruir las casas de los que nacen si desconfían de 
la cosecha. Entonces echan fuera también a los zánganos. 
Aunque acerca de éstos creo que se duda, y algunos piensan 
que forman una clase especial, como las abejas ladronas”, 
que son entre ellos las más grandes, pero negras y de vientre 
ancho, llamadas así porque devoran la miel a escondidas. Es 


95 Es decir, la colmena. . 

9 Cf. Cic., Harusp. 25, Son frecuentes en la NH las referencias al 
arte de la adivinación, Cf, F. CAPPON1, «Cultura scientifica naturalistica 
di Plinio», en Pline l'Ancien, témoin de son temps, Salamanca-Nantes, 
1987, págs. 142-143, 

2 Se refiere a la victoria de Druso sobre los sicambros, pero no se 
conoce exactamente la ubicación del lugar. Cf. PauLrY-Wissova, III 2, 
2711, 68 ss, 

% Cf. supra, 20, n. 40. 

2 Cf ArisróTELES, HA V 22, 553b10, 


LIBRO XI 431 


cierto que los zánganos son muertos por las abejas; y en to- 
do caso, no tienen rey. Y cómo nacen sin aguijón, está sin 
resolver, 

La crías son mejores cuando la primavera es húmeda, y 
la miel más abundante cuando es seca. Pero si en algunas 
colmenas les falta el alimento, atacan las próximas con in- 
tención de robarlo. Pero aquellas, a su vez, se colocan en 
orden de batalla y, si su cuidador está presente, de las dos 
partes, aquella que se siente protegida por él, no lo ataca. 
También a menudo luchan por otras causas, y disponen dos 
columna opuestas con dos generales a su frente cuando se 
declara la guerra, sobre todo al recolectar las flores, y cada 
uno llama a los suyos en su ayuda: esta lucha se disipa toda 
ella cuando se les echa polvo o humo; pero la reconciliación 
se hace con leches o con hidromiel. 

Además de las de campo, hay tam- 


18 (19) bién abejas de bosque, de aspecto fe- 
Las clases roz y mucho más furiosas, pero supe- 
de abejas 


riores en su tarea y en su actividad. 
Entre las de ciudad hay dos tipos: las 
mejores son cortas y de varios colores, y además rechonchas 
y de forma redonda; las peores son largas y semejantes a las 
avispas, aunque mucho peores todavía son las peludas. En 
el Ponto hay algunas blancas que fabrican miel dos veces al 
mes; cerca del río Termodonte'” hay dos tipos, unas que 
melifican en los árboles y otras bajo tierra, con una triple 
hilera de panales, y una producción muy abundante. La na- 
turaleza dio a las abejas un aguijón enclavado en el abdo- 
men, apto para una sola picadura. Ciertos autores piensan 
que, cuando clavan el aguijón, las abejas mueren al instan- 


100 Actual Terme Cayi, río de Asía Menor que desemboca en el Mar 
Negro. Cf. PLm., 1 V 10, 


59 


60 


6 


pod 


62 


482 HISTORIA NATURAL 


te'%, pero algunos opinan que no —a no ser que lo hinquen 
tan adentro que salga una parte del intestino—, sino que 
después se convierten en zánganos y no fabrican miel y, 
como si se hubieran debilitado sus fuerzas, dejan de hacer 
daño y de ser útiles, Hay entre los ejemplos uno de un ca- 
ballo muerto por ellas. Aborrecen los malos olores!” y se 
alejan de ellos, como también de los aromas artificiales; por 
ello atacan a los que huelen a ungiientos. Ellas mismas están 
sujetas a los ataques de muchos animales. Los combaten 
bastardos de su misma naturaleza, avispas y avispones, y 
también, del género de los mosquitos, unos insectos que 
llaman muliones **%, Las destruyen las golondrinas y algunas 
otras aves. Las ranas las acechan cuando van a por agua, 
que es su principal actividad cuando están incubando; y no 
solo las ranas que paran en estanques y ríos, sino que ade- 
más vienen las rubetas!%, y arrastrándose hasta la entrada 
soplan a través de las puertas: a esto, los centinelas salen 
volando y son atrapados al instante. Y dicen que las ranas 
no sienten las picaduras de las abejas. También las ovejas 
son enemigas suyas, pues se desenredan mal de su lana. 


101 Cf, ArisT,, HA IX 40, 626418 ss.; VirG1LIO, Geórg. 1V 237 ss. 

192 Cf. supra, 44; Asiraismo, CoLumeLa, IX, S, 1, 

10% Insecto de difícil identificación: puesto que el término latino, mu- 
lío, significa «mulero», se ha pensado que podría tratarse del tábano, Cf. 
CAPPONI, Ent. Plin., pág. 98. PLINIO, en XXX 147, afirma que se trata de 
un insecto que vive solamente un día. Algunos autores creen que podría 
identificarse con el Ánips, especie de hormiga diminuta que Aristóteles 
menciona en HA TV 8, 534b19, pero no parece probable. 1. C. Beavis, en 
Insects and other in Vertebrates in Classical Antiquity, Oxford, 1988, 
págs. 239-240 sugiere que podría tratarse de la libélula, insecto que devo- 
ra a las abejas y que comparte su hábitat con el efímero, lo que habria 
podido llevar a confundirlos. 

108 Cf. Arrsr., HA IX 40, 626430 ss. 


LIBRO XI 483 


Mueren también con el olor de los cangrejos'%, si alguien 

los cocina a su lado, 
Es más, también sufren enferme- 
20 dades propias de su naturaleza. Señal 
Las enfermedades de ello es una tristeza!% que las in- 

de las abejas q; 
a moviliza, y además cuando unas pro- 
porcionan alimento a las que han sido 
trasladadas ante la puerta, al calor del sol, y cuando sacan 
fuera a las que han muerto y acompañan las exequias al 
modo de un entierro, Si muere el rey a consecuencia de esta 
peste!”, el pueblo lo llora con una luctuosa inactividad, sin 
acarrear alimento y sin salir; únicamente se aglomeran en 
torno a su cuerpo con un zumbido fúnebre; y por ello se le 
aparta de la multitud que lo acompaña; en caso contrario, 
mientras lo contemplan muerto, no cesan en sus muestras de 
dolor; e incluso, si en aquel momento no se pone remedio, 
mueren de hambre. Así, su salud se aprecia por su alegría y 
por su lustre. 

19 Hay también enfermedades con relación al trabajo: 


cuando no llenan los panales le dan el nombre de claro ***; y 

105 Cf. Viro1LI0, Geóg. IV 47 ss. 

106 Cf. F. Carroni, en Ent, Plin., págs, 103-104, imagina que en este 
caso el término latino tristitia (como tristi morbo en VirG., Geórg. TV 
252) puede significar «cualquier estado de salud que revista gravedad 
hasta el punto de ser letal». 

197 Cf. Carronr, en Ent, Plin,, pág. 105, se pregunta cómo puede de- 
nominarse peste a una enfermedad que ataca sólo a la reina. Podría tratar- 
se quizá de una enfermedad infecciosa de lento desarrollo que acometiera 
en realidad a todas las abejas, 

108 El término latino podría ser transcripción de la forma jónica Alé- 
ros, nombre que da ArisróreLES (HA. VII 27, 605b11 y 1X 40, 626b17) 
a la polilla de la cera. Quizá Plinio confunde la causa con los efectos ne- 
fastos —que él llama enfermedad — que la polilla produce. Podría tam- 
bién pensarse en el mal que CoLumeLa (1X 13, 11) denomina con el tér- 
mino griego phagédaina «hambre canina», producida o por la muerte de 


65 


484 HISTORIA NATURAL 


también el de blapsigonia*” cuando no llevan a término el 
feto. 
Es además enemigo suyo el eco??” 


Q1) E * porque les devuelve un sonido que las 
Cuáles son los E 

enemicorda ahuyenta despavoridas con su doble 

las abejas repercusión. También es enemiga la 


nicbla. Las arañas les son también hos- 
tiles al máximo: cuando han tenido fuerza suficiente para 
tejer su tela, matan las colmenas, Además les es funesta esta 
mariposa perezosa e innoble, que revolotea por las luces en- 
cendidas, y no por un solo concepto: ella devora la cera y 
deja unos «excrementos» de los que nacen las carcomas!*?; 
pone también un hilo como el de las arañas por dendequiéna 
que pasa, que procede sobre todo de la pelusa de sus alas. 


buena parte de las abejas a causa de la lluvia o por la destrucción de los 
panales por la polilla, Algunos autores, sin embargo, han sugerido que el 
insecto dañino podría pertenecer a la familia de los coleópteros, el esca- 
rabajo denominado trickodes. Cf, Capron1, Ent. Plin. pág, 105; asimis- 
mo ERNOUT, com. ad loc., pág. 141, y Braves, op. cit., pág. 186. 

10 Término procedente de los vocablos gr. blápto «dañar» y goné 
«generación». Quizá la misma enfermedad a la que alude CoLumeLa (IX 
13, 13) cuando afirma que, en ocasiones, el exceso de la producción flo- 
ral podría llevar a las abeja a ocuparse en exceso por la elaboración de la 
miel y a descuidar, cansadas por el esfuerzo, la atención a la prole. Cf. 
CAPPONI, Enf. Plin., pág. 106 y ERNOUT, com. ad loc., pág. 142, 

119 Cf. Vira. Geórg. TV 50 y CoLumeLa IX 5, 6. estira CAPPo- 
NL, Ent. Plin,, pág, 99. E 

1 Plinio aplica aqui el nombie de feredines —que en $ 3 designaba a 
las carcomas — a las larvas de la polilla de la cera: tal vez podría tratarse 
de una confusión de nuestro autor, Lo que el naturalista latino denomina 
«excrementos» debe de tratarse de los huevecillos que este insecto depo- 
sita en los panales, El insecto podría identificarse con la Galleria mello- 
nella, pero sin seguridad; cf, CAPPONI, Ent, Plin., pág. 101; asimismo, 
GiL, op. cit., pág. 115, y Braves, op. cit., pág. 131. ErnourT piensa más 
bien en la Phalaena tinea mellomella o Phalaena tortrix cereana (com. 
ad loc. pág. 142). 


LIBRO XI 485 


Nacen también en la misma madera unas carcomas que ata- 
can principalmente a la cera. A las abejas les causa estragos 
también su ansia de comida, pues el vientre se aligera por la 
inmoderada cantidad de flores, sobre todo en el tiempo de la 
primavera. Con el aceite, ciertamente, mueren no sólo las 
abejas, sino todos los insectos '*?, principalmente si se ponen 
al sol con la cabeza untada, Algunas veces también ellas se 
atraen las causas de su muerte, libando con avidez cuando 
se han dado cuenta de que se les arrebata la miel; por lo de- 
más, son sobrias y además rechazan a las pródigas y a las 
voraces lo mismo que a las perezosas y a las indolentes?'. 
A ellas mismas les perjudica también su miel, pues cuando 
se embadurnan por la parte de atrás, mueren. ¡A tantos ene- 
migos y a tantos azares — ¿y en qué proporción tan pequeña 
los estoy yo. mencionando? — está expuesto un animal tan 
espléndido! Los remedios los diremos en los lugares corres- 
pondientes*** pues ahora nuestra conversación gira en torno 
a su naturaleza. 
Gozan con los aplausos y con el 
20 (22) tintineo de un objeto de bronce y con 
Forma de retener > ello se reúnen!!%: Por ello resulta evi- 
lis dente que en ellas existe también el 
sentido del oído. Realizado su trabajo, 
criada su prole, habiendo cumplido con su deber, realizan, sin 
embargo, los ejercicios que tienen por costumbre: tras salir al 


12 Cf, Arrsr,, HA VII 27, 605b19-21, Los insectos mueren por asfi- 
xia al penetrar el aceite por sus canales respiratorios, Cf. CAPPONI, Ent, 
Plin., pág. 103, y ERNOUE, com. ad loc., pág. 142. 

113 Cf. ArrsT., HA IX 40, 627420. 

14 Cf. Pomv., XX0 72. > 

35 Cf. VirG. Geórg. IV 64-66. Asimismo Aristóteles, quien, sin em- 
bargo, parece dudar de que las abejas gocen del sentido auditivo (HA YX 
40, 627a15-19). 


66 


67 


68 


69 


70 


a 


486 HISTORIA NATURAL 


aire libre y elevarse hacia lo alto describiendo circulos en su 
vuelo, vuelven después, finalmente, para la comida. Su vida 
es a lo sumo de siete años?*f, con tal de que salgan bien para- 
das de enemigos y percances; se dice que las colmenas en su 
conjunto nunca han durado más de diez años. Hay quienes 
piensan que una vez muertas, si se conservan en invierno bajo 
techado, después de secarse al sol de primavera y calentarse 
con ceniza tibia de higueras, vuelven a la vida. 

Ahora bien, dicen que si han muer- 


(3) to todas ellas, renacen de las tripas de 
Forma de los bueyes recién muertos cubiertas 
repoblarlas 


con estiércol — Virgilio !*” dice que del 
cuerpo muerto de los novillos -—, así 
como las avispas y los avispones del de los caballos, y los 
escarabajos del de los asnos, puesto que la naturaleza trans- 
forma unas cosas en otras. Pero los apareamientos de todos 
estos insectos se pueden contemplar y, sin embargo, sus 
crías son casi de la misma naturaleza que las abejas. 


2 (24) Las avispas?! hacen sus nidos de 
Las avispas, barro en un lugar elevado, y en ellos 
los avispones. Ñ ] 

Qué inseciós los panales; los avispones los hacen 
se apoderan en cavidades o bajo tierra; Las celdi- 
de lo ajeno, llas de todos estos son también hexa- 


gonales, pero sus panales''” están hechos de corcho y son 


semejantes a la tela de araña, La prole misma es heterogé- 


6 Toualmente en ArrsT., HA V 22, 554b6-8, y Vir. Geórg, IV 207. 

17 Cf. VirG,, Geórg. 1V 284 ss, 

118 A] parecer, de entre los numerosos tipos de avispas existentes, so- 
bre los árboles nidifica la Dolichouespula siluestris y la Dolichouespula 
media, y en cavidades o bajo la tierra, la Parauespula germanica y la Pa- 
rauespula uulgaris. Los avispones se identifican con la Vespa crabro, Cf. 
CAPPONE Enf. Plin,, págs. 115-116. 

119 Cf. Arusr., HA V 23, 554b23 ss. 


LIBRO XI 487 


nea, como corresponde a las especies salvajes: uno vuela, 
otro está en fase de crisálida, otro en fase de larva, y todo 
esto en otoño y no en primavera, Es en el plenilunio cuando 


crecen muchísimo. Las avispas que se llaman «icneumo- 72 


nes» !? —y son más pequeñas que las otras— matan un ti- 


po de arañas llamado falangios*?!; las llevan a sus nidos, 
después las embadurnan con barro, y de ellas hacen nacer su 
especie mediante la incubación. Además todas se alimentan 
de carne, al contrario que las abejas que no tocan ningún 
cuerpo animal '?, Pero las avispas cazan moscas muy gran- 
des y tras cortarles la cabeza se llevan el resto del cuerpo *?. 
De entre los avispones, los de los bosques viven en las cavi- 
* dades de los árboles; en invierno se ocultan como los demás 
insectos; su vida no sobrepasa los dos años. Sus picaduras 
habitualmente hacen subir la fiebre. Hay autores que afir- 
man que un hombre muere con tres veces nueve pincha- 
zos, De los otros, que parecen más inofensivos, hay dos 
tipos: los obreros, que son de cuerpo más pequeño y que 
mueren en invierno, y las madres, que duran dos años; éstas 
son también pacíficas. Generalmente hacen nidos de cuatro 
puertas ”*, en los que se engendran los obreros. Una vez 


120 Es decir «rastreadoras». Se han querido identificar con el Pelo- 
paeus spirifex, Cf. G1L, op. cif., pág. 176. La información procede de 
Arrsr:, HA V 20, 552b26-30, y IX 1, suo 

12 Cf infra, 790.134. 00 00 

2 Cr supra, 18. ; 

2 Cf. Arisr., HA:TX 42, 628b32 ss. Como cobija Cúrton (Ent. 
Plin. pág. 119), en este caso Plinio atribuye a las avispas las costumbres 
que el Estagirita observa en los avispones. 0 

YA Plinio destaca una vez más la importancia de los números impares, 
tan relevante en la doctrina pitagórica. 

15 AristóTELES, HA TX 41, 628220, escribe que las avispas obreras 
nacen en avisperos tetrathúroi, adjetivo que podría ser interpretado como 
«de cuatro elementos», pero que Plinio traduce por quadrifores «de cua- 


75 


488 HISTORIA NATURAL 


criados éstos, hacen después otros nidos mayores, en los 
que puedan ya crecer las futuras madres: entonces los obre- 
ros cumplen con su tarea y las alimentan. La forma de las 
madres es más ancha y se duda si tienen aguijones porque 
no salen fuera*”, Tienen también sus zánganos. Algunos 
opinan que en todos estos animales los aguijones caen en el 
invierno, Ni en el género de los avispones ni en el de las 
avispas existen reyes o enjambres, sino que su número se 
renueva sin interrupción mediante la prole. 
205) Dentro de este género 
El gusano un cuarto tipo, el de los bombices 
de seda de Ásiria. que aparece en Asiria, mayor que los 
Los bombilios, : 
los necidálos anteriormente nombrados. Hacen sus 
nidos de un lodo con aspecto de sal, 
adosados a una piedra y con tal dureza que apenas pueden 
perforarse con dardos. En ellos producen una cera más 
abundante que las abejas, y después un gusanillo más 
grande, 


127 existe 


12, 


tro puertas» , quedando así un tanto alterada la información de su fuente. 
Cf. Cappon1, Enf. Plin., pág. 121. 

16 Cf. Axusr., HA IX 41, 628231-b3, Con la frase: dubiumgue an ha- 
beant aculeos, quia non egrediuntur creemos que Plinio reproduce el 
texto de Aristóteles, según el cual se dudaba de que las avispas madres 
pudieran tener aguijón porque no lo sacaban nunca fuera; MARCONE, sin 
embargo, en su traducción ( pág. 579) interpreta el pasaje de manera dis- 
tinta, sobreentendiendo matres como sujeto de. egrediuntur, al entender 
que los antiguos no podían haber visto el aguijón, porque este tipo de 
avispas no salía nunca del avispero, Cf. CappPoNI, Ent. Plin., págs. 121- 
122, 

12? Es decir, el de los véspidos. : 

3% Podría tratarse del abejorro. Cf. G1L, o. c., pág. 135. CAPPONI (Ent, 
Plin., pág. 124) da como probable su identificación con la Chalicodoma 
muraria. 


LIBRO XI 489 


Los bombices*”? tienen también 76 


(26) ] S , 
Quién fue la otro origen. De un gusanillo más gran- 
primera mujer de se forma una oruga que extiende 
que descubrió 


dos cuernos típicos de su especie, lo 
que después se llama bombilio, de ello 
el necídalo, y de éste en seis meses el bombice!*, Al modo 
de las arañas, tejen telas, para el vestido y la ostentación de 
las mujeres, que reciben el nombre de bombicina. Este de- 
vanar los capullos y tejerlos de nuevo lo descubrió en Cos 
por primera vez una mujer, Pánfile, hija de Platea, a la que 
no debe sustraérsele la gloria de haber ideado un método pa- 
ra que el vestido desnude a las mujeres. 

Cuentan que los bombices nacen 77 


la tela de seda 


23 (27 de ; 
El a también en la isla de Cos, cuando el 
de seda de Cos. soplo vital de la tierra vivifica las flo- 


Cómo se teje 


la tela de Cos res del ciprés, del terebinto, del fresno 


y de la encina tras ser abatidas por las 
lluvias. Que se forman en primer lugar unas mariposas pe- 
queñas y desnudas y, enseguida, por su incapacidad para 
tolerar el frio, se cubren de pelo, y se proveen de unas túni- 


19 El término latino bombyx tiene una segunda acepción en el sentido 
de «gusano productor de seda», El hecho de que se diera a este insecto el 
mismo nombre que al abejorro, tendría su origen en la circunstancia de 
que la pupa de este gusano zumba en el interior del capullo. Este «gusano 
de la seda» no es, sin embargo, el procedente de la China, que fue desco- 
nocido en el mundo clásico hasta el s. 1 d, C., sino otra variedad — quizá 
originaria del Asia Anterior (Persia o Asiria) — que se aclimató en la isla 
de Cos y que se ha querido identificar con el Packypasa otus. Cf. Gre, 
op. cit., pág. 132-136. Asimismo, Beavis, op. cit, págs, 140-141, y Er- 
NOUT, cont, ad loc., pág. 144, 

130 En este texto, los términos uermiculus, urica, bombylis, necydalus 
y bombyx designan las fases evolutivas de la metamorfosis de este gusa- 
no de seda, si bien, en realidad, el último parece ser utilizado además 
como el genérico para este tipo de insecto. Cf. GxL, pág. 132. 


78 


7 


490 HISTORIA NATURAL 


cas compactas contra el invierno, raspando la pelusilla de 
las hojas con la aspereza de sus patas. Esta pelusilla la acu- 
mulan ellos en forma de vellones y la trabajan minuciosa- 
mente con la carda de sus uñas, después se estiran en hebras 
y la alisan como con un peine de cardador; después, suje- 
tándola se la enrollan alrededor del cuerpo, en un nido que 
las envuelve; entonces se las lleva el hombre y en vasijas de 
arcilla se hacen crecer con el calor y con una alimentación a 
base de salvado; y así les brotan unas plumas que son pro- 
pias de su especie, revestidas de las cuales quedan libres pa- 
ra otras ocupaciones. Los capullos que se han recogido, se 
ablandan por la humedad y luego se devanan en hilos con 
un huso de junco. Tampoco a los hombres les ha avergon- 
zado usar estos vestidos en verano por su ligereza: tan lejos 
ha quedado la costumbre de revestir coraza que incluso el 
vestido se les hace pesado *!. Sin embargo, hasta ahora, el 
bombice de Asiria se lo cedemos a las mujeres. 
24(28) Y no está fuera de razón el añadir 
Las arañas. a la descripción de estos insectos la de 
Cuáles de entre las arañas'%, dignas además de una 
Qué ed particular admiración, Sus tipos son 
usan para tejer varios 3 y, siendo tan conocidas, no 
es necesario enumerarlas, Entre ellas, 


13! Crítica de Plinio a la molicie de los emp; 

132 En la taxonomía moderna, la clase de los arácnidos se  dilingie de 
la de los insectos, no así entre los antiguos, pues estos animales compar- 
ten con aquellos la característica de tener un cuerpo segmentado. Cf 
CAPPONI, Ent. Plin,, pág. 129. 

133 Plinio recoge en los párrafos siguientes la información de ArIsT., 
HA 1X, 39, 622b27 ss., aunque con deficiencias. Por otra parte, es obliga- 
do señalar que nuestro autor en XXIX 84 afirma que los falangios son 
desconocidos en Italia, lo que choca un poco con la idea de que no es 
preciso enumerar los tipos de araña por suficientemente conocidos. 


LIBRO XI 491 


se denominan falangios'** aquellas cuya mordedura es da- 
ñiina, el cuerpo pequeño, moteado y picudo, y además avan- 
zan a saltos. Otra variedad de esta especie es negra, con las 
patas delanteras larguisimas. Todas tienen tres articulacio- 
nes en las patas. Las más pequeñas entre las «arañas lo- so 
bo»** no tejen, y las mayores lo hacen en la tierra y dispo- 
nen delante de sus agujeros unas pequeñas entradas, El 
tercer tipo de araña! es notable por su sabio trabajo. Teje 
las telas y basta su vientre para suministrar el material de un 
trabajo tan grande, sea porque la materia dentro de su ab- 
domen se altera en un tiempo determinado, asi como quiere 
Demócrito*%”, sea porque hay en su interior una especie de 
fertilidad para producir pelusa: con una uña tan habilidosa, 
con un hilo tan delicado y tan igual componen el estambre, 
sirviéndose de sí mismas como contrapeso. Comienza a te- 81 
jerlo por el centro '*, alargando la trama con unos giros en 
redondo, y, extendiendo las mallas a intervalos siempre re- 
gulares pero con espacios progresivamente crecientes a par- 
tir de lo estrecho, las entrelaza con un nudo indisoluble. 
¡Con cuánta habilidad oculta las trampas que se suceden en 


134 El término es transcripción de otro griego, phalángion, que cons- 
tituye el nombre habitual para toda clase de arañas venenosas dentro de 
la literatura griega. C£. Puiw., XXIX 84. Cf. GiL, op. cit., págs. 87-88. 
Esta variedad podría identificarse con el Latrodectes tredecimguttatus o 
con el Salticus scenicus, mientra que la negra podría ser una especie de 
Laterigradae o la Argyroneta aquatica. Cf. al respecto CAPPONI, Ent, 
Plin., pág. 130. : 

135 Quizá la Lycosa tarentula, al parecer muy conocida en Italia, Cf. 
CAPPON1, Enf. Plin,, pág. 131. 

136 Los estudiosos la identifican con una especie o género de las epei- 
ras, quizá la Epeira diademata. Cf. Capron1, Ent. Plin., pág. 131. 

137 Dernócrito de Abdera, filósofo nacido en torno al 460 a. C, Esta 
información podría estar tomada de su obra Las causas de los animales. 

188 Cf, Arisr., HA IX 39, 623a9 ss. 


82 


83 


84 


492 HISTORIA NATURAL 


la red romboidal! ¡Qué poco adecuado para ello parece el 
pelo de una tela áspera y la disposición de una trama, re- 
sistente por sí misma y de una tersura casi primorosa! ¡Qué 
flexible es su fondo frente al viento, y para no rechazar las 
presas que le llegan! Creerías que los hilos se despliegan 
desde la parte de arriba abandonados por el animal cansado; 
pero se ven con dificultad y, como ocurre en las trampas, los 
cordeles con los que se chocan precipitan las presas al fon- 
do. Y su misma cueva ¡con qué habilidad está abovedada! 
Y contra el frío, ¡con cuánta pelusa está recubierta! ¡Qué 
alejada está la araña del centro y cómo parece que se dedica 
a otra cosa, oculta de tal manera que no puede verse si hay 
alguien dentro o no! ¡Pues bien, qué firmeza tiene la red! 
¿en qué momento la han destrozado los vientos, con qué 
masa de arena se ha abatido? Cuando el animal practica su 
arte y aprende a tejer, la anchura de la tela se extiende con 
frecuencia entre dos árboles. La longitud del hilo se extien- 
de desde lo alto del árbol, y la araña, de nuevo por ese mis- 
mo hilo, retorna rápidamente desde la tierra y prolonga el 
hilo a la par que sube. Pero cuando cae la presa, ¡qué atenta 
está y qué preparada para llegar a la carrera! Aunque la pre- 
sa quede adherida en el extremo de la red??, la araña corre 
siempre al centro, porque así, sacudiéndolo todo, la enreda 
mejor, Cuando la tela se ha desgarrado, la repara al instante 
recomponiéndola hasta que queda igual. Cazan también las 
crías de los lagartos, rodeando primero su boca con la tela y 


132 Aunque la mayoría de los traductores suponen que el sujeto de Hi- 
cet extrema haereat plaga es el insecto que queda preso, algunos conjetu- 
ran que es la misma araña, Así, p. ej., CAPPONI (Ent. Plin,, pág. 134), 
quien propone la siguiente interpretación: «Aunque la araña esté apostada 
en un extremo de la tela, corre siempre al centro, porque, a causa de las 
vibraciones...». 


LIBRO XI 493 


por último sujetando después ambos labios con su mandí- 
bula, espectáculo digno de un anfiteatro cuando acontece. 
De ellas se obtienen también augurios, pues cuando va a 
haber una crecida de los ríos, ponen más altas sus telas. 
Ellas mismas tejen con buen tiempo y destejen las telas 
cuando hay nubes, de manera que las muchas telarañas !% 
pronostican la lluvia. Creen que es la hembra la que teje y el 
macho el que caza; asi, en su unión, la aportación es la 
misma ', 
Las arañas se unen por detrás** y 
(29) paren gusanillos semejantes a huevos; 
La reproducción — y, desde luego, el tema de su repro- 
pe tt ducció; de aplazarse más, pues 
ucción no puede ap , Pp 
apenas queda ninguna otra noticia acer- 
ca de los insectos. Hacen toda su puesta en la tela, pero dis- 
persa, porque saltan y de esta manera van soltando los hue- 
vos. Los falangios son las únicas que incuban en su propia 
cueva un gran número de crías, que, cuando salen, devoran 
a la madre y a menudo al padre, pues él la ayuda a incu- 
bar!%, Esta especie pone incluso trescientos huevos, y las 
demás menos, y los incuban durante tres días, Las arañas se 
desarrollan completamente en veintiocho días. 


M9 Ervour interpreta en su traducción (pág. 55): «un gran número de 
telas (volando por el aire) es signo de lluvia», Cf. com. ad loc., pág. 146, 

14l Quizá Plinio ha utilizado a Aristóteles como fuente, aunque se 
perciban diferencias entre ellos, pues el Estagirita (HA IX 38, 623423-24) 
lo que afirma es que la hembra caza y teje, mientras que el macho parti- 
cipa sólo en la comida. 

14 Plinio condensa aquí la información de Arisr., HA V 8, 542a17, y 
V 23, 555428 ss. 

143 Cf. Arusr,, HA V 23, 555612-15, Sin embargo, esta información, 
según parece, no se corresponde con la realidad, Cf. Cappon1, Ent. Plin., 
pág. 138, n. 32, 


86 


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88 


494 HISTORIA NATURAL 


De modo semejante a las arañas, 
también los escorpiones terrestres po- 
nen gusanillos con aspecto de huevos 
y de modo semejante mueren!'*; es 
una plaga cruel, con un veneno como 
el de las serpientes, salvo que, con un suplicio más inso- 
portable, matan con una lenta agonía que dura tres días'*; 
su picadura es siempre mortal para las vírgenes y casi del 
todo para las mujeres; para los hombres, en cambio, lo es la 
picadura matutina, cuando salen de sus cuevas antes de ha- 
ber expulsado el veneno en ayunas por una picadura fortui- 
ta. Su cola está siempre en movimiento y en ningún mo- 
mento deja de ejercitarse para no desaprovechar nunca la 
ocasión; hiere tanto golpeando de lado como replegando 
la cola. Apolodoro** asegura que expelen un veneno blan- 
co, y los clasifica en nueve tipos!* según los colores, pero 
sin ninguna utilidad, porque no es posible saber cuáles tenía 
este autor por los menos dañinos, Dice que algunos tienen 
dos aguijones y que los machos son los más crueles pues 
a ellos les atribuye el apareamiento— y se los reconoce por 
ser delgados y largos; que todos tienen veneno al mediodía 
cuando se abrasan por el ardor del sol, y además que, cuan- 
do tienen sed, la bebida no les sacia. Consta también que los 
que tienen siete articulaciones en la cola son más crueles. La 
mayoría, desde luego, tiene seis, A esta calamidad africana 


25 (30) 


Los escorpiones 


14 Cf, Arusr., HA V 23, 555422 ss, 

145 Podría pensarse en el escorpión africano (Androctonus afer), pero 
no así en el escorpión de Europa, cuya picadura no es letal. Cf, ErNour, 
com. ad loc., pág. 146. Asimismo, infra 98. 

146 Apolodoro, autor griego del s. m a. C. que escribió un tratado so- 
bre los animales venenosos. 

147 En nuestros días se conocen más de seiscientos tipos de escorpio- 
nes: esto, unido a la escasa precisión de las descripciones plinianas, hace 
que la identificación de las especies se haga muy difícil. 


LIBRO XI 495 


los austros la hacen incluso volar, sosteniendo a los escorpiones 
cuando extienden sus patas delanteras a modo de remos; 
Apolodoro mismo dice claramente que algunos tienen alas. 
En muchas ocasiones los psilos'*, que introduciendo veneno 
de otras tierras para su lucro personal han llenado Italia de 
males extranjeros, intentaron también introducir estos in- 
sectos, pero no pudieron vivir dentro del clima de Sicilia. Se 
ven, sin embargo, algunas veces en Italia, pero son inofen- 
sivos, y en muchos otros lugares, como en Egipto, en las 
proximidades de Faros'”, En Escitia'%% matan incluso a los 
cerdos —en otras ocasiones más resistentes a venenos se- 
mejantes *!—, y, ciertamente, a los de color negro todavía 
con mayor rapidez si llegan a sumergirse en el agua. Al 
hombre que ha recibido una picadura, se cree que le sirve de 
remedio la propia ceniza de los escorpiones bebida con vi- 
no!%, Se piensa que las salamanquesas, incluso sumergidas 
en aceite, son también un buen antídoto contra los escorpio- 
nes, en tanto que son inofensivas para aquellos animales que 
carecen de sangre y tienen forma de lagarto; al igual que las 
salamanquesas, los escorpiones no dañan, generalmente, a 
ningún animal que no tenga sangre. Algunos creen que ellos 
mismos devoran a sus crías; y solamente queda una, la más 
hábil, que colocándose a la trasera de su madre se pone 
oportunamente a salvo de su cola y de su picadura; que ésta 


148 Pueblo que habitaba en la costa, al oeste de Trípoli. Cf, PLrw., Y 
27 y VIL14. 

149 Isla situada frente a la costa de Egipto, unida por un puente a Ale- 
jandría . Cf. PLax,, V 128, 

150 Región geográfica mal delimitada, que suele situarse en la zona 
noroeste de Europa, desde los Cárpatos, por el sur, hasta los confines de 
Persia. Cf. PLrw., 11135 y 167, y V134-35, 50, 53 y 55, 

151 Cf Pron, XXIX 75, y XXXI 55. 

12 Cf Piiw., XXIX 91, 


89 


wo 
pu 


92 


93 


496 HISTORIA NATURAL 


es la vengadora de las demás, pues al final, desde arriba, 
termina con sus progenitores. Paren once crías cada vez ?”, 

es Estas salamanquesas*%* tienen en 

Las salamanquesas  erto modo la naturaleza de los ca- 

maleones, viviendo solamente del ro- 


cío y, además, de las arañas, 


En Semejante a la de las salamanque- 
Lotccaias sas es la vida de las cigarras'%, de las 
Viven sin boca que existen dos especies: las más pe- 


y sin excretar 


elalimento queñas son las que se dejan ver las 


primeras y mueren las últimas; y ade- 
más son mudas. Después aparecen las que cantan: reciben el 


nombre de aquetas y, de entre ellas, las que son menores, el 


de tefigonias!'%; pero aquellas son más melodiosas. En am- 


bos tipos cantan los machos, pero las hembras callan. Los 
pueblos de Asia se alimentan de ellas, incluso los partos '%”, 
aunque tienen abundantes recursos. Prefieren a los machos 
antes del apareamiento, y después del apareamiento a las 
hembras, pues se envician con sus huevos que son blan- 
cos*%, El aparcamiento lo hacen tendidas boca arriba. En el 


153 Cf, Axisr., HA V 26, 555226. 

15% Ha sido identificada con la Lacerta gecko. Otras caracteristicas del 
animal las podemos encontrar en XXIX 73; Acerca del camaleón, cf. 
Pim, VHH 120-122, y XX VI 112 ss. 

155 CP ArusT., HA V 30, 556815 ss., y IV 7, $32b11 ss. De las dos es- 
pecies, la mayor podria identificarse con la cigarra común (Lyristes ple- 
beius), y la menor con la cigarra del homo (Cicada orni). Cf, al respecto, 
Carpron1, Ent, Plin,, pág. 145. 

15 Los términos latinos son transcripción de otros griegos: achétas 
significa «chirriante, sonora», mientras que fettigónia es un diminutivo 
del gr. téttix, que podríamos traducir por «cigarrita» 

157 El reino de los partos, según PLin., VI 41, se extendia entre el act, 
golfo Pérsico y el mar Caspio, en la zona montañosa del Cáucaso. 

158 Cf, ArasT., HA V 30, 556b13-15, 


LIBRO XI 497 


dorso tienen una dureza que termina en una punta muy agu- 
da, con la que excavan en la tierra un lugar para sus crías !%, 
Se forma primero una larva, y después, a partir de él, la ci- 
garra que se llama tefigometra!%; Ésta, una vez roto su Ca- 
parazón en torno al solsticio, alza el vuelo, siempre por la 
noche; en un principio son negras y duras. Éste es el único 
animal entre los vivientes, que no tiene boca; en su lugar 
tiene algo semejante a la lengua de los que tienen aguijón, y 
lo tienen en el tórax; con ello liban el rocío. El tórax mismo 
tiene forma de tubo; con él cantan las aquetas, como dire- 
mos ?*!. Por lo demás, en el abdomen no hay nada. Cuando, 
alborotadas, se echan a volar, despiden un humor, la única 
prueba de que se alimentan de rocio. Ellas mismas son los 
únicos animales que no tienen un orificio en el cuerpo para 
los excrementos. Son de una visión tan torpe, que si alguno 
les acerca un dedo doblándolo y extendiéndolo, pasan por 
encima como si fuera una hoja que se mueve!%?. Algunos 
autores suponen que entre ellas hay dos tipos distintos: la 
surcularia, que es más grande, y la frumentaria que otros 
denominan avenaria, pues aparecen al mismo tiempo que se 
secan los granos. 

27 Las cigarras no nacen donde hay escasez de árboles 
—por ello no se encuentran en Cirene, sino en su entor- 
no! — ni en las llanuras ni en los bosques fríos y umbro- 


132 Cf, Arisr., HA V 30, 556829 ss. 

16 Transcripción de un término griego que significa «cigarra madre»: 
parece que designaba a la ninfa, ya que se la describe en su caparazón , 
en estado de pupa. Cf. CAPPONI, Ent. Plin., pág. 151. 

161 Cf. infra 266. 

162 Adoptamos la lectura de Emout, muvente, frente a ludente, que 
propone Mayhoff. 

163 ArrsróteLEs, en HA V 556223, concreta, en este mismo contexto, 
que, al hablar de Cirene se refiere solamente a la llanura que ocupa la 


96 


498 HISTORIA NATURAL 


sos. También en cuanto a su presencia, se establecen dife- 

rencias según los lugares: en la región milesia se encuentran 

en pocos lugares, pero en Cefalonia!% sólo un río separa su 

escasez de su abundancia. Y en la comarca de Regio '“ to- 

das callan, pero al otro lado del río, en la región de Locros, 

las cigarras cantan!%. Sus alas son como las de las abejas, 
pero más amplias en proporción a su cuerpo. 

Algunos insectos tienen dos alas, 

28 (33) como las moscas, otros cuatro, como 

de med DN las abejas. Las cigarras vuelan incluso 

con unas membranas, Tienen cuatro 

alas los insectos que van armados con 

aguijones en el abdomen. Ninguno de los que tienen el arma 

en la boca vuela con más de dos alas. A aquellos se les ha 

dado el aguijón para su venganza'%, a éstos para conseguir 

el alimento. A ningún insecto le vuelven a nacer las alas 

cuando se las arrancan; ninguno que tenga el aguijón en el 

abdomen, tiene dos alas, 


ciudad. Acerca de su situación en el N. de África, cf. PLin., IV 58, 60 y V 
31-32, 39, 

16% Actual Kefalonia, a la entrada del golfo de Patras. Cf, Praw., IV 
54, 55, 

165 Actual Reggio di Calabria, en el estrecho de Mesina, Cf. PLmx., MI 
73, 86, Locros, en la costa sur de la actual Calabria. Cf. Pum., , IS, 74, 
95, Son ciudades que distan entre sí menos de 60 Km. 

166 Curiosamente, Enano en V 9, afirma que las cigarras de Locros 
enmudecen en Regio, y a las de Regio les sucede lo mismo en Locris. Cf. 
ERNOUT, com. ad loc., pág. 149. 

167 El término latino, ultio, que significa «venganza», se refiere en 
este caso a la reacción de defensa del insecto ante la agresión de otro 
animal, cuando utiliza el aguijón a manera de arma protectora. CÉ. Cap- 
PONI, Enf. Plin., pág. 1534. 


LIBRO XI 499 


A algunos insectos les cubre un re- 


64) tanto 168 ¡ 
Los escarabajos,  Vestimiento** para protección de sus 
luciérnagas alas, como a los escarabajos, cuyas 


y demás ralea 


le escarabaios alas son más finas y más frágiles. A 


éstos no se les ha concedido aguijón, 
pero en una de sus especies, que es de gran tamaño, se dan 
unos cuernos muy largos ahorquillados, con una pinzas 
dentadas en la punta que se cierran a voluntad para atenazar; 
se cuelgan también del cuello de los niños a modo de reme- 
dio!%: a éstos Nigidio!”” los llama lucavos!”. En cambio, 
caiste otra especie de escarabajos que, marchando hacia 
atrás, hacen rodar con las patas enormes bolas de estiércol y 
en ellas colocan como en un nido los pequeños gusanillos 
de sus crías contra los fríos del invierno. Hay unos?”? que re- 
volotean con grandes zumbidos o mugidos, y otros?” que 
horadan hogares y prados con grandes agujeros, emitiendo 
por la noche un sonido agudo. Las lampírides * brillan por 
la noche al modo del fuego por el color de sus costados y de 


168 Se trata, como parece claro, de los élitros, que sirven de protección 
a las alas. 

169 Es decir, como amuleto. Cf, Capros1, Enf. Plin,, pág. 156. 

179 Publio Nigidio Fígulo: político, investigador de la naturaleza y fi- 
lósofo neopitagórico. Amigo de Cicerón, vivió en el s. 1a, C. Aunque es- 
cribió mucho y sobre temas muy diversos, a nosotros no nos han llegado 
más que algunos fragmentos, 

171 Se trata del llamado «ciervo volante» (Lucanus cervus). 

172 Podría tratarse del abejorro o de algún otro coleóptero de la espe- 
cie melolonta, Cf. CaPPON1, Ent. Plin, pág. 157. 

173 Entre los escarabajos incluye Plinio dos tipos de grillos, el domés- 
tico y el de campo. Cf. CarPON1, ibid, 

174 Se trata de la luciérnaga (Luciola itala o L. lusitanica). Plinio uti- 
liza aquí la transcripción de su nombre griego — que respetamos en nues- 
tra traducción — , ya que el término latino correspondiente es cicindela. 
Cf. L. Gu, pág. 83. 


97 


99 


100 


500 HISTORIA NATURAL 


su parte trasera!”*, unas veces resplandecientes al abrir sus 


alas y otras oscurecidas al cerrarlas; no se hacen visibles 
antes de que los pastos estén en sazón, ni después de la sie- 
ga. Por el contrario, las cucarachas!” tienen una vida que se 
alimenta de oscuridad; rehúyen la luz, y se originan sobre 
todo con el vapor húmedo de los baños. De esta especie, 
unos escarabajos rojos y muy grandes horadan la tierra seca 
y forman unos panales a modo de una esponja pequeña y 
porosa, con una miel venenosa?!””, En Tracia'*, junto a 


Olinto, hay un lugar pequeño en el que el único animal que 


muere es éste; recibe por ello el nombre de Cantaroletro?”, 


Las alas de todos los insectos son sin hendidura; ninguno 
tiene cola salvo el escorpión. Este es el único que no sólo 
tiene unos brazos!* sino también en la cola un aguijón; de 
los demás, algunos tienen un aguijón en la boca, como el 
asilo'%!, o el tábano, si queréis que se denomine así, y tam- 
bién el mosquito y algunas moscas: todos estos lo tienen en 


175 Los órganos fotógenos ocupan los últimos segmentos abdominales 
de la parte inferior, Cf. CaPPoN1, Ent. Plin,, pág. 159, 

167 Cf. Viro., Geórg. IV 243. Aunque el término latino blatía, al pa- 
recer, se aplicaba a varias especies del mismo género, la descripción de 
Plinio invita a pensar en la denominada Blatía orientalis, Cf. CAPPONL 
Ent, Plin., pág. 159. 

177 Esta descripción, según CAPPONz, Ent. Plin,, pág. 160, recoge ras- 
gos de distintos géneros, pero parece que podría aplicarse con mayor 
propiedad a la denominada Cantharis fusca, que también produce una 
sustancia venenosa que contamina la miel, 

178 Acerca de Tracia, cf., PLrw., IV 40-42, Olinto es ciudad situada en 
la península Calcídica, al N de Grecia. Cf. PLiw., TV 42, 

11% Término que significa «muerte de los escarabajos» 

18% Denominación metafórica que se refiere a las pinzas, es decir, el 
último artejo de las patas de ciertos artrópodos, que les sirven para apresar. 

1 Ismoro, Et, XU 8, 15, nos informa de que este animal recibe en 
griego el nombre de oestrus, y en latín el de asilus, pero que el vulgo lo 
conoce como tabanus, Cf. supra, 47. 


LIBRO XI 501 


la boca y en lugar de la lengua, Algunos tienen estos agui- 
jones sin punta y no para picar sino para succionar, como en 
el género de las moscas, en el que, evidentemente, la lengua 
es un tubo. Esta clase de insectos no tiene dientes. En algu- 
nos, ante los ojos se extienden unos cuernecillos inofensi- 
vos, como en las mariposas. Algunos insectos carecen de 
alas, como la escolopendra !*?, 

Los insectos que tienen patas, las 
mueven de lado, Las últimas patas de 
algunos, que son más largas, se cur- 
van hacia fuera, como en las lan- 
gostas, 

Éstas ponen los huevos en grupos compactos en tiempo 
de otoño, tras clavar en la tierra el extremo de su espina- 
zo!%_ Estos huevos resisten durante el invierno; en el año 
siguiente, al final de la primavera, dejan salir de la tierra 
unas langostas pequeñas, negras y sin patas, y que reptan 
con ayuda de sus alas, Y así, con las lluvias de la primavera, 
los huevos se pierden; por el contrario, cuando la primavera 
es seca la prole es mayor. Otros autores refieren que su 
puesta está repartida en dos épocas y que conforme a ello 
tienen su muerte: ponen sus huevos cuando salen las Pléya- 
des y después, en el comienzo de la Canícula, mueren ellas 
y nacen otras nuevas; algunos dicen que este segundo naci- 
miento tiene lugar en el ocaso de Arturo'**, Es seguro que 


29 (35) 
Las langostas 


182 Como en el caso del yulo (cf. supra 1) la escolopendra, aunque 
miriápodo, era considerado un insecto entre los antiguos. Cf. Arisr., HA 
TV 1, 523b17, 

18% El término utilizado por Plinio, spina, que nosotros hemos tradu- 
cido por espinazo —como en los vertebrados—, designa en realidad el 
oviscapto, órgano perforado, situado al final de la cola, que presentan las 
hembras de muchos insectos. Cf, ArisTÓTELES, HA Y 27, 555b22-23. 

18% Las Pléyades salen el 7 de mayo y la Canícula el 18 de julio, 
mientras que Árturo se pone el 11 de mayo. 


mo 


01 


102 


103 


104 


105 


502 HISTORIA NATURAL 


las madres mueren nada más parir, pues enseguida un gusa- 
nillo que nace en torno a su cuello, las estrangula. En la 
misma época mueren los machos. Y las langostas, que mue- 
ren por una causa tan nimia, son las únicas que matan las 
serpientes a voluntad, agarrando su cuello con los dientes. 
No nacen salvo en lugares llenos de rendijas. Dicen que en 
la India las hay de tres pies de largo, y que permiten que sus 
patas y sus muslos !%% se usen como sierras cuando se secan. 
También su muerte es diferente. Arrebatadas en tropel a lo 
alto por el viento, caen a los mares y a los estanques. Esto 
sucede por casualidad y accidentalmente —no como creye- 
ron los antiguos—, porque sus alas se hayan impregnado 
con los humores nocturnos. Los mismos autores refieren, 
por cierto, que ellas no vuelan por las noches a causa del 
frío, ignorantes de que atraviesan incluso extensos mares, 
con un hambre, además, que se prolonga —eso es lo que más 
admiramos — durante muchos días; hambre a causa de la cual 
saben buscar los pastos de otros países. Esta peste se inter- 
preta como señal de la ira de los dioses; y, en efecto, se ven 
tan grandes y vuelan con un ruido de alas tan estridente que 
se creería que son aves, y oscurecen el sol, mientras los 
pueblos levantan sus ojos al cielo inquietos por el temor de 
que cubran sus tierras. Es cierto que tiene fuerzas suficientes, 
y, como si fuera poco haber cruzado los mares, atraviesan tre- 
chos inmensos y se esconden en las mieses en funesta nube, 
quemando muchas cosas con su contacto, y corroyéndolo 
todo con su mordisco, e incluso las puertas de las casas **, 
Procedentes sobre todo de África, causan estragos en 
Italia, viéndose obligado a menudo el pueblo romano a re- 


185 Denominación metafórica de los artejos de esta clase de artró- 
podos. 
1 Acerca de la agresividad de la langosta, cf. PLiw., VII 104, 


LIBRO XI 503 


currir al remedio de los Libros Sibilinos*” por miedo a la 
escasez. En la región Cirenaica ** existe incluso una ley que 
obliga a combatirlas tres veces al año, aniquilando primero 
los huevos, después las crías y finalmente las adultas, apli- 
cándose el castigo del desertor al que haya dejado de ha- 
cerlo. Incluso en la isla de Lemnos!* se ha fijado de ante- 
mano una cantidad concreta de langostas que cada uno debe 
llevar muertas a los magistrados. También por esto protegen 
a los grajos, que salen a su encuentro volando en dirección 
opuesta y las aniquilan. Y en Siria incluso es obligado ma- 
tarlas siguiendo órdenes militares: ¡por tantas partes del 
mundo se extiende esta plaga! En cambio entre los partos 
éstas son apreciadas en la alimentación. 

Su voz parece que les sale del occipucio??!: en este lu- 
gar, en la unión de los omóplatos, piensan que tienen una 
especie de dientes y que, al frotarse los unos con los otros, 
producen un ruido estridente, especialmente hacia la época 
de los dos equinoccios, al igual que las cigarras hacia el 


187 Los Libros Sibilinos, colección de oráculos recogidos desde el s. y 
a. C., contenían, en forma de prescripciones religiosas, remedios seguros 
para la salvaguardia del Estado. Se conservaban en el Capitolio y estaban 
custodiados por los decénviros, que los consultaban en caso de nece- 
sidad. > 

188 C£. supra 95, n. 162. Asimismo, PLrw,, V 31. 

18% Isla griega del mar Egeo, Cf, Pura, IV 73, 

1% Lo mismo que las cigarras, según informaba nuestro autor supra, 
en $ 92. Por otra parte, PLruio en VI 195 narra que los etíopes se ali- 
mentaban tan solo de langosta, bien fuera ahumada o en salazón. 

19 En este caso la información de Plinio na concuerda con la de 
ARISTÓTELES (HA IV 9, $35b11-12), quien afirma que el saltamontes pro- 
duce su ruido con el frotamiento de las patas de atrás. Quizá nuestro autor 
hizo uso de una fuente distinta, o quizá se trate de una confusión entre las 
langostas y las cigarras, pues, según ArrsT., HA TV 9, 535b8 ss., éstas 
emiten su canto por la frotación del aire contra una membrana que tienen 
en el diafragma, Cf, Ernour, com. ad loc., pág. 151. 


106 


107 


108 


109 


504 HISTORIA NATURAL 


solsticio. El apareamiento de las langostas es también el de 
todos los insectos que se aparean, llevando encima la hem- 
bra al macho, con la parte final de la cola de las hembras 
doblada hacia él y con una separación muy lenta. En todo 
este género los machos son más pequeños que las hem- 
bras!”, 

La mayoría de los insectos engen- 
dra un gusanillo, y también las hormi- 
gas*% engendran uno semejante a un 
huevo en la primavera ?*”, compartien- 
do también éstas su trabajo como las 
abejas; pero estas producen su alimento, aquéllas lo guar- 
dan. Y si alguno comparara el peso que llevan con sus cuer- 
pos, confesaría que en proporción ninguno tiene fuerzas 
mayores. Lo llevan en sus mandíbulas; los pesos mayores 
ellas los cargan por detrás con las patas traseras apoyándo- 
los en los hombros. Tienen también un sistema de gobier- 
no?”, memoria '* y previsión. Guardan los granos una vez 
roídos, para que no salgan de la tierra germinando de nuevo. 
Los granos mayores los parten a la entrada, y a los humede- 


30 (36) 
Las hormigas 


12 Cf. ArustT., HA V 28, 555b18 ss. A continuación de esta frase, 
Mayhoff detecta una laguna que, sin embargo, no señalan ni Ernout ni 
Kónig-Hopp en sus respectivas ediciones, 

1 La hormiga descrita por Plinio podría pertenecer a la especie 
Messor barbarus, según CAPPONI, Ent. Plin,, pág, 175. 

19% Cf. Axasr., HA V 25, 555a19-22, 

195 ArisróreLES en HA 1 1, 4827-10 y 12-13 observa el instinto social 
de las hormigas, pero afirma que no tienen jefe. 

19 En opinión de Carron1 (En!. Plin., pág. 177), el término latino 
memoria evoca aqui la expresión virgiliana memoria hiemis, que aparece 
con valor similar en En. IV 403, Entre los autores latinos, la facultad de 
la memoria en los animales sería signo de una inteligencia superior y, en 
consecuencia, de una capacidad de aprendizaje superior también a la de 
otros animales. 


LIBRO XI 505 


cidos por la lluvia los llevan lejos y los secan. Trabajan in- 
cluso de noche durante la luna llena '” y permanecen inacti- 
vas durante la luna nueva, Y en su tarea, ¡qué esfuerzo, qué 
aplicación! Y puesto que acarrean la carga sin saber las unas 
de las otras, se han dedicado unos dias determinados al met- 
cado para que se reconozcan. Entonces, qué gran concurso 
de ellas, qué cordial resulta su conversación o el intercam- 
bio de noticias con las que se encuentran. Vemos las piedras 
gastadas por su marcha y las sendas trazadas en su trabajo, 
para que nadie dude lo que puede la constancia, por mo- 
desta que sea, en cualquier asunto. Son los únicos seres vi- 
vos, aparte del hombre, que se dan sepultura unos a otros. 
En Sicilia no existen hormigas con alas !%, 

31 Los cuernos de una hormiga de la India, fijos en el 
templo de Hércules en Éritras'”, fueron objeto de admira- 
ción. Estas hormigas sacan oro de sus cavernas bajo la tierra 
en la región de los indios del norte que reciben el nombre de 
dardas. Tienen el color de los gatos? y el tamaño de los lo- 
bos de Egipto. Ellas desentierran el oro en invierno, los in- 
dios lo roban en el ardor el verano, cuando las hormigas es- 
tán escondidas en sus galerías subterráneas a causa del 
calor; ellas, sin embargo, turbadas por el olor, salen volando 
y laceran repetidamente a los ladrones aunque huyan en 
camellos velocísimos. Tanta ligereza y crueldad se suma en 
ellas a su amor al oro. 


197 Acerca de la influencia de la luna en la actividad de los animales, 
cf, PLr5., 1 109, 

188 Cf. Arisr., HA VI 28, 606a5. 

192 Ciudad de la costa occidental de Asia Menor frente a la isla de 
Quíos; cf, PLiN,, V 116. 

20 Hormigas fabulosas descritas anteriormente en Heróporo, II 
102-105. Cf. asimismo PLiN., XXXII 66, y P. MeLa, IN 62. 


110 


112 


113 


114 


506 HISTORIA NATURAL 


Muchos insectos nacen también 

32 (37) de otra manera””, y, en primer lugar, 

na oca del rocío, Éste, en el comienzo de la 

las mariposas primavera, se fija sobre la hoja del rá- 

bano y, condensado con el sol, se cua- 

ja hasta llegar al tamaño de un grano de mijo. De allí sale un 

gusanillo pequeño, y, al poco, en tres días, se hace una oru- 

ga, que, con el paso de los días, se va desarrollando sin mo- 

verse con un caparazón endurecido; la oruga, que se llama 

crisálida mientras está cubierta de una tela como de araña, 

no se mueve si no es al tacto. Roto después el ii 
sale volando una mariposa?” 

Asimismo, en la tierra se engendran 


33 (38) de la lluvia algunos insectos, y otros 

Los animales que .£ a 
AS también en la madera; pues en ella no 
en la madera hay sólo carcomas?”, sino que de ella 


nacen también los tábanos”%, pero de 


otra manera, dondequiera que haya demasiada humedad. 
(39) De igual manera, en el interior del 


Los animales de las. hombre nace la tenia?” de treinta pies, 
deyecciones humanas. 


Cuál es el animal Y algunas veces de una longitud ma- 
más pequeño. yor todavía. Además nacen gusanos 

Los animales del verano 0 
en la came muerta, y también en la de 


201 Es decir, sin apareamiento previo. Plinio hablará ahora de los in- 
sectos que nacen por generación espontánea, siguiendo, en este caso, a 
AxusT., HA V 19, 551a1 ss. 

202 Cf, ArasT., HA.V 19, 551a14-24. Podría tratarse de la Pieris bras- 
sicae o alguna otra de su mismo género, según CaPron1, Ent. Plin., pág. 
183, 

203 Podría tratarse del Cossus cossus o de algún otro de su género. Cf. 
CAPPONI, Enf. Plin,, pág. 185. 

201 Cf. Artsr., HA V 19, 552229. : 

25 Según CapPON1 (Enf. Plin., pág. 136), podría tratarse de la Taenía 
soliun, la solitaria, que mide unos ocho metros (cerca de treinta pies). 


LIBRO XI 507 


los hombres vivos y en el pelo?%, por cuya pestilencia mu- 


rieron el dictador Sila y Alernán, uno de los poetas más pre- 
claros de Grecia?”. Este mal infecta, ciertamente, también 
a las aves y mata a los faisanes, a no ser que se revuelquen 
en el polvo?*; de entre los animales que tienen pelo, se cree 
que sólo el asno y las ovejas son inmunes ante este mal?”, 
Se crían también en cierto tipo de vestido?!%, principalmente 
en el de la lana de ovejas muertas por los lobos. Encuen- 
tro en los escritores que también algunas aguas en las que nos 
bañamos son muy abundantes en este género?!*; y con ra- 
zón, puesto que incluso las ceras engendran el que se piensa 


206 Plinio se está refiriendo ahora a los piojos (Sarcoptes scablei). Cf. 
CAPPONE Ent, Plin., pág. 186. Cf. asimismo, ArrsT., HA V 31, 556b21 ss. 

207 Sila es Lucio Cornelio Sila, el dictador, que vivió del 138 al 78 a, 
C. Alemán es el poeta considerado, desde el punto de vista cronológico, 
como el primero de los grandes líricos griegos (s. vn a. C.); ambos murie- 
ron de ptiriasis, erupción que acompaña a la multiplicación de los piojos 
sobre el cuerpo. Cf. ArtsT., HA V 31, 557a2, y PLin., VIT 138 y XXVI 
138. 

20% Cf, ArisT., HA V 31, 557811 ss, El ave sería el Phasianus colchi- 
cus (cf, PLix., X 144), y el insecto podría identificarse quizá con el Te- 
trophthalmus titan, u otro de la familia de los malófagos. Cf. CAPPON!, 
Ent, Plin., pág. 188, 

20 Cf. ArisT., HA V 31, 557a15 ss, La noticia, sín embargo, no pare- 
ce estar en lo cierto, pues también asnos y ovejas son atacados por los 
piojos. Cf. Kónta-Horr, com. ad loc,, pág. 212. 

210 Sería el denominado Pediculus humanus uestimentorum, aunque 
parece que el origen que aquí se le atribuye es fabuloso, Cf. CAPPONI, 
Ent. Plin., pág. 189. j 

211 Según parece, Plinio interpreta mal el texto de ARISTÓTELES que se 
considera su fuente, HA V 31, 557219 ss., pues el Estagirita lo que afirma 
es que los piojos se hacen más frecuentes cuando los animales cambian 
las aguas en que habitualmente se bañan. Cf. Ernour, com, ad loc., pág, 
154, 


116 


508 HISTORIA NATURAL 
que es el más pequeño de los animales?*?, Unos, por el con- 
trario, los petauristas?””, llamados así por la agilidad de sus 
patas traseras, se generan en la basura de un terreno seco; 
otros, que son alados, con el polvo húmedo de las cavernas, 
34 (40) Por esta misma época se encuen- 
Qué animal tra un animal?!* que vive con la cabe- 
tiene orificio za siempre fija a la sangre, y así se 
pa reo hincha, Es el único animal que no tie- 
ne salida para el alimento, revienta 
por exceso de comida y muere en su propio alimento. Nun- 
ca se engendra en los jumentos, es frecuente en los bueyes; 
en los perros, en los que se crían todo tipo de bichos, apare- 
ce algunas veces; en las ovejas y en las cabras sólo se en- 
cuentra éste?!%, Es admirable la sed de sangre que tienen las 
sanguijuelas en el agua estancada, pues también se sumer- 
gen en ella con toda la cabeza. Hay un mal propio de los pe- 
rros, un animal volador?!? que le desgarra sobre todo las 
orejas, que no pueden protegerlas a mordiscos. 


212 Podría referirse nuevamente a la polilla de la cera. CE. supra, 65. 
ERNOUrT, por el contrario, com. ad loc., pág. 154, piensa más bien en el 
animal que Arístóteles en HA V 32, 557b6-8 denomina akarí, término 
que Beavis —sin seguridad— refiere a la Braula coeca, o imagina como 
término genérico para designar los insectos más diminutos, del tipo de los 
que denominamos ácaros (op. cit, pág. 60). 

215 Transcripción de un término griego derivado de péteron «trampo- 
lím», por ello, el término latino podría traducirse al español por «volatine- 
ros». El hecho de nacer en la basura permite identificarlos con las pulgas; 
Cf. G1L, op. cit. pág. 177, Cf. asimismo Ar1sr., HA V 31, 556b25. 

214 Animal descrito de modo similar en XXX 82, donde Plinio le apli- 
ca el nombre de ricinus «garrapata», es decir, el [xodes ricinus, 

25 Cf. ArusT., HA Y 31, 557a15-18. 

216 CAppoNI en Ent, Plin., pág. 192, ofrece tres identificaciones posi- 
bles, aunque sin seguridad: quizá podría tratarse de una especie de tába- 
no, uno de los Hippoboscidi. ERNOUT, por su parte (com. ad loc., pág. 
154), pretende reconocerlo como el insecto denominado Aníps en Arisr., 


LIBRO XI 509 


35 (41 ] , 
Lar ult la lana y en los vestidos, y especial- 


las cantáridas y mente si a la vez se ha escondido entre 
El bi eve “los una araña, Ésta, en efecto, está se- 
dienta, y al absorber toda el agua, au- 
menta la sequedad. La polilla se cría también en el papiro. Hay 
entre ellas una especie que lleva su envoltura al modo del cara- 
col, pero se le ven las patas. Una vez despojadas de su envoltu- 
ra, mueren. Si se desarrollan, se convierten en crisálidas??”. Los 
mosquitos de la higuera los engendra el cabrahígo; las cantári- 
das?!* las engendran los gusanillos de la higuera, del peral, del 
alerce, del rosal silvestre y de la rosa, Este animal venenoso lle- 
va en sí mismo el antídoto: las alas tienen efecto curativo, pero 
cuando se las quitan es mortífero?!”, Por otra parte, las sustan- 
cias al agriarse engendran otro tipo de mosquitos, como quiera 
que incluso en la nieve un poco vieja se encuentran unos gusa- 
nillos rojos —-pues también la propia nieve enrojece con el 
tiempo— con unos pelos erizados. En Media?” son blancos, 
más grandes y rígidos. 
A algunos animales los engendra 


3642) el elemento de la naturaleza opues- 

El insecto del fuego, (571 Prectivamente, en Chipre, en los 
«pirálide» , 

o «pirótoco» hornos de bronce y en medio del fue- 


go, vuela un insecto de cuatro patas, 


HA 534b, 19, 614b1, y musca en CoLumeLa, VII 13, 1 (posiblemente el 
cínife), pero tanto Capponí como KóniG-Horr desconfían de tal atribu- 
ción, 

217 Plinio resume en este caso el contenido de Arrsr., HA V 32, 557b- 
13 ss. 

218 Cf. ArrsT., HA V 19, 552b32. Se ha identificado con la Cantharis 
uesicatoria, pero sin seguridad. Cf Gr, op. cit., pág. 65. 

219 Cf. Pr, XXIX 94, 

22 Territorio situado al NO del imperio persa. Cf. Prm., VI 43 y 114. 

221 Es decir, el fuego. CÉ. Axusr,, HA Y 19 552b10-14, 


1 


El polvo mismo produce polillas en 117 


19 


120 


510 HISTORIA NATURAL 


provisto de alas, del tamaño de la mosca más grande: recibe 
el nombre de pirálide, y según otros de pirótoco”?. Mien- 
tras está en contacto con el fuego, vive; cuando su vuelo se 
aleja un poco, muere, 

El río Hípanis?”, en el Ponto arras- 
tra hacia la época del solsticio unas 
tenues membranas con aspecto de gra- 
no de uva, de las que sale un animal 
alado de cuatro patas, como dijimos 
antes; no vive más que un día, de donde le viene el nombre 
de hemerobio”*, Los restantes animales de este tipo tienen 
desde su principio a su final períodos múltiplos de siete?”: 
el mosquito y el gusano, tres veces siete y los vivíparos, 
cuatro veces siete. Los cambios y transmutaciones a otras 
figuras son cada tres o cuatro días. Los demás insectos ala- 
dos de esta clase mueren alrededor del otoño por la des- 
composición de sus alas, pero los tábanos mueren también 


(43) 
El «efímero» 


22 Aunque generalmente se le ha considerado un animal fabuloso, E. 
JANSSENS lo ha querido identificar con la Melanophila acuminata, un co- 
leóptero que, vivamente atraido por la madera de pino calcinada, se deja 
ver sólamente en los incendios forestales. Cf. Gn., op. cif., págs. 163-164. 

22 El actual Kubán, que nace al N del Cáucaso y desemboca en el 
mar Negro, junto al mar de Azov. : 

24 Especie de mosca que tan solo vive un día, de ahí que se le aplique 
el nombre de «efímero». Cf. Arusr., HA 1 4, 490434 y V 19, 552b17-23. 
Se ha identificado con la Ephemera longicaruda, animal frecuente en el S 
de Rusia, de la misma especie que la denominada entre nosotros cachi- 
polla; Teofrasto le da el nombre de hemeróbion «de un día de vida», que 
también adopta Plinio. Cf. Gu, op. cit., pág. 164. 

225 En este texto se reconoce la influencia del pitagorismo sobre Pli- 
nio, que admite el poder transcendental del número 7. Cf. Ernour, com. 
ad loc., pág. 156. 


LIBRO XI 511 


de ceguera?*, Las moscas que han muerto en el l agua, si se 
las entierra en ceniza, recobran la vida. 
37 (44) Ahora nuestra historia se OCcu- 
Características pará punto por punto de cada una de 
y descripción de as partes del cuerpo ya nombradas. 


227 


todos los animales ] , 
según sus Tienen cabeza todos los animales 
eg od que tienen sangre. En la cabeza unos 
Cuálestenen pocos animales, y sólo las aves, tienen 
ápice y cuáles unos ápices y de diferentes tipos; el ave 
tienen cresta es 228 4 . 
fénix”” tiene una serie de plumas, en el 


centro de las cuales le sale otra; los pavos tienen unos pena- 
chos en forma de arbolillos; las aves del Estinfalo?*, un co- 
pete; los faisanes?%, unos cuermecillos; los tiene también un 
ave pequeña que, llamada en otros tiempos «galerita»%! por 


226 ArrsróreLEs en HA Y 21, 55316 dice, concretamente, que los tá- 
banos mueren cuando sus ojos sufren derrames de agua. 

227 El término historia que utiliza ahora Plinio , indica al lector que, a 
partir de este momento, comienza un tratado distinto —por la especifici- 
dad de sus contenidos — al de los libros zoológicos. Para esta parte del li- 
bro, hemos consultado los trabajos siguientes: E. CAPPONL, L'Anatomía e la 
Fisiologia di Plinio, Génova, 1995; J. Anpré, Le vocabulaire latin de 
Vanatomie, París, :1991, y P. MicLIoRE«1, Scienza e terminologia medica 
nella letteratura latina di etá neroniana, Frankfurt, 1997. (Cf. CAPPONI, 
E ' anatomia, pág. 11). Se trata de una historia en pegueño, pero que, sin 
embargo, puede resultar en la visión del autor, más auténtica y más útil 
que la gran historia. (cf. G, Serpar, «Introducción» a Plinio el Viejo, 
Historia Natural 1-11, B. C. G. 206, Madrid, 1995, pág. 43). 

28 Cf. Pim, X 3, 

22 Ayes fabulosas que habitaban en la laguna del Estínfalo, en Arca- 
dia, donde destruían frutos y cosechas, Fueron muertas por Hércules en el 
transcurso de uno de sus trabajos. Algunos autores han sugerido que po- 
dríá tratarse de un ave real parecida al ibis. 

230 Cf, Pus, X 132. 

21 Es un término derivado del latino galea, «cásco», que podría tra- 
ducirse algo así como «el ave con casco». Posteriormente, cuando una 
legión gala, reclutada por César en la Galia Transalpina, eligió este pája- 


121 


122 


123 


512 HISTORIA NATURAL 


esa característica, recibió después el nombre de alauda, con 
un término galo que se le dio también a una legión . Dijimos 
también a qué ave la naturaleza le había dado una cresta que 
puede plegarse. A la especie de la focha común?” le dio una 
cresta, que se asienta desde el pico por el centro de la cabeza, 
y asimismo les dio un copete al pico de Marte?” y a la grulla 
baleárica?*; pero el distintivo más espectacular lo tienen las 
gallináceas, carnoso y en forma de sierra; y en estricta justi- 
cia, no podríamos decir que sea ni carne ni cartílago ni una 
callosidad, sino un atributo peculiar. Y la realidad es que no 
se ha encontrado jamás quién haya visto las crestas de los 
dragones”, 
A muchos animales, no sólo acuá- 
(45) ticos y marinos, sino también a los 
Clases de cornamentas. reptiles, les han sido dado cuernos de 
Cuáles la sienenmóvi! as variadas, pero lo que en estric- 
»P q 
ta justicia se entiende como cuernos; 
solamente a la especie de los cuadrúpedos; pues de Acteón 
y de Cipo”*, incluso habiendo entrado en la historia del La- 


ro como emblema, dio a conocer el nombre galo del ave, alauda, que, 
poco a poco, fue sustituyendo al latino. Cf. Exnour, op. cit.,.com, ad loc. 
Para su identificación, cf. PLIw,, X 137, 

22 Cf. Pua,, X 127. 

223 Cf. Peax., X 40. 

2% Cf. Puax., X 135, 

235 Cf. Puan., VIII 35, También en este pasaje se puede nohá el 
escepticismo de Plinio con respecto a la existencia de serpientes con 
cresta o dragones, Cf. F. CAPPONL, £' anatomia e la fisiologia di Plinio, 
Ginebra, 1995, pág. 16. 

236 Acerca de las leyendas de Acteón y Cipo, cf. Ovinio, Metamorfo- 
sis 1 151-152 y XV 565-621, respectivamente, y también VaLerto MÁ- 
ximo, V 6, 3. Acteón fue transformado en ciervo por Diana como castigo 
por haber contemplado desnudas a ella y a las ninfas durante el baño, Ci- 
po fue un pretor romano al que, estando próximo a la ciudad, le crecieron 
unos cuernos prodigiosos, signo de que a su regreso a la Urbe sería nom- 


LIBRO XI $13 


cio, pienso que son seres fabulosos. Y en ninguna otra parte 
se ha dado un mayor desenfreno de la naturaleza. Jugó con 
las defensas de los animales, unas las desplegó en ramas, 
como las de los ciervos, a otros les entregó unas sencillas, 
como, dentro de su misma especie, a los subulones?”, así 
llamados en prueba de ello; las de otros las extendió a la ma- 
nera de las palmas de las manos e hizo salir de ellas unos 
dedos, por lo que reciben el nombre de platicerotes 8. A los 
corzos se las ha dado ramificadas, pero las hizo pequeñas y 
permanentes; al género de los carneros, enrolladas en espi- 
ral, como si les hubiera dado guanteletes de combate; a los 
toros, amenazadoras -— por cierto, que en esta especie se las 
otorgó también a las hembras, pero en muchas solamente a 
los machos—> a las gamuzas les dio unas defensas vueltas 
hacia atrás, a los antílopes, al contrario; en cambio, al es- 
trepsicerote?”, que África denomina adace, se las dio er- 
guidas y retorcidas en un movimiento de rosca, y afiladas 
con una punta fina, como corresponde a las liras; estos mis- 
mos cuernos son movibles, como las orejas, en los bueyes 
de Frigia; están dirigidos hacia la tierra en los de los trogo- 
ditas?%, por causa de lo cual pacen con la cerviz torcida; a 
otros les dio un solo cuerno, y éste en medio de la cabeza o 
de la nariz, como dijimos?*!, Y además, a unos se los dio 
robustos para embestir, a otros para topar, a unos doblados 


brado rey. Él, sin embargo, como republicano que era, no quiso volver, y 
los habitantes de Roma, en concepto de homenaje, le dedicaron una es- 
tatua en la que se le representaba con sus cuernos. 

222 Término derivado del latín subula «lezna». Se trata de los cerva- 
tos. Cf. PLIN,, VII 117. 

:28 Término que resulta de la transcripción del griego platYkeros «de 
cuernos anchos». Podría tratarse del alce, el gamo o el reno. 

28% Cf Puan, VIT 214. - 

20 Cf Pumm,, V 45. 

Al Cf. Pu, VII 71 y 76. 


125 


126 


127 


514 HISTORIA NATURAL 


hacia delante, a otros hacia atrás; a otros, para lanzarse de 
muchos modos: vueltos hacia arriba, curvados, con un mo- 
vimiento circular; todos ennegrecidos hacia la punta. En al- 
guna especie se sirven de ellos en lugar de las patas para 
rascarse el cuerpo, en los caracoles, para tantear el camino, 
pues éstos son carnosos como en las cerastas?%, en éstas, 
algunas veces son únicos, pero en los caracoles siempre van 
de dos en dos, y tanto se extienden como se repliegan. 

Los bárbaros del norte beben en los cuernos de los 
uros2%, y dos cuernos de una cabeza tienen la capacidad de 
una uma?*; algunos rematan las lanzas clavándolos en la 
punta. Entre nosotros, cortados en láminas se hacen transpa- 
rentes e incluso difunden a gran distancia la luz que se reco- 
ge en ellos, y se aprovechan para otros refinamientos, a ve- 
ces teñidos, a veces recubiertos de barniz, a veces trabajados 
con aquella técnica pictórica que llaman «a burib»?*%. Siendo 
huecos en todos los animales, son, sin embargo, compactos 
en la punta; sólo en los ciervos son totalmente macizos y se 
caen cada año”%, Cuando se desgastan las pezuñas de los 
bueyes, los agricultores las cuidan untando las partes cór- 
neas?” con manteca; y el cuerno es por naturaleza tan flexi- 
ble que los propios cuernos de los animales vivos se doblan 
con cera hirviendo, y en los cuernos de los animales recién 
nacidos, si se les hace una incisión?*%, se separan en partes 
diferentes, de manera que surgen cuatro en cada cabeza. 


22 Cf. PLiN,, VII 85, 

243 Cf. PLmw,, VIN 38. 

244 Medida de capacidad equivalente a 13,09 1. 

245 Cf, PLiN., XXXV 149. 

AS Cf. ArasT., HA 11 1, 500210 ss,, y II 9, $17a20 ss. 

24? Cf. Pax, XXVII 266, Asimismo, PaLapio, XV 15, 

24 Adoptamos la lectura de Ernovr, incisa nascentium, frente a la 
propuesta de MayHorr, que suprime el genítivo plural. 


LIBRO XI 515 


Generalmente los cuernos son más delgados en las hem- 
bras, como en muchas clases de ganado menor: no los tie- 
nen ni las ovejas ni las ciervas, ni los animales que tienen 
pezuñas con varias hendiduras ni ninguno de los solípedos, 
a excepción del asno índico?*, que está armado con un solo 
cuerno. A los bisulcos, la naturaleza les otorgó dos cuernos, 
pero ninguno a los animales que tienen los dientes delante- 
ros arriba. A quienes creen que estos dientes pueden desapa- 
recer transformados en cuernos, se lo rebaten las ciervas, que 
aunque no tienen dientes como los machos, sin embargo ca- 
recen de cuernos. En el resto de los animales, los cuernos se 
adhieren a los huesos, sólo en los ciervos nacen en la piel. 

La cabeza de los peces, en pro- 

(46) porción a su cuerpo, es la más grande, 

La cabeza, quizá para sumergirse. No tienen ca- 

Cuáles carecen de ella A ñ A 

beza ni el género de las ostras mi las 

esponjas, ni por lo general los otros 

animales cuyo único sentido es el tacto. En algunos la cabe- 
za no está diferenciada, como en los cangrejos. 

De entre todos los animales, el 
hombre es el que más pelo tiene en la 
cabeza, por cierto indistintamente ma- 
cho y hembra, sobre todo en los pue- 
blos que no se lo cortan. Incluso de 
ahí reciben su nombre los «cabelludos»2*, habitantes de los 
Alpes y de la Galia Comata””, aunque, sin embargo, haya 
alguna diferencia en este aspecto entre las regiones, pues los 


(47) 
El pelo 


22 Cf. ArusT., HAU 1, 499b19 y PA 111 2, 663218 ss, En opinión de 
algunos estudiosos, podría tratarse del rinoceronte. 

250 Nombre aplicado a una tribu de los lígures, Cf, Pimw., 111 47 y 135, 

25 Región de la Galia compuesta por tres grandes pueblos: belgas, 
lugdunenses y aquitanos: cf. al respecto PLIN., IV 105. El nombre con 
que la designa Plinio es un derivado del griego kómé «cabellera», 


128 


130 


131 


132 


516 HISTORIA NATURAL, 
miconios?% nacen sin pelo, lo mismo que en Caunos?* los 
que están enfermos del bazo. Entre los animales, algunos 
son por naturaleza calvos, como los avestruces y los cuervos 
acuáticos, de donde les viene su nombre entre los griegos ?*, 
La pérdida del cabello es algo raro en la mujer, y no visto 
entre los eunucos ni en nadie antes de estar capacitado para 
la actividad sexual; no se da en la parte posterior de la cabe- 
za ni por debajo de la coronilla, ni cerca de las sienes o de 
las orejas. De entre los animales, el hombre es el único que 
sufre de calvicie, a excepción de los que la tienen innata. 
Las canas aparecen sólo en el hombre y el caballo, pero en 
el hombre siempre a partir de la parte delantera de la cabe- 
za, y, después, desde la parte de atrás. La coronilla es doble 
sólo en algunos hombres?*, 
Los huesos de la cabeza son pla- 
(48) nos, ligeros, sin médula, dispuestos en 
Los huesos forma de peine, con junturas denta- 
de la cabeza 

das. Una vez rotos, no pueden soldar- 
se, pero si se extirpan conveniente- 
mente no causan la muerte, apareciendo en su lugar una ci- 
catriz carnosa. Que los huesos más débiles son los de los 

osos y los más duros los de los papagayos, lo dijimos en su 
lugar?5, : 


22 Habitantes de Mikonos, una de las islas Clcladas, al NE de Delos, 

23 Act, Dalyan, ciudad de Asia Menor en la costa SE de Caria. Cf, 
Pexn., V 104. 

25 En griego se denomina phalakrokórax, es decir, «cuervo calvo». 
Podría tratarse del cormorán. Cf, P£xw., X 133, Cf, ERNOUT, com. ad loc., 
pág. 160. : 

255 CF, ArrsT., HA 17, 49106, 

256 Cf, respectivamente, Punw., VIH 130 y X 117. 


LIBRO XI 517 


Tienen cerebro todos los animales 
que tienen sangre, y también en el mar 
los que denominamos moluscos?”, aun- 
que carezcan de sangre, como el pul- 
po. Pero el hombre, en proporción, tie- 
ne el de tamaño más grande, y es la más húmeda y la más 
fría entre las todas vísceras. El cerebro está cubierto por 
arriba y por abajo de dos membranas, cuya ruptura resulta 
mortal. Por lo demás, es mayor el del varón que el de la 
mujer. En la totalidad de los animales carece de sangre y de 
venas, y en algunos, también de grasa. Los eruditos enseñan 
que es algo diferente de la médula, porque al cocer se endu- 
rece. En medio del cerebro de todos los animales hay unos 
huesecillos pequeños. Únicamente en el hombre el cerebro 
palpita durante la infancia, y no se consolida antes que los 
niños comiencen a hablar. Ésta es la más importante de las 
visceras, cubierta?% por la bóveda de la cabeza, sin carne, 
sin sangre, sin suciedad. Los sentidos tienen esta cumbre, 
hacía aquí tiende toda la fuerza de las venas desde el cora- 
zón, aquí termina; esta es la cima altísima, aquí está el go- 
bierno del entendimiento. Y en todos los animales está in- 
clinado hacia la parte delantera, porque también los sentidos 
miran delante de nosotros. De él emana el sueño, de ahí el 
movimiento de la cabeza. Los animales que no tienen cere- 
bro no duermen. Afirman que en la cabeza de los ciervos 
hay unos gusanitos, en número de veinte, bajo la cavidad de 


(49) 
El cerebro 


257 Acerca de los moluscos y del pulpo, cf. PLaw., TX 83 y 85, respec- 
tivamente, Cf. asimismo, ARISTÓTELES, HA 1 16, 494b26 ss. 

25% Aceptamos la lectura de Ernout, que añade tectum al texto que 
ofrece la edición de Mayhoff. 


136 


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518 HISTORIA NATURAL 


la lengua y cerca de la articulación por donde se une la ca- 
beza 2, 
Sólo las orejas de los hombres son 
(50) ; Ñ 

Las orejas. inmóviles, De ahí proceden los sobre- 
Cuáles no tienen orejas. nombres de los Flacos%", Y en nin- 
pri add guna otra parte del cuerpo hacen las 
mujeres mayor derroche, cuando cuel- 
gan de ellas unas perlas; en Oriente, por cierto, se piensa 
que es un honor pata los hombres llevar oro en este lugar. 
En unos animales son mayores, en otros más pequeñas; so- 
lamente en los ciervos están hendidas y como divididas; el 
ratón las tiene peludas, pero, al menos entre los que paren, 
todos las tienen, excepto la foca y el delfín, y los que hemos 
llamado cartilaginosos y las víboras. Éstas tienen solamente 
unos orificios en lugar de las orejas, excepto los cartilagino- 
sos y el delfín, que, sin embargo, está claro que oye, pues se 
amansan con el canto y se los captura cuando quedan atur- 
didos por un sonido: por dónde oyen es lo que nos deja per- 
plejos. Y estos mismos animales no tienen rastro del sentido 
del olfato, cuando huelen a la perfección, De entre los ani- 
males alados, sólo el búho y el oto?*! tienen plumas a modo 
de orejas, los demás, unos orificios para oír; lo mismo ocu- 
rre en los peces y las serpientes. En los caballos y en todo 
tipo de jumentos, las orejas dan prueba de su estado de áni- 
mo: caídas en los cansados, vibrantes en los atemorizados, 

tiesas en los furiosos, lánguidas en los enfermos. 


25% Cf. Arasr., HA 11 15, 506427 ss. Seguramente algún tipo de pará- 
sito: ef. Kónic-Horr, com. ad loc,, pág. 220. 

260 El término latino Flaccus significa «de orejas lacias», Cf. Er- 
NOUT, cos. ad loc, pág. 162, y Cic., ND129. 

261 Para su identificación, cf. PLiw., X 66. 


LIBRO XI 519 


Solamente el hombre? tiene ros- 


61) tro, los demás animales, morro o pico. 
sata Otros tienen también frente, pero sólo 
Las cejas en el hombre revela tristeza, alegría, 


clemencia o seriedad?*%, A la hora de 
asentir, las cejas del hombre pueden moverse a la vez o al- 
ternativamente. Y en ellas reside una parte del espíritu: con 
ellas negamos y afirmamos. Las cejas, sobre todo, manifies- 
tan el orgullo y la soberbia. Este sentimiento tiene su fuente 
en otro sitio, pero su asiento aquí; nace en el corazón, sube 
hasta ellas y allí queda suspendido. No encontró en el cuer- 
po nada más alto ni al mismo tiempo más abrupto, donde 
pudiera permanecer solo. 


(52) Debajo están los ojos?%, la parte 

Los ojos, más valiosa del cuerpo, y que por el 
Qué animales nes . . 

Patecmtde ojos uso de la luz puede distinguir la vida 

Cuáles tienen de la muerte. No todos los animales 


exclusivamente un ojo log tienen; las ostras no tienen ningu- 
no, pero cabe la duda en el caso de algunas conchas: pues si 
alguno mueve los dedos frente a los peines de mar?% cuan- 
do están abiertos, se contraen como si vieran, y las navajas 
rehúyen la herramienta?% que se les acerca. Entre los cua- 


262 Pr m., diferencia aquí el rostro del hombre como un rasgo distinti- 
vo del mismo frente a la faz de los demás animales, como hizo ya ARIs- 
TÓTELES en HA 1 8, 491b9-11. Cf asimismo CaAPPoN1I, L'Anatomia..., 
págs, 47-48. 

26% PL, desarrollará más tarde ($ 275) los aspectos fisiognómicos 
que corresponden a los diferentes caracteres, según un texto de Trogo. 
Cf. CarPoN1, L ÁAnatomia..., pág. 48. 

264 Cf. ArisT., HA 19, 491b18 ss. 

265 Cf. Porw., LX 101. 

266 Se refiere a los instrumentos de pesca que se utilizan para su cap- 
tura. Cf, PLrx., X 192 y XXXU 151, 


138 


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140 


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520 HISTORIA NATURAL 
drúpedos, los topos?" no tienen vista, pero existe en ellos 
un simulacro de ojos, si alguno retira la membrana que los 
cubre, Y entre las aves, dentro de la especie de las garzas, 
las que llaman leucos?%, se dice que carecen de un ojo, y 
anuncian los mejores augurios cuando vuelan hacia el austro 
o hacia el septentrión: pues cuentan que se disipan peligros 
y miedos. Nigidio?% dice que no tienen ojos ni las langostas 
ni las cigarras, En los caracoles, desempeñan el papel de 
ojos dos cuernecillos para ir a tientas. No tienen tam- 
poco ojos ni las lombrices ni la especie de los gusanos””, 
Solamente en los hombres los ojos 
(53) son de diferentes colores, en los res- 
Diferentes tantes animales cada uno los tiene se- 
ponga aja: mejantes a los de su especie, Y en al- 
gunos caballos son glaucos, pero entre 
los hombres son de una variedad y diversidad mucho ma- 
yor: más grandes, medianos, pequeños; los hay prominen- 
tes, que se tienen por más torpes, y hundidos, que se cree 
que ven con gran agudeza, como los que son del color de 
los de las cabras?”, 


267 Cf. ArisT,, HATO, 491826-27 

26% Transcripción del término griego leukós, «blanco». cr PL, X 
164, 

26% Cf, supra, $ 97, n. 170, 

27% Sin embargo, parece que algunos gusanos poseen unas células 
sensitivas que permiten una percepción global de la luz, Cf, CAPPONI, 
L'anatomia..., pág. 53, n, 137, 

221 ARISTÓTELES, HA 1 10, 492a3-4, «en algunos (animales, el color de 
los ojos es) amarillento, como los ojos de las cabras». Cf. asimismo 
PLm., VII 76. 


LIBRO XI 521 


Además, unos advierten las cosas 
6%) que están muy lejos, otros no ven sino 
rai lo que se les mueve cerca. La visión 
Los que ven de noche de muchos, que no ven con un día nu- 
blado ni después del ocaso, está liga- 
da al resplandor del sol, Otros, más torpes durante el día, 
por la noche ven mejor que los demás. Acerca de las pupilas 
dobles y de los que tienen una mirada dañina, hemos habla- 
do suficientemente ?”?, Los ojos garzos son más agudos en la 
oscuridad. Dicen que el emperador Tiberio?”, y ningún otro 
entre los nacidos mortales, tuvo una naturaleza tal que, 
cuando se despertaba por la noche, en el momento lo veía 
todo igual que a plena luz, cubriéndole después las tinieblas 
poco a poco. El divino Augusto tenía, como los caballos, los 
ojos glaucos, con el tamaño del blanco superior al de otros 
hombres, por lo que se enfurecía contra aquellos que se los 
miraban atentamente, el emperador Claudio los tenía con 
una carnosidad blanca que salía del ángulo del ojo, y se in- 
yectaban a menudo con unas venas teñidas en sangre; el 
principe Gayo los tenía fijos, Nerón”* «*xx, pero torpes, a 
no ser cuando los entornaba al acercársele algo. En la es- 
cuela de gladiadores del principe Gayo hubo 20000, y entre 
ellos solamente dos que no cerraban los ojos frente a ame- 
naza alguna, y por ello quedaron invictos: tan difícil es esto 
para el hombre. Pero lo natural para la mayoría es que no 
cesen de pestañear aquellos a los que tenemos por más co- 
bardes. 


22 Cf. Prov, VIL 16-18, 

273 La información sobre estos emperadores se puede ver también re- 
cogida en la obra de Suetonio: Tiberio 68, Augusto 79, 3, Calígula 50, 
Nerón, 51. Cf., asimismo, CAPPONL, L'anatomia..., págs. 56-57. 

2% Ernout en su edición propone suplir caesi et «también garzos» en 
el lugar en que Mayhoff admite una laguna. 


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522 HISTORIA NATURAL 


Nadie tiene un ojo de un solo color, puesto que el blan- 
co es común para todos, pero el color del centro es diferen- 
te. Y en ninguna otra parte del cuerpo se dejan percibir en 
todos los animales, pero sobre todo en el hombre, mayores 
indicios de su estado de ánimo?”*: es decir, de su modera- 
ción, clemencia, misericordia, odio, amor, tristeza y alegría. 
Cuando miran atentamente, los ojos se muestran también 
muy diversos: amenazadores, torvos, ardientes, duros, atra- 
vesados, de reojo, sumisos, carifiosos. Ciertamente en los 
ojos habita el espíritu. Arden, se ponen tensos, se humede- 
cen, se entornan. De ellos procede aquella lágrima de mise- 
ricordia. Cuando los cubrimos de besos, parece que alcan- 
zamos el mismo espíritu, de ellos procede el llanto y los 
arroyos que riegan el rostro, ¿Qué líquido es este, tan copio- 
so y tan pronto en el dolor, o en dónde reside el resto del 
tiempo? Pero vemos con el espíritu y distinguimos con el 
espiritu: los ojos, como si fueran una especie de vasos, re- 
cogen la parte visible y la transmiten. Así, una meditación 
profunda ciega al hombre, pues la facultad de ver se retira 
hacia el interior. Así, en la epilepsia, los ojos, aunque 
abiertos, no distinguen nada, porque el espíritu está envuelto 
en tinieblas. Es más, las liebres duermen con ellos abiertos, 
y muchos hombres que los griegos llaman korybantias?*, 
La naturaleza los ha formado de muchas y delicadas mem- 
branas, con una envoltura gruesa en el exterior, contra los 
frios y los calores, que de vez en cuando purifica con la sa- 
liva de las lágrimas; y a causa de las cosas que chocan con- 
tra ellos, los ha hecho resbaladizos y movibles. 


275 Acerca de la expresividad de los ojos hablan también Cicirón, 
Sobre el orador 221, 2, y QUINTILIANO, X 375, 

276 Los coribantes eran los sacerdotes de Cibeles, de ojos fijos y alu- 
cinados en sus danzas orglásticas, Cf. PauLy-Wisowa, RE XI 2, col, 
1441-1446, 


LIBRO XI 523 


655) También la naturaleza ha abierto 

La pupila, la parte central de la córnea como con 

Cuáles no cierran ma ventana por medio de la pupila?”, 

d IE cuya estrechez no permite que la mi- 

a nacer los ojos rada vague insegura y la dirige como 
Pa por un canal y, de paso, desvía con 
facilidad las cosas que le caen accidentalmente; las pupilas 
están rodeadas por un círculo, unas de color negro, otras 
gris, otras glauco, para que la luz, por medio de una adecua- 
da combinación, no sólo se capte por el blanco del ojo que 
está alrededor, sino que, mediante una moderada reflexión, 
no obstaculice la visión. Y hasta tal punto tienen los ojos la 
perfecta virtud del espejo, que esa pupila, tan pequeña, de- 
vuelve la imagen completa de un hombre. Ésta es la razón 
por la que la mayoría de las aves desde las manos de los 
hombres tratan sobre todo de picotear sus ojos, porque vien- 
do en ellos su figura, dirigen hacia ella sus deseos, como a 
cosa conocida. Solamente algunas acémilas sufren enferme- 
dades de los ojos en el cuarto creciente de la luna, pero el 
hombre es el único que, una vez expulsado un líquido, se li- 
bra de la ceguera?*, Al cabo de veinte años muchos han re- 
cuperado la vista mientras que a algunos les fue negada 
desde su nacimiento sin tener defecto alguno en sus ojos; 
muchos la han perdido de repente de la misma manera, sin 
haber sufrido daño anteriormente. Dicen los autores más 
expertos que hay unas venas?”? que van desde los ojos hasta 
el cerebro; yo creería que también hasta el esófago, pues a 
nadie le sacan un ojo sin que vomite, Es un acto sagrado, 


227 Cf. Arrsr., HAT 9, 491b20 ss. 

2 Como afirma Ernour (com. ad loc.), parece que Plinio, se refiere 
aquí a la curación de las cataratas, 

29 Podría tratarse de los nervios oculares. Cf. ArisT,, HA 1 11, 
902a21, 


148 


150 


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152 


524 HISTORIA NATURAL 


según el gran ritual de los quirites, cerrar”" los ojos de los 
muertos y abrírselos de nuevo en la hoguera, estando esta- 
blecida esta costumbre de tal manera que es de derecho diví- 
no que no sean vistos por un hombre en el último momento, 
y va contra ello el no mostrárselos al cielo. El hombre es el 
único de entre los animales al que se le tuercen los ojos: de 
ahí los sobrenombres de «Estrabóm» y «Peto». Por esta mis- 
ma razón, los que nacian privados de un ojo recibían el 
nombre de «Cóclites»; los que tenían los dos ojos pequeños, 
el de «Ocelas»; los «Lúscinos» tomaron el sobrenombre de 
su defecto”!, 

Los ojos de los animales nocturnos, como los gatos, res- 
plandecen y brillan en la oscuridad para que no se les pueda 
mirar; también los de la cabra y el lobo centellean y despi- 
den luz. Los de la foca y la hiena”? se transforman de vez 
en cuando en mil colores diferentes. Es más, también en la 
oscuridad resplandecen los ojos de muchos peces, como los 
troncos de roble resecos y podridos por la vejez. Dijimos* 
que no cierran los ojos los animales que no miran de reojo, 
sino volviendo la cabeza. Cuentan que los ojos del cama- 
león?* giran en su totalidad. Los cangrejos miran de través, 
y llevan sus ojos incrustados?% en una frágil corteza, Los de 


280 Cf. VirG., En., TV 244, y VaLerIO MÁXIMO, II 6, 8. 

281 Strabo designa al hombre bizco, mientras que paetus se aplica al 
que bizquea un poco, Cocles es el nombre que define al tuerto de naci- 
miento, mientras que luscinus se dice de aquél al que le han dejado tuerto 
o le han saltado un ojo en un accidente. Ocella es el mismo diminutivo 
ocellus, «ojito», que ha tomado la terminación -a propia de los patroní- 
micos. 

22 Cf, Pu, VIH 106. 

283 Cf, Piax,, VII 107. 

281 Cf supra 91, y PLIw,, VII 21. 

285 El participio inclusos, referido a oculos, ha sido interpretado por 
diversos traductores con el sentido de «revestidos, recubiertos», pero en 


LIBRO XI 525 


las langostas y las galeras, muy duros, sobresalen en gran 
parte bajo el mismo caparazón. De entre ellos, los que los 
tienen duros ven menos que los que los tienen húmedos?*, 
Cuentan que a las crias de las serpientes y a los polluelos de 
las golondrinas, si les arrancan los ojos, les vuelven a sa- 
lir2”, En todos los insectos y en los crustáceos los ojos se 
mueven como las orejas de los cuadrúpedos. Los que tienen 
una cobertura frágil, tienen los ojos duros. Ningún animal 
de este tipo, sean peces? sean insectos, tiene párpados ni 
cubre los ojos, En todos se extiende una membrana traslúci- 
da al modo del cristal ?”, 
66) El hombre tiene pestañas en los 
Las pestañas: dos párpados, las mujeres, además, las 
cuáles no las tienen lleyan recubiertas a diario con un tin- 
d ia ago te 2%: es tanto su deseo de aparentar 
belleza que incluso llegan a teñirse 
también los ojos. La naturaleza se las ha dado por otra ra- 
zón, como una especie de defensa de la vista y una protec- 
ción?! previa contra los bichos que les salen al encuentro o 
contra otras cosas que por azar les caen dentro, Cuentan, no 


nuestra opinión y siguiendo a CapPONI1, £ 'anatomia..., pág. 69, la traduc- 
ción mejor sería «incrustados», porque los ojos de los crustáceos están 
como embutidos en la cavidad ocular. 

286 Cf. Axusr., PA XUL 657030 ss. 

227 La misma información en Arisr., HA M 17, 508b5-7, y VI S, 
563a14-16, 

28% Cf PLIw,, X 209, Cf. asimismo ArxsrT,, PA 1113, 657b30-32. 

282 Podría tratarse del cristalino, que Celso describe de modo similar 
en Med, VI 7, 13. 

2% Seguramente un producto a base de hollín que se denominaba con 
la transcripción del término griego: calliblepharum «embellecedor de 
párpados». 

2! Cf. ArasT., PA 1115, 658b14 ss. 


54 


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526 HISTORIA NATURAL 


sin razón, que los que abusan del sexo”* pierden las pesta- 
ñas. De los otros animales ninguno las tiene, salvo los que 
tienen pelo en el resto del cuerpo”%, pero los cuadrúpedos 
las tienen sólo en el párpado superior, y las aves, en el infe- 
rior, igual que los que tienen una piel suave, como las ser- 
pientes, y los cuadrúpedos que ponen huevos, como los la- 
gartos. Entre los alados, el avestruz?% es el único que, como 
el hombre, tiene pestañas en uno y otro párpado. 

Ni siquiera todos los animales tie- 


(ST) nen párpados, y por eso no pestañean 
Cuáles no sino los que paren crías. De entre las 
tienen párpados 


aves, las más pesadas cierran los ojos 
con el párpado inferior y pestañcan 
con una membrana” que sale desde los ángulos. Las palo- 
mas y las aves semejantes cierran los dos párpados; pero los 
cuadrúpedos que ponen huevos, como las tortugas o los co- 
codrilos, sólo el párpado inferior, sin posibilidad de pesta- 
fieo a causa de la dureza de sus ojos?%, Al borde exterior 
del párpado superior los antiguos lo llamaron cilio””, de 
donde procede también el nombre de supercilios”%, Si se 
rompe por alguna herida, no cicatriza, como ocurre en unos 
pocos miembros del cuerpo humano ?”, 


295 


22 Cf. ArisT., HA M 11, 518b10 ss. 

22% Cf, ArasT., 14 11 1, 498b21-25, y PAT 14, 658a11 $5. 

2% CfPLm., X 1 ss, y ArrsT., PA IV 14, 697b14 ss. 

225 Es la membrana llamada «nictitante». La misma observación en 
Aristóteles. 

2% Cf. Arisr., PA 11 13, 657a 28-30 y bS ss. a 

29? El término latino cifjum, al parecer, se relaciona con celare «ocul- 
tar». Cf. Ismoro, Etim., XI 142: «(los párpados) se llaman cilia porque 
ocultan los ojos y los cubren con una segura protección». 

29 Es decir, «cejas». 

29 Cf infra, 227. 


LIBRO XI 527 


Sólo el hombre tiene mejillas de- 
bajo de los ojos, a las que los antiguos 
llamaban genas*%, y las Doce Tablas?" 
vetaban con una prohibición que se 
las arañaran las mujeres. Son la sede 
del pudor: el rubor se manifiesta sobre todo en ellas. 

Debajo de las mejillas, revelando 
la alegría y la risa, está la boca y, más 
prominente solamente en el hombre, 
la nariz, que las nuevas costumbres 
han consagrado al escarnio malévo- 
10%, En ninguno de los otros animales sobresale: las aves, 
las serpientes, los peces solamente tienen orificios para el 
olfato, pero no tienen nariz*%, y de ahí los sobrenombres de 
«Simos» y «Silones»** A los niños que nacen en el sépti- 
mo mes les faltan a menudo los agujeros de las orejas y de 
la nariz 39, 


(58) 


Las mejillas 


69) 
La nariz 


300 El término latino genae, tiene dos significados distintos: «párpa- 
dos» (así, supra 156) y —como en este caso— «mejillas», sentido re- 
frendado además por Isidoro, que en Etim, XI 1, 43, dice : «las genae son 
las partes inferiores de los ojos, allí donde comienza la barba». 

31 El código más antiguo redactado en Roma (451-449 a. C.) De esta 
prohibición nos da noticia Cicerón en Leyes 2, 62, Cf, asimismo Puxn,, 
vI 212. 

302 Así, p, e., en Horacio, Sáf, 13, 30; TE 8, 64; Epíst., 15, 23; 19, 45; 
y en QUINTILIANO, XI 3, 80. Cf, asimismo, al respecto: Exwour, com. ad 
loc., pág. 168. 

3% Cf, supra, 137. Asimismo, Arisr., HA 1Y 8, 533b1 ss., y PA 1£ 16, 
659b1 ss. 

30% Simus en latín significa «chato» y silo, «de nariz respingona». 

305 Quizá se refiera Plinio, no tanto a niños vivos como a cuerpos in- 
completos fruto de un aborto. 


al 


58 


159 


160 


528 HISTORIA NATURAL 


(60) Los animales que paren crías tie- 
La boca, nen labios -——de los que reciben su 
los labios, nombre los «Brocos» y los «Labeo- 
el mentón y 306 


nes»**-— y boca, sea honrada o des- 
vergonzada. En su lugar, las aves tie- 
nen un pico córneo y agudo: corvo para las que viven de la 
rapiña, recto para las que se alimentan de lo que recogen, 
ancho para las que arrancan las hierbas y el barro*” —co- 
mo lo tiene también el género porcino —, los jumentos tie- 
nen boca en lugar de manos para recoger el forraje, La boca 
que más se abre es la de los que se alimentan despedazando. 
El mentón y las mejillas no los tiene ningún animal ex- 
cepto el hombre. El cocodrilo3% mueve solamente las mandí- 
bulas superiores, los cuadrúpedos terrestres lo hacen del mis- 
mo modo que los otros animales, y además hacia los lados. 
(61) Hay tres tipos de dientes*%: en for- 
_ Los dientes. ma de sierra, continuos y salientes*!%; 
o on ll los de forma de sierra encajan a la 
en ambas partes y manera de los peines, para que no se 
cuáles los tienen huecos desgasten al chocar con los del lado 
contrario, como en las serpientes, los peces y los perros; los 
continuos son como en el hombre y el caballo, los salientes 
como en el jabalí, el hipopótamo y el elefante, 


las quijadas 


2% Brocchus designa al hombre con dientes salientes y labios gruesos, 
labeo, al que tiene los labios prominentes. Se trata de sobrenombres romanos, 

307 AristóTELES describe asimismo picos de diferentes clases en PA 
11 1, 662b1 ss., y IV 69310 ss. 

308 Se trata de un error que ARISTÓTELES repite constantemente: así en 
HA 1 11, 492b23-24; III 7, 516223-25, y PA 1 17 660b27, y IV 11, 
691b5, Cf. asimismo PLim,, VII 89. 

309 Cf. Arisr., HA 1 2, 50lal6-19 y 21-24. Asimismo, PA IM 1, 
661b138-19. 

210 Los llamados entre los romanos exerti «salientes» son los que no- 
sotros llamamos «colmillos». 


LIBRO XI 529 


De entre los dientes continuos, los que parten los 
alimentos son anchos y agudos*'!, los que los machacan 
son dobles; los que los separan se llaman caninos: estos son 
muy largos en los que tienen dientes en forma de sierra. Los 
dientes continuos o están en ambas mandíbulas, como en el 
caballo, o no hay incisivos en la mandíbula superior, como 
en los bueyes, en las ovejas y en todos los animales que ru- 
mian?**?, La cabra no tiene en la parte de arriba, salvo los 
dos incisivos, Carecen de dientes salientes los que los tienen 
en forma de sierra31, raramente los tienen las hembras, y en 
todo caso, sín uso. Y así, mientras los jabalíes embisten, sus 
hembras muerden. Ningún animal con cuernos tiene dientes 
salientes, pero todos ellos tienen los dientes huecos; los de- 
más animales tienen los dientes macizos. Todos los peces 
tienen los dientes en forma de sierra salvo el escaro*!*; éste 
es el único entre los animales acuáticos que tiene los dientes 
planos. Por lo demás, muchos de ellos los tienen en la len- 
gua y en toda la boca, para ablandar a base de muchos gol- 
pes lo que no pueden trabajar con la masticación, muchos 
los tienen también en el paladar [e incluso en la cola]**, y 
además dirigidos hacia el interior de la boca, para que no se 
les escape el alimento al no tener ninguna otra ayuda para 
retenerlo, 


311 «Anchos y agudos es expresión que procede de una mala lectura 


de ArisTÓTELES, AH TE 1, S501a20-2, donde se afirma que los dientes 
frontales son afilados y los del fondo planos, 

312 Cf, ArssT., HA IX 50, 632b1-2, aunque el Estagirita niega que las 
cabras tengan dos incisivos superiores. 

313 Cf. Arisr., PAT 1, 661b22 ss. 

334 Cf. Puan, TX 62. Cf. asimismo ArisT., PA TIT 1, 66226 ss. 

313 Según ErNOUT, com. ad loc. pág. 169, la expresión entre corche- 
tes podría ser una interpolación procedente del ¿ 163: «hay también un 
diente en la cola del escorpión». 


62 


163 


164 


165 


530 HISTORIA NATURAL 


(62) Son semejantes los dientes del ás- 
Lor dientes de pid*!* y de las serpientes, pero en la 
las serpientes. mandíbula superior, a derecha e iz- 

Su veneno, y Ñ a 
CUE ener dientés quierda, tienen dos muy bajos, perfo- 
rados por un delgado conducto, como 
el aguijón de los escorpiones, y que inyectan veneno. Los 
autores?” más cuidadosos escriben que el veneno no es otra co- 
sa que la hiel de las serpientes, y que desde su origen unas ve- 
nas lo llevan hasta la boca por debajo del espinazo; algunos di- 
cen que hay un único diente y que, como es ganchudo, se echa 
hacia atrás cuando el animal ha dado un mordisco; otros dicen 
que este diente es fácil que caiga y crezca de nuevo, y que les 
falta a las serpientes que vemos que han sido amaestradas; que 
había también un diente en la cola del escorpión y, en la mayo- 
ría de los casos, tres. Los dientes de la víbora se ocultan en las 
encías. Ésta, repleta del mismo veneno, vierte la ponzoña al dar 
el mordisco, hundiéndola con la presión de sus dientes. De los 
animales voladores ninguno tiene dientes excepto el murciéla- 
go. El camello?** es el único entre los animales sin cuernos que 
no tiene incisivos en la mandíbula superior. De los animales 
con Cuernos, ninguno tiene los dientes en forma de sierra??”, 
También los caracoles tienen dientes*”, La prueba está en la 
algarroba roída por los más pequeños de entre ellos. Pero me 
maravilla de dónde ha podido salir, que, de entre los animales 
marinos, los recubiertos por una corteza y los cartilaginosos tie- 
nen los dientes incisivos, e, igualmente, que los erizos de mar 


316 Cf. Puin., VI 85 ss. 

317 Así Nicandro de Colofón, poeta griego del s. 1 a C. Escribió dos 
libros con remedios contra el veneno de los animales con el título de The- 
riaká, 

318 Cf, Puan, VIT 67, 

312 CF. Arssr., HA 11 1, S01a19. 

329 Cf, Arisr., HA IV 4, 528b27 ss. 


LIBRO XI 531 


tienen cinco?”!, En vez de dientes los insectos tienen un agui- 
jón, El mono tiene los dientes como el hombre. El elefante? 
tiene en el interior cuatro para masticar y además de éstos en los 
machos sobresalen unos curvados hacia arriba. En las hembras 
son rectos e inclinados hacia abajo. El «ratoncito» marino*? 
que precede a la ballena, no tiene ningún diente, pero en su lu- 
gar el interior la boca está erizado de cerdas, así como la lengua 
y también el paladar, Entre los animales terrestres, los cuadrú- 


pedos más pequeños?” tienen los dos incisivos de ambas man- 
díbulas muy largos. 

En los otros animales los dientes 

(63) nacen con ellos, pero en el hombre 

Maravillas salen en el séptimo mes después de su 


de los dientes A 7 A 
. nacimiento 3%, En los demás los dien- 


tes son permanentes, en cambio se 
mudan en el hombre, el león, los jumentos, el perro y los 
rumiantes, pero en el león y el perro sólo los llamados cani- 
nos”, El canino derecho del lobo es utilizado con fines 
mágicos*””, Los molares, que se sitúan a partir de los cani- 
nos, no los muda ningún animal. En el hombre los últimos 


molares, que llaman genuinos*, salen en torno a los veinte 


32 Cf, Axisr., PA IV 5, 678b7 ss., y 68046. 

22 Cf, Pax, VI 7, y Artist, 44 11 5, 501630 ss. 

223 Cf. PLox., 1X 186, 

32 Seguramente los roedores..: 

35 Cf. Purw., VIL 68. La misma información en ArisT., HA VI 10, 
ST8b14 ss. 

326 Los incisivos o caninos reciben esta segunda denominación por su 
semejanza con los del perro, Cf. Ism., Etim, X1 1, 52. 

327 Adoptamos la lectura de Ernout, magicis, frente a la de Mayhoff, 
magnis, C£ NA XXVIH 257, 

328 El término latino genuinus, derivado de genu (de la raíz de gena 
«mejilla») se refiere a los molares en general, pero Plinio, lo aplica en 
este caso a la llamada «muela del juicio». 


a 


66 


167 


168 


532 HISTORIA NATURAL 


años, a muchos también en el octogésimo, incluso en las 
mujeres, pero sólo a aquellos en los que no habían brotado 
en su juventud, Que los dientes caen en la vejez y en segui- 
da vuelven a nacer, es cosa cierta. Muciano*” relató que él 
mismo había visto a Zocles de Samotracia, al que le habían 
vuelto a salir después de los ciento cuatro años. Por lo de- 
más, el macho tienen más dientes que la hembra en el homn- 
bre*, el carnero, la cabra y el cerdo. Timarco, hijo de Ni- 
cocles?! de Pafos, tuvo dos filas de molares; su hermano no 
mudó los incisivos y los desgastó. Hay un ejemplo de un 
hombre al que le nació un diente también en el paladar. De 
los caninos, los que caen por algún azar, no vuelven a salir 
nunca. En los restantes animales los dientes amarillean con 

la edad, pero al caballo se le vuelven más blancos *, 
La edad de los animales de carga 
(64) se conoce por los dientes. El caballo 
ES ande tiene cuarenta, y a los treinta meses 

os rumiantes 

según los dientes pierde los dos primeros3% de ambas 
mandíbulas, y al año siguiente otros tan- 


tos de al lado, cuando empujan los llamados columelares**, 


32 Gayo Licinio Muciano escritor y político del 's. 1 d. C. Designado 
cónsul en tres ocasiones, fue además consejero de Vespasiano. Zocles es 
un personaje desconocido. Samotracia, isla de la costa Tracia, 

29 Cf. Pe, VIL71, y Artsr., HA 1 3, $01b20-22, 

331 Rey de Pafos, en la isla de Chipre. 

332 Cf. Arusr., HA 13, $01b13-17. 

223 Plinio, llama «dientes primeros» a los incisivos, seguramente por- 
que, por lo general, son los primeros que salen. Cf, PLiwN., VII 68, Cf, 
asimismo, ANDRÉ, Le Vocabulaire..., pág. 63. 

33% Término derivado de columella — diminutivo de columna—, que 
se ha conservado en el castellano «colmillo», con la misma significación. 
En su origen, se dio este nombre, por su forma, a los dientes caninos del 
caballo. Cf. VARRÓN, Agr. 2, 7, 2. 


LIBRO XI 533 


cuando comienza el quinto año, pierde dos que vuelven a 
salir en el sexto; en el séptimo año tiene todos los dientes, 
los que le han vuelto a salir y los que no cambian. Si al ca- 
ballo se le ha castrado? antes, no se le caen los dientes. La 169 
especie de los asnos?*?* los pierde de manera semejante en el 
trigésimo mes; después, cada seis meses. A propósito de 
esto, si la hembra no ha parido antes de que se le caigan 
los últimos dientes, es segura su esterilidad. Los bueyes los 
mudan a los dos años; a los cerdos no se les caen nunca?””, 
Cuando se ha agotado este tipo de observación, la edad en 
los caballos y en las acémilas se conoce por la prominencia 
de los dientes, por la blancura de las cejas y por los surcos 
en torno a ellas; esto, cuando se les echan unos dieciséis 
años. En los dientes del hombre existe un cierto veneno, 170 
pues, en efecto, no sólo empañan el brillo del espejo cuando 
se dejan ver enfrente, sino que también matan las crías sin 
plumas de las palomas, Lo demás en torno a los dientes, se 
ha comentado a propósito de la reproducción de los hom- 
bres? Cuando rompen, las enfermedades atacan*” los 
cuerpos de los niños. Los demás animales que tienen los 
dientes en forma de sierra, los echan con muchísimo dolor. 


335 Cf, PLiw,, VIM 117, Cf. asimismo Arusr., HA LX 50, 632a11 ss. 

33€ Cf. Arrsr,, HA VI23, 577418 ss, y 30. 

397 Cf. Arasr., HA VI 21, $75b7, y 1 1, 501b4-5. 

338 Cf. Puan, VII 68 ss. 

22 La mayoría de los mss. escriben accipiunt, lectura también de Ma- 
yhoff. Ernout, sin embargo, propone excipiunt y Detlefsen, afficiunt, en 
nuestra opinión el texto más acorde con el sentido, 


171 


172 


173 


534 HISTORIA NATURAL 


(65) No todos tienen la lengua de la 

atenga misma condición?**, En las serpientes 

Cuáles carecen de ella. es muy delgada y de tres puntas 341, yj- 
E pi de las ranas. orante, de color negro, y, si se extrae 
paladar » > 2 > 

muy larga; en los lagartos es bífida y 

peluda, en la foca es también doble, pero en los animales 
nombrados anteriormente es de la delgadez de un cabello. 
Los demás animales la tienen adaptada para lamer alrededor 
de la boca, pero en los peces está casi toda adherida a la 
mandíbula inferior, y en los cocodrilos, toda**; pero en lo 
que respecta al sentido del gusto, los animales acuáticos po- 
seen un paladar carnoso en lugar de la lengua. En los leo- 
nes, leopardos y todos los animales de esta especie, incluso 
los gatos, la lengua es de una aspereza escamosa, semejante 
a una lima, y la adelgaza lamiendo la piel del hombre, por lo 
cual, incluso domesticados, cuando la saliva llega cerca de 
la sangre, los pone furiosos. Ya hemos hablado** de la len- 
gua de las púrpuras. Las ranas la tienen adherida en su parte 
anterior, y libre en la parte interior junto a la faringe, por 
donde los machos emiten su grito, cuando se les denomina 
ololigones*%, Esto sucede en un tiempo determinado, cuan- 
do incitan a las hembras al apareamiento. En esta época 
cuando el labio inferior queda colgando al nivel del agua, y 
ésta se recoge en la garganta en pequeña cantidad, al palpi- 


34 Cf. Axasr., PAU 17, 660215-16 

31 Cf. ArisT., HA 1 17, S08223-28, El Estagirita, sin embargo, habla 
de una lengua bífida. Como señala ErNouT en com. ad loe., pág. 172, el 
empleo del epíteto trisulca podria muy bien proceder de VircmLIO (Georg. 
1H 439 = En, 475). 

3% Una explicación más detallada en Arisr., PA H 17, 660b26 ss. Cf. 
asimismo, PLm., VIH 89. 

34 Cf PLox,, IX 128. 

34 PLN, introduce aquí un término griego, ololygón, que designa el 
canto de la rana macho. 


LIBRO XI 535 


tar allí la lengua, producen su grito. Entonces la cavidad de 
la boca, muy abierta, se hace transparente, y los ojos lleva- 
dos por el esfuerzo, se encienden. Los que tienen en la parte 
posterior un aguijón, tienen asimismo dientes y lengua**, 
en las abejas además muy larga, y prominente también en 
las cigarras. Los que tienen un aguijón en forma de tubo en 
la boca, no tienen ni lengua ni dientes. Ciertos insectos tie- 
nen la lengua dentro de la boca, como las hormigas; por lo 
demás, la lengua queda oculta*", especialmente en el ele- 
fante. Los restantes animales conforme a su especie siempre 
la tienen libre, solamente en el hombre está tan sujeta por 
las venas que se hace imprescindible cortarlas. Hemos oído 
decir que Metelo?” el pontífice tenía una lengua tan trabada 
que se cree que durante muchos meses vivió torturado mien- 
tras se ejercitaba para hablar en la dedicación del templo de 
Ops** Auxiliadora. En otros casos, a los siete años apro- 
ximadamente la lengua articula las palabras*%. A muchos 


345 Cf. ArasT., PA IV 6, 68343 ss. Los que tanto Plinio, como Aris- 
tóteles llaman dientes no son tales, sino la mandíbula. 

3446 Aceptamos en este caso —de acuerdo con Ernout (com. ad loe. 
págs. 172-173) — la corrección de Mayhoff, latet, en lugar del adjetivo 
lata, que aparece en la mayoría de los mss, Cf. al respecto Arrsr., HA Y 
6, 502a4. 

347 L, Cecilio Metelo Datmático, hijo de L. Metelo Calvo fue cónsul 
en el 119 a, C, y consagró el templo de Ops Auxiliadora en torno al 114. 
Murió en el 104, 

348 Diosa romana de la abundancia, identificada frecuentemente con 
Rea, 

34 La expresión ceteris,., sermonem exprimit, que resulta un tanto os- 
cura, ha sido intrepretada de manera diversa por distintos traductores. 
Así, Rackuam, en su versión publicada en Loeb, Londres, 1983, traduce 
«en todos los demás casos de tartamudez...», mientras que ERNOUT escri- 
be «en la mayoría de los niños la lengua articula claramente...», Por su 
parte, Kónic-Horr traducen «Por lo demás (el hombre) aprende a utili- 
zar su lengua con discernimiento...». Nuestra traducción pretende ser lite- 


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176 


536 HISTORIA NATURAL 


hombres, en cambio, les ha tocado en suerte una habilidad 
tal en el uso de ésta, que producen una imitación exacta de 
los animales y de las aves. El sentido del gusto lo tienen los 
demás animales en la parte delantera de la lengua, en el 
hombre reside también en el paladar. 
(66) - En el hombre están las amigdalas, 
Las amigdalas. enel cerdo las «glándulas»?, Lo que 
pei se sitúa entre ellas con el nombre de 
La traquearteria,  Ccampanilla*!, cuelga en el fondo del 
el esejago paladar, y lo tiene solamente el hom- 
bre, Por debajo de ella se encuentra la epiglotis*?, que no 
existe en ningún animal de los que ponen huevos. Estando 
situada entre dos conductos, su cometido es doble. El con- 
ducto interior? se denomina tráquea, y se dirige al pulmón 
y al corazón: la epiglotis la cierra en la comida, mientras 
deja pasar a través de ella el aire y la voz, para que la trá- 
quea no sufra si la comida o la bebida se desvían por cami- 
no inadecuado. El otro conducto más hacia el exterior se 
llama propiamente garganta, por donde corren la comida y 


ral, entendiendo, sin embargo, que Plinio se refiere a la articulación de 
las palabras en la frase, no a la mera articulación fonética, que los niños 
realizan mucho antes. 

350 El término latino glandulae parece sinónimo de tonsillae «amig- 
dalas» aunque aquél quizá tenga un sentido más general, ya que, de he- 
cho, en los textos aparece aplicado también cuando se habla del hombre, 
Cf. Ernour, com. ad loc, pág. 173. 

35 El nombre latino de la campanilla es ura por su semejanza con el 
grano del fruto de la vid, Cf. Arisr,, AA 111, 493a1 ss. 

3% Plinio la denomina minor lingua, es decir, «lengiieta», pero nos- 
otros hemos preferido traducirlo por el término anatómico correspon- 
diente. 

353 El texto, tomado de ArisT., HA 116, 49326 ss. ha sido, sin embar- 
go, mal interpretado por Plinio, quien afirma —al contrario del Estagiri- 
ta— que el conducto interior es la tráquea y el exterior el esófago. Cf. 
ErnNour, com, ad loc, pág. 173. 


LIBRO XI 537 


la bebida. Ella se dirige al esófago y éste al estómago. La 
epiglotis la cierra siempre que circulan el aire:o la voz, para 
que a la garganta no la importune una regurgitación intem- 
pestiva del vientre, La tráquea está compuesta de cartílago y 


carne, la garganta, de fibra nerviosa?** y de carne, 
No tiene cerviz ningún animal sal- 
(67) vo que tenga ambos conductos **; los 
La cerviz, A - 
elicuello y otros que sólo están dotados de gar 
el espinazo ganta, tienen cuello. Pero en los que 


tienen cerviz, ésta se compone de mu- 
chos huesos en forma de anillo articulados, y, siendo flexi- 
ble para mirar en derredor, tiene su juntura en los «nudos» 
de las articulaciones, Solamente el león*%, el lobo y la hiena 
la tienen rígida con un único hueso recto. En el resto de los 
animales se une al espinazo, y el espinazo a los lomos: es de 
naturaleza Ósea, pero de estructura redondeada, descendien- 
do la médula desde el cerebro por los orificios del centro?*”, 
Deducen*% que es de la misma naturaleza que el cerebro, 
porque sólo con que su delicadísima membrana sufra una 
incisión, al punto sobreviene la muerte. Los que tienen las 
patas largas, también tienen largo el cuello?*%, lo mismo en 
las aves acuáticas, aunque tengan más cortas las patas, y lo 
mismo en las que tienen las uñas corvas. 


35 Cf. CAPPONE, £'anat..., pág. 105, n. 279. 

355 Cf. Arisr., PA IV 10, 68622 ss. 

35 Cf. Axisr., PÁ HI 3, 686420 ss. Asimismo, HA M 1, 497b16-17. Se 
trata de una afirmación errónea. 

3 Cf. Arust., HAT, $16212-14 y PA IL, 6, 651b32-34, 

38 En esta ocasión Plinio, aporta una información basada en Aristó- 
teles distinta de la que se ha recogido en $ 134, En efecto, para el Estagi- 
rita, el cerebro sería la parte más fría del cuerpo y la médula, la más cáli- 
da por naturaleza, Cf. al respecto, CAPPON1, E'anat..., pág. 107. 

35% Aristóteles, con mayor precisión, aplica esta información sóla- 
mente a las aves. Así en PA IV 12, 692b22 ss. 


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538 HISTORIA NATURAL 


La región gutural sólo se hincha*% 


(68) * en el hombre y en el cerdo, la mayoría 
$ es de las veces por la insalubridad de las 
el estómago aguas que beben. La parte alta de la 


garganta se llama faringe, y la parte 
final, esófago?*, Bajo esa denominación se encuentra, ya 
detrás de la tráquea, una cavidad carnosa anexa al espinazo, 
que se extiende a lo largo y a lo ancho en forma de botella, 
Los que no tienen faringe, no tienen ni siquiera esófago, ni 
cuello ni región gutural, como sucede en los peces?%, y la 
boca se les une al estómago. La tortuga marina no tiene len- 
gua ni dientes: todo lo rompe con la punta del pico. Después 
están la tráquea y un esófago denticulado con unas durezas, 
a la manera de un espino, para triturar el alimento, disminu- 
yendo las hendiduras en tanto en cuanto se aproximan al 
estómago; la aspereza que tienen al final es como la escofi- 
na de un artesano. 
Los restantes animales tienen el co- 


(59) razón*% en el centro del pecho, sólo 
qe pa el hombre lo tiene bajo la tetilla iz- 
la vida o: con una punta de forma có: 


nica? y sobresaliente hacia delante. 
Únicamente en los peces mira hacia la boca. Dicen que, en 
los que nacen, el corazón es lo primero*% que se forma en el 
útero, después el cerebro, igual que lo último son los ojos; 


360 Posible referencia al bocio, Cf, PLaw,, XXXVII 44, 

361 Cf, ArusT., 441 12,493a5 ss. 

382 Cf. ArisT., HA 11 17, 507210 y 26 ss. y IV 9, 535b15. 

363 Cf, Arusr., HA 1 17, 496417-19 y II 17, 506032 ss. Asimismo PA 
III 4, 685b19-22, y 666b6-13. 

361 CF, ArisT., HA 117, 496217-19. Cf., asimismo, PLuw., XXXVI 56. 

365 Cf. Arrsr., PA 666810. Cf., asimismo, PLiw., X 148. 


LIBRO XI 539 


sin embargo, primero mueren éstos y lo último el corazón. 
Tiene un calor extraordinario*, Palpita, ciertamente y se 
mueve como si fuera un animal dentro de otro, recubierto 
por una membrana? muy flexible y resistente, está prote- 
gido por la muralla que forman las costillas y el pecho, a fin 
de que produzca la causa primordial de la vida. En su inte- 
rior proporciona al espíritu y a la sangre su sede principal, 
en una cavidad sinuosa, que es además triple en los anima- 
les grandes, y no hay ninguno en el que no sea doble. Allí 
habita el entendimiento?*, De esta fuente salen dos grandes 
venas, una hacia delante y otra hacia la espalda que, difun- 
diéndose por medio de una serie de ramificaciones, a través 
de otras menores, hacen circular la sangre vivificante por 
todos los miembros. Ésta es la única viscera*% que no es 
atacada por las enfermedades ni prolonga los sufrimientos 
de la vida, pero herida, al punto ocasiona la muerte, Aunque 
las otras vísceras estén dañadas, la fuerza vital perdura en el 
corazón. 
co Se considera lerdo el animal?” que 
Cuáles tienen el tiene un corazón rígido y duro; audaz, 
corazón más grande, el que lo tiene pequefñio; miedoso, el 
a e que lo tiene muy grande. Pero el más 
grande, proporcionalmente, lo tienen 
los ratones, la liebre, el asno, el ciervo, la pantera, las co- 
madrejas, las hienas y todos los animales tímidos o que ha- 


366 El calor entre los antiguos es fuente de la vida, Cf. Arisr., PA TU 
6, 670323-26. 

367 Es decir, el pericardio. 

368 Según Aristóteles en el corazón reside no solo el principio de la 
vida y de todo movimiento, sino además la facultad de la percepción y el 
entendimiento. Cf. al respecto, CarPON1, £'anal..., pág. 113. 

362 Cf. ArrsT., PA 1 4, 667232 ss, 

379 La diversidad del carácter de los animales según las diferencias 
anatómicas de su corazón se describe en Arisr., PA II 4, 667a12 ss. 


_ 


82 


184 


185 


540 HISTORIA NATURAL 


cen daño a causa del miedo, En Paflagonia?”! las perdices 
tienen dos corazones. Á veces se encuentran huesos en el 
corazón de los caballos y de los bueyes?”, Que el corazón 
se agranda cada año en el hombre y aumenta su peso en dos 
dracmas?” hasta los cincuenta años, que a partir de ellos 
disminuye en la misma proporción?”*, y que el hombre no 
vive más allá de los cien años, porque el corazón desapare- 
ce, es creencia de los egipcios, entre los cuales es costumbre 
conservar los cadáveres embalsamados, Se dice que algunos 
hombres nacen con el corazón cubierto de vello y que no 
hay otros de una actividad mayor, como es el caso de Aris- 
tómenes??? el mesenio, que mató a trescientos lacedemonios. 
Éste, en una ocasión, tras ser capturado gravemente herido, 
escapó del apuro a través de una abertura de una cantera, si- 
guiendo las entradas de los zorros. Capturado una segunda 
vez, adormecidos sus guardianes por el sueño, echándose a 
rodar hacia el fuego, quemó sus ataduras junto con su cuer- 
po. Capturado en una tercera ocasión, los lacedemonios le 
abrieron el pecho estando aún vivo, y se encontró un cora- 
zón lleno de vello. 


371 Territorio en la costa N de Asia Menor, Cf. PLmw., VI $ ss. La le- 
yenda se recoge ya en Teofrasto y, posteriormente, en ELtano (X 35, XI 
40) y AuLo GeLio (XVI 15). Cf., asimismo, Exvour, com. ad loc., pág. 
175, : 
32 Cf. Axasr., HA. 11 15, 506a 8-10. Podría tratarse no propiamente 
de los huesos sino de algunas calcificaciones. Cf. CAPPON1, L'anat..., 
pág. 1117. 

373 Es decir, 6, 82 gr, 

3% De acuerdo con Ernour, com. ad loc., pág. 175, Plinio, habría 
tomado esta información de un astrólogo, de nombre Dioscórides, a tra- 
vés de un texto de Varrón, . 

37% Héroe de carácter legendario, que consiguió realizar tres veces 
unas hekatomphónia «muerte de cien enemigos» en la segunda guerra 
contra Esparta (s. vir a. C.). Cf. Ernour, com. ad loc. pág. 176. 


LIBRO XI 541 


En la parte superior del corazón, 
UY cuando las entrañas?” son propicias 


Cuándo comenzó A a Ñ 
a ser observado se encuentra una especie de tejido adi- 


éste en las entrañas poso; pero no siempre el corazón fue 
considerado parte de las entrañas, Sien- 

do Lucio Postumio Albino, hijo de Lucio, rey de los sacrifi- 
cios?”?, después de la centésimo vigésimo sexta Olimpiada, 
cuando el rey Pirro? se había retirado de Italia, comenza- 
ron los arúspices a examinar el corazón como parte de las 
entrañas. Al dictador César*”, el día en que por primera vez 
se presentó con la vestidura de púrpura y se sentó en una si- 
lla de oro, cuando hacía el sacrificio, entre las entrañas le 
faltó el corazón. De ahí se suscitó, entre los que discuten en 
torno a la adivinación, la importante cuestión de si la vícti- 
ma habría podido vivir sin aquella víscera o si la habría per- 


dido para la ocasión. Dicen que no puede quemarse el cora- 


zón en los que hubieren muerto de enfermedad cardiaca 3%, 


y tampoco en los muertos por envenenamiento. Al menos, 
nos queda un discurso de Vitelio, en el cual acusa a Gneo 


376 El término latino exfa «entrañas» comprende el conjunto del híga- 
do, la vesícula biliar, el corazón y los pulmones, que debían examinarse 
necesariamente por los arúspices en las prácticas adivinatorias, 

31 No se sabe quién fue Lucio Postumio Albino, pero se piensa que 
accedió al cargo en torno al 274 a. C,, ya que la Sexta Olimpiada tuvo lu- 
gar entre los años 276 y 273, El rey de los sacrificios era el sacerdote en- 
cargado de presidir este tipo de celebraciones. 

3 Rey de los molosos en el Epiro, que abandonó Italia, tras la batalla 
de Benevento, en el 275, 

37% Este prodigio, sucedido al parecer en el 45 a. C., aparece narrado 
por primera vez en Cicerón, Sobre la adivinación 1, 118 ss, Cf. al res- 
pecto, Ernour, com. ad loc., págs. 176-177, 

280 La denominada morbuys cardiaca «enfermedad cardiaca» se des- 
cribe en CeLso, HI, 19 como un síndrome gastro-cardiaco, y se caracteri- 
za, entre otros síntomas, por los dolores localizados en la región epigás- 
trica y precordial. Cf. Exnour, com. ad loc., pág. 177. 


188 


542 HISTORIA NATURAL 


Pisón?! de su crimen, usando de esta prueba y atestiguando 
públicamente que no había podido quemarse el corazón de 
Germánico César a causa del veneno. Pisón, por el contra- 
rio, se defendió aludiendo a este tipo de enfermedad. 
02) Debajo del corazón está situado el 
El pulmón. pulmón, la fábrica de la respiración, 
ud poda que toma el aire y lo expele?, por es- 
cuáles más pequeño, ta razón es esponjoso y atravesado por 
Cuáles no tienen conductos vacíos***, Lo tienen unos 
dentro más que pulmón. E : 

Cuál es la causa pocos animales acuáticos, como se ha 
de la velocidad dicho?*%; los restantes animales *** que 

de los animales A a 
ponen huevos lo tienen pequeño, con 
espuma y sin sangre. Por ello no tienen sed. Ésta es la mis- 
ma causa por la que las ranas y las focas nadan debajo del 
agua durante mucho tiempo. Asimismo la tortuga, aunque 
tenga unos pulmones muy grandes y bajo la totalidad del 
caparazón, sin embargo, los tiene sin sangre. Cuanto menor 
es el pulmón en el cuerpo, tanto mayor es la velocidad. El 
mayor en proporción es el del camaleón?, y no tiene nin- 


guna otra cosa en el interior. 


38l Gneo Pisón fue acusado y procesado en Roma como autor de la 
muerte por en venenamiento de Julio César Germánico (15 a. C,-19 
d, C.), padre de Calígula, Publio Vitelio, lugarteniente de Germánico y tío 
del que sería emperador en el año 69 d. C., Aulo Vitelio, actuó como acu- 
sador principal, pero, finalmente, Pisón resultó absuelto. Cf. SUETONIO, 
Calígula 1 ss, y Tácrro, 4n, TESS ss. y 74; 11 10. 

38 Plinio parece recoger en esta frase la información de Arasr,, HA II 
15, 506a1-2, pero en ningún caso el Estagirita comete el error de decir 
que el corazón se sitúa debajo del pulmón, 

38 Es decir, los bronquios, 

38 Cf, Pim, IX 16, 

385 L as diferencias en la anatomía del pulmón de las distintas especies 
aparecen tratadas en ArisT,, PA III 6, 669a25-35, 

386 Cf. supra 91 y 152. Asimismo, Per, VII 122. 


LIBRO XI 543 


El hígado está en la parte derecha, 


El Ao do y en él lo que llaman la «cabeza de las 
La «cabeza de entrañas»*7, órgano de una gran va- 
a entrañas». riedad. A Marco Marcelo**, estando 

ISErvaciones 


de los arúspices YA Próxima su muerte cuando pereció 
en torno aello. a manos de Aníbal, le faltó aquélla 
eo entre las entrañas del animal sacrifi- 

y en qué lugares cado; después, al día siguiente, se en- 

contró doble, 

También le faltó a Gayo Mario cuando ofreció un sacri- 
ficio en Útica**, y lo mismo al emperador Gayo?”, cuando 
comenzaba su consulado, en las Calendas de enero del año 
en que fue asesinado, y a su sucesor Claudio en el mes en 
que fue muerto por medio de un veneno. Cuando el divino 
Augusto sacrificaba en Espoleto?”, en el primer día de su 
mandato, se encontraron los hígados de seis de sus víctimas 
replegados hacia el interior desde el lóbulo inferior, y se in- 
terpretó. que su poder se duplicaría dentro del año. Si se 
corta*” la «cabeza de las entrañas» es también de mal agiie- 


387 Se trata, al parecer, de la parte superior del lóbulo derecho del hí- 
gado. Cf. Ermour, com. ad loc., pág. 178. Cf. asimismo Priw., XXVIII 
11, y Cic., Sobre la adivinación 2, 36 y 37. 

368 El prodigio aparece narrado admás en Trro Livro, XXVII 26, 13- 
14, y en VaLerIO Máxamo I 6, 9, Marco Claudio Marcelo participó en la 
segunda Guerra Púnica y murió a manos de Aníbal en el año 208 a. C. 

38% Ciudad de África, al N de Cartago, Cf. PLmw., V 24. El suceso ocu- 
rrió en el año 109 a. C., según atestigua SaLusrio en la Guerra de Ju- 
gurta 63, 1. 

390 Se trata del emperador Gayo Caligula, muerto en el año 41 d. C. 
Claudio murió envenenado el 13 de octubre del 54 d. C. 

1 Ciudad de Umbria, la actual Espoleto. Cf. Prxw., 111 114, El prodi- 
gio se narra asimismo en SuEronIo, Aug. 95, 

32 Cf. Trro Livio, VI 9, 1, y Ovinxo, Met. XV 795. 


190 


191 


192 


544 HISTORIA NATURAL 


ro, excepto en caso de preocupación y miedo, pues entonces 

suprime la inquietud. Las liebres en el entorno de Brileto y 

Tames y en el Quersoneso junto a la Propóntide*%, tienen 

dos higados3%, y es asombroso que, si se las traslada a otro 
sitio, desaparece uno de ellos. 

En el higado mismo está la vesí- 

z (eN cula biliar?%, que no se concedió a to- 

a vesicula biliar, , Ñ 
Qué animales la tienen dos los animales, En Calcis cd de Eu- 


id y EE bea el ganado lanar no la tiene, mien- 
e animales Ñ 
carecen de ella y Was que en Naxos la tiene muy grande 
cuáles la tienen y doble, de manera que ambas cosas 
en un lugar : a G . a 
distinto del hígado  “£Nen consideración de prodigio para 


el extranjero. Los caballos, los mulos, 
los asnos, los ciervos, los corzos, los jabalíes, los camellos y 
los delfines no tienen vesícula biliar?”, Entre los ratones, la 
tienen algunos. La vesícula biliar a pocos hombres les falta: 
su salud es buena y su vida más larga. Hay quienes piensan 
que el caballo no la tiene precisamente en el hígado, sino en 
el vientre; y el ciervo, en la cola o en los intestinos, Que es 
tanto su amargor, que los perros no la tocan. Pero la bilis no 


39 Brileto es un monte del Ática (cf. PLnw., IV 24). Tames es un lugar 
no identificado. El Quersoneso es la península de Tracia (cf. PLmw,, IV 
48). La Propóntide es el actual mar de Mármara., 

394 Cf. Arisr., HA 1117, 507216 ss., y PA 111 7, 669b34. 

395 El término latino utilizado es fel, que también —según el contex- 
to— puede designar la bilis. Cf. infra 193. Cf., asimismo, Ar1sT., HA 1 
17, 496b21-23. Igualmente CaPPoN1, L'anatomia..., pág. 126. 

2% Ciudad situada en la isla de Eubea. Cf. PLim,, IV 64, Naxos es la 
mayor de las islas Cicladas. Cf. PLim., TV 67. Acerca del prodigio, cf. 
ARIsT., HA 117, 496b26 ss., y PA IV 2, 677a1-3. 

39 Cf. Artsr., PA IV 2, 676b27 ss. 


LIBRO XI 545 


es otra cosa que un residuo*% --—-y el peor— de la sangre, 
por ello se encuentra también en su substancia. Ciertamente 
el hígado no lo tiene ningún animal más que los que tienen 
sangre. El hígado recibe la bilis?* del corazón, al que se 
une, y la vierte en las venas. 

Ahora bien, en la bilis negra*% 
tiene el hombre una causa de locura, y 
la muerte si la vomita toda. De ahí que 
también a una falta contra las costum- 
bres se le aplique el nombre de «bi- 
lis»: hasta tal punto es fuerte el veneno que hay en esta parte 
del cuerpo, cuando se derrama en el espíritu. Es más, si se 
extiende también por todo el cuerpo, se lleva el color de los 
ojos*!, ello ocurre, claro está, incluso si se la arroja en va- 
sijas de bronce, y las cosas que están en contacto con ella, 
se ennegrecen*?; de modo que nadie se asombre de que la 


(5) 
Cuál es su influjo 


388 CF. ArisT., PA IV 2, 677b1-7. El Estagirita, sin embargo, no la 
considera como causa de una patología, sino, en todo caso, como un sín- 
toma, Cf. CAPPONI, L'anaf..., pág. 130. 

2% Capponi en L'anatomia..., pág. 130, subraya la dificultad de traduc- 
ción de las frase latina que sigue a la definición del término bilis. En su opi- 
nión, si se entienden ¡ecur «hígado» y hoc (= fel) «bilis» como sujeto y ob- 
jeto respectivamente de la forma verbal accipit, Plinio ofrecería una 
información opuesta a la que transmite Aristóteles en PA IV 2, 677b1-7; por 
ello, considera necesaria la corrección del texto latino, que él restituye: (fel) 
accipit hoc atb ¡e)core, con la traducción «da vesícula biliar recibe la secre- 
ción del hígado, al que está unida, y la vierte en las venas», Nosotros, sin 
embargo, hemos optado por aceptar el texto de los mss. 

100 El término fel nigrum es el equivalente del griego mélaina cholé, 
origen del vocablo melancholía, que según los autores antiguos, era cau- 
sa de locura (así en PLauTo, Am. 727-728). Cf. al respecto, CAPPONI, 
L'anat.., pág. 132, 

401 Posible alusión a la ictericia, enfermedad generada, precisamente, 
por la vesícula biliar. Cf. PLIx., XXVI 123. ] 

42 Cf. PLN, XXXIV 94, 


546 HISTORIA NATURAL 


194 hiel** constituya el veneno de las serpientes. Carecen de hiel 


195 


los animales que se alimentan de ajenjo en el Ponto**, 


Pero en los cuervos, las codomices y los faisanes, la vesi- 
cula se une por una parte a los riñones*” y por la otra sola- 
mente al intestino, y en algunas aves solamente al intestino, 
como en las palomas, el halcón y las morenas. De entre las 
aves, unas pocas la tienen en el hígado. En las serpientes, en 
proporción, la vesícula tiene un tamaño más considerable 
También en la mayor parte de los peces se distribuye en la 
totalidad del intestino, así como en el halcón y en el milano; 
también se localiza además en el hígado, como en todos los 
cetáceos. 


20% En latín existe un término, fel, que designa tanto el órgano como el 
líquido que segrega, igual en hombres que en animales. Nosotros hemos 
aplicado al órgano su nombre castellano «vesícula biliar» y hemos venido 
traduciendo «bilis» cuando se hablaba de la substancia segregada, bien en 
general o bien en referencia al hombre; sin embargo cuando haya una re- 
ferencia clara a los animales, traduciremos este término por «hiel». Acer- 
ca del veneno de las serpientes, cf. supra 163. 

10% En opinión de Mayhoff, esta frase debería ubicarse en el capitulo 
191, tras et prodigii loco utrumque aduenae. «ambas cosas tienen consi- 
deración de prodigio. para el extranjero». Carron1, sin embargo, «en 
L'anatomia..., pág. 131, n. 339, defiende que esta transposición podría 
hacerse sólo en que caso de que se demostrara que fel en este texto se re- 
fiere a la vesícula biliar, parecer que compartimos. 

405 Según Ernour (com. ad loc, págs. 180-182 ), tanto el final del capí- 
tulo 194 como el principio del 195 estarían alterados, Con respecto a la apari- 
ción en el texto de los códices del término (renibus) —que adopta tanto Ernout 
como la mayoría de los editores modemos— nosotros lo hemos preferido en 
nuestra traducción, frente al que presenta Mayhoff favibus), según corrección 
de Pinciano. Lo cierto es que existe una sospechosa contradicción entre este 
párrafo y el texto de ArisrórELES, HA U 16, 506b26, donde se asegura que las 
aves no tienen riñones, dato recogido además por el mismo Plinio en $ 206. 
Sabemos, sin embargo, que nuestro autor incurre a veces en incorrecciones, 
bien al manejar fichas de autores diferentes sin conciliarlas, bien al interpretar 
mal algunas informaciones del propio Estagirita, 


LIBRO XI 547 


La vesícula de las focas es excelente para muchas cosas. 
De la del toro se saca un color dorado**, Los arúspices se la 
consagraron a Neptuno*” y al poder del agua, el divino Au- 

gusto la encontró doble el día en que venció en Accio*%, 
Se dice que los lóbulos del higadito 
qe de los ratones coinciden en número con 

Á qué animales . , 
les aumenta o les. €l de los días de luna habidos en el 
disminuye el hígado rreg%%, y se encuentran tantos cuantos 
con la luna. ; z 

sean sus días de luz; además, aumentan 


Observaciones 
de los aa en el solsticio de invierno. En la Béti- 
en torno a ello 410 : ” 

y prodiglos ca**” con frecuencia estas vísceras son 


extraordinarios dobles en los conejos. El segundo ló- 

bulo de las ranas rubetas*!! no lo tocan 

las hormigas, según se cree, a causa de su veneno. Los ejem- 

plos de algunos asedios han dado a conocer que el higado, 
que resiste al máximo el paso del tiempo, dura cien años. 

Las entrañas ** en las serpientes 

a an y los lagartos son alargadas. Se dice 

Naturaleza de la risa que, en un prodigio favorable, a Céci- 

na de Volaterra*!* le habían saltado 

unos dragones desde las entrañas de una víctima, y, cierta- 


4% Acerca de estos productos generados por la hiel de los animales, 
cf. PL, VII 111, y XX VO] 146, 

407 Quizá porque el amargor de la hiel lo relacionaban con el amargor 
del agua del mar. Cf. Ersour, com. ad loc,, pág. 182. 

40 Cf. PLin,, IV 5. Nombre de un promontorio en el golfo de Ambra- 
cia donde Octavio Augusto consiguió la victoria sobre Marco Antonio y 
Cleopatra (2 de sept. de 31 a, C), dando así fin a la Guerra Civil. 

4 Cf. Pumw., 18109, 

410 Cf. Pros, 1 7, 

4%. Cf. supra 62, y PLIN.; XXXII 50. 

412 Cf. supra 186. 

413 Sobre Cécina, cf. PLiw., X 71, n, Acerca de Volaterra, cf. Pr.sm., II 
50. Acerca de los dragones, cf. supra 122, 


197 


198 


548 HISTORIA NATURAL 


mente, no resulta increíble en absoluto para los que conside- 
ran que, en el día en que murió el rey Pirro, las cabezas 
cortadas de sus víctimas se arrastraron lamiendo su propia 
sangre. Las entrañas en el hombre se separan de la parte 
inferior de las visceras por una membrana que se llama pre- 
cordia*'* porque se extiende por el corazón: es lo que los 
griegos llamaron frenes*'*, Ciertamente, a todas las vísceras 
principales la naturaleza, precavida, las ha encerrado en 
unas membranas peculiares y a modo de estuches*'; con 
respecto al diafragma hubo también como causa especial la 
proximidad del vientre, a fín de que la respiración no fuera 
obstaculizada por el alimento. Aquí se dice que radica la 
agudeza de la mente*””; por ello, no tiene carne alguna, sino 
unos nervios delgados. En el diafragma se asienta la sede 
particular de la risa, lo que se conoce sobre todo por el cos- 
quilleo de las axilas hacia las que se extiende; en ninguna 
otra parte la piel humana es más fina, y, por ello, el placer 
de rascarse allí es inmediato. Por esta razón en los combates 
y en los espectáculos de gladiadores, la perforación del dia- 
fragma les ocasionaba la muerte a la vez que la risa, 


414 Plinio designa con el nombre técnico de praecordia a lo que nos- 
otros llamamos «diafragma». El término latino, compuesto de prae «de- 
lante» y de cor «corazón», indica la función de esta membrana a los ojos 
de los antiguos. A partir de ahora, sin embargo, en nuestra traducción lo 
designaremos con el nombre castellano, 

415 En efecto, el término griego diáphragma, que después ha pasado a 
nuestra lengua, no fue utilizado por Aristóteles sino para designar el tabi- 
que nasal, Sólamente a partir de Galeno se usará con el sentido que tiene 
en castellano, ' 

416 Cf. ArisT., HA MM 13, 519430 ss., y PATIE 11, 673b3 ss. 

$17 Cf, Ismoro, Etim. XT 1, 119. 


LIBRO XI 549 


e El estómago*!* se sitúa debajo del 
El vientre, diafragma en los animales que tienen 
Cuáles carecen de él. esófago; en los rumiantes es doble, 
Cuáles son los únicos , . , : 
que vomitan único en los demás animales, falta en 
los que carecen de sangre. El intestino, 
que comienza en la boca, se repliega en algunos animales ha- 
cia este mismo lugar, como en la sepia y el pulpo. En el hom- 
bre el estómago está unido a la parte baja del esófago y es 
semejante al del perro*?, Únicamente en estos animales se 
hace más estrecho en la parte inferior*%; y así, son los únicos 
que vomitan, porque el alimento, cuando el estómago está re- 
pleto, es oprimido a causa de las estrecheces, lo cual no puede 
suceder en aquellos con un estómago, cuyo dilatado espacio 
deja pasar el alimento a las partes inferiores. 
(09) Después del estómago aparecen, 
El intestino delgado, 'en la oveja y en el hombre, las lac- 
qn e ri tes*! por donde se desliza el ali- 
Por qué hay algunos mento; en los demás animales se de- 
animales insaciables nominan hilas; a partir de ahí, los 
intestinos? que van al vientre tienen mayor capacidad, y en 
el hombre forman círculos muy sinuosos. Por ello son más 


418 Cf Arisr., HA 11 16, 507434 ss. En esta ocasión Plinio no parece 
deudor del Estagirita, De hecho, anotamos diversos errores que no tienen 
su origen en esta fuente; así, nuestro autor yerra en lo que se refiere a la 
división del estómago de los rumiantes y en la afirmación de que los 
animales no sanguíneos carecen de estómago. Cf. CArron1, L'anat..., 
págs. 140-141. 

419 Cf. Artsr., HA 1 16, 495b24. 

420 Plinio, se está refiriendo ahora al piloro. Como señala Capponi en 
L'anat..., pág. 142, la obstrucción del piloro podría ser causa de vómitos, 
pero no es la única. 

221 Eg decir, el «intestino delgado». 

422 Plinio, toma su información de Arrsr., HA 1 16, 495b26, y de PA 
TH 14, 674b y 675a31 ss, 


99 


200 


20 


202 


350 HISTORIA NATURAL 
voraces* aquellos que tienen más espacio a partir del in- 
testino. Y asimismo, son menos diligentes los que tienen 
muchísimo vientre, Algunas aves tienen también dos re- 
ceptáculos: uno por donde introducen el alimento fresco, a 
modo de garganta, y otro en el que dejan caer desde el pri- 
mero el alimento macerado por la digestión, como ocurre en 
las gallinas, en las palomas torcaces y comunes, y en las 
perdices. Las restantes aves, por lo general, carecen de uno, 
pero se sirven de un esófago más ancho, como los grajos, 
los cuervos y las cornejas, Algunas aves no tienen ni lo uno 
ni lo otro, sino que presentan inmediatamente*” el estóma- 
go, son aquellas que tienen un cuello muy largo y estrecho, 
como los calamones%*, El estómago de los solípedos es ás- 
pero y duro; entre los animales terrestres, unos lo tienen de 
condición áspera y dentada, otros dispuesto a modo de tena- 
za para triturar: son aquellos que no tienen dientes ni arriba 
ni abajo, ni tampoco rumian. En el estómago se elaboran los 
alimentos, de aquí se deslizan al vientre. La parte central del 
vientre está aneja al ombligo*” en todos los animales; en el 
hombre, la parte inferior es semejante a la porcina: los grie- 
gos la llaman colon**, en donde se halla una fuente impor- 


423 Cf, Arisr., PA 111.14, 675b26-29, 

424 Cf, ArisT,, HA TI 17, 520425-26. 

25 En este caso, o bien Plinio se aparta de la información de Ar:sr., 
HA 509a9-11, o bien no ha entendido correctamente el texto, pues lo que 
el Estagirita afirma es que un pequeño número de aves de cuello largo no 
tienen el buche y el esófago anchos, sino muy largos. Cf, ERNOUT, com. 
ad loc., pág. 184 y CarrON,x, L'anat..., pág. 144. 

426 Acerca de su identificación, cf. PLm., X 129. 

42? Observación errónea que no tiene paralelo en Aristóteles. Cf. 
CAPPONI, L'anaf..., pág. 147, 

22% Designa el segmento del tubo digestivo que va desde el intestino 
delgado hasta el ano, Cf, 3, AnnréÉ, Le vocabulaire latin de l'anatomie, 
París, 1991, pág. 145. 


LIBRO XI 551 


tante de dolores. Esta parte es estrechísima en los perros, ra- 
zón por la cual la desocupan con un violento esfuerzo y no 
sin fuertes dolores*?, Entre los animales, son insaciables 
aquellos en los que el alimento pasa sin detenerse del estó- 
mago al intestino recto, como en los lobos cervarios** y, 
entre las aves, en los cormoranes**, El elefante tiene cuatro 
estómagos *?, en lo demás es semejante a los cerdos, sus 
pulmones son cuatro veces mayores que los del buey. En las 
aves el estómago es carnoso y con callosidades. En el de 
las crías de las golondrinas se encuentran unas piedrecitas 
de color blanco o bermejo, que se llaman quelidonias*? y 
las relacionan con las artes mágicas; también en el segundo 
estómago de las novillas hay una toba negruzca, redonda 
como una pelota, sin peso ninguno, singular remedio, según 
creen, para las que paren con dificultad, con tal de que no 
haya tocado la tierra. 

El estómago y el intestino están 


80 ' pe 
El O cubiertos del redaño**, graso y delga- 
El bazo. do, excepto en los animales que po- 


Qué animales 


alicendeal nen huevos. Á éste se le une el bazo 


en la parte izquierda, enfrente del hí- 
gado, con el que alguna vez permuta su lugar, pero de re- 
sultas de un prodigio. Algunos piensan que existe en los 
animales que ponen huevos y, asimismo, en las serpientes, 
pero muy pequeño. Y así, ciertamente, aparece en la tortu- 


1 Cf Axusr., PA TI 14, 67543436. 

430 Cf. PLN, VII 84, 

1 Cf. Pan, X 91. : : 

42 Plinio no ha interpretado correctamente 3] texto de ArisT., HA II 
17, 507b34 ss., donde afirma que el elefante tiene un intestino con ventrí- 
culos, de manera que parece tener cuatro estómagos, 

43 Transcripción del término griego chelidónia, adjetivo derivado de 
chelidón «golondrina». 

4% Cf. ArisT., HA 116, 495b29-31, y PA IV 3, 677b14-26, 


203 


204 


205 


206 : 


552 HISTORIA NATURAL 


ga, el cocodrilo, los lagartos y las ranas. Se sabe con certeza 
que no existe en un ave llamada egocéfalo*, ni en aquellos 
animales que carecen de sangre. A veces se reconoce en el 
bazo un especial impedimento para la carrera, razón por la 
cual este órgano se reduce en los corredores que sufren por 
ello. También dicen que, incluso si se les arranca de un tajo, 
los animales siguen viviendo. Hay quienes piensan que al 
hombre conjuntamente con el bazo se le quita la risa, y que 
la desmesura en el reir depende del tamaño del bazo. Existe 
en Asia una región que se llama Escepsis**, en la que dicen 
que el ganado tiene este órgano muy pequeño, y de allí se 
importan los remedios para el bazo. 
en) En Brileto y en Tame*”, los cier- 
Los riñones. vos tienen cuatro riñones, por el con- 
Dónde los animales trario, no tienen ninguno ni los ani- 
e ellos Males con alas ni los cubiertos de 
escamas *%, Por lo demás, los riñones 
se adhieren a la parte más alta del lomo. El derecho, en to- 
dos los animales, está más alto, es menos graso y más se- 
co*”, Pero en ambos el tejido adiposo les sale de la parte 
central, excepto en la foca. Los animales tienen mucha grasa 
en los riñones; ciertamente a las ovejas, si se les espesa la 
grasa en torno a ellos, les causa la muerte*”, Algunas veces 
se encuentran en ellos piedrecillas “!, Tienen riñones todos 


435 Transcripción de un término griego que significa «de cabeza de 
cabra», El animal, sin embargo, no se ha podido identificar, Cf. ErNour, 
com, ad loc., pág. 187, 

436 Ciudad de Misia en Asia Menor. Cf. P1in., Y 122. 

437 Cf supra, 190, 

438 Cf. Arisr., PATIO, 671827 ss, 

439 Cf. Amsr,, HA 117, 497a1-4. 

440 Cf. ArrsT., PA HU 9, 672a26 ss. 

41 Plinio debe de referirse en este caso a la litiasis renal, que no es 
mencionada en absoluto por Aristóteles, 


LIBRO XI 553 


los cuadrúpedos que paren crías; de entre los que ponen 
huevos, sólo la tortuga, que también tiene todas las demás 
visceras, pero como el hombre, los tiene semejantes a los de 
los bueyes, como si estuvieran compuestos de muchos riño- 


nes*?, 
La naturaleza rodeó el diafragma 
-(82) y las partes vitales con la caja toráci- 
El pecho, ca, esto es con sus huesos, pero en el 


las costillas z : 
estomago, que era necesario que se 


ensanchara, los quitó. Ningún animal 
tiene huesos en torno al estómago. Solamente es plano el 
pecho del hombre **, en los demás animales tiene forma de 
quilla, pero especialmente en las aves, y, entre ellas, sobre 
todo en las acuáticas. Las costillas en el hombre son ocho**, 
en los cerdos diez, en los que tienen cuernos, trece y en las 
serpientes, treinta **, 


(83) Por debajo del vientre, en la parte 
La vejiga. delantera, está la vejiga**, que no se 
Prieto encuentra en ningún animal que pon- 


Los ijares, ga huevos, salvo en la tortuga, en nin- 
Las membranas guno a no ser que tenga sangre en los 


42 Cf. Arisr., PA TIT 9, 671b4 ss. Al parecer la observación es real 
cuando se trata del feto, no así cuando el hombre está ya desarrollado. 

449 Cf, Arrsr., HA IT 1, 479033, y PA IV 10, 688a13-17. 

44 La misma información en ArtsT., HA 1 15, 493b14. Sin embargo, 
las costillas del hombre son en realidad doce en cada lado, Los autores 
antiguos consideraron quizá como tales sólamente las siete primeras que 
están unidas al esternón, aunque el número tampoco coincide. 

145 Aristóteles indica el número de costillas de las serpientes en HA U 
17, 508b3-4, pero no hace alusión alguna ni a los cerdos ni a los comnige- 
ros, En realidad el número total — según los distintos tipos de ofidios — 
puede llegar hasta los cincuenta. Cf. CAPPONI, L'amaf..., pág. 157, n, 
402. 

446 Cf. ArssT., HATIT1S, 519013 ss, 


207 


203 


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554 HISTORIA NATURAL 


pulmones, en ninguno que carezca de patas. Entre la vejiga 
y el vientre están unas arterias? que se dirigen al pubis y 
que reciben el nombre de ¿lias**, En la vejiga del lobo hay 
una piedrecilla que se denomina sirites**?, pero, a veces, en 
algunos hombres aparecen unos cálculos que producen te- 
rribles dolores, y unas vellosidades como cerdas*%, La veji- 
ga es una membrana que, cuando se la hiere, no suelda con 
una cicatriz, igual que las que envuelven el cerebro y el co- 
razón; de hecho hay muchos tipos de membranas. 


(84) En las. mujeres se encuentran to- 
El útero, dos estos mismos órganos y además, 
En dea junto a la vejiga, un utrículo, de don- 
La matriz y de le viene el nombre de útero**: es 


las ubres de la cerda 19 que con otro nombre llaman loci*%?, 


47 Puesto que los antiguos ignoraban la circulación de la sangre, al 
término arteria no puede dársele el significado que tiene en nuestros días. 
Parece que este vocablo tiene aquí un sentido muy general, como «canal» 
o «conducto». ERNOUT, en com. ad loc., pág. 187, afirma que es imposi- 
ble precisar a qué conductos se refiere Plinio, aunque insinúa que podía 
tratarse bien de canales útero-ováricos, bien de canales de otro tipo, como 
la uretra o el conducto deferente, Cf. infra, n, 451. 

48 CAPPONI, a partir del nombre latino, presupone que Plinio se está 
refiriendo a la arteria ilíaca interna (cf. E 'anat..., pág. 162). 

49 No aparece su nombre en ningún otro texto. Cf. ErNOUT, com. ad 
loc., pág. 187. 

48 Es lo que en nuestros días recibe el nombre de pen: Cf. 
ERNOUT, com, ad loc., pág. 187. es 

451 Uterus es el nombre de la matriz, pero únicamente 'en la mujer: en 
un sentido genérico significa simplemente «vientre». Utriculum es un 
término latino que significa «odrecillo»: La etimología que aplica Plinio, 
sin fundamento real, parece tomada de Varrón, LL Y 15, Cf. Ernour, 
com. ad loc., pág. 187. 

4 loci, traducción de un término griego tópoi, significa «las par- 
tes»-. Su forma en género neutro —loca— es usado generalmente como 
eufemismo para designar las partes genitales; aquí, sin embargo, es voca- 
blo que equivale a uterus. Cf, CICERÓN, ND 2, 128, 


LIBRO XI 555 


y en los demás animales se llama vulva*%, Ésta es doble en 
la víbora** y en los que paren crías; en los animales que 
ponen huevos está adherida al diafragma, y en la mujer tiene 
dos cavidades a uno y otro lado de los genitales; acarrea la 
muerte cada vez que, al darse la vuelta, se llena de aire. 
Afirman que las vacas preñadas no conciben salvo en la ca- 
vidad derecha de la matriz, incluso cuando engendran dos 
crías. La matriz es mejor** cuando el animal ha abortado 
que cuando ha parido: aquella se llama eyecticia y ésta por- 
caria. La más excelente es la de la cerda primipara, la peor 
la de las que están agotadas. Después del parto, excepto en 
el mismo día en que se sacrificado la cerda, la matriz es cár- 
dena y seca. Y no es apreciada la matriz de las cerdas jóve- 
nes excepto la de las primiparas; antes se prefiere la de las 
viejas, con tal de que no estén agotadas, ni se hayan sacrifi- 
cado dos días antes o después del parto, o en el día en que 
han abortado. La más parecida a la eyecticia es la de la que 
ha muerto un día después del parto. También su ubre** es 
la mejor, con tal de que el lechón no la haya agotado; la 
ubre de la eyecticia es pésima, Los antiguos la llamaban ab- 
domen antes de que se endureciera, pues no solían matar las 
cerdas preñadas. 


1% Volva es en latín el nombre de la matriz en cualquier animal, ex- 
cepto la mujer, El término estaría quizá relacionado con la raíz ide, *wel- 
«envolver» (cf. André, Le vocabulaire..., pág. 190). Sin embargo, la dis- 
tinción establecida por Plinio entre los vocablos loci y uolua no siempre 
se respeta. Cf, al respecto Ernour, com. ad loc., pág. 187. 

454 La víbora es un ovovivíparo. 

45 Se entiende que Plinio habla ahora desde el punto de vista gastro- 
nómico 

456 Plinio utiliza el término sumen, que hemos traducido por «ubre», 
aunque lo que designa realmente es la parte del cuerpo donde se sitúan 
las ubres, Cf. PLIw., VIII 209. MarciaL en XII 44 alaba el exquisito sa- 
bor de este plato. Cf. ERNOUT, com. ad loc,, pág. 188. 


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556 HISTORIA NATURAL 


Los animales que tienen cuernos 
con dientes sólo en un lado y los que 


85 k 

Cuáles LA lardo tenen astrágalos en las patas acumu- 

y cuáles grasa, lan sebo, los bisulcos o los que son di- 
Características std ti 1 

de ambos gltados y no tienen cuernos, acumulan 

Qué animales lardo*”, Esta sustancia es apretada y, 

no engordan cuando se enfría, se rompe con facili- 


dad, y se encuentra siempre donde se 
termina la carne; por el contrario, la grasa que se encuentra 
entre la carne y la piel, es fluida por su jugo. 

Algunos animales no engordan, como la liebre o la per- 
diz, Todos los animales gordos son menos fecundos, tanto 
en lo que se refiere a los machos como a las hembras; los 
muy gordos envejecen además con mayor rapidez. Todos 
los animales tienen algo de grasa en los ojos**, El lardo, en 
todos los animales, carece de sensibilidad, porque esta sus- 
tancia no tiene ni arterias* ni venas, En la mayoría de los 
animales el tejido adiposo deja también sin sensibilidad**, 
razón por la cual se dice que los cerdos sufren las mordedu- 
ras de las ratas aun estando vivos; es más, también al hijo de 
un varón que había sido cónsul, Lucio Apronio**, le quita- 


457 PL.ry,, recoge aquí el texto aristotélico de HA 520a7-15, pero apli- 
ca al lardo las características que Aristóteles atribuye al sebo. 

458 Cf. AxisT., HA 111 18, 520b3 ss. 

452 Cf. supra, n. 447. La distinción entre arterias y venas s dependía en 
la Antigiiedad de las distintas escuelas de medicina. Según AuLo GELIO, 
Noches áticas XVIII, 10, 9, «la vena es un receptáculo que contiene una 
mezcla de sangre y soplo vital, con más sangre que soplo; la arteria es el 
receptáculo de una mezcla de soplo vital y de sangre, pero con más soplo 
vital. Además, la vena no tiene movimiento, mientras que la arteria tiene 
sus pulsaciones propias». Cf. AnbrÉ, Le vocabulaire..., págs. 126-127. 

460 Cf, ArusT,, PA TI 5, 651bá ss, 

16% Puede referirse a Lucio Apronio, cónsul en el 8 d. C. o a su hijo L. 
Apronio L, F. Casiano, pretor en el 32 y cónsul en el 39 d, C: 


LIBRO XI $57 


ron las grasas y le aligeraron el cuerpo de un peso que le 
inmovilizaba. 


La médula** parece ser de esta mis- 
(86) ma naturaleza, en la juventud es rojiza 
Los tuétanos. y en la vejez blanquecina. No se en- 


Cuál 
uáles carecen de ellos entra sino en los huesos huecos, pe- 


ro no aparece en las patas de los ju- 

mentos ni en las de los perros; por ello, cuando se rompen, 

no sueldan, lo que acontece cuando falta la médula. Por otra 

parte, es grasa en aquellos animales que tienen lardo, sebosa 

en los que tienen cuernos, y nervuda solamente en la espina 

de los animales que no tienen huesos, como en los peces; 

los osos no tienen médula, y en el león es muy escasa: está 

en unos pocos huesos de las patas traseras y de las delante- 

ras; sus otros huesos son de una dureza tan grande que sal- 
tan chispas, como del pedernal **. 

También tienen duros los huesos 

O los animales que no engordan, los de 

El espinazo. los asnos son sonoros para hacer flau- 

Cuáles no tienen tas, Los delfines tienen huesos, no es- 

ni huesos ni espinazo, 4 ; ; 

Los cartilagos pina, pues paren crías; las serpientes 

: tienen espina. Entre los animales acuá- 

ticos, los moluscos no tienen huesos, sino un cuerpo unido 

por anillos de carne, como la sepia y el calamar**, Con res- 

pecto a los insectos, se afirma igualmente que tampoco los 

tienen. Entre los animales acuáticos, los cartilaginosos tie- 

nen médula en el espinazo, en cambio la foca tiene cartílago 

pero no huesos%*, Asimismo, en todos los animales, las 

orejas y los hocicos, al menos los que sobresalen, son flexi- 


462 Cf. Arssr., HA 11 20, 521b8 ss., y PA II 6, 651b20. 
463 Cf. ArasT., HA MI 16, 516b7 ss, 

464 Cf, ArxsT., PAT 8, 654a10 ss. 

465 Cf. Axisr,, PÁ 12, 56729, 


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558 HISTORIA NATURAL 


bles y blandos, según una providencia de la naturaleza, para 
que no se rompan. El cartílago roto no suelda, ni los huesos 
truncados vuelven a crecer*%, excepto en las acémilas desde 
las uñas al corvejón.,.*”. El hombre crece en altura hasta 
cumplir tres veces siete*% años, y después a lo ancho. Y 
muchas veces cuando entra en la pubertad, nota que se 
sueltan algunas articulaciones, principalmente durante la en- 
fermedad*. 
(88) Los nervios*”, que salen del co- 
Los músculos, razón, y en el género bovino incluso 
dd lo rodean, tienen una misma naturale- 


de músculos : a ER 
za y un mismo origen*”; se pegan a 


466 CF. ArrsT., PAI 9 655229-34, 

167 Mayhoff señala una laguna en el texto de los mss. 

468 Es decir, hasta los veintiún años, Cf. supra, PLix., 120, De nuevo 
se percibe la relevancia de los números 3 y 7 en el pensamiento pliniano, 
según la doctrina de los pitagóricos. 

16 Posiblemente Plinio refleja aquí la creencia popular de que los ni- 
ños cuando están enfermos crecen, 

47% Los términos nervi en latín y neúra en griego, designaban tanto los 
nervios propiamente dichos como los tendones, los ligamentos y las apo- 
neurosis. Cf. ERNOUT, com. ad loc., pág. 190, Nosotros traduciremos esta 
palabra sistemáticamente por «nervios», aun a sabiendas de que en buena 
parte de los casos el término latino no se corresponde con el significado 
del castellano. ANDRÉ, en Le vocabulatre..., pág 209, afirma que, en este 
pasaje concretamente ($8 216-217), la traducción más correcta sería «li- 
gamentos», según la descripción que hace a continuación el naturalista 
latino, aunque el significado más común del término sería el de «grupo 
de tendones» (ANDRÉ, op, cif., pág. 172). 

47 La frase nerui similem naturam et causam habent ha sido traduci- 
da por Ernour (pág. 97) «Les nerfs ont la méme nature et le méme prin- 
cipe que la moelle», sobreentendiendo un segundo término de compara- 
ción (medylla) que no está expreso en el texto. De modo similar procede 
Marconi que interpreta «hanno la stessa natura e lo stesso principio del 
midollo». Capponi, sin embargo, entiende que Plinio lo que quería signi- 
ficar es que los nerui, a pesar de su diversidad de volumen y de sistema, 


LIBRO XI 559 


todos los huesos que se deslizan*”, y sujetan los «nudos» *? 
del cuerpo que se llaman articulaciones: en unos lugares in- 
terponiéndose entre ellos, en otros rodeándolos con un mo- 
vimiento circular, y en otros uniendo los unos con los otros; 
aquí son redondeados, allí planos, según lo demanda su con- 
figuración en cada caso. Tampoco éstos sueldan, si se cor- 
tan, y es cosa admirable que el dolor sea muy grande cuan- 
do: se lesionan, pero no exista cuando se los cercena. 
Algunos animales carecen de nervios, como los peces, pues 
están formados de arterias, pero dentro del género de los pe- 
ces, los moluscos tampoco los tienen. Donde hay nervios **, 
los internos contraen los miembros, los externos los distien- 

den. 
59) EAS los nervios. se esconden las 
Las arterias, las venas, Arterias%, esto es, los caminos del 
Cuáles carecen soplo vital; entre éstas sobrenadan las 

de arterias y venas. 

La sangre. El sudor MAS, ESO €S, los canales de la san- 
gre. El pulso de las arterias se nota 
sobre todo en los extremos de los miembros, y es, por lo ge- 
neral, sintoma de enfermedades; puede ser considerado fir- 
me, rápido o lento según unos ritnos determinados y unas 
leyes sujetas a medida, de acuerdo con las distintas etapas 
de la vida: su descripción, realizada por Herófilo —maestro 
en el arte de la medicina— con un saber admirable, se ha 


tienen unas caracteristicas comunes, opinión que parece razonable y en la 
que se basa la traducción. C£. CaPPoN1I, £'anaf,.., pág. 179. 

472 Se trataría de las articulaciones, en las que las cabezas articulares 
se deslizan unas sobre las otras. Cf. CAPPONI, L* anatomía..., pág. 180. 

12 Con este término Plinio designa la epífisis del hueso. Cf. ANDRÉ, 
Vocabulaire..., pág. 80, 

474 Es decir, «tendones». 

475 C£., supra, $ 213, n. 459. 


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560 HISTORIA NATURAL 


dejado de lado por su excesiva sutileza**; el pulso dirige, 
sin embargo, el timón de la vida por la observación de la 
frecuencia o la debilidad del latido. 

Las arterias carecen de sensibilidad, pues carecen tam- 
bién de sangre. No todas contienen la fuerza vital*” y, si 
son cercenadas, sólo se entumece esa parte del cuerpo. Las 
aves no tienen ni venas ni arterias, lo mismo las serpientes, 


las tortugas y los lagartos, que tienen una cantidad de sangre 


mínima **, 


Las venas, ramificadas bajo toda la piel con unas termi- 
naciones finísimas en los extremos, se estrechan en una del- 
gadez tan angosta que no puede penetrar en ellas la san- 


gre*” ni ninguna otra cosa salvo un humor emanado de ella, 


que, saliendo por innumerables terminaciones, se denomina 
sudor. En el ombligo se encuentra el punto de confluencia 
de las venas, 


476 Cambiamos nuestra puntuación con respecto a la que ofrece May- 
hoff. De nuevo el término subtilitas, que había dado lugar a diferentes 
interpretaciones en el comienzo de este libro XL Como allí, el vocablo 
indicado en el texto, algo así como «complejidad», «complicación», lo 
que requiere de un proceso detenido de estudio para su asimilación. 

11? Ernour, en com. ad loc., pág. 191, señala la oscuridad de la frase 
nec omnes uitalem continent spiritum: «no todas las arterias contienen la 
fuerza vital». CAPPONI1 en págs. 183-184, igual que Ernout, entiende que 
Plinio está haciendo referencia a la doctrina de Crisipo y de Praxágoras, 
que enseñaban que el preáma, el aliento vital, puede ser de dos clases 
pneúma z00tikón = spiritus uitalis = fuerza vital, y pneúma psykikón = 
spiritus animalis = fuerza del alma, de la que Plinio no llega a hablar. 

28 ArisróTELES, sin embargo, en HA JH 4, 515921 ss., señala que 
tanto en los animales pequeños como en los que tienen poca sangre es di- 
fícil ver la disposición de las venas, pero no niega que las tengan. 

47% Información semejante en ArrsT., PA MIS, 668b1 ss. 

48% ARISTÓTELES afirma en HA VII 8, $86b14, que el cordón umbilical 
es una vaina en torno a unas venas, cuyo origen está en la matriz, 


LIBRO XI 561 


38 (90) Son iracundos los animales que tie- 

A cuáles se les cuaja nen una sangre abundante y densa. En 

la sangre más 481 
ividamante los machos la sangre es más negra 

y a cuáles no que en las hembras y en la juventud 

sedes enagula más que en la edad avanzada, y ade- 


Cuáles la tienen más A o > 
densa, cuáles más Más es más densa en las extremidades 


ligera y cuáles inferiores*?, En ella hay una gran 
carecen de ella, ce : 
porción de fuerza vital. Cuando se de- 
rrama, arrastra consigo el espíritu; sin embargo, no percibe 
el tacto. Entre los animales, son más fuertes los que tienen 
la sangre más espesa, son más inteligentes los que la tienen 
más fluida, y más tímidos los que tienen muy poca o ningu- 
na. La sangre de los toros cuaja y se endurece con gran ra- 
pidez* —Hhasta el punto de que es dañina para beber— 
inmediatamente después viene la de los jabalíes, pero la de 
los ciervos y corzos y la de los «búbalos»** no espesa en 
absoluto. Los asnos tienen la sangre más densa y los hom- 
bres la más fluida*%, Aquellos animales que tienen más de 
cuatro patas no tienen sangre. En los gordos es menos abun- 
dante, porque la consume la grasa. Entre los machos, la he- 
morragía se da únicamente en el hombre: en unos aparece 


481 En HAT 19, 521422, Aristóteles asegura lo contrario, 

482 Cf. AristórELES, HA UI 19, 521a5-7, En este texto Plinio recoge 
la idea aristotélica de la superioridad natural de lo alto sobre lo bajo. 

483 Cf. Arrst., ZA II 19, 520b27, Al parecer se creía que la sangre de 
los toros coagulaba con tal rapidez que podía asfixiar al que la bebiese. 

84 El término latino bubalus, transcripción de otro griego, designaba, 
al parecer, dos animales diferentes, el búfalo y un tipo de antílope africa- 
no. Según ErNouT, com. ad loe., pág. 192, se trataría del primero. Cf. 
Prin., VIT 38, Cf, asimismo, CAPPONL, L? anatomia..., pág. 189. 

185 Cf, AxusT., HA II 19, 52124 ss. 


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562 HISTORIA NATURAL 


por uno de los dos orificios nasales o por los dos, en algu- 
nos, por abajo, y en muchos por la boca en una época de- 
terminada, como le ha sucedido hace poco a Macrino Vis- 
co*S, ex-pretor, y todos los años a Volusio Saturnino, pre- 
fecto de Roma, que superó incluso los noventa años. En el 
cuerpo solamente la sangre experimenta un incremento tem- 
poral, puesto que las víctimas la derraman más abundante- 
mente si antes han bebido *”, 
Entre los animales, los que diji- 
Y mos** que se ocultan en determina- 
E asa eterminadas AS ÉPocas, entonces no tienen sangre 
épocas del año excepto, a lo sumo, unas pocas gotas 
en torno al corazón, por una interven- 
ción extraordinaria de la naturaleza; igual que en el hombre, 
su fuerza cambia en muy breves momentos: no sólo fluye en 
menos cantidad durante el sueño**”, sino también según ca- 
da uno de los estados de ánimo; la vergiienza, la ira y el 
miedo se manifiestan con muchos grados de palidez, así 
como de rubor: pues uno es el rubor propio de la ira y otro 
el de la vergiienza, Ciertamente, con el miedo la sangre hu- 
ye y no se encuentra en ninguna parte, y a muchos, cuando 
los atravesaron, no les salió sangre, hecho que acontece sólo 
en el hombre*%, Los animales que dijimos*! que mudan el 
color, reciben otro por una especie de reflejo; el hombre es 


486 El nombre de Macrinio Viseo no aparece en ningún otro texto lati- 
no. Volusio Saturnino nació en el 35/37 a. C,, fue cónsul en. el 3 d. C. y 
murió a la edad de noventa y tres años. Cf. PLIN., VI 62, y 156. 

187 Cf. ArssT., HA 1119, 520b30, 

488 Cf, Piay,, VIT 122 y 128. 

189 Cf. Axusr., HA TT 19, $21a16 ss. 

499 Cf, al respecto, VirG., En. TI 9. 

491 Cf. PLmw,, VII 122 y IX 87. 


LIBRO XI 563 


el único que lo cambia por sí mismo. Todas las enfermeda- 
des y la muerte merman la sangre, 


Hay quienes piensan*? que la agu- 
39 (92) deza de la inteligencia no depende de 
Si la sangre la fluidez de la sangre, sino que los 


1 imordia E e " A 
es lo primordial animales son más o menos irracionales 


según la piel y la cobertura del cuerpo, 
como es el caso de las ostras o las tortugas; que el cuero del 
buey y las cerdas de los puercos son un obstáculo para la su- 
tileza del aire que penetra en ellos, y no lo dejan pasar puro y 
fluido; y que así ocurre también en el hombre, cuando una 
piel demasiado gruesa o demasiado dura le pone impedimen- 
tos; ¡como si a los cocodrilos, verdaderamente, no se les atri- 
buyera tanto la dureza de la piel como la astucia%! 

El cuero del hipopótamo** tiene 
tal grosor que de él se tornean lanzas, 
y, sin embargo, hay en su naturaleza 
un cierto instinto curativo ingénito **, 
También la piel de los elefantes da lu- 
gar a unos escudos pequeños impenetrables, cuando, sin 


(93) 
La piel 


492 Parece que Plinio contradice en esta ocasión conscientemente a Aristó- 
teles, que en PA II 14, 650b18 ss. afirma que algunos animales tienen una inte- 
ligencia más sutil a causa de la fluidez y la pureza de su sangre. 

483 Cf. Arisr., HA IX 6, 612320 y PLmw., VTIT 89-90. Con respecto a 
este pasaje, Ervour (com. ad loc,, pág. 193) opina que Plinio se está re- 
firiendo al caso de la relación entre el cocodrilo y el trochilo egipcio, 
pajaro que consigue su alimento limpiando los dientes del cocodrilo; por 
ello este animal procura no hacerle daño. Sin embargo, CAPPONI En pág. 
195, n. 497, supone que Plinio se refiere más bien a la astucia del coco- 
drilo cuando se prepara para capturar sus presas, 

49 Cf. Arrsr., HA 11 502a13-15. Cf. asimismo, HeróD., 1171, 

495 Cf PLIw., VII 96, donde el autor narra cómo el hipopótamo, cuan- 
do se siente demasiado grueso, se provoca una herida por la que alivia su 
peso con la pérdida de la sangre. Asimismo en XXVIII 121, lo define 
como el inventor de las sangrías. 


226 


227 


228 


564 HISTORIA NATURAL 


embargo, se dice que entre todos los cuadrúpedos la agude- 
za de su inteligencia es privilegiada, La piel propiamente 
dicha carece de sensibilidad, sobre todo en la cabeza. Allí 
donde haya sólo piel sin carne, si tiene heridas, no cierran, 
como en los carrillos y en el párpado ?”. 
64) Los animales que paren crías tie- 
Feo pelos nen pelos*%; los que ponen huevos, 
y el recubrimiento plumas, escamas o un caparazón, co- 
de la piel. z . 
Cuáles tienen pelos MO las tortugas, o sólo la piel, como 
dentro de laboca las serpientes. Los cañones de todas 
y debajo de laspatas las plumas son huecos. Las plumas 
que se cortan no crecen, las que se arrancan, vuelven a salir. 
Los insectos vuelan con unas membranas” muy frágiles, 
las golondrinas*% vuelan en el mar con las alas mojadas, y 
entre las casas con las alas secas. Las alas de los murciéla- 
gos% tienen además articulaciones. 
De una piel gruesa salen unos pelos ásperos, pero en las 
hembras son más finos; en los caballos son abundantes en la 


crin, en el león en los cuartos delanteros, en el dasipodo*”, 


4% Cf, Ctic., ND 1, 97; 2, 151. Asimismo, PLiw., VII 1 ss, 

497 Cf. supra 157. 

998 Cf. Arssr,, 111 10, 517b, 5 ss. Cf., asimismo, PLrw., 1X 40 y 41. 

12 Cf. ArasT., HA TS, 49086-8 y PA 1V 6, 682b18 ss. 

30 Plinio se refiere aquí al llamado «pez golondrina». Cf. IX 82. 

50 Cf. Pumw., X 168. 

502 Transcripción de un término griego que significa «pata peluda», 
No se sabe con seguridad de qué animal se trata, PLINIO lo diferencia de 
la liebre (VIII 219). Podría ser el conejo o una variedad de la liebre. Cf. 
ErNoUr, com, ad loc., pág. 195. Se podría pensar, sin embargo, que con 
dasypus y lepus «diebre», Plinio reproduce distintos apelativos tomados 
de sus diversas fuentes —<que son en realidad sinónimos—, sin tratar de 
identificarlos. Cf. CAPPONI1, L' anatomia..., pág. 200, n. $15, 


LIBRO XI 565 


en los carrillos y bajo las patas, cosas ambas que Trogo refi- 
rió también con respecto a la liebre, concluyendo a partir de 
este ejemplo que, también entre los hombres, los velludos 
son los más libidinosos. La liebre es el animal más peludo. 
El hombre es el único al que le crece el vello en la puber- 
tad: si esto no acontece es estéril para engendrar, ya se trate 
de un varón o de una hembra. En el hombre el pelo en parte 
es congénito y en parte sale después. Este último tipo de 
pelo a los castrados no les sale, pero el congénito no se les 
cae, como tampoco se les cae mucho a las mujeres; se han 
encontrado, sin embargo, algunas mujeres afectadas por la 
pérdida del cabello, asi como por la aparición de vello en el 
rostro, cuando cesa el curso de la menstruación. A algunos 
hombres no les sale el pelo que brota espontáneamente des- 
pués de nacer*”, Los cuadrúpedos tienen un pelo que cae y 
vuelve a salir cada año. A los varones les crece sobre todo 
el cabello, y después la barba. El pelo cortado no crece des- 
de la altura del corte, como las hierbas y las demás plantas, 
sino desde la raíz. Crece también con ocasión de algunas 
enfermedades, sobre todo la fiisis*% y además en la vejez, 
incluso en los cuerpos muertos. En los libidinosos, el pelo 
congénito cae con mayor rapidez, peto el que sale más tarde 
les crece más rápidamente*”. En los cuadrúpedos el pelo 
aumenta en la vejez, pero la lana se hace escasa. El lomo 
de los cuadrúpedos es peludo, pero el vientre, sin pelo*%, 


30 Adoptamos la propuesta de BrroaLDO (geniti), recogida por Er- 
nout, frente a la lectura que ofrece MaYHorr (gerituri). 

3% Aunque el término griego, phtkisis, nos remite a la tuberculosis 
pulmonar, en opinión de CApPoNtL, L? anatomia..., pág. 203, el vocablo 
parece que designa, en este caso, una enfermedad endocrina, la hipertri- 
cosis, es decir, el aumento de pelo allí donde no es abundante o su apari- 
ción donde habitualmente no crece. 

305 Cf. Arrsr,, HA TI 11, $18b21-26. 

306 Cf, Arusr., HAU 1, 498b19 ss., y PA 11 14, 658419 ss, 


230 


231 


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233 


566 HISTORIA NATURAL 


Con el cuero de los bueyes*” se hace cola, y principal- 
mente con el de los toros. 
El hombre es el único entre los 


(95) d 
Darme machos que tiene mamas*%, el resto 
Qué aves de los animales sólo la señal, Pero ni 


tienen mamas, Dee A 
Curiosidades siquiera las hembras las tienen en el 


sobre las ubres pecho, a no ser las que pueden levan- 
de los animales tar en brazos a sus hijos. Los animales 
que ponen huevos no tienen mamas; y no tienen leche sino 
los que paren crías. Entre las aves, sólo la tiene el murciéla- 
go: y pienso que es una fábula lo de las estriges?*”, que ofre- 
cen sus ubres a los labios de los niños pequeños. Ya entre 
los antiguos se convino que la estrige era un ser maldito, pe- 
ro de qué tipo de ave sea, de eso creo que no hay constancia. 
40 A las burras les duelen las mamas desde el parto, de 
manera que en el sexto mes rechazan a sus crías, mientras 
que las yeguas se ofrecen casi durante todo un año. Los so- 
lipedos que no tienen más de dos crías, todos ellos tienen 


5 Cf Ares, A TIT 10, $17b29 ss, 

50 Cf. Arxsr,, HA 1 1, 497b34 ss. Cf. asimismo PA IV 10 688a12 ss. 
y 688b30 ss. 

30% Ovipro, en Fast,, VI 131 ss,, ofrece la leyenda según la cual estas 
aves — especie de vampiros — buscaban a los niños de noche para darles 
de mamar y, mientras tanto, les chupaban la sangre; sin embargo, al final 
de su narración, sugiere que en lugar de animales podrían ser unas brujas 
con apariencia de aves. También con el sentido de «bruja, hechicera» 
aparece empleada esta palabra en Esracio, Tebaida 111 503. A pesar de 
que el término latino strix se ha venido traduciendo por «lechuza», P. 
García MouToN («Los nombres de la lechuza. Herencia y superstición», 
en Miscelánea léxica en honor de Conchita Serrano, Madrid, 1999, págs. 
329-337) cree más bien que se trata de un ave fantástica sin correspon- 
dencia real. En opinión de Capponi, este vocablo, podría designar un ave 
rapaz nocturna, pero de identificación incierta, por lo que no se atreve a 
aventurar una interpretación concreta, Cf, F, CAPPONI, Ornithologia La- 
fina, Génova, 1979, págs. 466-468. 


LIBRO XI 567 


dos mamas y en ningún otro sitio sino entre los cuartos tra- 
seros. En el mismo lugar las tienen los bisulcos y los ani- 
males con cuernos, los bueyes tienen cuatro, las ovejas y las 
cabras dos*”, Los animales que son fecundos, con un parto 
numeroso, y los que tienen dedos en las patas tienen un nú- 
mero de mamas mayor y las tienen por todo el vientre y en 
doble hilera, como las cerdas: las de buena raza tienen doce 
y las comunes dos menos; y lo mismo las perras. Otros ani- 
males. tienen cuatro mamas en medio del vientre, como las 
panteras, otros, dos, como las leonas”!* , El elefante sola- 
mente tiene dos bajo los cuartos delanteros y no en el pecho 
sino más acá, ocultas entre las axilas*'?, Ningún animal con 
dedos las tiene entre los cuartos traseros. Las cerdas ofrecen 
las primeras mamas a los nacidos en primer lugar en cada 
parto?” -—las que están más cerca de su garganta—, y cada 
uno conoce la suya según el orden en que ha nacido en la 
camada, y se alimenta de ésta y no de otra. Cuando se aparta 
de la mama al lechón correspondiente, al punto ésta se seca 
y se repliega, y, si ha quedado un lechón de toda la camada, 
solo una mama produce leche y queda colgando, la que le 
había sido asignada cuando estaba recién parido. Las osas 
tienen cuatro mamas*!*, los delfines, dos pezones en la parte 
baja del vientre, solo que poco visibles y dirigidos un poco 
en oblicuo. Ningún otro animal da de mamar mientras avan- 


510 Cf. Arusr., PA TV 10, 688432 ss, 

5U Parece un error de Plinio — que procedería de su fuente, HA U 1, 
500426 ss, y PA IV 10, 688235—, dado que las leonas presentan cuatro 
mamas (cf. CAPPONI, L* anatomía..., pág. 209). 

512 Cf, Arusr,, HAN 1, 500819, Asimismo PA IV 10, 688b5 ss. 

313 Cf. Arusr., HA VI 18, 573b7. Asimismo, PA IV 10, 688b11. 

514 La misma información en AxisT., HA H 1, 500422-23. Sin embar- 
go, los osos presentan cuatro mamas abdominales, restos de un estado 
antiguo, y dos pectorales, que son las que funcionan como tales, Cf. 
CAPPONL, L'ana!..., pág. 210. 


234 


235 


236 


237 


568 HISTORIA NATURAL 


za*"%, También las ballenas y las focas dan de mamar a sus 
crías*!S, 

4106) La leche que brota de la mujer antes 

Talehe del séptimo mes no tiene utilidad*”, pe- 

Cuáles elúnico. ro a partir de este mes, en que el feto es 
animal que mama , 

mientras corre. ViAble, es buena para la salud. En la ma- 

El calostro, yoría de los casos, fluye de toda la ma- 

pa ma e incluso de los pliegues de las axi- 

no se consiguen.  las*'", Las camellas tienen leche hasta 

dc de cds qe quen ee HeeYo pa a e 

derivados de la leche Sidera que su leche es agradabilísima si 

a una medida se le añaden tres de agua. 

La vaca no tiene leche antes del parto, y con la primera, justo 

después del parto, se forman los calostros; esta leche, si no se 

mezcla con agua, cuaja con una dureza como la de la piedra 

pómez.?””, Las burras una vez preñadas comienzan a tener leche 

en seguida, Resulta fatal que los pollinos tomen la leche mater- 

na durante los dos días posteriores al parto cuando el forraje es 

graso. Este tipo de enfermedad se llama colosiración*". No se 

hace queso de los animales que tienen dientes arriba y abajo (en 

ambas mandíbulas), porque su leche no cuaja. La leche más fi- 


na es la de las camellas, después la de las yeguas, la más espesa 


315 Explicación detallada en Arisr., HA 11 13, 504b21-26. Cf. asi- 
mismo, CAPPONI, £'anat..., págs. 210-211, 

516 Cf. ArxsT., HA II 20, 521b22 ss. y VI 12, 567a1-2. - 

517 Es decir, no tiene valor nutritivo, 

58 Cf. ArisT., HA VIT. 11, 578b19-22. Lo más probable es que tanto 
Plinio como su fuente estén señalando con esta expresión la situación de 
las glándulas mamarias y no el lugar especifico por donde brota la leche. 
Cf. CAPPONI, E 'anat..., pág. 212, 

519 Cf. Arisr:, HA VI 20, 575b10-12. La explicación estaría, según 
apunta CAPPONI en £ 'anat..., pág. 213, en la altísima concentración de 
proteínas del calostro, que al contacto con el aire tendería a solidificarse. 

32 Enfermedad no identificada. Cf. Cappon1, L'anatomia..., pág. 213. 


LIBRO XI 569 


es la de la burra”! hasta el punto de que usan de ella en lugar 
de cuajo. Se piensa que contribuye también en alguna medida a 
la blancura de la piel de las mujeres. Ciertamente Popea*”, es- 
posa de Domicio Nerón, que llevaba consigo a todas partes 
quinientas burras preñadas, suavizaba todo su cuerpo con esa 
famosa leche en una bañera, pensando que también su piel se 
hacía más tersa. Cualquier clase de leche se espesa con el calor 
y fermenta*% con la humedad, La leche de vaca produce más 
queso que la de cabra, de una misma cantidad sale casi el doble. 
Los animales que tienen más de cuatro mamas, no sirven para 
fabricar queso, y los más valiosos son los que tienen dos. 

Es muy alabado el cuajo del cervatillo, de la liebre y del 
cabrito, pero, el mejor lo es sobre todo el del dasipodo*, 
porque además cura la diarrea, el único entre los animales 
que tienen dientes arriba y abajo?**. Es curioso que los pue- 
blos bárbaros, que viven de leche, ignoren o desprecien 
desde hace tantos siglos las cualidades del queso, mientras 
que espesan la leche, por el contrario, en un producto de una 
acidez agradable*% y en una mantequilla grasa; ésta es una 
espuma más gruesa y más dúctil que lo que llaman suero, 
No debe omitirse que en ella reside la virtud del aceite y 
que, por eso, todos los bárbaros y nuestros niños se untan 
con ella *”. 


32 Cf. Arisr., HA 111 20, $91b29 ss, 


238 


239 


32 Popea Sabina (31-68 d. C.) fue esposa de Nerón desde el año 61. 


Cf. asimismo PLrw., XXVIII 183, 

323 Preferimos la lectura que adopta ErNOUT (serescit), frente a la que 
ofrecen los códices y presenta Mayhoff fervescit). 

34 Cf. supra n, $3, Cf asimismo ArrsT,, HA III 21, 522b8 ss. 

325 Cf. Arisr., HA 1 21, $22b7. 

32 Podría tratarse del kéfir o del yogur. Cf. Ennour, com. ad loc., 
pág. 198, Cf. asimismo, PLmN., XXVII 133-135, 

327 Acerca de la preparación de la mantequilla, cf. Pcm., XXVII 133, 
Al parecer, griegos y romanos utilizaron la mantequilla sólo como elemento 


240 


24 


570 HISTORIA NATURAL 


En Roma, en donde se conocen de 

42 (97) primera mano los buenos productos de 

Las clases todos los pueblos, se aprecia sobre todo 
de quesos 


el queso que procede de las provincias 
de Nemauso, de Lesura y de las aldeas 
de los gábales**, pero dura poco y se recomienda solamente 


- cuando es fresco. Los Alpes dan a conocer la calidad de sus 


— 


pastos por dos tipos de quesos: los dálmaticos envían el do- 
cleate?”, los ceutrónicos, el vatúsico*, La mayor variedad 
de quesos está en el Apenino: éste envía desde Liguria el ce- 
bano*”,, elaborado en su mayor parte de leche de oveja; desde 
Umbría el sasinate*? y desde la frontera común de Etruria y 
Liguria, el luniense**, notable por su tamaño, puesto que so- 


brepasan en peso incluso las mil libras cada uno; muy cerca 


de Roma se fabrica el vestino**, y éste es apreciadísismo si 


procede de la campiña Cedicia**; además su reputación resi- 


de en que procede de rebaños de cabras, sobre todo si se au- 


secundario dentro de'su alimentación; sin embargo, el mismo PLINIO, ÍH- 
fra, en 284, enumera la mantequilla entre los alimentos que mitigan el 
hambre y conservan las fuerzas. Cf. ERNOUT, com. ad loc., pág. 198. 

%% Nemauso: actual Nimes. Lesura: hoy Lozére, Los gábales habita- 
ban al sur de los arvernos y al norte de los rutenos, en la vertiente no- 
roeste del monte Cevenna, en la actual Gevaudan. Cf. Ernour, com. ad 
loc., pág. 198, Cf. PLin., TV 102, 

52 Procedente de la ciudad de Doclea (actual Dukla), al sur de Dal- 
macia. Cf. PLmw., 111 143, 

5% Procedente de Vatusio, ciudad no identificada, en el térritorio de 
los ceutrones, pueblo de los Alpes occidentales, Cf, PLm., 111 135, 

33 Procedente de Ceba (actual Ceva), ciudad al N de los Alpes ligúricos. 

3% Procedente de Sasina, ciudad de Umbria junto al río Sapis. Cf. 
Pomw,, 11 114, 4 

33% Procedente de la ciudad de Luna (actual Luni). Situada al sur de la 
ciudad que hoy se denomina La Spezia, Cf. PLm., TI SO. 

5% Procedente de la región de los vestinos, un grupo de pueblos de la 
Italia central. Cf. PLxw., MI 38 y 107. 

. %5 Ciudad situada a mil pasos de Sinuesa, Cf. Pen, XIV 62. 


LIBRO XI s71 


menta su sabor ahumándolo cuando es reciente: tal cual se 
prepara en la propia Roma, es preferible a todos los demás; el 
sabor del de las Galias es fuerte como el de un medicamento. 
Del otro lado del mar, sin embargo, el queso de Bitinia*$ es 
generalmente el que se lleva la fama. Que hay sal en el forra- 
je, se comprende precisamente por el hecho de que todo que- 
so añejo tiene sal*”, incluso cuando no se le ha echado; así 
como es cierto que los quesos macerados en vinagre y tomillo 
recobran el sabor a queso fresco. Cuentan que Zoroastro** 
vivió en el desierto durante veinte años a base de un queso 
preparado de tal manera que no experimentaba los efectos de 
la edad. 
Entre los animales terrestres úni- 
43 (98) 539 

Diferencias camente es bípedo el hombre?””, Es el 
de los miembros. único que tiene clavícula y hombros, 
del hombre respecto 11402 4055% espaldilla en los demás 

a los demás animales Pp 08 
animales; es el único que tiene ante- 


336 Provincia romana al NO de Asia Menor. Cf. PLiw., V 142 ss. 

337 El mismo Plinio en XXXI 88, afirma que a las ovejas, los bueyes 
y los mulos se les da sal para estimularles el apetito y para que den leche 
más abundante y un queso mejor. 

3% Fundador o reformador de la antigua religión persa, que vivió en 
torno al 600 a, C, Cf, PLm., VIT 72 y XXX 3, 

35 Aunque CAPPOMI (£ 'anaf..., pág. 215) apunta que Plinio comete 
un error al decir que entre los animales terrestres sólamente es bípedo el 
hombre, sin considerar que lo son también las aves, entendemos que 
nuestro autor desde su perspectiva está en la verdad, ya que los animales 
voladores no son para él propiamente terrestres: de hecho, nuestro autor 
abre el libro VIII de la NA diciendo que «pasa a tratar de los animales te- 
rrestres», mientras que a las aves las considera en libro aparte —el déci- 
mo—, incluso aquéllas de mayor tamaño, como el avestruz, de las que él 
mismo dice que están cerca de los cuadrúpedos. Cf. PLmm., X 1 ss. 

34 Cf. AnDRrÉ, Le vocabulaire..., pág. 82 y 87. La parte del cuerpo 
que une el brazo al tórax recibe en latin denominaciones diferentes según 
se hable del hombre (humerus) o de los animales (armus). 


242 


243 


244 


245 


s72 HISTORIA NATURAL 


brazos**!, Los animales que tienen manos, las tienen carno- 
sas sólo por dentro, en la parte externa se componen de ner- 
vios y piel**, 

Algunos hombres tienen seis de- 


(99) dos en las manos**%, Hemos sabido 
Los brazos, que dos hijas de Marco Corano, de 
Los dedos 


familia patricia, recibieron por ello el 
nombre de Sedígitas y lo mismo Vol- 
canio Sedígito*%!, célebre en el arte poética. Los dedos del 
hombre**% tienen tres articulaciones, el pulgar, dos; éste se 
dobla en sentido contrario al conjunto de los otros dedos, 
pero por sí mismo se extiende en oblicuo y es más grueso 
que los demás. El dedo meñique es igual al pulgar en lon- 
gitud, y además hay otros dos parejos, entre los cuales so- 
bresale mucho el dedo medio. De entre los cuadrúpedos, los 
que viven de la rapiña tienen cinco dedos en las patas de- 
lanteras y cuatro en las demás. Los leones, los lobos, los 
perros y algunos pocos** más tienen también en las patas 
traseras cinco garras, una de las cuales cuelga junto a la ar- 


341 Cf, AnDRÉ, Le vocabulaire..., págs, 91-93, 

3 Aristóteles ofrece una descripción similar en HA 1 15, 493b32 ss. y 
494a2, pero referida tan solo al hombre. 

34 Esta particularidad, considerada segutamente como un hecho pro- 
digioso, ha dado origen al cognomen latino Sedigitus (sex digitus) «de 
seis dedos». A 

344 Marco Corano es personaje desconocido para nosotros, mientras 
que Volcacio Sedígito es nombrado por AÁuno GrL10, XV 24, Debió de 
vivir a finales del s. ma. C., y es conocido por haber confeccionado el ca- 
non de los diez primeros poetas cómicos, 

34 Cf, ArrsT., HA 1 15, 493b29 ss. Asimismo, PA IV 10, 687b11 ss,, 
donde el Estagirita explica las diferentes funciones de. cada uno de los 
dedos de la mano del hombre. 

345 Preferimos la lectura de los codd. ofrecida por ERNOUT (et pauca), 
frente a la de Manor" (panthera), aunque ésta recoja con más fidelidad 
el texto de Aristóteles. 


LIBRO XI 573 


ticulación de. la pata. Los otros animales que son más pe- 
queños, tienen asimismo cinco dedos **, 

No todos los hombres tienen los brazos parejos entre 
ellos. Es bien conocido que el tracio Estudioso%8, de la es- 
cuela de gladiadores de Gayo César, tenía el brazo derecho 
más largo... 

De entre los animales, algunos se ayudan de las patas 
delanteras como si fueran manos y, como las ardillas*P, se 
sientan para acercar con ellas los alimentos a la boca, 

El género de los monos ofrece una 246 

44 (100) perfecta imitación del hombre en cuan- 

La semejanza to a la cara, las orejas, y las pestañas, 

nia elementos que solamente ellos entre 

los demás cuadrúpedos poseen tam- 

bién en el párpado inferior*%; además tienen mamas en el 

pecho, y los brazos y las patas se doblan en dirección 

opuesta, de modo semejante a los del hombre *!; en las ma- 

nos tienen uñas y dedos, y el del medio más largo. Se dife- 

rencian un poco en los pies, pues son como manos muy lar- 

gas, y dejan una huella semejante a la de la palma de las 

manos, Tienen también un dedo pulgar y articulaciones co- 

mo los hombres, y a excepción de los genitales -—-y esto 

solamente en los machos-— todas las vísceras internas se 
corresponden también a las de su modelo. 


547 El texto resume ArisT., PA IV 10, 688ass. 

4 Personaje desconocido en otras fuentes literarias. Resulta conoci- 
da, en cambio, la afición de Gayo César Caligula por los combates de 
gladiadores, Cf, Sueronio, Cal, XVIII, Cf, asimismo, supra 144, 

39 CfPrem,, VII 138, 

352 Cf. ArusT,, HA 117, 502427 ss. Cf., asimismo, Pres., VII 215. 

$8 Es decir, los brazos hacia atrás y las piernas hacia delante. CE, 
AxrtsT., HA Il 1, 498419 ss., y 11 8, 502b1-3. 


247 


248 


249 


574 HISTORIA NATURAL 


Las uñas se cree que son las ex- 
tremidades de los nervios. Las tienen 
todos los animales que poseen dedos, 
pero los monos las tienen acanaladas 
y el hombre planas —crecen incluso 
después de muerto—; los rapaces las tienen corvas y los 
demás animales rectas, como los perros, excepto aquella 
que en la mayoría cuelga de la pata. Tienen dedos todos los 
animales que tienen patas, excepto el elefante*”; éste, en 
efecto los tiene sin forma, por cierto en número de cinco, 
pero sin ninguna separación entre ellos y sólo ligeramente 
diferenciados, semejantes no a las uñas sino a los cascos; 
tiene las patas delanteras más grandes, y cortas las articula- 
ciones de las patas traseras. Este mismo animal dobla las 
corvas hacia adentro al modo del hombre **%, pero el resto de 
los animales flexionan las patas traseras al contrario que las 
delanteras. En efecto, los que paren crías doblan la rodilla 
hacia delante, y las articulaciones del corvejón al revés**, 

Las rodillas y los codos de los hom- 


48 (101) 
Las uñas 


(102) bres se doblan en dirección opuesta, lo 
Las rodillas mismo que en los osos y en el género 
y las corvas 


de los monos, por ello son muy poco 
ágiles. De entre los cuadrúpedos, los 
que ponen huevos, como el cocodrilo y el lagarto, repliegan 
las rodillas delanteras hacia atrás, y las traseras hacia la 
parte anterior*%, Por otra parte, tienen sus patas ladeadas, 
como el pulgar en el hombre. Así también ocurre en los 
animales con muchas patas, a excepción de las posteriores 


352 Cf, Aras, HAT 9, 517430 ss, 

5% Cf. ArisT., HA 11 1, 49813. 

59 Cf, Arisr., HA 1 1, 49883 ss. 

555 Texto tomado de Arisr., HA II 1, 498a13-17, si bien Plinio corrige 
la descripción del movimiento de las patas en cocodrilos y lagartos. 


LIBRO XI 575 


en los que saltan. Las aves, como los cuadrúpedos, replie- 
gan las alas hacia delante y el corvejón hacia atrás. 
(103) En las rodillas de los hombres re- 
En qué miembros Side un cierto sentido religioso, según 
del cuerpo humano las costumbres de los pueblos. Las to- 
hay un simbolo , 556, : a 
vellBlóro can los suplicantes”*, tienden hacia 
ellas sus manos, y las adoran como al- 
tares, tal vez porque en ellas reside la fuerza vital. En la 
misma juntura de ambas rodillas, a la derecha y a la izquier- 
da, en la parte anterior, existe una especie de hoyos en nú- 
mero de dos, a la manera de los carrillos, por donde, como 
si se tratara de la garganta, cuando recibe una herida, se es- 
capa el soplo vital. También en otras partes se encuentra un 
cierto sentido religioso, como en la mano derecha: el dorso 
se busca para los besos, y se extiende en señal de fidelidad. 
En Grecia, entre los antiguos, era costumbre tocar el mentón 
en las súplicas. En la parte baja de la oreja tiene su asiento 
la memoria, y la tocamos cuando llamamos a alguien a testi- 
ficar; está, igualmente, detrás de la oreja derecha el asiento 
de Némesis*” —diosa que ni siquiera en el Capitolio en- 
contró nombre latino—, lugar adonde llevamos el dedo que 
está junto al meñique tras haber tocado la boca, escondiendo 
allí una petición de asentimiento a los dioses por nuestras 
intenciones. 


556. Acerca de la costumbre de los suplicantes de tocar las rodillas en 
las imágenes de los dioses, cf. Sexvro, Com. a Virg. En, TI 607, donde se 
afirma que las de las divinidades eran la parte del cuerpo consagrada a la 
misericordia, De modo semejante, Lucrecio, en 1 314 ss., reseña el uso 
romano de besar la mano derecha de las estatuas de los dioses, Cf. Er- 
NOUT, com. ad loc., pág. 201. 

357 Diosa de la justicia, que personificaba el poder encargado de su- 
primir toda desmesura; se la invocaba cuando los hombres tenían el pro- 
pósito de hacer algo que pudiera desagradar a los dioses, a fin de solicitar 
su asentimiento. Cf. PLiN., XVIM 22. 


250 


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576 HISTORIA NATURAL 


Las varices en las piernas las tiene 
sólo el varón, raramente la mujer**, 
Opio**” asegura que Gayo Mario*%, 
cónsul en siete ocasiones, fue el único 
hombre que soportó que se las extir- 
paran mientras estaba de pie, 


Todos los animales echan a andar 


(104) 


Las varices 


(105) del lado derecho**!, pero se acuestan 
a sobre el izquierdo. Los demás anima- 
y las piernas les marchan como les viene bien, sólo 


el león y el camello marchan un pis 
frente a otro, esto es, la pata izquierda no sobrepasa la dere- 
cha sino que la sigue inmediatamente. Los hombres tienen 
los pies más grandes, las hembras los tienen más pequeños 
en todas las especies. Sólo el hombre tiene las pantorrillas 
y las piernas carnosas. Consta por algunos autores que en 
Egipto un hombre no tuvo pantorrillas. Únicamente el hom- 
bre tiene la planta del pie cóncava** salvo algunas excep- 
ciones. El hecho es que de ahí surgieron los sobrenombres 


55 La misma información en Arrsr,, HA HI 19, 521229. Aunque esta 
distribución no sea la común en nuestro tiempo, parece normal que en la 
época de Plinio las varices fueran más frecuentes en los hombres, pues 
ciertos usos, como por ejemplo los largos recorridos a caballo podían pro 
vocarlas y agravarlas. Cf. CAPPONI, L'anat..., pág. 223. 

55 Contemporáneo de César, que escribió obras históricas. 

360 Según Cicerón (Tusc, 1135, 53), Mario habría sufrido la opera- 
ción de una sola pierna. Cf, ErNor, com. ad loc., pág. 202, y CAPPONI, 
L'anat..., pág. 222. Acerca de Gayo Mario, cf. supra 189. 

56 Cf. ArrsT,, HA 1 11, 498b6. 

362 El término uola, en latín, se refiere tanto a la concavidad de la 
palma de la mano como a la de la planta del pie, ambas características de 
los hombres. Cf. Fesro, $11, 3 L, y CapPOMN1, L'anatomia..., pág. 226. 


LIBRO XI 577 


de Planco, Plauto, Pansa y Escauro *; así como, en relación 
a las piernas, los de Varo, Vacia y Vatinio*%*, deformidades 
que también existen en los cuadrúpedos. Los animales que 
carecen de cuernos tienen las pezuñias compactas; así, ellos 
tienen como arma el golpe de sus pezuñas** en lugar de los 
cuernos, y éstos mismos no tienen astrágalo, pero los que 
son bisulcos, sí los tienen. No existe el astrágalo en los que 
tienen dedos, ni, en general, en las patas delanteras. Los 
camellos tienen un astrágalo semejante al de los bueyes, pe- 
ro un poco más pequeño; este animal es, en efecto, bisulco 
pero con una hendidura pequeña; la planta del pie es carno- 
sa, como en el oso, causa por la cual en un trayecto largo, si 


van sin calzado, se fatigan*S, 
Las pezuñas solamente se regene- 
46 (106) ran en las bestias de carga. Los cerdos 
Las pezuñas en algunos lugares de Iliria*% tienen 


las pezuñas compactas. Los que tienen 


cuernos són, por lo general, bisulcos*; no hay ningún animal 


bicorne con la pezuña compacta, el asno índico es sólamente 


563 Plancus, Plautus y Pansa son sobrenombres que aluden al hecho 
de tener los pies planos. Seaurus, transcripción de un término griego, 
significa «de pies deformes»; cf. Horacro, Sát. 13, 47 ss. 

56 Varus significa «patituerto» y Vatius, «patizambo», mientras que 
Vatinius no es más que un alargamiento de Vatius. Cf. CAPPONI, L'ana- 
tomia..., pág. 227, 

* 565 Eg decir, «la coz», El antecedente de todo este párrafo se encuen- 
tra en ArtsT,, PA TV 10, 69044 ss., aunque el texto de Plinio aparece muy 
resumido con respecto su fuente, 

366 Cf, ArisT., HA Il 1 499422-30. Cf. asimismo, JenorontrE, Anáb., 
IV 5, 14, Protegían a los camellos con una especie de sandalia de cuero 
que en griego se llamaba karbatíne. Igualmente Ernour, com. ad loc., 
pág. 203, 

567 Región de la costa N del mar Adriático, ArisróTELES en HA IE 1, 
499b18 ss. asegura que existen cerdos de los dos tipos: bisulcos y solípe- 
dos; estos concretamente en las zonas de lliria y Peonia. 

368 Cf. PL, VIIL 76. 


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578 HISTORIA NATURAL 


unicorne; el órix** es unicorne y bisulco. Entre los solípedos, 
el asno Índico es el único que tiene astrágalo, pues los cerdos 
se consideran de ambos géneros, por eso sus astrágalos son 
deformes. Los que pensaron que el hombre tenía astrágalo, 
fácilmente se convencieron de su error. De entre los animales 
que tienen dedos, sólo el lince posee algo similar al astrágalo. 
El león tiene uno todavía más retorcido, El astrágalo es, en 
cambio, recto en la articulación de la pata, sobresale con una 
protuberancia cóncava, y está sujeto a la articulación. 

De las aves, unas son digitadas, 


47 (107) otras son palmipedas, y otras están en- 
Las patas tre ambos tipos, con los dedos separa- 
de las aves 


dos y con una anchura mayor entre 
ellos. Pero todas tienen cuatro dedos, 
tres en la parte delantera y uno en el calcañar. A algunas aves 
que tienen las patas largas les falta este último dedo. El torce- 
cuellos*” es la única que tiene dos dedos a uno y otro lado; 
esta misma ave saca una lengua muy larga al modo de las 
serpientes y gira el cuello hacia atrás; tiene unas garras gran- 
des como las de los grajos. De entre las aves, las más pesadas 
tienen además añadidos a las patas unos espolones, pero no 
aparecen en ningún ave que tenga las uñas corvas. Las aves 
que tienen patas largas vuelan con ellas extendidas junto a la 
cola; las que las tienen cortas, las contraen junto a la parte 
central del cuerpo. Los que afirman que no hay ave sin patas, 
aseguran que los ápodes*”' también las tienen, y el drepa- 


362 Se supone que puede ser una variedad de antílope, pero sin seguridad. 
Acerca de su identificación, cf. PLim., VI 214. Asimismo, Il 107 y X201. 

3% Cf. Arist, HA 11 12, 504212 ss., y acerca de su identificación 
Pern., X 66. 

5 Apodes es transcripción de un término griego que significa «sin 
pies», Cf. PuiN., X 114, ArrstóTELES, en HA 1 1, 487025 no dice que es- 
tas aves carezcan de patas, sino que las tienen muy débiles. 


LIBRO XI 579 


nis*?, que, de entre ellas, es la que aparece más raramente. 
Se han visto también serpientes con patas de ganso. 
48 (108) De entre los insectos, tienen las 
Las de los animales Patas anteriores más largas?” los que 
desde los de dos patas — tienen los ojos duros, para, de cuando 
hasta los de cien. 
ánimos en cuando, frotárselos con ellas, como 
vemos en las moscas. Los que, de entre 
ellos, tienen Jatpas las patas de atrás, saltan, como por ejem- 
plo las langostas. Pero todos ellos tienen seis patas. Algunas 
arañas tienen dos muy largas. Cada una tiene tres interno- 
dios**, Hemos dicho?” que también los animales marinos 
tienen ocho brazos: pulpos, sepias, calamares y cangrejos, que 
mueven sus brazos*”* hacia adentro y las patas traseras en cír- 
culo o en oblicuo*””. Estos mismos son los únicos animales 
que tienen las patas redondas*”, 
Los otros tienen como guía dos patas y únicamente el 
cangrejo tiene cuatro. Los animales terrestres que sobrepa- 


3-Los manuscritos presentan aquí un locus corruptus: ctocen et dre- 
pañnin, que podría interpretarse como ef ocen et drepanin, pensando que 
ocen sería el nombre de un pájaro. Se han ofrecido múltiples conjeturas 
para sanar el texto, pero ninguna satisfactoria hasta ahora; por ello, en 
nuestra traducción hemos optado por la lectura de Kón1G-Horr que pres- 
cinden del texto insalvable. Cf. al respecto, ErNoUT, com. ad loc., págs. 
204-205. Cf,, asimismo, F. CAPPONI, «Ef ocen (Piim., NE XI 257)», en 
Latomus, 29 (1970), 1, págs, 137-139. El drepanis se ha querido identifi- 
car con el vencejo, aunque sin seguridad. 

3 Cf, Arasr., PA IV 6, 683, 28 ss. 

3% Cf. supra, 217. 

515 Cf. PLIw,, IX 83 y 97. 

5% Es decir, lo que llamamos «pinzas», 

37 Cf, Arrsr., PA 1V 8, 683b30 ss. Asimismo HA IV 2, 525b25 ss. 

3% Adoptamos en nuestra traducción la lectura que ofrece Ernour, 
iisdem solís frente al texto de los códices, idem soli, y al que propone 
MAvYnorr, lidem solis. 


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580 HISTORIA NATURAL 


san este número de patas, como la mayoría de los gusanos, 
no tienen menos de doce, pero algunos llegan incluso a cien. 
Ninguno tiene un número de patas impar*”, 

Las patas de los solípedos en el instante en que nacen 
tienen la medida correcta, después engordan más que cre- 
cen. Y así en la infancia se rascan las orejas con las patas 
traseras, cosa que no pueden hacer cuando aumenta su edad, 
ya que el crecimiento en altura agranda sólo la superficie 
del cuerpo. Por esta razón, al principio no pueden pacer si 
no es con las rodillas dobladas, hasta que el cuello no alcan- 
ce su normal crecimiento. 

49 Enanos existen en todos los animales, y también en- 
tre los pájaros, : 
qué machos tienen 


Ya dijimos*! 
(109) los genitales dirigidos hacia atrás. Son 
Los genitales. huesudos**? en el lobo, el zorro, la 


L x , 
os hermafroditas Cmragreja y el hurón, de ahí que sean 


incluso el remedio principal para los 
cálculos en el hombre**%. Dicen además que en el oso, en 
cuanto muere, toman la dureza del cuerno. Y que, entre los 
pueblos de oriente, con los genitales del camello*% hacen 
unas cuerdas de arco de toda confianza, Con respecto a esto 
hay también algunas diferencias entre los pueblos e incluso 


579 Cf. ArasT., HA 15, 489b22-23, : 

38 Probablemente se trate de una mala interpretación de ArusT., PÁ 
IV 10, 686b2 ss., donde se afirma que todos los demás animales son co- 
mo enanos comparados con el hombre, pues enano es aquél cuya parte 
superior es grande, pero pequeña la parte que soporta el peso y que camí- 
na. Cf. al respecto, CAPPONL £'anat..., pág. 233. 

38l Cf. Pun., X 173, Asimismo, ArrsT., HA V 2, 539b21 ss. 

58 Cf. ArrsT., HA 11 1, 500b22-25, 

$8 Cf. ArisT., HA IX 6, 612b15 ss. Al parecer, se raspaba la verga y 
se le administraba al enfermo. 

38% Cf. Arisr., HA V 2, 540418 ss. 


LIBRO XI $581 
entre sus ritos sagrados, pues los galos*3, sacerdotes de la 
Madre de los Dioses, se los amputan sin perjuicio grave. En 
cambio, en unas pocas mujeres se da un portentoso parecido 
con los genitales masculinos, como en los hermafroditas que 
tienen ambos sexos**, hecho que ha ocurrido también en 
los cuadrúpedos, creo que por vez primera durante el prin- 
cipado de Nerón; alardeaba, ciertamente, de dos yeguas 
hermafroditas que llevaba uncidas a su carro militar, y que 
se habían encontrado en la tierra de Tréveris*%”, en la Galia: 
como si un príncipe de la tierra sentado sobre unos mons- 
truos fuera cosa digna de ver, 

El ganado lanar y el vacuno tienen 

(110) los testiculos colgando junto a las pa- 

Los testículos. tas, pero los cerdos los llevan adheri- 
irenciara ae eufucos dos. Los del delfín, muy largos, se 
ocultan en la parte baja del abdomen, 

y el elefante los lleva escondidos*%, En los animales que 
ponen huevos los testículos están adheridos por dentro a la 
región lumbar, como animales muy dados al acoplamiento. 
Los peces y. las serpientes no tienen testículos, pero en su 
lugar poseen dos venas que van de los riñones**” a los ge- 


385 Sacerdotes de la diosa madre de la naturaleza, Cibeles, que se cas- 
traban a sí mismos en honor a esta divinidad. Cf. asimismo, PLiw., XXXV 
165 y V 147. Igualmente Ovini0, Fast., IV 369, 

386 Cf. Pr, VIT 1S y 34, 

387 Actual ciudad alemana de Trier, aunque entonces pertenecía a la 
Galia Belga. Cf. PLxm., IV 106, 

388 Cf. Arrsr., HA 11 1, $00b3, y UL 1, 509b13-15. 

389 Cf. Arasr,, HA 11 1, 509b3-4, 16-19 y 27-35, Como bien señala 
ErnNour, com. ad loc., pág. 207, en este lugar el término latino renes no 
significa propiamente «riñones», puesto que estos animales no los tienen, 
sino la «parte lumbar», a ambos lados de la columna, bajo el estómago y 
los intestinos; en nuestra pd sin embargo, hemos preferido la 
versión literal. 


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$582 HISTORIA NATURAL 


nitales. Las águilas ratoneras*” tienen tres. Solamente en el 
hombre se pierden o por lesión o por causas naturales, y 
forman de éste.un tercer género de semihombres, aparte de 
los hermafroditas y de los eunucos. Los machos son más 
fuertes en todas las IeRpecIeS 51, excepto en las panteras y los 
OSOS. : a 

Por lo general tienen cola*, a ex- 
cepción del hombre y el mono, todos 
los animales, tanto los que paren crías 
como los que ponen huevos; según las 
necesidades del cuerpo, es desnuda en 
los animales hirsutos, como en el jabalí, pequeña en los pe- 
ludos, como en los osos, muy larga en los cubiertos de cri- 
nes, como en los caballos. A los lagartos y a las serpientes, 
si se les corta, les vuelve a salir. Dirige la marcha de los pe- 
ces al modo de un timón, e incluso, cuando se mueve hacia 
la derecha o hacia la izquierda, los impulsa como con una 
especie de remo. En los lagartos se encuentra también do- 
ble. En la cola de los bueyes la parte del rabo es larguísima, 
y erizada en el extremo. Igualmente en los asnos es más lar- 
ga que en los caballos, pero en las acémilas está cubierta de 
crines. El león en su primera parte la tiene como los bueyes 
y el ratón, pero no es lo mismo en las panteras; en los zorros 
y en los lobos es peluda, como en las ovejas, pero en éstas 


s0 (1110 
La cola 


59% Cf. Prim., X 21, 204 y 207. 

391 Cf. ArisT., HA 1X 1, 608835 ss. Esta misma superioridad del ma- 
cho la aplica también Aristóteles de un modo particular al hombre en o. 
c., TX 1, 608b4 ss. 

3% El pasaje es resumen de Arasr., PA 1V 10, 68902- 6. Cf., asimis- 
mo, PA II 14, 658433 ss. Como se percibe con frecuencia a lo largo de la 
obra pliniana, el autor se muestra como un admirador profundo de la 
Naturaleza, que obra siempre del mejor modo posible, adaptando en este 
caso los cuerpos de los animales a sus distintas necesidades. 


LIBRO Xt 583 


es más larga. Los cerdos la retuercen*”, y, entre los perros, 
los que no son de raza la encorvan bajo el vientre *%, 


Aristóteles cree que los animales 
595 


51 (112) no tienen yoz>”””, a excepción de los 
Las voces que tienen pulmones y tráquea, esto 
de los animales 


es, a excepción de los que respiran. 
Por ello, los insectos producen un so- 
nido pero no tienen voz, pues el aire se introduce en su inte- 
rior, y una vez encerrado dentro resuena; cree que unos pro- 
ducen un zumbido, como las abejas; otros, un chirrido con- 
tinuado, como las cigarras, pues el aire se recoge en dos 
cavidades bajo el pecho, y, al chocar en el interior contra 
una membrana móvil, suena por frotación. Que las moscas, 
las abejas y otros insectos similares comienzan a oírse al le- 
vantar el vuelo y dejan de oírse cuando termina, pues el 
sonido se produce mediante el frotamiento y el aire que se 
o en su interior, y no con la respiración; las langos- 

s%% producen un sonido con el frotamiento de sus alas y 
ES sus patas traseras. Se podría creer*” también, y con ra- 
zón, que entre los animales acuáticos producen un sonido 
agudo los peines de mar cuando vuelan*%, y que los molus- 


5% Cf. PLiN., VIIE 207, 

3% Según CAPPONI, £'anat..., pág. 239, n. 599, los perros de raza, al 
haber sido adiestrados, mantienen la cola tiesa o en movimiento, mientras 
que el perro que lleva el rabo entre las patas indica su condición bastarda 
o su estado de abandono. 

385 Cf, ArrsT., HA 1V 4, 535227-30, Cf, asimismo supra 175-176. 

39% Acerca del canto de las cigarras y las langostas, cf. supra 93 y 
107, respectivamente. 

se Plinio utiliza en esta frase un subjuntivo, credatur, que indica tan 
solo una posibilidad, no una afirmación segura. 

398 ArsTÓTELES, en HA 535b26-27, explica que lo que llaman el «vuelo 
de los peces» es en realidad el deslizamiento del animal sobre la superfi- 
cie de las aguas. Cf., asimismo, Pzin., TX 103, 


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584 HISTORIA NATURAL 


cos y los crustáceos no emiten voz ni sonido alguno; pero 
los restantes peces, aunque carezcan de pulmón y de trá- 
quea, emiten algunos sonidos —bromean diciendo que el 
ruido se produce con los dientes—, y el que llaman caper*” 
en el río Aqueloo% emite un gruñido, y otros de los que ya 
hablamos. Los que ponen huevos emiten un silbido, las ser- 
pientes, largo, las tortugas, abrupto%!, Las ranas emiten un 
sonido propio de su especie, como se ha dicho”, salvo que 
tenga que admitirse también la duda con respecto a ellas, 
porque el sonido se produce en la boca y no en el pecho. Mu- 
cho, sin embargo, influye en ellas la naturaleza del lugar: cuen- 
tan que las ranas son mudas en Macedonia”, y mudos también 
los jabalíes, Entre las aves%*, son más parleras las más peque- 
ñas, y sobre todo en época de celo: unas emiten su grito en la 
lucha, como la codorniz, otras antes de la lucha, como la perdiz, 
otras cuando han vencido, como el gallo%, En estas especies el 
macho tiene su propia voz, pero en otras, la tienen igual que la 
hembra, como en la de los ruiseñores%, Algunas aves cantan 
durante todo el año, algunas en determinadas épocas, como se 
ha dicho a propósito de cada uno. 


39 No ha sido identificado: cf. Sr-Denrs, pág. 7. ARISTÓTELES en HA 
IV 8, 535b17 se refiere a un pez denominado kápros «jabalí», nombre 
que quizá Plinio no ha llegado a identificar. 

60 Río de Grecia. Cf. PLm., IV 5, 

6 Cf. ArasT., HA 1V 8, 536a5-8. 

62 Cf. supra 17. 

6% Pruro, en VI 227, afirma que son muchas las ranas de Cirene y 
también de las de Serifos, isla de las Cícladas, las cuales, curiosamente, 
cantan cuando se las traslada a otros lugares. También Arisr., HA VII 
28, 60645 habla de las ranas de Cirene en este sentido, pero no nombra 
las de Macedonia. 

604 El párrafo procede de ArrsT., HA TV 9, 536220-23. 

$5 Cf, PL, X 47 y 49. Asimismo, Cic., Sobre la adiv. 174 y 1.56. 

6% Cf. ArsT., HA 9, 536228-30. 


LIBRO XI 585 


El elefante produce un sonido semejante a un estornudo 
justo por la boca, e independientemente de la trompa, pero 
por ella emite otro semejante al sonido rudo de las trompe- 
tas, Solamente entre los bóvidos*% la hembra tiene una 
voz más fuerte, mientras que en las demás especies, la tiene 
más débil que la de los machos; en el género humano, tam- 
bién les ocurre a los castrados. Cuando nace un niño, no se 
le oye hasta haber salido totalmente del útero %”, las prime- 
ras palabras las dicen al año; pero el hijo de Creso*% habló 
a los seis meses y en la cuna, en un prodigio por el que se 
derrumbó todo este reino*!!, Los que comienzan a hablar 
más temprano, empiezan a andar más tarde. La voz se con- 
solida a partir de los catorce años; en la vejez se hace más 
débil, y en ningún otro animal cambia con tanta frecuencia. 

Además hay cosas admirables en torno a la voz dignas 
de ser contadas: en la orquesta de los teatros la voz se 
amortigua cuando se ha esparcido serrín o arena, lo mismo 
ocurre en un entorno de paredes revestidas de grava, e in- 
cluso de toneles vacios. Pero esta misma voz se propaga por 
la superficie recta-o cóncava de las paredes, trasladando las 
palabras, aun dichas en tono suave, hasta el otro extremo, si 
no lo dificulta ninguna desigualdad. La voz en el hombre 
conforma una parte fundamental del semblante. Por ella lo 
reconocemos antes de verlo, de igual modo que lo recono- 
cemos con los ojos, y hay tantas voces como mortales hay 


6% Adoptamos la lectura de Ernour, tubarum, frente a la de Mar- 
HOFF, turbarum. Cf. ArisT., HA IV 9, 536b21. 

608 Cf. Axasr., FA IV 11, 538b12 ss.; V-14, 54518 ss, 

6% Cf. ArisT., HA VII 10, 587433. 

610 El último rey de Lidia (560-547 a. C.) - 

6ll. Adoptamos en nuestra traducción la puntuación de Ernout, Heró- 
Doro, 1 85, y VaLErRIO MáximMO, V 4, 6, aluden a la incapacidad del hijo 
de Creso para articular palabra, pero la narración es distinta. 


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586 HISTORIA NATURAL 


en la naturaleza, y además cada uno tiene la suya, como tie- 
ne su rostro. De ahí proviene esa diversidad de tan gran nú- 
mero de pueblos y lenguas en el mundo entero, de ahí, tan- 
tas canciones, melodías y modulaciones de la voz; pero, 
sobre todo, es la expresión de nuestros sentimientos, la que 
nos ha hecho distintos de las fieras, y la que marca una ulte- 
rior diferencia con respecto a los propios hombres, igual que 
la que se establece con respecto a las bestias *””, 

En los: animales resultan- super- 


52 (113) fluos los miembros supernumerarios, 
Los miembros como lo es siempre el sexto dedo en 
supernumerarios 


el hombre. En Egipto decidieron criar 
a un ser monstruoso, un hombre que 
tenía dos ojos también en la parte de atrás de la cabeza, pero 
que no veía con ellos, 


(114) Yo me admiro*'*, por cierto, de 
Notas sobre que Aristóteles no sólo. haya creído 
la longevidad 


5: loz hábilos que se daban en el propio: cuerpo al- 
de los hombres gunas premoniciones acerca: de la vi- 
apo ea da, sino también de que lo haya di- 

vulgado. Y estas cosas, aunque yo las 


612 Una vez más se puede percibir la admiración que siente Plinio por 
la madré Naturaleza. 

$12 Los capítulos del 273 al 276 ofrecen úna muestra de la fisiognó- 
mica, ciencia antigua que presupone una relación entre el carácter y los 
rasgos físicos de la persona, Concretamente, el texto recoge otro de Pom- 
peyo Trogo, historiador romano de época augústea, perteneciente a una 
de sus obras menores, De animalibus, Plinio cita a Trogo en bastantes 
ocasiones en lugar de citar a Aristóteles, lo que hace pensar que aquel re- 
producía con toda fidelidad el texto del Estagirita, Con todo, nuestro au- 
tor se muestra un tanto escéptico en cuanto a la verdad de estas informa- 
ciones, rindiéndose ante ellas solo por el prestigio de Aristóteles que trató 
con detenimiento. estos temas en su obra. Cf. al respecto, CAPPONI, 
L'anaf..., págs. 250-252, 


LIBRO XI 587 


considero vanas y que no han de darse a conocer sin un 
margen de duda, para que no vaya cada uno con aprensión a 
buscar en sí mismo tales presagios, sin embargo, las aborda- 
ré, puesto que un hombre tan grande no las menospreció en 
su doctrina. En efecto, como signos de vida breve pone los 
dientes escasos*!1, los dedos muy largos, el color plomizo, y 
muchas rayas en la mano que se interrumpen. Por el contra- 
rio, son de larga vida los que tienen los hombros encorvados, 
una o dos rayas largas en la mano! y más de treinta y dos 
dientes, y los de orejas grandes. Estas observaciones no las 
hace en conjunto, según creo, sino de una en una; son, a mi 
juicio, insubstanciales, y, sin embargo, se habla de ellas a ca- 
da paso. De modo semejante entre nosotros Trogo, también él 
un autor de los más serios, ha indicado unos rasgos externos 
del carácter, que os presentaré con sus propias palabras: 

«La frente, cuando es grande, revela que esconde un 
espíritu indolente, los que la tienen pequeña, un espíritu 
ágil, los que la tienen redonda, un espiritu irascible, como si 
esto fuera la señal visible de su arrogancia'!”. Los que tie- 
nen unas cejas que se extienden rectas, revelan que son 
blandos, los que las tienen curvadas junto a la nariz, que son 
austeros, los que las tienen inclinadas hacia las sienes, bur- 
lones; los que las tienen del todo hacia abajo, malintencio- 
nados y envidiosos*!*, Los ojos de cualquiera que los tenga 
alargados**”, indican que son de carácter malvado; los que 


614 Cf. Artsr., HA 113, 501b22-24, 

615 Cf. ArisT., HA 115, 493b32 ss. 

$l6 Adoptamos el texto de Ennour (frons ubi) frente a la propuesta de 
MAYHOFF (frons quibus). 

617 Tumor, en latín, significa «hinchazón» y, metafóricamente, «arro- 
gancia, orgullo». Cf, ARISTÓTELES, HA 18, 491b12. 

$8 Cf. ArisT,, HAT 9, 491b15 ss. 

619 Adoptamos el texto de Ernour foculi quibuscumque) frente al 
que propone MAYHOFF (oculi quibus utrimque). 


274 


275 


276 


277 


278 


588 HISTORIA NATURAL 


tienen unos ángulos carnosos desde la nariz, muestran indi- 
cios de perversidad; la parte blanca del ojo prolongada, es 
indicio de desvergúenza; los ojos que suelen cerrarse repeti- 
damente, de inconstancia*!, Las orejas de gran tamaño son 
indicio de locuacidad y estulticia %», Hasta aquí, Trogo. 
Los efluvios del aliento del león son 


1 - nauseabundos*”, los del oso, pestilen- 
53 (115) p 

El aliento. tes, Ninguna fiera toca lo que ha estado 
La comida 624 


en contacto con su «hálito»*”, y las co- 
sas que han recibido sus efectos se pu- 
dren con mayor rapidez. Entre los restantes animales, la natu- 
raleza determinó que únicamente al hombre se le viciase el 
aliento de muchas maneras: por culpa de los alimentos y por 
culpa de los dientes, pero sobre todo a: causa de la edad. El 
aliento no puede experimentar el dolor, y carece de tacto y de 
cualquier sentido, él, sin el cual no se siente nada; él mismo 
va de un lugar a otro“ siempre flamante, para salir en el último 
día y ser la única cosa en el hombre que va a subsistir; y, en re- 
sumen, el aliento procede del cielo: sin embargo, también tiene 
su castigo en él, de manera que ni aquello mismo, por lo que se 
vive, es un placer en la vida. En los pueblos partos*?” esto lo sú- 
fren sobre todo, y desde la juventud, a causa de los alimentos 


indigestos, y también les hiede la boca por el exceso de vino%; 


620 Cf, Arasr., HAT 9, 491b24-26.-. 

$2 Cf, Arisr., HA 110, 492a11-13.. 

$22 Cf. Arasr., HA 111, 492b1 ss. 

6% Cf. Pum., VII 46, 

$4 Cf. supra, 31. 

€5 Plinio parece identificar en este párrafo el aliento (anima) con el 
soplo vital, que en otras ocasiones aparece designado como (spiritus). 

6% Por los movimientos de inspiración y espiración, Cf. ErNour, 
com. ad loe., pág. 210, 

27 Cf supra 92. 

6% Cf Prix, XTV 142. 


LIBRO XI 589 


pero los principales se lo curan con un grano de cidra*2% que se 
añade a las comidas, cuyo sabor es, además, de una particular 
suavidad. 

El aliento de los elefantes hace salir las serpientes, y el 
de los ciervos las quema*%, Ya hemos hablado de una clase 
de hombres%* que libran a los cuerpos del veneno de las 
serpientes mediante la succión. Es más, las serpientes sirven 
de alimento a los cerdos, mientas que para otros animales 
son un veneno. Los animales que hemos denominado insec- 
tos, mueren todos cuando se les rocía con aceite“, los bui- 
tres cuando se les baña con un ungilento —a ellos les atrae 
un olor que repele a otros animales —, los escarabajos mue- 
ren por la rosa. A algunas serpientes las mata el escorpión. 
Los escitas“ impregnan sus flechas con baba de serpiente y 
con sangre humana. Es un crimen sin remedio: con un leve 
roce produce la muerte al instante. 

Ya hemos nombrado*”* qué anima- 

ia dE les se alimentan de veneno. Algunos, 

no mueren aunque 1nocuos por lo demás, si se alimentan de 

se alimentan de veneno, veneno, también ellos se vuelven dañi- 
EA ol nos, En Panfilia y en las zonas monta- 
fosas de Cilicia%%% mueren los que co- 

men jabalíes que se hayan tragado una salamandra%: y ningu- 
no lo deja notar por el olor o por el sabor; matan el agua y el vi- 
no en que haya una salamandra muerta , o sólo con que el ani- 


634 


6 Cf. PLix,, XI 15-16. 

6 Cf. PLis., VII 118 y XXVI 149, 

631 Se trata de los psilos. Cf. supra 89, y PLow., VI 114, 

6% Cf. supra 66, y ArisT., HA VII 27, 605b19 ss. 

6% Cf. supra 90. 

6% Cf. PLm,, X 69 y 197, 

625 Panfilia y Cilicia son regiones situadas al sur de Asia Menor. Cf. 
PLm., V 94. 

66 Cf. PLix., XXIX 74 ss. 


280 


281 


282 


283 


590 HISTORIA NATURAL 


mal haya bebido en la vasija de donde se escancia. Lo mismo 
ocurre con la rana que llaman rubeta%*”, ¡tantos peligros amena- 
zan la vida! Las avispas comen la carne de serpiente con avi- 
dez, alimento con el que hacen mortíferas sus picaduras. Y hay 
tantas diferencias en los tipos de alimentación que, en la zona 
en la que se mantienen de pescado %* Teofrasto*” refiere que los 
bueyes también se alimentan de peces, pero sólo si están vivos. 
(17) El alimento más provechoso para 
Por qué causa el hombre es el que no tiene mezcla, 
el hombre no digiere. la acumulación de sabores es dañina, 
Remedios para z : ' 
las indigestiones Y Se hace más peligrosa con los condi- 
mentos %”, Entre los alimentos se di- 
giere con dificultad todo lo picante, lo fuerte, lo extraordina- 
rio y lo variado, también la cantidad excesiva y lo que se 
traga con avidez; y es más difícil digerir en verano que en 
invierno, y más en la vejez que en la juventud, Los vómitos, 
tomados por el hombre como remedio contra las indigestio- 
nes, dejan los cuerpos fríos y son perjudiciales sobre todo 
para los ojos y para los dientes. 


(118) Acompañar la digestión con el 
Cómo llega sueño es más provechoso para engor- 
la gordura y 


dar que para fortalecerse; por ello, los 
atletas prefieren hacer la digestión de 
los alimentos mientras andan. Ciertamente, en medio de una 
vigilia prolongada, se digieren mejor los alimentos '*', 


cómo se pierde 


637 Cf. supra 62. 

6% Se trata de los lugares ocupados por los denominados ictiófagos. 
Cf. Pu, VI 95 y 151. 

6% Teofrasto de Éreso, en Lesbos, filósofo y maestro de Aristóteles 
(372.287 a. C.) 

6% Se registra aquí un lugar común entre los escritores antiguos: los 
peligros en los excesos de la mesa. 

4! Cf. Prix, XXI 41. 


LIBRO XI 591 


54 El cuerpo engorda con los dulces, las grasas y la be- 
bida, adelgaza con los alimentos secos y magros, y además 
con las comidas frias y con la sed. En África, algunos ani- 
males y ganados beben cada cuatro días*%, Para el hombre 
el ayuno de siete días no es, generalmente, mortal; es seguro 
que muchos lo han resistido incluso más de once días. La 
enfermedad del hambre**, siempre con un deseo de comer 
insaciable, de entre los animales, la sufre únicamente el 
hombre. 

a19) Par el contrario, algunas cosas, con 

Qué substancias Probarlas un poco, mitigan el hambre 

calman la sed y la sed, y conservan las fuerzas, co- 

d pa mo la mantequilla***, el hipaque** y 

el regaliz, Por otra parte, lo excesi- 

vo*” resulta muy dañino, sin duda, en todas las circunstan- 

cias de la vida, pero sobre todo para el cuerpo, y lo más 

provechoso es disminuir, de la manera que sea, lo que au- 
menta las molestias. 

Pero pasemos a las demás cosas de la naturaleza. 


647 


6% Cf. PLos., VII 68, y Arusr., JA VII 8, 59622. 

63 La que se denomina bulimia, 

6% Cf. supra, 239, Asimismo, PLiw., XXVIII 105, 

“45 Transcripción de un término griego hippáke, derivado de hippos 
«caballo» Se trata de un queso hecho a base de leche de yegua. Cf. PLim,, 
XXVI 131. 

66 Cf. PLN, XXI 91 y XXI1 24 y 26, 

647 Es el reflejo del mádén ágan griego, «nada en exceso», que Aris- 
tóteles atribuye a Quilón, y que proporciona al final de este libro décimo 
primero una perspectiva moralizante. 


284 


ÍNDICE DE NOMBRES DE PERSONA Y DE DIOSES 


Acasto, VIT 205, 

Acrisio, VIT 200, 

Actas, VIH 145. 

Acteón, XI 123. 

Africano el Mayor, cf. Escipión 
Africáno. 

Africano Segundo, cf. Escipión 
Emiliano, 

Agatárquides, VII 14, 29. 

Agelasto, cf. Craso. 

Áglao de Psofide, VIE 151. 

Agríope, VII 195; 

Agripa, VII 45, 148-149, 

Agripa Póstumo, VII 150. 

Agripas, VII45, 

Agripina (Mayor), VIT 45, 47. 

Agripina (Menor), VII 45-46, 
71; X 84, 120. 

Agripino, VIT SS, 

Águila, VI 187. 

Alauda (legión), XI 121. 

Albino, VIL 157, 

Alcipe, VI 34, 

Alcmán, XI 114. 


Alejandro Magno, VH 11, 84, 
95, 107-108, 125, 208; VIN 
44, 54, 119, 149-150, 154; 
IX 5, 7,27; X 185. 

Alejandro Polihístor, VIT 155; 
Tx 115, 

Amínocles de Corinto, VI 207. 

Anacarsis, VII 198, 209. 

Anacreonte, VII 44, 154, 

Anales, VIT 11, 131, 173, 210, 
222-223. 

Anaxarco, VU 87, 

Anaximandro de Mileto, VIT 203, 

Andrómeda, IX 11. 

Andrómeda (liberta), VH 75. 

Anfiarao, VU 203, 

Anfictión, VI 203. 

Anfión, VH 204. 

Aníbal, VI 35, 104; VIT 18, 222; 
XI 189, 

Anistis, VI 84, 

Anneo Séneca, cf. Séneca, 

Anticlides, VIT 193, 

Antígono, VIT 208. 


594 


Antíoco 1 Sóter, VII 123; VIII 
11, 12. 

Antíoco II Teos, VII 53, 

Antíoco Ill Magno, VIH 158. 

Antípatro (de Tarso), VII 11. 

Antípatro de Sidón, VII 172. 

Anto, VIN 81. 

Antonia (esposa de Druso), VII 
80; IX 172. 

Antonio, cf. Marco Antonio. 

Apeles, VII 125. 

Apicio VIII 209; 1X 66; X 133, 

Apio Junio, VII 145. 

Apio Saufeyo, VII 183, 

Apis, VIII 184, 186, 

Apolo, VII 19, 109, 118, 120, 
183, 196; X 7. 

Apolodoro, VII 123, 

Apolónides, VI 17, 

Apuleya, VH 122, 

Aquiles, X 78. 

Aquilio Galo, VII 183. 

Árabo, VII 196. 

Aracne, VII 196, 

Arbalón, XI 55. 

Árdalo de Trecén, VII 204. 

Aresconte, V11 36, 

Arescusa, VII 36, 

Argantonio, VIE 154, 156. 

Aries, X 5. 

Arión, IX 28. 

Aristeas de Proconeso, VI 10, 
174, 

Aristeo de Atenas, VII 199. 

Aristides de Tebas, VII-126. 

Aristófanes (gramático), VHI 13. 


HISTORIA NATURAL 


Aristogitón, VII 87. 
Aristómaco de Solos, XI 19. 
Aristómenes de Mesenia, XI 185. 
Aristóteles, VI 15, 27, 109, 192, 
195, 197, 205, 208; VII 28, 
44, 105, 229; IX 16, 78-79; 
X 32, 185, 187; X1266, 273. 

Armentario, VII 55. 

Arquelao, VIT 202, 218. 

Arquémaco, VII 207. 

Arquíloco, VIT 109. 

Arquímedes, VII 125. 

Artemidoro, VIL30, 

Artemón, VII 53. 

Artemón de Clazómenas, VIT 201, 

Arturo, VIII 112, 187; IX 53; X 
30; X1 41, 43, 103, 

Asclepiades de Prusa, VH 124. 

Asconio Pediano, VII 159. 

Asinio Céler, IX 67.. 

Asinio Polión, VIT 115. 

Átalo II, VIT 126. 

Átalo UI (Filométor), VII 196. 

Atamante, VII 200, 

Atánato, VII 83. 

Atinio Labeón, VI 143. 

Atio de Pisauro, VII 128.:..: 

Atlante, VIT 203. 

Aufidio, cf. Gneo Aufidio y Mar- 
co Aufidio Lurcón. 

Augusto, VII 33, 57-58, 60, 75, 
82, 114, 147, 158-159, 178, 
183, 211; VIII 64, 155, 195, 
218; IX 9, 25, 55, 77, 118, 
137; X 60; XI 143, 190, 195. 

Aulo Aternio, VI 101, 


ÍNDICE DE NOMBRES DE PERSONA Y DE DIOSES 


Aulo Manlio Torcuato, VI 183, 
Aulo Pompeyo, VII 182. 

Aulo Postumio, VIII 19. 
Avíola, VII 173, 

Ayante, VII 126; VIT 12. 


Baleárico, VIH 144, 

Bebio, VII 182. - 

Bedríaco, X 135, 
Belerofonte, VII 202. 

Beo, X 7. 

Berenice, VII 133, 

Beroso, VII 123, 160, 193, 
Betón, VI 11. 

Bicie, X 70, 

Boco, VII 15. 

Broco (cognomen), X1 159. 
Bucéfalo, VII 154. 
Búciges de Atenas, VII 199. 
Bularco, VU 126. 
Burbuleyo, VIT 55, 


Cadmo (de Fenicia), VII 192, 
195, 197. 

Cadmo de Mileto, VIT 205, 

Calco, VI 200, 

Calícrates, VU 85. 

Calidna, XI32. 

Califanes, VIT 15. 

Calímaco, VII 152... 

Cáncer, IX 99, 

Candaules, VII 126. 

Canicula, IX 58, 125, 133; X 
102; X 26. 

Cantáridas, VU 174, 

Capitolíno, VII 103. 


595 


Car, VII 203. 

Carbón, cf. Gneo Papirio Car- 
bón. 

Cármadas, VII 89, 

Carnéades, VII 112. 

Carvilio Polión, IX 39 

Cascelio, VIII 144. 

Casio Dionisio, XI 40. 

Casio Severo, VII 55. 

Castelano, VIL 55, 

Cástores, VI 86; X 121. . 

Catilina, VII 104. 

Catón (de Útica), VI 62, 113; 
VIII 196. 

Catón el Censor, VH 61-62, 
100, 112-113; VIIL 11, 210. 

Catos (cognomen), V1 118, 

Cátulo (Quinto), X 50. 

Cécina de Volaterra, X 71; XI 
197. 

Cécrope, VII 194, 

Celio, VII 144, 

Celo VII, 194. 

Celso, cf, Cornelio, 

Centareto, VII 158. 

Ceres, VII 191. 

César, Gayo Julio (el dictador), 
VI 91, 93, 99, 117, 126, 181, 
186; VII 21-22, 53, 69, 155, 
182; IX 116, 171; XI 186. 

César Germánico, cf. Germánico. 

César Octaviano, cf. Augusto. 

Césares (cognomen), VU 47, 

Césares (el pretor y el padre del 
dictador), VIT 131. 

Césares, cf. Vespasianos. 


596 


Cesones (cognomen), VII 47. 

Cesonia, VII 39, 

Cicerón, VII 18, 85, 116, 135, 
158; VI 210, 213; IX 137. 

Cílix, VII 198, 

Cíneas, VIH 88. 

Cíniras de Chipre,VI 154, 195, 

Cipo, XI 123. 

Circe, VIT 15. 

Ciro, VU 88, 205. 

Citéride, VUI 55. 

Claudia, VII 120. 

Claudio (emperador), VIT 35, 74, 
158-159; VII 22, 37, 54, 65, 
160; IX 14, 62; X 5, 84, 120, 
172; XI 144, 189, 

Claudio Marcelo, cf. Marcelo. 

Claudio Nerón, cf. Druso. 

Claudio Nerón, Domicio, cf. Ne- 
rón, 

Claudio Nerón, Tiberio, ef. Ti- 
berio. 

Claudio Pulcro, VIT 19, 

Cleómbroto de Ceos, VII 123. 

Cleopatra, IX 119, 

Clitarco, VI1 29, 30; X 136. 

Clodia, VI 158. 

Clodio, IX 122; 

Clodio Esopo, X 141. 

Clóster, VII 196. 

Clutorio Prisco, VII 129. 

Cóclites (cognomen), XI 150. 

Columela, VIH 153. 

Conopas, VII 75. 

Conquistador, cf. Demetrio (Po- 
liorcetes). 


HISTORIA NATURAL 


Consicio, Lucio, VIH 36. 

Corano, Marco, XI 244, 

Córax, VIII 160, 

Corbulón, VII 39, 

Córculos (cognomen), VU 118, 

Corebo de Atenas, 198. 

Corfídio, VH 176-177. 

Corfinio, VI 186. 

Cornelia, VII 187. 

Comelio Balbo el Mayor, VI 136, 

Cornelio Celso, X 150. 

Cornelio Galo (pretor), VIT 184. 

Cornelio Nepote, cf. Nepote 

Cornelio Sila, cf. Sila. 

Cornetfio Tácito, VA 76, 

Cornelio Valeriano, X 5, 

Coruncanio, VII 206. 

Cosíngide, VII 144, 

Crannón, X 31, 

Craso, VII 79. 

Craso (Agelasto), VIE 79. 

Crátero Monocerote, X 124, 

Crates de Pérgamo, VI 13, 28, 
31. 

Cremucio, X 74, 

Creso (rey de Lidia), XI 270. 

Critóbulo, VII 124. 

Critodemo, VI 193. 

Ctesias, VII 23, 28, 207; VIN 75. 

Ctesibio, VI 125. 

Curiacios, VII 33, 

Curio, cf. Manio Curio Dentato. 

Curión, VU 55, 

Curiones, VI 133, 


Dafnis, VII 128. 


ÍNDICE DE NOMBRES DE PERSONA Y DE DIOSES 


Damastes, VI 154, 207. 

Damón, VIH 17. 

Dánao, VII 195, 206. 

Dandón, VI 155. 

Darío, rey de Persia, VU 108. 

Décimo Bruto, X 110. 

Décimo Saufeyo, VII 183, 

Dédalo, VII 198, 205, 209. 

Delas de Frigia, VII 197. 

Delfín, VII 177. 

Delfo, VII 203. 

Demeneto, VII 82. 

Demetrio (el naturalista), VI 59, 

Demetrio (Poliorcetes), VII 126, 
208. 

Demócrito, VII 189; VIH 61; X 
137; XI 80. 

Demóstenes, VI 110. 

Dentato, cf. Manio Curio Den- 
tato). 

Diademado, VI 144, 

Diana, VIT 125, 127, 

Dinócares, VI 125, 

Dinón, X 136. 

Diodoro, VII 180. 

Diógenes el Cínico, VII 80, 

Diomedes, X 127, 

Dionisio I de Siracusa, VH 180; 
VIT 158. 

Dionisio Il de Siracusa, VII 110. 

Dioniso, VII 58. 

Domicio Ahenobarbo, cf. Eucio 
Domicio Ahenobarbo. 

Domicio Nerón, cf. Nerón. 

Druso (hermano de Tiberio), VI 
80, 84; X 121; XI 55, 


597 
Duris, VI 30; VII 143. 


Éaco, VI 197. 

Éforo, VI 154. 

Egeón, VI 207, 

Egimio, VII 154, 

Egio, X 51. 

Elio Estilón, IX 123 

Elio Tuberón, X 41. 

Élpide, VII 57, 58. 

Emiliano, cf. Escipión Emiliano. 

Emilio Escauro, Marco, cf, Mar- 
co Escauro, 

Emilio Lépido, VIH 181. 

Ennio, VI 101, 114. 

Eolo, VIT 203. 

Epicarmo, VII 192, 

Epígenes, VII 160, 193, 

Epiménides de Cnoso, VII 154, 
175. 

Epio, VII 202. 

Equecrátides, X 180, 

Erictonio de Atenas, VIH 197, 
202. 

Éritras, VIL 206. 

Escauro (cognomen), XI 254, 

Escauro, cf. Marco Escauro. 

Escévola, VIII 53. 

Escipión (Quinto Cecilio Mete- 
lo), VIT 94, VIT 196; X 52, 
Escipión Africano el Mayor, VI 

47, 114, 145. 

Escipión Emiliano (Africano Se- 
gundo), VII 100, 144, 211; 
VIH 47; X 123. 

Escipión Nasica, VIT 120, 215. 


598 HISTORIA NATURAL 


Escipiones, VII 62. 

Escites, VII 197, 201. 
Escopas, VIII 82. 

Esculapio, VI 160, 

Esopo, IX 122, 

Espínter, VIH 54, 

Espurio Tarpeyo, VI 101.. 
Esquilo, X 7, 86. 

Esquines de Atenas, VII 110... 
Estacio Seboso, IX 46. 
Estáfilo, VII 199. 

Estatilia, VI 158. 
Estefanión, VH 159. 
Estesicoro, X 82, 

Estilpón, VI 180. 

Estrabón, VII 54, 85. 
Estrabón (cognomen), X1. 150. 
Estudioso, XI 245.: 

Etolo, VI 201. 

Eudoxo, VI 24. 

Eumolpo de Atenas, VI 199. 
Eupálamo, VIT 209, 

Euquir, VIT 205. 

Euríalo, VII 194, 

Eutimenes, VII 76. 

Eutimo, VU 152, 

Eutíquide, VI 34, 

Evantes, VIN 81. 


Fabiano, IX 25. 


Fabio (Máximo, Paulo), VII 150, 


Fabio Alfio, IX 25. 
Fabio Pictor, X 71.. 
Fabio Ruliano, VI1.133. 
Fabio Senátor, VII 44. 
Fabio Vestal, VII 213, 


Fabios, VII 133. 

Fabricio, 1X 118, 

Fálaris de Agrigento, VI1 200. 

Fausta, VII 33, 

Femónoe, X 7, 21. 

Fenestela, VIN 19, 195; IX 65, 
123. aora 

Ferecides de Siros, VIH 172, 205. 

Fidias, VII 127. 

Fidón de Argos, VIT 198, 

Filarco, VU 17; VI 158; X 207. 

Filino, VIH 59. : 

Filípides, VII 84. 

Filipo (Lucio Marcio), IX 170, 

Filipo (rey de Macedonia), VII 
124. 

Fílira, VU 196. 

Filisco de Fasos, Xi 19.: 

Filisto, VIII 14, 158, 

Filón, VI 125, 

Filonico, VIH 154. 

Filónides, VII 84. 

Filostéfano, VI 207-208. 

Flaco, VH 157. 

Flacos (cognomen), X1 136. 

Flaviano, IX 26. 

Fonteyo, VII 84. 

Foroneo, VI! 193-194, 

Fortuna, VII 194, 197. 

Fufio Salvio, VII 83. 

Fulvio Flaco, VIT 120. 

Fulvio Lipino, VII 211; IX 173. 

Fusión, VU 75. 


Gabara, VI 74. 
Gabieno, VI 178-179, 


ÍNDICE DE NOMBRES DE PERSONA Y DE DIOSES 


Galeria Copiola, VII 158. 

Galerio, X 50. 

Galión, VU 55, 

Gaya Cecilia, VII 194. - 

Gayo (Calígula), VIT 39, 45; IX 
67,117. 

Gayo Antonio, VIH 213. 

Gayo Atinio Labeón Macerión, 
VII 143, 146. 

Gayo Aufustio, VII 181. 

Gayo Casio Longino, VH 36. 

Gayo César (nieto de Augusto), 
IX 118. 

Gayo Cestio, X 124. 

Gayo Crispinio Hilaro, VU 60. 

Gayo Elio Tuberón, VII 173. 

Gayo Fannio, X 139, 

Gayo Hirrio, IX 171. 

Gayo Julio (médico), VIT 183. 

Gayo Julio César Octaviano, cf. 
Augusto. 

Gayo Licinio Calvo, VI 165, 

Gayo Licinio, cf. Licinio Mu- 
ciano. 

Gayo Mario (cónsul en el 82 a. 
C.), VIL158, 165. 

Gayo Mario, cf. Mario, 

Gayo Mecenas, cf: Mecenas.: :- 

Gayo Quincio, VI 121. 

Gayo Rebilo, VIT 181. 

Gayo Servilio Pansa, VII 182. 

Gayo Volcacio Gúrgite, sl 
131. 

Gelio (Gneo), VII 192, 194, 197- 
198; X1 144, 189, 245... 

Gelón, VIII 144, 


599 


Germánico (padre de Calígula), 
VI 57; VIN 4, 145, 155, 185; 
X 121; XI 187. 

Giges de Lidia, VI 151, 205. 

Glauce, X 51. 

Glicio, VI 39. 

Gneo Aufidio, VII 64. 

Gneo Bebio Tánfilo, VII 182, 

Gneo Cornelio, X $5, 

Gneo Papirio Carbón, VII 68, 
158, 165; VII 221. 

Gneo Pisón, XI 187. 

Gorgias de Sicilia, VIT 156. 

Gracos, VII 57, 121. 

Gulusa, VII 31, 


Hannón, VII $5, 

Harmodio, VII 87. 

Héctor, VI 165. 

Hegesias, VII 207, 

Hegesidemo, IX 27. 

Helánico, VI 154, 

Helén, VII 203. 

Heraclides, Vil 175. 

Heráclito, VI 80. 

Hércules, VII 49, 83, 95, 123, 
205; X 79; X152, 111. 

Hermotimo de Clazómenas, VII 
174, 

Heródoto, VI 10; VIO 7. 

Herófilo, X1 219, 

Hesiodo, VI 153, 197; X 172. 

Hierón, VIII 143, 

Bilas, X 38. 

Hiperbio, VI 194, 198, 209. 

Hipo de Tiro, VII 208. 


600 


Hipócrates, VII 123, 171, 

Homero, VII 26, 74, 107-108, 
165; VIT 191, 195; IX 135; 
X 7, 138. 

Horacio, X 145. 

Horacios, VII 33, 

Hortensio, IX 170,172; X 45. 


Ícaro, VIT 209. 

ITficles, VI 49. 

Ignacio Calvino, X 134, 

Isígono de Nicea, VI 12, 16, 
27. 

Isis, X 94, 

Isócrates, VII 110. 


Jasón, VIT 207. 

Jasón (de Licia), VI 143, 

Jasón de Feras, VII 166. 

Jenágoras, VI 208, 

Jenófilo, VU 168. 

Jenofonte, VH 155, 

Juba, VII 7, 14,.35, 48, 107, 
155; IX 115; X 126, 

Julia (nieta de Augusto), VI 75, 

Julia Augusta, cf. Livia, 

Julio, cf. César. A 

Julio Viátor, VI 78.00.0000. 

Junia (familia) VI SS. 

Júpiter, VII 127,:152, 201; X 
15, 18, 75; Liceo, VII 82; cf 
Zeus. . 

Júpiter (astro), XI 37, 


Labeón, cf. Atinio Labeón. 
Labeón (Marco Antistio), X 37. 


HISTORIA NATURAL 


Labeones (cognomen), XI 159. 

Laberio, IX 61, 

Lacides, X 51. 

Lámpido, VIT 133, 

Laódice, VIH 53. 

Leena, VI 87. 

Lenate, cf. Marco Popilio Le- 
nate, VIT 215. 

Léntulo, VIT 54, 

Lépido, cf. Emilio Lépido. 

Lépido (triunviro), VII 147. 

Lépidos, VI 51. 

Lesura, XI 240. 

Líber, VI 95, 109, 191; VIT 4; 
57-58, 76; XI 52. 

Licaón, VII 202, 205. 

Licinianos, VIE 62, 

Licinio (Publio), X $, 

Licinio Muciano, VH 36, 159; 
VIT 6, 201, 215; IX 33, 68, 
80, 94, 182; XI 167. 

Licinio Murena, TX 170 

Lido de Escitia, VII 197. 

Lino, VI 204, 

Lisandro, VIT 109. 

Lisímaco, VIIT 54, 143. 

Lisipo, VIT 125, 

Livia (esposa: de Rutilio), VII 
158. : 

Livia (ulia Augusta), VII 57, 
75, X 154, 

Lolia Paulina, YX 117-118 

Luceya, VIT 158, 

Lucilio, VII 195, 

Lucio Apronio, XI 213, 

Lucio Axio, X 110. 


ÍNDICE DE NOMBRES DE PERSONA Y DE DIOSES 


Lucio Casio, X 36, 

Lucio Cecilio Metelo, ef. Dia- 
demado. 

Lucio Consicio, VU 36. 

Lucio Cornelio, cf. Sila. 

Lucio Craso, IX 168, 

Lucio Domicio Ahenobarbo, VII 
136; VI 131. 

Lucio Elio, cf. Sejano. 

Lucio Fulvio, VII 136. 

Lucio Lamia, VI 173. 

Lucio Luculo, IX 89, 93, 

Lucio Luculo (cónsul), VIU 211; 
IX 170, 

Lucio Metelo, VH 139, 141, 157; 
VIT 16. 

Lucio Papitio Cursor, VII 213- 
214. 

Lucio Papirio (pretor), VII 40. 

Eucio Paulo, VII 214, 

Lucio Pedanio, X 35, 

Lucio Pisón, VII 17. 

Lucio Planco, VIT 55; IX 121. 

Lucio Sergio Catilina, cf. Cati- 
lina. 

Lucio Sicio Dentado, VIT 101. 

Lucio Terencio, VI 163. 

Lucio Tucio Vala, VII 183. 

Lucio Volusio Saturnino, VII 62, 
156; XI 223, 

Luculos, VIII 19, 

Luna, VII 1, 

Lúscinos (cognomen), X1 150, 


Macedónico, cf. Quinto Metelo 
Macedónico. 


601 


Macerión, cf. Atinio Labeón. 

Macrino Visco, XI 223, 

Madre de los Dioses, X1 261. 

Magno, ef. Pompeyo. 

Manilio (Lucio), X 4, 5. 

Manilio (Manio), VII 47. 

Manio Acilio, VI 121. 

Manio Curio Dentato, VII 68, 
166; IX 118. 

Manio Juvencio Talna, VI 182. 

Manio Máximo, VI 75, 

Manio Valerio Mesala, VIT 214. 

Marcelo, Marco Claudio, VI 121, 
149; VIII 65; XT 189. 

Marcio, VIT 119, 

Marco Agripa, cf. Agripa. 

Marco Antonio, VU 56, 117, 134, 
147; VII 19, 55; XX 119-120, 
121-122; X 110, 

Marco Apicio, cf. Apicio, 

Marco Aponio, VII 163. 

Marco Aufidio Lurcón, X 45. 

Marco Celio Rufo, VII 165. 

Marco Claudio Marcelo (cónsul), 
VII 92. 

Marco Escauro (cónsul), VII 
128; VIII 223. 

Marco Escauro (edil), VII 64, 
96; IX 11. 

Marco Fabio Ambusto, VII 133, 

Marco Fidustio, VII 134, 

Marco Lenio Estrabón, X 141. 

Marco Lépido (cónsul en el 78 
a, C.) VIL122, 186; X 50, 

Marco Licinio Craso, cf. Craso, 

Marco Lolio, IX 118. 


602 


Marco Mesala, VIH 98; VIT 131. 

Marco Mucio Félix, VIT 163, 

Marco Ofilio Hílaro, VIT 184. 

Marco Perpenna, VII 156, 

Marco Pisón, VII 98; VIH 131. 

Mareo Pomponio, VII 158. 

Marco Popilio Lenate, VI 215, 

Marco Sergio Silo, VIT 104, 106. 

Marco Servilio, X 124, 

Marco Seyo, X 52, 

Marco Silano, VI 58. 

Marco Terencio, VI 163. 

Marco Terencio Córax, VII 182. 

Marco Terencio Varrón, cf. Va- 
rrón. 

Matco Tulio, ef. Cicerón. 

Marco Valerio Corvino, VI 157, 

Marco Valerio Mesala Corvino, 
VIL 90. 

Marco Valerio Mesala Níger, VI 
55, 

Marco Valerio Mesala Rufo, VII 
173. E 

Mario, VII 187; X 16, 36; XI 
189, 252. 

Marsias, VII 204. 

Marte, VII 201, 209, $ 

Masinisa, VI 61,156... .... 

Masurio, VI 40,:135; X 20, 

Mecenas, VI 148, 172; VI0-170; 
IX 25. 

Medea, VI 126. 

Medio, X 33. 

Megástenes, VIE22, 25, 29; VIT 
36, 

Melampo, VI 119; X 137. 


HISTORIA NATURAL 


Mecleagro, X 74, 

Memnón, X 74, 

Menandro, VI 111; VIH 14. 

Menécrates, XI 17. 

Menfis, VIII 185, 186. 

Menógenes (cocinero), VIT 54, 

Menógenes (histrión), VI 55, 

Menón, VII 193, 

Mentor, VI 127; VIU 56, 

Mercurio, VI 191, 192, 204, 

Mercurio (astro), X137. 

Mesala, cf. Valerio Mesala. 

Mesala Corvino, VII 90; X-52, 

Mesala Rufo, VI 173. 

Mesalina, X 172. 

Mesalino Cota, X 52. : 

Metelo, cf. Lucio, Quinto. 

Metelo (Nepote), VII 54. 

Metelo (pontífice), XI 174, 

Metelo Escipión, cf. EA pon 
(Quinto). 

Metelos, VH 146. 

Metimanno, VIH 61. 

Metrodoro de Escepsis, VI 89; 
VI 36. 

Midácrito, VII 197, 

Midas, VI 204, 

Midias de Mesenia, VII 200. 

Milón, VI 83. 

Minerva, VH 97, 210; VII 204; 
Xx 30. 

Minos, VIH 209, 

Mirmécides, VII 85. - 

Místico, VII 184, 

Mitridates, VI 88, 98, 112, 124. 

Miyácores, X 75. pd 


ÍNDICE DE NOMBRES DE PERSONA Y DE DIOSES 


Mnesigitón, VII 47. 
Muciano, cf. Licinio Muciano. 
Mucio, X 20, 


Nasica, ef. Escipión. 

Nausícrates, VI 210, 

Némesis, XI 251... 

Nepote (Cornelio), TX 61,137; 
X 60. 

Neptuno, 1X 27,55; XI 195 

Nequepso, VII 160. 

Nerón, cf. Tiberio. 

Nerón, VII 45-46, 58, 71, 129; 
VIT 21-22, 145, 196; X 154; 
XI 144, 238, 262, 

Nevio Polión, VI 74, 

Niceo, VII 51.. 

Nicias de Mégara, VII 44, 

Nicocles de Pafos, XI 167, 

Nicomedes Il, VII 144, 

Nicomedes II, VIM 157, 

Nicomedes II, VI 127. 

Nigidio,. VII 66; VII 205, 223; 
IX 135; X 37, 39, 106; XI 
97, 140. 

Ninfodoro, VII 16. 


Ocelas (cognomen), X1 150... 
Ofilio, VIT 158. 

Óleno, X 51. 

Olimpionicas, VIII 82, 
Onesícrito, VII 28. 

Opio, XI 252. 

Opio Capitón, VII 63. 

Ops Auxiliadora, XI 174. 
Optato, IX 62. 


603 


Orata, cf. Sergio Orata 
Orestes, VIL 74, 
Orfeo, VI 203, 204. 
Orfito, VIL 39, 

Orión, VI 73. 

Oto, VI 73. 


Palamedes, VII 192, 198, 202, 

Pan, VII 204, 

Pánfile, XI 76. 

Pánfilo, VI 54, 

Pansa (cognomen), X1 254, 

Papirio Carbón, cf. Gneo Papi- 
rio Carbón. 

Páralo, VI 207. 

Paris, VII 55. 

Patérculo, VIT 120. 

Patroclo, VI 12, 

Pedio, VI 151. 

Peletronio, VI 202. 

Pentesilea, VII 201. 

Periandro, IX 80, 

Pericles de Atenas, VII 209. 

Perseo, VIT 201. 

Perseo, rey de Macedonia, VII 
86. 

Perses, VIT 201. 

Peto (cognomen), X1 150, 

Petosíride, VII 160. 

Pezonte, VII 129. 

Pictóreo, VI 154, 

Piedad, VI 121... 

Píndaro, VIT 109, 

Pirgóteles, VI 125, 

Pírodes, VII 198. 

Pirro (hijo de Aquiles), VIT 204, 


604 


Pirro (nombre de perro), VITI 
144, 

Pirro (rey), VU 20, 88, 213; VIT 
16, 18, 176; X1 186, 197, 

Pirrón, VII 80. 

Piscis, IX 71. : 

Piseo, VI 201, 209. - 

Piteo, VIT 205. - : 

Pitio, cf. Apolo. 

Planco (cognomen), XI 254, 

Platón, VII 110; XI 55, 

Plauto (cognomen), X1 254, 

Pléyades, IX 53, 69,74, 162; XI 
13, 30, 41-43, 102. 

Polibio, VI 31, 47. 

Polidamante, VIH 165. 

Polignoto de Atenas, VII 205. 

Pompeyo (Sexto), VII 178; IX 
55 

Pompeyo Magno, VII 34, 53-54, 
81, 93-97, 112, 115, 135, 158, 


179; VI 4, 20-21, 53, 64, 70, 


84; IX 170, 173. 
Pomponio, VII 39, 
Pomponio, (cónsul), VII 80, 
Popea, XI 238. 
Popeo Sabino, Gayo, VII den 
Porcia, VII 100. y 
Posidonio, VII 112. 
Postumio Albino, cf. Aulo Pos- 
tumio, 
Postumio Albino, Lucio, Xi 186. 
Póstumo, cf. Agripa. 
Praxiteles, VII 127. 
Preto, VIT 200, 
Procilio, VIHL4, 


HISTORIA NATURAL 


Proculeyo, VII 143, 

Prometeo, VIT 198, 209: 

Protógenes, VII 126. 

Prusias, VII 69, 

Psilo, VH 14. 

Ptolomeo I Soter, VII 123, 208. 

Ptolomeo II Filadelfo, VII 203; 
IX 6; X 51. 

Ptolomeo TV Filópator, VI 208. 

Ptolomeo, VII 14. 

Publicio, VII 53. 

Publilio, VII 209. 

Publio (Escévola), VIES3. 

Publio Cacieno Filótimo, VIE122, 

Publio Cornelio Rufo, VII 166. 

Publio Fabio Máximo, VII1:65. 

Publio Léntulo Espínter, IX 137. 

Publio Licinio Craso, VI 36. 

Publio Nigidio Fígulo, cf. Ni 
gidio.-:-' 

Publio Quincio Escápula, VI 
183, ó 

Publio Rutilio Rufo, VIT: 122; 
158: 

Publio Servilio, VII 103, 

Publio Servilio (tribuno), VII 
210, 

Publio Servilio Pansa, VIT 182. 

Publio Silio, VIO 145. 

Publio Ventidio Baso, VIT 135, 


Quersifronte de Cnoso, VI 125. 
Quilón, VIT 119, 180, 

Quincio, cf. Gayo, Publio. 
Quinto Axio, VIII 167. 

Quinto Emilio Lépido, VH 181. 


ÍNDICE DE NOMBRES DE PERSONA Y DE DIOSES 


Quinto Ennio, cf. Ennio. 

Quinto Fabio Gúrgite, VII 133, 

Quinto Fabio Máximo (cónsul 
en el 121 a. C.), VI 166. 

Quinto Fabio Máximo (cónsul 
en el 45 a. C.), VIT 181. 

Quinto Fabio Máximo Cunctá- 
tor, VI 156. 

Quinto Hortensio, VIT 211. 

Quinto Marcio Filipo, VI 214, 

Quinto Metelo (hijo de Lucio), 
VIH 139, 142. 

Quinto Metelo Macedónico, VH 
59, 142-144, 146. 

Quinto Metelo, cf. Baleárico. 

Quinto Plaucio, X 5....:.. 

Quinto Sulpicio, VIE 158. 

Quinto Tuberón, VII 65. 

Quinto Volusio Saturnino, VIH 
62. 

Quirino, VU 213, 

Quirites, XI 150, 

Quirón, VII 196, 


Radamanto, VIT 191. 

Ratumenna, VII 161. 

Rebilo, cf. Gayo Rebilo, 

Régulo, VI 37, 

Rómulo, IX 136 

Roscio, VI 117. 

Roscio (cómico), VI 129, 

Rubrio, VU 55, 

Rulo, VIII 210. 

Rusticelio, VIT 83, 

Rutilio Rufo, cf. Publio Rutilio 
Rufo, 


605 


Salón, VI 61. 

Salonianos, VII 62. 

Salustio, VH 75, 

Salvio, cf. Fufio. 

Salvitón, VI 54, 

Samirámide, VI 207; VI 55. 

Sámula, VII 159. 

Sanco, VIO 194, 

Sannio, VI 55. 

Saturnino, cf. Volusio. 

Saturno, VII 196, 

Saufeyo, cf. Apio Saufeyo y Dé- 
cimo Saufeyo, 

Secundila, VIL 75. 

Sedígitas, XI 244. 

Sedígito, cf. Volcacio. 

Sejano, VI 129; VII 197, 

Séneca, IX 167. 

Serapión, VIT 54, 

Sergio Orata, IX 168-169. 

Sertorio, VU 96; VI1.117. 

Servilio, cf. Gayo Servilio Pan- 
sa y Publio Servilio, 

Servio Tulio, VII 194,:197. 

Sexto Palpelio Histro, X 35. 

Sexto Papinio, X 5. 

Sexto Pompeyo, cf. Pompeyo. 

Sibila, VI 119, 

Sicandro, VIT 227. 

Sila, VII 96, 134, 137-138, 183, 
187; VI 53; IX 123; XI 114, 

Sileno, VI 199. 

Silones (cognomen), XI 158. 

Simos (cognomen), XI 158. 

Simónides, VIT 89, 192, 204, 

Sinón, VI[ 202. 


606 


Sirio, VII 152; X 87. 
Sócrates, VIT 79, 118, 120. 
Sófocles, VII 109, 180. 

Sol, VI 197; X 4. 

Sol (astro), VII 1. 

Sudinas, EX 115 
Suilio Rufo, VIL 39. + 
Sulpicia, VIE 120, 

Sura, VI 55, 

Suro, VII 11. 


Tácito, cf. Cornelio Tácito. 

Támiris de Tracia, VII 204, 

Tánaquil, VIII 194. 

Tarquinio, VIH 153: 

Taurón, VI 24, 

Teodoro de Samos, VII 198. 

Teofrasto, VII 195, 197, 205; VIH 
104, 111, 128, 173, 222; IX 
28,175; X 79; XI 281. 

Teopompo, VII 154. 

Terencia, VH 158. 

Tereo, X 70. 

Termodonte, XI 59, 

Terpandro, VII 204, 

Tertula, VH 163. 

Teseo, VIT 200, 202, 205. 
Tiberio, VII 84, 149-150; IX 9- 
10; X 121, 154, : 

Tiberio Claudio, cf. Claudio, 

Ticio Sabino, VIII 145. 
Tifis, VI 209, 
Tigranes, VII 98. 
Timarco, XI 167. 
Timómaco, VI 126. 
Timón, VII 80. 


HISTORIA NATURAL 


Timoteo, VIT 204, 

Tiquio de Beocia, VII 196. 

Tiresias de Tebas, VII 203. 

Tiridates, VI 129. 

Tirreno, VI 201, 209. 

Tito Cecilio Teucro, VIT 101. 

Tito Fulonio de Bolonia, VII 159. 

Tito Hetereyo, VII 184, 

Tito Romilio, VII 102, 

Toante, VII 197. 

Toante (de Arcadia), VIT 61, 

Toranio, VI 56. 

Torcuato, VIH 195, 

Toxio, VII 194, 

Trasón, VIT 195. 

Trebio Nigro, IX 80, 89, 93; X 40. 

Trifón, ef. Ptolomeo IV Filópator. 

Triptólemo, VIT 199. 

Tritano, VII 81. 

Trogo Pompeyo, VII 33; XT 229, 
274,276, X 101. 

Tuberón, cf. Gayo Elio Tuberón 

Tucídides, VI 111, 207. 

Tulo Hostilio, IX 136. 

Turranio, IX 11 


Umbracio, X 19. 


Vacia (cognomen), X1254., 

Valeria, VII 69. 

Varo, VII 150. 

Varo (cognomen), X1 254. 

Varrón, VI 13, 75, 81, 83, 115, 
176-177, 211, 214; VIT 104, 
167, 194; IX 174; X 110, 

Vatinio (cognomen), X1 254. 


ÍNDICE DE NOMBRES DE PERSONA Y DE DIOSES 


Vedio Polión, IX 77, 167. 

Venus, VII 120, 126; VII 20; 
155; IX 80, 116; 121, 

Venus (astro), XI 37. 

Verrio Flaco, VII 180; VII 17; 
IX 77, 

Vespasianos, VII 162. 

Vesta, VI 141, 

Vibio, VI 53. 

Vinnio Valente, VI 82, 

Vipstano, VII 84, 

Virgilio, VI 114; VII 162, 


607 


Vistilia, VIL 39. 

Vitetio, XI 187. 

Volcacio Sedigito, XI 244. 

Volusio, cf. Lucio Volusio Sa- 
turnino y Quinto Volusio Sa- 
turnino. 

Vulcacio, VIII 144. 

Vulcano, XI 40. 


Zeus, VI 210, 
Zocles de Samotracia, X1 167, 
Zoroastro, VII 72; XI 242. 


ÍNDICE DE TOPÓNIMOS Y ÉTNICOS 


Abarimo, VI 11. 

Acarnania, IX 115, 

Acaya, VII! 167. 

Accio, VII 143; IX 115; XI 195, 

Adriático, IX 53, 

África, VIE 14, 16, 32, 36, 96; 
VII 4, 24, 31- 32, 38-39, 42, 
45, 47, 57, 63, 80, 104, 108, 
120, 125, 131, 174, 228; IX 
26, 38, 127; X 132, 201-202; 
X1 33, 105, 124, 283. 

africanos, VIE 200; X 1, 22, 74, 

Agrigento, VIII 155, 

Albania, VI 12; VII 149. 

albanos, VIL98. : 

Alejandría, VH. 125; VIH 196; 
IX 123. 

alóbroges, VII 166. 

Alpes, VII 9, 56, 96; VII! 132, 
140, 191, 214, 217; IX 63, 
69; X 56, 77, 133-134, 186; 
XI 130, 240. 

Alpes Ceutrónicos, XI 240, 

Alpes Dalmáticos, XI 240. . 


Amiclas, VIT 104, 

Amilo, VII 2, 

Anfípolis, X 23. 

Anto, VII 81. 

antropófagos, VU 11-12, 

Apenino, VIH 162; VII 227; X 
78; XI 241. 

Apia, X 122. 

Apulia, VI 190; X 127, 

Aqueloo, VIH 45; X1 267. 

Aquino, VII 176. 

Aquitania, IX 68. 

Arabia, VI 74; VHI 67, 141, 
190, 212; VIN 35; FX 106, 
115; X 3-4, 97. 

Árabis, VIT 30; IX 7. 

Arcadia, VIT 151, 205; IX 70; X 
207. 

árcades/arcadios, VII 154-155; 
VII 61, 81-82, 167; X 87 

Areópago, VIT 200, 

Arginusa, VIII 225. 

Argos, VII 36, 194, 198, 

Argos Dipsio, VII 195. 


610 HISTORIA NATURAL 


arimaspos, VIT 10, Beocia, VIH 196; VII 226; X 
Arlés, X 116. 74,78. 

Armenia, VII 98, 129, beocios, X 49 

arvernos, VII 166, Bética, VII 191; IX 89; X 124; 
Ásculo, VI 135, XI 196. 

Asfaltites, VIL 65. Bitinia, VII 144; XI 241. 


Asia, VU 56, 58, 98-99; VII 39, — bitinios, VII 69, 
44, 179, 190-191, 196; TX 50, Bizancio, VII 51; IX 50, 51. 
127; X 62, 79, 124, 132; XI  Boario (foro), X 79, 


92, 205, Bolonia, VII 159, 163. 

Asiria, XI75, 78. Boristenes, VII 12; IX 45. 
asirios, VII 192, 203, Bósforo, IX 58. 

Astipalea, VIII 140, Bósforo Tracio, IX 50, 115, 
ástomos, VI 25, 26. brigantino, IX 63. 

Ástrago, VIL 31. Brileto, XI 190, 206. 
ástures, VII 166. Britania, IX 116; X 56. 
Atenas, VH 84, 109-112, 125, —Brixilo, VII 163. 

194, 197-199; X 30, Brundisio, X 141, 
atenienses, VII 123; VIO 175; 

XI 42, cabelludos, XI 130. 

Ática, VIL191; X 33, 78;X132.  Cadara, IX 6. 
áticos, VI 200; XI 40, Cádiz, IX 68. 
Atos, VII 27. Cadmo, X 75, 
Calcedón, IX 50, 51. 
Babilón, VI 196; IX 27. Cálcide, X 48. 
Babilonia, babilónico, VII 193; — cálibes, VII 197; VI11 222. 

VII 196. E calingas, VIL30......- 
Bactriana, VII 67. - bn Campania, IX 62; X 110, 
Bagrada, VI 37. E Campo de Marte, VII 143, 
Baleares, VIN 140, 217-218, 226;  Cannas, VII 106, 180, 

X 133, 135, Cantaroletro, XI 99. 
bárbaros, VII 100, Canusio, VII 190, 191, 
basternas, VII 98. Capadocia, VIT 98; VII 173, 225. 
Baulos, IX 172, Capitolio, VIT 60, 103, 138, 143, 
Bayas, IX 25, 145, 182; VII 161; X 35, 51; 


Benaco, IX 75. X1I251, 


ÍNDICE DE TOPÓNIMOS Y ÉTNICOS 


Capua, VI 176. 

Carambi, X 60. 

Caria, VI 203; VIT 229; IX 33, 

carios, VI 200. 

Cárpatos, IX 62, 

Cartago, VI 47, 85; X 123. 

cartagineses, VI 208; VII 16, 
18, 55. 

Carteya, IX 92, 

Casilino, VIO 222. 

Casino, VI 36. 

Casitéride, VI 197. 

castabalenses, VIII 142, 

Catania, VI 214. 

catarcludos, VI 24. 

Caunos, XI 130, 

Cecropia, VIE 194. 

Cedicia, XI 241. 

Cefalonia, XI 95, 

Celtiberia, VIII 170. ' 

Ceos, VII 123. 

Cerne (isla), X 22, 

Ceutrónicos, cf. Alpes. 

Chipre, VII 113, 154, 195, 208; 
VI 114; X133, 119, 

Cícladas, VIN 104. 

cíclopes, VIT 9, 195, 197-198. 

cidoneatas, VIM 228, 

Cilene, X 87. dd 

Cilicia, VH 98; VIT 114, 203, 
225; XI 280. 

cimbros, VI-86; VIM 143. 

Cirenaica, VII 78, 221; X 79; 
XI 105. 

Cirene, VI 208; VII 227; XT 95. 

Cirnos, VIT 27, 


611 


Ciudad del Sol, X 4, 

Clazómenas, VII 174, 201, 

Clitorio, IX 70, 

Cnido, VIT 127; IX 80, 

Cnoso, VH 125, 154, 175. 

colofonios, VIII 142. 

Cólquide, X 132. 

Comagene, X 55, 129, 

Comata, cf. Galia, 

Comicio, VH, 181; X 5. 

Copas, VIT 209. 

Copto, X 94, 

Córcega, VIII 199, 

Corfinio, VII 186. 

Corinto, VII 198, 207. 

coromandas, VII 24, 

Cos, XI 76-77, 

Cremona, VH 105, 

Creta, VU 73,98, 197, 204; VMI 
227; X 76; XI 33. 

cretenses, VII 201 

Criu Metopon, X 60, 

Cuerno de Oro, IX 50. 

Curetes, VII 204. 


Dacios, VI 50. 

Dáctilos del Ida, VII 197. 
Dalmáticos, cf. Alpes. 
Danubio, IX 44, 

dardas, X1 111. 

Delfos, VII 109, 119, 151. 
Delos, X 139, 

Dióspolis, VIE 194, 
dorios, VII 204, 


Éfeso, VI 125, 127. 


612 


Egeo, IX 52. 

egipcios, VII 155, 192, 194, 
196, 200, 203, 205; X 75; 
XI 184 

Egipto, VIL 33, 35, 39, 111, 125, 
206; VII 13, 80, 88, 97, 132, 
184, 191; IX 68, 119; X 5, 
32, 94, 130, 134, 147, 153, 
1836, 208; XI 89, 111, 253, 
272, 

Élafo, VII 225. 

eleos, X 75, 

Eléutero, IX 36. 

Élide, VI 84, 

Emérita, IX, 141. 

Eoo (mar), X 58. 

epios, VII 154. 

Epiro, VIII 142. 

epirotas, VIII 176, 

Ericena, X 124, 

Éritras, X1 111, 

eritreos, VI 207, 

Escandinavia, VIII 39, 

Escepsis, VII 89; XI 205, 

esciápodas, VI 23, 

esciratas, VIT 25, 

escitas, VII 9, 11, 98; VIII 123, 
156; X1279. rigida 

Escitia, VI 17, 198; vin 38; Xx 
97, 136; X1 90. 

Esmirna, VII 36, 

Espoleto, X1 190. 

Estoidis, IX 106, 

etiopes, VII 6, 21; VI 32, 69, 
131; X 1, 122; — asaqueos, 
VII 35; — cinamolgos, VIM 


HISTORIA NATURAL 


104; — hesperios, VHI 77; 
— macrobios, VII 27; -— nó- 
madas, VI 31. 

Etiopía, VII 17, 31; VII 26, 31, 
35, 70, 72, 74, 107, 199, 216; 
X 3, 74,136, . 

Etolia, VI 154.. 

etolios, VIT 201. 

Etruria, XI 241. 

etruscos, X 11, 37, 

Eubea, XI 42, 191. 

Eufrates, VII 229. 

Europa, VI 45; 1X 50, 127, 


faliscos, VH 19. 

fármacos, VH 17. 

Faros, X1 90, 

Farsalia, VIH 55. 

Fársalo, VII 94, 

Fasis, VII 120. 

Favencia, VI 163, 

Fenicia, VII 192, 195; IX 59, 97. 

Fenicia (mar de), IX 36. 

fenicios, VII 197, 201, 208-209. 

Feras, VI 166, 

Fíala, VIO 186. 

Fidenas, X 78,: 

Fiésole, VIL 60. :: 

Filipos, VII 148, 

Frigia, VII 197; VIII 174; XI 
125, 

frigios, VIT 199, 202, 204; VIN 
196. 

Fúcino, IX 73. 


gábales, X1 240, 


ÍNDICE DE TOPÓNIMOS Y ÉTNICOS 


gaditanos, VI 156. 

Galacia, IX 141. 

galaico, VII 166. 

gálatas, VII 158 

Galeria, VH 163. 

Galia Belga, VI 76, 

Galia Comata, X1 130... 

Galias, VII 105; VI 84, 104, 
148, 192, 196; IX 9, 14, 76; 
X 131, 133; XI 241. 

galos, VII 103; VII 70, 191. 

Ganges, VII 25; IX 4, 46. 

garamantes, VIII 142, 178. 

Germania, VII 84; VHI 38; IX 
45; X 53, 72, 132; X1 33. 

Ges Clitron, VU 10. 

Getulia, VII 48, 54, 

getulos, VI 20; X 201. 

Gíara, VIK 104, 222, 

gimnetes, VIT 28. 

Grecia, VI 8, 76, 79, 89, 113, 
118-119, 123, 175, 192-193, 
195, 205-206, 210, 212; VII 
44, 81, 111; X 57, 127; XI 
114, 130, 147, 197, 202, 251. 


Hadria, X 146. 

Helesponto, VII 13, 206; vu 
225. E 

Hcraclea, IX 176- 177. 

Heracleótica (boca), X 94, 

Hercinia, X 132, 

Hiberia, VU 98. 

Hibla, XI 32. 

Himeto, XI 32. 

Hípanis, XI 120. 


613 


Hipona Diarruto, IX 26. 

hircanos, VIO 66. 

hirpos, VIT 19, 

Hispania, VI 104, 117, 130, 166, 
191, 199, 217, 226; IX 49; X 
57, 133; XI 18. 

Hispania Ulterior, VII 96. 

Histria, VIN 191. 

Histro, IX 53, 


Ibiza, VIII 226; IX 68. 

Hlión, X 74. 

lliria, VO 16; X1 255. 

ilirios, VII 123, 

lírico, VIT 149, 155, 

Ímavo, VI 11. 

India, VII 21, 24, 23; VII 3-4, 
7, 24, 32, 35-36, 76, 120, 
123, 125, 141, 148-149, 176, 
212; IX 11, 46, 71; X 3, 117, 
136; X1103, 111. 

indios, VII 25, 30; VIE 3, 27; 
IX 106; — nómadas, VI 25; 
— orseos, VII 76. 

Índico (mar, cf. océano Índico), 
IX 4, 8, 35, 113. 

ínsubres, X 77. 

Ísara, VIL 166. 

Istmo (de Corinto), VI 205, 

Ítaca, VII 226. 

Italia, VI 15, 39, 113, 149, 152, 
160, 164, 211; VUI 16, 37, 
38, 64, 80, 90, 104, 167, 190, 
225, 227; IX 63, 69; X 130, 
132, 135; XI 43, 89, 105, 

Italia Transpadana, X 77. 


614 


Jaso, IX 27, 33: 
Jonia, X 133, 

Jope, IX 11, 

Judea, VU 65; 1X 11. 
judíos, VI 98. 


Lacedemón, VU 84, 
lacedemonios, VII 109,133, 200; 
X 49; X1 185. 
Lacio, VU 136; X 41. 
Laconia, IX 127. 
laconios, X 177-178 
Lanuvio, VII 221. 
Laodicea, VIH 190, 
Lario, IX 69; X 77. 
Látera, IX 29, 
Latmo, VITI 229, 
Lebadea, VIII 226. 
Lecto, 1X 62. 
Lemnos, XI 106. 
lestrígones, VI 9. 
Libia, VII, 48; X 201 
Liburnia, VIH 191. 
Licaonia, VI 174. 
Licia, VIII 225; IX 149, 
licios, VIII 143. 
Lico, IX 177, 
lidios, VII 196. 
Liguria, XI 241, 
ligures, X 71. 
Lilibeo, VII 85. 
Locros, VIH 152; XI 95, 
Lucania, VIII 16. 
Lucrino, IX 25. 
Lugdunense, IX 10. 
Lusitania, VI 166, 191; TX 141. 


HISTORIA NATURAL 


lutmios, VI 155. 


Macedonia, VI 111; VIH 227; 
XI 267, 

maclias, VI 15. 

macrobios, VII 28-29, 

magnesios, VII 126. 

Malca, EX 149, 

mandos, VIT 29. 

Mar Nuestro, IX 93,115. 

Mar Rojo, VII 97, 206; IX 6, 
35, 68, 106, 113, 

Marsella, VI 186, 

marsos, VH 15, 34; VIN 221; 
IX 168. 

Masesilia, X 22, 

Mauritania, VIT 2,32; IX 115. 

Media, X1 113. 

Mégara, VII 196. 

Melos, X 48. 

Mentfis, VIII 185-186, 

Meninge, IX-127. 

menisminos, VIT 31. 

Meno, IX 45, 

meotas, VIT 97, 

Meótide, X 23. 

Mesenia, VII 200. 

Mesia, VIM-225. * 

Mesto, VIO 45, 

miconios, XI 130. 

Milesia, XI 95. 

Mileto, VIH 203, 205, 

Mincio IX 75. 

Mirinte, VIM 229, 

misios, VI 206. 

Módena, X 110, 


ÍNDICE DE TOPÓNIMOS Y ÉTNICOS 


monocolos, VI 23. - 

morinos, X 53, 

Nápoles, IX 170, 

Narbonense, VII 191; IX 29, 
59, 

nasamones, VI 14, 15. 

Naupacto, IX 28. . 

Naxos, X1 191, : 

Nemauso, IX 29; XI 240, 

Nicea, VIT 12. 

Nigris, VI 77. 

Nilo, VI 33, 206; VII 77, 89, 
91-92, 95, 141, 149, 186; IX 
44; X 94, 

Niso, VIH 141. 

nómadas (indios), VIT 25. 

Nulo, VU 22, 

Numancia, VII 37; X 123. 

Numidia, VIH 131; X 132. 


Occidente, VII 24, 96, 112, 
170. 

Océano, VI 31, 136; X 22, 131. 

océano Británico, VIT 206. 

océano de Getulia, IX 127. 

océano Gaditano, IX 10, 12. 

océano Gálico, IX 8, 

océano Índico, IX 106... 

océano Septentrional, IX 64 


ofiógenes, VI 13. 

Olimpia, VI 86, 119, 127, 133, 
152, 205; VIN 82; X 28, 180. 

Olimpo, VII 227, 

Olinto, X199. 

Olisipón, VII 166. 


615 


olisiponenses, IX 9, 

Opunte, VIII 163, 

Orcómeno, VII 226. 

Oriente, VII 97, 98, 112; VII 
67; XI 136, 261. 

oritas, VIE 30, 

Ostia, VIL 33; TX 14, 62. 


Paflagonia, VI 98; IX 178; XI 
183. 

Palatino, VIT 210. 

Pancaya, VI 197; X 4. 

pandas, VIT 28, 

Panfilia, X1 280. 

Pangeo, VII 197. 

Panonia, VU 148, 

Panteón, IX 121. 

Pario, VIT 13. 

Parma, VII 163. 

parrasio VIII 82. 

partos, VII 79, 135; VII 191; 
X 132, 140; XI 92, 106. 

pelasgos, VII 193. 

pelignos, XI 33, 

Pelio, VIT 202. 

Peloponeso, V11 33; X 33, 

Pelusio, X 87. 

Peonia, VIT 40. 

Pérgamo, VIL?, 28, 31; X 50, 

Perímula, IX 106, 

persas, X 185. 

Pérsico (golfo), IX 106, 

Perusia, VII 148. 

Piacenza, VII 105, 163. 

pigmeos, VII 26-27; X 58. 

Pirineos, VII 96, 


616 


Pisa, VI 181. 

Pisauro VI 123, 

Piscinas, VII 191, 

Pitonos Come, X 62. 

Placencia, VIH 144, 

Plateas, VI 209. : 

Po, VII 162; VI 190; TX 44; X 
135, 

Polencia, VII 191, 

Ponto, VII 17, 98; VHI 36, 109, 
132, 167; IX 47, 49-52, 98; X 
60, 78, 200; XI 59, 120, 194. 

Poroselena, VIH 226. 

Proconeso, VI 10, 49, 174. 

Propóntide, IX 50, 52, 94; XI 
190, : 

Prusa, VU 124, 

psilos, VII 14; VIII 93; XI 89, 

Putéolos, VII 6; IX 25. 


Quetidonias, IX 180, 
quelonófagos, IX 38. 
Quersoneso, XI 190; 


Ravena, IX 169, 

Reate, TX 173, 

reatinos, VI 156, 167, 

Recia, IX 63, 

recienses, VII 104, 

Rediculo, X 122, 

Regio, XI 95, 

Rímini, VI 163; X 50, 

Rin, IX 44, 

Ríndaco, VIU 36. 

Rodas, VII 110, 126, 182, 208; 
X 48, 76. 


HISTORIA NATURAL 


rodios, VIT 208. 

Roma, VII 19, 62, 86, 103, 115, 
120-121, 136, 140, 176, 181, 
212, 214-215; VII 4, 16, 18- 
19, 37, 53, 55, 65, 69, 70, 
96, 144, 182; IX 11, 63, 67, 
121-122, 123, 136-137; X 5, 
20-21, 45, 53, 71, 78-79, 124; 
XI 49, 223, 240-241, 

romanos, VII 113, 118-119, 136, 
187, 211; X 52, 121, 123; XI 
105, 


Sagunto, VIT 35, 

Salacia, VIII 191. 

Salamina, VII 76, 208. 

samnitas, VII 81. 

Samos, VII 198, 209; VI 58. 

sántones, IX 10, 

Sardes, VIH 196. 

sármatas, VIII 162. 

saurómatas, VII 12, 

Seleucia, X 132. 

Septentrión, VII 39; IX 76. 

seres, VIH 27. 

Serifos, VIH 227. 

Sesto, X 18, 

Sexi, VII 225. 

Síbaris, VI 86. 

sibaritas, VII 157, 

Sicandro, VII 227. 

Sicilia, 96, 148,156, 178, 180, 
191, 211, 214; VII 16, 111; 
IX 55; X 90; XI 32-33, 89, 
110. 

Sición, VIT 84, 194. 


ÍNDICE DE TOPÓNIMOS Y ÉTNICOS 


Sidón, VO 172. 

Siracusa, VO 125; VIM 14, 56; 
X 153. 

siracusanos, VII 208; VI 56, 

sírbotas, VI 31. 

Siria, VU 53, 98; VIH 45, 56, 62- 
63, 198, 229; X 55; XI 106. 

sirios, VIT 192, 201. 

Siros, VIE 172, 205. 

Sirte Mayor, VII 14. 

Sirtes, VI 32, 203; IX 149. 

solitanos, 173. 

Soracte, VI 19. 

Suesa Pomecia, VII 69, 


Tajo, VII 166. 

Tanagra, X 48. 

Tapróbane, VIE 30; IX 106. 

Tapso, VI 94, 

Tarento, VII 190-191; IX 137; 
Xx 77. 

Tarne, XI 190, 206. 

Tarpeya, roca, VII 143, 

Tarquinios, VII 211; IX 173 

Tartesos, VI 154. 

Tasos, VU 209, 

Tauro, IX 180. 

Tebas, VIT 109, 126, 195, 203; 
VII 154; X 70. 

Tempsi, VIT 159. 

Ténaro, IX 28. 

Téntiris, VIII 92, 

Tesalia, VIT 35; VIN 104, 227; 
X 31, 62. 

tesalios, VIT 202; VII 182; X 
180, 


617 


Tíber, VI 145, 

tibios, VI 17. 

tirintios, VIL 195, 

Tiro, VI 208; IX 127, 137, 

Tmolo, VIT 159, 

Torone, EX 100, 148, 

Tracia, VIT 204; X 23, 70; XI 99, 

tracios, VII 206; X1 245, 

Tralles, VH 34, 

Trasimeno (lago), VII 106. 

Trebia, río, VII 106. 

Trecén, VIT 204, 

Tréveris, XI 262. 

tribalos, VI 16. 

trispitamos, VII 26. 

Tróade, IX 62; X 1836. 

trogloditas, VII 23, 31; VIIL 26, 
32; IX 38; XI 125. 

Troya, VI 192, 202, 205. 

troyanos, VI 206, 

túrdulos, VI 71. 

tusculanos, VII 136. 


Umbría, XI 241. 
Útica, VIL 62, 113; XI 189. 


Vaticano, VIT 37. 
Veleya, VII 163. 
Veliterno, VII 140, 
Verbano, IX 69; 
Verona, IX 75, 
Veyos, VIN 161. 
voconcios, VII 78. 
Volterra, X 71, 78. 


Yolco, VIT 205. 


ÍNDICE DE ANIMALES TERRESTRES 


acémila (ueterinus), XI 149, 169, 


216, 265. 

aclis (achlis), VI 39. 

adace (addax), X1 124 (cf. es- 
trepsicerote). 

alce (alces), VII 39. 

anfisbena (amphisbaena), VIM 
85. 

. antílope (dama), VIH 149; XI 
124. 

ardilla (sciurus), VI 138; XT 245, 

asno (asinus), VII 39, 72, 124, 
167-172; 1X 7; X 180, 204, 
205; X1-70, 115, 169, 183, 
- 191,215, 222, 233, 235, 237, 
265, 

asno índico (asinus hidicus) XI 
128, 255, 

asno salvaje (asinus ferus), VII 
72. 

asno silvestre (asinus siluestris), 
VII 108. 

áspid (aspis) VIT 85; X 208; 
XI 163, 


axis (axis), VU 76. 


basilisco (basiliscus), VII 78. 

becerra (bucula), VII 114. 

bisonte (bison), VIH 38, 

«boa» (boua), VII 37. 

bonaso (bonasus), VII 40, 

«búbalo» (bubalus) VM 38; XI 
222, 

buey (bos), VII 67, 69, 95, 124, 
176-180, 183-184, 187; IX 
44, 45; X1 70, 116, 127, 161, 
169, 183-184, 203, 206, 217, 
226, 231, 233, 254, 265, 269. 

buey Apis (Apis bos), VII 184, 
186. 

buey cario (Caricus bos), VIM 
179, 

buey de pezuña compacta (bos 
solidis ungulis), VII 76. 

buey índico (Indicus bos), VI 
72. 

buey luca (Luca bos), VII 16. 

buey salvaje (bos ferus), VU 38. 


620 


buey sirio (Syriacus bos) VIH 
179, 

burra (asina), VII 170-172, 174; 
X 180; X1 233, 236-238, 


caballo (equus), VII 40, 49, 66, 
68-69, 76, 78, 95, 114, 142, 
154-166, 171-172, 182; IX 7, 
45, 67, X 1, 16, 116, 136, 
175, 181, 201, 212; XI 60, 
70, 131, 137, 141, 143, 160- 
161, 167-169, 183-184, 191- 
192, 229, 233, 264-265, 284, 

caballo alado (equus pinnatus), 
VIH 72. 

caballo asturcón (asturco), VII 
144, 166, 

caballo salvaje (equus ferus), VUI 
39, 

caballo tieldón (equi tieldones), 
Vu 166. 

cabra (capra), VEN 199-204, 214, 
228; X 115, 212; XI 116, 
141, 151, 161, 167, 222-233, 

238, 241. 

cabra montés (ibex), VI 214. 

cabrito (haedus) X1239. 

cachorro (catulus), VII 45; — 
de león, 51; — de tigre, 66. 

calitrique (callitrix), VI 216. 

camaleón (chamaeleon), VI 101, 
120; X:143; X1 91, 152, 188. 

camello (camelus), VUI 67-69, 
176, 209; X 173, 175, 179; 
XI 11, 164, 191, 236-237, 
253-254, 261. 


HISTORIA NATURAL 


camelopardal (camelopardalis), 
VII 69, 

cangrejo (cancer), VII 97, 98; 
XI 62, 129, 152, 258-259, 

caracol (coclea), VII 139, 141, 
cf. índice de animales acuáti- 
cos, 

caracol de cueva (cavatica co- 
chlea), VI 140, 

carnero (aries), VIM 188-189; IX 
99; X 51; XI 124, 167. 

castor (fiber), VI 109, 111. 

catoblepas (catoblepas), VULT?. 

cefo (cephus), VII 70, 

cerasta (cerastes), VIT 85; X1125, 

cercopiteco (cercopithecus), VI 
7. 

cerda salvaje (sus fera), VII 212, 

cerdo (sus), VIH 121, 205-208, 
213; X 181-182, 184, 199, 
204; XI 90, 159, 161, 169, 
175, 179, 202-203, 207, 210, 
211, 213, 226, 233-234, 255, 
263,265, 279, 281. 

cerdo salvaje (sus ferus/agres- 
fis), VII 210, 212, 

cervatillo (hinnulus), VII 76, 
118; XI 128. 

chacal (thos), VIML 123; X 176, 
206. 

ciervo, -a (cervus, -a4), VII 36, 
38, 72, 76, 97, 101, 112-120, 
124, 225, 228; X 1, 17, 79, 
174, 182, 195, 200; XI 123, 
127-128, 135-136, 183, 191- 
192, 206, 222, 279, 


ÍNDICE DE ANIMALES TERRESTRES 


cinocéfalo (cynocephalus), VII 
216. 

cocodrilo (crocodilus), VII 89- 
91, 93, 96, 121, 149, 186; X 
170; XI 156, 159, 171, 204, 
226,249. / E 

comadreja (mustela), VII 45, 
79, 98, 226; X 204; X1 183, 
261, 

conejo (cuniculis), VIE 104, 217- 
218, 226; X 173; XI 196. 

cordero (agnus), VII 187, 198. 

cordo (cordus), VII 187. 

corocota (corocotta), VU 107. 

corzo (caprea), VNM228; X 197; 
XI 124, 191, 222, 

crocota (crocota), VU 72, 

culebra (anguis), VII 99, 229; 
X 188, 204. 


dasipodo (dasypus), VII 219; 
X 173-174, 179, 182; XI 229, 
239, 

dragón (draco), VIH 32-34, 61, 
99; X 17, 137, 197, 207; XI 
122, 197, 


eale (eale), VIH 73... 

elefante (elepkhans, elephantus), 
VII 1-34, 71, 73, 76, 101, 
149-150; IX 11, 46; X 128, 
173, 175, 179; X1 4, 160, 165, 
173, 203, 227, 233, 248, 263, 
269, 279. 

erizo (irenaceus), VIT 125, 133- 
134, 221, 228; X 174, 186. 


621 


escinco (scincus), VIT 91. 

esfinge (sphinx), VI 72, 

estrepsicerote (strepsiceros), VMI 
214; XI 124. 


gacela (dorcas), VII 225. 

gamuza (rupicapra), VII 214; 
XI 124, 

gato (feles), X 40, 174, 179, 202; 
XI 11, 151, 172. 


hiena (hyaena), VUI 105, 108; 
XI 151, 177, 183, 

hinno (hinnus), VII 174, 

hinnulo (hinnulus), VI 172. 

hipopótamo (equus fluuiatilis, 
hippopotamus/-ius), VI 73, 
95-96; IX 40; XI 160, 227. 

hurón (uluerra) VU 218; XI 
261. 


jabalí (aper), VI: 73, 76, 95, 
98, 149, 210, 212, 224, 223; 
X 16, 182. XI 160-161, 191, 
222, 264, 267, 280. 

jirafa (nabun) (camelopardalis), 
VII 69, 

jumento fiumentum), VI 39, 175; 
XI 116, 137, 159, 166, 214, 


lagarto (facertus, lacerta), VII 
97, 120, 122, 141; IX 87; X 
143, 174, 187-188; XI 34, 
90, 155, 171, 197, 204, 220, 
249, 264, 265. 

lalisión (lalisio), VII 174, 


622 


láurices (laurices), VI 217. 
lechón (minimus sus, fetus, alum- 
nus), VII 27; X1211, 234, 
león, leona (leo, leaena), VIH 41- 
58, 62, 72, 75, 107, 130, 136, 
149-150; X 47, 128, 173, 176, 
206; XI 4, 166, 172, 177, 214, 
229, 233, 245, 253, 255, 265, 
271. 

leontófono (leontophon), VII 
136. 

leopardo (pardus), VII 41-43, 
63, 70; X 202; XI 172. 

leucrocota (leucrocota), VII 72. 

licaón (lycaon), VII 123. 

liebre (Tepus), VI 217-219, 226; 
IX 155; X 97, 133, 179, 182, 
199; XI 147, 183, 190, 212, 
229, 239, 

lince (ym), VII 72, 137; X 173; 
XI 225. 

lirón (gls), VIT 223, 225, 

lobo, -a (Tupus, -a), VII 61, 70, 
72, 80-83, 123, 148, 227; X 
16, 173, 176, 199; XL 111, 
115, 151, 166, 177, 208, 245, 
261, 265. 

lobo cerval (chama) VI 70. 

lobo cervario (Iupus ceruarius), 
VIII 84; X1 202, 


macho cabrio (caper) VI 200, 
201. 

mangosta (ichneumon, mus ich- 
neumon), VIT 87-88, 90-91; 
X 179. 


HISTORIA NATURAL 


manticora (mantichora), VIA 75, 
107, 

mono (simia) VII 52, 72, 76, 
215-216; XI 165, 246-247, 
264. 

monocerote (monoceros), VM 
(E Elan 

muflón (musmo), VIM 199, 

mulo, -a (mulus, -4), VI 167, 
170-175; XI 191. 

musaraña. (mus araneus), VU 
227. 

musaraña (sorex), VII 223. 


nabun (nabun), VII 69. 

noto (nothus), VUL3. 

novilla (fuuenca ) X1 203. 

novillo (uitulus), VOI 183; XI 
70. 

nutria (futra), VII 109, 


onagro (onager), VIH 170, 174, 
225. 

órix. (oryx), VII 214; X 201, 
XI, 255. 

oso, -a (Ursus, -a), VIM 101, 124, 
125-131, 149, 228; X 174, 
199, 201; XI 132, 214, 235, 
249, 254, 261, 263-264, 277. 

oveja. (ouis/pecus) VII 188- 
191, 197-200, 202, 206; X 
212; XI 62, 115-116, 123, 
161, 167, 191, 200, 206, 233, 
241, 265. 

oveja ápica (ouis apica), VII 
198. 


ÍNDICE DE ANIMALES TERRESTRES 


oveja cubierta (ouis tecta), VI 
139, 

oveja de granja (ouis colonica), 
VIK 189. 

oveja eritrea (ouis Erythraea), 
VIn 191. 

oveja joven (agna), VI 188. 

oveja milesia (ouis Milesia), VII 
190, 

oveja salvaje (ouis fera), VUI 69. 


pantera (panthera), VIO 41, 59, 
62-64, 100; X 176; XI 172, 
183, 233, 236, 265, 

pegaso (pegasus), VIO 72, 

perro (canis), VIO 46, SO, 72, 
106, 112, 114, 125, 138, 142- 
153; IX 92, 158; X 51, 79, 
173, 176-179, 181, 212; XI 
116, 160, 166, 192, 199, 202, 
214, 233, 245, 247, 265. 

pigargo (pygargus), VIN 214, 

platicerote (platyceros), X1 123 

pollino (pullus), VUI 170; XI 
236. 

potra (equa), VII 156. 

potrillo (pullus), VI 171. 

puerco espín (hystrix), VII 125. 


ratón (mus, musculus), VI 29, 
98, 103-104, 126, 132, 221- 
222; X 128, 185-186, 200- 
202; XI 183, 191, 196, 213, 
265. 

ratón almizclero (nitela), VHI 
224. 


623 


rinoceronte (+hirnoceros), VI 71; 
Xx 173. 

rufio (rufius), VIT TO. > 

salpuga (solipuga), VI 104, 

«sátiro» (satyrus), VII 216; X 
199, 

serpiente (serpens), VII 36-37, 
48, 61, 85, 93, 97-98, 104, 
111, 115, 1138, 139, 153, 229; 
IX 73, 76, 95, 99, 166; X 62, 
75, 137, 143, 145, 169-170, 
195, 197-198, 206-207; XI 
36, 102,, 137, 152, 155, 158, 
160, 163, 171, 193-194, 197, 
204, 207, 215, 220, 228, 256- 
257, 263-264, 267, 279, 
281. 

serpiente «dardo» (iaculus), VIH 
85. 

subulón (subulo), X1 123. 


tarandro (tarandrus), VII 123- 
124, 

tejón (meles), VIT 72, 132, 138. 

ternero (iitulus), VUI 38, 212; 
XxX 179. 

tigre (tigris), VI 10, 62, 65-66, 
148; X 173; XI 4, 

topo (talpa), VI 104, 226; IX 
17, 178; X 191; XI 139. 

toro (taurus), VIT 36, 40, 131, 
154, 176-177, 179, 181-182; 
IX 7; X 174; XI 4, 124, 222, 
231. 

toro salvaje (taurus siluestris), 
Vo 74, 


624 HISTORIA NATURAL 


tortuga (testudo), VII 98, 121; variada fuaria), VIO 63, 64. 
XI 156, 188, 204, 206, 208,  verraco (uerrinus, verres), VI 
220, 226, 228, 267; cf. indi- 209; X 131. 
ce animales acuáticos. víbora (uipera), VIM 139; TX 43; 
tragélafo (tragelaphos), VMM 120. X 169-170, X1 136, 164, 209, 


umbro (umber), VW 199.... . yegua (equa), VI 164-166, 168, 
uro (urus), VII 38; XI 126. + 171-172, 174; X 180-182; XI 
233, 237, 262. 


vaca (bos), VII 37, 176, 206; 
XI 210, 236, 238, zorro (uulpes), VIM 103, 228; X 
vaca alpina (bos Alpinus), VHI 174, 176, 204-205, 207; XI 
179. 185, 261, 265. 


ÍNDICE DE ANIMALES ACUÁTICOS 


adonis (Adonis), LX 70, ballena (ballaena), TX 4, 8, 12- 
«águila» (aquila), IX 78. 13, 16, 19, 21, 41, 185; X 
aguja (acus), IX 166. 210; XI 165, 195, 235. 
algense (algensis), IX 131. becerro marino (uitulus mari- 
amia (amia), EX 49. nus), IX 19, 41; cf. foca, 
angelote (squatina), TX 40, 78,  Délone (belone), TX 166. 

144, 161-162. «blandos», IX 73, 83; cf. mo- 
anguila (anguilla), IX 4, 73-75, luscos. : 

77, 160, 177; X 189. buccino (buccinum), TX 130, 134- 
antia (anthia), IX 180-182, 135, 138, 


apua (apua), YX 160. «buey» (bos), IX 78. 


aplisia (aplysia), TX 150. 

aquilio (Achillium), IX 148. 

araña (araneus), IX 54, 155, 

«árbol» (arbor), IX 8. 

aselo (asellus), IX 58, 61. 

ástacos (astacus), IX 97. 

átilo (attilus), TX 44. 

atún (thynnus), IX 5, 44, 47-51, 
53-54; X 210. 


caballa (scomber), IX 49. 
caballo de mar (equus), 1X 3. 
«caballo» (hippos), IX 97. 
cachalote (physeter), IX 8. 
calamar (Zolligo), IX 52, 83-84, 

93, 158, 164; XI 215, 258, 
calaria (callaria), IX 61. 
cálcide (chalcis), YX 154, 162. 
calculense (calculensis), IX 131. 
cangrejo. (cancer), IX 95-97, 
babosa (limax), YX 162. 99, 142, 158; X 199; XI 62, 
baco (bacchus), 1X 61. 129, 152, 258-259, 


626 


caper (caper), X1267. 

cárabo (carabus), IX 97, 

caracol fcoclea), IX 101, 173- 
174; XI 117, 125, 140, 164; 
cf. indice de animales terres- 
tres. 

«carnero» (aries), IX 10, 145; 
cf. orca. 

«cartilaginosos», IX 78, 165, cf. 
selache. 

ceo (zaeus), TX 68. 

cetáceos (cete), IX 78, 157. 

ciprino (cyprinus), TX 58, 162, 

clúpea (clupea), IX 44, 

colotes (colotes), 1X 87; cf. ín- 
dice de insectos. 

concha, marisco (conchylium), 
VIT 223; IX 52, 65, 86. 

concha (concha), YX 18, 80, 90, 
102-104, 107-108, 110-111, 
115-116, 128, 130, 132, 142, 
148-149, 184; cf. también ín- 
dice de términos anatómicos, 

conchil (conchylium), VW 193; 
IX 7, 105, 124, 127, 130, 138, 

congrio (conger), IX 57, 72-73, 
87, 185. 

coracino (coracinus), IX 57, 68. 

cordila (cordyla), TX 47. 

cromis (chromis) IX 57; X 193, 


dátil (unguis), IX 101, 184; ef. 
«dedo». 

«dedo», IX 184, cf. dátil. 

delfin (delphinus), VII 91, 220; 
IX 19-34, 40, 43, 46, 50, 54, 


HISTORIA NATURAL 


78, 157; X 210; XI 136, 
137, 191, 215, 235, 263. 
dialutense (dialutensis), YX 131. 
dorada (aurata), TX 58. 
dragón marino (draco marinus), 
IX 82. 


«elefante» (elephantus), TX 10. 

élope (elops), IX 60, 169. 

eritino (erythinus), IX 56, 166. 

erizo (echinus), IX 40, 100, 115, 
147, 169; XI 165, 

equinometra (echinometra), YX 
100. 

escaro (scarus), TX 62; XI 162. 

esciena (sciaena), 1X 57. 

escolopendra (scolopendra), TX 
145, 

escualo (squalus), IX 78, 162. 

esmiro (zmyrus), IX 76. 

esponja (spongea), YX 146, 148- 
149; XI 129. 

estrella de mar (stella), IX 154, 
183. 

esturión (acipenser), TX 60. 

exoceto (exocoetus), IX 70. 


«fangosa» (limosa), YX 47. 

«fangoso» (futarius), IX 64. 

foca (phoca, uitulus), VI 111; 
IX 19, 40-42, 50; X 123, 173; 
XI 136, 151, 171, 188, 195, 
206, 215, 235. 


galera (squilla), YX 142, 158; XI 
152. 


ÍNDICE DE ANIMALES ACUÁTICOS 


glanis (glanis), YX 145. 

glauco (glaucus), TX 58, 

gobio (phycis), IX 81, 175, 177. 

gusano (uermis), YX 46; cf. ín- 
dice de insectos, 


heracleótico (Heracleoticus), xx 
97. 

holoturia (holothuria), YX 154, 

hombre pez (homo marinus), IX 
Lo. 


isoce (isox), 1X 44, 


lamia (lamia), 1X 78. 

lamprea, cf. morena, 

lampuga (hippurus), IX 57. 

langosta (focusta), TX 4, 40, 95, 
158, 164, 185, 

«lanuda» (lupus lanatus), IX 
61. 

lenguado (solea), IX 52, 57, 72. 

«león» (leo), IX 97. 

«liebre» (lepus), IX 155, 

lota (mustela), IX 63. 

lubina (lupus) IX 57, 61, 162, 
169, 185; X 23, 193, 

lucerna (lucerna), YX 82, 

lutense (lutensis), TX 131. 


manos (manos), TX 148, 149. 

marsopa (porculus marinus), IX 
45. 

mea (maga), IX 97. 

mejillón (mitulus), IX 132, 160. 

mia (mya), IX 115, 


627 


mena (mena), IX 81. 

merlo (merula), TX 52. 

moluscos (molles/ia), IX 83, 
85, 158, 162, 

morena (murena), IX 40, 57, 71- 
73 (¿lamprea?), 76 (lamprea), 
89, 158, 169, 171-172, 185; 
XI 194, 

mújol (mugilmugilis), 1X 29, 30, 
54, 59, 185; X 193. 

múrice  (fmurex), TX 80, 102, 

- 125, 160, 164, 


nauplio (nauplius), IX 94, 
náutilo (nautilos), 1X 88. 
navaja (solen), X 192; X1 139, 
Nereida (Nereides/-a), PX 9, 10. 


«obrero» (faber), IX 68. 

ocena (ozaena), YX 89, 

orca (orca), IX 12, 13, 147. 

orfo (orphus), YX 57. 

ortiga (trtica), IX 146. 

ostra (ostrea, -um), IX 40, 52, 
64, 98, 107, 154, 160, 168; X 
189, 192, 195; XI 129, 139, 
226. 


paguro (pagurus), IX 97. 

pargo (phagrus), IX 57. 

pastinaca (pastinaca), 1X 73, 
78, 144, 155, 

peine (pecten/pectunculus), IX, 
84, 101, 103, 115, 147, 160, 
162; XI 139, 267. 

pelágica (pelagia), IX 131. 


628 


pelámide (pelamys), IX 47-49, 

perca (perca), IX 57. 

perro de mar (canis marinus, ca- 
nicula), TX 110, 151-152, 

pez espada (gladius), IX 54. 

pez golondrina (hirundo), IX 82. 

pez milano (miluus), IX 82. 

pez sierra (pristis), 1X 4, 8, 41. 

Pina (pina), IX 115, 142. 

Pinotero (pinotheras), YX 98, 142, 

pinofilace (pinophylax), IX 142. 

pómpilo (pompilus/-os), 1X 52, 
88. 

platanista (platanista), 1X 46. 

pseta (psetta), IX 57. 

«pulmón» (pulmo), IX 154, 

pulpo (polypus), TX 40, 71, 73, 
83, 85, 89-90, 92, 158, 163- 
164, 185; X 194-195; XI 133, 
199, 258. 

púrpura (purpura), 1X 80, 105, 
124-132, 160, 164; X 195; XI 
8, 172. 


quersina (chersina), YX 38. 


rana (rana), VII 104, 227; IX 
78, 159; X 79; XI 62, 173, 
188, 204, 267. 

rana rubeta (rana rubeta), VII 
11; XI 62, 196, 281. 


rape (rana), IX 175, cf. pez ra- 
na. 
rascacio (scorpaena), IX 162. 


HISTORIA NATURAL 


rata de mat (mus marinus), IX 
71, 166. 

rata del Nilo, IX 179. 

«ratoncito» (musculus ballaena/ 
marinus), TX 185; XI 165. 

raya (raia), IX 78, 144, 161. 

rémora (echeneis), IX 79, 

renacuajo (gyrinos), 159. 

rodaballo (rhombus), IX 52, 72, 
144, 169. 

«rueda» (rota), 1X 8. 


salmón (salmo), IX 68. 

salmonete (mullus), IX 64-68, 
162. 

salpa (salpa), TX 68, 162; X 193. 

sargo (sargus), EX 65, 162, 182. 

seláche, IX 78; ef. «cartilagino- 
sos». 

sepia (saepia), IX 52, 83-84, 
93-94, 158, 162, 164; X 194; 
XI 8, 199, 215, 258. 

serrano (channe), TX 56, 166. 

siluro (silurus), IX 44-45, 58, 
165. 

solla (passer), IX 72, 


teniense (taeniensis), IX 131. 

tirsión (thursio), 1X 34. 

«tordo» (turdus), IX 52, 

torpedo (torpedo), TX 57, 78, 
143, 162, 165. 

tortuga de mar (testudo), 1X 19, 
35-40, 139, 158, 177; XI 
130. 


ÍNDICE DE ANIMALES ACUÁTICOS 629 


trago (tragos), IX 148. troco (trochos), TX 166. 
trigón (trygo), IX 155; cf. pas- vicira (Veneria), IX 103. 
tinaca. ? 


triguia (trichia), IX 52, 162. zorra marina (uulpes marina), 
Tritón (Triton), IX 9, IX 145, 


ÍNDICE DE AVES 


abejaruco (merops), X 99. 

abubilla (upupa), X 73, 86, 

acantilide (acanthyllis), X 96. 

águila (aquila), X 3, 6-18, 20, 
24, 37, 136, 165, 191, 203. 

águila lebrera (aquila' lepora- 
ria), X 6. 

águila ratonera (buteo), X 135; 
XI 263, 

alauda (alauda), XT 121; cf. «ga- 
lerita». 

anataria (anátaria), X 7, 

ápodes (apodes), X 114; XI 
257. 

arrendajo (pica), X 98, 165 

ave «incendiaria» (avis incendia- 
ria), X 36. 

ave clamatoria (avis clamatoria), 
X 37. 

ave clivia (avis clivia), X 37. 

ave de Diomedes (avis Diome- 
dia), X 126, 

ave de Sanco (avis Sanqualis), 
Xx 20. 


ave del Estínfalo (stinphalis), XI 
121. 

ave nueva (avis nova), X 133, 

ave prohibitoria (avis prohibi- 
toria), X 37. 

avestruz (struthocamelus), X 1- 
2, 56, 143; XI 130, 155. 

«ave tarda» (avis tarda), X 57; 
cf. avutarda. 

avutarda (otis), X 97; cf. «ave 
tarda», 

axio (axio), X 68. 


bamacla carinegra (cheneros), 
X 56. 

brento (brenthos), X 204, 

búho (bubo), X 34, 36, 38, 68; 
XI 137. 

buitre (vultur), X 8, 11, 19-20, 
56,113, 191; XI279, 

buteón (buteo), X 21. 


calamón (porphyrio), X 129, 135; 
xI 201. 


632 


cárabo (ulula), X 34, 

cataracta (cataracta), X 126, 

cemicalo (cenchris), X 143-144, 

cernícalo (tinnunculus), X 109, 

chocha (rusticula), X 111, 

chochín (trochilus), X 203-204, 

chotacabras (caprimulgus, cy- 
chramus), X 66, 68, 115. 

chova piquigualda (pyrrhocorax), 
X 133, 

cibinde (cybindis), X 24. 

cigieña (ciconia), VII 98; X 
60-63, 77-78, 111. 

cigiieñuela (himantopus), X 
130.. 

cinnamolgo (cinnamolgus), X 
97. 

cipselo (cypselus), X 114, 

cisne (olor), X 63, 131, 203. 

clóreo (chloreus), X 203, 

codorniz (coturnix), X 65-66, 68- 
69, 101, 134, 197; XI 194, 
268, 

cormorán (mergus), X 91; XI 
202. 

corneja (cornix), X 30, 32, 38, 
111, 124, 165, 203-204, 207; 
XI 201. OS. 

cuclillo (coccyx), X 25-27. 

cuervo (corvus), VIT 101; X 8, 
31-33, 121-125, 165, 203, 
205; X1 194, 201. 

cuervo acuático (corvus aqua- 
ticus), X1 130 


drepanis (drepanis), X1257. 


HISTORIA NATURAL 


égito (aegithus), X 21. 
egocéfalo (aegocephalus) X1204, 
egolio (aegolios), X 165. 
enante (oenanthe), X 87. 
epileo (epileus), X 21. 
erítaco (erithacus), X 86. 
esalón (aesalon), X 205. 
escope (scops), X 138, 
«esfinge» (sphingion), X 199. 
espinturmnice (spinturnix), X 36. 
estornino (sturnus), X 72, 73, 
120, 
estrige (strix), X1232. 


faisán (phasiana), X 132, 144; 
XI 114, 121, 194, 

Jfalacrocórace (phalacrocorax), 
Xx 133, 

Jaléride (phaleris), X 132. 

Jfenicuro (phoenicurus), X 86. 

fénix (phoenix), X 3-5; X1121, 

flamenco (phoenicopteris), X 133, 

focha común ¿fulica), X 127; XI 
122. 

francolin (attagen/-a), VI 228; 
X 133. 


«galerita» (galerita), X 138; XI 
121; ef alauda. 

gallina (gallina), X 74, 116, 139- 
140, 143, 146-147, 150-151, 
155-156, 161-162, 166; XI 
48, 200. 

gallo (gallus, gallinaceus,  ga- 
llinae maritus), X 46-50, 52, 
101, 140, 155; XT 122, 268, 


ÍNDICE DE AVES 


ganso (anser), VUI 89, 101; X 
29, 44, 63, 166, 182; X1 257. 

ganta (ganta), X 53, 

garza (ardiola), X 164, 204, 207; 
XI 140, 

gaviota (gavia), X 91, 204, 

gnesio (gnésios), X 8. 

golondrina (Rirundo), VII 98, 
220; X 70-71, 73, 92-95, 114, 
128, 147, 165; XI 61, 152, 
203, 228, 

gorrión (passer), X 89, 107, 111. 

grajilla (graculus monendula), X 
77. 

grajo (graculus), VI 101; XI 
106, 201, 256, 

grifo (gryps), X 136, 

grulla (grus), VIT 101; X 58- 
60, 65, 80, 111, 135, 143. 

grulla baleárica (grus baleari- 
ca), XI 122, 


halcón (accipiter), X 21-25, 28, 
39, 66, 108-109, 135, 152, 
165, 204; XI 194-195, 

haliáeto (haliaetos, halíaetus), X 
3, 10-11. 

harpe (harpe), X 204, 207. 


ibis (íbis), VII 97; X 32, 75, 87, 
134. 
inmúsulo (inmusulus), X 20. 


jilguero (acanthis), X 175, 205, 
lavandera (anthus), X 116. 
leuco (leucus), X1 140. 


633 
lúgano (carduelis), X 116. 


martín pescador (alcyon), X 89- 
92. 

melandeto (melanaetos), X.6. 

melancórifo (melancoryphus), X 
86, 165. 

memnónide (Memnonis, avis), X 
74, 

milano (milvus), X 28, 42, 165, 
203-204, 207; XI 195. 

minotauro (minotaurus), X 16. 

mirlo (merula), VI 101; X 72, 
80, 87, 111, 115, 147, 207. 

mochuelo (noctua), X 34, 38- 
39, 68, 76, 157, 203. 

morfnho (morphnos), X 7. 

murciélago (uespertilio) X 168; 
XI 164, 228, 232. 


oca (anser), VIII 209; X 51-54, 
56, 162, 

oripelargo (oripelargus), X 8. 

oropéndola (chlorion), X 87. 

oropéndola (galgulus), X 73, 
96. 

ortigometra (ortygometra), X 66. 

otis (otis), X 57. 

oto (otis), X 66, 68; XI 137, 


págalo (mergus), X 130. 

paloma (columba, -us), VIT 101; 
X 22, 25, 32, 73, 79, 104- 
106, 108-109, 133, 135, 144, 
147, 158-159, 166, 207; XI 
156, 170, 194. 


634 


paloma torcaz (palumbes), VII 
101; X 26, 72, 78, 106, 147, 
158; XI 200. 

paloma zurita (pyrallis), X 204. 

papañigo (ficedula), X 86, 

papagayo (psittacis), X 117, 207; 
XI 132. 

paro (aegithus, parra), X. 96, 
204-205. 

pato (anas), VHI 101; X 112, 
155, 

pavo real (pavo), X 43-44, 46, 
79,161, 166, 207; X1 121. 

pegaso (pegasus), X 136, 

pelicano (onocrotalus), X 131. 

percno (percnus), X 7. 

perdiz (perdix), VMM 101; X 78, 
100-103, 111, 143-144, 166; 
XI 183, 200, 212, 268. 

perdiz nival (agopus), X 133. 

pernóptero (percnopterus), X 8. 

pico (picus), X 38, 40, 41, 

pico de Marte (picus Martius), 
X 38, 77; XI 122, 

pigargo (pygargus), X 7. 

pintada (meleagris, Numidica), 
X 74, 132, 144, 

plango (plangus), X 7. 

plátea (platea), X 115. 

pollo (gallinaceus), X 140, 


HISTORIA NATURAL 


quebrantahuesos  (ossifragus), 


X 11, 13, 20. 


ruiseñor (luscinia), X 81-85, 120; 
XI 268, 


seleúcide (Seleucis, avis), X 75. 
siptace, (siptace) X 117. 

sirena (Siren), X 136. 

sórice (sorix), X 204, 

súpero (super), X 37. 


tarro blanco fchenalopex), X 56, 
166. 

tetraón (tetrao), X 56. 

torcecuellos (glottis, ¿pnx), X 
66-67; X1256, 

tordo (turdus), X "60, 72-73, 80, 
120, 135, 147. 

«toro» (taurus), X 116, 

tórtola (irygon, turtur), VIT 101; 
X 38, 72-73, 105-106, 147, 
158, 204, 207. 

iragopán (tragopan); X 136. 

triorque (triorchis), X 21, 204, 
207. 

troquilo (trochilos), VII 90, 


urraca (pica), X 78, 118. 


vibión (vibio), X 135. 


ÍNDICE DE INSECTOS 


abeja (apis), VUT 129, 220; IX 
111; X 199; XI 1, 6, 11-70, 
72, 75, 95, 96, 108, 173, 266; 
—recadera (gerula), XI 24; 
—- ladrona (fir), X1 57; —de 
bosque (siluestris), XI 59; 
—de ciudad (urbana) XI 59. 

abeja rey (apis rex), XI 26, 29, 
46, 48, 50-54, 56-57, 64; — 
roja (rufus), XI 51; —negra 
(niger) XI5l. 

aqueta (acheta), X1 92-93. 

araña (araneus), VÚI 97, 103, 
228; X 198, 206; X1 65, 79- 
86, 91, 258; —negra (ni- 
ger), XI 79; —lobo (lupus), 
XI 80. 

asilo (asilus), X1 100; cf. tábano. 

avenaria (auenaria), X1 94, 

avispa (uespa), XI 59, 61, 70- 
74,281. 

avispón (crabro), X1 61,70, 74, 


bombice (bombyx), X1 75-78. 


bombilio (bombylis), X176. 


camaleón (chamaeleon), XI 91, 
152, 188. 

cantárida (cantharis), X1 118. 

carcoma (cossus, teredo), X1 3, 
65-66, 113. 

cefene (cephene), XI 48. 

ciempiés (centipes), TX 145 

cigarra (cicada), X1 6, 92, 95- 
96, 107, 140, 173, 266, 

colotes (colotes), 1X 87. 

crisálida (chrysallis), XI 112, 

117. ) 
cucaracha (blatta), X199. 


efímero (ephemerus), XI 120; cf 
hemerobio. 

escarabajo (scarabaeus), XI 70, 
97, 99, 279. 

escolopendra (scolopendra), VII 
104; IX 145; XI 10, 100. 

escorpión (scorpio), IX 54, 99; 
XI 86-91, 100, 163, 279. 


636 


estro (oestrus), XI 47; cf. tába- 
no. 


falangio (phalangium), VIH 97, 
228, X 204; XI 72, 79, 85, 
Jfrumentaria (frumentaria), X194. 


«gusanillo» (uermiculus), XI 48, 
75-76, 85-86, 98, 102, 108, 
112, 118, 

gusano (uermis, uermiculus), TX 
144, 178; X 195; XI 114, 
120, 135 140, 259, 


hemerobio (hemerobion), XI 
120, 

hormiga (formica), VIA 101; X 
195, 199, 206; XI 1, 108-111, 
173, 196, 

hormiga de la India (formica in- 
dica), XI, 111. 


«icneumón» (ichneumon), X 204; 
XI 72. 


lagarto (Jacerta), XI 84, 90, 155, 
171, 197, 204, 220, 249, 264, 
265. 

lampiride (lampyris), X1 98, 

langosta (locusta), VI 104; X 
75; XI 101-107, 140, 152, 
258, 266. 

larva (uermiculus), X 4, 186, 190; 
XI 71, 93. 

lombriz (Tumbrix), XT 140. 

lucavo (lucauus), X197. 


HISTORIA NATURAL 


mariposa (papilio), X1 65, 77, 
100, 112. 

mosca (musca), X 75, 79, 130, 
190; XI 72, 96, 100, 119, 
120, 258, 266. 

mosquito (culex), IX 160; X 168, 
195; X12, 61, 100, 118, 120. 

mulión (mulio), X1 61, 


necidalo (necydallus), X1 76. 
ninfa (mympha), X1 48, 71. 


omuga (eruca, uruca), X 206; XI 
76, 112. 


petaurista (petaurista), X1115, 

pirálide (pyrallis), XI 119; cf 
pirótoco. 

pirótoco (pyrotocor), X1 119; cf. 
pirálide. 

polilla (teredo, tinea), VI 197; 
XI 117, 


salamandra (salamandra), X 188- 
189; XI 280. 

salamanquesa (stellio), VIH 11; 
XI 90-91 

sanguijuela (hirudo), VII 29; 
TX 162; X1116, 

sanguisuga (sanguisuga) VTIT, 29, 

serene (serene), XI 48. 

surcularia (surcularia), X1 94. 


tábano (tabanus), X1 100, 113, 
120. 
tenia (taenia), X1113. 


ÍNDICE DE INSECTOS 637 


tetigometra (teftigometra), X193. — zángano (fucus); — de la abeja, 

tetigonia (tettigonia), X1 92. XI 26-28, 48, 56-57, 60; — 
de la avispa, XI 74. 

yulo (ilus), XT 1, 


ÍNDICE DE TÉRMINOS ANATÓMICOS 


«abdomen» (abdomen), X1211. 

abdomen (aluus, uenter), XT 1, 
9, 60, 80, 94, 96, 263. 

aguijón (aculeus, radius, spicu- 
lum, telum), VÚL 75; IX 54, 
132, 144, 155, 158; X1 3, 27, 
52, 57, 60, 74, 87, 93, 96-97, 
100, 163, 165, 173. 

ala (ala, pinna), VW 2; X 1, 8- 
9, 17, 42, 59, 103, 108, 111- 
112; XI 1, 3, 19, 28, 48-49, 
51, 54, 88, 96-97, 100-101, 
103-104, 110, 118-120, 228, 
249, 266. E 

aleta (pinna, pinnula), IX 11, 
25, 42, 47, 54, 73, 79, 144, 
175. 

amígdalas (tonsillae), X1 175. 

anca, cf. pata, 

antebrazo (ulna) X1 243, 

antena cf. cuerno. 

aparato digestivo (ciborum ins- 
trumenta), VI 168. 

ápice (apex), X1121, 


arteria (arteria), X1 208, 213, 
218-220. 

articulación (articulus, artus, no- 
dus), XI 79, 88, 135, 216, 
222, 228, 244-246, 248, 255. 

astrágalo (talus), XI 212, 254- 
255. 

axila (ala), IX 159; XI 198, 233, 
236. 


barba (barba), VU 36; VIT 120, 
216; IX 64, 93; XI 231. 

bazo (lien, splen), VU 122; XI 
130, 205. 

bilis (bilis, fel), X1192, 193. 

blanco de los ojos (candor, can- 
dida pars), X1 148, 276. 

boca (bucca, os, rictus), VII 29, 
72, 74, 83, 85, 90, 93, 107, 
122, 125, 129, 133, 145, 165, 
189; IX 20, 37, 59-60, 69, 76, 
80, 82-83, 100-101, 130, 147, 
158, 184; X 32, 102, 105, 131; 
XI 20, 31, 55, 84, 93, 96, 100, 


640 


158-159, 162-163, 165, 171, 
173, 180-181, 199, 223, 245, 
251, 267, 269,278, 

branquia fbranchia), IX 16, 19, 
46, 59, 69-70, 73, 175, 177. 

brazo (bracchium), VU 51; IX 85, 
87-88, 90, 92-93, 97-98, 158, 
164; X1 245-246, 258. 

buche (guitur), X 69, 105, 127; 
cf. vientre, 


cabello (capillamentum, capillus, 
crinis), VU 28, 127; IX 117, 
154; X1 171, 230-231. 

cabeza (capul, ceruix, Os, sinci- 
put, uertex), VI 4, 77; VI 
20, 33, 35, 54, 62, 69, 72, 76- 
78, 85, 88, 93, 99, 114, 122, 
124, 130, 133, 154, 179, 184, 
199, 207, 209, 214; IX 3, 7, 
41, 42, 57, 59, 83, 85, 89, 
93, 105, 117, 158, 163, 175; 
X 3, 25, 47, 59, 86, 102, 
115, 117, 129, 136; XI 10, 
49, 66, 72, 116, 121-122, 125- 
127, 129-132, 135, 151, 197 
227. A 

cabeza de las entrañas (caput ex- 
torum), X1189, 190. 

caja torácica (pectus), X1207, 

campanillá (0), X1 175. 

cañón (de la pluma) (caulis), XI 
228. 

caparazón (cortex, crusta, tes- 
ta), VI 2; IX 35, 40; XI 9, 
93, 112, 228. 


> 


HISTORIA NATURAL 


cara (facies, os), VU 8; VIN 129, 
216; X1 246. 

came (caro, corpus, pulpamen- 
tum), VI 62; VHI 45, 100, 
119, 122, 126, 128, 136; IX 
12, 45, 48, 61, 64, 86, 90, 96, 
111, 115-116, 133, 146, 159, 
183, X 134; XI 9, 72, 176, 
198, 212, 281. 

carrillos (bucca), XI 227, 229, 
250. 

cartilago (cartilago), YX 78; X1 
122, 176, 215-216. 

cáscara (crusta), IX 40, 83, 95, 
164 

cascos (ungula, pes) VII 95, 
169, 174; XI 248. 

ceja (supercilium), TX 186; X 
56; X1 138, 169, 275, 

cerdas (saetae) VII 30, 207; 
XI 165, 208, 226, 

cerebro (cerebrum), VI 71; VI 
130; XI 133-135, 149, 178, 
181, 208, 

cerviz (cervix), VIMI. 39, 179; 
X1 125, 177. 

cilio (cilium), X1157...... 

clavícula (iugulum), X1 243. 

cobertura (operimentum), X1 153, 
226. 

codo (cubitus), X1 249. 

cogote (cervix), TX 48. 

cola (cauda), VI 26, 30, 33, 72- 
73, 75-76, 83, 85, 88, 95, 109, 
121-122, 132, 138, 147, 153, 
183, 198, 215-216; IX 11, 22, 


ÍNDICE DE TÉRMINOS ANTÓMICOS 


44, 46, 48, 85, 87-88, 97, 155, 
158-159, 175, 185; X 3, 7, 20, 
238, 43, 47, 78, 113; XI 87-88, 
107, 162-163, 192, 257, 264- 
265. 

collar (torquis), X 117, 

colmillo (de elefante/jabali) (ens), 
VI 7-8, 11, 25,27, 31, 95, 

«colon» fcolon), X1 202. 

concha (calyx, concha, putamen, 
testa), IX 9, 38-39, 86, 94, 
98, 100, 109, 126, 174; X 115, 
Cf. también índice de anima- 
les acuáticos, 

conducto, cf. fístula, 

copete (apex, cirrus), X 3; XI 
121-122, 

corazón (cor), VI 122, 128; X 

24; XI 5, 135, 138, 175, 181- 

187, 192, 197, 208, 217, 224. 

córnea (cornua), XI 148. 

coronilla (uertex), XI 131. 

corteza (cortex), VI 2. 

corva (poples), X1248. 

corvejón (suffrago), X1216, 248- 
249, 

costado (latus), X 111. 

costilla (costa), IX 11; X1 181, 
207. 

cresta (crista), VII 35, 52; X 3, 
47, 52, 86; X1 122. 

crin (uba, pili, saetae), VÍ 2; 
VII 30, 38, 40, 95, 105, 123, 
158, 164; XT 229, 264-265. 

cuartos delanteros (armi), X1 
229, 233, 


641 


cuartos traseros (femina, clunes), 
X 140; XI 233. 

cuello (cervix, collum, faux), VI 
144; VII 41, 69, 72, 85, 105, 
123, 182, 202; IX 117; X 2-3, 
$9, 63, 80, 89, 98, 105; 113, 
129, 140; XI 1, 177-178, 180, 
201, 256, 260. 

cuerno/cuenecillo (cornu, corni- 
culus), VI 7, 40, 71-74, 76, 
85, 115-118, 124, 131, 176, 
179, 181-182, 188, 199, 202, 
212, 214, EX 10, 38, 99, 101, 
143; X 17; XI 76, 97, 100, 
111, 121, 123-128, 140, 162, 
164, 212, 214, 254-255, 261. 

cuero (corium, tergum), XI 226- 
227, 231. 


dedo (digitus), VIT 20, 22, 77, 
81, 83; IX 114, 117; X 29, 
98, 119, 130; XI 123, 139, 
233, 244-248, 251, 254-256, 
272, 274; meñique, XI 244, 
251; medio, XI 244, 246; pul- 
gar, XI 244, 246, 249, 

diafragma (praecordia), XI 198- 
199, 207, 209. 

diente (dens), VIL 23, 24, 68-69, 
70-72, 87, 168; VIA 7, 47, 49, 
57, 67, 72, 75, 89-90, 116, 129, 
172, 205-206, 212; IX 11-12, 
37, 76, 93; X 7, 126; XI 3, 
100, 102, 107, 128, 160, 162- 
170, 173, 180, 201, 212, 237, 
239, 267, 274, 282; —cani- 


642 


nos, XI 160, 166, 167; —co- 
lumelares, XI 168; —conti- 
nuos, X 201; XI 160-161; 
—-del juicio XI 166; —en for- 
ma de sierra, X 199, 201; XI 
160-162, 164, 170; — genul- 
nos, XI 166; —ncisivos, XI 
128, 161, 164-165, 167; —-mo- 
lares, XI 166; —salientes, 160- 
161, 

dorso (dorsum, tergus), IX 14, 
19, 23, 35, 102, 155; X 140, 


encías (gingiuae), VUI 107; XI 
164, 

entrañas (exta, interanea), VII 82; 
IX 145; XI 186, 189, 197. 

epiglotis (minor lingua), X1 175- 
176. 

escama (squama), VI 2; VIM 85, 
99; IX 9, 40, 56, 60, 66, 69, 
113; X1228, 

esófago (stomachus), XI 149, 
176, 179-180, 199, 201. 

espaldilla (armi), X1243. 

espina (aculeus, spina), VI 2; 
VH 105, 120, 125, 134, 153; 
IX 11, 25, 45, 155, 182; XI 
9, 101, 163, 178-179, 214- 
215. 

espinazo, cf. espina. 

espiráculo, cf. fístula. 

espolón (radius), X1257. 

esqueleto, cf. hueso. 

estómago (alvus, stomachus, uen- 
ter, uentriculus, uterus), 1X 


HISTORIA NATURAL 


104-105, 155; X 131; X1 176, 
180, 199, 204, 207. 
eyecticia (eiecticia), X1 210. 


faringe (faux, guitur), XI 173, 
179-180, 

fauces (fauces), IX 44, 48, 125. 

fístula ffistula), TX 19, 22, 85, 88, 
147, 150; X1 1, 163, 175, 188. 

frenes (frenes), X1 197. 

frente frons), VI 10; VIE 29, 
76, 87, 116, 165, 181, 212, 
221; IX 16, 19; XI 51, 138, 
275. 


garganta (faux, gula, guttur, iu- 
gulum), VIT 88; X 3, 60, 82, 
95, 104, 131; X1 102, 173, 
176-177, 179, 200, 234, 250. 

garras (ungues), VII 41, 43, 
46, 49, 60, 126; X 25, 29, 
40, 42, 143; XI 245, 256. 

gaznate (clidion), YX 48. 

genas (genae), X1 157. 

genitales (genitalia), X1209, 246, 
261, 263. 

giba (gibberum), X 74... 

«glándulas» (glandulae), X1175, 

grasa (adeps, pingue), VI 127; X 
$5; X1 9, 206, 212-213, 222. 

gutural, región (guitur) XI 179- 
180. 


«hálito» (halitus), X131, 277. 
hiel (fe), VI 111; XI 163, 
193-194, 


ÍNDICE DE TÉRMINOS ANTÓMICOS 


hígado (iecur, fibra), VII 203, 
209; IX 63, 66, 143; X 49, 
52; XI 5, 189-192, 194-196, 
204... 

hilas (hillae), X1200: 

hocico (haris, rostrum), VIE 95, 
112, 121, 147, 165; IX 20, 23, 
34, 37, 46, 82, 157. 

hombro (umerus), VI 23, 83, 
103; VII 183; 1X 152; X 
124; XI 54, 243, 274, 

hueso (05), VI 69, 78, 80; VII 
7, 57-58, 72, 109; IX 7, 11, 
45; X 4, 57; XI 128, 132, 
177, 183, 207, 214-217. 


ilias (ilia), X1 208. 

ingle (inguen), 1X 152. 

intestino (intestinum, interanea), 
VH 100, 113, 129, 217; XT 9, 
60, 192, 194-195, 199-200, 
202, 204, 


labio (labrum), VIM 39; IX 64; 
XI 84, 159, 173, 232. 
lactes (lactes), X1200, pS 
lana (lana, laniciurm, uellus), VI 
2; VIN 135, 189, 190-195, 197- 
199; X162, 115, 117, 
lardo (adeps), X1212-214. 
lengua  (fingua), VI 23, 87, 
123; VIIE 89, 184, 189; 1X 
23, 92, 128, 130, 132, 158; 
X 7, 62, 67, 102, 119, 133; 
: XI 93, 100, 135, 162, 165, 
171-174, 180, 256. 


643 


lóbulos del hígado (fibra), VHI 
102; XI 190, 196. 

loci, X1209. 

lomo (umbus, umerus, dorsum, 
tergum), VIO 207, 210, 212; 
IX 25, 182; X 50; XI 4, 178, 
206, 231; cf. dorso. 

lumbar, región (fumbus), XI 263. 


mamas (imammae, uber), VI 15; 
VII 72, 217; XI 232-236, 
238, 246. 

mandíbula (maxilla, morsus), 
VIO 73, 89; IX 7; XI 84, 
108, 159, 163-165, 168, 171. 

mano (manus), VI 13, 72, 77, 
81-83, 104-105; IX 25-26, 33, 
85-86, 105, 110, 147, 153, 
181, 184; X 28, 41, 116, 129; 
XI 148, 159, 243, 245, 250. 

matriz (uolua), WU 175; TX 
166; X1 209-211. 

médula (medulla), VU 78; X 4, 
57, XI 132, 134, 178, 214, 
215, 217. 

mejillas (malae), X1157-159. 

melandria (melandrya), YX 48. 

melena (iuba), VIN 42, 46, 53; 
XI4, 

membrana: (membrana, uagina), 
VI 51; VIH 41; IX 88, 150; 
X1 32, 49, 96, 120, 139, 147, 
153, 156, 178, 181, 197-198, 
208, 228, 266, 

mentón (mentum), VI 204; XI 
159, 251. 


644 


miembros (membra), VII 3-5, 8, 
20, 76, 85, 168-169; VII 77; 
XI 157, 182, 218-219, 272, 

morro (os), XI 138. 

muslo (clunis, crus, femen), VU 
103; VIT 26; X 140; XI 103. 


nalga (clunis), YX 159, 

nariz fnaris, nasus), VU 25, 171; 
VIH 71; IX 158; XI 125, 158, 
275-276. 

nervios (neru), VI 81; VOI 153; 
XI 9, 176, 198, 217-219, 243, 
247. 

«nudo» (nodus), X1 177, 217. 


occipucio (occipitium), X1 107, 

oídos (aures), VII 144. 

ojo (oculus), VH 51, 54; X 17; 
VIN 20, 33, 54, 62, 74-75, 77, 
87, 94, 98-99, 106, 121-122, 
126, 129, 156, 201, 206; IX 8, 
37, 50, 101, 143, 159, 186; X 
126; XI 10, 37-38, 104, 139- 
157, 173, 181, 193, 213, 258, 
271-272, 276, 282, 

ombligo (umbilicus), X1 202, 
220. 

omóplatos (scopulae), XI 107. 

oreja (auriculus, auris, oricula), 
VII 34, 39, 49, 72, 74-75, 
103, 114, 170, 181, 188, 202, 
205, 225; IX 105, 110, 114, 
117, 121; X 132, 136-137; XI 
125, 131, 136-137, 153, 158, 
216, 246,251, 260, 274, 276. 


HISTORIA NATURAL 


paladar (palatum), VIH 132; TX 
122; XI 165, 167, 171, 174- 
175, 

palma de la mano (palma, pal- 
mula), YX 94; X1 123, 246, 

pantorrillas (surae), X1253. 

párpado (cilium, gena, palpebra), 
VI 170; XI 153, 155-157, 
227, 246, 

pata (crus, gressus, perna, pes), 
VUI 20, 33, 46, 56, 69-71, 
96, 120, 123, 127, 131-134; 
166, 181, 189, 209; IX 79, 
83, 97, 159; X 39, 47, 50, 
71; 103,110-111, 113-114, 
116-117, 129-130, 133, 140, 
149, 156, 174, 176-177, 133, 
186, 196; X1. 1, 9, 20-21, 
29, 51, 77,79, 88, 101. 103, 
117, 119-120, 178, 212, 214, 
222, 229, 233, 244-249, 253, 
260, 263, 266. 

pecho (pectus), VII 49, 67, 72, 
127; XI 181, 185, 207, 232, 
233, 246, 266-267. 

pechuga (pectus), X 140, 

e (capillus, pilus, uillus), VII 
30,.46, 72, 74, 83, 109, 120, 
123-124, 126, 150, 170, 190- 
191,193, 199, 203-204, 212, 
214, 219, 221, IX 40-41, 43, 
155; XI 114-115, 130, 155, 
228-231, 

penacho (crines), X1 121. 

pestañas (palpebrae), X1 154- 
155, 246. 


ÍNDICE DE TÉRMINOS ANTÓMICOS 


pezones (papillae), X1235, 

pezuña (pes, ungula, uestigium ), 
VIH 69, 72, 76, 95, 124, 183; 
X 1; XI 127-128, 254-255. 

pico (rostrum, os) VIH 97; IX 
80, 130; X 15, 30, 39, 80, 89, 
107, 116-117, 126, 129, 133, 
136; XI 122, 138, 159, 180. 

pie (pes, pediculus, vestigium), 
VII 3, 20-24, 41, 44-46, 81, 
83, 103-104, 173, 179; VIT 9, 
25, 56, 70, 76, 85, 155, 181; 
IX 42, 55, 73, 85, 100, 114; X 
1, 29, 52, 59-60, 119; X1 246, 
253-254, 

piel (cutis, callus, corium, pellis, 
tergus), VII 2, 11, 78, 148; 
VIH 30-31, 37, 74, 76, 80, 89, 
91, 95, 117, 119, 124-125, 
134-135,.138, 178, 219, 226; 
TX 14, 40, 42, 73, 77, 95, 105; 
X 140; XT 3, 9, 128, 155, 172, 
198, 212, 220, 226, 227-229, 
238, 243. 

pierna (crus), VII 11, 23, 42; 
VIO 26, 70; X1 252-254, . 

pinzas (forfex), X1 97. 

planta del pie (uola), VI 11; XI 
253-254. : 

pluma (pinna, pluma), VI 2; VII 
109; X 2-3, 13, 15, 53-54, 72, 
74, 89, 92, 99, 108, 127, 132, 
143; XI 78, 121, 137, 170, 
228. 

porcaria (porcaria), X1210. 

precordia (praecordia), X1 197. 


645 


púa (aculeus, saeta, spina), VII 
2; IX 40, 100, 128, 130. 

pubis (pubes), XI 208. 

pulmón (pulmo), IX 16-17, 19; 
XI 5, 175, 188, 203, 208, 266- 
267. 

punta, cf. púa 

pupila (pupilla), VIL 12, 16, 17, 
18; VI 121; XI 142, 148. 


quelio (chelion), IX 38. 


rabo (caulis, cauda), VI 30; VUI 
207; X1265. 

redaño (omentum), X1 204, 

riñones (renes), X1 194, 206, 263, 

rodilla (genua, poples), VII 20, 
26, XI 248-250, 260. 

rostro (facies, os) VUI 75; XI 
138, 146, 230, 271. 


sangre (sanguis, cruor), VI 144; 
VIII 26, 34, 49, 52, 75, 96, 
122, 128-129, 201, 207; 1X 
17, 83-84, 95, 135, 149; X 
136; XI 1, 3, 5, 8, 12, 90, 116, 
121, 133, 135, 144, 172, 182, 
188, 192, 197, 199, 204, 208, 
219-226, 279. 

sebo (sebum), X1 212, 

secundinas (secundae), IX 41 

sienes (tempora), VII 87; X 136; 
XI 131,275, 

sifón, cf. fístula 

sudor (sudor), X1220, 

suero (serum) X1 239. 

supercilios, X1157, cf. cejas. 


646 


talón (calx) IX 152. 

tejido adiposo (pinguitudo), XI 
186, 206, 213, 

tentáculo (cirrus, crinis) TX 83, 
86, 92, 158. 

testículos (testes, testiculi), VII 
188, 209; X 21; XI 263. 

tetilla (namella), X1181, 

torácica, caja, cf. caja torácica, 

tórax (pectus), X1 1, 93. 

tragaderas (gulae), 1X 105, 

tráquea (arteria), XI 175-176, 
179-180, 266-267. 

tripas (uentres), X170. 

trompa (nares, proboscis, ma- 
nus), VII 18, 23, 31, 33-34; 
TX 46; XI 269. 


ubre (mamma, uber, sumen), VI 
165, 171, 209; IX 21, 41; X 
115; X1211, 232. 

uña (unguis, ungula), VI 23, 30, 
42; VIII 89, 121; IX 184; X 
13, 39, 42, 106; XI 178, 216, 
246-248, 257, 

útero (uterws), VII 43, 112, 168, 
205; IX 79, 157, 165-166; XI 
181, 209, 270. 


vojiga (uesica) WII 166; XI 
208-209, 


HISTORIA NATURAL 


vello (lanugo), X1 185, 230, 

vellosidades (capillamenta), XI 
208. 

vena fuena), VI 171; VIT 96, 
189; TX 44, 126, 133; XI 133, 
135, 144, 149, 163, 174, 182, 
192, 213, 219-220, 263, 

ventosa (acetabulum, caliculus), 
IX 85, 91, 93. 

ventresca (abdomen), IX 48. 

vértebra (uertebra, articulus), 
VIH 153; XI 1. 

vesícula biliar (fel), XI 191-192, 
194-195, 

vientre/vientrecillo (aluus, abdo- 
men, pectus, uwenter, 'uterus, 
utriculuys), VIL 33, 35, 37, 41, 
47, 56, 63, 105; VI 30, 37, 
46, 71-72, 90-91, 118, 120, 
128, 181, 198, 209, 217, 219, 
222; IX 13, 20, 37, 47, 83, 
144, 157; XI 3, 31, 57, 66, 80, 
176, 192, 198, 200-202, 208, 
231, 233, 235, 265; X 98, 126. 

visceras (exta, viscus) VIH 18, 
203; VIH 102, 122, 178; IX 
16-17; XI 133, 135, 182, 186, 
196-198, 206, 246, 

vómito (uomitio), VI 106; XI 
282, 

vulva (volva), IX 166; X1209, 


ÍNDICE GENERAL 


LIBRO Vilos cados a 
LiBro VIT .......... A A dio 
Limro IX....... ni AAA 
LIBRO. XA ia cae et 
LIBRO XL iii rada ads etapas ] 
ÍNDICE DE NOMBRES DE PERSONA Y DE DIOSES ....... 
ÍNDICE DE TOPÓNIMOS Y ÉTNICOS ..... RDA 
ÍNDICE DE ANIMALES TERRESTRES ..roomoncoccocnoos 
ÍNDICE DE ANIMALES ACUÁTICOS. ..... dis 
ÍNDICE DE AVES ...0oooocccccoccco roo A 
ÍNDICE DE INSECTOS +. ..0cooorornocccncnnorcaso e 
ÍNDICE DE TÉRMINOS ANATÓMICOS +. 00ocococcccocos